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Javier de Miguel

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  1. Javier de Miguel

    CHARLA 1 DE AGOSTO EN "CATÓLICOS CONTRA EL LIBERALISMO"

    Querido Español, Las opciones prudenciales en política son de gran calado de conciencia, y a menudo mucho más difíciles de discernir que los principios. Lógicamente, hay un amplio campo de decisiones legítimas al respecto. No votar es una de ellas. La participación política no se reduce al voto, y por tanto, no incumple ningún deber moral quien en conciencia se abstiene de participar en un sistema corrupto desde sus más hondas raíces (la CE 1978 en el caso de España). Ni que decir tiene que todos los partidos del arco parlamentario son liberales o socialistas, y por tanto, rechazables por principio. No obstante, en una situación de emergencia, como la que vivimos en España, y a la espera de ver cómo van desarrollando sus programas allá donde tienen responsabilidades de gobierno, pienso que, hoy por hoy, no sería pecaminoso votar por VOX, eso sí, teniendo muy claros los motivos (alianza puntual contra las leyes de género, combate contra el totalitarismo nacionalista, social-comunista y terrorista, lucha contra el recorte de legítimas libertades ciudadanas el pretexto del virus, su tendencia a restringir el aborto y la eutanasia, la apuesta por una economía basada en el trabajo de las clases medias, su oposición al Estado de las Autonomías, su posicionamiento a favor del derecho de los padres a educar a sus hijos, un cierto acercamiento a la nueva derecha europea, del estilo de Orban, y un mayor respeto por la tradición católica de España), y también teniendo muy claros sus profundos errores, esencialmente su laicismo, falso patriotismo constitucionalista y defensa a ultranza de un régimen que ha causado los males que ahora censuran. A ello sumar que no todas las facciones del partido son iguales: pugnan los más patriotas con los simples liberal conservadores, e incluso algunos ultra-capitalistas. También hay que tener en cuenta su afinidad con el sionismo y el atlantismo, que son formas claras de anti-hispanismo. También tengo claro que si VOX no da pasos claros de avance en estas líneas defendibles de su programa, dejaré de votarles. Entre estos y otros factores es donde, a mi juicio, la conciencia de cada cual debe ponderar su posición respecto al voto. Espero que le haya sido de utilidad. Un cordial saludo en Cristo Rey,
  2. Javier de Miguel

    CHARLA 1 DE AGOSTO EN "CATÓLICOS CONTRA EL LIBERALISMO"

    Buenas tardes, Seguramente clickaron una vez emitido el programa. Les adjunto enlace con la charla en diferido. Un cordial saludo,
  3. Queridos amigos, os enlazo información sobre la charla que tendrá lugar, D.m, el próximo domingo 1 de agosto, a las 22.00h hora peninsular, que impartiré por Facebook Live en la web de "Católicos contra el Liberalismo" Un abrazo en Cristo Rey,
  4. Javier de Miguel

    Entrevista en Infocatólica

    Muchas gracias. La verdad es que hay muchos temas en los que hay un déficit importante, ya no sólo entre el público español, sino por falta de material. Por ejemplo, no conozco ningún autor tradicional que haya compendiado los males del conservadurismo, tan sólo se encuentran obras donde se aprecian pinceladas o críticas parciales, o si globales, carentes de la profundidad necesaria. Hay mucho campo de investigación. Un abrazo,
  5. Javier de Miguel

    Entrevista en Infocatólica

    Buenas tardes Hispanorromano, en primer lugar, disculpas por la demora en contestar. Efectivamente, la cultura americana sigue fascinando al liberal-conservadurismo europeo, porque aunque, con graves errores, presenta una ideología con algo de sustancia, aunque sea venenosa, y por eso pienso que atrae a quienes contemplan la decadente Europa. Pero, como dijo León XIII en Testem Benevolentiae, no cabe admirar la situación de la Iglesia en EEUU como ideal, sino que la separación Iglesia-Estado, por amistosa que sea, es eso: separación. La verdad es que estoy inmerso en bastantes proyectos profesionales (entre ellos, un doctorado) y de apostolado, y por ahora, no veo el momento de crear blogs o escribir libros. Me ciño al canal de Youtube, porque me consta que los medios audiovisuales gustan, y a colaboraciones en un par de medios. Dios dirá si hay tiempo para más en el futuro. Un cordial saludo en Cristo Rey, Berenguela La cita que pregunta corresponde a unas declaraciones de BXVI en Radio Vaticana (agencia Zenit, 22 noviembre 2004) En Cristo Rey,
  6. Javier de Miguel

    Entrevista en Infocatólica

    Os enlazo la entrevista que Javier Navascués me ha realizado para Infocatólica, a raíz del artículo sobre el americanismo compartido en este foro. Un cordial saludo https://www.infocatolica.com/blog/caballeropilar.php/2105250137-la-herejia-del-americanismo-u
  7. Os comparto mi primera colaboración en Marchando Religión, sobre el tema de la moral burguesa disfrazada de tradicionalismo. https://marchandoreligion.es/2021/05/burguesia-conservadurismo-y-tradicion/
  8. Javier de Miguel

    El americanismo, máquina de guerra contra la tradición católica

    Buenos días, Efectivamente, el "aburguesamiento" de las costumbres (que creo es un tema más amplio que la mera "americanización") es un tema sobre el que estoy trabajando, y en breve publicaré material en Internet. Un cordial saludo en Cristo Rey.
  9. La denominada “revolución americana”, para ellos, no es más que un perfeccionamiento de la francesa. León XIII, en su carta Testem benevolentiae, advirtió contra aquellos que “quieren una Iglesia distinta en América de la que existe en todas las demás regiones”. Apreciaba el Papa con gran clarividencia cómo el espíritu de la “nueva sociedad” de los Estados Unidos de América, fundada en principios totalmente contrarios al orden social católico propuesto por la Iglesia desde sus inicios, amenazaba con contaminar las mentes de los propios católicos estadounidenses. Lo que León XIII quiso combatir fue precisamente lo que hoy, comúnmente, y en sentido más amplio, conocemos por “americanismo”, que, trasladado a nuestro mundo actual, no es más que la influencia global del poder y principios sociales que sustentan a los Estados Unidos de América. Ensoberbecidos por los principios que inspiraron la construcción de la Estatua de la Libertad, en la firme creencia de que se estaba fundando un nuevo mundo sobre los principios de la verdadera libertad, no se estaba haciendo otra cosa que otorgar carta de naturaleza a la filosofía racionalista liberal aplicada a la política, con el inestimable apoyo del protestantismo y la masonería, núcleo duro de la filosofía de sus adorados “padres fundadores”. La consecuencia inmediata de esta ideología fue la llamada “doctrina Monroe”, que pretendía establecer una tabla rasa de diferenciación y de definitiva emancipación de los valores de la “new society” respecto de cualquier condicionamiento procedente del exterior del continente. Muchos pueden entender este planteamiento como meramente geopolítico, pero efectivamente no es así, sino que tiene un alcance más amplio. No olvidemos que esta “doctrina” fue fundada en la fase final de la mal llamada “emancipación” de las provincias españolas de Ultramar, y por tanto, no puede entenderse sino en el contexto de la “des-hispanización” de Hispanoamérica, a la vez promovida por criollos burgueses y masones, como bien demuestra Ramiro de Maeztu en su “Defensa de la Hispanidad”. Se trataba pues, del primer plan de ingeniería social ejecutado por la entonces recién alumbrada nación, y que sirvió de paso para dar el toque de gracia al ya más que decadente imperio hispano, que no había representado sino el baluarte contra Lutero y el martillo de los antepasados de quienes siglos después desembarcaron para construir su “sueño americano”. Casi doscientos años después, la “doctrina Monroe” ha cruzado sus propias fronteras, y parece haberse reformulado tácitamente en algo así como “el mundo para los americanos”. La influencia social y cultural de los Estados Unidos, especialmente tras su confirmación como primera potencia tras la Primera Guerra Mundial, es indiscutible. Pero, ¿en qué consiste esa influencia? ¿en qué principios se asienta? Comenzando por la segunda cuestión, hay que decir que la denominada “revolución americana”, para ellos, no es más que un perfeccionamiento de la francesa: el traslado a sus últimas consecuencias, de los principios ilustrados. Para el americanista, el gran error de la revolución francesa fue su deriva totalitaria, el Leviathan administrativo que engendró, anulando despóticamente la viva organización social que le precedió para instaurar el germen de lo que más recientemente ha venido a llamarse por algunos el “neodirigismo tecnocrático”, es decir, la política como pura administración de un ingente aparato mecanicista, que es el Estado. La revolución americana, por el contrario, habría conseguido mejor que nadie plasmar socialmente esos ideales ilustrados de libertad e igualdad. Así, los americanistas consideran el gobierno de la voluntad general como otra forma tiránica, heredera de la monarquía absoluta, pero sin renunciar a los principios ilustrados e iluministas que inspiraron a 1789, y se inclinan por la división de poderes, en el marco de una sociedad estrictamente individualista y de laissez faire. En cuanto a la primera cuestión, esa influencia consiste en la exportación, a escala global, de esa filosofía profundamente individualista, economicista, pragmática, pelagiana y auto-suficiente. Sin vínculos de sangre, sin más méritos que la iniciativa individual y el afán constante de progreso material. Además, muchos liberales conservadores, entre ellos católicos, que ven sin disgusto ese espíritu materialista, se maravillan contemplando la idea de que Estados Unidos es, a la vez, la “nación religiosa”, tierra donde se armonizan perfectamente la libertad (liberal) con la moral. Pero para superar esta falacia, es necesario comprender la significación que tiene esa mención a lo religioso en relación al enfoque de las logias americanas respecto de las europeas. La masonería americana es deísta, mientras que la europea, comandada por la francesa, es generalmente atea y anticlerical. Luego la significación que tiene el término “dios” o “religión” en uno y otro contexto, en el fondo vienen a significar lo mismo, porque en realidad son la misma esencia traspuesta sobre dos estructuras diferentes. Y esa esencia es la negación sistemática de los principios católicos tradicionales en relación al orden social y político que tan brillantemente se plasmaron en la Cristiandad, así como la persecución de todo aquél que luche por implantarlos en el ámbito público. En el mejor de los casos, para el americano, la religión es una cuestión interna, de conciencia, en la que el Estado no debe inmiscuirse, pero nunca un asunto de Estado, donde sigue rigiendo el racionalismo político ultramoderno. Ante estas dos cuestiones, muchos católicos piensan también que, puesto que el sistema político estadounidense, por su configuración minimalista del Estado, respeta la conciencia individual a priori más que los sistemas políticos europeos, más inspirados en el totalitarismo revolucionario francés, coronado por una influencia neo-marxista gramsciana mucho más escasa al otro lado del charco, este modelo es el más adecuado para la convivencia de la Iglesia con la sociedad. O, lo que es lo mismo, la doctrina de la “Iglesia libre en el Estado libre”. Reformulado en términos más llanos: la irrelevancia social es el precio que la Iglesia debe pagar a cambio de que el Estado mantenga en su “burbuja” a los católicos, y no les incomode en el ejercicio de sus derechos y deberes ciudadanos, fundamentalmente desde el despliegue de amplios mecanismos jurídicos de objeción de conciencia, frente a las ya de por sí escasas intromisiones estatales en asuntos morales. Pues bien, esta tesis, además de contraria al Magisterio de la Iglesia, que constantemente a lo largo de los siglos ha enseñado la grave obligación de los gobernantes para con Dios y la Iglesia, es un síntoma de contagio de la mentalidad liberal americanista. Desde esta perspectiva tenemos el terreno sembrado para el comunitarismo clerical, que no es sino una especie dentro del individualismo, a saber, una auto-limitación de los efectos de la vida cristiana al ámbito de los iguales en la fe, solo que en este caso, el ente “individuo” se ensancha analógicamente a la “comunidad cristiana”. Para acabar, dos reflexiones que nos han de servir para ubicar este tema en las coordenadas de la más rabiosa actualidad: la primera, la situación venezolana, que no es (y sin que esto sirva para justificar un ápice el sangriento narco-régimen de Maduro) sino otro reflejo del afán de dominio estadounidense sobre los puntos geoestratégicos, otro experimento como el de las “primaveras árabes”, con el agravante de la situación geográfica en el continente americano, pero al que se puede vaticinar idéntico resultado a que a otras revueltas propiciadas por ellos, y después vendidas al mundo como “acciones de liberación”: caos, anarquía y más sufrimiento para la población civil; la segunda reflexión trata acerca del estupor generado por la aprobación, en el estado de Nueva York, de la ley que permite el aborto hasta el momento inmediatamente anterior al nacimiento (último paso antes de la legalización del infanticidio). “En el país de la libertad”, “en la ciudad de la estatua”, esto no puede ocurrir, se dicen muchos. Como si esta ley fuese una traición al espíritu americano de libertad, y no lo que realmente es: otra muestra del camino al que conduce la sociedad regida por la libertad entendida como el ejercicio de las pulsiones interiores del individuo. Que no es otro el leit motiv del liberalismo, y de su derivado, del americanismo. Ciertamente, no es que Europa esté mejor, pero lo que está claro es que plantear en términos americanistas la resolución del conflicto religión-sociedad moderna (conflicto que lleva más de un siglo pululando por los despachos vaticanos, sínodos y Concilio incluido), no hace sino agravar el problema, es decir, continuar alejando al mundo moderno de Dios. La Iglesia, custodia del Derecho natural (en otro tiempo denominado “derecho de gentes”), sencillamente no puede abdicar, tampoco en el orden social, de la lucha por “Instaurare Omnia in Christo”. La Iglesia no tiene que comprar su libertad, sino liberar al mundo de la esclavitud del pecado, hodiernamente, del pecado liberal y sus múltiples adyacentes. Y eso no se consigue construyéndole un safe harbour para su supervivencia, ni una open society para el “desenvolvimiento de su personalidad”. Se consigue restaurando las cosas en la Verdad, la única que nos hace libres. Pues no hay imagen que represente más la libertad que la cruz de Cristo. —————————————————————— Canal de Javier de Miguel en Youtube
  10. Javier de Miguel

    El americanismo, máquina de guerra contra la tradición católica

    Estimados, muchas gracias por haber compartido este artículo. Efectivamente, y por los motivos por los que imagino disiente con el medio en que publiqué este artículo, dejé de colaborar directamente con él. Si quiere, le puedo facilitar un formato word que le sirva de base para difundir el artículo sin que quede constancia del medio en que se publicó originalmente. A su disposición para colaborar con este medio. Un saludo en Cristo Rey, Javier de Miguel
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