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Gerión

Geopolítica española e iberoamericana.

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No es que no entienda a México sino que no a ecepta ni asume su esencia hispánica, la que en el fondo rechaza. Es un tema que he advertido desde el principio en este libanés o, como él dice, fenicio.

Con esa prevención, es bueno escucharle porque entre otras cosas es suelto de lengua.

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Parece que se concreta el "eje hispano-polaco" de la mano de VOX y comentado por este foro. Lo traigo a este hilo por sus consecuencias geopolíticas.

Cita

 

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Cuatro Escenarios geopolíticos para Nuestra América

Veo 4 escenarios para nuestra América, los 3 primeros propuestos por la Escuela de Oviedo y uno más que añado:

1. Panamericanismo: Sometimiento de la América hispana a EEUU y triunfo definitivo de los esquemas protestantes (modelo: ALCA, Bolsonaro, Pinochet...).
2. Latinoamericanismo: Independencia de la América hispana bajo planteamientos latinoamericanistas-indigenistas (modelo: ALBA, chavismo)
3. Iberoamericanismo: Independencia de la América hispana junto a la Península ibérica, bajo la idea histórica de las Españas y planteamientos católicos (lo más parecido en la modernidad que hemos tenido a esto el modelo "nacionalcatólico": Perón, Getúlio Vargas, Franco...).
4. "No-americanismo": Fragmentación de la América hispana bajo varios esquemas extranjeros, incluidas las injerencias de China, Rusia, etc. y conversión de la misma en un campo de batalla. Modelo: mundo árabe (que está destruido y en guerra continua) o la época de la guerra fría.

Mi preferencia personal es 3>1>2>4, en orden de menos a más destructivo. 3 es el menos destructivo y más adecuado por basarse en nuestra cultura, luego 1 que es un resignarse a cierta "estabilidad" bajo el paraguas usano aunque sin industria ni autonomía, finalmente estaríamos entre 2 que es una implosión indigenista a lo venezolano y 4 que es la guerra total entre varias potencias. Podría ser 3>1>4>2 o incluso 3>4>1>2 si la guerra es lo suficientemente "fría".

Por otro lado, el orden que considero de más a menos probable es 1>4>2>3.
Justificación: EEUU es más fuerte que España, de ahí que 1>3, y a su vez más fuerte que el bolivarianismo, de ahí que 1>2. A su vez, creo que la injerencia china o rusa puede ser más fuerte que la capacidad de lo hispánico de recuperarse, por lo que 4>3 y a su vez es más fuerte que el bolivarianismo, por lo que 4>2.

¿Debe someterse a EEUU para progresar? Mi opinión: no, si la alternativa es 3. Sí, si la alternativa es 2 o 4.

¿Qué nos queda a los españoles e hispanos? Luchar para que el tercer modelo sea visible. Y luchar para que, en el probable caso de que el primer modelo acabe triunfando, lo haga de la forma "más hispanizada posible". Es decir, que no sea un panamericanismo apoyado en el indigenismo; sino un panamericanismo apoyado en el iberoamericanismo.  Apoyar el segundo o cuarto modelo me parece suicida, al conducir a la ruina o a la fragmentación.

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Cuadro de concepciones de la América del Sur [entiéndase: al Sur del río Bravo] según Gustavo Bueno.

http://www.filosofia.org/aut/gbm/2001eya.htm

 

A. Concepciones de la América del Sur que presuponen la naturaleza superestructural (accidental) de su unidad

(1) Alternativa de los modelos nacionalistas de identidad

Las características constitutivas de esta alternativa se manifiestan en instituciones o procesos tales como las Constituciones de las Repúblicas americanas que surgieron tras el desmembramiento del Imperio hispánico, en la medida en que se orientaron hacia el nacionalismo radical. En esta línea habría que poner también, por ejemplo, la política de expropiaciones de las compañías petrolíferas extranjeras (México 1938); la nacionalización de los ferrocarriles argentinos (en 1948). Entre los pensadores que pudieran ser adscritos a esta primera alternativa cabría citar la figura del mejicano Samuel Ramos (1897-1959), y al propio José Gaos (1900-1989) quien, sin perjuicio de ser español (asturiano, de Ablaña), identificó su pensamiento con el pensamiento mexicano.

(2) Alternativa de los modelos inter-nacionalistas (universalistas o cosmopolitas, cuanto a sus términos a quo) de identidad

Distinguimos cuatro versiones de esta alternativa.

a. Versión anarquista. Libertarismo latinoamericano de Plotino C. Rhodakanaty (1832-1885), «regeneración social» (El Combate, México 1877). También cabría incluir en esta rúbrica a la propia revolución mexicana de 1910 y su emblema: «Tierra y libertad». Experimento de «La Cecilia» (Argentina)

b. Versión marxista tradicional. Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979) y el APRA (Perú); Eli de Gortari (México); Juan Bosch (República Dominicana); marxismo cubano (Pablo Guadarrama, &c.);...

c. Versión positivista o universalista, en general. Juan Bautista Alberdi (1810-1884, Argentina). Vaz Ferreira (1862-1958, Uruguay) y su Fermentario (O.C. en 25 volúmenes); su «saxonismo» deja de lado tradiciones españolas.

d. Versión humanista o existencialista o personalista. Antonio Caso de Andrade (1883-1946) y La existencia como economía, como desinterés y como caridad (1919 y 1943); el argentino Miguel Ángel Virasoro (1900-1966) en su oposición entre ansiedad frente a angustia; el peruano Alberto Wagner de Reina, con su eclecticismo aristotélico católico heideggeriano; Francisco Larroyo y su personalismo crítico, de corte neokantiano. Alejandro Korn (1860-1936), que fluctúa entre las posiciones del marxista relapso y del socialista kantiano. Cabría incluir aquí acaso a la corriente representada por Raúl Fornet-Betancourt, Filosofía intercultural (México 1994).

B. Concepciones de la América del Sur que presuponen la naturaleza estructural (esencial) de su unidad

B1. La identidad de América del Sur se superpone a su unidad, en cuanto constituye un todo atributivo.

(3) Alternativa sud-americanista (en el límite, indigenista: «Indoamérica», de Haya de la Torre, 1961). Entre las instituciones que, al menos por modo ejercido, pudieran ser adscritas a esta alternativa citamos: Conferencia de Santiago de 1959 (zona de libre cambio: Argentina, Brasil, Chile, Uruguay); Conferencia de Montevideo, 1959-60; Tratado de Asunción (Mercosur, 1994); III (Instituto Indigenista Interamericano); CREFAL (Centro de Educación Fundamental para el desarrollo de la América Latina); citado sin perjuicio de que ésta institución está auspiciada por la UNESCO y por la OEA, que se insertan mejor en las alternativas 2.d y 4 respectivamente. Entre las corrientes filosóficas que podrían adscribirse a esta alternativa citaríamos, ante todo, a lo que suele denominarse «bolivarismo», en cuanto comprende, no sólo el proyecto de una «Confederación andina», sino también el de una «Anfictionía» de todos los países hispanoamericanos. También a Enrique Rodó (1871-1917) por su Ariel (1900), símbolo de una civilización nueva de raíces grecolatinas y cristianas pero recuperadas y enriquecidas por la totalidad de los países de América latina, enfrentada a Calibán, símbolo de la civilización materialista encarnada en los Estados Unidos de América del Norte. José de Vasconcelos (1882-1959) y La raza cósmica (1925): aunque universalista o «cósmica», en cuanto a su término ad quem (como los modelos de la alternativa 2), se diferencia de ellos porque el término a quo propuesto no es representado como algo previo a la realidad de Iberoamérica, sino que se constituye a partir de ella, en una «Universópolis» situada cerca del Amazonas. Leopoldo Zea (América como conciencia, 1953; Discurso desde la marginación y la barbarie, 1968, subrayando los valores occidentales en bancarrota y una nueva autoctonía, que no es la precolombina, ni la occidentalista), Félix Schwartmann, El sentimiento de lo humano en América (Santiago 1953), &c. También la llamada «filosofía de la liberación»: Enrique Dussel, Filosofía de la liberación (México 1977), Horacio Cerutti, Filosofía de la liberación latinoamericana (México 1983), con su metáfora del colibrí frente al búho hegeliano; Josef Estermann, Filosofía andina (Quito 1998) y su «pachasofía», &c.

B2. La identidad de América del Sur se aplica a su unidad en cuanto que es parte de un todo atributivo «orgánico» (una «Sociedad», una «Civilización», &c.)

(4) Alternativa panamericanista: América del Sur es parte formal del continente americano. George Washington en su Discurso de despedida de la Presidencia (1797), en el que fija el continentalismo panamericano como horizonte de la política de los Estados Unidos de América; James Monroe (1823) y su política de no interferencia (a partir de 1889-90, Primera Conferencia Panamericana, toma cuerpo la ideología panamericanista, según la cual todos los países del continente son iguales entre sí). Tratado Americano de Asistencia Recíproca. Esta alternativa toma fuerza tras la Segunda Guerra Mundial: TRIAR de Río de Janeiro (1947); Conferencia Interamericana de Bogotá (1947); PAM (1951); Escuela Militar de Las Américas (Panamá 1954); Conferencia Internacional de Punta del Este (1961) y la OEA. La corriente filosófica principal adscribible a esta línea sería la filosofía analítica anglosajona, con fuerte implantación en México y otros países.

(5) Alternativa occidentalista. América del Sur es parte formal del occidente europeo. Abundantes fundamentos históricos, a partir de la Ilustración o de la Revolución Francesa. Esta alternativa quedará reflejada en importantes instituciones culturales o en relaciones comerciales o académicas de América del Sur con Francia o con Alemania. Entre las corrientes filosóficas adscribibles a esta alternativa cabría citar al «saxonismo» de Juan Bautista Alberdi; la ideología del argentino Sarmiento en su Facundo; la perspectiva del cubano Alejo Carpentier. También muchas ideologías inspiradas en gran parte por Ortega y Gasset (que también inspiró muchas alternativas americanistas): citaríamos a las encabezadas por Francisco Romero (Filosofía de la persona, 1944; Teoría del hombre, 1952) o por Ernesto Mayz Vallenilla.

(6) Alternativa hispanista. América del Sur es parte formal de la Comunidad Hispánica. Abundantes fundamentos históricos, desde el siglo XVI hasta el exilio español de 1939 y años posteriores. Las naciones americanas, sin perjuicio de su nacionalismo, pueden concebirse como formando parte de un mismo tronco cuyas raíces son tanto hispánicas como indígenas. Muchas instituciones podrían citarse como reflejo de esta alternativa, por ejemplo, las denominadas «Cumbres Iberoamericanas» iniciadas en Guadalajara (1991). Podrían incluirse en esta alternativa muchas ideas de Martí («Injértese en nuestras Repúblicas el Mundo; pero el mundo ha de ser el de nuestras Repúblicas»); su defensa de la lengua española como propia de «Nuestra América» frente al inglés «de la bestia», &c. También, como clásicos, Alonso de la Veracruz (1504-1584), Tomás de Mercado y Antonio Rubio. Posteriormente al mejicano Alfonso Reyes (1889-1959); Eduardo Nicol (El problema de la filosofía hispana, 1961); Octavio Paz, a Juan Carlos Onetti y a Mario Benedetti... También la idea de «América indohispana» de Sandino. Dentro de esta alternativa nuestro Proyecto Filosofía en español (filosofia.org).

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Modelos de erosión del poder norteamericano

1. Fragmentación. Quizá EEUU acabe implosionando por sus propias mecánicas en facciones entre los propios anglo, por ejemplo luchas entre progresistas y trumpistas. No sé si habéis visto lo del Calexit, el Texit , el Bluexit y el Redexit (salida de California, Texas, o los Estados demócratas o republicanos de la unión). Ahora suena risible, pero también sonaba risible la independencia latinoamericana en los 1700.

2. Corrupción e implosión. Si EEUU se convierte en socialista, antinatalista, antiindustrialista, etc. y por tanto se hunde y lo hace en conjunto, el caso es que también queda fuera de juego.

3. Regresión aislacionista. EEUU abandona su imperio por voluntad propia y se centra en su nación. En culturas católicas nos es impensable por la responsabilidad de unos pueblos con respecto a otros en la Comunión universal, pero en las culturas protestantes no es ningún problema. Por ejemplo Reino Unido es capaz de plantearse y ejecutar el abandono de sus colonias sin problema ninguno, no por altruismo, sino porque no se da valor al destino de las mismas. Si por ellos fuera, la City se convertiría en una ciudad-Estado y dejarían escapar al resto de territorios de la misma Inglaterra. Trump ha estado a un pelo de provocar este escenario, abandonando el TTIP, el TPP... entiendo que halcones de tipo más "neocon" se lo han impedido desde el Deep state.

4. Retroceso continuado. Guerra contra Rusia, China, etcétera, y triunfo de las segundas. Entiendo que sería en alguna de las periferias del imperio. Lo que no es probable es la confrontación directa por el armamento nuclear estratégico que impide cualquier cadena de eventos del tipo de la Segunda Guerra Mundial, pero una serie de guerras proxy sí pueden hacer retroceder al imperio país por país, como estamos viendo en Siria, y como se vio en el Imperio español en sus primeras derrotas a mediados del XVII.

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Las Cuatro principales estructuras políticas planteadas en la actualidad para la articulación de Occidente

1. El globalismo federal. Utiliza toda la artillería conceptual del iluminismo francés para crear una sola "nación global", esto es, una sola sangre (mesticismo), una sola economía (sin fronteras), una sola ley (los DDHH) y ya se desborda y va a un solo género, el andrógino, una sola especie (transespecismo) y demás extremismos. Este sería el bando de los Rotshchild, según Jalife, y también los Clinton, Obama, el archifamoso Soros, Brzezinski, etcétera. La masonería internacional y el Partido Demócrata están vinculados a esta estructura. También toda la universidad norteamericana y europea. Está representado en la UE sobre todo. PP, PSOE y Cs sirven a este modelo, al igual que toda la democracia cristiana europea y la socialdemocracia tradicional. Sus bases: Washington y Bruselas.

2. El occidentalismo anglonorteamericanista: No es más que una reedición de los imperios coloniales protestantes, siendo en este caso EEUU como potencia colonial y todos los demás, protectorados militares. La geometría confederal mantiene las fronteras, la diferenciación entre naciones, razas, etcétera pero las corporaciones al estilo de las antiguas Compañías de Indias siguen teniendo libertad para hacer sus negocios e imponer sus condiciones a golpe de cañón. Representado por el aparato militar-industrial norteamericano, los antiguos neocon, la alianza con Israel, y en general el conglomerado de partidos y políticos de raíz protestante y proisraelí organizado por cierto sector de la derecha norteamericana, como Bolsonaro y otros. Analistas como Alfredo Jalife nombran a los Rockefeller, Adelson, Netanyahu, Kissinger en este bando. También The Movement de Bannon. VOX entra aquí. Sus bases: Washington y Londres.

3. El europeísmo identitario. El mundillo identitario francés ha ideado una Europa unida a Rusia bajo el eje París-Berlín-Moscú, la Eurosiberia, este sería un tercer modelo. Es el modelo favorecido por Rusia para Europa. Pero se puede decir que ha fracasado, porque Francia y Alemania sigue en manos del primer modelo, el UK del Brexit, la Polonia católica y VOX se adscriben al segundo. Europa sigue siendo una jaula de grillos. Por su parte toda la derecha latinoamericana se echa en manos también del segundo modelo. Sus bases: París, Berlín, Moscú.

4. El degeneracionismo fragmentario. Incluye esquemas como el bolivarianismo latinoamericanista, o el nacionalismo fragmentario que sirve también a intereses de Rusia y China. Podemos entra en esta definición. También el mismo Alfredo Jalife entra aquí como nacionalista mexicano adscrito a Rusia y China. Sus bases: Pekín, Moscú.

***********************

5. Frente a todos los anteriores defendemos el iberoamericanismo "fuerte" o hispanismo geopolítico en este hilo. A los pueblos y naciones hispanas los modelos anteriores, realmente, nos son ajenos aunque nos veamos arrastrados, puesto que corresponden a esquemas de sometimiento a imperios noreuropeos o norteamericanos. Deberíamos trabajar por un cuarto modelo, la consecución de un polo hispano con mayor o menor autonomía, adscrito si se quiere al imperio norteño "del gusto" de cada uno, pero siempre bajo ciertas condiciones de presentabilidad (unidad hispana, poder industrial, militar...). Sus bases: Madrid, México DF, Sao Paulo, Buenos Aires.

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Cualquier proyecto hispano que no considere como ciudades clave a Lima o incluso Bogotá queda cojo.

No se puede saltar de México a Buenos Aires sin meter a una de esas dos, menos aún si metemos Sao Paulo. La columna vertebral, a grosso modo, va de Buenos Aires a México pasando por Lima y Bogotá.

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Las ciudades que nombro no son exclusivas. La elección de esas tres ciudades latinoamericanas, ha sido en particular por un criterio de población:

https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Áreas_metropolitanas_más_pobladas_de_América_Latina

 

# Ciudad más poblada Área metropolitana País Población 2018
1 Flag of Mexican Federal District.svg Ciudad de México Zona metropolitana del valle de México Flag of Mexico.svg México 22 600 000
2 Bandeira da cidade de São Paulo.svg São Paulo Región Metropolitana de São Paulo Flag of Brazil.svg Brasil 22 100 000
3 Bandera de la Ciudad de Buenos Aires.svg Buenos Aires Gran Buenos Aires Flag of Argentina.svg Argentina 14 100 000
4 Bandeira da cidade do Rio de Janeiro.svg Río de Janeiro Región Metropolitana de Río de Janeiro Flag of Brazil.svg Brasil 12 800 000
5 Flag of Lima.svg Lima Lima Metropolitana Flag of Peru.svg Perú 10 300 000
6 Flag of Bogotá.svg Bogotá Área metropolitana de Bogotá Flag of Colombia.svg Colombia 9 650 000
7 Flag of Santiago, Chile.svg Santiago de Chile Región Metropolitana de Santiago Flag of Chile.png Chile 7 050 000
8 Municipal flag of Guadalajara.PNG Guadalajara Zona metropolitana de Guadalajara Flag of Mexico.svg México 5 150 000
9 Bandeira de Belo Horizonte.svg Belo Horizonte Región metropolitana de Belo Horizonte Flag of Brazil.svg Brasil 5 000 000
10 Bandera de Monterrey, Nuevo León, México.svg Monterrey Zona metropolitana de Monterrey Flag of Mexico.svg México 4 825 000
11 Bandeira de Porto Alegre.svg Porto Alegre Región metropolitana de Porto Alegre Flag of Brazil.svg Brasil 4 100 000
12 Bandeira do Distrito Federal (Brasil).svg Brasilia Región Integrada de Desarrollo del DF Flag of Brazil.svg Brasil 3 975 000
13 Flag of Medellín.svg Medellin Área metropolitana del Valle de Aburrá Flag of Colombia.svg Colombia 3 900 000
14 Bandera del Municipio Santo Domingo de Guzmán.pngSanto Domingo Gran Santo Domingo Bandera de República Dominicana República Dominicana 3 825 000
15 Bandeira de Recife.svg Recife Región metropolitana de Recife Flag of Brazil.svg Brasil 3 800 000
16 Flag of Caracas.svg Caracas Gran Caracas Flag of Venezuela.svg Venezuela 3 750 000
17 Bandeira de Salvador.svg Salvador Región metropolitana de Salvador Flag of Brazil.svg Brasil 3 700 000
18 Bandeira de Fortaleza.svg Fortaleza Región metropolitana de Fortaleza Flag of Brazil.svg Brasil 3 650 000
19 Bandeira de Curitiba.svg Curitiba Región metropolitana de Curitiba Flag of Brazil.svg Brasil 3 350 000
20 Flag of Campinas.svg Campinas Región metropolitana de Campinas Flag of Brazil.svg Brasil 3 125 000
21 Bandera de la Ciudad de Guatemala.svg Ciudad de Guatemala Área metropolitana de Guatemala Flag of Guatemala.svg Guatemala 3 100 000
22 Bandera de Guayaquil.svg Guayaquil Conurbación de Guayaquil Flag of Ecuador.svg Ecuador 3 075 000
23 Escudo de Puebla de los Ángeles (Puebla de Zaragoza).svg Puebla Zona metropolitana de Puebla-Tlaxcala Flag of Mexico.svg México 3 075 000
24 Puerto Príncipe Área metropolitana de Puerto Príncipe Bandera de Haití Haití 3 050 000
25 Flag of Santiago de Cali.svg Cali Área metropolitana de Cali Flag of Colombia.svg Colombia 3 000 000
26 Flag of Quito.svg Quito Área metropolitana de Quito Flag of Ecuador.svg Ecuador 2 625 000
27 BAND-V-Maracaibo.svg Maracaibo Área metropolitana de Maracaibo Flag of Venezuela.svg Venezuela 2 575 000
28 Bandera de San José (Costa Rica).svg San José Gran Área Metropolitana Flag of Costa Rica.svg Costa Rica 2 325 000
29 Bandeira de Goiânia.svg Goiânia Región metropolitana de Goiânia Flag of Brazil.svg Brasil 2 300 000
30 Flag of Asunción.svg Asunción Gran Asunción Flag of Paraguay.svg Paraguay 2 275 000
31 Bandeira de Belém.svg Belém Región metropolitana de Belém Flag of Brazil.svg Brasil 2 250 000
32 Flag of Toluca, Mexico.png Toluca Zona metropolitana del Valle de Toluca Flag of Mexico.svg México 2 225 000
33 Flag of City of Havana.svg La Habana Área metropolitana de La Habana Flag of Cuba.svg Cuba 2 225 000
34 Bandeira de Manaus.svg Manaos Región metropolitana de Manaus Flag of Brazil.svg Brasil 2 150 000
35 Flag of Barranquilla.svg Barranquilla Área metropolitana de Barranquilla Flag of Colombia.svg Colombia 2 050 000
36 Bandera de La Paz.svg La Paz Área metropolitana de La Paz Flag of Bolivia.svg Bolivia 2 025 000
37 Flag of Santa Cruz.svg Santa Cruz de la Sierra Área metropolitana de Santa Cruz de la Sierra Flag of Bolivia.svg Bolivia 2 000 000
38 Nueva bandera alcaldia bolivariana de valencia.jpg Valencia Área metropolitana de Valencia Flag of Venezuela.svg Venezuela 1 990 000
39 Escudo .jpg Tijuana Zona metropolitana de Tijuana Flag of Mexico.svg México 1 920 000
40 Bandera de León, Guanajuato, México.svg León Zona metropolitana de León Flag of Mexico.svg México 1 870 000
41 Bandeira de Vitória.svg Vitória Región metropolitana de Vitória Flag of Brazil.svg Brasil 1 840 000
42 San Salvador Flag.png San Salvador Área metropolitana de San Salvador Bandera de El Salvador El Salvador 1 840 000
43 Montevideo Área metropolitana de Montevideo Flag of Uruguay.svg Uruguay 1 840 000
44 Flag of San Juan, Puerto Rico.svg San Juan Área metropolitana de San Juan Bandera de Puerto Rico Puerto Rico 1 840 000
45 Bandeira de Santos (São Paulo).svg Santos Región metropolitana de la Baixada Santista Flag of Brazil.svg Brasil 1 710 000
46 Escudo ciudad de cordoba argentina.svg Córdoba Área Metropolitana Córdoba Flag of Argentina.svg Argentina 1 640 000
47 Bandera de Ciudad de Panamá.svg Ciudad de Panamá Área metropolitana de Panamá Flag of Panama.svg Panamá 1 530 000
48 Coat of arms of Ciudad Juárez.svg Ciudad Juárez Zona metropolitana de Juárez Flag of Mexico.svg México 1 470 000
49 Bandeira de São Luís.svg São Luís Región metropolitana de São Luís Flag of Brazil.svg Brasil 1 430 000
50 Bandeira de Natal.svg Natal Región metropolitana de Natal Flag of Brazil.svg Brasil 1 410 000
51 Bandera de Maracay.svg Maracay Área metropolitana de Maracay Flag of Venezuela.svg Venezuela 1 410 000
52 EscudoMunicipioDeQuerétaro.png Santiago de Querétaro Zona metropolitana de Querétaro Flag of Mexico.svg México 1 360 000
53 Bandera de la Ciudad de Rosario.svg Rosario Rosario Flag of Argentina.svg Argentina 1 350 000
54 Escudo-torreon.jpg Torreón Zona metropolitana de La Laguna Flag of Mexico.svg México 1 330 000
55 Flag of Managua.svg Managua Área metropolitana de Managua Flag of Nicaragua.svg Nicaragua 1 320 000
56 Flag of Cochabamba.svg Cochabamba Región metropolitana de Kanata Flag of Bolivia.svg Bolivia 1 300 000
57 Nueva Segovia de Barquisimeto Flag.png Barquisimeto Gran Barquisimeto Flag of Venezuela.svg Venezuela 1 280 000
58 Bandera de San Luis Potosí.png San Luis Potosí Zona metropolitana de San Luis Potosí Flag of Mexico.svg México 1 190 000
59 San Pedro Sula Flag.png San Pedro Sula Zona metropolitana del Valle de Sula Bandera de Honduras Honduras 1 160 000
60 Flag of Bucaramanga.svg Bucaramanga Área metropolitana de Bucaramanga Flag of Colombia.svg Colombia 1 150 000
61 Bandeira de João Pessoa.svg João Pessoa Región metropolitana de João Pessoa Flag of Brazil.svg Brasil 1 140 000
62 Bandeira de Maceió.svg Maceió Región metropolitana de Maceió Flag of Brazil.svg Brasil 1 130 000
63 Flag of Tegucigalpa.svg Tegucigalpa Área metropolitana de Tegucigalpa Bandera de Honduras Honduras 1 130 000
64 Escudo aguascalientes.PNG Aguascalientes Zona metropolitana de Aguascalientes Flag of Mexico.svg México 1 120 000
65 Escudo de Merida Yucatan.svg Mérida Zona metropolitana de Mérida Flag of Mexico.svg México 1 110 000
66 Flag of Cartagena.svg Cartagena de Indias Área metropolitana de Cartagena de Indias Flag of Colombia.svg Colombia 1 110 000
67 Escudo Municipal Mendoza.jpg Mendoza Gran Mendoza Flag of Argentina.svg Argentina 1 070 000
68 Coat of Arms Mexicali.png Mexicali Zona metropolitana de Mexicali Flag of Mexico.svg México 1 030 000
69 Bandeira de Teresina.jpg Teresina Región metropolitana de Teresina Flag of Brazil.svg Brasil 1 020 000
70 Escudo Oficial Cuernavaca.gif Cuernavaca Zona metropolitana de Cuernavaca Flag of Mexico.svg México 1 020 000
71 Flag of Valparaiso, Chile.svg Valparaíso Gran Valparaíso Flag of Chile.png Chile 1 010 000
72 EscudoSanMigueldeTucuman.svg Tucumán Gran San Miguel de Tucumán Flag of Argentina.svg Argentina 1 000 000

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En 24/3/2019 a las 20:51, Gerión dijo:

5. Frente a todos los anteriores defendemos el iberoamericanismo "fuerte" o hispanismo geopolítico en este hilo. A los pueblos y naciones hispanas los modelos anteriores, realmente, nos son ajenos aunque nos veamos arrastrados, puesto que corresponden a esquemas de sometimiento a imperios noreuropeos o norteamericanos. Deberíamos trabajar por un cuarto modelo, la consecución de un polo hispano con mayor o menor autonomía, adscrito si se quiere al imperio norteño "del gusto" de cada uno, pero siempre bajo ciertas condiciones de presentabilidad (unidad hispana, poder industrial, militar...). Sus bases: Madrid, México DF, Sao Paulo, Buenos Aires.

Muy interesantes tus últimos posts, Gerión. Sin embargo, y como empleas la primera persona del plural para defenderla, personalmente quisiera aclarar que yo no me veo identificado con esa propuesta. Quiero decir, aunque considere que el deber de España es alinearse, defender y proyectarse en un modelo conjunto con la Hispanidad creo sin embargo que, ni la Hispanidad por sí misma es capaz de proyectar ningún modelo de convivencia autónomo, ni su futuro pasa tampoco por asociarse de alguna forma al modelo angloprotestante del norte. Pienso que en ambos casos finalmente se produciría su perdida por fragmentación y degaste de los diferentes intereses hispanos, o por asimilación de los intereses del angloprotestantismo ya que, la lengua por sí misma no es capaz de estructurar nada pues solo es un vehículo de la proyección del alma.

Lo que da forma a las sociedades es la fe de sus gentes, es decir, el espíritu que informa la identidad de las personas, anima las ideas y proyecta sus voluntades. Dicho de otro modo, aquello por lo que cada día un pueblo se levanta de su cama y obra en consecuencia determinando así su voluntad y evolución.

El proceso de fragmentación y desgaste de la Hispanidad, comenzó precisamente cuando la fe del imperio comenzó a virar hacia otros derroteros que no eran los que originalmente le habían dado forma, escorándose poco a poco desde el universalismo original de los Austrias hacia el absolutismo de los Borbones, en gran medida por la influencia de la Reforma, hasta que finalmente este último acabó revelándose como el germen de lo que tiempo después sería el triunfo del relativismo liberal actual. Es decir, de creer y crear bajo la concepción unificadora del mundo, según la verdad objetiva del Dios de los católicos, se fue pasando gradualmente a creer y crear bajo las diferentes concepciones relativas a las verdades subjetivas de cada individuo que ha ocasionado la libre interpretación de la fe religiosa, y en ese proceso fragmentario puede entenderse toda la evolución de nuestra cultura.

Sin embargo, más allá del poderío industrial, económico, militar o político, que son meras consecuencias, hay que atender a sus causas y en nuestro caso, la causa del auge de aquel imperio nuestro que dio origen a la Hispanidad, fue precisa y objetivamente la fe católica de aquellos españoles de todo el mundo. Como ahora la causa de nuestra decadencia es la pérdida de dicha fe, que ha ocasionado igualmente la pérdida de nuestro poderío industrial, económico, político y militar pues sin fe, solo somos marionetas de aquel cuya confianza esté más firmemente edificada sobre un concepto unificador.

Desde este punto de vista alguien podría entender que, entonces la fe de los protestantes es mayor, más fuerte o mejor que la de los católicos, habida cuenta de su relevancia actual en el mundo. Sin embargo, debemos entender que esa fe se basa en gran medida en las consecuencias antes que en las causas ya que, el predeterminismo protestante lleva a entender que según sea el nivel de poder y riqueza de los individuos y los pueblos, estos son los elegidos de Dios o no, y por tanto se identifican y proyectan en la medida que posean de dicha riqueza. Sin embargo, el orbe católico no se sustenta sobre esa premisa, sino sobre la creencia cierta de que hemos sido creados y elegidos desde antiguo por Dios para ser hijos suyos, dominar el mundo y participar en la creación de una nueva humanidad, independientemente de los recursos que se posean o de la situación en que nos hallemos. Lo único que hay que poner de nuestra parte para alcanzar esa meta es la voluntad de ser parte de ese proyecto y nuestra confianza en que Dios hará todo lo demás.

Y esto es lo que hoy está fallando, la voluntad de ser católicos y confiar en Dios, es decir, de formar parte del proyecto de Dios para el hombre. Pero esa falla, aunque se debe en gran medida a las diferentes contaminaciones ideológicas o religiosas que la desvirtúan y desmotivan, tiene solución, a diferencia de la falla del sistema protestante que, en el momento que se produzca algún evento de inflexión que le lleve de la prosperidad a la pobreza, se desmoronará como un castillo de naipes pues no es más que un gigante con pies de barro que basa su fuerza unificadora en la capacidad productiva de sus manos, a diferencia del modelo católico que, pese a su aparente derrumbe en el último siglo, sigue conservando sus pétreos pies sobre la roca firma de la verdad de quién es el hombre. Es decir, la solución a la falla del modelo hispano-católico es algo tan simple como recuperar la voluntad de ser católicos y creer en el Dios vivo y verdadero, y es ahí donde el español, como lengua vehicular de la fe, tendrá nuevamente una importancia crucial para la reconstrucción de la Hispanidad y la articulación de Occidente.

Ya sé que hablar de Un Dios vivo y verdadero, de una verdad absoluta, de fe o de religión en nuestros días, parece un anacronismo para muchos en Occidente, especialmente si hablamos de geopolítica, pero eso solo es el producto de una mezcla de ignorancia y de interés en que esa misma ignorancia se mantenga, que se ha ido asentando sobre la base de una serie de estereotipos y prejuicios ideológicos que dan como resultado la aparentemente innecesaridad de la relación entre Dios y el hombre. Sin embargo, el ser humano necesita de un Dios viviente y de una religión que le vincule a él, porque precisa de un elemento que le entronque con el Ser perfecto al que aspira como principio y fin de su propio ser, en base a su indudable deseo de libertad y felicidad infinita.

Pero esa necesidad de Dios, en la que la religión es el vínculo que unifica y armoniza el mundo (la esfera de lo humano), se ha visto truncada por las diferentes ideologías e intereses que han tratado de ofrecer un sucedáneo de identidad y un ideal de perfección, que lejos de satisfacer las necesidades humanas, lo único que han hecho es satisfacer los instintos de poder de sus promotores y seguidores. En el caso de Occidente, el modelo liberal es el que mejor ha sabido suplantar esa respuesta a la necesidad natural del hombre que antaño ofrecía el catolicismo. Y lo ha hecho contrastándose con otros modelos que igualmente trataban de responder a esas necesidades, en este caso endiosando la idea de la libertad frente a la de posesión colectiva de las cosas del marxismo. Pero la necesidad sigue ahí y todas esas ideologías, poco a poco han ido demostrando su incapacidad de satisfacerla, generando si cabe, más y mayores necesidades que no hacen sino sumir al ser humano en una insatisfacción profunda que tarde o temprano le obligan a desembarazarse de ellas para buscar otras respuestas.

En 1993, cuando acaba la Guerra Fría y la Unión Soviética se derrumba, y con ella cae el enemigo del modelo liberal occidental impulsado por Norteamérica, surge la necesidad de identificar un nuevo enemigo sobre el que edificar la supuesta idea de libertad del modelo norteamericano. Es en ese momento cuando aparece el discurso sobre el choque de civilizaciones, pasándose de la amenaza roja del comunismo a la verde del Islam, para preservar intacta esa visión monocroma y simplista del mundo que, en blanco y negro, define como bueno al liberalismo y como malo a todo lo demás, convirtiendo al Islam en el nuevo enemigo sobre el que edificar la libertad americana, que no es sino una reconversión moderna de la Pax Romana. De esta forma el islam pasa a ser definido como un modelo antidemocrático, autoritario, violento y terrorista, en un mundo hegemonizado por el ideal de libertad del modelo estadounidense.

Pero con esta jugada, la religión, que había pasado a ser un elemento en decadencia en nuestras sociedades, vuelve de nuevo a cobrar el protagonismo ya que, si algo caracteriza al Islam es precisamente la fe, especialmente la fe ciega de sus miembros más radicales. Y en este auge de la fe religiosa en las relaciones y la política, las sociedades comienzan a buscar de nuevo en su legado religioso, las respuestas concretas que puedan frenar esa ofensiva islámica, que en parte con razón y en parte sin ella, ahora ataca de cualquier modo los fundamentos de nuestra civilización cristiana. El cristianismo así, vuelve a cobrar el protagonismo perdido en Occidente y Dios en general vuelve a manifestarse como el protagonista de la historia.

En este nuevo contexto donde las religiones comienzan a recuperar su importancia como elementos unificadores, es donde debemos entender la importancia que tiene la Hispanidad en la proyección futura de Occidente por su herencia católica. Es decir, por su espíritu universalista capaz de responder mejor a las necesidades fundamentales que actualmente tratan de satisfacer infructuosamente las ideologías, y por la cercanía de sus gentes con esa cultura de comunión que, aun sin ser ya practicantes, les sigue vinculando ortodoxa o heterodoxamente a un Dios vivo y presente en nuestras vidas,  me atrevo a afirmar sin dudas que la geoestrategia de la Hispanidad, para garantizar su supervivencia, pasa necesariamente por ir pareja con la propia geoestrategia de la Iglesia Católica.

 Al respecto os dejo un artículo que versa precisamente sobre esto, sobre la estrategia geopolítica de la Iglesia Católica, publicado por Fronteras CTR, que es la Revista de Ciencia, Tecnología y Religión de la Cátedra Francisco José Ayala de la Universidad Pontificia Comillas. Lo dejo un poco para ir conociendo las diferentes opiniones que hay en ese ámbito y por si de ello pudiera derivarse un debate posterior acerca de esa estrategia que debería tener la Iglesia y a mi juicio apoyar la Hispanidad, sin olvidar que, en este caso, resultaría absurdo plantear cualquier línea de pensamiento en la que Dios no fuese el eje central sobre el que pivota toda nuestra historia, por hecho y por derecho.

En el artículo siguiente se analizan las tésis de Manlio Granziano acerca de la "Simplicitas" como vía estratégica, y se contraponen con las del autor que pondera otras alternativas.

Cita

La estrategia geopolítica de la Iglesia Católica

(Por Javier Monserrat) Manlio Graziano, de nacionalidad italiana, es profesor de geopolítica de las religiones en la Universidad de Paris IV de la Sorbona. Su obra titulada El siglo católico. La estrategia geopolítica de la iglesia, publicada primero en italiano en 2006 y traducida al español en 2012 (aparecida en la editorial RBA), ha sido para mí interesante porque muestra cómo un profesor universitario presenta su visión de la iglesia católica. Graziano quiere describir lo que de hecho constituye la geopolítica de la iglesia católica (una geopolítica que viene de lejos y en la actualidad se mantiene). Quiere hacer constataciones objetivas: lo que de hecho sucede. Pero, además, lo valora críticamente en forma positiva. No cabe duda de que, ante todo, Graziano pretende presentar la geopolítica católica en forma objetiva. Quiere describir lo que ha pasado y sigue pasando. Pensamos que probablemente es así en parte. Pero debe tenerse en cuenta que hacer historia involucra siempre inevitables factores subjetivos que nos inducen a considerar que en la presentación de Graziano pudiera haber sesgos subjetivos, de uno u otro tipo. Por ello, siempre cabe preguntarse: la geopolítica católica, ¿ha sido y sigue siendo como Graziano la describe?

 

OBJETIVIDAD Y SUBJETIVIDAD VALORATIVA

En todo caso no cabe la menor duda de que la presentación “objetiva” de Graziano tiene interés evidente. Por otra parte, la interpretación valorativa que de ella hace es ya totalmente subjetiva: es decir, la valoración presentada del acierto, o desacierto, de esa geopolítica, para el pasado, el presente y el futuro de la iglesia católica, no tiene más valor que representar la opinión de Graziano. Su opinión es sin duda valiosa, pero no más allá del valor que le confiere su mera subjetividad. Es lo que podemos decir siempre de las opiniones, incluida la mía, que expondré en este artículo. Pero lo que en todo caso cuenta son los argumentos, formulados objetivamente, que muestran el apoyo racio-emocional que soporta las propias opiniones. El hecho de presentar los argumentos en una exposición objetiva es lo que hace que otros puedan valorar las opiniones, para asumirlas o distanciarse de ellas, siempre de una forma racional y crítica, aunque incluya aspectos emocionales.

Concuerdo globalmente con los grandes perfiles de la descripción, “objetiva” en la intención, que Graziano hace de la geopolítica católica. Creo que en gran parte, prescindiendo de detalles, lo que Graziano constata ha sido y sigue siendo efectivamente así. Por esto precisamente nos ha interesado su obra: porque confirma lo que nosotros hemos expuesto en otros lugares (principalmente en Hacia el Nuevo Concilio y en El gran enigma) sobre la situación de la iglesia actual dentro de lo que he llamado el paradigma greco-romano. No obstante, debemos manifestar también nuestra disconformidad con sus valoraciones globales sobre el acierto o desacierto de la geopolítica descrita, o sea, con la interpretación personal, o subjetiva, que nos ofrece. Expondré aquí esta disconformidad, así como las razones que sustentan mis puntos de vista (obviamente también subjetivos, como digo, pero ofrecidos a la valoración de los demás, como legítimamente hace Graziano, en el marco de lo que constituye una exposición argumentada).

Quiero observar también que sólo conozco del autor de El siglo católico, de Manlio Graziano, su identificación universitaria y la trayectoria de sus libros. La visión muy positiva, optimista, sobre el futuro católico no permite conocer si es un creyente católico o si tiene algún tipo de adscripción a alguna organización religiosa católica. Pero en todo caso, puesto que soy creyente, y miembro de la iglesia católica desde una persuasión personal, no puedo dejar de mirar con simpatía el interés por lo católico y las actitudes valorativas de Graziano, aunque discrepe seriamente de ellas.

LA TESIS DE MANLIO GRAZIANO

¿Cuál es, pues, la tesis del libro de Graziano? La obra comienza con un Prólogo escrito por Lucio Caracciolo, conocido experto en geopolítica, periodista, escritor y profesor universitario, muy influyente en Italia. En muy pocas palabras Caracciolo recoge la tesis de Graziano con toda corrección. ¿Podemos considerar el siglo XX como el siglo católico? Muchos piensan que no, incluso que representa el siglo en que el catolicismo ha entrado en una marcada crisis y en un retroceso histórico significativo. Frente a esta tesis Graziano defiende que el siglo XX es el siglo católico porque en él está prosperando la estrategia ideada por la iglesia romana universal, desde hace siglos, para fortalecer y ampliar su difusión en el mundo. En el siglo católico, piensa Graziano, la iglesia no sólo ha resistido su “adaptación” a la modernidad, sino que comienza a conseguir que la modernidad deba adaptarse a la iglesia de siempre.

En este “siglo católico” la iglesia estaría superando la crisis de los últimos años, que indudablemente se produjo, estaría entrando en un período de estabilidad y asentamiento interno, de crecimiento en relación al exterior, y de aumento considerable de un prestigio que la constituiría en el futuro como eje en torno al cual se produciría una convergencia de las religiones. En definitiva, ya en una perspectiva global, como único punto de referencia fiable para dar respuesta a las preguntas de un mundo secular cada vez más perdido, y a la deriva de la historia.

¿Cómo podrá llegarse a todo esto? Para Graziano será una consecuencia de la estrategia geopolítica de la iglesia (que no es nueva, sino que responde a cuanto se ha mantenido y se ha venido haciendo en los últimos siglos). Ahora bien, ¿en qué consiste la estrategia católica? Básicamente respondería Graziano: en una fidelidad a sus antiguos e innegociables principios fundacionales. Es la única estrategia de mantener con firmeza el recto timón de su barco y no sucumbir a halagos temporales, a seducciones ni modas. No debe pretender adaptarse al mundo, sino adaptar el mundo al evangelio, sin ni siquiera diluir los principios tradicionales católicos, ni en lo doctrinal ni en lo moral.

La estrategia, por tanto, es la de hacerse fuerte en una seguridad absoluta en los propios principios. No hay que darles vueltas, discutirlos o problematizarlos porque están ahí en la tradición de la iglesia. No hay más que adherirse a estos principios. La actitud creyente que se promueve es la de aceptar con entrega y sencillez “lo que de hecho la iglesia ha sido y sigue siendo”, renunciando incluso a plantear preguntas críticas que solo causarían desestabilización e inquietud innecesaria. Ser católico es, pues, entregarse “ciegamente” con confianza total a la fe tradicional de la iglesia. Esta oferta de seguridad incondicionada y absoluta hecha por la iglesia acabará atrayendo a un mundo inseguro y en crisis. El hombre angustiado busca seguridad y acabará adhiriéndose a la única institución que se la ofrece de forma incondicionada.

Que esta es, en efecto, la tesis fundamental de Graziano se muestra al considerar las tres citas iniciales con que se encabeza su estudio. Una es de Peter L. Berger en su obra The Desecularization of the World. Nos dice:

“En realidad, lo que ocurrió fue que las comunidades religiosas sobrevivieron e incluso prosperaron, pues no intentaron adaptarse a las supuestas necesidades de un mundo secularizado. La modernidad, por razones totalmente comprensibles, mina las viejas certezas, y la incertidumbre es una condición difícil de soportar para muchos. Por eso, los movimientos (no solo religiosos) que prometen aportar o renovar certezas tienen ante sí un mercado abierto”.

La segunda cita es del Cardenal Vincenzo Vannutelli, en marzo de 1917: “La historia nos enseña que la providencia se sirve de los grandes desórdenes sociales para favorecer a su iglesia”. Es obvio que Graziano aduce esta cita para avalar su tesis de que un mundo sin orden ni sentido acabará favoreciendo la vuelta de los ciudadanos hacia la única institución que ofrece seguridad. Por último, en el mismo sentido, recuerda la conocida cita del arzobispo de París en la Semana Santa de 1976: “Debemos adaptar nuestras sociedades al Evangelio, no adaptar el Evangelio a los usos del tiempo”.

Este cerrar filas, aceptar incondicionalmente la fe, tal como la expone la iglesia según su tradición, sin cuestionamiento ninguno que la debilitaría en su posición social, no deja de recordar las estrategias de otros grupos seculares. En concreto, recordemos la estrategia comunista de reprimir todo tipo de “revisionismos” que, en el fondo, acabarían debilitando la posición social del partido. Lo recordamos para advertir que la estrategia de “cerrar filas” responde a principios de sociología política ordinaria.

Seguidamente, voy a presentar un conjunto de textos de Graziano en El siglo católico. La estrategia geopolítica de la iglesia. Es la forma de ver en directo la forma y nitidez, el radicalismo, con que presenta sus ideas. Sin ninguna clase de represión. Haremos alguna anotación para encuadrar los textos y, por último, una valoración final en que expondremos nuestra posición personal ante las importantes cuestiones planteadas por Manlio Graziano.

Hacer frente a la crisis con la religiosidad popular

A lo largo de toda su obra, Graziano insiste lo que, en su opinión, ha sido el error de ciertas tendencias dentro de la iglesia católica: hacer un esfuerzo por alcanzar una adaptación “intelectual” a la modernidad. Tomarse en serio la tarea de repensar el cristianismo en los nuevos tiempos ha sido el gran error de los intelectuales católicos. Se produjo este error en el siglo XVI y se reprodujo en el siglo XX. Pero la iglesia supo atajar a tiempo estas tentativas erróneas por medio de la insistencia en la religiosidad popular, ajena a las cuestiones intelectuales.

“Delio Cantimori recuerda que, en el siglo XVI, cuando el declive de la estructura institucional católica parecía irreversible, la vida religiosa popular en Italia era “ardiente e intensa” y se manifestaba sobre todo a través de prácticas rituales supersticiosas y propiciatorias. Frente a la Reforma, la Iglesia se dividió entre quienes pretendían eliminar la superstición de la fe, dejando así sin justificación el movimiento de Lutero, y quienes deseaban apoyarse en la religiosidad popular para frenar la erosión de la autoridad de Roma. Se impuso la segunda tendencia, y la Contrarreforma condenó la soberbia intelectual y se apresuró a ayudar a la sancta simplicitas, que se oponía a las “discordias, cismas y herejías pestilentes” procedentes de los hombres letrados” (144).

“Al encauzar y alentar la proliferación de cultos, milagros y revelaciones, la creación espontánea de nuevos santos, el florecimiento de imágenes prodigiosas y de reliquias, la Iglesia afianzaba su vínculo con el pueblo y, al mismo tiempo, se alejaba de la pureza gélida y aséptica de la Reforma. Estatuas, frescos, brocados, ornamentos, terciopelos, incienso y música siempre han representado las formas externas de la religiosidad católica, y su objetivo principal es hacer vibrar las cuerdas íntimas y emotivas de los fieles” (144).

Graziano compara la situación en el siglo XVI con tendencias del siglo XX.

En la iglesia católica, “a lo largo del siglo XX, se fue extendiendo una tendencia a abandonar esa identidad específica, tendencia que, no sin razón, se ha definido como una protestantización solapada del catolicismo. El primero que intentó oponerse a la misma fue Pablo VI, que ensalzó las virtudes de la piedad popular en Evangeli Nuntiandi y creó con espectacular rapidez nuevos santos, 84 en total, todos los que habían proclamado sus antecesores en el siglo XX. Por su parte, Juan Pablo II, para quien la religiosidad popular era el “verdadero tesoro del pueblo de Dios”, creó 482 santos, sin contar los 1.340 beatos, más que todos sus predecesores juntos” (145).

“La Iglesia de Pio XI consideraba al padre Pío un charlatán y le prohibió decir misa en público. En cambio, la Iglesia de Pablo VI lo rehabilitó en 1964 y promovió su proceso de beatificación en 1969. Juan Pablo II, que hizo santo al padre Pío en 16 de junio de 2002 en una retransmisión mundial, jamás ocultó su inclinación por todas las muestras y formas de religiosidad popular, sobre todo si formaban parte de imponentes manifestaciones de masas. Como escribe Alberto Melloni, con Juan Pablo II el magisterio verbal del papado del siglo XX llevó hasta el extremo un proceso que había comenzado cuando el papado, despojado de la soberanía temporal, experimentó antes que otras instituciones la transformación del poder en imágenes, siguiendo axiomas comunicativos cuyas gramáticas descubrió el sociólogo (católico por más señas) Marshall McLuhan” (145).

La actitud de entrega popular, firme y segura, a la fe de la iglesia, sin problemas intelectuales ficticios, es caracterizada por Graziano como “santa simplicidad”.

El antídoto de la “sancta simplicitas”

“Dos reacciones semejantes (nos dice Graziano), aunque con tiempos distintos, provocadas por dos traumas profundos y potencialmente letales: la Reforma y el caos que siguió al concilio Vaticano II. Podríamos afirmar que recurrir a la sancta simplicitas es uno de los antídotos más eficaces en la crisis del catolicismo” (145).

“Así -prosigue Graziano-, los partidarios de una religiosidad abierta, razonable, problemática, tolerante y aceptable para todo el mundo –que culturalmente son el origen del mencionado caos– deben replegarse, perseguidos por las armas más deplorables. A finales de la década de 1990, Peter L. Berger constató que “en el escenario religioso internacional, los movimientos conservadores, ortodoxos y tradicionalistas están creciendo por doquier”, mientras que “los movimientos religiosos que han hecho grandes esfuerzos para adaptarse a lo que se percibía como modernidad están decayendo por doquier”(145).

“Diez años más tarde, Micklethwait y Wooldridge repiten la misma idea: “las que prosperan son las religiones “malas”. En los años sesenta, muchos estudiosos imaginaban que, si la religión sobrevivía, sería en sus formas más razonables y ecoménicas. En realidad, las religiones de las certezas son las que han encontrado un mercado más propicio” (146).

“La parábola del anglicanismo es un ejemplo muy elocuente. Su tentativa de reciclarse abrazando las tendencias culturales más liberales tuvo como consecuencia la secesión de la comunión oficial de una parte de los fieles estadounidenses y una ruptura con parte de la comunidad africana, además de la vuelta al rebaño católico de un grupo de eclesiásticos y fieles británicos. Según estadísticas recientes, en Inglaterra, el número de practicantes católicos supera el número de practicantes anglicanos. Por otra parte, los países luteranos del norte de Europa son aquellos en los que la religión tiene menor importancia” (146).

Un concepto importante uesado por Graziano es el de “religión mala” (bed religion) o “religión fallida” (wrong religion). Por tal, en general, puede entenderse todo tipo de religión que se asienta solo en la fe ciega de sus fieles que administra y potencia, al margen de la razón y de la cultura. Puede darse una interpretación más peyorativa de las “wrong religions” si se entiende que sus líderes explotan y manipulan la fe ciega de sus fieles. En el conjunto, aunque parezca sorprendente, da la impresión de que Graziano defiende que la mejor forma de prosperar para la iglesia católica sea la de convertirse en una religión ciega, en una “bed religión”.

Apuesta por las “wrong religions”: el pentecostalismo

“Para subrayar la victoria de las “wrong sorts of religions”, Micklethwait y Wooldridge añaden una consideración que merece ser desarrollada. “El éxito religioso más notable del siglo pasado lo obtuvo la religión que más apela a las emociones: el pentecostalismo”. En realidad, históricamente, la religión que más apela a las emociones es el catolicismo, solo que, con el tiempo, dicha característica se ha ido atenuando. Un estudioso del Pentecostalismo, André Corten, señala que la relativa pérdida de influencia de la Iglesia de Roma en beneficio de las tendencias carismáticas en Latinoamérica tiene que ver con el hecho de que, en los últimos siglos, el catolicismo y el protestantismo clásicos “se han visto arrastrados a una creciente racionalización, a un desencanto … y ya no ofrecen calor ni consuelo” (146).

“Además, debemos recordar que, al hablar de pentecostalismo no nos referimos a una iglesia en particular (existen cientos de ellas), sino a un sentimiento común de los fieles de las religiones organizadas, incluidos los católicos. Según una encuesta de Pew Forum on Religion, en Brasil se sienten próximos a dicha tendencia 8 de cada 10 protestantes y 1 de cada 2 católicos” (147).

Recordemos las fechas en que se escribe el libro de Graziano, y la anterioridad de sus citas.

Pentecostalismo y teología de la liberación

“Ahora bien, el crecimiento del movimiento evangélico pentecostal no se debe únicamente a su carácter emocional”. “El libro de Micklethwait y Wooldridge comienza por un encuentro entre los autores y los miembros de una comunidad de hombres de negocios cristianos de Shanghái: “Los países con muchos cristianos –afirmaban los chinos– son más poderosos. Estados Unidos se hizo fuerte porque era cristiano. Cuanto más cristiana sea China, más fuerte será”. Si cambiamos de continente y de testimonios, el resultado es el mismo. Para Filippo Santoro, obispo de Petrópolis (Brasil), la difusión del Pentecostalismo “supone un gran golpe para la teología de la liberación. Los pobres con los que contaban para un cambio revolucionario han elegido el rescate capitalista y han preferido abrazar la teología de la prosperidad”. De hecho, poco tiene que ver aquí la teología de la liberación, ya que –como sostienen entre otros Paul Freston y Sandro Magister– su impacto en la realidad religiosa y social ha sido mínimo. En realidad, la discriminación se produce entre quienes han obstaculizado las tendencias al desarrollo y quienes las han favorecido, es decir, tiene lugar dentro de la iglesia católica entre quienes están bajo la órbita de los jesuitas y las que están bajo la órbita del Opus Dei” (147).

Jesuitas y Opus Dei: razón y “simplicitas”

A lo largo de su obra insiste también Graziano en identificar a los jesuitas con la pretensión de que la iglesia se adapte a la modernidad, emprendiendo esfuerzos racionales fallidos que han concluido en el fracaso y en la crisis de la orden fundada por Ignacio de Loyola. En cambio, considera que el Opus Dei es el representante de la opción institucional por la “sancta simplicitas”, en los términos que hemos venido exponiendo. Por esto ha triunfado y prosperado.

Esta identificación de bloques y la asignación de posiciones cerradas a cada uno es proseguida por Graziano al identificar a los jesuitas con la teología de la liberación y al Opus Dei con una propuesta de progreso social basada en los principios económicos liberales.

A mi modo de ver, se trata de una agrupación impropia e injusta, ya que los jesuitas nunca han defendido posiciones institucionales cerradas y únicas. Han estado abiertos a la opinión, muy diversificada de sus miembros, que, en direcciones distintas, en lo teológico y en lo socio-político, siempre se han sido respetadas. Por su parte, dentro del Opus Dei puedo decir, por mi experiencia personal, que no todos piensan lo mismo y hay quienes coincidirían con puntos de vista propios de ciertos jesuitas (como individuos). Creo, sin embargo, que el Opus Dei como institución ejerce realmente una mayor presión sobre sus miembros (hoy decreciente) para que respondan a una posición que, sin fisuras, responde más o menos a lo que ha entendido Graziano y expone en su obra.

A principios de la década de 1980, nos dice Manlio Graziano, José Casanova escribió que:

“si se hubiera impuesto el modelo del Opus Dei, el catolicismo habría podido contribuir a la modernización de las sociedades latinoamericanas en dirección tecnocrático-capitalista”. Para conseguirlo, se habrían tenido que romper las tradicionales resistencias anticapitalistas católicas, representadas esencialmente por los jesuitas. Esta interpretación ayuda a comprender mejor las conocidas simpatías de Karol Wojtyla hacia el movimiento fundado por Josemaria Escribá de Balaguer (fallecido en 1975 y canonizado en 2002) y los frecuentes encontronazos entre el papa y la orden fundada por Ignacio de Loyola. Según Casanova, el modelo del Opus Dei es una combinación entre un “ethos económico moderno y laico” y el respeto escrupuloso de “dogmas, moral y estructuras eclesiásticas tradicionales” [notemos que aquí se apunta la “sancta simplictas”]. No se podía ofrecer nada mejor a un papa restaurador de dogmas, moral y estructuras eclesiásticas tradicionales que, al mismo tiempo, apoyaba el desarrollo (148).

“De Lee Kuan Yew a Micklethwait y Wooldridge, pasando por Peter Berger y Samuel Huntington, cada vez se difunde más la idea de que el cristianismo es la mayor contribución de Occidente a las sociedades en rápido crecimiento económico. Probablemente, tal convicción puso fin a las dudas de las jerarquías eclesiásticas entre la modernización del catolicismo y la catolización de la modernidad, impulsándolas a abrazar sin reservas la segunda opción” (148).

VALORACIÓN DE LA TESIS DE GRAZIANO

Por lo que llevamos dicho y por lo que passim se va recogiendo en la lectura de la obra, destaca la estrategia de que la iglesia no debe plantearse ningún problema intelectual, ya que tiene cerrada su doctrina y está absolutamente segura de lo que debe defender. Ponerse a pensar y a revisar las posiciones sólo conduciría a debilitar la posición de la iglesia, mucho más si la revisión llevara implícita la pretensión de adaptar la iglesia a un mundo secularizado. No me atrevo a decir que Graziano defienda un anti-intelectualismo, pero es contrario a toda revisión o replanteamiento de las posiciones intelectuales tradicionales de la iglesia. No hay que razonar nada, no se debe buscar ninguna novedad racional porque la razón católica ya está dada en la doctrina y en la moral, en que la iglesia se instala con toda seguridad desde siempre. Esta doctrina tradicional es la que hay que apoyar y argumentar racionalmente.

“En opinión del sociólogo Enzo Pace -nos dice Graziano-, para que una religión pueda “afianzarse socialmente” son necesarias tres condiciones: esta debe ser convincente desde el punto de vista emotivo, debe serlo también desde el punto de vista racional y debe “producir efectos socialmente útiles en términos colectivos e individuales”. Al recuperar la dimensión carismática la iglesia cumple la primera condición. Imputando las debilidades y las catástrofes colectivas al abandono de Dios (sic) la iglesia ofrece una dimensión racional a la desorientación contemporánea. Con sus campañas a favor de la natalidad y su extensa red de estructuras sociales (guarderías, escuelas, dispensarios, hospitales, centros de acogida y de rehabilitación, sanatorios y hospicios), produce efectos socialmente útiles y también políticamente indispensables” (151).

Emoción, razón y utilidad social son, pues, para Graziano, los ejes que pueden hacer que la iglesia recupere su papel en la sociedad y lo logre por una estrategia de mantenimiento y fidelidad a sí misma. La racionalidad que asume también Graziano no es diálogo con la modernidad (búsqueda, digamos, de una nueva o más profunda racionalidad), sino argumentar los principios tradicionales y ofrecer seguridad frente a un mundo en caos.

En todo caso, da la impresión de que lo propio de Graziano es la geopolítica, la sociología, los compromisos sociales, las decisiones de gobierno, la estrategia, los programas de acción explícitos e implícitos, el pragmatismo. Las ideas, la ciencia, la cultura, la filosofía y la teología, le interesan poco. Es una cuestión zanjada. Las ideas son las que siempre ha tenido la iglesia, ya están formuladas, son seguras y no cabe sino esperar que los hombres deseosos de seguridad se acerquen a la iglesia para aceptarlas.

Pero la impresión es también que Graziano ignora no sólo muchos principios de la psicología y de la antropología humana, sino incluso la misma estructura lógica interna del discurso filosófico-teológico cristiano que, desde siempre, explica y da sentido a la geopolítica católica. Si la iglesia fuera la que Graziano describe, estaría envilecida por un pragmatismo de vuelo bajo que no respondería a la esencia moral de la iglesia católica. Incluso, si la iglesia se apoyara en la pura fe emocional, la manipulara sin un respaldo apropiado de la razón y buscara el puro apoyo de su utilidad social, entonces se estaría muy cerca de poder encuadrar a la iglesia dentro de lo que antes hemos llamado, siguiendo a Graziano, una “wrong religión”, una religión fallida. Esto sería, a mi entender, muy penoso, puesto que la iglesia no puede ser reducida a ese nivel y diría muy poco a favor de los dirigentes que, conscientemente y sabiendo lo que hacen, aceptaran este planteamiento. Lo iremos viendo en las consideraciones que siguen.

La geoestrategia de hecho, en el pasado y en el presente

Estamos de acuerdo con Manlio Graziano en que la estrategia de la iglesia, en el pasado y en la actualidad, responde a la descripción que nos ofrece. Es decir, no moverse un ápice de las posiciones mantenidas durante siglos en lo doctrinal y en lo moral (las transformaciones habidas, el “aggiornamento”, se han dado en zonas colaterales). Los textos, citas y referencias, mencionados por Graziano a lo largo de su obra muestran este inmovilismo de la iglesia oficial. Graziano describe y concuerda con lo que ya sabíamos (y nosotros hemos mencionado en otros contextos). En este sentido, las constataciones de Graziano contribuyen a dejar sentado que es un hecho (que él ve positivamente) el inmovilismo cerrado de la iglesia católica.

Esto supone obviamente hacer algunas salvedades y matizaciones. No negamos que muchos pensadores, científicos, filósofos y teólogos, cristianos se hayan esforzado en plantearse formas nuevas de entender la armonía del cristianismo con el mundo moderno, con mayor o menor acierto; pero se ha intentado. Yo mismo creo haber contribuido a esta tarea. Pero la posición y el mensaje comunicado oficialmente por la iglesia ha ignorado, y sigue ignorando, con persistencia, totalmente, los intentos de búsqueda que se han emprendido. Se ha mantenido en “lo de siempre” y ha buscado apoyarse en la gran fe residual todavía presente en los creyentes. Graziano diría se ha apoyado en la necesidad de religión y en las emociones de la gente (bed religion). La estrategia de buscar la “sancta simplicitas” y el cultivo de las emociones en la gente tradicionalmente creyente no ha sido sólo propia del Opus Dei (donde, según Graziano, se daría una forma radical de establecerla como forma de comportamiento cristiano y de espiritualidad), sino que, al margen del Opus, ha sido promovida por sectores conservadores mucho más amplios de la iglesia, en la política vaticana, en los obispados, en las parroquias y en el clero conservador en general. Puede decirse que la estrategia conservadora de “mantenella y no enmendalla” está extendida en toda la iglesia católica.

Aunque, como acabo de decir, hay teólogos que se han preocupado por hallar el logos, la racionalidad, del cristianismo en el mundo moderno, sin embargo, el hecho es que hoy, en mi opinión, la inmensa mayor parte de la teología se limita a enunciar y estudiar, en su perspectiva bíblica y patrística, con referencias a los grandes teólogos que trabajaron también en la órbita clásica, el puro kerigma cristiano. Por ello, en otros sitios, he descrito este tipo de teología como teología kerigmática (un ejemplo sobresaliente de ella sería la forma de teología de Benedicto XVI).

El actual pontífice, Francisco, sigue comunicándonos un mensaje kerigmático en términos teológicos similares a lo que se hacía hasta el momento. No hay asomo de interés por una búsqueda en profundidad de la razón del cristianismo en el mundo moderno. La diferencia con anteriores magisterios es su cercanía al sufrimiento humano, a los problemas sociales y a los contextos sociales. Es su gran sentido de la oportunidad para decir cosas (pequeñas cosas) que impacten y produzcan titulares periodísticos. En su magisterio ordinario se vislumbra un humanismo y un sentido común nuevo que ha atraído a muchas personas antes alejadas de la iglesia; aunque también es verdad que este proceder no ha sido visto bien por quienes exigirían una “sancta simplicitas” más radical. En todo caso, si este pontificado sigue así, y no aparecen nuevos factores, pasará pronto y, probablemente, tras otro pontífice de orientación más conservadora, será recordado como un anecdotario singular.

Las razones de esta geoestrategia fáctica

Ahora bien, ¿por qué la iglesia, durante siglos pasados y en el presente, ha mantenido esta estrategia del inmovilismo doctrinal y moral? El inmovilismo es un hecho, como hemos dicho, aunque en ocasiones la iglesia oficial se ponga de perfil, e incluso trate de disimularlo. La obra de Graziano nos ayuda a establecer este inmovilismo. ¿Por qué ha sido así?

La tesis de Manlio Graziano es que el hecho constatable ha respondido a un “deber ser”. La iglesia, en el mundo moderno, no tiene ninguna necesidad de repensar su doctrina y su moral. Es más, no debe hacerlo. Por tanto, ha hecho lo que debía hacer y no tenía sentido hacer otra cosa. Es más, la iglesia no podría nunca replantearse su propia doctrina porque es depositaria de una revelación, que ha sido dada en Cristo y que está cerrada. La tradición está identificada con esta revelación y la iglesia no puede sino continuarla. Así presenta las cosas Graziano. La iglesia, como repite, no puede “adaptarse” a la modernidad.

Sin embargo, es probable que la iglesia haya adoptado hasta ahora la estrategia de la “sancta simplicitas” porque no ha tenido otra alternativa. Cuando apareció el mundo moderno, y con los siglos fue consolidándose, la iglesia llevaba siglos en el paradigma antiguo (el paradigma greco-romano, en lo filosófico-teológico y en lo socio-político). El mundo moderno hizo intuir a la iglesia que algo había pasado y que era necesaria una conciliación con la modernidad. Sin embargo, ¿cómo hacerla? ¿En qué debía consistir la armonización con el mundo moderno? Nótese que no decimos “adaptación” (que es el término sesgado que usa Graziano). Sin alternativa objetiva que pudiera satisfacerla, la iglesia no ha podido hacer otra cosa que replegarse en el mantenimiento de lo que hasta entonces se había tenido.

Por tanto, es incorrecto decir, con Graziano, que la “sancta simplicitas” responde a un “deber ser” cristiano. Muy al contrario, no responde a la esencia de la fe cristiana, ni a los principios tradicionales de la teología católica. Es decir, proceder como propone Graziano no es simplemente cristiano. Es traicionar la esencia del cristianismo. Para denunciar, pues, los argumentos de Graziano debemos hacer algunas observaciones que exponemos seguidamente.

Kerigma y hermenéutica

Estamos de acuerdo con Graziano en que la iglesia tiene una doctrina que es innegociable. Pero no lo entendemos (ni nosotros ni la teología católica más tradicional) como Graziano parece entenderlo. Lo que es innegociable no es “en bloque”, sin matices, todo el cristianismo, toda la teología y la moral cristiana. No es innegociable, sin más, lo que hasta ahora se ha hecho. Graziano parece hablar del catolicismo como un sistema de enunciados y principios, en bloque, donde todo es unívoco y debe aceptarse con la misma seguridad. Esto no es lo que dice la teología cristiana. Lo que en la iglesia es innegociable es el kerigma: la doctrina, las palabras y los hechos de Jesús, que son lo que son y no pueden sino proclamarse en el kerigma del que es depositaria la iglesia.

Pero en la teología, y en la doctrina de la iglesia a lo largo de los siglos, hay otro elemento que no debe mezclarse con el puro kerigma: me refiero a la dimensión hermenéutica que depende de la cultura de cada época y que, en la historia del pensamiento cristiano, ha ido evolucionando desde la patrística, por san Agustín hasta santo Tomás, y en otros muchos sistemas hermenéuticos posteriores, aunque todos ellos hasta el momento deban enmarcarse en lo que he llamado el paradigma greco-romano. La teología de la inspiración y de la asistencia del Espíritu permiten a la iglesia tener la seguridad de no errar en la transmisión del kerigma. Pero no puede decirse lo mismo de lo hermenéutico que depende de la historia y está condicionado por sus contingencias.

Estamos de acuerdo en que la estrategia actual de la iglesia sigue consistiendo de hecho en mantenerse en “lo de siempre”, a la espera de que la sociedad, necesitada de seguridad, se entregue a la “seguridad innegociable” que ofrece la iglesia. Creemos que la iglesia debe “mantenerse en lo de siempre”, a saber, en el kerigma de Jesús que la iglesia custodia. Por tanto, ese “mantenerse en lo de siempre” no puede entenderse como hace Graziano: como el mantenimiento en bloque de todo, sin matices, y con una seguridad global sin fisuras que afecta a “todo por igual”. Tanto al kerigma como a lo hermenéutico. La situación real de la iglesia en la actualidad es de una gran inseguridad que tiene por consecuencia que su posición intelectual sea imprecisa, indefinida, oscura y, en último término, incompleta y desorientadora. La falta de una nueva hermenéutica apropiada al mundo moderno (que no “adaptación”) hace que la estrategia de la iglesia se repliegue al conservadurismo que describe Graziano. Me explico.

Crisis hermenéutica y debilidad de la iglesia

La iglesia está segura del kerigma y se mantiene en él con firmeza (así debe ser). Pero la iglesia no está segura de la hermenéutica que ha mantenido durante siglos. Esta inseguridad hermenéutica tiene diversas manifestaciones. Por una parte, se tiene conciencia, o al menos se intuye, que la hermenéutica antigua (paradigma greco-romano) no sirve, no puede ser mantenida en el contexto moderno: por ello se tiende a ocultarla y mantenerla en un discreto segundo plano (por ejemplo: hoy no se puede seguir defendiendo el aristotelismo). Esta desconfianza hermenéutica se manifiesta en que la iglesia tiende a limitarse a la pura proclamación del kerigma y, cuando se necesita algo de hermenéutica, se recurre al paradigma antiguo, aunque con la mayor discreción. Por tanto, esta inseguridad hermenéutica, ¿significa que la iglesia ha renunciado de forma explícita a la hermenéutica antigua? No puede hacerlo porque necesita una hermenéutica y no tiene alternativa, de momento; o, al menos, ninguna de las alternativas propuestas por los teólogos ha sido asumida por la iglesia oficial.

La iglesia, además, tiene un temor ancestral a reconocer errores propios, aunque sean en lo hermenéutico. Prefiere echar tierra encima, para que todo cambie discretamente, sin que se note. Pero el paradigma antiguo, aunque se quiera disimularlo, revive con fuerza constantemente cuando lo exigen las coyunturas concretas y las circunstancias. Es decir, cuando se necesitan referencias hermenéuticas y no hay otra cosa a la mano. Todo esto tiene por consecuencia lo que antes apuntábamos: la sensación de imprecisión y de indefinición, de oscuridad, ya que en realidad es difícil saber dónde está la iglesia; es decir, en qué perspectiva hermenéutica se mueve. En ella se toleran quienes se mueven en posiciones “radicalmente antiguas” (que nunca son apercibidos y parecen suscitar el contento oficial) y quienes se mueven en posiciones “reformistas” en busca de una nueva racionalidad armónica con el mundo moderno (que parecen crear inquietud y con frecuencia suscitan llamadas al orden). Pero esta final indefinición de fondo es el hecho.

Obligación moral cristiana de buscar una nueva hermenéutica

Esta inseguridad, por tanto, que es la verdadera causa de la indefinición, tiene un resultado muy negativo: la iglesia queda en el penoso estado de indefensión hermenéutica. No posee un instrumento hermenéutico fuerte para explicar y proclamar el kerigma (esta es su misión) a la altura intelectual del logos de nuestro tiempo, a saber, de la cultura de la modernidad. En otros tiempos la iglesia, incluso en el lenguaje de los concilios, asumió la hermenéutica del paradigma antiguo (no para elevarla a condición de kerigma, sino para exponer la inteligibilidad de éste en la cultura de tiempos pasados).

En la modernidad, la iglesia debiera haber hecho algo parecido: asumir un liderazgo intelectual auténtico para decirnos cómo y por qué el kerigma cristiano alumbra desde dentro del logos hermenéutico de la modernidad. Pero no lo ha hecho y se ha replegado insegura a la pura proclamación del kerigma. Manlio Graziano observa la geopolítica de la iglesia católica y el resultado de su observación confirma lo que aquí decimos: el hecho de que la iglesia está “en lo de siempre”, en bloque, sin emprender transformación alguna que Graziano vería como un “vergonzante someterse a la modernidad”.

Queremos decir algo que es muy serio, y que tiene el respaldo de la teología tradicional: que la misión de la iglesia, conferida por Cristo, es la de proclamar el kerigma cristiano (que siempre permanece, del que la iglesia es depositaria y custodia) en cada tiempo, en cada momento de la historia y de la cultura. El kerigma debe ser inteligible y es misión de la iglesia hacerlo inteligible en cada tiempo histórico. Para ello la iglesia debe perfeccionar su hermenéutica al ritmo del avance del pensamiento humano en la cultura. El kerigma permanece; las hermenéuticas son coyunturales y cambian. Esto no se puede negar en teología, pero Graziano parece ignorarlo.

El universo y el hombre no han sido creados por Dios como decía la filosofía del paradigma antiguo. Dios ha creado el universo como nos describe hoy la ciencia y es pensado por la filosofía moderna. El Dios de la creación no es como se pensaba en la antigüedad. Por tanto, ¿no es necesaria hoy la nueva hermenéutica que muestre la armonía entre la Voz del Dios de la Creación (tal como hoy entendemos) con la Voz del Dios de la Revelación dada en Jesús? Afrontar esta nueva hermenéutica es una obligación moral del cristianismo. No hay otra alternativa. No hacerlo quiere decir que no se está a la altura de la misión conferida por Cristo a la iglesia. Es más: montar una estrategia para impedir que la iglesia se plantee su armonización con la modernidad, siendo esta necesaria para la proclamación del evangelio en nuestro tiempo, es ir directamente en contra de lo que exige la misión de la iglesia.

Por tanto, como hemos dicho, puede admitirse con una promoción de la “sancta simplicitas” como una estrategia de emergencia en una situación en que, para la iglesia, no existe alternativa. Se hace siempre lo posible en cada momento histórico. De acuerdo. No hay vuelta de hoja. Pero elevar lo que es una situación coyuntural a un “deber ser” y darle un respaldo “de derecho”, como hace Manlio Graziano (y quienes, según él, también lo hacen) no es admisible para la lógica de la fe cristiana. Mucho más, si esta estrategia se radicaliza criticando a quienes buscan una “razón moderna” como equivocados e inductores del fracaso de la iglesia. En definitiva, desprestigiándolos con todos los medios (como hace Graziano con los jesuitas). Entonces, la estrategia de la “sancta simplicitas” deja de ser neutra y se hace beligerante contra el único camino que tiene sentido para la lógica dela fe: buscar la armonía con el mundo moderno.

Se promueve entonces una iglesia antinatural, cerrada a la única posible evolución exigida por su propia teología y por la historia. Esta evolución es la que intuyó Juan XXIII al convocar el Concilio bajo el lema de estudiar la forma en que debía exponerse la fe en el mundo moderno.

Razón y emoción

Una constante presente en el libro de Manlio Graziano es considerar que quienes tratan de “adaptar” la iglesia a la modernidad (el término “adaptar” ya es de por sí sesgado y muestra la línea tendenciosa de Graziano) lo hacen por una racionalización de la fe que acaba ahogando la emotividad que necesita una teología popular. Lo hemos visto anteriormente. Esta interpretación de Graziano es completamente falsa y tendenciosa. Las cosas suceden muy al contrario.

En primer lugar, la razón y la emoción no tienen por qué oponerse, contradecirse o ir por vías paralelas. Muy al contrario, como hoy dicen la psicología y la antropología, el hombre es una entidad racio-emocional. Una emoción que no conviva armónicamente con la razón no puede sostenerse a medio plazo. Irá decayendo. Por ello, si el cristianismo se armonizara con el mundo moderno por una nueva hermenéutica, y esa hermenéutica llegara a la gente, entonces se reforzaría el mundo emocional de la fe cristiana. La nueva racionalidad no sólo lo reforzaría, sino que le daría nueva proyección que estabilizaría la conciencia de la armonía de ser creyente en Dios y cristiano en la modernidad.

Por otra parte, lo que hemos visto en las últimas décadas con especial fuerza (y esto no son especulaciones sino constatación de hechos sociológicos) es que una iglesia sin logos, sin un fundamento racional explícito armónico con la cultura del tiempo, difícilmente puede retener a sus fieles. Muchas personas con una experiencia religiosa profunda acaban por abandonar la práctica religiosa en la iglesia católica, y se encierran en la religiosidad de su mundo interior. Lo que se dice de la iglesia católica puede decirse de otras muchas confesiones cristianas y de otras religiones. Más y más personas han abandonado hoy la “religión”, las religiones sociales (en nuestro caso, católica), que no entienden, para vivir una religión natural interior en que sus emociones religiosas anidan. Hoy la crisis ha sido preferentemente de la “religión”, mucho más que de la “religiosidad interior” que sigue presente en la mayor parte de las personas. El abandono de la iglesia en tantos sitios es un resultado de la falta de una hermenéutica que muestre la armonía de la fe con la modernidad.

El cristianismo es una religión universal cuya aspiración es iluminar a todos los hombres, haciendo inteligible el mensaje de Jesús. La vocación católica (universal) es precisamente proclamar el kerigma cristiano de tal manera que la inmensa mayoría de los hombres pueda entenderlo y dar salida en él a sus emociones religiosas. ¿Es que Graziano no entiende que reducir la iglesia a grupos minoritarios de poder fáctico, orientados por la espiritualidad de la “sancta simplicitas”, es rebajar la aspiración esencial del cristianismo como religión universal? ¿No entiende que propone una estrategia que no es apta para una iglesia universal que quedaría reducida lamentablemente a una bed church?

CONCLUSIÓN

La obra de Manlio Graziano aporta algo muy importante. Pretende hacer una descripción objetiva de lo que pasa en la iglesia. Lo que, a mi entender, sería objeto de preocupación es que las cosas fueran efectivamente así, es decir, como Graziano describe. Y lo peor es que creo son efectivamente así. Que Manlio Graziano tiene razón. Hoy la iglesia oficial (dejamos aparte a científicos, filósofos y teólogos cristianos, en sus actuaciones individuales respetables) está siguiendo la estrategia que describe Manlio Graziano y que, con sus mismas palabras, se caracterizaría como la estrategia de la “sancta simplicitas”.

Esta estrategia, elevada erróneamente a condición “de derecho”, está frenando la evolución lógica que debería afrontar la iglesia en nuestros tiempos y la sumirá en una crisis creciente, agostada a la pervivencia de grupos minoritarios. Aunque siguiera creciendo en el tercer mundo por razones demográficas obvias, en el mundo occidental desarrollado seguiría apagándose, al tiempo en que más y más gente se refugiaría en una religiosidad natural interior con “religión”.

Pero es inevitable, así pensamos los creyentes, que el Espíritu de Dios acabará orientando a la iglesia por donde debería ir. Cuando la iglesia como tal afronte la tarea pendiente de instalarse armónicamente en el logos de la modernidad, y esto sucederá inevitablemente, entonces quienes estuvieron frenando la apertura a ese logos por todos los medios cambiaran de posición y dirán que su actitud fue siempre la de “seguir a la iglesia”. De acuerdo. Pero nadie podrá quitarles la responsabilidad de haber estado frenando durante décadas el único camino que podía llevar a la iglesia a cumplir su misión en la historia.

 

A mi modo de ver y para finalizar, creo que ambas estrategias pueden ser complementarias y a la vez vehicular el desarrollo lógico de la Hispanidad por haber ido ésta estrechamente vinculada a la vida de la Iglesia y permanecer aún en su poso, buena parte del Ser sustancial que le da vida.

Creo que la santa simplicidad, por sí misma es incapaz de articular hoy en día un verdadero relato de la cuestión profunda que atesora el cristianismo de la Iglesia Católica en nuestras sociedades modernas, y por tanto tampoco puede servir de guía para el desarrollo de las naciones. De hecho, considero que buena parte de los populismos en auge, se basan en esa misma simplicidad que impide entender el sentido profundo de la fe o conceptos como la Patria o la justicia, y abren el paso a identitarismos y sentimientos acotados de pertenencia tribal que acaban oponiendonos a unos contra otros.  Hace falta sin embargo una nueva hermenéutica que transcriba la verdad universal contenida en los textos sagrados y en las enseñanzas católicas al lenguaje actual, al objeto de responder a los nuevos problemas e interrogantes que han surgido en base a los acontecimientos del pasado siglo y a lomos de la globalización, preñando el mundo de experiencias divisorias y conocimientos críticos que implican la destrucción del ser humano. O la Iglesia aprende a explicarse en el nuevo milenio o por mucha religiosidad popular con que se vista, seguirá condenada a seguir perdiendo fieles por el camino, pues el populismo es incapaz de responder a nuestras necesidades profundas de trascendencia, felicidad y perfección.

Sin embargo, esto no excluye que la simplicidad siga siendo la base sobre la que se sostienen los procesos profundos del pensamiento humano. También es necesaria esa simplicidad, ese saber trasladar mediante emociones simples y concretas un concepto de identidad y pertenencia a un grupo, que mueva a las personas a profundizar en su razón de ser individual y colectiva, y aceptar la cosmovisión católica como verdad objetiva sobre la que pivote su vida. Hacen falta las emociones tanto como las razones.

Y la Hispanidad no puede permanecer al margen de ese reto. Debe ir dejando poco a poco de lado sus inquinas prejuiciosas y, ya sea a través del populismo de unos como del razonamiento de otros, aportar a ese acervo cultural católico y común, nuevas formas de explicar y entender el ser sustancial y religioso que define nuestras vidas. Es necesario recuperar el relato de nuestra historia con un lenguaje entendible en el nuevo milenio.

Con esto me refiero al testimonio. Hacen falta como el agua testimonios absolutos que conduzcan a abrir brechas profundas en el relativismo moral de nuestros días. Testimonios de la historia, pero también de experiencia personal, de conversión de vida, de emoción y sentimiento profundos que sean capaces de mover de nuevo la pasión y la razón hacia ese querer hispano y católico que tenemos olvidado aunque siga definiendo nuestro destino universal sin que la mayoría lo perciba. Y en esos testimonios es donde la Iglesia encontrará la hermenéutica que necesita y la Hispanidad el proyecto común del que está falta.

Perdonadme por lo extenso de la exposición pero son tantos los conceptos que he querido abordar, que me he visto incapaz de hacerlo con una mayor simplicidad. No obstante y si tuviera que resumirlo con un simplismo diría que, la vida de la Hispanidad es la vida de los pueblos que el Hijo de Dios ha escogido en su era para manifestarse al mundo y por tanto no puede ir desligada de la vida de la Iglesia, que a su vez es la vida del Pueblo de Dios. En este orden: Cristo, Iglesia, Hispanidad, Mundo, son una sola y misma proyección de la voluntad de Dios, y en este relato de la Creación, coexionado por la fe y la lengua, es donde podemos reencontrar mejor nuestra propia identidad, proyección y sentido del Ser individual y colectivo.

 


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No entiendo la palabra geoestrategia, o geopolítica de la misma forma que esos autores.

Una de las razones de la orfandad de un proyecto geopolítico por parte de las naciones hispanas es que se aplica la palabra geopolítica a cualquier cosa. Me ha pasado una y otra vez leyendo montañas de texto donde finalmente, lo que se deja entrever es poca cosa. Disgresiones sin una mención a una sola ciudad, a un camino o a un sector industrial. No sólo con esta "geopolítica" católica que se muestra aquí, también con otras escuelas de muchos tipos.

Lo que se describe ahí es estrategia cultural, social, antropológica, o en el mejor de los casos estrategia filosófica o incluso teológica. Muy correcta... pero no basta. La realidad no se agota en la idea abstracta. La primera crisis de este tipo de pensamiento abstraccionista fue en la caída del pitagorismo, resuelta finalmente con varios suicidios, o eso cuenta la leyenda, y el camino que deriva en la symploké platónica. Resulta que hay cosas que no tienen relación con otras. No hay razón que mida el diámetro en función de su circunferencia y viceversa. Esta es un fallo de conmensura, o inconmensurabilidad de unas cosas con otras. Otra gran crisis del abstraccionismo es la caída del pensamiento de San Agustín. Resulta que España aparece y machaca esa idea de que la Ciudad del Hombre es tan desechable y de que hay que vegetar en el misticismo. Hace falta volver a machacar a San Agustín, si se me permite la expresión.

La geopolítica es la política de lo geográfico, lo geográfico de lo político. Es una pseudociencia de pinceladas, adscrita por supuesto a un proyecto teológico. Pero ojo, lo geográfico tiene que ver con dimensiones, con mensuras, con una constelación de ciencias humanas y naturales, económicas e industriales, donde la consideración fideísta (con la que se confunde el proyecto religioso tomando la parte por el todo) es una parte más. Uno se abrazará a aquello de la "geografía de nuestro corazón" que desengañémonos, no sale de metáfora, y de la conversión de almas, y que en la práctica reduce la geopolítica a una evangelización telepática. Esto es un fundamentalismo de M3, el sola fide, la materialidad formada por la idealidad abstracta, dirían los gustavobuenistas. La confianza ciega en la existencia de una razón para relacionar circunferencia y diámetro. Algo que ya fracasó en China, cuando los conquistadores paran los pies y la Iglesia se posiciona en vanguardia. La idea era buena, el resultado no tanto. Asia no es cristiana. América sí. 

No se me malinterprete. Yo valoro el catolicismo como capaz de articular todas las escalas de la realidad. Sólo que la estrategia que emana de la Iglesia actual no se puede definir como catolicismo completo, sino en, diríamos, eclesiocentrismo postimperial, una variante (o una partición del catolicismo, del Magisterio) tan valiosa como el ateísmo católico o incluso ramas del pensamiento moderno liberal, que representan a su vez particiones de la Tradición. ¿Cómo puede ser? Sencillo, por la caída de España. España es la pata que hace que la Iglesia se mantenga unida y se mantenga católica, salvándola en primer lugar de cuatro italianos que seguían con su cosmovisión paleta que acababa en ese "Israel católico" de cien kilómetros a la redonda (mensura) de los Estados Pontificios del siglo XVI, que querían abrazarse a la relamida y vegetante Francia en vez de al Globo que venía con España. Con los Borgia, con Tordesillas, con Carlos, con Trento, España corrige. Y luego aguantándola militarmente mientras "inflaciona" al Orbe entero. Caída España, el Todo implosiona. No muere, pero está despedazado. La Iglesia es un pedazo más.

El Imperio es así, es capaz de hacer resurgir o refundar la Iglesia católica cuando esta es tomada por incapaces. Ocurrió antes con Constantino y Nicea, que es un Trento antiguo. Ocurrió en la microescala, en España con Franco. Casi como si de un mismo cuerpo se tratara, como si de un extraño ser capaz de hacer regenerar sus cabezas, si una está cortada, la otra permanece y hace crecer la primera.

No hay Cruz sin Espada. La materia,  la industria, el acero, las montañas de comida, de comunicaciones, de personas -sí, también, al bulto-, de coches y aviones, de aplicaciones informáticas... todo eso, ese giga-Sancho Panza es lo único que recoge en brazos a esos idealistas Quijotes que acaban dando vueltas embarrados entre las aspas de los molinos. El hispanismo no es quijotismo. Claro que tampoco es sanchismo. La Espada sola no basta. Nuevamente, aquí se aplica el ET ET que hablábamos en el otro hilo.

 

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Correcto, el ET ET pero, cuando desechas la geoestrategia o estrategia cultural de la Iglesia -llámala como quieras- como vector de proyección, estás aplicando al AUT AUT protestante. Sancho sin Quijote no es nadie en la historia, pero el Quijote sin Sancho podría haber tenido igualmente un protagonismo ya que representa la aspiración al ideal de perfección que mora en el corazón del hombre. Sin embargo, la historia se hace perfecta cuando el realismo de Sancho y el idealismo de don Quijote se complementan en el orden correcto de las cosas: Sancho sigue a don Quijote y adquiere su protagonismo a la vera de su señor.

Quiero decir, pretender supeditar la existencia de la Iglesia a la geoestrategia de las naciones es un error de concepto grave ya que, son las propias naciones quienes han encontrado en la Iglesia el fundamento y justificación de su propio ser. Es su fe lo que mueve a la persona a actuar de una determinada manera o de otra. Es sobre lo que construye la realidad sobre la que luego se desarrollan las naciones o se destruyen, sea con espadas, con fábricas o con transbordadores espaciales. Y en esta realidad, la Iglesia, como formadora y orientadora de la fe de los hombres, sigue teniendo un papel fundamental pues actúa sobre la causa misma de nuestra realidad.

Pienso que se yerra al considerar la fe como una parte más, no fundamental, de la condición humana y el desarrollo de la realidad o de las sociedades. En el orden natural de las categorías, la fe es el germen o semilla que contiene todo lo que luego se desarrolla, es decir, la causa. Pero la estrategia de las cosas depende del orden establecido en dicha causa, que puede ser veraz o falso pero que indudablemente la determina. Es decir, en el caso de las naciones católicas, su desarrollo sucede en función del orden implícito en la fe de la Iglesia, que a su vez se sostiene en la fe de una persona, Jesús de Nazaret, el Cristo. Por tanto, no se trata de una fe que se sostenga sobre un ideal abstracto e indeterminado sino sobre la realidad concreta de la naturaleza divina y humana de la persona. Y aunque entiendo que el descarte de Dios lleve pareja la idea de que el idealismo que surge de la fe en él, pueda parecer abstracto y solo aceptable desde un punto de vista utilitarista, en realidad en el caso de la Iglesia, se basa en un ideal de perfección que ya ha sido encarnado y proyectado, por tanto manifestado realmente, originando una nueva realidad en el mundo que ha transformado le geografía y las sociedades, ergo se trata de un idealismo capaz de orientar y construir verdaderamente la realidad. Por eso pienso que la estrategia de la Hispanidad, como proyección de lo católico, debe permanecer unida a la de la Iglesia que la ha causado, si es que quiere sobrevivir.

Que la Iglesia pueda tener una estrategia mejorable hoy en día no lo voy a discutir. Ese mismo artículo que he subido demuestra cómo hay diferentes opiniones de cómo ha de ser dicha estrategia, y el futuro de la propia Iglesia pasará por establecer mejor la línea óptima que le permita recuperar el terreno perdido en el pasado siglo. De hecho, hay toda una confrontación interna sobre cuál ha de ser esa estrategia. Pero no se pueden obviar dos hechos fundamentales, comenzando por el menos importante, la necesidad de preservar la unidad complementaria entre Iglesia e Hispanidad para la supervivencia de esta última, que no de la Iglesia, como consecuencia de ésta. Y en segundo lugar la voluntad de Dios para orientar a su pueblo por el mejor camino, que no necesariamente debe ser el que marquen las naciones.

 


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Estoy comenzando a percibir en algunos "ateocatólicos"  la resonancia de las palabras que menos simpatía o confianza me producen en el discurso de Elvira Roca "la Iglesia le debe mucho a España". Versiones incluso endurecidas como "la Iglesia debería besar el suelo de España", etc.

Gente en ese estado no puede comprender el sentido esencial de la Hispanidad que pretenden explicar.

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hace 30 minutos, Vanu Gómez dijo:

Estoy comenzando a percibir en algunos "ateocatólicos"  la resonancia de las palabras que menos simpatía o confianza me producen en el discurso de Elvira Roca "la Iglesia le debe mucho a España". Versiones incluso endurecidas como "la Iglesia debería besar el suelo de España", etc.

Gente en ese estado no puede comprender el sentido esencial de la Hispanidad que pretenden explicar.

En estos espacios me verás defender posiciones que se parecen a eso. Seguramente en BBJ y otros foros me leas en un sentido bastante más espiritualista ante toda la jauría anticatólica.

No puedo hacerlo de otra forma, creo en lo que creo. El Papado será el Sol, pero el Imperio es la Luna, y oye, que también tiene su belleza.
 

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Reacciones ante las declaraciones leyendanegristas de López Obrador en clave geopolítica

Corremos el riesgo de entrar en el modelo [4] del post anterior, es decir la fragmentación de la América hispana siguiendo diferentes esquemas.

López Obrador se puede entender como un "Duterte americano", en la práctica asume el liderazgo yankee pero veladamente huelo cierto apoyo a China y Rusia, no hay más que ver las declaraciones de Alfredo Jalife, su geopolítico de "cabecera" supuestamente nacionalista mexicano pero todo un trovador que canta a Rusia y a China en sus libros. México se convertiría así en la plataforma de China igual que Cuba se convirtió en la de la URSS.

Curiosamente podemos acabar en una guerra entre "indigenistas proyankees" e "indigenistas prochinos", una situación bastante dislocada.

Hay que luchar por la unidad y la paz de nuestra América.

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hace 14 minutos, Vanu Gómez dijo:

Estoy comenzando a percibir en algunos "ateocatólicos"  la resonancia de las palabras que menos simpatía o confianza me producen en el discurso de Elvira Roca "la Iglesia le debe mucho a España". Versiones incluso endurecidas como "la Iglesia debería besar el suelo de España", etc.

Gente en ese estado no puede comprender el sentido esencial de la Hispanidad que pretenden explicar.

Es normal, cuando alguien no tiene su fe depositada en Dios, la deposita entonces en otras cosas: La economía, la ciencia, la historia, los ídolos, el progreso, la tecnología o incluso en uno mismo, pero en general en el materialismo de las cosas . No obstante y como la historia de la Iglesia ha supuesto el desarrollo material de una Nueva Creación, de hecho ese es el sentido de su ser, hay quienes depositan en ese desarrollo su propia fe. Y esto no es algo malo per se sino positivo, en el sentido de que encamina a la persona hacia la búsqueda de la verdad objetiva que le explique el por qué de ese desarrollo, y con ello la verdad última de su ser, aunque en ocasiones se produzcan situaciones como la que describes. Lo malo sería que aquellos que tienen depositada aún su fe en Dios, la causa, dejaran de hacerlo para depositarla sobre las consecuencias materiales de la fe, que es un poco lo que ocurre con la secularización.

De ahí que me parezcan tan importantes todos estos debates, no porque ninguno de nosotros vaya a convencer a los demás de que su fe está equivocada, sino porque provocan una búsqueda común de la verdad que en definitiva nos encamina a todos hacia Dios. Y eso es lo que verdaderamente importa porque en esa búsqueda es cuando se produce el encuentro con lo trascendente capaz de mover a la conversión. Lo malo sería dar por bueno o por tonto al otro para encerrarnos en la autocomplacencia de nuestras propias ideas pues, de esa forma solo estaríamos alimentado nuestro ego o nuestra soberbia, algo que afortunadamente en este foro pienso que no ocurre. Todos defendemos muy dignamente nuestras ideas y creencias y hasta la fecha no creo que, por discrepar, nunca nos hayamos faltado al respeto.


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    • Antes que nada quería remarcar que me estoy refiriendo al contexto de estado liberal que disfrutamos/padecemos.

      Soy uno de esos que en su día cayeron en la moda de meter en el mismo saco a todos los funcionarios y hacerlos deudores de los más diversos agravios.

      Pero he ido modificando mi opinión y llegado a la conclusión de que  gran parte de lo decente en nuestro país ha entrado bajo ese manto y, en buena parte, está dormitando por desmotivación pero que seguro podrían ser, de forma relativamente sencilla, reactivados y recuperados para el bien de España.

      Os pongo aquí un video a una conferencia de un tipo al que le tengo bastante respeto, Alfonso Nieto, un gran experto en derecho administrativo (sé que no os tragaréis la conferencia pero ahí lo dejo y me gustaría hacer unos extractos de la misma con algunas observaciones que me parecen interesantes).

       





      • 8 replies
    • Post in Observatorio contra la Hispanofobia y la Leyenda Negra
      Ataque hispanófobo esta vez desde México.

      López Obrador olvida la fundación hispánica del país y vuelve a caer en el indigenismo más ramplón que lleva arrasando el país desde hace ya un par de siglos.¿Quiere volver a sacar a la extracción de corazones a lo azteca, a miles y en vivo?

      El presidente cae definitivamente como opción hispánica.

      Hay que decir que muchísimos mexicanos se están manifestando en las redes sociales en contra de esta estupidez. Aguanta, México.
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    • El terrorismo estocástico y el atentado de Nueva Zelanda
      El pasado octubre se produjo una cadena de sucesos que me hizo pensar que estamos ante una nueva era de terrorismo inducido a través de internet. El día 23 de octubre, George Soros y otros adversarios de Trump empezaron a recibir cartas bomba que no llegaron a causar ninguna víctima. El 27 de octubre un sujeto abrió fuego contra una sinagoga de Pittsburgh y dejó 11 muertos y 7 heridos. El anterior día 26 se produjo otra noticia de la que no se informó en España: Gregory Bush asesinó a dos transeúntes negros; minutos antes había intentado entrar en una iglesia negra para perpetrar una matanza. En cuestión de una semana se produjeron tres acciones terroristas de inspiración identitaria y se dio la casualidad de que los tres terroristas tenían una intensa actividad en internet, donde difundían teorías de la conspiración típicas de la nueva ultraderecha: el Gran Reemplazo, el Plan Kalergi, el Genocidio Blanco, Soros llena EEUU de inmigrantes hispanos, etcétera.

      (...)Hace tiempo alguien habló de terrorismo estocástico para referirse a este nuevo fenómeno en que las comunicaciones masivas, especialmente las redes sociales, inspiran actos de violencia al azar que son estadísticamente predecibles pero individualmente impredecibles. Es decir, cada acto y cada actor es diferente, y nadie sabe quién lo cometerá ni dónde ocurrirá el próximo acto, pero es probable que algo termine ocurriendo. No puedo programar a nadie para que cometa un atentado en tal fecha y lugar, como a veces se decía fantasiosamente en algunas películas de espías, pero sí puedo inundar esa mente colmena que es internet con la suficiente intoxicación como para que alguien termine cometiendo una acción terrorista contra los enemigos que voy designando. No sé cuándo ocurrirá el acto terrorista ni dónde se llevará a cabo, pero es probable que termine ocurriendo un acto terrorista que a su vez facilite los siguientes actos, pues el terrorismo es ante todo propaganda. 
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    • Masacre en Nueva Zelanda ¿Son las redes sociales culpables?
      Como imagino que todos sabréis ya, ayer se produjo una matanza en Christchurch, una pequeña población de Nueva Zelanda donde, un supremacista blanco entró armado con rifles y escopetas en dos mezquitas y comenzó a disparar a todos los que se encontraban dentro, ocasionando 49 muertos y otros tantos heridos de bala, entre ellos mujeres y niños.

      Lo más grave del asunto es que el tipo retransmitió en directo su salvajada a través de Facebook, como si fuera un stream de un videojuego, logrando viralizarse a los pocos minutos de comenzar la matanza. Fue la policía la que tuvo que pedir a esa red social que cortase la emisión ya que durante casi veinte minutos, el asesino estuvo emitiendo impunemente sus crímenes.
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    • La diversificación de la propaganda rusa: PACMA, Podemos y ultraderecha
      La maquinaria rusa de desestabilización política parece que comienza a calentar motores de cara a las próximas citas electorales. Analizamos algunas cuentas en Facebook, bajo bandera de Rusia, que estarían apoyando toda la amalgama de ideologías y movimientos radicales, desde el animalismo hasta la extrema derecha.





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