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Sobre las vacunas del coronavirus

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Hay una crisis de confianza en los expertos y gobernantes. Yo no le tengo confianza alguna a las farmaceuticas a la medicina en general y mucho menos a unas vacunas que ni sabemos los efectos al largo plazo. Además de eso está el hecho que el COVID no representa mayor riesgo para la gran mayoría de las personas. No tengo que creer en conspiranoias anunakis sobre el 5G para no tenerle confianza a las farmaceuticas que no se hacen responsable de los efectos que produzca su producto.

La desconfianza en lo novedoso y la "ciencia" debería ser lo que es normal, no tenemos porque entregarles cheques en blanco a los "expertos". Además si uno considera la naturaleza cambiante y "auto correctiva" misma de la ciencia en la que un día se piensa algo y al día siguiente resulta que no era verdad, la conclusión es que nunca se puede confiar de la ciencia en el presente, pues en teoría siempre hay un futuro en el que pueda estar equivocada.

Las decisiones, haya confianza o no, siempre se deben tomar es en base a riesgos y potenciales daños. El daño potencial del COVID ya lo conocemos más o menos, el de las (nuevas) vacunas no y podría ser daño "infinito".

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Con todo el respeto, pienso que monseñor Schneider se la coge con papel de fumar:

hace 5 horas, Hispanorromano dijo:

LSN: ¿Se podría considerar el código QR utilizado como prueba de vacunación una modalidad de la marca de la Bestia?

MS: Sí. Ese código contiene toda la información referente a la salud personal que ya está en manos del Estado. Según entiendo, el código en cuestión está relacionado con la vacuna. La vacuna contiene al menos algunos rastros de abortos, por muy lejano que esté el terrible asesinato de de niños, que ya de por sí es un acto satánico. La utilización de sus cuerpos, de sus tejidos, es también de por sí satánica, porque supone rebelión contra Dios, el Dador de la vida. En este caso, las vacunas manchadas de aborto tienen también sus huellas satánicas, aunque sean remotas, huellas de la Bestia. Así pues, la vacuna, con su correspondiente número de código, es un precursor de la marca de la Bestia. No digo que sea la marca misma de la Bestia, quede claro, pero en parte podría ser ya un adelanto de esa marca, y por ello hay que evitarla también. En cierto modo ese código es inmoral porque, repito, las autoridades ya se están adueñando totalmente del cuerpo de las personas.

Esta teoría la he escuchado mucho últimamente, pero hasta ahora nunca en boca de un obispo católico. Con vuestro permiso voy a tratar de responder a esto con otro planteamiento del mismo corte, ya que es un tema sobre el que he reflexionado en bastantes ocasiones a raíz de buscar respuestas con las que contestar las interpelaciones de algunos evangélicos y protestantes, que suelen utilizar este tema en su proselitismo:

Si damos por supuesto en este caso, que el código QR de la vacunación es una modalidad de la marca de la bestia por los motivos que aduce monseñor ¿qué podríamos decir entonces del DNI o de los distintos documentos de identificación nacional de los estados, donde se asocia el nombre de cada ciudadano a una cifra, y son imprescindibles ya no solo para poder vender y comprar, tal como aparece en la Biblia, sino para cualquier relación, profesión u oficio dentro de la legalidad?

Apo. 13. 16-17: "Y hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una marca en la mano derecha o en la frente, y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia o con la cifra de su nombre."

¿Alguien puede hoy comprar o vender nada, siquiera ser legal y por tanto atendido por los demás, si no tiene "la cifra de su nombre en su mente o en su mano"? Y ¿acaso los estados propietarios de esos documentos, de los códigos y cifras que estos llevan, están libres de leyes y políticas anticristianas, que por lo general se oponen a la voluntad de Dios y a menudo consideran y hacen del hombre una bestia de carga, un animal de trabajo? ¿Somos acaso propiedad de esos estados por tener un documento con la cifra de nuestro nombre, o es la fe y voluntad de cada persona la que determina a quién pertenece su alma?

Hay precisamente en la Biblia, en el primer libro de las Crónicas, un episodio en el que el Rey David, al objeto de construir el templo, manda hacer el censo de Israel por inspiración de Satán, y Dios se lo reprocha con un castigo. Que yo sepa, es el único episodio del A.T. que de alguna forma puede tener alguna correlación con esas palabras de Juan en el libro del Apocalipsis del N.T., y sin embargo todo, nadie dice que nuestro Documento Nacional de Identidad pueda ser la marca de la bestia, siendo como es mucho más semejante a esa descripción de Juan, que la cartilla de vacunación del Covid.

A mi entender, esto ya se está yendo de madre por lo que cada vez con mayor frecuencia, vamos a ir asistiendo a declaraciones y discursos de personas con alta responsabilidad en la sociedad, que sin embargo se están situando en extremos completamente alejados de lo que debiera ser una sana búsqueda del bien común. Con cada día que pasa, unos y otros se encastillan más en sus posiciones, y no faltan ya, como hemos visto, quienes predican la rebelión o incluso el uso de la violencia si llegara el caso, o se afanan en señalar y denunciar al vecino, a mayor gloria todo del diablo, con tal de hacer valer lo que supuestamente consideran "lo suyo".

Pues sí, es posible que las vacunas tengan efectos secundarios graves, incluso muy graves, como centenares de otros medicamentos y sustancias químicas que ingerimos a diario y de los que nadie habla en los mismos términos. Por no mencionar las enfermedades sobre las que no se habla ni investiga, mientras se deja sufrir y morir a las personas afectadas indignamente, al no resultarles rentables a la industria farmacéutica, a los estados o a la industria en general. O tantas otras cosas semejantes e injustas de las que podríamos hablar.

Y no dudo tampoco de que detrás de todo este tema de las vacunas hay un inmenso negocio, que no será todo lo limpio que debiera. Como tampoco dudo de que muchos estén aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, para emprender dinámicas sociales e implantar políticas y medidas económicas, que a la larga van a ser muy perjudiciales para todos. Ya no por la pérdida de supuestas libertades y derechos positivos, sino incluso de los reales.

Pero no nos equivoquemos, todo esto no es algo nuevo que nos venga con el Covid y las vacunas, sino que si se quiere y como consecuencia de la epidemia, se están evidenciando muchas cosas injustas del mundo que dejan desnudo al emperador, como en el cuento, y algunos parece que se escandalizan de ello, como si a ellos mismos no "les colgasen" los mismos atributos. Así que, si vamos a ponernos rebeldes por defender la justicia y la verdad, hagámoslo con todo, pero lo que no está bien es que nos pongamos exquisitamente rebeldes con el tema de las vacunas, mientras en el mundo seguimos tapándonos los ojos y los oídos ante tantísima injusticia y falsedad como hay, o aún peor, esparciendo el odio y el egoísmo mientras denunciamos que se sigue conculcando la Ley de Dios, es decir, la falta de Amor.


Esta publicación ha sido promocionada como contenido independiente

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¿Prada sincronizado con Schneider?

Cita
Animales de compañía

La marca de la bestia

Juan Manuel de Prada
Miércoles, 1 septiembre 2021, 1:20 Tiempo de lectura:3 min.
 

Un amable lector nos lanza una pregunta inquietante: «En alguna ocasión le he leído que, para enterarnos de las últimas noticias, debemos leer el Apocalipsis. ¿No le parece que en las presentes circunstancias, cuando amenazan con imponernos un carné de vacunación para poder viajar o ir de compras, cobra una nueva significación la llamada ‘marca de la Bestia’?». Vamos a intentar atender la curiosidad de nuestro lector.

En el Apocalipsis (13, 17-18), en efecto, se nos habla de un distintivo que los hombres —«pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y siervos»— se ponen «en su mano derecha, o en sus frentes, de manera que ninguno pudiese comprar o vender, sino el que tuviera la señal». Esta ‘marca de la Bestia’ se inspira en los certificados que algunos emperadores romanos expedían a quienes realizaban sacrificios a los dioses; certificados que, en las persecuciones decretadas contra los cristianos, desempeñaron un papel importantísimo, permitiendo su rápida identificación. En tiempos de Diocleciano se llegaron a expedir téseras que testimoniaban que su poseedor había rendido culto al César, impidiendo comerciar o incluso viajar a quienes no pudieran exhibirlas.

Todos los intérpretes del Apocalipsis de los primeros siglos coinciden en imaginar la ‘marca de la Bestia’ a modo de tésera o salvoconducto, aunque no faltan los que la imaginan a modo de tatuaje o marchamo en la piel. Mucho más recientemente se ha especulado con que esta ‘marca de la Bestia’ podría ser una identificación electrónica (al modo de un código QR), o bien un implante injertado en el propio cuerpo, al estilo de un microchip, en el cual estarían registrados todos los datos —civiles, médicos, laborales, bancarios y hasta genéticos— del portador. No han faltado quienes han advertido que esta ‘marca de la Bestia’ podría interferir en el sistema neurológico humano, manipulando la personalidad de sus portadores y controlando sus movimientos, como si fueran autómatas o zombis. Pero para convertir a las personas en masa cretinizada no hace falta intervenir con un microchip en sus cerebros; basta con moldear las conciencias mediante una ubicua propaganda sistémica.

La apariencia material de la ‘marca de la Bestia’ podemos imaginarla de mil maneras, según los adelantos tecnológicos de cada época. Pero esto no nos servirá para penetrar en su auténtica naturaleza. Pues, según se nos narra en el Apocalipsis, esta ‘marca de la Bestia’ no la imprime la Bestia del Mar, sino la Bestia de la Tierra. Todos los exegetas del Apocalipsis coinciden en identificar a la Bestia del Mar (con sus siete cabezas que simbolizan una coalición mundial) con un Anticristo de naturaleza política; y coinciden en identificar a la Bestia de la Tierra (que tiene «dos cuernos como de cordero», remedando a Cristo, pero habla «como una serpiente») con un poder religioso corrompido que falsifica la religión y la pone al servicio del Anticristo político, empujando a los hombres suave y melosamente (como lo haría un corderito) a la apostasía. Así que esta ‘marca de la Bestia’, independientemente de su naturaleza material, debe incorporar una profesión de apostasía religiosa. Dicha profesión puede ser neta y expresa (abjurando de Dios) o bien mediante la participación (a sabiendas) en acciones horrendas que la denotan (una misa negra o ceremonia en la que se descuarticen fetos, por ejemplo). Y esta ‘marca de la Bestia’ se llevará en la frente y en las manos (donde la frente simboliza el modo de pensar y las manos el modo de obrar); es decir, incorporada a nuestra propia vida, a nuestro propio cuerpo, con publicidad y descaro, libre y voluntariamente, con orgulloso afán de proselitismo.

La Bestia del Mar animará a los hombres a dejarse imprimir esta ‘marca’, convenciéndolos de que hacerlo es un acto benéfico para el bien común; y quienes no accedan a imprimírsela no podrán «comprar ni vender»; esto es, se verán señalados con desprecio y burla al principio, después con odio furioso, viéndose excomulgados (apestados) de todo linaje humano, incluso de sus amigos y parientes (que pueden convertirse en sus mayores enemigos). No debe olvidarse, sin embargo, que luego el Apocalipsis (16, 2) indica que quienes han recibido la ‘marca de la Bestia’ perecerán de una «úlcera repugnante y maligna» (una enfermedad arrasadora) cuando el primer ángel derrame su copa, desatando una plaga que anuncia la derrota del Anticristo.

Hasta aquí lo que una exégesis no fantasiosa del Apocalipsis nos dice de la ‘marca de la Bestia’. Esperamos que a nuestro amable y curioso lector le haya servido para enterarse de las últimas noticias.

https://www.abc.es/xlsemanal/firmas/juan-manuel-de-prada/juan-manuel-de-prada-la-marca-de-la-bestia.html

 

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hace 4 horas, Hispanorromano dijo:

¿Prada sincronizado con Schneider?

Ignoro si toda esta confabulación antipapal la dirige Schneider -entiendo que no-, o si este solo es un danzante más del tenebroso espectáculo al que estamos asistiendo. Lo que a estas alturas parece que va quedando bastante claro, es que, dentro de la Iglesia Universal hay una grave corriente cismática contra el Papa Francisco, que posiblemente a mi entender, tenga su germen fundamental en la simbiosis formada por el liberalismo y la teología de la prosperidad. Una forma de entender la fe surgida originalmente en América, que se ha extendido y ha contaminado a gran número de fieles y prelados en todo el mundo a través de la influencia que ejercen las redes, la prensa y el pensamiento liberal. Y que dadas las consecuencias de la pandemia sobre la economía, y dada también la pastoral social del Santo Padre, entre los sectores socialmente más prósperos y acomodados de la Iglesia, y por lo general más contaminados de dicha teología, se ha extendido la idea de que este Papa pueda ser el mismísimo demonio, pues a su modo de ver las cosas, éste estaría contribuyendo a consolidar ideas y políticas socialistas que les son contrarias, y que gracias en parte a la pandemia están viviendo un momento álgido, después de años de declive tras la caída del comunismo y posterior hegemonía de la ideología liberal.

Que este u otros monseñores eminentemente críticos contra el Papa, estén contaminados de dicha teología o sus motivos sean otros, no podemos saberlo con certeza. Pero lo que si podemos suponer es que dicha corriente sea el principal vector de contagio, de un modo de pensar esencialmente opuesto a lo que predica el Papa. Y sea como fuere, es ya una obviedad que estos prelados están alentando a los fieles a posicionarse contra él, llevando a muchos católicos a perderse por las sendas del cisma e incluso de la apostasía, al tomar muchos de ellos posiciones que por lo general no se quedan en la corrección fraterna o la crítica, sino que de facto y forma beligerante suponen una abjuración de la verdadera fe, al fundamentarse en gran medida en el odio, la inmisericordia y la falta de caridad.

Si Prada obra de motu propio en sincronía con las cabezas visibles de esa corriente cismática, o si simplemente se está viendo arrastrado por ella, tampoco podemos saberlo, aunque de buena fe presumo que pueda ser lo segundo dada su trayectoria. Pero resulta evidente que se está moviendo en buena medida empujado por esta, a tenor de lo escrito en ese artículo u otras cosas en sentido similar que viene diciendo últimamente, contribuyendo así a extender el cisma.

Lo de Bill Gates y la vacuna como marca de la bestia no es nuevo, ya lo señalaban al comienzo de esta historia los habituales "círculos conspiranoicos", cuando comenzó a hablarse de la naturaleza del virus y de la investigación de las entonces posibles vacunas. Pero al parecer y como ocurre con el virus del Covid, también este de la conspiranoia parece haber mutado, haciéndose ahora más grave, ya que afecta incluso a las mentes más preparadas y en teoría también a las más devotas. Es decir, a las teóricamente mejor vacunadas.

En cualquier caso y más allá del ámbito de las suposiciones, pienso que el mero hecho de pretender establecer en la conciencia de cualquier católico, y no me refiero solo a obispos o intelectuales, sino en la de toda persona sencilla y de buena voluntad, independientemente de su formación o condición, el terrible y falso dilema de verse obligado a elegir entre Cristo o las vacunas, es decir, entre salvar su alma o la vida de sus hijos y familias, me parece una aberración de lo más abyecta y retorcida, marca esta sí de la bestia, el demonio y todo el elenco de terribles villanos que desde antaño militan en las filas del mal, por decirlo de algún modo gracioso para quitarle hierro al asunto.

Que sepamos no existe ningún gobierno o autoridad internacional en todo el mundo, que esté obligando a la gente a apostatar de su fe para recibir atención sanitaria frente a la pandemia. Si acaso podría denunciarse que están primando sobre todo y como siempre, los motivos económicos, pero eso es otra cosa.  Sin embargo, estos "pseudo tradicionalistas partisanos" de nuevo cuño, que por lo general utilizan la religión para defender su liberal modo de vida y su holgada economía, sí que están pretendiendo obligar a la gente a tomar esa terrible decisión en su conciencia, a fuerza de amenazar con las terribles penas del infierno a quienes se dejen, según ellos, seducir por los engaños del "Papa comunista". Algo que para mi evidencia de manera clara y distintiva la distorsión de la fe y la contaminación ideológica en la que se mueven, a la vez que una falta de caridad tremenda y una terrible mala voluntad para con el prójimo. Nada que ver todo esto con lo que debiera ser la prédica de un buen católico o nos enseña la Santa Tradición.

Dice Prada:

hace 4 horas, Hispanorromano dijo:

La apariencia material de la ‘marca de la Bestia’ podemos imaginarla de mil maneras, según los adelantos tecnológicos de cada época. Pero esto no nos servirá para penetrar en su auténtica naturaleza. Pues, según se nos narra en el Apocalipsis, esta ‘marca de la Bestia’ no la imprime la Bestia del Mar, sino la Bestia de la Tierra. Todos los exegetas del Apocalipsis coinciden en identificar a la Bestia del Mar (con sus siete cabezas que simbolizan una coalición mundial) con un Anticristo de naturaleza política; y coinciden en identificar a la Bestia de la Tierra (que tiene «dos cuernos como de cordero», remedando a Cristo, pero habla «como una serpiente») con un poder religioso corrompido que falsifica la religión y la pone al servicio del Anticristo político, empujando a los hombres suave y melosamente (como lo haría un corderito) a la apostasía. Así que esta ‘marca de la Bestia’, independientemente de su naturaleza material, debe incorporar una profesión de apostasía religiosa. Dicha profesión puede ser neta y expresa (abjurando de Dios) o bien mediante la participación (a sabiendas) en acciones horrendas que la denotan (una misa negra o ceremonia en la que se descuarticen fetos, por ejemplo). Y esta ‘marca de la Bestia’ se llevará en la frente y en las manos (donde la frente simboliza el modo de pensar y las manos el modo de obrar); es decir, incorporada a nuestra propia vida, a nuestro propio cuerpo, con publicidad y descaro, libre y voluntariamente, con orgulloso afán de proselitismo.

Y me pregunto yo, ¿no es acaso eso mismo remarcado en negritas, lo que podría representar esa supuesta "nouvelle résistance", comandada por algunos obispos y extendida entre muchos católicos, contra la autoridad del Papa y la unidad de la Iglesia?

Porque ¿no es acaso el modernismo liberal, el que ha establecido las nuevas reglas por las que se rigen las naciones, obligando a todos a censarse y aceptar el derecho positivo y las políticas anticristianas que surgen de él para poder vivir? Esto es, haciendo que todos lleven en su mano o en su mente el documento que les acredita como ciudadanos partícipes de una nación que ampara y promulga el mal, y que impide a nadie que no lo haga "comprar ni vender", tal como señala el texto del Apocalipsis de Juan.

¿No es acaso ese mismo liberalismo perverso que a menudo utiliza la religión para servir a sus intereses políticos y económicos, el que se puede estar viendo gravemente afectado por las medidas sociales contra la Covid y también por la prédica social del papa, viéndose obligado a hacerles frente en un todo común?

¿No es acaso esa corriente pseudo tradicional que se opone al Papa, cismática y confluyente en dicho sentido con el liberalismo más radical, y con el de la modernista teología de la prosperidad, surgida originalmente en el seno del pentecostalismo americano aunque extendida ahora a buena parte de la feligresía católica liberal, las que en su conjunto militan en un frente común contra el papa Francisco en nombre de la supuesta libertad?

¿No se podría concluir de todo ello, que la batalla que presentan estos pseudo tradicionalistas contrarios al Papa, lejos de ser una batalla por la fe, lo que tratan es de conservar o establecer cierta hegemonía ideológica liberal en el gobierno de la Iglesia?

¿Y no sería esto último, por tanto, "un poder religioso corrompido que falsifica la religión y la pone al servicio del Anticristo político, empujando a los hombres suave y melosamente (como lo haría un corderito) a la apostasía", en palabras de Juan Manuel de Prada?

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Cuando hablo de liberalismo quisiera que se entendiese en el sentido moderno y amplio de la palabra, pues sé que es un término que a menudo se presta a la confusión. Dejo a continuación un interesante artículo publicado el año pasado en El País, donde el filósofo norteamericano Michael Walzer, expone lo que a su juicio implica el término liberal. Un significado que sin duda abarca mucho más de lo que en principio pueda parecer, que a su vez puede emparentarse con el origen de estas corrientes de pensamiento, que bajo el pretexto de la libertad de expresión, la diversidad de opinión o la supuesta defensa moral de los derechos y libertades de las minorías, confluyen en el caso que tratamos en un frente común contra las vacunas que exige y necesita la mayoría de la sociedad civil, o contra la mayoría de fieles creyentes que encabeza y orienta el Santo Padre.

Cita

A lo mejor eres liberal y ni siquiera lo sabes

Para el filósofo Michael Walzer, el adjetivo “liberal” define a ciudadanos de mentalidad abierta, tolerantes, alejados del dogma. Y el término es aplicable a múltiples ideologías

Michael Walzer

30 ago 2020 - 00:34 CEST

EL PAÍS - DIEGO MIR

¿Es el liberalismo un ismo como todos los demás ismos? Creo que lo fue en el pasado. En el siglo XIX y durante unos años en el siglo XX, el liberalismo fue una ideología integral: mercados libres, comercio libre, libertad de expresión, fronteras abiertas, un Estado mínimo, individualismo radical, libertad civil, tolerancia religiosa, derechos de las minorías. Pero esta ideología se llama hoy libertarismo, y la mayoría de las personas que se definen como liberales —en la interpretación estadounidense del término, cercano a la socialdemocracia— no lo aceptan o, al menos, no en todo. El liberalismo en Europa está hoy en día representado por partidos políticos como el Partido Democrático Libre en Alemania (libertarios y de derechas), pero también por otros como el Partido Liberal Demócrata en Reino Unido, con una precaria posición entre los conservadores y los socialistas, que adoptan políticas de un lado y de otro sin un credo sólido propio. El liberalismo en EE UU es una modestísima versión de la socialdemocracia (...).

A los liberales se nos describe mejor en términos morales que en términos políticos: de mentalidad abierta, generosos, tolerantes, capaces de convivir con la ambigüedad, dispuestos a entablar discusiones en las que no nos creemos obligados a ganar. Cualesquiera que sean nuestra ideología y religión, no somos dogmáticos; no somos fanáticos. Los socialistas democráticos como yo pueden y deberían ser liberales de este tipo. Creo que es lo suyo, aunque, desde luego, todos conozcamos a socialistas que ni tienen una mentalidad abierta ni son generosos o tolerantes.

Pero nuestro verdadero vínculo, nuestro vínculo político con el liberalismo, adopta otra forma. Considérenlo una forma adjetiva: somos, o deberíamos ser, demócratas liberales y socialistas liberales. Yo soy a la vez un nacionalista liberal, un comunitarista liberal y un judío liberal. El adjetivo funciona del mismo modo en todos estos casos, y mi propósito aquí es describir su efecto en cada uno de ellos. Al igual que todos los adjetivos, “liberal” modifica y complica el nombre al que acompaña; posee un efecto que unas veces es restrictivo; otras, vivificante, y otras, transformador. No determina quiénes somos, sino cómo somos quienes somos: cómo representamos nuestros compromisos políticos.

No hace mucho, el escritor conservador Bret Stephens definía el populismo como el triunfo de la democracia sobre el liberalismo. Creo que a lo que se refería era al triunfo de la democracia mayoritaria sobre sus restricciones liberales. La democracia liberal establece límites al gobierno de la mayoría, normalmente con una Constitución que garantiza los derechos individuales y las libertades civiles, establece un sistema judicial independiente que hace que se respete esta garantía y abre el camino para una prensa libre que pueda defenderla. Las mayorías solo pueden actuar, o actuar legítimamente, dentro de unos límites constitucionales. Al igual que todo lo demás en la política democrática, los límites se debaten tanto en el plano legal como en el político. Pero estas controversias no se zanjan por la regla de la mayoría, sino mediante procedimientos mucho más complejos y dilatados en el tiempo, lo que dificulta que se anule cualquier conjunto de derechos y libertades existentes.

No pretendo negar la importancia de la intervención popular. El gran logro de la democracia es que incorpora a los hombres y mujeres corrientes, a ustedes y a mí, al proceso de toma de decisiones. De hecho, el adjetivo “liberal” garantiza que cada cual sea en efecto incorporado en dicho proceso de un modo que nunca se había dado en las democracias que han existido a lo largo de la historia, desde la de Atenas a la de EE UU. Los derechos y las libertades civiles son posesión legítima de cada uno de los miembros de la comunidad política, ya sean judíos, negros, mujeres, deudores, delincuentes o los más pobres entre los pobres. Todos nosotros intervenimos en los debates democráticos, en la organización de movimientos sociales y partidos políticos, y participamos en las campañas electorales. Pero, incluso cuando salimos victoriosos, existen límites que restringen el alcance de nuestras decisiones. Así pues, los demagogos populistas se equivocan al afirmar que, una vez que han ganado unas elecciones, representan o encarnan “la voluntad del pueblo” y pueden hacer lo que les venga en gana. La realidad es que hay muchas cosas que no pueden hacer.

Lo que quieren estos populistas, ante todo, es promulgar leyes que garanticen su victoria en las siguientes elecciones, que pueden llegar a ser los últimos comicios significativos. Atacan a los tribunales y a la prensa; menoscaban las garantías constitucionales; se apoderan del control de los medios de comunicación; reorganizan el electorado excluyendo a las minorías; acosan o reprimen de manera activa a los líderes de la oposición, todo ello en nombre del gobierno de la mayoría. Son, como ha dicho Viktor Orbán, el primer ministro de Hungría, “demócratas iliberales”.

Las victorias populistas son un desastre para quienes están en el bando perdedor, y probablemente de forma especial para los periodistas liberales, la voz diaria de la oposición, a quienes se suele acusar falsamente de corrupción o sedición y meter entre rejas. Perder unas elecciones, a pesar de todos los esfuerzos de los populistas para garantizarse la victoria, supondría un desastre para ellos, pues nosotros (los demócratas liberales) creemos que sus ataques a la Constitución y su violación de los derechos civiles constituyen actos criminales. Es mucho lo que está en juego en este tipo de política. Uno pierde las elecciones, pierde poder y acaba en la cárcel.

Los límites liberales que se imponen a la democracia son una especie de prevención de desastres para todos los implicados. Reducen las expectativas que están en juego en el conflicto político. Perder unas elecciones no priva a nadie de sus derechos civiles —entre los que está el derecho a la oposición, que entraña la esperanza de una victoria la próxima vez—. La alternancia en el poder es una característica habitual de la democracia liberal. Evidentemente, nadie quiere rotar y tener que dejar su cargo público, pero todos los cargos públicos aceptan y conviven con los riesgos de la alternancia. Sin embargo, dichos riesgos no conllevan la represión ni el encarcelamiento. Uno pierde las elecciones, pierde el poder y se va a casa. Precisamente así entiende los límites impuestos por el adjetivo “liberal” el socialista italiano Carlo Rosselli, uno de los líderes de la resistencia antifascista en las décadas de 1920 y 1930, y autor del libro Socialismo liberal (...) “Liberal”, escribe Rosselli, describe “un conjunto de normas del juego que todas las partes rivales se comprometen a respetar, unas normas destinadas a garantizar la coexistencia pacífica de los ciudadanos (…); a restringir la competencia dentro de unos límites tolerables, a permitir que todas las partes se turnen en el poder”. Así que el socialismo liberal de Rosselli incorpora la democracia liberal. Para él, así como para los demócratas a los que él sigue, el adjetivo “liberal” supone una fuerza, además de limitadora, diversificadora: garantiza la existencia de “varios partidos” (es decir, más de uno) y posibilita que cada uno de ellos alcance el éxito (...)

Marx sostuvo hace mucho que la victoria final del proletariado en la lucha de clases pondría fin a todas las formas de antagonismo social. Existiría una sola clase de ciudadanos iguales: una clase, un conjunto de intereses; nada importante que objetar. El pluralismo podría seguir existiendo, pero sería un pluralismo en los estilos arquitectónicos, las teorías literarias, las organizaciones deportivas, y no, claramente, un pluralismo de “varios partidos” compitiendo por el poder.

“Liberal” es un adjetivo fuerte y, como es natural, las restricciones que impone no solo son vinculantes para los demagogos populistas que ganan las elecciones sino también para nuestros favoritos de la izquierda cuando ganan, si es que ganan. Analizándolo retrospectivamente, nosotros, los demócratas liberales, habríamos tenido que rechazar la Reforma de Procedimientos Judiciales de 1937 de Roosevelt [el intento del entonces presidente de EE UU de controlar el Tribunal Supremo]. Aquel fue un ejemplo de populismo de izquierdas, pero es comparable al ataque a los tribunales de Donald Trump, un populismo de derechas. Sí, la toma de decisiones judiciales es, en parte (probablemente en gran parte) un proceso político. Por tanto, los demócratas liberales deberían mostrar deferencia hacia el área legislativa, excepto en casos relacionados con los derechos humanos y las libertades civiles, donde sí que queremos jueces activistas. De manera más general, el profesionalismo judicial puede ser una pieza importante de la restricción liberal, como hemos visto cada vez que los tribunales han declarado inconstitucionales muchos de los decretos presidenciales de Trump.

Una de las viejas doctrinas de los militantes socialistas es que el derrocamiento del capitalismo exigirá un periodo de dictadura o, al menos, una suspensión temporal de las libertades civiles; una dictadura democrática del proletariado o, más probablemente, una dictadura antidemocrática de la vanguardia del proletariado. Sin duda, se reprimiría a los tribunales defensores de la libertad civil o se sustituiría a los jueces por sujetos leales que harían lo que se les ordenara. Los socialistas liberales no niegan necesariamente que el derrocamiento definitivo del capitalismo pueda requerir medidas de ese tipo. Si uno cree en la finalidad, entonces no puede permitir que “varios partidos se turnen en el poder”. Pero las medidas coercitivas necesarias para impedir esa alternancia no darán lugar al socialismo que nosotros (los socialistas liberales) queremos. El adjetivo “liberal” implica que el socialismo solo puede alcanzarse con el consentimiento del pueblo; hay que batallar por él democráticamente. La lucha ha sido larga, y en el camino ha habido y habrá concesiones a los rivales, cuyos derechos hemos de respetar. Dar dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás es mucho mejor que dar tres pasos hacia adelante pasando por encima de los cadáveres de nuestros adversarios.

“Liberal” también significa que habrá margen para que los socialistas discrepen entre ellos respecto a la estrategia y las tácticas de la lucha y sus objetivos a corto y largo plazo. Así pues, habrá muchos socialismos, y cabe esperar hallar partidos, sindicatos y formaciones ideológicas de diferentes tipos compitiendo por conseguir adeptos e influencia en el marco democrático liberal. Como sostenía Rosselli, la competencia será continua porque, al fin y al cabo, “liberal” significa que “el socialismo no es un ideal estático y abstracto que un día se pueda alcanzar plenamente”. El mundo cambia; surgen nuevas desigualdades que reemplazan a las viejas; nunca dejamos de pelearnos entre nosotros; la política socialista es un trabajo constante. Como insinuó Eduard Bernstein hace mucho tiempo, el movimiento es más importante que el fin o, como escribió Rosselli: “El fin reside en nuestras actuaciones presentes”. (...)

Según Rosselli, los socialistas se definen por su “adhesión activa a la causa de los pobres y los oprimidos”. Pero ese apego no puede definirse mediante una doctrina global. No se expresa en una sola postura ideológica correcta que una élite de expertos, una vanguardia política, pueda imponernos a los demás. “Habrá sufrimiento”, afirma Rosselli, “por intentar encadenar un movimiento que lleva siglos desarrollándose, un movimiento irrefrenablemente polifónico, a un credo filosófico dado”. Y desde luego, ha habido mucho sufrimiento a lo largo de los años por intentar hacerlo. Los socialistas liberales se muestran escépticos incluso respecto a los credos con los que están comprometidos; en todos los compromisos liberales hay una pizca de ironía inherente. En EE UU, ese socialismo democrático resucitado parece hoy irrefrenablemente polifónico, a pesar de que algunas voces estén desprovistas de escepticismo, demasiado impacientes por negar la corrección política de los demás. Para evitar el sufrimiento será necesario un compromiso continuo con el adjetivo “liberal”.

Los nacionalistas son personas que ponen en primer lugar los intereses de su país. Los nacionalistas liberales hacen eso y, al mismo tiempo, reconocen el derecho de otras personas a hacer lo mismo (...) Reconocen la legitimidad y los legítimos intereses de las diferentes naciones. Del mismo modo que los demócratas liberales ponen límites al poder de las mayorías triunfalistas y los socialistas liberales ponen límites a la autoridad de las vanguardias obsesionadas con la teoría, los nacionalistas liberales ponen límites al narcisismo colectivo de las naciones.

Nosotros, los defensores del adjetivo “liberal”, no negamos que las mayorías tengan derechos, ni que las teorías sobre la sociedad y la economía sean útiles desde un punto de vista político, ni que la pertenencia nacional sea un valor genuino. Pero defendemos a las minorías frente la tiranía de la mayoría y a los activistas corrientes frente a la arrogancia de la vanguardia. Y defendemos a los países que necesitan Estados frente a cualquier Estado nacional enemigo (kurdos, palestinos y tibetanos, por ejemplo, frente a Turquía, Israel y China, respectivamente). Pero lo hacemos sin negar los derechos nacionales de turcos, israelíes y chinos.

En cambio, quienes se autodenominan “cosmopolitas” condenan todos los nacionalismos y niegan el valor moral de la pertenencia a un país. ¿Puede existir un cosmopolitismo liberal? Puesto que los filósofos cosmopolitas reconocen un mundo de individuos portadores de derechos, seguramente se les debería llamar liberales. Pero la mayoría de estos individuos conceden un gran valor a su pertenencia particular y se identifican a sí mismos como franceses, japoneses, árabes, noruegos, y no como ciudadanos del mundo. A mi parecer, la negativa a reconocer estas identidades y a valorar el pluralismo que emana de ellas es iliberal. Un Estado global y cosmopolita tendría que reprimir de un modo brutal la identidad nacional o la lealtad étnica de (casi) todo el mundo. Para evitar la brutalidad, los cosmopolitas liberales deberían hacer las paces con los nacionalistas liberales. La paz se llama internacionalismo (...).

El pensador político inglés Thomas Hobbes, al reflexionar sobre la difícil situación de los refugiados que huían del hambre y la persecución, escribió que las personas que vivían en los Estados vecinos posiblemente tendrían que “vivir más apretados” para dar cabida a los refugiados. Podríamos decir que éste es el requisito moral de un nacionalismo (muy) liberal, pero es difícil exigir algo así; y dar cabida a refugiados rara vez conlleva que los nativos tengan que apiñarse hasta ese punto. Hay otra exigencia del nacionalismo liberal que es más sencilla de llevar a cabo: los Estados nacionales imperiales que se han expandido a costa de otros países deben retirarse de estos y contraer su tamaño. Dudo que exista algo como el “imperialismo liberal”, pero, de existir, sería un imperialismo verdaderamente comprometido con su futura contracción y que daría cabida a los países sometidos. Los defensores radicales de “la pequeña Inglaterra” a finales del siglo XIX y principios del XX eran antiimperialistas y, al mismo tiempo, buenos nacionalistas liberales. El “Gran Israel” de hoy es un ejemplo de nacionalismo iliberal, mientras que los defensores del “pequeño Israel” son sionistas liberales.

El adjetivo “liberal” se ajusta a los intereses de los países que ya existen y de los que aspiran a serlo; asimismo reconoce los derechos de las minorías dentro de los Estados que las naciones crean. La mayoría de los Estados nacionales incluyen a minorías étnicas y religiosas, y su liberalismo se pone a prueba en el tratamiento que dan a estos grupos. ¿Tienen los miembros de las minorías los mismos derechos y deberes que los demás ciudadanos? ¿Tienen las mismas oportunidades económicas? Si están concentrados en una región, ¿tienen un grado de autonomía política o cultural que encaje con su historia y condición actual? ¿Las disposiciones federales se deciden de manera democrática? El “federalismo asimétrico” de Canadá, que garantiza más derechos a Quebec, donde se habla francés, es fruto de la labor democrática y colaborativa de una minoría resuelta y de un país liberal.

Calificar de liberal el nacionalismo contribuye a la pluralidad de los países; va unido a la calificación de liberal de cada nacionalismo específico. Los países liberales no se crean ni se definen por “la sangre y la tierra”, ni por designación divina ni por una historia que se inicia en el principio mismo de los tiempos y que nunca se ha interrumpido. La sangre siempre está mezclada; la geografía cambia con el paso del tiempo; Dios no participa; y la historia está enmarañada con otras historias. El relato nacional es en parte verdadero y en parte imaginado, y los historiadores revisionistas siempre ponen en entredicho la versión vigente.

Asimismo, las naciones liberales no están cohesionadas en el plano ideológico; sus miembros son monárquicos y republicanos, libertarios y socialistas, conservadores y radicales. Un país plurinacional, multirracial y con múltiples religiones como Estados Unidos está en gran medida definido por su política. Se mantiene unido merced al compromiso de sus ciudadanos con un determinado régimen político y a su reconocimiento de la autoridad de documentos fundacionales como la Declaración de Independencia y la Constitución. Quienes se oponen a esa política o cuestionan esa autoridad son llamados “antiamericanos”, al igual que lo fueron los miembros del Partido Comunista en la década de 1950. “Pero en una sociedad en la que la cohesión social se fundamenta en criterios nacionales, culturales e históricos”, escribe la politóloga israelí Yael Tamir, “tener opiniones inconformistas no conduce necesariamente a la excomunión”. Los políticos franceses de extrema derecha no acusan a los comunistas franceses de participar en “actividades antifrancesas” o, por poner un ejemplo más elocuente: “De Gaulle nunca dudó que Sartre fuera un miembro respetado de la nación francesa”.

El comunitarismo describe el estrecho vínculo de un grupo de personas que comparten un compromiso con una religión, una cultura o una política. El designio del comunitarismo es, al igual que el de los nacionalistas, promover los intereses de su comunidad, pero el énfasis de su compromiso es interno; se centran en la calidad o la intensidad de su vida en común. Puede que el republicanismo cívico sea la versión más conocida del comunitarismo. Jean-Jacques Rousseau es uno de sus profetas, y está claro que no es un liberal. Rousseau describe el ciudadano ideal: un hombre (la mujer todavía no estaba incluida) que corre de una asamblea pública a otra y que extrae la mayor parte de su felicidad de su vida política, y no de su vida privada. La ciudadanía entraña un compromiso que excluye todos lo demás; las asociaciones secundarias son una amenaza para la integridad de la república.

Una mujer con un cartel que reza “Queremos ser libres”, durante una concentración de apoyo a los manifestantes antigubernamentales detenidos estos días en Bielorrusia. Beata Zawrzel/Getty Images / NurPhoto via Getty Images

La república civil de Rousseau es también un Estado nacional iliberal, como pone de manifiesto en sus Consideraciones sobre el Gobierno de Polonia, donde describe la educación de los futuros ciudadanos: éstos habrán de estudiar historia polaca, geografía polaca, cultura polaca, literatura polaca y punto. “Es la educación la que ha de proporcionar una formación nacional a las personas y orientar sus opiniones y gustos de tal modo que sean patriotas por inclinación, por pasión y por necesidad.” Aquí el comunitarismo y el nacionalismo se alían formando una unión radicalmente iliberal.

Cuando yo enseñaba en clase sobre la política de Rousseau siempre tuve la impresión de que su república era una comunidad sobrecalentada. Un comunitarismo liberal reduciría tal acaloramiento: permitiría a los ciudadanos no asistir a (algunas) asambleas por el bien de su felicidad privada; ver un partido de béisbol, ir al cine, jugar con sus hijos, trabajar en el jardín, hacer el amor o simplemente sentarse con los amigos a charlar. Combinaría el celo de la democracia participativa con la serenidad de la democracia representativa, de manera que los hombres y mujeres que no amaran la política tuvieran voz y voto en las decisiones políticas. Sus escuelas estarían orientadas a formar patriotas por inclinación, pero no por necesidad. Los alumnos leerían novelas traducidas de otros idiomas y estudiarían la historia y la geografía de otros países.

Otra posibilidad es que los comunitaristas liberales eviten la república civil en su conjunto alegando que el Estado debe ser una democracia liberal o una socialdemocracia liberal que proporcione el marco para una pluralidad de comunidades, algunas acaloradas y otras no. Ésta es mi versión favorita del comunitarismo. Que haya muchas comunidades. Por supuesto, algunos elegirán una sola, deleitándose en la intensidad de su vida en común y distinguiéndose de manera radical de (y quizás por oposición a) sus conciudadanos. La política basada en la identidad suele derivar de una atención concentrada en cierto interés grupal, pero es un comunitarismo iliberal el que la fomenta y la instiga.

Muchos de nosotros elegiríamos más bien ser miembros de diferentes comunidades, y la intensidad de nuestro compromiso variaría conforme a la pluralidad de nuestras pertenencias. Yo puedo ser al mismo tiempo un judío, un socialista, un académico de la teoría política, un neoyorquino, un esposo y un padre (y abuelo) y un ciudadano activo —aunque a tiempo parcial— de la república estadounidense.

Asumo que el adjetivo “liberal” funciona de la misma forma en lo que se refiere a católicos, protestantes, musulmanes, hindúes y budistas, y a continuación intentaré decir algo sobre las religiones liberales en general. Los judíos liberales, por otra parte, son diferentes, ya que los judíos son tanto una nación como una comunidad religiosa. De modo que somos —o deberíamos ser— liberales en el plano nacional y en el religioso, lo que significa que ningún compromiso teológico, ni ideológico, ni religioso ni secular podrá jamás ser descrito como no judío. Los judíos ateos no son judíos no practicantes; son tan judíos como los judíos ortodoxos, puesto que todos somos miembros del pueblo judío.

Los judíos liberales con una identidad religiosa no difieren de los católicos, los protestantes, los musulmanes liberales, etcétera. Supuestamente toda esta gente cree en la legítima existencia de otras religiones; “liberal” sigue siendo un adjetivo pluralizador. En el ámbito religioso debería funcionar de la misma manera que en el ideológico. Los creyentes liberales reconocen el derecho a diferir, de ahí los derechos de los herejes y los infieles. De ahí también la multiplicación de denominaciones y sectas que pueblan el espacio público de la sociedad civil y que dan cabida a los grupos que vienen después. Los miembros de todos estos grupos profesan sus creencias con fervor, quizá, pero sin fanatismo. Al igual que los socialistas liberales rechazan la idea de una dictadura de la vanguardia, también los creyentes liberales rechazan cualquier coerción en asuntos religiosos. La fe es libre.

Los creyentes liberales no solo reconocen la legitimidad de otras creencias, sino también la sinceridad de los hombres y mujeres que profesan esas creencias. “Estos otros”, podrían decir los liberales, “creen en lo que creen del mismo modo en que nosotros creemos en lo que creemos y, por lo tanto, podemos reconocer el valor que para ellos tienen sus creencias (puesto que sabemos el valor que para nosotros tienen las nuestras). Y, además, debemos conciliar las actividades, y en ocasiones la falta de acción que esas creencias producen”. Para los no creyentes radicales dicha conciliación probablemente resulte más difícil, aunque el adjetivo “liberal” la siga exigiendo.

La religión iliberal es fácil de describir; es al menos tan común como el fanatismo ideológico. Toda religión que subordine a las mujeres —lo que significa prácticamente todas las religiones en sus versiones ortodoxas y fundamentalistas— es a todas luces iliberal. Asimismo, los hombres y mujeres que creen que la religión o la ausencia de religión de los demás los relega a la eterna subordinación (o perdición) y que ellos, —los verdaderos creyentes— están obligados moralmente a salvarlos, son iliberales, y lo son de manera activa.

Pero la descripción también se ajusta a quienes piensan que esa salvación no es ni necesaria ni posible. Los judíos que creen que la mayoría de los no judíos nunca verán el mundo por venir son judíos iliberales, lo mismo que los protestantes evangélicos que creen que los judíos están condenados al infierno son cristianos iliberales. Aún más peligrosos, sin embargo, son los fanáticos que aspiran a “forzar el final” y establecer el reino mesiánico, el califato islámico, un sagrado territorio autónomo de Jesucristo o cualquier otra versión religiosa del fin de la historia laica. La mayoría de los creyentes liberales probablemente tengan una actitud escéptica o irónica ante el fin de los tiempos.

De esta explicación de la religión liberal e iliberal se deduce que el poder del Estado no puede utilizarse para adoctrinar a futuros ciudadanos en la versión ortodoxa del judaísmo y el catolicismo (o de cualquier otra religión) ni para perseguir a herejes o infieles. Un Estado nacional liberal puede hacer hincapié en la religión mayoritaria en su sistema educativo, ya que es posible que la religión haya desempeñado un papel importante en la historia del país. Pero no convertiría esa religión en un catecismo escolar más de lo que los socialistas liberales en el poder convertirían la ideología socialista en el catecismo escolar (como hicieron los socialistas iliberales en la Unión Soviética). Y enseñaría también la historia de las religiones minoritarias locales, así como la de otros países y sus religiones: los griegos de la Antigüedad, los israelíes de la Antigüedad, los orígenes del islam, el confucianismo chino y mucho más. No refrendaría ni promovería ninguna versión concreta de ninguna religión (ni de ninguna ideología). Hay muchas maneras de ser religioso y todas ellas reconocidas, todas ellas protegidas y ninguna de ellas priorizada por el adjetivo “liberal”.

La mayoría de la gente probablemente piense que un judío o un católico liberales (o un liberal que profese cualquier otra fe) es un judío o un católico que vota a los Demócratas. Esto es en parte cierto, pues el adjetivo “liberal” se puede transferir, y por eso es probable que los creyentes liberales sean demócratas liberales y (en Estados Unidos) liberales adeptos del New Deal o socialdemócratas. Durante muchos años este tipo de hombres y mujeres han apoyado al Partido Demócrata. Pero hemos visto (al menos en el pasado) republicanos liberales que defienden la democracia constitucional, creen en un sistema judicial independiente, están cómodos en una sociedad pluralista y esperan rotar en su cargo político.

Es interesante la cuestión de si existen los grupos, partidos, ideologías o identidades que no puedan ser modificados por el adjetivo “liberal”. ¿Se puede ser, por ejemplo, un hombre judío ultraortodoxo liberal o un hombre cristiano fundamentalista liberal? Esos adjetivos no casan bien. Tal vez algunos individuos con talento y flexibilidad sean capaces de conciliar unos y otros adjetivos (tendrían que estar dispuestos a concebir a las mujeres como iguales), pero sospecho que sus correligionarios dirían que son ovejas descarriadas. Los dogmáticos de la religión, cualquiera que sea su dogma, no pueden ser liberales. Como acabo de decir, es posible que haya republicanos liberales, aunque en la actualidad no se los vea; y conservadores liberales, también. Ya he expresado mis dudas respecto a un comunista liberal; la versión estalinista del comunismo sin duda no tolera el adjetivo, aunque estoy convencido de que hay comunistas liberales —desde luego sí los hubo en el siglo XIX, y tal vez los haya ahora— que creen en una pluralidad de comunidades de diferentes tipos. Está claro que los fascistas y los nazis no pueden ser liberales. El totalitarismo es el modelo ideal de la política iliberal.

Una monarquía liberal es posible, motivo por el que empleo el adjetivo “absoluto” para describir su versión iliberal. Un monarca liberal reina solo y no rota en su cargo público, pero él o ella admite una política pluralista con límites constitucionales y una pluralidad de religiones.

Creo que el despotismo puede ser ilustrado, como algunos de los déspotas del siglo XVIII afirmaban ser, pero no liberal. Ni tampoco puede la tiranía convivir con el modificador “liberal”. Dudo de la posibilidad de una oligarquía liberal, pero una aristocracia liberal (acorde con Jefferson) es concebible en tanto en cuanto la pertenencia a ella no sea hereditaria. La competencia en excelencia y virtud, así como la movilidad social que esta produce, podría tener algunos de los rasgos de la rotación en los cargos públicos.

La mayoría de estos posibles usos del adjetivo “liberal” no son relevantes hoy en día. Pero aquellos con los que empecé no solo me parecen relevantes, sino de una trascendencia fundamental para la política contemporánea. Necesitamos demócratas liberales para combatir el nuevo populismo; socialistas liberales para combatir el frecuente autoritarismo de los regímenes de izquierdas; nacionalistas liberales para combatir los nacionalismos actuales, xenófobos, antiislámicos y antisemitas; comunitaristas liberales para combatir las pasiones exclusivistas y el fiero partidismo de algunos grupos basados en la “identidad”; y judíos, cristianos, musulmanes, hindúes y budistas liberales para combatir el inesperado regreso del fanatismo religioso. Estas son algunas de las batallas políticas más importantes de nuestra época, y el adjetivo “liberal” es nuestra arma más importante.

 

Michael Walzer es filósofo político y profesor emérito del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton (EE UU). También fue director de la revista ‘Dissent’, donde fue publicado originalmente este artículo.

 

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Muy bueno lo que has escrito, Español. A mí también me llamó la atención ese párrafo que has marcado en negrita, y estuve tentado de marcarlo, pero preferí que los lectores juzgaran por si mismos. Lo mismo que a ti, me parece que ese párrafo se presta a interpretaciones problemáticas.

Creo que se debería subir a portada ese escrito tuyo, no sé si como apéndice al que ya está en portada o como entrada nueva. Te animo a que lo hagas tú mismo, dándole la forma que desees, sin temor a que sea visto como un gesto de vanidad. No lo sería. En estos tiempos de confusión, creo muy necesario que se difundan estas dos cosas que has escrito últimamente.

En cuanto a lo que comentas del liberalismo, me parece que tiene mucho sentido. Lo 'liberal' funciona más bien como un adjetivo que se aplica a diversas corrientes de pensamiento. Se diría que el liberalismo permea a todas las ideologías en la actualidad. En muchas de las manifestaciones contra las vacunas se han visto carteles que rezaban: "mi cuerpo es mío", "mi cuerpo, mi decisión". O sea, el tipo de argumentos que se emplean habitualmente para defender el aborto. Sorprende que algunos tradicionalistas se apunten a ese carro.

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He unido el comentario a propósito del artículo de J.M. De Prada, al que subiste previamente a la portada, de manera que quede todo reducido a un solo contenido.

En 6/9/2021 a las 22:48, Hispanorromano dijo:

En muchas de las manifestaciones contra las vacunas se han visto carteles que rezaban: "mi cuerpo es mío", "mi cuerpo, mi decisión". O sea, el tipo de argumentos que se emplean habitualmente para defender el aborto. Sorprende que algunos tradicionalistas se apunten a ese carro.

Muy bien apuntado. Lo has expresado mucho mejor que yo.

En el fondo, la base para el discurso de unos u otros es el dogma liberal, extendido ya por todos los ámbitos del pensamiento humano. Si el principio fundamental del liberalismo político es que los pueblos deben de regirse sin más ley que la voluntad nacional expresada por la mayoría, a esto no es posible llegar si previamente no se ha aceptado la idea de que la persona humana se rige por voluntad propia, independientemente de Dios o de cualquier otra autoridad superior a la del individuo o la suma de estos. Mi cuerpo, mi casa, mi tierra... mis leyes.

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Paso al foro un escrito muy interesante aparecido en el blog Wanderer. Ya sabéis que es un blog cismático. Pero creo que merece leerse con atención este texto, del que marco algunos pasajes en negrita:

Cita

Las vacunas, una carta y los nuevos lapsi

 

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Hace catorce años que tengo este blog, y he pasado por muchas circunstancias, difíciles y dolorosas algunas, y otras más aliviadas. Y es natural que así ocurra con un sitio como este que permite comentarios, los que enriquecen el diálogo y el pensar juntos —“una conversación entre amigos en torno a un vaso de whisky” fue el motto inicial—, aunque ocasionalmente aparezcan lectores ofuscados, ofendidos o simplemente desequilibrados. Nunca ha sido un problema ni tampoco me desaniman. Sin embargo, la sola mención que hice en un post reciente sobre mi opinión acerca de las vacunas contra el Covid, ocasionó una andanada de mensajes violentos como nunca antes había sucedido

 

Sin darnos casi cuenta, se ha formado en la Iglesia una nuevo grupo y división, como si no fueran pocas los que ya teníamos: la de los militantes en contra de las vacunas, una suerte de neo katharoi o “puros”, aquellos que cum mulieribus non sunt coinquinati, virgines enim sunt (Ap. 14,4). En este caso, la de los que no se contaminaron con las vacunas y conservaron la virginidad. Y son ellos los que siguen al Cordero. Los otros, quienes nos contaminamos con Pfizer o con Astra Zeneca, somos los nuevos lapsi, los que cedimos a las presiones y quemamos incienso a los nuevos ídolos sanitarios. No digo que todos los que albergan dudas sobre las vacunas o prefieren no aplicársela pertenezcan a este grupo combativo; de hecho, buena parte de mis amigos son de esta opinión, pero no se dedican al apostolado antivacunas, ni tampoco rompen amistades por ese tema. Pero no es siempre el caso.

 

La formación de estos grupos radicalizados es, a mi entender, muy grave, y se está dando en muchos países. Se toman posiciones extremas, rayanas en algunos casos con el fundamentalismo, que poco favor le hacen no solo a la Iglesia, sino a los propios involucrados. Recientemente murieron por Covid dos personas conocidas, relativamente jóvenes y sanas, que no habían sido vacunadas porque sus hijos y algunos sacerdotes los habían convencido de no hacerlo. Yo me pregunto: ¿de qué mal moral los libraron? ¿qué falta contra la ley divina impidieron que cometieran? ¿De qué peligro físico los salvaron? No quisiera estar yo en la conciencia de esos consejeros.

 

Sin embargo, el objeto principal de esta entrada es recomendar a los lectores la lectura de una carta  que Antonio Macaya Pascual, doctor en medicina, profesor universitario en Barcelona y autor de numerosas publicaciones científicas como pueden corroborar en Google Academic, visiblemente afectado por lo que está sucediendo, me hizo llegar. La misiva fue escrita en ocasión de un hecho muy doloroso y desconcertante: una meritoria religiosa profesa, completamente entregada a su  vocación y dedicada al cuidado de personas gravemente discapacitadas, decidió dejar los hábitos hace pocos días ya que la institución donde presta asistencia su comunidad, le pedía que se vacunara. Ella se negaba, entre otras cosas, porque “los embriones abortados claman justicia desde el interior de las personas que se vacunan”, tal como proclama un visionario (¿u orate?) sacerdote colombiano llamado Guillermo León Morales

 

La carta del Dr. Macaya no es un alegato científico, aunque está sólidamente fundada en los principios de la ciencia. Es el testimonio de un cristiano, que es científico, y que escribe desde su dolor y consternación frente a una situación de la que él es testigo permanente. Cualquier católico, más allá de su opinión con respecto al tema en cuestión, podrá percibir fácilmente la familiaridad que produce el escrito, sencillamente porque es obra de un hermano que profesa nuestra misma fe y que con caridad y en obediencia a los mandatos evangélicos, trata de echar luz haciendo fructificar talentos que recibió. 

 

No es mi intención generar un debate en torno a la carta (por eso este post no tendrá habilitados los comentarios), y espero que cualquiera sea la opinión de uno u otro, sea recibida con la caridad que debe ser propia de los cristianos. Reflexionemos. Es inaceptable que una situación sanitaria similar a las que la humanidad sufrió en incontables ocasiones, esté produciendo una herida tan profunda y doloroso entre los católicos “tradicionalistas” o como quiera llamárseles. Temo que, además de romperse amistades de años, sea una nueva trampa que nos tiende en Enemigo para generar la división, que es una de sus estrategias favoritas para alcanzar sus objetivos. 

 

Recomiendo vivamente la lectura de la carta del Dr. Macaya Pascual, que pueden bajar desde aquí.

 

http://caminante-wanderer.blogspot.com/2021/09/las-vacunas-una-carta-y-los-nuevos-lapsi.html

Lo de que está causando división es verdad. División en la sociedad y en la Iglesia. Por eso se fomenta esta propaganda desde algunas potencias extranjeras. Dugin llegó a preconizar una guerra civil universal por este tema. Y como nos descuidemos lo van a conseguir.

Pero claro, los escritos de Wanderer siempre esconden alguna trampa. En este caso, le echa la culpa a no sé que sacerdote colombiano al que no conoce ni su madre, como si ese fuese el origen de la infiltración de ese movimiento antivacunas en la Iglesia o como si fuese el responsable de la división. No, hombre, no. Los responsables son Viganò, Schneider y toda esa gente deshonesta que apoyáis desde Wanderer. Y en general todo el movimiento antifrancisquista del que fuisteis los precursores, pues desde el principió usó todo lo relacionado con el Covid para golpear al Papa Francisco. Otras vez estáis poniendo tronos a las premisas y cadalsos a las consecuencias.

 

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Muy buena la carta del doctor Macaya que publica Wanderer. Punto por punto refuta todas las objeciones razonables que se esgrimen desde el movimiento antivacunas, y además lo hace desde una perspectiva científica y también católica. Ojalá muchos la lean y reconsideren su actitud.

En cuanto al blog, tienes toda la razón. Siempre se han destacado por caminar por sendas cismáticas. Sorprende que ahora se echen las manos a la cabeza a la vista de las consecuencias, como si con ellos no fuese la cosa. De cualquier modo, ya sea por ese motivo como por otros, está bien que rectifiquen el rumbo, pues no son pocos los que alimentan su encono o ruptura con la Iglesia, directa o indirectamente de los escritos y contenidos que aparecen en sitios como ese.

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Este tema y la extrema polarización que va produciendo en cada vez más gente me sobrepasa completamente.

Concretamente en lo que al corona se refiere, llega  el punto de que ni entro en discusiones ni con los fanáticos pro ni con los contra, porque de ambos lados los hay que hacen acusaciones terribles o incluso desean consecuencias terribles para los otros.

Ahora bien, en lo que a los tentáculos que los antivacunas están tendiendo también en los ámbitos de la Iglesia encuentro demencial y maligno el uso que están haciendo los pocos obispos rebeldes -aunque ellos quieren vender que son bastantes más- de este asunto para, una vez más, atacar al papa Francisco.

 

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La falta de prudencia en los juicios en el tema del coronavirus es total. Desconozco si algunos de estos "negacionistas" lo hacen como una manera de distinción, de "salirse de la norma grupal", o si realmente creen en todas las conspiraciones que andan sueltas por ahí (lo que en el caso de clérigos puede dar pistas acerca de su pérdida de fe, una fe que ayudaría a relativizar todo lo demás). 

Y por supuesto, estos mismos creyentes (incluidos obispos y curas) deberían dejar de lado internet, las redes sociales y en general el ruido mediático y el día a día del Vaticano. No digo que todas estas cosas sean negativas, al contrario, pero pueden servir de estorbo a estas personas en su verdadera misión, que no consiste precisamente en despotricar libremente contra el papa. Un papa, por cierto, que hace una labor extraordinaria desenmascarándolos a todos ellos, labor similar a la ejercida por San Juan Pablo II y Benedicto XVI. Por razones que se podrían comentar, estos últimos sacaron la careta a los "izquierdistas" que utilizaban el cristianismo para justificarse a sí mismos, mientras que Francisco es más eficaz haciendo lo mismo con los "derechistas".

 

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hace 1 hora, LatinoHispano dijo:

La falta de prudencia en los juicios en el tema del coronavirus es total. Desconozco si algunos de estos "negacionistas" lo hacen como una manera de distinción, de "salirse de la norma grupal", o si realmente creen en todas las conspiraciones que andan sueltas por ahí (lo que en el caso de clérigos puede dar pistas acerca de su pérdida de fe, una fe que ayudaría a relativizar todo lo demás). 

Y por supuesto, estos mismos creyentes (incluidos obispos y curas) deberían dejar de lado internet, las redes sociales y en general el ruido mediático y el día a día del Vaticano. No digo que todas estas cosas sean negativas, al contrario, pero pueden servir de estorbo a estas personas en su verdadera misión, que no consiste precisamente en despotricar libremente contra el papa. Un papa, por cierto, que hace una labor extraordinaria desenmascarándolos a todos ellos, labor similar a la ejercida por San Juan Pablo II y Benedicto XVI. Por razones que se podrían comentar, estos últimos sacaron la careta a los "izquierdistas" que utilizaban el cristianismo para justificarse a sí mismos, mientras que Francisco es más eficaz haciendo lo mismo con los "derechistas".

 

Plenamente de acuerdo. Los ataques a Francisco vienen más bien del mundo derechoide, que tras el paso de JPII y Benedicto se creían que el papado estaba ahí, entre otras cosas, para apuntalar sus posiciones contra la izquierda. 

En fin, ya por último, el tema del hilo dará para más episodios o nuevo serial, cuando lleguen las vacunas de segunda generación que están desarrollando. 

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Esta noticia es de Italia, pero me consta que en España ya hay grupos que están abogando por la violencia:

Cita

Detenidos ocho antivacunas italianos que pretendían cometer atentados

Han sido arrestados en varias ciudades del norte del país - Querían modificar la política de vacunación del Gobierno realizando ataques en manifestaciones

EFE

Roma | 09·09·21 | 14:13 | Actualizado a las 14:14

Puesto de vacunación en la estación de Termini, en Roma.

Puesto de vacunación en la estación de Termini, en Roma. EFE

Los integrantes de los grupos antivacunas implicados en la operación policial llevada a cabo hoy en seis ciudades de Italia pretendían cometer "acciones violentas" para "modificar o condicionar la política gubernamental e institucional en materia de campaña de vacunación" y actuar contra "objetivos institucionales".

Los ocho sospechosos, miembros del grupo Telegram "Los Guerreros" e identificados por la Policía en Milán (norte), están acusados de instigación a delinquir por planear "delitos con connotaciones de violencia contra personas y cosas" como parte de iniciativas "para afirmar las creencias" de los antivacunas, según la investigación coordinada por la fiscalía antiterrorista milanesa.

Las fuerzas del orden lanzaron esta madrugada una operación en Roma (centro), Milán, Bérgamo, Reggio Emilia, Padua y Venecia (norte) para registrar los domicilios y los equipos informáticos de integrantes de grupos antivacunas que "han mostrado intenciones violentas que se llevarían a cabo con motivo de manifestaciones públicas" a través de Telegram, explicó la Policía.

Los antivacunas italianos han protagonizado en las últimas semanas una oleada de actos violentos, con agresiones y amenazas a periodistas, científicos y políticos, que han provocado una fuerte condena social.

En las viviendas de los sospechosos se encontraron dos pistolas, una katana, armas blancas y palos y el análisis del chat reveló que estaban organizando una reunión para elaborar un plan detallado de actuación para el próximo sábado en Roma, en una manifestación de antivacunas, conocidos en Italia como "No-Vax", según medios italianos.

Luigi Di Maio, uno de los políticos italianos amenazados por los antivacunas.

Luigi Di Maio, uno de los políticos italianos amenazados por los antivacunas. EFE

"Los Guerreros", cinco hombres y tres mujeres de entre 33 y 53 años sin antecedentes penales, también pretendían utilizar en esa protesta explosivos de fabricación casera.

 Los investigados incitaban supuestamente a los demás miembros del chat, unas 200 personas, a realizar acciones violentas en sus provincia contra "objetivos institucionales" o aprovechando la visita de miembros del Gobierno, como el ministro de Sanidad, Roberto Esperanza.

Los ocho miembros de "Los Guerreros" pretendían adquirir cuchillos y fabricar explosivos caseros que pensaban utilizar el próximo sábado en Roma, en una manifestación de antivacunas, conocidos en Italia como "No-Vax".

En las últimas semanas, los grupos de Telegram que estos grupos violentos usan para convocar protestas, se llenaron de amenazas que en algunos casos culminaron en agresiones, como la sufrida por el director del departamento de enfermedades infecciosas en el Hospital San Martino de Génova, Matteo Bassetti, o por varios periodistas.

Además, en un chat llamado "Basta dictadura", con el símbolo de una esvástica y con más de 40.000 integrantes, propusieron "asustar un poco al Gobierno". El ministro de Exteriores, Luigi di Maio, ha sido amenazado con frases intimidatorias ("Hace falta plomo", "Tienes que morir").

El pasado 1 de septiembre, el día en el que entró en vigor en Italia el certificado de vacunación para acceder a escuelas, trenes, aviones y barcos, amenazaron con bloquear más de 50 estaciones ferroviarias del país, pero una fuerte movilización policial y social los desanimó y las protestas quedaron finalmente en nada.

https://www.farodevigo.es/mundo/2021/09/09/detenidos-ocho-antivacunas-italianos-pretendian-57114898.html

Otras noticias relacionadas (ojo, la última se refiere a España):

Los 'antivax' amargan la fiesta en Italia: "Si te vacunas te echamos del partido"

Italian police arrest two anti-vaxxers for fire bombing of vaccination hub – POLITICO

Facebook identifica una campaña de desinformación contra las vacunas de la Covid-19 que reclutaba 'influencers'

Influencers franceses denuncian que una agencia de comunicación les pidió desacreditar la vacuna de Pfizer en sus redes a cambio de dinero

Un negacionista prende fuego a un centro de vacunación en Polonia

"Vendido, sinvergüenza, asesino...", así increpan a Amós García Rojas en la calle - El Día

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A mí ya me han llegado a llamar imbécil y criminal, por vacunarme yo y animar a los chavales a hacerlo. Esta va a ir cada vez a peor. Sobre todo si se tiene en cuenta que estamos ante un virus que probablemente acabe instalado definitivamente en nuestra vida, tal cual lo hace el de la gripe, y ante el cual, al igual que con la gripe, haga falta ir renovando periódicamente las vacunaciones.

Los que en el fondo se mueven impulsados por ese mismo espíritu insumiso de la revolución, liberal en ocasiones, social en otras, vuelven a tener la excusa perfecta para justificarse y no van a dudar en tratar de que así sea, pues en el fondo, todo esto va de eso una vez más, de la relación ancestral entre los espíritus rebeldes, la insumisión y las revoluciones, frente a los espíritus nobles, la fidelidad y el orden. Un campo de batalla en el que a menudo salimos todos perdiendo, aunque al final se imponga la sensatez a costa de sufrimiento.

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La marca de la bestia estará intrínsecamente ligada a la adoración del Anticristo, toda persona que la reciba lo hará sabiendo que es un acto de lealtad al amado líder mundial.

Dicho esto, sí veo algo de demoníaco en esto, empezando por los cierres de iglesias que hubo durante la pandemia, y pasando por la división de la sociedad entre vacunados y no vacunados que pretenden hacer, tratando a los segundos como apestados, la locura ha llegado al punto de que el arzobispo de Moncton, Canadá, le va a negar la Santa Misa a no vacunados.

http://www.diomoncton.ca/en/news-item/covid-19-green-phase-september-17th-2021-update

Aunque ya hay países como Dinamarca que han retirado todas las restricciones Covid, lo que demuestra que no hay un plan mundial, sino que cada país va a su bola y hace lo que quiere.

https://www.europapress.es/internacional/noticia-dinamarca-anuncia-final-restricciones-contra-coronavirus-epidemia-control-20210827125319.html

Todo esto bien podría ser un precursor de la misma, que esté poniendo en marcha la infraestructura y preparando mentalmente a la gente para aceptar la marca cuando venga el Anticristo. ¿Qué pensáis? Puedo estar equivocado, pero este tema y lo que estamos viviendo me preocupa mucho. 

Edited by Gmartos

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      Una vez más, por aprecio a estos amigos dejo solo el enlace para enviar las visitas a la fuente.

      Solo comento la foto que ponen de un congreso internacional identitari que hubo un México. Ahí se plasma el cáncer que han supuesto y parece que aún sigue suponiendo aquella enfermedad llamada CEDADE. En dicha foto veo al ex-cabecilla de CEDADE, Pedro Varela -uno de esos nazis que se dicen católicos- junto a Salvador Borrego -que si bien no era nazi, de hecho es un mestizo que además se declara hispanista y favorable a la mezcla racial propiciada por la Monarquía Católica,  sí que simpatizó con ellos por una cuestión que quizá un día podamos comentar- uno de los "revisionistas" más importante en lengua española, así como el también mexicano Alberto Villasana, un escritor, analista, publicista, "vaticanista" con gran predicamento entre los católicos mexicanos, abonado totalmente a la errática acusación contra el papa Francisco... posando junto a tipos como David Duke, ex-dirigente del Ku Kux Klan, algo que lo dice todo.

      Si mis rudimentarias habilidades en fisonomía no me fallan, en el grupo hay otro español, supongo que también procedente del mundillo neonazi de CEDADE.

      Imaginemos la corrupción de la idea de Hispanidad que supone semejante injerto, semejante híbrido contra natura.

      Nuestra querido México tiene la más potente dosis de veneno contra la hispanidad, inyectado en sus venas precisamente por ser un país clave en ella. Es el que otrora fuera más próspero,  el más poblado, también fue y en buena parte sigue siendo muy católico, esta en la línea de choque con el mundo anglo y... los enemigos de nuestra Hispanidad no pueden permitir una reconciliación de ese país consigo mismo ni con la misma España, puente clave en la necesaria Reconquista o reconstrucción. Si por un lado está infectado por el identitarismo amerindio -el indigenismo- por el otro la reacción está siendo narcotizada por un identitarismo falsohispanista, falsotradicionalista o como queramos verlo, en el cual CEDADE juega, como vemos, un factor relevante.

      Sin más, dejo ahí otra vez más mi sincera felicitación al autor de ese escrito. Enhorabuena por su clarividencia y fineza, desde luego hace falta tener personalidad para ser capaz de sustraerse a esa falsa polarización con que se está tratando de aniquilar el hispanismo.

       





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    • La libertad sexual conduce al colapso de la cultura en tres generaciones (J. D. Unwin)
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    • Traigo de la hemeroteca un curioso artículo de José Fraga Iribarne publicado en la revista Alférez el 30 de abril de 1947. Temas que aborda: la desastrosa natalidad en Francia; la ya muy tocada natalidad española, especialmente en Cataluña y País Vasco; las causas espirituales de este problema, etc.

      Si rebuscáis en las hemerotecas, hay muchos artículos de parecido tenor, incluso mucho más explícitos y en fechas muy anteriores (finales del s. XIX - principios del s. XX). He traído este porque es breve y no hay que hacer el trabajo de escanear y reconocer los caracteres, que siempre da errores y resulta bastante trabajoso, pues ese trabajo ya lo ha hecho la Fundación Gustavo Bueno.

      Señalo algunos hechos que llaman la atención:

      1) En 1947 la natalidad de Francia ya estaba por los suelos. Ni Plan Kalergi, ni Mayo del 68, ni conspiraciones varias.

      2) Pero España, en 1947 y en pleno auge del catolicismo de posguerra, tampoco estaba muy bien. En particular, estaban francamente mal regiones ricas como el País Vasco y Cataluña. ¿Será casualidad que estas regiones sean hoy en día las que más inmigración reciben?

      3) El autor denuncia que ya en aquel entonces los españoles estaban entregados a una visión hedonística de la existencia, que habían perdido la vocación de servicio y que se habían olvidado de los fines trascendentes. No es, por tanto, una cosa que venga del Régimen del 78 o de la llegada al poder de Zapatero. Las raíces son mucho más profundas.

      4) Señala que el origen de este problema es ético y religioso: se ha perdido la idea de que el matrimonio tiene por fin criar hijos para el Cielo. Pero también se ha perdido la idea del límite: las personas cada vez tienen más necesidades y, a pesar de que las van cubriendo, nunca están satisfechas con su nivel de vida.

      Este artículo antiguo ilumina muchas cuestiones del presente. Y nos ayuda a encontrarle solución a estos problemas que hoy nos golpean todavía con mayor fuerza. Creo que puede ser de gran provecho rescatar estos artículos.
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    • En torno a la posibilidad de que se estén usando las redes sociales artificialmente para encrespar los ánimos, recojo algunas informaciones que no sé sin son importantes o son pequeñas trastadas.

      Recientemente en Madrid se convocó una contramanifestación que acabó con todos los asistentes filiados por la policía. Militantes o simpatizantes de ADÑ denuncian que la convocó inicialmente una asociación fantasma que no había pedido permiso y cuyo fin último podría ser provocar:

      Cabe preguntarles por qué acudieron a una convocatoria fantasma que no tenía permiso. ¿Os dais cuenta de lo fácil que es crear incidentes con un par de mensajes en las redes sociales?

      Un periodista denuncia que se ha puesto en marcha una campaña titulada "Tsunami Español" que pretende implicar a militares españoles y que tiene toda la pinta de ser un bulo de los separatistas o de alguna entidad interesada en fomentar la discordia:

      El militar rojo que tiene columna en RT es uno de los que difunde la intoxicación:

      Si pincháis en el trending topic veréis que mucha gente de derechas ha caído en el engaño.

      Como decía, desconozco la importancia que puedan tener estas intoxicaciones. Pero sí me parece claro que con las redes sociales sale muy barato intoxicar y hasta promover enfrentamientos físicos con unos cuantos mensajes bien dirigidos. En EEUU ya se puso en práctica lo de citar a dos grupos contrarios en el mismo punto para que se produjesen enfrentamientos, que finalmente ocurrieron.
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    • Una teoría sobre las conspiraciones
      ¿A qué se debe el pensamiento conspiracionista que tiene últimamente tanto auge en internet? Este artículo baraja dos causas: la necesidad de tener el control y el afán de distinguirse de la masa.
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