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Desinformación en Internet: la tomenta perfecta

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Comparto con vosotros un fragmento de un libro que me ha parecido interesante. Trata de la desinformación y de las enormes posibilidades que ofrece internet a la hora de desinformar y manipular. El texto es un poquillo largo para lo que se estila en internet, pero se lee con relativa rapidez y de todas formas he señalado en negrita las ideas que encuentro más significativas.

Cita

La tormenta perfecta

Manuel R. Torres Soriano

———————————————

Nadie pone en duda de que a lo largo de la Historia la mentira y la manipulación de la información han formado parte de las relaciones de poder y la pugna entre Estados. La sociedad ha asumido con relativa normalidad que los actores políticos tienen una complicada relación con la verdad, y que, por tanto, la única manera de permanecer inmunes a sus efectos es adoptar una postura de profundo escepticismo. Si no hay nada nuevo bajo el sol, ¿por qué preocupa tanto la desinformación? La respuesta simple sería: internet. En la opinión pública se ha asentado la percepción de que las nuevas tecnologías de la información nos han hecho más vulnerables frente a la mentira. Lo cierto es que se trata de un debate abierto donde las valoraciones oscilan entre los que consideran que nos encontramos ante un nuevo hype pasajero y los que apuntan hacia un cambio de paradigma que afecta incluso a la viabilidad de los propios sistemas democráticos. La falta de consenso sobre cómo interactúan las nuevas herramientas de la información y las campañas de desinformación no ha impedido que la preocupación trascienda al ámbito del debate académico y se traduzca en medidas políticas. En los últimos años han proliferado toda una serie de iniciativas que pretender aumentar la resiliencia de su población frente a las injerencias políticas protagonizadas por actores externos. La hipótesis de que la elección del presidente del país más poderoso del planeta hubiese podido haber sido determinada por la acción encubierta de un actor hostil ha sido un llamamiento a la acción difícil de ignorar.

Aunque pueda mantener diferentes posturas fundamentadas sobre la magnitud e intensidad del cambio que las nuevas tecnologías han aportado a estas acciones de manipulación, lo cierto es que la historia de la propaganda nunca ha sido una progresión lineal (Garth y O’Donnell 2006). En todos los casos, aquellos que han tratado de manejar o controlar a otros han hecho un amplio e inteligente uso de las formas de comunicación de las que disponían. El medio de distribución no solo ha sido una herramienta, sino un vector que transformaba el propio contenido del mensaje y sus objetivos. Se ha prestado mucha atención a la forma en la cual está construido el mensaje para tratar de explicar por qué unos manipuladores tienen éxito y otros no; sin embargo, se ha minusvalorado el hecho de que la gente construye diferentes significados acordes a su experiencia como lector, oyente, espectador o internauta.

En la era digital, cuando la gente publica, comenta, comparte y busca, está participando en el proceso de la información de una manera absolutamente inédita. Somos actores en nuestro propio consumo de información, y esto representa un cambio sutil, pero muy importante. La propaganda tradicional siempre se enfrentaba al obstáculo que representaba que los ciudadanos fuesen consumidores pasivos de la información que proporcionaban los medios de comunicación de masas. Con independencia de su habilidad persuasiva, el destinatario se encontraba distanciado de un mensaje que había sido elaborado y distribuido por otros. Esa separación hacía posible alimentar las dudas sobre la intencionalidad de aquellos que hacían llegar el contenido a un televisor, una radio o un periódico. De la misma manera que los estudiantes aprenden más eficazmente haciendo, es la parte de involucración que aportan los medios digitales lo que los hace distintos. La participación es un tipo de inversión cognitiva. Las personas se comprometen de manera diferente cuando son ellas mismas quienes participan en el relato, el cual termina siendo parte de su propia experiencia.

La investigación sobre las operaciones de influencia nos muestra que estas operaciones rara vez tratan de cambiar lo que la gente piensa. Se trata más bien de confirmar lo que la gente ya cree. Ahí reside el gran peligro de la desinformación: lejos de aportar datos que incomoden y hagan que el receptor tenga que asumir el esfuerzo de replantearse aquellas de sus opiniones que chocan con la realidad, la desinformación arroja a su consumidor a un confortable estado de confirmación de sus prejuicios. Este efecto es especialmente gratificante cuando la desinformación respalda posiciones que el individuo se muestra reticente a defender de manera abierta, porque considera que son impopulares y le pueden acarrear el reproche de los que le rodean. La difusión de sus contenidos supone una reivindicación pública de la supuesta inteligencia, sentido crítico e independencia de aquellos que se han visto obligados a mantener un perfil bajo forzados por la «dictadura de la corrección política». Esta pulsión narcisista les lleva a implicarse activamente en la difusión de estos contenidos. En palabras del líder soviético (y ex director del KGB) Yuri Andropov: «La desinformación es como la cocaína. Si la pruebas una o dos veces, puede que no te cambie la vida. Pero si la pruebas todos los días, te puede transformar en una persona diferente» (Lesaca 2017).

Este modelo de «propaganda participativa» (Rogers et al. 2019) implica inundar a las personas con sesgos de confirmación, y privarlas de oportunidades para cuestionar y dudar de otras visiones alternativas. La desinformación necesita alimentar la polarización en la sociedad, porque cuando se desprenden los matices de cualquier cuestión resulta inevitable que la gente deba posicionarse en términos binarios: a favor o en contra. La desinformación no tiene la capacidad para crear nuevas brechas dentro de la sociedad, pero sí para extender y radicalizar las ya existentes (Robinson et al. 2018).

Internet ha dado un nuevo impulso a las operaciones de desinformación debido a los siguientes factores:

—— 1. Ha disminuido radicalmente el coste en términos de tiempo, dinero y esfuerzo y con ello ha ampliado el número de actores que participan en el juego de la desinformación. La puesta en marcha de una campaña que alcance a millones de destinatarios ha dejado de ser una capacidad exclusiva de aquellos que controlan o tienen acceso al entramado de los grandes medios de comunicación. Las principales plataformas de internet ofrecen de manera gratuita las herramientas que hacen posible que cualquier individuo goce  potencialmente de la capacidad de influencia que en el pasado hubiese exigido contar con todo un servicio de inteligencia dedicado a la exigente tarea de estudiar el contexto a influenciar, elaborar unos impactos informativos convincentes y distribuirlos de manera eficaz. La disponibilidad de numerosas herramientas en línea, baratas y fáciles de usar, permite la creación rápida de miles de bots con los cuales proyectar una representación manipulada del respaldo de determinadas ideas. Las métricas infladas artificialmente por estas cuentas automatizadas trasladan a la sociedad la percepción de relevancia de determinados temas que, fuera del ámbito de las redes sociales, difícilmente habrían abandonado la marginalidad. El coste de empleo de estos recursos es tan reducido que sus impulsores, en ocasiones, ni siquiera pretenden convencer o persuadir, sino simplemente abrumar (Manjoo 2017). El mayor trofeo que se puede alcanzar en estas operaciones es convertir en tendencia (trending topic) un tema o personaje, lo que permite que la onda expansiva se proyecte dentro y fuera de internet. Esta relevancia fraudulenta se convierte a su vez en una realidad capaz de condicionar la agenda mediática y política. Las redes de bots pueden desempeñar el papel de mercenarios políticos, lanzando su apoyo de una causa a otra.

Durante la campaña electoral sobre el Brexit, muchas de las cuentas automáticas de Twitter que durante tiempo habían defendido la independencia palestina cambiaron abruptamente su atención hacia la política británica. En los días previos al referéndum, menos del 1% de los usuarios de Twitter representaron un tercio de toda la conversación sobre esta trascendental votación (Singer y Brooking 2018).

Producir y distribuir desinformación cada vez es más fácil, lo que explica el desinterés por las operaciones de extrema sofisticación, donde se individualiza el contenido y se actúa de manera prolongada sobre una misma audiencia. Por el contrario, ha predominado el enfoque del mínimo esfuerzo. Cuando se persiguen objetivos tan genéricos como agravar las fracturas sociales, provocar desconfianza o indignación, el error es fácilmente asumible, ya que este apenas genera un perjuicio para el instigador de estos mensajes. El ciberespacio ofrece un amplio margen para la acción encubierta y esto disminuye enormemente el riesgo reputacional para los manipuladores. Solo bajo la premisa de que con la desinformación hay poco que perder y mucho que ganar se entiende, por ejemplo, que la empresa que se dedicó a contaminar desde San Petersburgo la campaña presidencial estadounidense contratase a personal sin experiencia y que el único entrenamiento que recibiesen fuese el visionado de la serie House of Cards (Lister et al. 2017). La cual, según el cuestionable criterio de jefes de esta fábrica de fake news, era la mejor forma de entender la política e idiosincrasia del pueblo americano.

—— 2. Ha erosionado el papel de los medios de comunicación como mecanismos de autentificación. Con carácter previo a la aparición de internet, los medios tradicionales ejercían la labor de gate-keepers, sirviendo estos como mecanismo de filtrado de la autenticidad y relevancia de las informaciones que alcanzaban a la opinión pública. Los medios eran conscientes de la relación simbiótica que mantenían con los diferentes actores políticos: ellos eran una fuente principal de noticias, pero al mismo tiempo eran una parte interesada en instrumentalizarlos a su favor. El establecimiento de relaciones de confianza mutua era esencial en este pacto tácito entre los que informan y los que desean ser objeto de la noticia. La inclusión de desinformación en los medios de comunicación de masas no solo era compleja por el riesgo de que fuese detectada con carácter previo a su difusión, sino que, incluso en los casos donde resultaba exitosa, suponía una traición a esa relación y, por tanto, dañaba en el largo plazo el acceso de políticos y gobiernos al espacio mediático. La irrupción de internet no solo ha abierto una vía directa de comunicación de entre los que crean los mensajes y quienes los consumen, sino que ha forzado a los medios tradicionales a alimentarse directamente de este nuevo escenario. Las informaciones que circulan originalmente en internet tienen capacidad por sí mismas para convertirse en noticias de amplio alcance, sin que medien aquellos que poco tiempo atrás monopolizaban la decisión sobre qué noticia es digna de ser conocida por la opinión pública. Como si de una tormenta perfecta se tratara, internet no solo ha arrebatado la centralidad a los medios tradicionales, sino que ha añadido una crisis en el modelo de negocio de este sector, el cual no ha sido capaz de adaptarse con agilidad a la pérdida de ingresos publicitarios. Las empresas empezaron a descapitalizar sus plantillas y optar por nutrirse de informaciones cuya consecución no fuese especialmente onerosa. Los medios no solo perdieron su propia capacidad para detectar y neutralizar la desinformación que llegaba a sus redacciones, sino que se convirtieron en víctimas especialmente vulnerables de estas manipulaciones, porque la desinformación es gratuita y, además, genera audiencia.

Pero la desinformación no solo fluye al margen de los medios tradicionales, sino que su contenido también apunta contra ellos. En buena parte de estos contenidos subyace el meta-relato de que los medios tradicionales son una mera extensión del establishment político-económico (Badillo 2019), estas corporaciones no solo tendrían como principal misión construir una narrativa que beneficie los intereses de sus poderosos propietarios, sino también silenciar y desacreditar aquellas informaciones que cuestionan o contradice esta estructura de intereses. Que la información que circula en los medios alternativos de internet no encuentre eco en los medios de comunicación tradicionales es percibido como una prueba adicional de su verosimilitud por parte de una audiencia instalada en una visión conspirativa de la realidad. La desinformación vive en una especie de profecía autocumplida: cuanto más marginal es su difusión, más creíble resulta. Eso explica por qué las personas que asumen este tipo de bulos suelen permanecer inmunes ante los datos objetivos que los desmienten. Por un lado, existe una desconfianza de partida hacia la fuente que confronta estos contenidos, con lo cual, se rechaza como una burda manipulación cualquier información que provoque una disonancia. Incluso en los casos extremos en los que resulta imposible seguir defendiendo el carácter real de determinados datos se sigue apelando a la idea de que esas informaciones, aunque falsas en su concreción, encierran una verdad subyacente que puede percibirse en múltiples ejemplos que (esta vez) sí son reales. Esencialmente, la creencia en cualquier teoría de conspiración aumenta la susceptibilidad de alguien a creer en nuevas falsedades. La desinformación circula así como un virus que hace que sus víctimas sean más vulnerables a infecciones posteriores.

—— 3. Los intereses de las grandes redes sociales y los de los manipuladores se encuentran alineados. El modelo de negocio de algunas de estas empresas ha sido catalogado como economías de la atención (Wu 2016), donde el principal objetivo a perseguir es aumentar el nivel de implicación del usuario con estos servicios, para lo cual el diseño de estas plataformas incluye mecanismos de gamificación y captura de la atención que prolongan el tiempo que los usuarios dedican a consumir, producir e interactuar con la información que encuentran en sus páginas. Así, por ejemplo, los algoritmos detrás de la selección de historias en la página principal de Facebook han sido identificados (Bertolin et al. 2017) como un mecanismo que amplifica la llamada «cámara de eco». Se ofrece al usuario una información de naturaleza similar a la que él mismo produce, con lo cual no solo reafirma una y otra vez sus prejuicios, sino que también abre vías adicionales para que la desinformación se propague eficientemente entre las audiencias más receptivas. A pesar de que las grandes plataformas han incorporado en sus servicios mecanismos que tratan de contener la difusión de este tipo de contenidos ilegítimos, los resultados han sido muy modestos. El grueso de las campañas de desinformación están perfectamente incardinadas en la lógica de funcionamiento de estos servicios, lo que explica que se propaguen fuera del alcance y el conocimiento de los propios gestores. Las principales plataformas de internet están diseñadas para que la inserción de publicidad en ellas sea útil para los anunciantes. Estos tienen la capacidad de conocer cada vez en mayor detalle las preferencias y motivaciones de sus usuarios y orientar de manera personalizada los mensajes persuasivos (Torres 2018). Como consecuencia de la progresiva eficacia de las herramientas automatizadas de investigación del mercado, se ha producido una convergencia entre la tecnología publicitaria y la propaganda política, que se alimentan de las mismas técnicas de segmentación de la audiencia, micro-targeting y explotación de los prejuicios, miedos y aspiraciones del ciudadano/consumidor. Que la persuasión comercial y política se alimenten de los mismos recursos (Ghosh y Scott 2018) dará como resultado que incluso las campañas de injerencia política mal diseñadas sean capaces de obtener resultados al beneficiarse de la eficacia de los mejores algoritmos del momento. Hasta los actores más modestos podrán disfrutar a un bajo coste económico de la posibilidad de alcanzar a millones de objetivos adaptando de manera individualiza y precisa el mensaje.

—— 4. Internet es la base sobre la cual se están desplegando toda una serie de innovaciones en la propaganda asistida por ordenador. El uso incipiente de la inteligencia artificial para crear contenido y adaptarlo a los gustos y preferencias de sus receptores permite intuir un verdadero cambio disruptivo en la forma en la que se ejerce la persuasión política. Una de las aportaciones más perturbadoras es el desarrollo de herramientas automatizadas de edición de vídeo y audio que permiten la creación de expresiones faciales, sonidos y movimientos de labios realistas a partir de los rostros procedentes de vídeos preexistentes. Esto permite generar nuevos productos en los que se puede situar de manera impostada a personas hablando o actuando según el deseo del manipulador. El resultado obvio es que la mentira será cada vez más indistinguible de la propia realidad. Las imágenes de calidad generadas por ordenador dejarán de ser una tecnología cara, al alcance solamente de las grandes empresas del sector audiovisual (Allen 2018). En un futuro cercano será una posibilidad al alcance de cualquier ciudadano sin conocimientos especializados, lo que multiplicará el número de actores que harán uso de la falsificación de imágenes en diferentes órdenes de la vida, incluyendo el activismo político. Los medios de comunicación experimentarán la avalancha de contenido potencialmente escandaloso cuya autenticidad será a priori difícil de establecer. Resulta fácilmente imaginable el atractivo que tiene para la generación de falsos escándalos políticos el uso de los llamados deepfakes, término con el que se conoció a finales de 2017 la aparición en internet de una serie de vídeos pornográficos, generados a través de una sencilla aplicación informática que permitía sustituir el rostro de las protagonistas originales por el de algunas populares actrices estadounidenses. El resultado era tan perturbadoramente realista que, tras la repercusión inicial, las principales plataformas de internet (incluyendo los repositorios de vídeos pornográficos) se comprometieron a bloquear la aparición en sus servidores de este tipo de falsificaciones (Matsakis 2018). La pérdida de la fe en la percepción sensorial como criterio valido para discriminar la verdad de la mentira provocará lo que algunos autores han denominado un «colapso de la realidad» (Foer 2018). Ante la avalancha de imágenes falsas (pero visualmente convincentes) en las que se puede apreciar a políticos aceptando sobornos, soldados perpetrando crímenes de guerra y personalidades protagonizando actos sexuales aberrantes, el espectador dejará de confiar en lo que ven sus ojos, para apostar por otro tipo de criterios de carácter abstracto. La percepción de lo que es real y lo que no tendrá que ver más con una confianza incondicional en la fuente de distribución del contenido y no tanto con el juicio individual. No obstante, la transición entre ambos paradigmas no será rápida, ni estará exenta de resistencia por parte una ciudadanía acostumbrada a situar en la cima de la veracidad aquello que puede ver «con sus propios ojos». La desinformación seguirá rentabilizando esta resistencia a desconfiar de los sentidos y cosechará frutos entre una opinión pública que, a pesar de ser consciente del carácter ficticio de este tipo de productos, estará dispuesta a ser sugestionada por el poder de la imagen y la ilusión de que, tras una serie de imágenes, obviamente falsas, existe una «verdad subyacente».

Manuel R. Torres (coord.), #Desinformación. Poder y manipulación en la era digital, Editorial Comares, Granada, 2019.

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"Mandas a 4 fotógrafos y dos reporteros a Alepo para realizar un monográfico. Uno de los fotógrafos pierde la vida. Publicas el monográfico, la analizas y descubres que, pese a ser la noticia con más clicks del periódico en los últimos 3 años, solo un 4% de los usuarios ha permanecido en ella más de 4 minutos. O Lo que es lo mismo, solo un 4% se la ha leído. Pero centenares de miles la han compartido en Twitter y Facebook y el monográfico tiene más de 20000 comentarios. La inmensa mayor parte de esos lectores, por así llamarlos, sólo ha leído el titular y ha visto la foto.

Los hechos, el dilucidar la verdad, la investigación... todo eso ha dejado de importar al público, a la sociedad. Lo que importa ahora es poder opinar sobre esos hechos. Que sean ciertos o no, eso ya ha dejado de ser lo más relevante. A la gente ya no le interesan las noticias. Ellos quieren ser la noticia.

Esto no es solo la crisis del periodismo, amigo. La crisis del periodismo tan solo es una consecuencia de la peor crisis educativa, intelectual y moral que ha sufrido occidente desde los años 40. La barrera entre la realidad y la opinión se ha quebrado. La verdad y la mentira siguen existiendo, pero a nadie le importa ya distinguirlas. Nadie quiere ser honesto. Lo que se quiere, es tener la razón. Vivimos, precisamente, los años más irracionales de la historia de la modernidad".

Bob Woodward, en la presentación de Miedo. Trump en la Casa Blanca.

Bob Woodward: "Nadie quiere ser honesto, lo que se quiere es tener la razón"

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La desinformación y las noticias falsas no son fenómenos nuevos de internet. El contexto socioprofesional y tecnológico que permite la difusión masiva y rápida de contenidos falsos, sí es nuevo, pero el periodismo ha convivido desde sus inicios con la mentira interesada, la deformación o la manipulación de noticias. Un ejemplo histórico evidente, que cambió el rumbo de nuestra historia, fue la guerra contra los EE.UU. que ocasionó la pérdida de nuestras últimas colonias en América, y que no hubiera sido posible sin el concurso de la manipulación y desinformación periodística. Con el tiempo esa práctica habitual ha tenido como consecuencia una cierta pérdida de la credibilidad, que ahora puede antojarse novedosa. Sin embargo y en contra de lo que se tiende a pensar, el modelo de periodismo informativo y riguroso, es lo que supone la verdadera anomalía histórica, puesto que los intereses ideológicos y comerciales han tendido siempre a imponer sus criterios en las prácticas periodísticas imperantes.

Edited by DaniViana

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En 12/6/2021 a las 13:26, DaniViana dijo:

La desinformación y las noticias falsas no son fenómenos nuevos de internet. El contexto socioprofesional y tecnológico que permite la difusión masiva y rápida de contenidos falsos, sí es nuevo, pero el periodismo ha convivido desde sus inicios con la mentira interesada, la deformación o la manipulación de noticias. Un ejemplo histórico evidente, que cambió el rumbo de nuestra historia, fue la guerra contra los EE.UU. que ocasionó la pérdida de nuestras últimas colonias en América, y que no hubiera sido posible sin el concurso de la manipulación y desinformación periodística. Con el tiempo esa práctica habitual ha tenido como consecuencia una cierta pérdida de la credibilidad, que ahora puede antojarse novedosa. Sin embargo y en contra de lo que se tiende a pensar, el modelo de periodismo informativo y riguroso, es lo que supone la verdadera anomalía histórica, puesto que los intereses ideológicos y comerciales han tendido siempre a imponer sus criterios en las prácticas periodísticas imperantes.

@DaniViana, me alegro de que te animes a participar.

Tienes razón en que la desinformación y la mentira son tan antiguas como la humanidad. La prensa periódica siempre ha sido proclive al libelo y a la manipulación. Con todo, creo que se ha dado un enorme salto en esta carrera de manipulación gracias a internet.

Ahora la desinformación no sólo sale gratis sino que generalmente reporta pingües beneficios. Las grandes empresas de internet, como Google, Facebook y Twitter, ganan más dinero cuanto más tiempo pases en sus plataformas, cuanto más interactúes con otros internautas airados. Y ellos saben que las interacciones aumentan con contenidos polémicos y falsos, por lo que sus algoritmos premian esos contenidos, aunque de vez en cuando hagan el paripé de lo contrario de cara a la galería, porque tienen que mantener cierta imagen. De alguna forma, su modelo de negocio se basa en la desinformación y en la polarización. Esto me parece novedoso.

Grupos de presión y grandes potencias utilizan internet para extender la desinformación. Pones el ejemplo de la prensa yanqui que en 1898 atribuyó hundimiento del Maine a los españoles. Pero, dentro del maquiavelismo imperante en la modernidad, entra dentro de la normal que la prensa de un país mienta para defender los intereses de ese país. Ahora, gracias a internet, tendrías también a un buen número de medios españoles que te dirían igualmente que el hundimiento del Maine es culpa de España; tendrías a otros medios españoles que dirían que en realidad el Maine no existe y que no hay una guerra en Cuba y que todo es una mentira urdida por nuestros gobernantes para destruirnos; tendrías, finalmente, a un numeroso grupo de españoles dedicados en las redes sociales a convencernos de que Estados Unidos es nuestro amigo y de que todas nuestras vidas deberían girar en torno a la idea de "hacer grande a América otra vez" en vez de hacer lo propio con España. La diferencia me parece importante.

La gratuidad favorece la propaganda y la desinformación. Los antiguos medios mentían a veces para no perjudicar a algún anunciante, por presiones políticas o por convicción ideológica. Pero como esos medios eran de pago y detrás había profesionales cuyo sueldo dependía de esos pagos de los lectores, tampoco podían mentir a todas horas, porque entonces sus lectores dejarían de comprar el periódico y ellos se quedarían sin sueldos. Además, si mentían en temas graves, tenían que afrontar consecuencias penales. Ahora pocas veces hay consecuencias penales por los bulos en internet y, como todo es "gratis", lo raro sería que no fuese propaganda. Antes las publicaciones llevaban anuncios firmados por una casa comercial y claramente delimitados del resto del contenido. Ahora los anuncios son los propios artículos. Ciertamente ya se empezaron a ensayar estas fórmulas en la última etapa de los medios tradicionales, pero ahora estamos en la apoteosis.

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La gratuidad en internet no existe. El precio de los servicios gratis somos los usuarios. No hay nada gratis. Cualquier empresario que ofrezca un servicio tiene sus gastos y tiene que tener una via de ingresos si quiere mantener su oferta. Si se financia mediante subvenciones se debe a la autoridad política, si lo hace mediante publicidad, a los anunciantes, y si lo ofrece todo gratis entonces es porque está comerciando con los datos de los usuarios.

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En 5/7/2021 a las 16:33, DaniViana dijo:

La gratuidad en internet no existe. El precio de los servicios gratis somos los usuarios. No hay nada gratis. Cualquier empresario que ofrezca un servicio tiene sus gastos y tiene que tener una via de ingresos si quiere mantener su oferta. Si se financia mediante subvenciones se debe a la autoridad política, si lo hace mediante publicidad, a los anunciantes, y si lo ofrece todo gratis entonces es porque está comerciando con los datos de los usuarios.

Aunque entiendo lo que dice, permítame apuntar que dicha afirmación no siempre es del todo cierta, y le pongo como ejemplo este mismo foro donde Ud y yo confluimos. Hasta dónde conozco, se trata de un servicio gratuito que no obtiene ningún ingreso por su actividad. Como este, entiendo que debe haber muchos otros lugares y servicios en la red, que son financiados por sus propios autores, por el simple afán de servir al bien común, se haga con mejor o peor o fortuna.

Creo que no todo es objeto de mercado en esta vida ni está sujeto a sus leyes, por más que estas pesen en gran medida sobre la actividad de todos. Como católico pienso que la propia vida es un don gratuito y solo por ello, la gratuidad debiera ser la base sobre la que primasen nuestras acciones. "Dad gratis lo que gratis recibisteis".

Aún así, ya digo, entiendo su comentario y considero oportuno que se diga, pues no es poca la gente que se lanza "al consumo" de productos en internet, pensando que son regalos cuando en realidad pueden ser cadenas.

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Español, tu comentario es tan necesario como el beber en nuestra sociedad.

Los cristianos tenemos que meditar mucho el don de Dios sobre nosotros.  En la "economía de la salvación" es como un infinito + 1, donde Dios pone el infinito y nosotros la unidad. Pero Dios espera que nosotros pongamos la unidad. 

Que vivamos en una sociedad muy mercantilizada no quiere decir que el mercado sea omnipresente. De hecho, me atrevo a decir que las cosas realmente importantes, ni las vendemos ni las compramos. 

Y sobre todo, solo porque un 99% de las cosas ni se compran ni se venden si no que son gratuitas. Podemos ganarnos la vida comprando y vendiendo el 1% restante.

 

 

 

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Aplaudo tu comentario, Javier. El problema es que, en ese infinito más uno que empleas para ilustrar la economía de la salvación, lamentablemente cada día más, si lo piensas, el infinito lo vamos dejando aparte para centrarnos solo en comerciar con ese más uno restante. Es decir, por el afán de "ganarnos la vida" terrenal, que sin embargo es un don gratuito, hemos olvidado que deberíamos aspirar a la vida eterna, y así hemos convertido el templo, nosotros y nuestras vidas, en un mercado que nos impide acordarnos de la "gratia", la "gratitud" y la "gratuidad" de la vida, terrenal y celestial.

Y como sabemos el modo que tiene Dios de corregir esas desviaciones, no sé si sería bueno preguntarse, si no será que muchas de las cosas que nos pasan, y de las que presumiblemente están al pasar de seguir así el rumbo de las naciones, otrora cristianas, no serán otra cosa más que simples y puras calamidades.

No puede ser, en definitiva, que el afán por el poder y la riqueza llegue al extremo de acabar por completo con la gracia.

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Totalmente de acuerdo. Jesucristo lo dice claramente, no se puede servir a dos amos, a Dios y al dinero. 

Este es otro tópico típicamente de derecha pagana, que no ve incoherencia en el afán de lucro y la santidad. O que al modo luterano ve en la riqueza una señal de bendición.

Más aún en cuanto al tema de la meritocracia (muy usada en el ámbito educativo y laboral). Esta se opone a la primacía de la gracia, en cuanto contrapone el mérito al don. En esta manera de pensar, lo importante es "la igualdad de oportunidades" quedando justificada la riqueza o la pobreza y la promoción social en función del "mérito individual". Este pensamiento mágico por el cual se pueden ecualizar a las personas simplemente dandoles una enseñanza gratuita ignorando que solamente Dios puede dar a cada uno según quiere.

Esto produce un "estres de clase" al individuo que juzga su vida desde la perspectiva de su "ascenso social" y la ciega para las cosas del cielo, al contrario de lo que sucedía en el mediovevo, en una sociedad estamental de "bajo consumo", donde oración y trabajo se debían orientar a la virtud y no a la producción.

Va calando en esta mentalidad meritocrática el "diabolos" del utilitarismo y del quietismo a la manera budista. En la India, por ejemplo, se da esta dualidad de manera casi perfecta.

Los miembros de las castas superiores lo dejan todo para dedicarse al "yoga" es decir a la quietud absoluta. Mientras tanto los de las castas inferiores se ahogan en una laboriosidad penosa y sin límites cumpliendo resignados su función exclusivamente utilitaria. 

La nueva era, el mindfulnes, etc, van quedando como la religión egocentrica de la clase alta. La clase baja se ahoga quedando relegada a un mundo puramente material sin esperanza ni don. La sociedad mimetiza entonces el maniqueismo de la gnosis donde la materia se relega a los malditos, y los benditos son las almas ascendidas, los maestros espirituales (luciferinos).

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hace 9 horas, javier dijo:

Totalmente de acuerdo. Jesucristo lo dice claramente, no se puede servir a dos amos, a Dios y al dinero. 

Este es otro tópico típicamente de derecha pagana, que no ve incoherencia en el afán de lucro y la santidad. O que al modo luterano ve en la riqueza una señal de bendición.

Más aún en cuanto al tema de la meritocracia (muy usada en el ámbito educativo y laboral). Esta se opone a la primacía de la gracia, en cuanto contrapone el mérito al don. En esta manera de pensar, lo importante es "la igualdad de oportunidades" quedando justificada la riqueza o la pobreza y la promoción social en función del "mérito individual". Este pensamiento mágico por el cual se pueden ecualizar a las personas simplemente dandoles una enseñanza gratuita ignorando que solamente Dios puede dar a cada uno según quiere.

Esto produce un "estres de clase" al individuo que juzga su vida desde la perspectiva de su "ascenso social" y la ciega para las cosas del cielo, al contrario de lo que sucedía en el mediovevo, en una sociedad estamental de "bajo consumo", donde oración y trabajo se debían orientar a la virtud y no a la producción.

Va calando en esta mentalidad meritocrática el "diabolos" del utilitarismo y del quietismo a la manera budista. En la India, por ejemplo, se da esta dualidad de manera casi perfecta.

Los miembros de las castas superiores lo dejan todo para dedicarse al "yoga" es decir a la quietud absoluta. Mientras tanto los de las castas inferiores se ahogan en una laboriosidad penosa y sin límites cumpliendo resignados su función exclusivamente utilitaria. 

La nueva era, el mindfulnes, etc, van quedando como la religión egocentrica de la clase alta. La clase baja se ahoga quedando relegada a un mundo puramente material sin esperanza ni don. La sociedad mimetiza entonces el maniqueismo de la gnosis donde la materia se relega a los malditos, y los benditos son las almas ascendidas, los maestros espirituales (luciferinos).

madre, qué mensaje... se me ocurren pocos tan densos en certeza y resumidos como este.

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El voto de pobreza ya no es valorado siquiera. Hay si, millones de personas con muy buenas intenciones, que si desean acabar con la pobreza material que conlleva sufrimiento grave. Si acaso reconocen el estoicismo, pero el Católico, va casa vez más, alejándose del reconocimiento siquiera. 
 Y por otra parte, hay también dentro de la Iglesia, en lo clerical como en lo laico; un aprovechamiento para practicar la miseria, esto es: la usura. Porque bien que gratis no se va a trabajar y todo tiene sus costes. Pero es que las cosas del Señor hay que extenderlas con humildad, caridad. 

 

 

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El protestantismo ha asumido la idea de la bendición de la riqueza, y ha extendido dicha concepción en todo su ámbito de influencia, que por extensión hoy abarca al orbe entero. Pero eso no es del todo errado, si con ella el rico obra el bien de los demás. El problema no está en anhelar la riqueza, sino en poner en ella nuestra esperanza, en detrimento del amor hacia el prójimo y el bien común, al que a veces también se llega a través de la pobreza.

Se puede ser bueno, feliz y alegre, siendo rico o pobre. Lo que nos lleva hacia esa felicidad, que es sinónimo de santidad, no es la riqueza o la pobreza con la que Dios nos haya bendecido, pues también hay bendición en la pobreza, si no el uso que cada uno hagamos de los bienes y los dones con los que hayamos sido bendecidos. En eso se debe diferenciar un verdadero católico de aquel que no se afana realmente por el bien de su prójimo.

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 Muy bueno lo que habéis escrito, @Español y @javier.

Quisiera aclarar que cuando me refería a la gratuidad como uno de los rasgos que permiten sospechar del carácter propagandístico de un medio, me estaba refiriendo a los grandes medios, que tienen detrás una plantilla profesional que cobra sueldos o que gastan muchos miles de euros al mes en concepto de alojamiento y gestión. El caso más claro sería RT, que es propaganda del Gobierno ruso. O, a un nivel más modesto, La Gaceta de la Iberosfera, que hace propaganda de Vox, y Última Hora (no confundir con el diario mallorquín), que es propaganda de Podemos.

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      Cuando el adversario acierta, hay que reconocerlo. Ada Colau ha decidido dejar Twitter de forma indefinida. Aduce, entre otras razones, que Twitter fomenta el ruido y la confrontación. Y reconoce que ella misma se ha dejado llevar por ese espíritu de discordia y que cuando se ponía a tuitear se convertía en peor persona. Dejo un artículo que recoge y comenta el escrito de Colau y que al final da una lista de libros en los que se aborda esta problemática de las redes sociales. Señalo en amarillo los libros que he leído y que recomiendo vivamente.
       
    • By Hispanorromano
      Recojo una noticia que me ha parecido muy interesante. Ya hace tiempo que Google integra textos e imágenes que toma de otras webs (sin ninguna retribución a cambio) en su propia página de resultados, con el fin de que no salgas salgas de su buscador y no pinches en ningún enlace que te saque de ahí. Es la táctica de crear cotos cerrados, de fragmentar internet en aplicaciones privadas para que no te salgas del correspondiente redil, que tan buen resultado les ha dado a las redes sociales. En realidad es una «balcanización» de internet que ya lleva en marcha unas décadas, solo que es vez de por razones políticas se hace por intereses comerciales.
       
    • By Español
      Hay una dinámica en Twitch que convierte las emisiones de esa plataforma en algo sustancialmente adictivo, sobre todo entre los más jóvenes, y es lo que en la jerga de la plataforma llaman "raids", que es la forma en cómo se pasan los espectadores de un canal a otro.
      Cuando un streamer termina de emitir, por lo general no corta la emisión permitiendo que cada cual vuelva a sus cosas, sino que puede volcar a todos sus espectadores al canal de otra persona, haciendo de esta manera que la emisión sea continua durante las 24 horas del día.
      Teniendo en cuenta que la mayoría de canales de Twitch, se dedican a la emisión de partidas online de juegos digitales, por lo general frecuentados por gente bastante joven, y que la propia plataforma tiene además juegos interactivos en los que juegan los streamers con sus espectadores a través del chat, la dinámica de volcar espectadores de un canal a otro, puede ser determinante entre los más pequeños para acabar enganchados.
      No es como Youtube en la que un algoritmo decide qué videos se van a ir reproduciendo una vez acabado el que el espectador haya puesto primero. En este caso son los propios streamers quienes deciden qué van a ver a continuación sus espectadores, de ahí que, por la lógica afinidad de gustos que suele haber entre emisores y receptores, estos últimos se encuentren inmersos en un bucle constante de emisiones relacionadas con sus propios gustos. Por ejemplo, si un chaval se mete en un canal donde están emitiendo una partida de Fortnite, lo lógico es que cuando el emisor acabe de emitir, vuelque al espectador en otro canal donde estén emitiendo otras partidas del mismo juego o similares, y así sucesivamente, consiguiendo de esta forma que el espectador siga interesado y no se despegue de la pantalla. Una persona adulta y formada puede tener capacidad de decidir qué ver o cuándo parar, pero una cabecita joven y sin criterio, va dando tumbos de un lado a otro como un pececillo al que arrastra la corriente.
      Es algo semejante a como ocurre con los canales temáticos de tv para niños, donde están 24 horas programando dibujos animados o películas infantiles, y si un adulto no supervisa la actividad del niño, puede acabar enganchado a la tv. Aunque en este caso es peor porque detrás de los canales, no hay un equipo técnico supervisando, supuestamente, la calidad de los contenidos, sino que queda al albur de otros chavales jóvenes, por lo general tan inmaduros como sus espectadores. O aun peor, al albur de gente sin escrúpulos que buscan por lo general monetizar sus emisiones con las donaciones de sus oyentes.
      El otro día me pasaron un interesante meme que os comparto por su relación con este tema:

    • By Hispanorromano
      Tengo pendientes algunas aportaciones en el muy necesario hilo que abrió el Español sobre el Horror en Plataformas de juegos, Sexo, Menores y prostitución en Facebook Twitch y Youtube. Pero aquí quiero recoger la denuncia que hizo ayer una madre, al hilo de una entrevista de Jordi Evole al youtuber Ibai Llanos, sobre los perjuicios que le están causando a su hijo y a su familia estas plataformas; ya no en el aspecto de corrupción sexual que abordábamos en aquel hilo, sino en términos de una ADICCIÓN que daña psicológica, social y económicamente a los niños y que está destruyendo muchas familias españolas. Creo que es necesario recoger ese testimonio y esa denuncia para que no se pierda, porque hoy, el acceder a Twitter, he visto que se ha eliminado la cuenta que realizaba esta denuncia (quizá por el acoso que sufrió esta señora de otras personas enganchadas a estas plataformas) y, al cabo de pocas horas, también la ha eliminado The Reader App, así que he recuperado el texto mediante Archive.org y lo pongo aquí antes de que también lo de borren de ahí.
      Publico esto en un hilo propio porque pienso que es preferible separar del aspecto de corrupción sexual este tema, que tiene que ver con la explotación económica que hacen los gigantes de Silicon Valley de la adicción de muchos niños. Se habla mucho de las casas de apuestas físicas, que al menos sirven para tomarse una cerveza en compañía y socializar, pero no se habla nada de las apuestas electrónicas y de las muy diversas formas en que estas plataformas de internet saquean los bolsillos y las vidas de los niños enganchados a las pantallas, mediante juegos adictivos con compras integradas o mediante lo que relata esta madre en relación con las plataformas de streaming.
      Estas empresas parasitarias con sede en el extranjero están cimentando su inmensa fortuna en la ruina moral y material de muchas familias españolas. Si nadie toma cartas en el asunto, lo pagaremos caro. Quede aquí la denuncia de esta madre:
      Podéis comentar vuestras opiniones y experiencias sobre el tema. Igual os parece exagerada la denuncia: si es así, no os cortéis en expresarlo. Personalmente, conozco a un niño que está en una situación similar a la que relata esta madre. Pero este esquema de explotación consciente de las adicciones es consustancial a estas empresas y trasciende a este tema concreto de Twitch, los streamers y la infancia.
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    Spanish Heart

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    • https://www.mundorepubliqueto.com/2020/05/01/no-todo-lo-que-brilla-es-oro/

      Una vez más, por aprecio a estos amigos dejo solo el enlace para enviar las visitas a la fuente.

      Solo comento la foto que ponen de un congreso internacional identitari que hubo un México. Ahí se plasma el cáncer que han supuesto y parece que aún sigue suponiendo aquella enfermedad llamada CEDADE. En dicha foto veo al ex-cabecilla de CEDADE, Pedro Varela -uno de esos nazis que se dicen católicos- junto a Salvador Borrego -que si bien no era nazi, de hecho es un mestizo que además se declara hispanista y favorable a la mezcla racial propiciada por la Monarquía Católica,  sí que simpatizó con ellos por una cuestión que quizá un día podamos comentar- uno de los "revisionistas" más importante en lengua española, así como el también mexicano Alberto Villasana, un escritor, analista, publicista, "vaticanista" con gran predicamento entre los católicos mexicanos, abonado totalmente a la errática acusación contra el papa Francisco... posando junto a tipos como David Duke, ex-dirigente del Ku Kux Klan, algo que lo dice todo.

      Si mis rudimentarias habilidades en fisonomía no me fallan, en el grupo hay otro español, supongo que también procedente del mundillo neonazi de CEDADE.

      Imaginemos la corrupción de la idea de Hispanidad que supone semejante injerto, semejante híbrido contra natura.

      Nuestra querido México tiene la más potente dosis de veneno contra la hispanidad, inyectado en sus venas precisamente por ser un país clave en ella. Es el que otrora fuera más próspero,  el más poblado, también fue y en buena parte sigue siendo muy católico, esta en la línea de choque con el mundo anglo y... los enemigos de nuestra Hispanidad no pueden permitir una reconciliación de ese país consigo mismo ni con la misma España, puente clave en la necesaria Reconquista o reconstrucción. Si por un lado está infectado por el identitarismo amerindio -el indigenismo- por el otro la reacción está siendo narcotizada por un identitarismo falsohispanista, falsotradicionalista o como queramos verlo, en el cual CEDADE juega, como vemos, un factor relevante.

      Sin más, dejo ahí otra vez más mi sincera felicitación al autor de ese escrito. Enhorabuena por su clarividencia y fineza, desde luego hace falta tener personalidad para ser capaz de sustraerse a esa falsa polarización con que se está tratando de aniquilar el hispanismo.

       





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    • La libertad sexual conduce al colapso de la cultura en tres generaciones (J. D. Unwin)
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    • Traigo de la hemeroteca un curioso artículo de José Fraga Iribarne publicado en la revista Alférez el 30 de abril de 1947. Temas que aborda: la desastrosa natalidad en Francia; la ya muy tocada natalidad española, especialmente en Cataluña y País Vasco; las causas espirituales de este problema, etc.

      Si rebuscáis en las hemerotecas, hay muchos artículos de parecido tenor, incluso mucho más explícitos y en fechas muy anteriores (finales del s. XIX - principios del s. XX). He traído este porque es breve y no hay que hacer el trabajo de escanear y reconocer los caracteres, que siempre da errores y resulta bastante trabajoso, pues ese trabajo ya lo ha hecho la Fundación Gustavo Bueno.

      Señalo algunos hechos que llaman la atención:

      1) En 1947 la natalidad de Francia ya estaba por los suelos. Ni Plan Kalergi, ni Mayo del 68, ni conspiraciones varias.

      2) Pero España, en 1947 y en pleno auge del catolicismo de posguerra, tampoco estaba muy bien. En particular, estaban francamente mal regiones ricas como el País Vasco y Cataluña. ¿Será casualidad que estas regiones sean hoy en día las que más inmigración reciben?

      3) El autor denuncia que ya en aquel entonces los españoles estaban entregados a una visión hedonística de la existencia, que habían perdido la vocación de servicio y que se habían olvidado de los fines trascendentes. No es, por tanto, una cosa que venga del Régimen del 78 o de la llegada al poder de Zapatero. Las raíces son mucho más profundas.

      4) Señala que el origen de este problema es ético y religioso: se ha perdido la idea de que el matrimonio tiene por fin criar hijos para el Cielo. Pero también se ha perdido la idea del límite: las personas cada vez tienen más necesidades y, a pesar de que las van cubriendo, nunca están satisfechas con su nivel de vida.

      Este artículo antiguo ilumina muchas cuestiones del presente. Y nos ayuda a encontrarle solución a estos problemas que hoy nos golpean todavía con mayor fuerza. Creo que puede ser de gran provecho rescatar estos artículos.
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    • En torno a la posibilidad de que se estén usando las redes sociales artificialmente para encrespar los ánimos, recojo algunas informaciones que no sé sin son importantes o son pequeñas trastadas.

      Recientemente en Madrid se convocó una contramanifestación que acabó con todos los asistentes filiados por la policía. Militantes o simpatizantes de ADÑ denuncian que la convocó inicialmente una asociación fantasma que no había pedido permiso y cuyo fin último podría ser provocar:

      Cabe preguntarles por qué acudieron a una convocatoria fantasma que no tenía permiso. ¿Os dais cuenta de lo fácil que es crear incidentes con un par de mensajes en las redes sociales?

      Un periodista denuncia que se ha puesto en marcha una campaña titulada "Tsunami Español" que pretende implicar a militares españoles y que tiene toda la pinta de ser un bulo de los separatistas o de alguna entidad interesada en fomentar la discordia:

      El militar rojo que tiene columna en RT es uno de los que difunde la intoxicación:

      Si pincháis en el trending topic veréis que mucha gente de derechas ha caído en el engaño.

      Como decía, desconozco la importancia que puedan tener estas intoxicaciones. Pero sí me parece claro que con las redes sociales sale muy barato intoxicar y hasta promover enfrentamientos físicos con unos cuantos mensajes bien dirigidos. En EEUU ya se puso en práctica lo de citar a dos grupos contrarios en el mismo punto para que se produjesen enfrentamientos, que finalmente ocurrieron.
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    • Una teoría sobre las conspiraciones
      ¿A qué se debe el pensamiento conspiracionista que tiene últimamente tanto auge en internet? Este artículo baraja dos causas: la necesidad de tener el control y el afán de distinguirse de la masa.
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