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Gerión

Geopolítica española e iberoamericana.

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hace 12 horas, don Fernandito dijo:

En dos días será Elvira Roca nada menos que... en Bruselas.

Todo esto forma parte de la doble proyección hacia el Norte, a saber, más España como solución a Europa y de más Hispanoamérica como solución a EEUU.

En este sentido, podemos definir un hispanoeuropeísmo y un hispanopanamericanismo que se diferenciarían del europeísmo y del panamericanismo clásicos en el sentido de que se deja de asumir una posición vasalla, y se pasa a una posición tendente al liderazgo o al menos de mantener una enérgica posición de defensa de lo español y de lo europeo a través y gracias a lo español, así como lo hispano y lo norteamericano a través y gracias a lo hispano.

En este sentido acaba de salir hace poco un artículo de Manuel Campo Vidal, en el que se apunta a una posible ampliación del eje francoalemán a un eje hispanofrancoalemán, tras el Brexit y las vacilaciones de Salvini. Ya veremos en qué queda, pero la posición está ahí. Debemos apuntar e intentar hasta donde podamos un redilerazgo de Occidente por parte del Sur, como en tiempos de Grecia, de Roma y del Imperio español, los Imperios de las Tres Penínsulas del Sur.

ALEMANIA NOS INVITA AL CLUB Y PASAMOS (Por Manuel Campo Vidal)

https://eldiadigital.es/art/278044/alemania-nos-invita-al-club-y-pasamos-por-manuel-campo-vidal

Cita

Viene a Madrid el ministro alemán de Exteriores, Heiko Maas, y declara en un coloquio público en la Universidad Complutense que el motivo de su viaje es invitar a España, ahora que los británicos dejan la Unión, a que nos sumemos al eje franco-alemán, el motor de las decisiones europeas. Tremenda declaración y aquí no se entera casi nadie. Atentos a sus rotundas palabras: “Nos hace falta más Europa y en Europa hace más falta más España”. 

 

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hace 20 minutos, Gerión dijo:

Todo esto forma parte de la doble proyección hacia el Norte, a saber, más España como solución a Europa y de más Hispanoamérica como solución a EEUU.

En este sentido, podemos definir un hispanoeuropeísmo y un hispanopanamericanismo que se diferenciarían del europeísmo y del panamericanismo clásicos en el sentido de que se deja de asumir una posición vasalla, y se pasa a una posición tendente al liderazgo o al menos de mantener una enérgica posición de defensa de lo español y de lo europeo a través y gracias a lo español, así como lo hispano y lo norteamericano a través y gracias a lo hispano.

En este sentido acaba de salir hace poco un artículo de Manuel Campo Vidal, en el que se apunta a una posible ampliación del eje francoalemán a un eje hispanofrancoalemán, tras el Brexit y las vacilaciones de Salvini. Ya veremos en qué queda, pero la posición está ahí. Debemos apuntar e intentar hasta donde podamos un redilerazgo de Occidente por parte del Sur, como en tiempos de Grecia, de Roma y del Imperio español, los Imperios de las Tres Penínsulas del Sur.

ALEMANIA NOS INVITA AL CLUB Y PASAMOS (Por Manuel Campo Vidal)

https://eldiadigital.es/art/278044/alemania-nos-invita-al-club-y-pasamos-por-manuel-campo-vidal

 

Yo más que por el hecho de acudir a clubes montados por otros me inclino más por montar el propio desde el principio. Diría que lo suyo sería extender un movimiento civil español a nivel europeo, es decir, como barruntaba Unamuno, hispanizar Europa.

Quizás SCC pueda lograr lo que hace tiempo parecía imposible, generar un movimiento en Europa en el que ESPAÑA esté desde el principio, como elemento nuclear y no como invitado y seguidista. Y a hacer valer su vinculación americana mediante un acuerdo fuerte con una potencia hispánica de aquel continente.

Creo que los movimientos identitarios europeos ofrecerían la oportunidad ideal, por ser un equivalente europeo de lo que tenemos en España con los separatismos regionales.

Como tenemos más larga y dura coexistencia con este fenómeno probablemente tengamos mejor conocimiento de cómo lidiar con ellos.

Mi percepción es que España podría encabezar algo así y tratar de hispanizar en Europa, sin necesidad de fundirse en ella, pero siendo fundador de algo.

Un desafío, ciertamente... (pero, insisto, Francia creo que es el verdadero hueso, espero que VOX no se deje seducir cuando el lepenismo trate de ganárselo como aliado en su desafío europeo, mucho menos por el sinvergüenza y cantamañanas antiespañol de Salvini).

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Sí, muy bien traída la comparación entre separatismos e identitarismos. Realmente la Gestión de la Complejidad es una especialidad de los imperios católicos, siendo las naciones modernas todo lo contrario, una tendencia constante de laminación hacia lo uniforme, lo que pasa es que ya estábamos llegando al absurdo insostenible (anulación de diferencias hombre-mujer, vamos a por la anulación humano-animal, etcétera).

No parecería raro que lo hispanocatólico sea lo que mejor pueda reliderar el mundo fragmentado del futuro, un mundo complejo, multinivel, incluso de corte medieval. Y medieval es un valor positivo, no se nos olvide. En nuestra infinitud transescalar, de la Materia a la Idea, de la Familia al Orbe, se ofrece un marco mucho más flexible que los que arroja la rigidísima (¿cisescalar?) teoría moderna, que parece, por lo simple, una triste pintura abstracta ante la enormidad de un Velázquez.

 

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Un análisis sobre la reciente cumbre del G20. Hay que notar que la web está vinculada con la geopolítica rusa de derribo de la estructura americana global.

G20 Summit, Top Agenda Item: Bye-Bye American Empire

https://www.strategic-culture.org/news/2018/11/30/g20-summit-top-agenda-item-bye-bye-american-empire.html

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Como veo que las visitas están subiendo bastante, don Fernandito no sé si puedes copiar el texto de mi mensaje de la página 3, el "principal", en tu mensaje que abre el hilo, por tenerlo a mano.

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hace 41 minutos, Gerión dijo:

Como veo que las visitas están subiendo bastante, don Fernandito no sé si puedes copiar el texto de mi mensaje de la página 3, el "principal", en tu mensaje que abre el hilo, por tenerlo a mano.

Lo haré. Definitivamente es el hilo más exitoso del foro. Lo sabía aunque me faltaran los mimbres a mí para armarlo, por suerte tenemos un tipo en el foro como tú.

A ver si se puede borrar mi primer mensaje y dejar el tuyo como arranque.

Te lo mereces.

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Muchas gracias por las palabras. Conseguiremos llegar a más gente, que hace falta. Y aun así me falta por reorganizar todo lo que va saliendo en este hilo en un único texto, a ver si un día me pongo.

Hoy, de regalo, tenía preparadas otras dos cuestiones que expongo a continuación.

 

********************************

 

El primero es el concepto que bautizaré como la Cruz Geopolítica o cruz de Santiago, pero en este caso Santiago no es otro que Armesilla que es el que la nombró en un vídeo y desde aquí va un saludo para él, porque me da en la nariz que nos lee, ya que creo que realimentamos ideas mutuamente. Esta cruz o aspa es una intersección de dos ejes:

-El eje Norte-Sur, de San Francisco hasta la Antártida,

-El eje Este-Oeste, de Menorca a Manila. Esta última expresión es, al menos para mis oídos, originaria de Don Fernandito.

Esta cruz define claramente un centro y un alcance de espacios con posibilidades de revinculación, casi como los radios de una rueda.

cruz.png

Esta idea de aspa tiene relación con la teoría de las 4 proyecciones que definí precisamente en el mensaje "matriz", pero aquí voy a volver a hablar de microproyecciones, o dilataciones como lo diría Durántez Prados, de índole nacional, es decir hispana (hispanonacional, iberoamericana) más que católica o universal (hispanocatólica, hispanouniversal) la cual constituye como decía un nivel superior de "macroproyección".

Estas dilataciones tienen que ser lo suficientemente pequeñas (poca población, poco PIB) para poder ser integradas en el esquema iberoamericano. Ya hablé de ellas en un anterior mensaje:

Así, en el Norte hablaríamos del Caribe no hispánico, y como mucho, los espacios más hispanizados de EEUU, en vez de toda Norteamérica;

En el Este, la Península, o a lo sumo el sur de Italia; aunque seguramente Elvira Roca añadiría también a Grecia con su idea de Sur; en vez de toda Europa;

En el Sur, la Iberofonía afroasiática, es decir, principalmente los PALOP y Timor; en vez de toda África y el Índico.

Y finalmente, en el Oeste, Filipinas y las islas del Pacífico, en vez de toda Asia-Pacífico incluyendo China y demás.

 

********************************

 

En el segundo punto trato precisamente de lo último nombrado, la idea de dilatación del Pacífico , o Pacífico iberoamericano.

Esta idea parte de las siguientes premisas:

-El Pacífico fue un espacio tan hispánico como el propio continente americano. El Hemisferio castellano en algunos textos se dividía en tres grandes áreas: las Indias septentrionales (América del Norte), las Indias meridionales (América del Sur) y las llamadas Islas del Poniente (a veces también Indias del Poniente) que no son más que todos los archipiélagos dispersos en el Pacífico.

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-Algunas naciones hispanoamericanas se definen como bi o "tricontinentales" como Chile, siendo el continente de Oceanía uno de ellos (en su caso, por las islas de PascuaSala y Gómez). También podríamos de alguna forma incluir a Ecuador, con sus islas Galápagos.

-El Pacífico es una frontera de Iberoamérica, concretamente su frontera occidental. Renunciar al Pacífico conlleva un aislamiento y reclusión en lo que es la región suramericana o latinoamericana.

-Este aislamiento o reclusión estaría justificado ante la existencia de una gran potencia, pero se da el caso de que el Pacífico está constituido por naciones de pequeño tamaño y políticamente está muy fragmentado. Esto hace que tenga paralelismos con el Caribe. Ha habido una importantísima diplomacia de vinculación del Caribe con lo latinoamericano (con gestos como el de Jamaica para introducir el español en sus aulas, o la inclusión de todo el Caribe en la CELAC), pero sin embargo el Pacífico ha quedado más abandonado, estando como está en una situación geopolítica similar.

-Pero no sólo eso, tenemos a la nación filipina como principal objetivo de esta dilatación; nación que es la eterna olvidada en todos los esquemas geopolíticos latinoamericanos. Filipinas, a pesar de su anglización, sigue siendo 90% católica y su cultura no se entiende sin lo hispánico. Filipinas es el México de Asia (por demografía; aunque con una economía que no llega a la magnitud de la mexicana) y sin lo hispano, bascula terrible y lamentablemente entre esquemas geopolíticos de sometimiento a los norteamericanos o los chinos. Ante la debilidad norteamericana, y su posible repliegue, tenemos ya unos amagos de entrada filipina en la órbita china, con Duterte minusvalorando tanto lo católico como lo norteamericano. Filipinas debe tener una muy buena relación con China, pero Filipinas es una nación construida sobre y por lo hispánico, no por y sobre lo chino. No es un Japón o una Corea. Tampoco lo malayo puede estructurar una identidad nacional; ése sería su indigenismo, que los destruiría en diferentes Estados tribales como los separatismos en España. Las lenguas filipinas y la religión católica, pilares de su construcción e identidad nacional, sobreviven allí por la influencia y pasado hispánico. Su unidad también se debe a lo hispánico. La apuesta aquí, por tanto, sería su identidad hispánica. Podría apostarse por la educación trilingüe en lengua filipina, más español, más inglés. Filipinas tiene una fortísima crisis de identidad (buscad Philippines identity crisis en cualquier buscador: 15 millones de resultados) que está derivada de la forzada negación de lo hispano y sólo ha de resolverse volviendo a ello.

Otras naciones del Pacífico, como China o Indonesia, por su carácter confuciano o musulmán y su enorme demografía, son potencias en sí mísmas y no se pueden asimilar en un esquema iberoamericano porque lo desnaturalizarían completamente. Por su parte, Australia y Nueva Zelanda a pesar de tener también un pequeño tamaño (no llegan a 30 millones de habitantes entre las dos) parecen demasiado vinculadas al poder angloamericano como para decidirse por entrar prioritariamente en un esquema hispánico.

Así que finalmente, en esta dilatación me voy a quedar con Filipinas, a la que acompañaría Timor-Leste, lusófona, única nación iberohablante de Asia, más el conjunto de todas las naciones isleñas del Pacífico de pequeño tamaño. Estas naciones isleñas se incluirían, entre otros motivos, para establecer una continuidad geopolítica entre Filipinas y las naciones de la América hispánica, a la manera de las naciones caribeñas.

El mapa de paralelos diplomáticos y, o geopolíticos para el Pacífico, por tanto quedaría como el siguiente:

Filipinas, se asimila geopolíticamente a México;

Las islas del Pacífico, se asimilan al Caribe no hispánico.

Comentar que, entre las segundas, existe un importante número de territorios no soberanos que aún están vinculados a su metrópoli. El paralelo geopolítico en las Américas de éstos últimos podría ser Puerto Rico, Belice o la Guayana francesa. La gestión de su inclusión en cualquier dilatación o propuesta diplomática ha de ser más cuidada, por la posible injerencia de potencias extranjeras.

Muestro en azul las naciones soberanas de este espacio, y en verde las dependencias:

hispanopacifico-1.png

Finalmente, alguno pensará que todas estas naciones no tienen ningún pasado o vinculación hispánico. Lejos de eso, la mayoría lo tiene. Para reforzar el discurso, legitimar y argumentar históricamente este espacio de dilatación, dejo aquí un muestrario de todos los contactos hispánicos en las naciones y dependencias del Pacífico. Sacado de este interesante enlace.

Cita

Fecha de primeros contactos hispánicos en las Naciones soberanas y dependencias propuestas para la Dilatación del Pacífico.

Filipinas

Fernando de Magallanes - 1521

Islas Marianas y Guam (EEUU)

Fernando de Magallanes - 1521

Ruy López de Legazpi - 1564

Palaos

Ruy López de Villalobos - 1543

Micronesia

Toribio Alonso de Salazar - 1526

Ruy López de Villalobos - 1543

Islas Marshall

Álvaro de Saavedra - 1527

Ruy López de Villalobos - 1543

*Estas cinco, Filipinas, Marianas y Guam, Palaos, Micronesia e Islas Marshall (estas tres con el nombre de Islas Carolinas) formaban la Capitanía de Filipinas en la reclamación formal que España hizo en 1875.

 Papúa Nueva Guinea

Jorge de Meneses - 1526/27

Álvaro de Saavedra - 1529

Islas Salomón

Álvaro de Mendaña - 1568

Álvaro de Mendaña - 1595

*En estas islas se fundó la colonia de Santa Cruz.

Vanuatu

Pedro Fernández de Quirós - 1606

*En esta nación, en la isla llamada Espíritu Santo, se fundó la población de Nueva Jerusalén.

Kiribati

Hernando de Grijalva - 1537

Tuvalu

Álvaro de Mendaña - 1568

Tonga

Francisco Antonio Mourelle - 1781

Alessandro Malaspina - 1793

Islas Cook (Nueva Zelanda)

Álvaro de Mendaña - 1595 (Isla Pukapuka)

Pedro Fernández de Quirós - 1606 (Isla Rakahanga)

Polinesia francesa (Francia)

Archipiélago Tuamotu: Fernando de Magallanes - 1521

Islas Marquesas: Álvaro de Mendaña - 1595

Tahití: Pedro Fernández de Quirós - 1606

*En Tahití se establece además una misión en 1772 por orden del virrey del Perú.

Islas Pitcairn (Reino Unido)

Pedro Fernández de Quirós - 1606

 

No se guardan registros de contacto hispánico con los territorios de las naciones soberanas de FidjiNauru, Niue y Samoa . Sin embargo, por su condición regional de islas del Pacífico y por su vinculación general al espacio hispanopacífico y al antiguo hemisferio castellano, puede argumentarse su inclusión.

Igualmente ocurre con las dependencias de Tokelau, Wallis y Futuna, Nueva Caledonia y la Samoa americana.

Finalmente, comentar que los posibles descubrimientos españoles o portugueses de Australia (por Cristovão de Mendonça en 1522) y Nueva Zelanda (por Juan Jufré y Juan Fernández en 1576) están siendo cada vez más investigados y puede que en el futuro nos encontremos con la sorpresa de un reconocimiento de descubrimiento oficial de ambas naciones para Occidente por parte de España y Portugal, en vez de Holanda o Inglaterra. Igualmente se puede hablar del descubrimiento de Hawaii por Álvaro de Saavedra en 1527 y Ruy López de Villalobos en 1542.

 


Esta publicación ha sido promocionada como contenido independiente

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Estimados amigos.

Siguiendo vuestras propuestas y por petición expresa del autor original del hilo, he asignado su autoría a Gerión y he movido igualmente su mensaje de la página tres al inicio del tema de forma que a partir de ahora aparezca como precursor de todo su posterior desarollo. De la misma manera, en los subsiguientes mensajes donde se respondia a ese mismo mensaje que ahora aparece en la primera página, he añadido la cita para situar el contenido y que no pierda su coherencia.

Si en algo más os puedo ayudar, no dudéis en comentarlo.

Gracias por tan estupendo contenido y un cordial saludo a todos.

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Este hilo ya sobrepasa las 7000 visitas. Ya es con diferencia el más visto del foro.

Desconozco cómo ha fluído en la red pero es un hecho que ha tenido su difusión.

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Artículo de Geopolitica.ru por Carlos Javier Blanco.

https://www.geopolitica.ru/es/article/los-dos-imperios-los-rusos-al-este-y-los-espanoles-al-oeste

La idea general es que España e Iberoamérica se planteen como polo especular (Imperio del Oeste) al de Rusia (Imperio del Este). Entra dentro de la dinámica multipolarista de la escuela duguinista rusa para acabar con el imperio atlanto-norteamericano.

Creo que planteamientos similares ya los recogimos o dejamos sugeridos por aquí incluso en el mensaje inicial, con aquello de Rusia y las Españas como las "dos alas" de Europa, idea que tampoco es original mía sino que viene repitiéndose desde hace tiempo. Está también relacionado con el mensaje ya viejo sobre el eje Madrid-París-Berlín-Moscú (¿de Tierra del Fuego a Vladivostok?) que comentó incluso Verstrynge, repostulado aquí para equilibrar cualquier tendencia anglopuritana radical que amague con tomar Estados Unidos convirtiéndolo en una potencia antihispánica, que lleve al repugnante derribo de estatuas de Colón, Fray Junípero, etcétera, entre otras acciones no tan simbólicas y más perjudiciales físicamente (intervencionismo sobre los recursos de México y otras naciones). Así que si es así, sería un indicador del impacto de este hilo.

Señalar también que la Hispanidad ya tenía un "imperio del Este", el del Oriente portugués, aunque cierto es que la labor imperial lusa fue bastante descafeinada, comercial, no tan espiritual y de profundidad como la rusa, o la de Alejandro Magno, antecesor claro de ambos. De todas formas la penetración en la India siempre fue más complicada que la de la organización de los espacios siberianos.

Cita
LOS DOS IMPERIOS. LOS RUSOS AL ESTE Y LOS ESPAÑOLES AL OESTE

Los rusos al Este, nosotros los españoles, al Oeste. Y en medio, Europa, es decir, la tierra del centro.

Con demasiada frecuencia, a los de ambos extremos, a españoles y a rusos, les ha sido discutida su condición de europeos. ¿Son los rusos, verdaderamente europeos? ¿Lo son, en puridad, los españoles? Tal parece como si el formar parte de un extremo geográfico condenara a la marginalidad a la nación que allí mora, como si los conceptos de "periferia" y "centro" encerraran propiedades esenciales, absolutas, como si confundiéramos la Geometría con la Geografía, y ambas, a la vez, con la Geopolítica. La pregunta sobre la "centralidad" de los españoles y de los rusos como prototipos de lo europeo ya es una pregunta ideológica, interesada, ya es un ataque revisionista contra el destino de ambos imperios, el ruso y el hispánico.

Porque de esto precisamente se trata. Lo que desde hace unos siglos se viene llamando "Europa" es, con la Reforma protestante, la modernidad, el capitalismo liberal, etc. un "anti-imperio", un disolvente de la idea "católica" o universalista de unidad imperial. Y la unidad imperial ha sido tenazmente buscada, a la vez, en paralelo y con notable simetría, al Oeste desde España y al Este desde Rusia.

Desde España y desde Rusia se alzaron enormes baluartes de "reacción" contra las corrientes disolventes de la modernidad. Justo en el momento en que los reformistas protestantes dividían el centro y el norte de Europa, en el Oeste hispano se pugnaba por conservar la catolicidad. Ese fue el empeño del Imperio español: conservar la catolicidad.

De Carlos I de España y V de Alemania se han dicho muchas cosas ambiguas que poseen un fondo de verdad, pero a menudo dentro de un envoltorio manipulador. El Emperador, se lee, fue un tanto "medieval", una especie de nostálgico, un romántico avant la lettre en su afán de reconfigurar la idea universal de Imperio (Universitas Christiana). Todos los reyes cristianos se subordinan al rey de reyes, al Emperador, y el propio poder del Emperador, lejos de constituir un brazo armado al servicio del Papa, está investido por naturaleza de sacralidad propia.

La propia misión imperial sobre la Tierra es sagrada en cierta forma. Contra este proyecto, que Carlos hizo suyo y lo devino hispano, hispano sin contradicción alguna con su universalidad, se alzaron las incipientes monarquías "nacionales" (Francia, Inglaterra), los principados germánicos reformados, el propio Papado, reproduciéndose así, a escala casi planetaria, la lucha medieval entre el ideal "güelfo" y el "gibelino". Decimos a escala casi planetaria porque el Emperador ya reinaba sobre el Nuevo Mundo y sus marinos exploraban la Tierra en toda su redondez. El choque entre los ideales güelfos y los gibelinos no se circunscribía ya a las comunas del norte de Italia. La idea romano-germánica-medieval resplandecía en la mente de don Carlos y de sus asesores españoles, quienes, a su vez, la habían conservado a través de la Reconquista, iniciada por Pelayo en 718 (otros dicen que en 722).

La crisis nacional de España, su tendencia centrífuga y cantonalista, es solidaria hoy en día de la crisis de su ideal imperial. Un "nacionalismo español" es un proyecto tan fraccionario y artificioso como un "nacionalismo catalán" o un "nacionalismo vasco". La idea estatalista, y a su modo jacobina, de una nación como resultado de una decisión popular de "dotarse a sí mismo" de un estado, es tan francesa, tan extranjerizante y anti-católica, que no puede aplicarse a España sin grave merma para ésta. De forma un tanto confusa aún, pensadores tradicionalistas (Vázquez de Mella) o actuales (Gustavo Bueno), han sido capaces de reconocer esto. El nacionalismo español fue inyectado en nuestra patria a instancias isabelinas y liberales, tratando de imitar lo francés y "modernista" en todo aquello que en Europa había "funcionado".

Pues este nacionalismo de corte occidental y liberal es, justamente, nacionalismo anti-imperial. El liberalismo que, desde Inglaterra y Francia inyectaron en España, a través de logias secretas en gran medida era, justamente, a la par que un proyecto capitalista depredador, la encarnación misma del ideal disgregador. Se quiso renunciar al Imperio con vocación universal pretendiendo homologarse con las naciones disgregadoras que habían arruinado dicho imperio (Francia, especialmente). Y el resultado no puede ser otro que acoger en su seno la misma disgregación. La carrera emprendida en España desde el siglo XIX fue la de la homologación, y en su fase postrera lo que estamos conociendo es la ruptura, pues el mismo ideal jacobino y de homologación se inoculó en Cataluña, en las Vascongadas y en cualesquiera de las entidades regionales constituyentes de España.

El imperio ruso pasó de ser una reserva de la reacción, en el siglo XIX, a una "patria del socialismo" en el XX. Situado en el otro extremo geográfico, sus enormes dimensiones garantizarán para siempre su condición imperial, al margen de su forma política concreta. Muy distinto el caso ruso al caso de España. El imperio hispánico fue recortado, saqueado, y la pérdida de extensión de su territorio fue progresiva. Aún no está del todo claro si la España residual o post-imperial no va perder más territorios en un futuro inmediato. Por el contrario, la Gran Rusia pudo experimentar grandes transformaciones superestructurales (el paso del imperio zarista a una república federal), pero a los analistas atentos no se les escapa nunca que éstos son cambios en la superficie, y que en Rusia hay esencias, estructuras de fondo resistentes a todas las mareas del tiempo y a las infiltraciones del occidente.

Desde un punto de vista material, es la enorme extensión de territorio la que garantiza esta resistencia, esta inercia, esta fidelidad a su propio ser. Pero junto a la propia dimensión gigantesca de Rusia, entendida en términos de espacio y materia, reposa su idiosincrasia espiritual. Y es precisamente sobre ésta donde hay abundantes malentendidos.

El filósofo de la "Decadencia de Occidente", Oswald Spengler, tan clarividente y profético en muchos puntos, erró de lleno en su visión de Rusia. Sus páginas rebosan desprecio hacia este Imperio. Su punto de vista ultra-prusiano le obliga a ver en Rusia el enemigo, la "horda" del Este, la amenaza orientalizante y bárbara que se cierne sobre un Imperio occidental. Pero si la Gran Rusia no es el enemigo a batir, a conquistar, a domeñar o tener a raya, entonces la Rusia spengleriana es, nada más, una llanura inmensa donde gentes demasiado humildes y sencillas se aplanan ellas mismas por influjo de un cristianismo –el ortodoxo- que ve en cada ruso un hermano.

Rusia es para Spengler, la encarnación del igualitarismo. Allí, en el Este, nadie es más que nadie y de la misma manera que en las llanuras del Poniente ninguna colina se destaca, todo es horizonte y se vive en horizontal, así ocurre con la sociedad rusa: una masa informe desconectada de su aristocracia minúscula. Pero lo que Spengler ve como defecto (sencillez, humildad, hermandad, igualitarismo), otro filósofo contemporáneo suyo, Walter Schubart, lo contempla como gran virtud y gran esperanza. Rusia, dice Schubart, es la esperanza de Europa. Y esperanza en su pleno sentido: esperanza espiritual.

Rusia será quien reconquiste espiritualmente Europa. Su cristianismo, algo asiático-oriental y parejo a la espiritualidad india y china, es hoy el más auténtico. Schubart lo denomina cristianismo yoánico, fundado, como su nombre indica, sobre el Evangelio de San Juan. Este es el tipo de religión, cristiana-yoánica, que puede salvar al hombre europeo, sumido en la decadencia, en el nihilismo, en la idolatría al dinero y a la tecnología. En los años en que el autor balto-alemán vivía, solamente España –y el tipo de hombre que el español encarnaba- se salvaba del diagnóstico negativo que recaía sobre el europeo occidental. Schubart todavía veía, en la primera parte del siglo XX, al español como una esencia fijada en su edad dorada, los siglos XVI y XVII, siglos de místicos y de guerreros. Pero éste filósofo no pudo llegar a conocer a fondo la trágica transformación del Homo hispanicus tras la guerra civil y, especialmente, tras el desarrollismo registrado en nuestro país en los últimos años del franquismo.

Toda traza de espiritualidad, mística, ardor guerrero y fanatismo (incluyendo el fanatismo de los "sin Dios" rojos, tan hispano como el de su opuesto diametral, el integrista católico) fue diluyéndose, evaporándose y abrasándose por el espíritu capitalista y consumista al que ésta "Reserva Espiritual de Occidente" fue entregándose, a la par que el Caudillo iba abriéndose a los créditos americanos, a las instituciones internacionales, a la tecnocracia y al crudo pragmatismo. Schubart veía de forma muy idealizada al español, y todo su libro sobre Rusia y el Alma de Occidente es un idealismo de principio a fin.

Pero un idealismo que ayuda al lector a comprender la importancia de un "arquetipo" en los devenires geopolíticos. Con esto queremos decir que en España la revolución y la contrarrevolución habidas entre 1934 (Revolución de Asturias) y 1939 (fin de la llamada "Guerra Civil") fue la verdadera clave de bóveda de la aniquilación liberal del ideal imperial. Era el eco simétrico de la liquidación del imperio de los zares ocurrida definitivamente en 1917. Lo que ya había sucedido al Oriente, por obra de los bolcheviques, debía consumarse al Occidente, en España. Sin embargo, Schubart supo reconocer que había una Gran Rusia, eterna y esencial, intangible e inmune a las reformas comunistas.

El alma de un pueblo no se modifica superestructuralmente, viene a decirnos el filósofo balto-alemán. Por eso el ruso, bajo el imperio de la hoz y el martillo sigue adorando a la cruz. Por eso su igualitarismo esencial se manifiesta incluso en un régimen donde Dios aparece oficialmente proscrito, y la gente reza en silencio y en secreto, incluso al margen de un clero no siempre ejemplar, y mantiene viva su Iglesia. Schubart cree ver una religiosidad ardiente, olvidada hace tiempo por los occidentales, incluso en el ateísmo fanático de los bolcheviques, de los incendiarios de iglesias, en los iconoclastas rusos "sin Dios", paralelo y gemelo al hispano de los años 30.

Pero nos parece excesivo idealismo creer que el alma de los pueblos subsiste por debajo, por encima y más allá de los cambios que superficialmente damos en llamar superestructurales. Es cierto que décadas de comunismo no pueden transformar las tradiciones de un pueblo. La cultura rusa, tan vieja, evoluciona al ritmo de los siglos, pero los regímenes políticos, en cambio, se desvanecen en unas décadas. También concedemos a Schubart- como a Spengler- el hecho de que los reformadores superestructurales de Rusia han trabajado siempre con ideas importadas de occidente, ideas ilustradas y después socialistas y comunistas que, una vez planean y tratan de cubrir la inmensa planicie oriental, se quedan en nada, en nubes pasajeras. Las reformas petrinas, tanto como las leninistas, se muestran de todo punto superficiales en sus consecuencias históricas.

Pero esto que podemos aceptar de Schubart en sus reflexiones sobre Rusia, se deshace cuando buscamos el paralelismo con el arquetipo español. Nuestra "Guerra Civil" parece haber provocado una desaparición de aquellos arquetipos hispanos, desaparición física junto con la liquidación de las bases materiales que lo hacían posible. La economía capitalista se instauró plenamente en la España de los años 60 y el materialismo que le es propio hace que los místicos, los caballeros, los ultramontanos, los bandoleros y demás personajes arquetípicos dejen de existir. De hecho hoy vivimos en una España hambrienta de valores, desnuda de arquetipos, inerme e inválida, pues siente haber perdido su identidad.

No es el caso nuestro el de un pueblo que ha resistido heroicamente las reformas superestructurales impuestas por la economía mundialista y la ideología oficialmente liberal (en sus dos versiones, socialdemócrata "progresista", y liberal-conservadora). Antes al contrario, el pueblo español, con hambre atrasada, acoge de forma masiva y entusiasta esa Unión Europea que al tiempo le lamina, bendice ese recetario de la ONU-UNESCO que le idiotiza, adora esos reajustes del FMI que le esclavizan. Llevamos ya unas cuantas décadas, desde el franquismo tardío y todo el Régimen setentayochista, siendo un pueblo mayoritariamente ovejuno, que ha encontrado la solución a su vacío en las fórmulas globalistas, pro-inmigracionistas, europeístas, americanizantes y maurófilas.

España, tal parece, se comporta como un sujeto colectivo que ha decidido dejar de ser. Unos la quisieran ver como un nuevo Puerto Rico, asociado al atlantismo yanqui, otros como el vertedero financiero-comercial de la Unión franco-alemana, y muchos, muchos más de cuantos se suele creer, quieren hacer de esta España nuestra una colonia del Sultán de Marruecos, soñando con un al-Andalus de cuento de mil y una noches. Pero estos proyectos anti-españoles, atlantista, europeísta y maurófilo, señalan justamente el espacio que ha quedado en blanco en el tablero geopolítico. Y es una ley geopolítica la ley del horror vacui. Es el espacio disputado desde tres flancos, desde tres vectores que arrastran poder y empujan el poder hacia el vano. España es un vano y no sólo una disgregación en taifas (llamadas "comunidades autónomas").

La identidad, a veces inventada, otras, deformada, de las regiones españolas suele ser una terapia de sustitución. La gente necesita por lo común una identidad, y cuando no existe un locus de poder y autoridad para suministrársela, otros centros, subnacionales, corren a ofertar sus baratijas. Yerra, y yerra mucho, la derecha española al creer que la causa de una falta de identidad nacional en España, y la falta de orgullo "imperial" y conocimiento del pasado es debido (exclusivamente) al adoctrinamiento nacionalista-periférico. Ningún soberanismo fraccionario hubiera podido hacer nada en contra de un proyecto imperial de destino común. Es la falta de hombres que sustenten de veras ese proyecto imperial de destino común lo que ha dejado el camino despejado a mentes tan subdesarrolladas como las de Sabino Arana, Blas Infante o Puigdemont. Las nuevas versiones de aquellos místicos y guerreros españoles del siglo XVI no parecen existir ya.

Sin embargo, aun admitiendo que el Homo hispanicus se ha transformado drásticamente, y que los paralelismos espirituales entre el Oeste español y el Oriente ruso trazados por Schubart se han deslavazado, hay dimensiones y hechos invariantes, y el tablero geopolítico de este primer tercio del siglo XXI es el que es. El tablero implica que ya no hay "dos Españas", se mire por donde se mire, sino un territorio de extensión media que ocupa una posición estratégica de extraordinaria importancia. Este territorio es, a la vez, una puerta de África y un balcón hacia América. Así lo ha sido desde que los Reyes Católicos y sus sucesores, los reyes de la Casa de Austria, deciden proseguir la Reconquista en ambas direcciones, al sur y al occidente.

La conquista de América, como bien lo vio don Claudio Sánchez Albornoz, es la continuación inmediata del espíritu reconquistador. Sin embargo, las campañas militares y la labor colonizadora del imperio español en el norte de África no gozaron del éxito y el grado de penetración cultural que se dieron en América. En lo que se llama Magreb, la presencia española y, en general europea (francesa, italiana) está barrida del mapa. No hubo posibilidad de crear un verdadero colchón entre mundos, una sociedad fronteriza (limes) en donde pudieran convivir segmentos cristianos y laicos con segmentos musulmanes. Es en este espacio norteafricano donde debería haberse situado la zona de transición entre mundos, el afro-oriental y el europeo.

Todas las regiones norteafricanas podrían haberse constituido en protectorados y enclaves europeos con sociedades mixtas (europeas-cristianas, magrebíes-musulmanas) que avanzaran gradual y experimentalmente hacia una mayor educación y laicidad, haciendo de éstos países una nueva Europa, un limes, donde el contacto entre mundos se hiciera preservando a la Europa propiamente dicha de toda la emigración masiva y de la africanización e islamización crecientes que hoy en día estamos conociendo.

En realidad, la concepción imperial y civilizadora de Europa se lleva a la práctica por medio de estas acciones en territorios ultramarinos. El optimismo, el impulso a exportar ideas, técnicas, valores, contingentes hacia otros paisajes y latitudes da la medida exacta del vigor de una civilización-imperio. Expandirse es siempre la mejor forma de defenderse. La expansión hispánica hacia las Américas aunó la mayor parte de las energías de nuestro pueblo, y no pudo desdoblarse hacia África. Pues bien: éste será siempre el origen de todas nuestras pesadillas y debilidades. La "América" de los rusos, por analogía, consistió en un movimiento civilizador de doble dirección: una, la más efectiva, la conquista de Siberia, una verdadera ola expansiva de rusificación, que puso lo ruso a las puertas mismas de Mongolia y de los imperios chino y japonés; la otra, infructuosamente realizada por causa de la oposición otomana (y sus aliados occidentales, franceses y alemanes), volcada hacia el Sur, hacia la antigua Bizancio, y en general, hacia el mar Mediterráneo. En efecto, una Rusia asomada a éste Mare Nostrum hubiera sido la Nueva Roma a todos los efectos.

El enfrentamiento con los turcos y con los occidentales se lo impidió, pero la partida en Ucrania y en el Cáucaso, así como en los Balcanes, entre otros lugares ya próximos a nosotros es una partida que se sigue jugando. La "rusificación" de los países que comunican el Mediterráneo con todo oriente hubiera desplazado completamente al Islam en el tablero geopolítico. De ser una fuerza "sustantiva", que golpea en sus vertientes terrorista, inmigracionista y como agente "troyano" en la desarticulación de sociedades abiertas y demasiado abiertas, habría pasado a ser una fuerza meramente "accidental", un acompañante meramente cultural y folclórico en el mosaico de pueblos unificados al Oriente por un ideal de Imperium.

En cierto modo, ya es así en China y, parcialmente en la Federación Rusa: el islam, no es una religión, sino una teología política que causa conflictos dondequiera por lo que tiene de concepción totalitaria de la política, esto es, porque actúa como fuerza teocrática; ésta fuerza violenta teocrática siempre se acaba plegando ante autoridades imperiales capaces de disciplinar al rebelde y al violento.

El hecho es que la Historia fue la que fue. No hubo un Norte de África europeizado, hispano-francés, por ejemplo, ni tampoco un Próximo Oriente rusificado. La Historia es una disciplina testaruda en lo referente a los hechos. En otro plano, nunca desconectado completamente de los hechos, situamos la ideología. Rusia, la Gran Rusia imperial es un factum que sobrevive a las ideologías, y que obliga a éstas a moldearlas. La Rusia de los zares, la de los bolcheviques o la de Putin es, sustancialmente la misma Gran Rusia, el mismo factum imperial que se impone por sí solo, por su inmensa territorialidad, más que por su peso demográfico. Y por ello, no nos puede extrañar que un filósofo que muchos consideran allegado al régimen de Putin, como es Alexander Dugin, haya formulado su "cuarta teoría política" en unos términos de evolución-superación (cuasi hegelianos) ideológica. La Primera Teoría Política a la que asiste el mundo moderno, roto el orden feudal, es el liberalismo.

El liberalismo se abre paso en las postrimerías de la edad media, con el auge de una clase plutocrática, amasadora de dinero, que subvierte el orden de la civilización cristiana –basado en la fe, la tierra, el linaje- y lo "simplifica", haciendo de la civilización entera un inmenso mecanismo de acumulación y producción de plusvalía. La Primera Teoría Política, liberal, se realiza como modo de producción-dominación capitalista, y desde el orbe cristiano occidental se va imponiendo (a cañonazos, si hiciera falta, como rezaba con exactitud El Manifiesto Comunista) a las otras civilizaciones mundiales. Pero como antítesis de la Primera Teoría, surge la Segunda, auto-representada como una Teoría del Proletariado apta para sepultar en el cementerio de la Historia al liberalismo ideológico, y a su realización económico-política, el capitalismo. La Segunda Teoría Política, el comunismo, fijó en Rusia, precisamente, su patria y su suelo de implantación. Rusia pasó de ser el imperio zarista a ser la Unión Soviética, esto es, una auto-representada federación rusificada, entendida como primer paso para una República internacional de los Trabajadores en la cual la propiedad privada quedaría abolida y se socializarían los medios de producción.

El reparto del mundo dado entre los imperios de ambas teorías políticas, liberal (angloamericano) y soviético (ruso) sólo pudo hacerse efectivo por medio de una dialéctica con la Tercera Teoría Política (el fascismo). La derrota del fascismo fue el paso necesario para la consagración de las dos teorías precedentes, y casi a la manera hegeliana hubo de ser así en la medida en que en el fascismo había elementos tomados en síntesis tanto del liberalismo como del comunismo. La guerra fría tras la derrota del fascismo en 1945 supone una negación de la síntesis, o más bien una negación de la negación. El fascismo hubiera sido la negación del liberalismo en la medida en que el liberalismo tiende a la disolución del Estado, de la Autoridad, de la Tradición por mor del imperialismo del dinero. Igualmente, el fascismo hubiera sido la negación del comunismo en la medida en que ésta Segunda Teoría Política era el igualitarismo extremo, la anulación de las jerarquías y de la tradición. Pero el fascismo o Tercera Teoría Política también puede ser superado, y no meramente negado. La negación realizada habría sido manifiesta en su derrota militar, en medio de una Europa en ruinas, pero la superación hegeliana, que es negación y conservación de lo salvable, implica un restablecimiento de las jerarquías, de la tradición, de la autoridad, sin entregar el cetro del mundo al "poder del dinero", ni tampoco a unas masas desarraigadas y adoctrinadas por el marxismo.

La Cuarta Teoría Política vendría a ser una especie de "vuelta al Imperio", Imperio entendió en su sentido genuino, una autoridad respetable y que se hace respetar, un nuevo nomos sobre la tierra que contrarreste las tendencias disgregadoras, criminales, barbarizantes, de las otras tres anteriores Teorías Políticas.

Pero, si somos coherentes con esta lectura metapolítica de la Cuarta Teoría duginiana (que hemos expuesto aquí de una forma demasiado hegeliana y libre, no obstante), habrá que estar en guardia contra las posibles tendencias criminales de ésta en la medida en que encuentre oposición. Pues la "teoría política" alzada para reajustar el orden del mundo es un arma siempre, ante cuya acción se despierta la reacción. Dugin parece presentar su proyecto hegemónico ruso en términos de multi-polaridad, esto es, en términos de un más ajustado reparto del poder que ya está recayendo, de hecho, en manos de potencias regionales. Irán, en el Oriente Medio, será el centro de poder que neutralice el sionismo. China, en el Oriente Lejano y en el Pacífico, hará lo propio frente a los "dragones" capitalistas que sirven de satélites asiáticos de los E.E.U.U. También parece que puede florecer un poder iberoamericano que sustraiga el "patio trasero" de los yanquis y liquide la doctrina Monroe ("América para los americanos"), siempre que se superen diversos obstáculos y se alcance una conciencia "imperial" común.

¿Será, pues, la Gran Rusia la esperanza de Europa? Un gran estado, un poder de dimensiones verdaderamente imperiales, reserva energética y territorial inmensa, contingente poblacional nada despreciable, afinidad étnico-cultural incuestionable con respecto a los pueblos de Europa, peso militar inmenso, comunión de intereses con los europeos occidentales, que van desde lo energético (gas natural) hasta lo espacial (astronáutico) y geopolítico (control de la islamización y freno de las pretensiones sionistas y yanquis)… Son muchas, abundantísimas las razones para defender un cierto euroasianismo y apostar por la multipolaridad. Un largo rosario de pensadores, especialmente a destacar los miembros de la llamada "Nueva Derecha" (Guillaume Faye, Alain de Benoist, Robert Steuckers…), han apostado, cada uno a su manera, por este alineamiento euroasiático.

La unión política, económica y militar de Europa y Rusia, desde Lisboa hasta Vladivostok, parece hoy en día una mera utopía, un imposible. De hacerse realidad, las amenazas que hoy se ciernen sobre todos nosotros cesarían en el instante. Sería algo parecido a coser y cantar la posibilidad de frenar las agresiones imperialistas norteamericanas o controlar ese "arma de inmigración masiva" que alientan desde el Mediterráneo sur y oriental. La Cuarta Teoría Política" supondría la superación del caos impuesto por imperios depredadores, que no dudan en subvertir los fundamentos mismos de las civilizaciones (no sólo de la civilización europea o la "judeocristiana"). Correctamente entendida, la hegemonía rusa, por su mismo carácter continental (y no talasocrático) nunca podrá consistir en el imperialismo de los "señores del dinero".

Cuando hablamos de miles de kilómetros cuadrados de un área de la corteza terrestre sobre la que no hay abruptas fronteras físicas ni anchos brazos de mar separadores, y en los que se extienden cientos de pueblos, una síntesis de autoridad central ("imperial"), que una lo que es común en medio de la diversidad, y de multipolaridad, que proteja la Civilización frente a lo que es diverso, se vuelve de todo punto sugerente. Para que esa síntesis o "esperanza rusa" llegue a hacerse realidad, resultaría imprescindible el establecimiento de un bloque de países que, siendo celosos en la defensa de sus respectivas soberanías, a la vez detraigan poder, influencia, prestigio e iniciativa al "occidentalismo". Ese bloque de países, formalmente integrados en el "Occidente", pero disidentes con él, ya existe.

Gracias a ellos no va a ser posible reeditar una guerra fría entre Occidente y Oriente, pues las partes contendientes han cambiado internamente, y al haber cambiado la manera en que resisten los estados determinados a ser libres, que no renuncian a su soberanía, también disponen de otras opciones diferentes a las de la guerra fría. Estados como Hungría, Polonia, Austria, etc. pueden servir como grieta en el sistema del occidentalismo. Cada uno, a su manera, podrá alzar la bandera de la tradición, el respeto a las jerarquías naturales y espirituales, la defensa de los valores civilizatorios.

Quizá su cercanía a la Federación Rusa, su temor a quedar tragados por un oso tan grande, cuyos abrazos de afecto puedan parecer torpes, el miedo mismo a recibir enormes zarpazos, impida la creación de una verdadera unión euroasiática, pero sí que puede darse al menos un desplazamiento del poder y de la iniciativa. El atlantismo cuenta sus días, se sabe en retirada, y esta fiera, arrinconada y herida, puede resultar de lo más peligrosa. Estamos viendo que el atlantismo pierde credibilidad en Europa y que la población menos afectada por la intensa Ingeniería Social sospecha ya de las maniobras con que sus líderes pretenden disolver la sociedad. El multiculturalismo impuesto, no deseado. La disolución de la familia y el ataque a la espiritualidad nacional. El feminismo radical y el homosexualismo. La esterilidad del autóctono, su sustitución demográfica y la experimentación constante con la sexualidad humana. El ensalzamiento del alógeno y la ampliación incesante de la lista de "derechos humanos".

El ataque a la infancia, su escándalo, corrupción y manipulación… son todas éstas, y muchas más, las aristas de una misma estrategia impuesta desde el liberalismo, desde el capitalismo atlantista que ha visto en toda esta Ingeniería Social su medio para pervivir, su forma de hacer de Europa una auténtica papilla humana. Muchos miramos al Este con esperanza. Un Este ideológicamente distinto, un Este curado del bolchevismo, un Este que también es heredero de la civilización clásica, por la mediación especialísima del Imperio Bizantino. Un Este heredero del cristianismo que supo, como España lo hizo tras largos siglos de guerra, defenderse de las hordas de nómadas y del imperialismo islámico de los turcos.

Que el papel de estratega de Vladimir Putin esté a la altura de las circunstancias, es algo que el futuro esclarecerá. Mayor papel le corresponde al propio pueblo ruso, y a las naciones –europeas o asiáticas- que forman su órbita y cinturón. Este conjunto de pueblos podrá, en sus respectivos terruños, mostrarnos otras vías alternativas a la talasocracia y a la depredación. Podrá enseñarnos a todos que un pueblo o comunidad puede recoger la antorcha y volver a ser la "Nueva Roma" caída en manos bárbaras. El papel geopolítico de España y de la lengua española habría de consistir en ser hermana y aliada de la esperanza del Este, pues al hispanismo geopolítico le cabe ayudar en la empresa de un resurgir del polo iberoamericano, y en el Sur le cabe la labor de custodiar los pasos de África y volver a hispanizar la orilla meridional del Mare Nostrum, rescatando a aquellos pueblos de su letal teocracia, y del atraso y fanatismo consiguiente. Quizá sea soñar, o quizá no, pero el ideal de un Imperio del Este es simétrico y complementario de un Imperio del Oeste. Esto, y no otra cosa,

Publicado en la revista Nihil Obstat. Revista de historia, metapolítica y filosofía. Nº 32. 2018:

 

 

 

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Es un artículo tan interesante como "rusificante". Hace un repaso a la historia y efectivamente, plantea esa idea inicial de la "mariposa europea" cuyas alas son la Hispanidad y la Gran Rusia, pero al final viene a decir que la única esperanza que nos queda es Rusia ya que, si bien en el último párrafo concede al hispanismo una cierta misión, previamente lo da como un factor agotado en el pasado siglo tras la guerra y después, ni plantea el cómo ni abunda en la forma que debería adoptar esa resurrección de la Hispanidad imperial. En definitiva, o esa es la impresión que a mí me da, lo que se hace en este artículo es halagar el ideal universal del imperialismo español, pero para inocularlo de la idea de una Gran Rusia unificadora, garante de las tradiciones y la soberanía de las naciones occidentales sometidas por el atlantismo, insertando en medio del discurso el mensaje duguiniano de la Cuarta Teoría Política, como idea vertebradora de la necesidad de recuperar ese imperialismo ruso. En palabras breves: poniéndonos a mirar al oriente.

Según Duguin, la primera teoría fue el liberalismo, la segunda el comunismo y la tercera el fascismo, a la que seguiría una cuarta como síntesis de las anteriores, pero la realidad es que tanto la segunda como la tercera han caído y de las tres anteriores solo sobrevive ampliamente la primera, es decir, el liberalismo. ¿Es entonces la cuarta teoría política realmente un nuevo paradigma político, sucesor más perfecto de los anteriores o, todo ese embolado numeral no es sino una excusa para justificar el desmedido afán expansionista ruso, fundamentado principalmente en el propio nacionalismo ruso?

Dice el articulista, para justificar la supervivencia rusa en el tablero de la geopolítica internacional, que: "en Rusia hay esencias, estructuras de fondo resistentes a todas las mareas del tiempo y a las infiltraciones del occidente", pero lo que no dice es que, toda esa vasta extensión territorial, que también menciona en repetidas ocasiones como prueba de existencia de esa estructura de fondo, ha podido mantenerse unida en el tiempo, no tanto por esas supuestas esencias patrias sino porque básicamente Rusia es un territorio semicongelado difícil de domeñar, como bien saben todos los estrategas que han intentado conquistarlo desde Carlos XII hasta Hitler pasando por Napoleón. En efecto, la Gran Rusia sigue siendo grande, tan grande como la imposibilidad de hacer prosperar abundantemente la vida en condiciones dignas en la mayor parte de su territorio, a diferencia del "malvado occidente" que cuenta con la particularidad de situarse sobre la franja de tierra,  geológica y climáticamente más fértil, estable y productiva del planeta ¿De dónde si no el origen de tantas guerras y confrontaciones territoriales en occidente? En el mundo salvaje, el oso polar también controla enormes posesiones territoriales, pero no tanto por su gran fuerza como por lo despoblado de esos territorios que, a pocos más interesa. Y esa, creo yo, es la imagen natural que mejor refleja la realidad e intenciones del "gran oso del norte" y su cuarta teoría: su necesidad de hacerse con el control de los recursos naturales, incluidas las gentes, que pueblan el Occidente.

La cuarta teoría política es en realidad un conglomerado de ideas excéntricas, planteadas como un rechazo a la modernidad, pero preñada de teorías raciales, particularistas, esotéricas y supremacistas propias del nacionalismo más feroz, y sobre todo contrarias al ideal católico universal que tradicionalmente ha particularizado a la Hispanidad. Corre pues la mariposa europea el peligro de caer nuevamente en las llamas del populismo nacionalista que incendió Europa en el pasado siglo, si se deja atraer de nuevo por la tentación de pretender el abrazo de ese oso que siempre vaga en la búsqueda de alimentos y territorios.

Cierto es que ese capitalismo liberal del mundo anglo protestante ha producido buena parte de toda esa retahíla de males que describe el articulista, pero cierto es también que, el fundamento de Occidente que en gran medida ayudó a estructurar y preservar la católica España, no ha muerto todavía y en su seno, la catolicidad, se han elaborado respuestas propias y suficientes para frenar la deriva suicida que actualmente llevamos, sin tener que recurrir a meter al oso del norte en el salón de nuestra casa. El camino de la Hispanidad siempre fue cara al sol, es decir, desde el levante hacia el poniente como recorrido figurativo de esa otra concepción, camino y destino universal que nos define. Y esa es nuestra cuarta teoría política que deberíamos promover: más evangelización, más justicia social y más universalismo frente al liberalismo, el progresismo y el nacionalismo que nos atenaza.


No te preguntes si lo que haces es pecado, pregúntate si al hacerlo estás amando.

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hace 35 minutos, El Español dijo:

Es un artículo tan interesante como "rusificante". Hace un repaso a la historia y efectivamente, plantea esa idea inicial de la "mariposa europea" cuyas alas son la Hispanidad y la Gran Rusia, pero al final viene a decir que la única esperanza que nos queda es Rusia ya que, si bien en el último párrafo concede al hispanismo una cierta misión, previamente lo da como un factor agotado en el pasado siglo tras la guerra y después, ni plantea el cómo ni abunda en la forma que debería adoptar esa resurrección de la Hispanidad imperial. En definitiva, o esa es la impresión que a mí me da, lo que se hace en este artículo es halagar el ideal universal del imperialismo español, pero para inocularlo de la idea de una Gran Rusia unificadora, garante de las tradiciones y la soberanía de las naciones occidentales sometidas por el atlantismo, insertando en medio del discurso el mensaje duguiniano de la Cuarta Teoría Política, como idea vertebradora de la necesidad de recuperar ese imperialismo ruso. En palabras breves: poniéndonos a mirar al oriente.

Según Duguin, la primera teoría fue el liberalismo, la segunda el comunismo y la tercera el fascismo, a la que seguiría una cuarta como síntesis de las anteriores, pero la realidad es que tanto la segunda como la tercera han caído y de las tres anteriores solo sobrevive ampliamente la primera, es decir, el liberalismo. ¿Es entonces la cuarta teoría política realmente un nuevo paradigma político, sucesor más perfecto de los anteriores o, todo ese embolado numeral no es sino una excusa para justificar el desmedido afán expansionista ruso, fundamentado principalmente en el propio nacionalismo ruso?

Dice el articulista, para justificar la supervivencia rusa en el tablero de la geopolítica internacional, que: "en Rusia hay esencias, estructuras de fondo resistentes a todas las mareas del tiempo y a las infiltraciones del occidente", pero lo que no dice es que, toda esa vasta extensión territorial, que también menciona en repetidas ocasiones como prueba de existencia de esa estructura de fondo, ha podido mantenerse unida en el tiempo, no tanto por esas supuestas esencias patrias sino porque básicamente Rusia es un territorio semicongelado difícil de domeñar, como bien saben todos los estrategas que han intentado conquistarlo desde Carlos XII hasta Hitler pasando por Napoleón. En efecto, la Gran Rusia sigue siendo grande, tan grande como la imposibilidad de hacer prosperar abundantemente la vida en condiciones dignas en la mayor parte de su territorio, a diferencia del "malvado occidente" que cuenta con la particularidad de situarse sobre la franja de tierra,  geológica y climáticamente más fértil, estable y productiva del planeta ¿De dónde si no el origen de tantas guerras y confrontaciones territoriales en occidente? En el mundo salvaje, el oso polar también controla enormes posesiones territoriales, pero no tanto por su gran fuerza como por lo despoblado de esos territorios que, a pocos más interesa. Y esa, creo yo, es la imagen natural que mejor refleja la realidad e intenciones del "gran oso del norte" y su cuarta teoría: su necesidad de hacerse con el control de los recursos naturales, incluidas las gentes, que pueblan el Occidente.

La cuarta teoría política es en realidad un conglomerado de ideas excéntricas, planteadas como un rechazo a la modernidad, pero preñada de teorías raciales, particularistas, esotéricas y supremacistas propias del nacionalismo más feroz, y sobre todo contrarias al ideal católico universal que tradicionalmente ha particularizado a la Hispanidad. Corre pues la mariposa europea el peligro de caer nuevamente en las llamas del populismo nacionalista que incendió Europa en el pasado siglo, si se deja atraer de nuevo por la tentación de pretender el abrazo de ese oso que siempre vaga en la búsqueda de alimentos y territorios.

Cierto es que ese capitalismo liberal del mundo anglo protestante ha producido buena parte de toda esa retahíla de males que describe el articulista, pero cierto es también que, el fundamento de Occidente que en gran medida ayudó a estructurar y preservar la católica España, no ha muerto todavía y en su seno, la catolicidad, se han elaborado respuestas propias y suficientes para frenar la deriva suicida que actualmente llevamos, sin tener que recurrir a meter al oso del norte en el salón de nuestra casa. El camino de la Hispanidad siempre fue cara al sol, es decir, desde el levante hacia el poniente como recorrido figurativo de esa otra concepción, camino y destino universal que nos define. Y esa es nuestra cuarta teoría política que deberíamos promover: más evangelización, más justicia social y más universalismo frente al liberalismo, el progresismo y el nacionalismo que nos atenaza.

Hay un perfil de persona insatisfecha cada vez más común en Occidente -porque este mal es mayor donde no han sufrido el yugo ruso alguna vez que donde sí lo han conocido- de que por una especie de arte de magia y buena voluntad una potencia que hasta ahora se ha mostrado incapaz de proporcionarnos las maravillas que presume "devolvernos" de repente va a poder -si bien en su propia casa no es capaz- y va a querer -si bien la experiencia pasada nos muestra suficiente barbarie- salvarnos de nuestra supuesta incapacidad.

Algo verdaderamente curioso en pensamiento o boca de supuestos "patriotas".

PD: tengo un ruso delante con el que me llevo muy bien, amistades rusas, etc, etc... que no se trata aquí de odios contra pueblos, lo que no me gusta es que me cuenten películas. Dugin/Putin y sus teorías/objetivos serán buenos como  mucho para los rusos. Nosotros no somos rusos y tenemos una misión llamada Hispanidad, es decir, la Catolicidad con nuestro estilo propio pero compartido y compartible. Sin descartar posibles colaboraciones, sinergias, etc, pero sin tratar de meternos cuentos.

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El blog de Pablo González nos trae el número de diciembre de la Revista Diplomacia siglo XXI, con una entrevista a Durántez Prados, autor e impulsor del concepto y término de la "Iberofonía", espacio internacional de naciones de habla hispana y lusa:

https://estadoiberico.wordpress.com/2019/01/11/durantez-prados-el-lusofono-nativo-se-beneficia-de-una-ventaja-subjetiva-a-la-hora-de-comprender-el-castellano/

Aquí el enlace:

https://estadoiberico.files.wordpress.com/2019/01/diplomacia-115_paniberismo_150.pdf

Como interesante mención, relanza la idea de intercomprensión entre hispanófonos y lusófonos como vía realista para dotarse de integridad geolingüística, un concepto que hemos trabajado en este foro también. Y como novedad al menos para mis ojos, aporta un título "vendible" a día de hoy a escala diplomática para la Hispanidad: "Civilización iberohablante".

Una cita de Tiago Brandão, ministro portugués de Educación: somos mais de 800 milhões de falantes de português e do español.

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Excelente artículo, Gerión. Me parece muy bien tratada la idea por cuanto se ajusta a un plano realista de las cosas y proyecta esa visión de la "Civilización Iberohablante", como elemento vehicular del universalismo y la paz que no son sino la esencia misma de la catolicidad. Un aspecto éste que sin duda puede identificarla como primordial para combatir ese otro aspecto globalista que caracteriza la deriva del mundo actual, y justifica el auge de idealismos identitarios de marcado acento cada vez más violento. Desde luego su dimensión como primer grupo lingüístico del mundo, además de suponer una ventaja en lo político y económico, es también importantísima por cuanto permite una intercomprensión mutua gigantesca de pueblos y gentes, que es la base misma del entendimiento y el desarrollo.

Mientras leía el artículo, pensaba en la cercanía que tradicionalmente han tenido Portugal y Brasil a sus pares Inglaterra y USA, y me preguntaba en qué medida dicha cercanía no supone aún una rémora grave para el entendimiento entre lo luso y lo hispano -mundos ambos que siempre he visto como hermanos de sangre, distanciados pero no resueltamente separados- o hasta donde llega aún la injerencia angloprotestante para evitar dicho entendimiento. Pensaba también en las implicaciones que puede tener el Bréxit en esa dinámica, si finalmente los británicos se separan del cuerpo europeo y, portugueses y españoles seguimos compartiendo un proyecto y por ende una inercia común.

He comentado en alguna ocasión que no soy partidario de la forma en cómo está estructurada y planteada la Unión Europea, pero si lo soy de un proyecto europeo común, fundamentado en sus raíces cristianas, en el que el paniberismo puede ser un puntal básico para su proyección universal, una vez que el Reino Unido -y por extensión la anglofonía-, ha quedado relegado a un apéndice exterior. Es más, me pregunto incluso hasta qué punto, toda esta confluencia de sucesos y proyectos que están poniendo en cuestión la unión nacional y por extensión la estabilidad europea, no podrían en parte estar auspiciados por intereses contrarios a que, en un futuro, el paniberismo pudiera armar esa proyección.

De alguna forma el proyecto europeo que encarna Carlos V, y que no es sino la manifestación misma del anhelo imperial católico, es decir del deseo de un imperio universal fundamentado en los principios de la cristiandad, se divide con la Reforma y es a partir de entonces que los anglosajones pasan a ser los grandes protagonistas e impulsores de toda clase de divisiones y confrontaciones que, justificados en el famoso equilibrio de fuerzas, finalmente lo que acaban es por tumbar ese ideal imperial, estableciendo así un nuevo orden, si se quiere y en gran medida, anticristiano.

Me hace gracia cuando leo los postulados del mundillo conspiranoíco previniendo el advenimiento del NOM, cuando éste ya está instaurado desde hace tiempo por obra y desgracia principalmente del mundo angloprotestante pero, si como resultas del Bréxit, el equilibrio de fuerzas en Europa pudiera llegar a tomar otro cuerpo donde lo ibérico pasara a un primer plano, la importancia de entender el significado profundo que puede tener esa proyección panibérica, resulta fundamental para intentar volver a encarnar aquel ideal. Realmente pienso que tenemos todavía un camino esperanzador que recorrer, aunque no son pocas las piedras y estorbos que nos vamos a encontrar.


No te preguntes si lo que haces es pecado, pregúntate si al hacerlo estás amando.

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    • Antes que nada quería remarcar que me estoy refiriendo al contexto de estado liberal que disfrutamos/padecemos.

      Soy uno de esos que en su día cayeron en la moda de meter en el mismo saco a todos los funcionarios y hacerlos deudores de los más diversos agravios.

      Pero he ido modificando mi opinión y llegado a la conclusión de que  gran parte de lo decente en nuestro país ha entrado bajo ese manto y, en buena parte, está dormitando por desmotivación pero que seguro podrían ser, de forma relativamente sencilla, reactivados y recuperados para el bien de España.

      Os pongo aquí un video a una conferencia de un tipo al que le tengo bastante respeto, Alfonso Nieto, un gran experto en derecho administrativo (sé que no os tragaréis la conferencia pero ahí lo dejo y me gustaría hacer unos extractos de la misma con algunas observaciones que me parecen interesantes).

       





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    • Post in Observatorio contra la Hispanofobia y la Leyenda Negra
      Ataque hispanófobo esta vez desde México.

      López Obrador olvida la fundación hispánica del país y vuelve a caer en el indigenismo más ramplón que lleva arrasando el país desde hace ya un par de siglos.¿Quiere volver a sacar a la extracción de corazones a lo azteca, a miles y en vivo?

      El presidente cae definitivamente como opción hispánica.

      Hay que decir que muchísimos mexicanos se están manifestando en las redes sociales en contra de esta estupidez. Aguanta, México.
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    • El terrorismo estocástico y el atentado de Nueva Zelanda
      El pasado octubre se produjo una cadena de sucesos que me hizo pensar que estamos ante una nueva era de terrorismo inducido a través de internet. El día 23 de octubre, George Soros y otros adversarios de Trump empezaron a recibir cartas bomba que no llegaron a causar ninguna víctima. El 27 de octubre un sujeto abrió fuego contra una sinagoga de Pittsburgh y dejó 11 muertos y 7 heridos. El anterior día 26 se produjo otra noticia de la que no se informó en España: Gregory Bush asesinó a dos transeúntes negros; minutos antes había intentado entrar en una iglesia negra para perpetrar una matanza. En cuestión de una semana se produjeron tres acciones terroristas de inspiración identitaria y se dio la casualidad de que los tres terroristas tenían una intensa actividad en internet, donde difundían teorías de la conspiración típicas de la nueva ultraderecha: el Gran Reemplazo, el Plan Kalergi, el Genocidio Blanco, Soros llena EEUU de inmigrantes hispanos, etcétera.

      (...)Hace tiempo alguien habló de terrorismo estocástico para referirse a este nuevo fenómeno en que las comunicaciones masivas, especialmente las redes sociales, inspiran actos de violencia al azar que son estadísticamente predecibles pero individualmente impredecibles. Es decir, cada acto y cada actor es diferente, y nadie sabe quién lo cometerá ni dónde ocurrirá el próximo acto, pero es probable que algo termine ocurriendo. No puedo programar a nadie para que cometa un atentado en tal fecha y lugar, como a veces se decía fantasiosamente en algunas películas de espías, pero sí puedo inundar esa mente colmena que es internet con la suficiente intoxicación como para que alguien termine cometiendo una acción terrorista contra los enemigos que voy designando. No sé cuándo ocurrirá el acto terrorista ni dónde se llevará a cabo, pero es probable que termine ocurriendo un acto terrorista que a su vez facilite los siguientes actos, pues el terrorismo es ante todo propaganda. 
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    • Masacre en Nueva Zelanda ¿Son las redes sociales culpables?
      Como imagino que todos sabréis ya, ayer se produjo una matanza en Christchurch, una pequeña población de Nueva Zelanda donde, un supremacista blanco entró armado con rifles y escopetas en dos mezquitas y comenzó a disparar a todos los que se encontraban dentro, ocasionando 49 muertos y otros tantos heridos de bala, entre ellos mujeres y niños.

      Lo más grave del asunto es que el tipo retransmitió en directo su salvajada a través de Facebook, como si fuera un stream de un videojuego, logrando viralizarse a los pocos minutos de comenzar la matanza. Fue la policía la que tuvo que pedir a esa red social que cortase la emisión ya que durante casi veinte minutos, el asesino estuvo emitiendo impunemente sus crímenes.
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    • La diversificación de la propaganda rusa: PACMA, Podemos y ultraderecha
      La maquinaria rusa de desestabilización política parece que comienza a calentar motores de cara a las próximas citas electorales. Analizamos algunas cuentas en Facebook, bajo bandera de Rusia, que estarían apoyando toda la amalgama de ideologías y movimientos radicales, desde el animalismo hasta la extrema derecha.





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