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Iglesias vacías y la excusa de la secularización

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Traslado al foro un artículo escrito en L'Osservatore Romano por Massimo Borghesi, un filósofo italiano católico. El artículo coicinde en algunos puntos con el juicio que hacía Tomás Salvador de la crisis de la Iglesia. No estoy de acuerdo con algunos aspectos de este artículo de Massimo Borghoesi, por ejemplo, en la valoración positiva que hace de los "nuevos movimientos eclesiales". Pero creo que acierta al explicar la causa de secularización, que no es culpa del Concilio y que no se presta a las típicas explicaciones simplonas que ofrecen el ala derecha y el ala izquierda, y al señalar que la Iglesia preconciliar que algunos idealizan tanto también estaba en crisis. Considero de gran interés lo que cuenta sobre la americanización de los costumbres y el papel que juega en esta secularización. Destaco en negrita algunos pasajes.

Cita

Iglesias vacías y la excusa de la secularización

Massimo Borghesi
25 de mayo de 2021

Allí donde el pastor es un hombre de Dios que se entrega totalmente, las iglesias vuelven milagrosamente a llenarse. El hombre de hoy, el joven de hoy, no ha perdido el sentido del amor divino. 

El debate suscitado por Giorgio Gawrosnski en L’Osservatore Romano, con un artículo publicado el pasado 22 de febrero bajo el título “Las iglesias vacías y el humanismo integral”, constituye una de las pocas discusiones interesantes que agitan actualmente al pensamiento católico.

Varios medios italianos lo han citado, evocando el problema que plantea ya en el título: ¿por qué las iglesias están vacías y tienden a vaciarse cada vez más? “En Italia –escribe Gawronski– los practicantes han descendido en diez años del 33% al 27%; entre los jóvenes (18-29 anni) solo el 14% se considera practicante, un porcentaje que sigue cayendo casi un 3% al año”. ¿A qué se debe esta desafección que sufre Europa y el mundo económicamente desarrollado, y mucho menos África, América Latina o Filipinas?

Los motivos habituales ya los conocemos: secularización, consumismo, relativismo ético, etcétera. A todo ello, los tradicionalistas y los sectores conservadores de la Iglesia añaden las críticas al Concilio Vaticano II y a su representante actual, el papa Francisco, cuyo pecado residiría en haber alejado la doctrina de la recta tradición. En el lado opuesto, los progresistas atribuyen el alejamiento de los fieles a una Iglesia “inmóvil”, firme en el celibato de los sacerdotes, en una moral sexual cerrada y en la masculinidad eclesiástica. Se trata de argumentos, a derecha e izquierda, que no convencen. Más justificaciones que explicaciones. Como dice Gawronski, “estadísticamente no obtienen resultados satisfactorios ni las iglesias más modernas ni las más conservadoras”. Lo que significa que la crisis actual de la fe en Occidente no se puede imputar al concilio, ni se puede pensar que su resolución pase por un Vaticano III. Como dice Lucio Brunelli, “la crisis de las iglesias vacías viene de lejos, empezó cuando las iglesias estaban llenas… La de los años 50 era una iglesia militante, de doctrina dura, influyente en la vida política. Pero, salvo un respeto exterior a las formas y convenciones sociales, ya no conquistaba los corazones ni las mentes de gran parte de las generaciones jóvenes. La práctica religiosa aún se mantenía, pero de manera parecida a un andamio sin anclajes sólidos sobre el terreno. Basta una sacudida para que se venga abajo. El viento del 68 arrancó de golpe a la Iglesia una generación de hijos inquietos. La llegada de un nuevo poder consumista “que se ríe del Evangelio”, como profetizaba Pasolini en los años 70, pareció disolver como nieve al sol, en poco más de una década, todo un tejido popular cristiano ligado a la Italia rural que costó siglos formar”. Matzuzzi recordaba en este sentido las palabras del cardenal Wimeijk, arzobispo de Utrecht: «Teníamos sobreabundancia de sacerdotes, órdenes religiosas, congregaciones. Muchos misioneros del mundo procedían de la pequeña Holanda. Pero enseguida se vio que los fundamentos de aquella orgullosa columna católica eran mucho menos sólidos de lo que parecía”.

Eso significa que el cristianismo “tradicional” de los años 50 presentaba graves carencias. No se explica de otro modo la velocidad de su liquidación ante el desafío de la modernización que se da en Europa sobre todo a partir de los años 60. Ese cristianismo se apoyaba en dos pilares: la aceptación pasiva del dogma y una doctrina moral limitada, como mucho, a la cuestión sexual. Cuando irrumpió el estilo de vida americano, con su visión liberal de la vida, el mundo católico no estaba preparado. Acostumbrado, desde la Contrarreforma, a concebirse en una posición defensiva, ampliamente incapaz de desarrollar una confrontación crítica con lo moderno, se vio desplazado por el modernismo americano, frente al cual la Iglesia católica parecía de pronto anticuada, como un residuo de tiempos pasados.

La dolce vita de Fellini es de 1960 y muestra muy bien ese momento de tránsito, esa distancia generacional entre dos Italias, la del pasado y la del futuro. ¿Cuál era el límite de la Iglesia y del cristianismo de entonces? Ante todo el de su cultura, la neoescolástica dominante en los seminarios y facultades pontificias, un pensamiento marcado por una actitud radicalmente antimoderna, hostil al marco de libertades, acompañado por una teología dogmática carente de una antropología teológica. Eran los tiempos en que la teología miraba con sospecha las categorías de “experiencia” y de “sentido religioso”.

Llevadas por la polémica antimodernista, a causa de una formulación inadecuada, dejaban un vacío, el de una visión del hombre abierta a lo sobrenatural. La neoescolástica, el neotomismo del siglo XX, concebía lo humano, al igual que la Ilustración, como un bloque autónomo, cerrado, al que la gracia se añadía como si fuera un meteorito. La consecuencia era el miedo ante un mundo secularizado, percibido como antropológicamente extraño y enemigo. El puente del dogma al humanismo “ateo” parecía imposible. El resultado era que la psicología “cristiana” se mantenía mientras las puertas de la iglesia seguían cerradas. Cada salida se pagaba con crisis internas, cesiones, fugas. La gran crisis que siguió a los años del post-concilio no depende de derrumbes inesperados sino de los límites de la cultura católica. El progresismo post-conciliar es justo lo contrario al tradicionalismo precedente, su cara opuesta, y solo puede explicarse a partir de los límites de la cultura neoescolástica.

Frente al éxodo de cientos de miles de cristianos, que encontraron en el marxismo su punto de apoyo, la respuesta más significativa por parte de la Iglesia no llegó desde sectores tradicionalistas, de los opositores al concilio, sino de los nuevos movimientos eclesiales, que demostraron entonces, en un clima fuertemente hostil, que no casaban con las reacciones conservadoras y que eran capaces de interceptar las esperanzas y expectativas de los jóvenes más alejados, que no procedían de familias católicas ni de parroquias. Un encuentro que hizo posible no solo la personalidad carismática de sus fundadores sino que la propuesta cristiana que ofrecían a los jóvenes recordaba, como afirma Gawronski en su artículo, la dinámica de la Iglesia de los primeros siglos: el testimonio personal y comunitario, la participación en la experiencia de una humanidad renovada, capaz de incidir en la realidad y en la historia. “Como pasaba en los primeros siglos”, escribe Brunelli.

De hecho, los movimientos eclesiales representaron, al menos hasta los años 90, una gran esperanza, un signo de vitalidad y juventud para un cristianismo a la deriva, rechazado por el mesianismo político y sectario del pensamiento del 68. Luego los vientos de la restauración, que siguieron a 1989 y a la caída del comunismo, reunió de nuevo la madeja. La Iglesia en su conjunto volvió a blindarse, atemorizada ante una secularización cada vez más arrogante, cerrando nuevamente sus puertas. Evangelización y promoción humana, los dos polos de la Evangelii nuntiandi de Pablo VI, se perdieron por el camino. En vez de evangelización encontramos “batallas” éticas centradas en la lucha contra el aborto, la eutanasia, el matrimonio gay, mientras que en lugar de promoción humana nos topamos con una aquiescencia total con el modelo capitalista y un profundo olvido de la doctrina social de la Iglesia. Conformismo y maniqueísmo, los dos polos del catolicismo actual. Frente a esta perspectiva, no sorprende el progresivo vacío de las iglesias y la distancia que aleja a los jóvenes de la fe. ¿Por qué a un joven de hoy le iba a atraer una postura que solo se define por un campo restringido de batallas ético-culturales? Un joven que, recordemos, está a años luz del militante comprometido de los años 70.

Lo que le falta al catolicismo actual, incluso y sobre todo al comprometido, es la categoría del “encuentro”. Una categoría que atraviesa y supera la distinción entre derecha e izquierda, y que permite ir directamente al corazón de lo humano. ¿Cómo puede llegar hoy la Iglesia a ese “corazón”? Esta es la pregunta que hay que plantearse ante el espectáculo de las iglesias pobladas solo de ancianos. Para responderla, el papa Francisco afirmaba el 13 de septiembre de 2018: “La teología, de hecho, no puede ser abstracta — si fuera abstracta sería ideología— porque surge de un conocimiento existencial, nacido del encuentro con el Verbo hecho carne. La teología está llamada, pues, a comunicar la concreción del Dios amor. Y la ternura es un buen ‘existencial concreto’, para traducir en nuestros tiempos el afecto que el Señor nutre por nosotros. Hoy, efectivamente, nos concentramos menos que en el pasado en el concepto o en la praxis y más en el ‘sentir’. Puede no gustar, pero es un hecho: se parte de lo que sentimos. La teología ciertamente no puede reducirse al sentimiento, pero tampoco puede ignorar que, en muchas partes del mundo, el enfoque de cuestiones vitales ya no parte de las últimas cuestiones o de las demandas sociales, sino de lo que la persona advierte emocionalmente”.

El Papa hace aquí una afirmación muy relevante: “el enfoque de cuestiones vitales ya no parte de las últimas cuestiones o de las demandas sociales, sino de lo que la persona advierte emocionalmente”. Es decir, que la línea de fondo que permite al cristianismo encontrarse con el mundo ya no es la filosófica de los años 50, marcados por el existencialismo y las preguntas sobre el sentido de la vida, ni la política de los años 70, marcados por el compromiso militante e ideológico del marxismo, sino que encuentra su posibilidad en una sensibilidad nueva que caracteriza el momento presente.

Este es un juicio histórico que motiva la insistencia con que Francisco habla de la ternura de Dios. El hombre actual, con su fragilidad, es especialmente receptivo a la dimensión afectiva. En un “mundo sin vínculos”, en una sociedad líquida, la cuestión del sentido de la vida no supone la conclusión de un razonamiento lógico sino el resultado del descubrimiento de sentirse amados, queridos. A esta responsabilidad “afectiva” están llamados hoy en primer lugar los presbíteros y religiosos, hombres y mujeres. Las iglesias se vacían cuando los pastores dejan de serlo y se convierten en burócratas, funcionarios, empleados. El problema de la Iglesia actual es que carece demasiadas veces de pastores, de personas que amen a Cristo y compartan la vida de aquellos que les son confiados. La secularización representa, desde este punto de vista, una excusa que esconde la falta de fe y de ternura, la distancia entre las palabras de las homilías, tantas veces altisonantes y melifluas, y una proximidad real, capaz de gestos y abrazo. Allí donde el pastor es un hombre de Dios que se entrega totalmente, las iglesias vuelven milagrosamente a llenarse. El hombre de hoy, el joven de hoy, no ha perdido el sentido del amor divino.

L’Osservatore Romano

Traducido al español por esta página: https://paginasdigital.es/iglesias-vacias-y-la-excusa-de-la-secularizacion/

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Yo creo que lleva razón, pero me faltan las culpas propias. Si los abuelos, los padres, y después nosotros como padres y abuelos no hemos dado ejemplo. Ósea no hemos dado frutos, no tenemos que buscar culpables fuera de nosotros. Los hay, pero formamos parte de la causa y el efecto. Somos nosotros los que hacemos mal las cosas, porque somos carne imperfecta, todos.

 La Fe Católica tiene que ser voluntaria. Y hacer cristus. Que si tuviesen que llegar días para defendernos, Dios obrará como ha hecho a lo largo de toda la historia. Aunque nuestra Fe se hizo con mártires, cuando la sangria se tornaba horrorosa, Dios actuaba infringiendo castigos grandes a aquellos verdugos, de rositas no se fueron. Y llegó una noche en que hizo su basta, y de golpe y porrazo se acabó el perseguirnos. Aquel Imperio resurgió ahora engalanado. 
 

 Es verdad que después todo se tornó en herejías, guerras.. Pero bueno, ya nos llegará la paz y el entendimiento.

 Yo tengo miedo como todos de todo lo que me rodea, de mi misma.. Pero sé que Dios actuará. Siempre, siempre lo ha hecho. 

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Pienso que todo suma al proceso de desafección que sienten las nuevas generaciones con respecto a la Iglesia. De hecho, la presencia misma de la Iglesia en los grandes acontecimientos bélicos y políticos del pasado siglo, de parte e inevitablemente por otro lado, supuso a mi humilde entender, la puntilla final que con el tiempo acabó justificando buena parte de ese vaciamiento, ya que ahora mismo se le hace imposible a muchos concebirla como un refugio y referente de superación, frente a los grandes conflictos ideológicos que gobiernan el mundo, si no como otra parte más implicada en los mismos.

Un ejemplo que quizás tenga mayor relevancia de lo que pensamos, teniendo en cuenta el papel que históricamente ha jugado España en la evangelización de Occidente y por tanto el factor nuclear que ha tenido en el cristianismo occidental, junto a Roma y Tierra Santa, es el del trinomio Iglesia Española, Guerra Civil y Franquismo. Inevitable fue, desde luego, que la Iglesia amparase o se situase del lado de los alzados, ya que desde la otra orilla se la estaba persiguiendo, y el alzamiento mismo se justificó en parte en ese hecho. Pero esto trajo consigo el hecho de que la Iglesia dejará de tener su propio estatus de autoridad teológica y moral en la conciencia nacional, para convertirse en simple autoridad política e ideológica de parte, y además se contaminase en buena medida de los vicios de ésta, a parte de los propios vicios que ya llevase. La Iglesia de Jesús, de algún modo se convirtió así en la de iglesia de Barrabás, o en su defecto en la de Caifás, y el cristianismo dejó de percibirse como un mensaje de esperanza y salvación, para advertirse como parte del discurso de la confrontación. Es decir, al caer en la tentación de confrontar al agresor, se hizo parte de la confrontación, por más que con el tiempo se haya querido elevar a los altares el ejemplo de tantos mártires que murieron perdonando a sus agresores. La consecuencia de esto es simple, quien busca huir o superar la confrontación, esto es, quién busca la "común-unión", huye de las partes en conflicto y así huye también de la Iglesia. Y lo que es peor, inadvertidamente, de la propia Comunión.

No quiere esto decir que no crea que el modelo de confrontación social imperante, liberalismo-socialismo, no haya jugado su papel en esa desafección, sino que ha sido capaz de engullir y hacer propio el mensaje de la Iglesia, hasta el punto de presentarla como parte del mismo.

Hoy se la percibe, a la Iglesia me refiero, como parte y no como todo. Parte de una revolución social para unos, o parte de la reacción frente a la revolución para otros. A lo sumo, como una parte desgajada de la sociedad, en gran medida infantil y meliflua, donde se intenta ofrecer una concepción trasnochada de la vida, que tiende a menudo a no corresponderse con la experiencia vital que exige la realidad diaria a cada persona. En definitiva, partes desgajadas de un todo, donde abundan las palabras, pero al mismo tiempo se hace difícil encontrar verdadera praxis cristiana y esperanza. Y no me refiero a la praxis de quien reza mucho, del que está en algún grupo parroquial o la de quién acude a misa a diario, que eso está bien para la fe personal de cada uno, sino a aquella otra praxis fundamental para la evangelización, que hace verdaderamente Iglesia y practica quien lleva a Cristo en su corazón y lo presenta a su prójimo en cada acto que realiza. La de aquel que se da por amor por completo, sea pastor o simple borreguillo, incluso a sus enemigos. Y de esto, como comentaba Berenguela, todos somos culpables un poco. Por cobardía, indiferencia, orgullo o lo que sea. Es de hecho quizás la única cosa que nos mantiene unidos: la culpa. De ahí la importancia de comenzar a abordar estos temas desde la caridad cristiana y lejos del señalamiento, pues si nosotros seguimos unidos en la culpa, es porque dicha unión, tarde o temprano puede hacerse esperanza y salvación en la misericordia.

 

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    • By Hispanorromano
      La hipocresía secular
      Lo paradójico de nuestra sociedad actual es que. siendo atea en principio, pretende exigir del hombre de hoy la práctica de las virtudes cristianas. Y esta hipocresía me repugna» (El crepúsculo de los viejos)
      Por Juan Jesús Priego Rivera

      Un día de 1931 un periodista de apellido Lefèvre preguntó al escritor francés Georges Bernanos (1888-1948): «¿Le parece justo, señor, que la Iglesia se entrometa en lo temporal? ¿No es esto un contrasentido, sobre todo cuando ella misma asegura que su reino no es de este mundo?». Sin dudar un instante, Bernanos le respondió así: «No escupo sobre la desdicha de nadie. Sólo quiero que se juegue limpio. Lo paradójico de nuestra sociedad actual es que, siendo atea en principio, pretende exigir del hombre de hoy la práctica de las virtudes cristianas. Y esta hipocresía me repugna» (El crepúsculo de los viejos).

      ¡Qué bien captó el novelista francés la contradicción esencial de nuestra época! Por un lado, se hace todo para que los hombres se olviden de Dios, pero por el otro se les pide que se comporten con la mansedumbre de un San Francisco de Asís; por un lado, se promueve la más abierta irreligión, y por el otro se pide a los ciudadanos que sean dulces, honrados, caritativos y generosos, que nos den de su tiempo, que nos sonrían al pasar y nos cuiden desinteresadamente cuando nos ponemos enfermos.

      ¿Cómo resolver semejante contradicción? Pues bien, es preciso decirlo: tal contradicción no puede resolverse, pues éstas que se piden al ciudadano son virtudes cristianas, y en un suelo abonado por el ateísmo tan bellas rosas sencillamente no pueden florecer. 

      Cristo lo dijo con claridad: «Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, como el sarmiento, se seca» (Juan 15, 5ss). Estas palabras del Señor valen también para las virtudes: si se las arranca de Cristo para luego secularizarlas —como se quiere hacer hoy, como de hecho se hace hoy—, ¿durante cuánto tiempo vivirán todavía? Su suerte, indudablemente, será la de las hojas que se han separado de la rama que los nutría. 

      En su libro Por un orden católico (1934), el filósofo francés Étienne Gilson (1884-1978) habló largamente sobre este asunto, y, entre otras cosas, dijo también esta verdad irrebatible: «Es absurdo querer descristianizar un país sin desmoralizarlo… El error fatal del radicalismo francés (y también del mexicano, añado yo) consiste en haber querido conservar la moral cristiana, haber ensayado mantener una sociedad fundada sobre las virtudes cristianas sin conservar el Cristianismo, porque sólo él había introducido en el mundo esas virtudes y sólo él puede hacerlas vivir... Libertad, igualdad, fraternidad: éstas son tres virtudes cristianas y es en vano querer hacerlas vivir fuera de la única doctrina que posee el secreto de su aparición». 

      Sin embargo, no nos limitemos sólo a las virtudes; tomemos también, por ejemplo, los llamados derechos humanos, de los que hoy se habla hasta el cansancio. Bien, ¿dónde está escrito que haya que respetar al hombre, dónde que haya que casi venerarlo? No nos engañemos: en la Biblia, ese libro del que ha abjurado la Modernidad. Dios es el garante de la dignidad del hombre, es Él quien ha dicho: «No matarás» (Éxodo 20, 13), pues la vida es sagrada; pero si no hay Dios, ¿quién lo defenderá de los que quieren acabar con él? «El que mate a Caín, lo pagará siete veces» (Génesis 4, 15). En un mundo gobernado por Dios, hasta Caín tiene derecho a vivir; pero si no hay Dios, ¿quién protegerá a Caín de los asesinos? ¿Y quién, sobre todo, a Abel? 

      Y, por lo demás, ¡cómo causan risa esas campañas que de cuando en cuando suele emprender el Estado mexicano para animar a los ciudadanos a practicar la honestidad! Hace unos años llenó las calles de cartelones con fotos de hombres y mujeres cuyos nombres eran, verbigracia, Justo Pérez, Honesto Mendoza, Laboriosa Ortiz. Y uno, al verlos, se preguntaba: «¿Creen de veras los autores de este despliegue publicitario que con cosas como éstas van a hacer de nosotros gente más justa, honesta y laboriosa? ¡Qué ilusos son y qué mal conocen el corazón humano! ¡Para ser justo, honesto y laborioso se necesita algo más que unas pancartas! Se necesita un Dios que premie las buenas acciones y castigue las malas.

      Ya es hora de decirlo: sin una base teológica se hace muy difícil, si no imposible, defender ciertos valores. ¿Cuáles? Precisamente esos que nuestros Estados ateos quieren que pongamos en práctica para que pueda al menos sobrevivir la especie humana en esta vasta jungla en la que se ha convertido el universo. Dijo una vez Max Horkheimer (1895-1973), el famoso —y ateo— pensador alemán: «Sin una base teológica, la afirmación de que el amor es mejor que el odio resulta absolutamente inmotivada y carente de todo sentido». Y añadió: «¿Por qué tendría que ser el amor mejor que el odio? Después de todo, aplacar el propio odio causa a menudo más satisfacción que aplacar el propio amor». Claro, claro, así es. Si Dios no existe —como muy bien afirmó Dostoievski—, todo está permitido. Y si todo está permitido, hay más de tres razones para echarse a temblar. 

      En un ensayo de 1929, Gilbert K. Chesterton hizo la siguiente advertencia: «El hecho es éste: que todo el mundo moderno, con sus modernas agitaciones, está viviendo de su capital, que es católico. Está usando y malgastando las verdades que le quedan del viejo tesoro de la Cristiandad… No está produciendo cosas nuevas que pueda llevar lejos en lo futuro. Por el contrario, está recogiendo cosas viejas que no puede llevar a ninguna parte. Porque éstos son los dos signos de los modernos ideales morales: primero, que han sido encontrados y arrancados de manos antiguas o medievales; y segunda, que se marchitarán pronto en manos modernas… (La modernidad) sacó leños encendidos la hoguera inmortal; pero la verdad es que aunque sus herejes blandieron las antorchas furiosamente, como si quisieran quemar con ellas el mundo entero, la verdad es que se les apagaron muy pronto entre las manos». ¡No nos engañemos! Sin el cristianismo, el mundo se convertirá pronto en una selva. Por lo cual es preciso decir lo siguiente, aunque parezca pedante: el mundo del futuro será cristiano o simplemente no será (porque ya no existirá).

      La hipocresía secular  
    • By Hispanorromano
      La Comunión Tradicionalista inauguró recientemente la publicación digital LA ESPERANZA, subtitulada Periódico católico-monárquico. Aunque lleva poco tiempo en línea, el pasado 6 de noviembre publicó un lúcido y valiente artículo sobre el papel viene desempeñando la derecha española en la yanquización de España, en su sometimiento y desolación. El artículo parte del hecho observado en días pasados de que una parte de nuestros compatriotas estaba en un sinvivir por la suerte de Trump a miles de kilométros. Se atreve a cuestionar el mito de Trump dentro de la derecha y esboza una crítica integral de esta dependencia de Estados Unidos, en una línea que estimo parecida a la de Francisco Rubio en su artículo Trump y la orfandad de la derecha. Aquí va  el artículo de Roberto Moreno, que espero que me perdone el que haya destacado en negrita algunos pasajes:
      A decir verdad, un número no desdeñable de carlistas (o sedicentes carlistas) están perfectamente inmersos en la realidad que describe el artículo. También falangistas, conservadores y otras familias políticas. Nadie esta libre de ese pecado. Precisamente por eso tiene gran mérito el artículo: es el primero en muchos años que, desde una organización política, se atreve a denunciar esta triste realidad. Y es un artículo sincero, que parte de la entraña española y católica, no una simple repetición de formulismos copiados de la izquierda. Desde aquí mi aplauso a este grito patriótico y contrarrevolucionario que muchos estábamos esperando.
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    Spanish Heart

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    • https://www.mundorepubliqueto.com/2020/05/01/no-todo-lo-que-brilla-es-oro/

      Una vez más, por aprecio a estos amigos dejo solo el enlace para enviar las visitas a la fuente.

      Solo comento la foto que ponen de un congreso internacional identitari que hubo un México. Ahí se plasma el cáncer que han supuesto y parece que aún sigue suponiendo aquella enfermedad llamada CEDADE. En dicha foto veo al ex-cabecilla de CEDADE, Pedro Varela -uno de esos nazis que se dicen católicos- junto a Salvador Borrego -que si bien no era nazi, de hecho es un mestizo que además se declara hispanista y favorable a la mezcla racial propiciada por la Monarquía Católica,  sí que simpatizó con ellos por una cuestión que quizá un día podamos comentar- uno de los "revisionistas" más importante en lengua española, así como el también mexicano Alberto Villasana, un escritor, analista, publicista, "vaticanista" con gran predicamento entre los católicos mexicanos, abonado totalmente a la errática acusación contra el papa Francisco... posando junto a tipos como David Duke, ex-dirigente del Ku Kux Klan, algo que lo dice todo.

      Si mis rudimentarias habilidades en fisonomía no me fallan, en el grupo hay otro español, supongo que también procedente del mundillo neonazi de CEDADE.

      Imaginemos la corrupción de la idea de Hispanidad que supone semejante injerto, semejante híbrido contra natura.

      Nuestra querido México tiene la más potente dosis de veneno contra la hispanidad, inyectado en sus venas precisamente por ser un país clave en ella. Es el que otrora fuera más próspero,  el más poblado, también fue y en buena parte sigue siendo muy católico, esta en la línea de choque con el mundo anglo y... los enemigos de nuestra Hispanidad no pueden permitir una reconciliación de ese país consigo mismo ni con la misma España, puente clave en la necesaria Reconquista o reconstrucción. Si por un lado está infectado por el identitarismo amerindio -el indigenismo- por el otro la reacción está siendo narcotizada por un identitarismo falsohispanista, falsotradicionalista o como queramos verlo, en el cual CEDADE juega, como vemos, un factor relevante.

      Sin más, dejo ahí otra vez más mi sincera felicitación al autor de ese escrito. Enhorabuena por su clarividencia y fineza, desde luego hace falta tener personalidad para ser capaz de sustraerse a esa falsa polarización con que se está tratando de aniquilar el hispanismo.

       





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    • La libertad sexual conduce al colapso de la cultura en tres generaciones (J. D. Unwin)
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    • Traigo de la hemeroteca un curioso artículo de José Fraga Iribarne publicado en la revista Alférez el 30 de abril de 1947. Temas que aborda: la desastrosa natalidad en Francia; la ya muy tocada natalidad española, especialmente en Cataluña y País Vasco; las causas espirituales de este problema, etc.

      Si rebuscáis en las hemerotecas, hay muchos artículos de parecido tenor, incluso mucho más explícitos y en fechas muy anteriores (finales del s. XIX - principios del s. XX). He traído este porque es breve y no hay que hacer el trabajo de escanear y reconocer los caracteres, que siempre da errores y resulta bastante trabajoso, pues ese trabajo ya lo ha hecho la Fundación Gustavo Bueno.

      Señalo algunos hechos que llaman la atención:

      1) En 1947 la natalidad de Francia ya estaba por los suelos. Ni Plan Kalergi, ni Mayo del 68, ni conspiraciones varias.

      2) Pero España, en 1947 y en pleno auge del catolicismo de posguerra, tampoco estaba muy bien. En particular, estaban francamente mal regiones ricas como el País Vasco y Cataluña. ¿Será casualidad que estas regiones sean hoy en día las que más inmigración reciben?

      3) El autor denuncia que ya en aquel entonces los españoles estaban entregados a una visión hedonística de la existencia, que habían perdido la vocación de servicio y que se habían olvidado de los fines trascendentes. No es, por tanto, una cosa que venga del Régimen del 78 o de la llegada al poder de Zapatero. Las raíces son mucho más profundas.

      4) Señala que el origen de este problema es ético y religioso: se ha perdido la idea de que el matrimonio tiene por fin criar hijos para el Cielo. Pero también se ha perdido la idea del límite: las personas cada vez tienen más necesidades y, a pesar de que las van cubriendo, nunca están satisfechas con su nivel de vida.

      Este artículo antiguo ilumina muchas cuestiones del presente. Y nos ayuda a encontrarle solución a estos problemas que hoy nos golpean todavía con mayor fuerza. Creo que puede ser de gran provecho rescatar estos artículos.
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    • En torno a la posibilidad de que se estén usando las redes sociales artificialmente para encrespar los ánimos, recojo algunas informaciones que no sé sin son importantes o son pequeñas trastadas.

      Recientemente en Madrid se convocó una contramanifestación que acabó con todos los asistentes filiados por la policía. Militantes o simpatizantes de ADÑ denuncian que la convocó inicialmente una asociación fantasma que no había pedido permiso y cuyo fin último podría ser provocar:

      Cabe preguntarles por qué acudieron a una convocatoria fantasma que no tenía permiso. ¿Os dais cuenta de lo fácil que es crear incidentes con un par de mensajes en las redes sociales?

      Un periodista denuncia que se ha puesto en marcha una campaña titulada "Tsunami Español" que pretende implicar a militares españoles y que tiene toda la pinta de ser un bulo de los separatistas o de alguna entidad interesada en fomentar la discordia:

      El militar rojo que tiene columna en RT es uno de los que difunde la intoxicación:

      Si pincháis en el trending topic veréis que mucha gente de derechas ha caído en el engaño.

      Como decía, desconozco la importancia que puedan tener estas intoxicaciones. Pero sí me parece claro que con las redes sociales sale muy barato intoxicar y hasta promover enfrentamientos físicos con unos cuantos mensajes bien dirigidos. En EEUU ya se puso en práctica lo de citar a dos grupos contrarios en el mismo punto para que se produjesen enfrentamientos, que finalmente ocurrieron.
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    • Una teoría sobre las conspiraciones
      ¿A qué se debe el pensamiento conspiracionista que tiene últimamente tanto auge en internet? Este artículo baraja dos causas: la necesidad de tener el control y el afán de distinguirse de la masa.
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