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Hispanorromano

Orígenes ideológicos del animalismo

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Una de las cosas que nos preocupa en este foro es el auge del animalismo, la corriente ecologista que equipara a los animales con el hombre o que incluso sitúa a los animales por encima del hombre y les otorga derechos jurídicos. Abro este hilo para que vayamos estudiando cuáles serían los antecedentes o los orígenes de esta ideología que va ganando peso en amplias franjas de la población. Y también puede servir para exponer sus excesos. No abro el hilo con intención de sentar cátedra, pues soy un gran desconocedor de este tema, del que apenas se han publicado libros. Más bien la intención es que cada uno vaya aportando el resultado de sus pesquisas, a ver si entre todos averiguamos cuáles son esos orígenes.

Lo llamamos animalismo para entendernos, porque es la palabra que más se usa ahora para designar a esta corriente. Pero en verdad el ecologismo original ya ponía al animal en un plano de igualdad con el hombre, con lo que este neologismo sirve en parte para preservar la buena imagen del ecologismo, de la misma manera que algunos hablan de feministas radicales o de feminazis para preservar el buen nombre del feminismo.

Como decía, no he estudiado mucho el tema, porque en español apenas hay nada escrito, pero de retazos que voy encontrado en libros de otros temas, de mis limitadas pesquisas y de mi intuición (facultad útil pero que se equivoca a menudo), creo entender que el animalismo podría tener varios orígenes entrelazados:

1) La Ilustración, al conceder preeminencia a las Ciencias Naturales, fomenta una concepción naturalista del hombre. Dios ha dejado de ser el centro del Universo, pero el Hombre también va dejando de serlo al aplicarle el racionalismo ilustrado categorías que hasta ahora sólo se habían aplicado a los animales. Las investigaciones de naturalistas como Darwin o Wallace, que desembocan en la teoría de la evolución, refuerzan esta visión de que el hombre es un animal más. Si el hombre es un animal más, la conclusión lógica podría ser que hay que conceder derechos a los animales o restar derechos a los hombres para equipararlos a los animales. Ernst Haeckel, principal seguidor de Darwin en Alemania, es el que acuña el término "ecología". Pero también crea una religión de la naturaleza: el monismo.

2) El Romanticismo supuestamente era una reacción contra el racionalismo ilustrado, pero en vez de cuestionar esa visión naturalista del hombre, la refuerza y da un paso más allá al dotar a esa naturaleza de caracteres místicos. En otras palabras, a esa centralidad de la naturaleza a la que habían llegado los racionalistas, le añade ahora una capa irracional que llega a crear una especie de religión de la naturaleza, con tintes panteístas y de retorno al paganismo, al "bosque sagrado" de los arios. Los principales focos de irradiación son el Reino Unido y los países nórdicos, especialmente Alemania, donde juega un papel central el movimiento völkisch, que es una de las principales fuentes de inspiración del nazismo, pero también de la contracultura izquierdista (incluido el movimiento hippie y la Nueva Era), del naturismo y del ecologismo en general. Algunos se extrañan de los que nazis y los progresistas coincidan en muchas cosas, pero la razón es precisamente ésa: que ambos grupos se nutren del movimiento völkisch, aunque le otorguen matices distintos, y que en general beben de pensadores comunes, en una época en que la izquierda y la derecha no estaban tan decantadas como ahora. No hay más misterio.

3) Parecen jugar un factor importante filósofos alemanes, como Schopenhauer y Nietzsche, que tienen una rendida admiración por la India y por las religiones orientales, de las que alaban, entre otras cosas, el supuesto respeto que le tienen a los animales y a la naturelza, en contraposición al detestado judeocristianismo que se sirve de la naturaleza y que odia "la vida". Pero no son sólo estos filósofos: estudiosos de las religiones, historiadores y filólogos alemanes e ingleses están obsesionados con la India por ser el supuesto origen de los arios y trasladan a Occidente conceptos de estas religiones, o de lo que ellos creen entender que son estas religiones.

4) Sectas de cuño gnóstico, como la Sociedad Teosófica, también importan estas religiones orientales y forman ligas vegetarianas, naturistas y en defensa de los derechos de animales, muchas veces en conexión con el citado movimiento völkisch. Lo mismo cabe decir de los diferentes movimientos neopaganos que van surgiendo en el ámbito nórdico y que propugnan un utópico retorno a la "naturaleza salvaje".

5) Sospecho que Malthus, con su preocupación por la superpoblación, puso una importante piedra de este edificio que considera al hombre una amenaza, aunque quizá sería complicado ligarlo directamente al animalismo.

6) En los años 50-60, la Nueva Era, el movimiento hippie y el ecologismo moderno, que son herederos de todos estos movimientos de finales del siglo XIX y principios de XX, dejan perfilado lo que sería el animalismo actual que profesan mayormente las izquierdas.

Insisto en que estos orígenes que he señalado son más fruto de la intuición que del estudio, por lo que se hará bien en cuestionarlos, aunque pueden servir de guía a la hora de buscar información en internet o en bibliotecas.

Hecha esta introducción, traigo al foro los textos del hilo sobre los filósofos alemanes que tienen relación con esta cuestión del animalismo. Schopenhauer se expresaba así en Parerga y Paralipómena:

Cita

Otro defecto fundamental del cristianismo que se puede mencionar […], y que manifiesta a diario sus perniciosas consecuencias, es que ha separado de forma antinatural al hombre del mundo animal, al que pertenece en esencia, y solo quiere admitirlo a él, considerando los animales directamente como cosas; – mientras que el brahmanismo y el budismo, fieles a la verdad, reconocen claramente la manifiesta afinidad del hombre con toda la naturaleza en general, pero ante todo y sobre todo con la animal, y lo presentan siempre en estrecha conexión con el mundo animal a través de la metempsicosis y de otros medios. El relevante papel que desempeñan los animales en el brahmanismo y el budismo, comparado con la total nulidad que tiene en el judeocristianismo, condena a este último por lo que respecta a su perfección, por muy acostumbrados que estemos en Europa a tal absurdo. […] Entre los hindúes y los budistas, en cambio, prevalece la mahavakya (la gran palabra) tat-twam-asi (eso eres tú) que se expresa siempre acerca de cada animal para recordarnos la identidad de su esencia interior y la nuestra como pauta de nuestras acciones”.

“Sobre la religión”. En Parerga y Paralipómena II, pp. 382 y 385. 

En la misma obra, Schopenhauer ponía las bases de un animalismo en clave anticristiana y antisemita:

Cita

(...) se imponga una verdad inmediatamente cierta y evidente por sí misma para cualquier persona de sano intelecto, no obnubilado por el foedor iudaicus, una verdad que no puede ser por más tiempo marginada: que los animales, en todos los aspectos principales y esenciales, son exactamente lo mismo que nosotros, y que la diferencia consiste sólo en el grado de inteligencia, o sea, de actividad cerebral, que sin embargo permite grandes diferencias entre los diversos géneros de animales (...) los animales dejarán de ser seres privados de todo derecho y, en consecuencia, dejarán de estar expuestos a la arbitraria maldad y a la crueldad de cualquier bellaco brutal.

[...]

Ha llegado la hora de poner fin en Europa a la concepción judía de la naturaleza, al menos en lo que respecta a los animales, y de reconocer y respetar la eterna esencia que, como en cada uno de nosotros, vive también en ellos. ¡Sabedlo! ¡Recordadlo! Es algo serio e irrebatible, incluso si cubrís Europa entera con vuestras sinagogas. Hay que estar ciegos y privados de todos los sentidos o del todo cloroformizados por el foedor iudaicus para no reconocer que el animal en todo lo esencial es la misma cosa por completo que nosotros, y que la diferencia está sólo en aspectos accidentales, en el intelecto, pero no en la sustancia que es la voluntad. El mundo no es la obra de un fabricante, ni los animales son un producto de fábrica para nuestro uso y consumo. Semejantes opiniones deberían quedar recluidas en las sinagogas y en las aulas de filosofía, que en sustancia no son cosas demasiado diversas entre sí.

Arthur Schopenhauer, El dolor del mundo y el consuelo de la religión (Paralipómena 134-182), Alberadán, Madrid 1998.

Íñigo Ongay de Felipe, Schopenhauer y los animales

Por otra parte, es conocido el antinatalismo de Schopenhauer:

Cita

«Si los niños vinieran al mundo solo por un acto de razón pura, ¿seguiría existiendo la humanidad? Más bien, ¿no tendría una persona suficiente compasión por la próxima generación como para ahorrarle la carga de la existencia, o en cualquier caso no implicarse en imponerle esa carga a sangre fría?».

Precursores del antinatalismo: la insólita filosofía de Schopenhauer

Y ahora dejo a Schopenhauer para aportar un texto nuevo, del filósofo y psicólogo alemán Ludwig Klages, uno de los principales exponentes del movimiento völkisch y precursor del ecologismo, además de feminista, racista y neopagano. De él se ha publicado muy poco en español, pero el interesante blog Tradicionalismu Asturianu ha traducido varios fragmentos de sus obras. Lógicamente, este blog traduce sus textos porque está de acuerdo con ellos, mientras que yo estoy en profundo desacuerdo, pero se agradece esa labor de traducción. Citaré algunos fragmentos de El hombre y la tierra, un importante discurso de Ludwig Klages al movimiento völkisch. Al principio parece el típico ecologismo que lamenta la destrucción del ecosistema y del que se pueden compartir algunos aspectos, como su crítica a la capacidad destructiva de la técnica o a la pretensión desaforada de progreso que acaba matando la vida. Pero al final ya veréis que todo eso se convierte en un rechazo de la civilización occidental y en una violenta diatriba contra el cristianismo, al que responsabiliza de esa destrucción de la naturaleza; cristianismo que contrapone a las religiones orientales, como el budismo. (He subrayado esas partes en las que alude al cristianismo para facilitar la lectura. ) De igual forma, en el texto queda claro que el hombre es un ser más de la Tierra y que no debe tener una especial consideración con respecto a animales, plantas y minerales, ya que forma parte de un todo donde ningún elemento tiene mayor jerarquía que el resto. El texto es largo y he omitido algunos párrafos, además de señalar en negrita las partes que considero más relevantes. Podéis encontrar el texto íntegro, con sus negritas originales, en el citado blog Tradicionalismu Asturianu, en el enlace que figura al final.

Cita
Se concede la preeminencia de la ciencia; Es inmune a todas las objeciones, por leves que sean. El alto nivel de la tecnología también está fuera de toda duda. Y sin embargo, uno podría preguntarse: ¿cuáles son sus frutos? Como la Biblia dice sabiamente, es solo "por sus frutos" que debemos estimar el valor de las obras del hombre. Comencemos con seres cuyo estado como organismos vivos nadie cuestionaría: las plantas y los animales. Recordamos que los antiguos soñaban con una "Edad de Oro" o "paraíso" perdido, un reino donde el león se acostaría con el cordero y la serpiente moraría con el hombre como su espíritu protector. Incluso esta idea no es tan fantástica como la falsa doctrina que nos enseña que toda la naturaleza está perpetuamente en las garras de una "lucha por la existencia" incesante.
 
Los científicos que estudian las regiones polares nos cuentan la intrépida intimidad con la que pingüinos, renos, leones marinos, focas y gaviotas saludan la primera aparición del hombre. Los pioneros que han explorado las regiones tropicales nunca dejan de sorprendernos con las imágenes que comunican, especialmente aquellas que pertenecen al momento en que estos estudiantes perciben por primera vez, en una convivencia pacífica, enjambres de gansos salvajes, grullas, ibis, flamencos, garzas, Cigüeñas, marabas, jirafas, cebras, ñus, antílopes y gacelas. Entendemos completamente la verdadera simbiosis que abarca todo el reino animal y que se extiende por todo el planeta. Sin embargo, tan pronto como el hombre del "progreso" llega a la escena, anuncia su presencia magistral propagando la muerte y el horror de la muerte a su alrededor. ¿Cuántas de las especies de criaturas que florecieron en las antiguas tierras germánicas han perdurado en nuestro siglo? Oso y lobo, lince y gato montés, bisonte, alce y aurochs, águila y buitre, grulla y halcón, cisne y búho, todos se han convertido en criaturas que habitan solo nuestros cuentos de hadas; Este fue el caso, de hecho, incluso antes de la introducción de nuestras nuevas y mejoradas guerras de aniquilación. Pero hay motivo para una alegría aún más profunda. Bajo el más absurdo de todos los pretextos, que insiste en que un gran número de especies animales son en realidad plagas nocivas, nuestro promotor de progreso ha extirpado a casi todas las criaturas que no son una perdiz, un corzo, un faisán o, si es necesario se, un cerdo. Jabalíes, cabras montesas, zorros, martas de pino, comadrejas, pato y nutria, todos los animales con los cuales las leyendas más importantes de nuestra memoria están íntimamente entrelazadas, se están reduciendo en número, es decir, aún no se han extinguido; La gaviota, el charrán, el cormorán, el pato, la garza, el martín pescador, el cometa rojo y el mochuelo son cazados despiadadamente; Las comunidades de focas en las costas del Mar del Norte y el Báltico están condenadas a la destrucción. Sabemos más de doscientos nombres de ciudades y pueblos alemanes cuyos nombres se derivan de la palabra "castor", un hecho que constituye una prueba del florecimiento de estos roedores laboriosos en épocas anteriores; hoy todavía existe una pequeña reserva en el río Elba entre Torgau y Wittenberg, pero incluso este refugio pronto desaparecerá sin protección legal inmediata. ¿Y quién no se aflige con una grave ansiedad por presenciar, año tras año, la desaparición de nuestros queridos cantantes, las aves migratorias? Hace apenas una generación, el aire azul de nuestras ciudades se llenó durante todo el verano con el zumbido y el zumbido de las golondrinas y los gritos de los marineros, sonidos que, surgiendo de la distancia, parecían llenar uno con el anhelo de viajar. En ese momento, uno podría contar, solo en un suburbio de Munich, hasta trescientos nidos ocupados, mientras que en la actualidad solo se pueden encontrar cuatro o cinco. De manera más inquietante, el campo se ha vuelto silencioso, y ya no palpita como lo hacía una vez cada mañana cargada de rocío en la alegre melodía de las "incontables alondras" de Eichendorff. Ya uno debe considerarse afortunado si, mientras camina por un sendero forestal cercano junto a un hoyo cubierto de hierba, iluminado por el sol, tiene el privilegio de escuchar una sola vez la llamada luminosa y anhelante de la codorniz; en un momento, a lo largo y ancho de Alemania, estas aves fueron muchos, muchos miles, y vivieron en las canciones de la gente común, así como en las obras de nuestros poetas. La urraca, el pájaro carpintero, el oríolo dorado, la curruca, el gallo, el urogallo y el ruiseñor, todos están desapareciendo, y el declive parece ser absolutamente imposible de remediar.
 
Hoy vemos hordas cada vez más grandes amontonadas en nuestras grandes ciudades, donde se acostumbran al hollín que brota de las chimeneas y la agitación de las calles, donde las noches son tan brillantes como los días. Estas masas urbanas creen que han tenido una introducción adecuada al mundo de la naturaleza tan pronto como han visto un campo de patatas, o han visto un estornino posado en una rama de un árbol demacrado al lado del camino. Pero, para cualquiera que recuerde los sonidos y los olores del paisaje alemán de hace setenta años, de las palabras e imágenes en que se incorporan estos recuerdos surgiría un viento para pronunciar un reproche de advertencia a las almas perdidas de hoy tan pronto como comenzar a regurgitar sus lugares a prueba de intemperie sobre "desarrollo económico", "necesidades" y "cultura". 
 
No expresamos opinión en cuanto a por qué la utilidad deriva su deplorable autoridad sobre todas las transacciones modernas.Tampoco perderemos el tiempo trabajando en un punto que pronto se convertirá en conocimiento común; simplemente declaramos el simple hecho de que, en ningún caso concebible, los seres humanos alcanzarán el éxito en su intento de "corregir" la naturaleza. Dondequiera que disminuya la población de pájaros cantores, encontramos una inmensa proliferación de insectos y orugas que chupan sangre, que pueden devorar viñedos y bosques enteros en cuestión de días; Dondequiera que uno dispare al buitre y extermine a la víbora, una plaga de ratones estalla rápidamente para traer destrucción a las colmenas. Como resultado, la fertilización del trébol, que depende de las abejas, no ocurrirá. Con la ayuda de armas mejoradas, los cazadores masacran a los mejores ejemplares de venados salvajes, provocando así la degeneración de la manada a través de la reproducción excesiva de los sobrevivientes no aptos, en un ambiente sin depredadores naturales; y esta implacable masacre continuará de esta manera hasta que surja una reacción grave por parte de la naturaleza herida en tierras exóticas, en forma de terribles epidemias, que se unen al talón de la Europa "civilizada". Esto nos permite entender que la plaga del lejano oriente fue, en realidad, el resultado de la comercialización al por mayor en Asia de las pieles de roedores como el mandril de madera. Pongamos estos hechos a un lado para que podamos enfocar un rayo de luz brillante en el único punto decisivo: estos ejemplos demuestran de manera concluyente que las ganancias que se producen con estas transacciones comerciales no tienen la más mínima conexión con ningún material importante. Necesariamente.
 
A lo que los alemanes se refieren como un "bosque alpino" es solo un puesto recientemente reforestado; un verdadero bosque alpino, como nos parece en los mitos y las sagas, se extenderá hasta los confines de la tierra. América, que durante el tiempo de los indios estaba dotada de los bosques más ricos de la tierra, ahora ha comenzado a importar madera; las pocas regiones que exportan su madera, es decir, Hungría, Rusia, Escandinavia y Canadá, pronto serán las únicas regiones dotadas de un excedente. Las naciones "progresistas", tomadas en conjunto, cortan anualmente trescientas cincuenta mil toneladas de madera para la producción de papel, reduciendo así un libro cada dos minutos y una revista cada segundo; podemos apreciar, solo a partir de estas estimaciones aproximadas, cuán masiva es realmente la producción de estos artículos en el mundo "civilizado". Alguien debería al menos intentar explicarnos por qué es necesario inundar el mundo con tal cantidad de periódicos, hojas de escándalo y thrillers de ficción; si no se proporciona una explicación, debemos considerar, por consiguiente, que la tala de bosques primitivos es una ofensa aún mayor.
 
Los italianos cazan anualmente millones de aves migratorias a lo largo de sus costas, y realizan esta operación de la manera más espantosa; Lo que ellos mismos no consumen, se empaca para exportar a Inglaterra y Francia. Los números expresarán esto con mayor claridad: en un ejemplo de 1909, un solo barco transportó doscientas sesenta mil codornices vivas, que fueron enviadas en jaulas estrechas a Inglaterra, donde las pobres criaturas se mantuvieron en condiciones miserables, hasta que los codiciadores de las codornices se movieron para masacrarlas. En la península de Sorrento, año tras año, las aves han sido capturadas vivas, en números que llegan hasta quinientos mil. Para Egipto, el cómputo de los exterminados alcanza los tres millones, sin contar el número incalculable de alondras, ortolanos, currucas, golondrinas y ruiseñores que también perecieron. No era el hambre lo que requería la masacre de estos cantantes con plumas: caían en el lujo y la codicia. Más espantoso aún es la devastación directamente atribuible a la industria de la moda, como aprendemos cuando leemos acerca de esos codiciosos diseñadores y comerciantes cuya facultad de invención parece haber sido inspirada por el mismo Satanás. En las palabras de la Cri de Paris : "Los modistas de sombreros parisinos utilizan anualmente hasta cuarenta mil golondrinas y gaviotas. Un comerciante de Londres compró durante el año anterior treinta y dos mil colibris, ochenta mil aves marinas y ochocientas mil aves de diferentes especies. Sabemos que cada año se matan no menos de trescientos millones de aves para adornar a nuestras damas de la moda. Hay tierras donde especies distintivas otorgan una apariencia única a regiones de las que ahora han desaparecido. Para garantizar que las plumas y el plumón conserven su brillo, deben ser arrancados del cuerpo de las aves mientras aún viven. Es por eso que uno no puede cazar a las pobres criaturas con armas, sino con redes. "Estos cazadores inhumanos arrancan las plumas de sus víctimas, quienes deben soportar los sufrimientos de los grandes mártires antes de perecer en horrendas convulsiones".
 
Pensando en sí mismo como bien educado, el hombre se niega a reconocer la existencia de acontecimientos tan incómodos, mientras que sus mujeres se adornan cruelmente con los trofeos melancólicos de la caza. No es necesario enfatizar que cada una de las especies animales que hemos enumerado, junto con muchas otras como la "ave del paraíso", están al borde de la extinción. Tarde o temprano, el mismo destino afectará a todas las especies animales, excepto a aquellas a las que el hombre ha destinado para la reproducción o la domesticación.
 
Los miles de millones de pieles de animales de América del Norte, los innumerables zorros azules, las martas y los montes siberianos apuntan a los excesos de la industria de la moda. En Copenhague, en los años transcurridos desde 1908, una corporación ha estado desarrollando un "método para cazar ballenas de una manera más pacífica, y de acuerdo con un método nuevo", es decir, empleando fábricas oceánicas, que procesan los cadáveres inmediatamente después de la caza. Estas fábricas de "natación", durante el transcurso de los dos años siguientes, procesaron aproximadamente quinientos mil de los mamíferos más grandes de la tierra, y el día se aproxima rápidamente cuando la ballena conocida en la historia se habrá convertido en una mera exposición de museo.
 
Durante milenios, el búfalo americano, el preciado juego de los indios, recorrió la pradera. Pero apenas los europeos habían puesto un pie en el continente, cuando estalló una masacre salvaje y sin ley, de modo que hoy el búfalo ha terminado definitivamente. Con el tiempo, el mismo triste espectáculo se llevará a cabo en África. "Con el fin de dotar a nuestro llamado hombre civilizado con bolas de billar, botones, peines y artículos similares tremendamente necesarios, los cálculos más recientes proporcionados por Tournier de París indican que se procesan ochocientos mil kilogramos de marfil puro anualmente. El resultado es la matanza anual de cincuenta mil de las más estupendas criaturas del mundo ... Del mismo modo ocurrió el despiadado asesinato del antílope, el rinoceronte, el caballo salvaje, el canguro, la jirafa, el avestruz y el ñú en los trópicos, Junto con el oso polar, el buey almizclero, el zorro ártico, la morsa y la foca en la zona ártica, una orgía de destrucción sin precedentes se ha apoderado de la humanidad, y es la "civilización" la que ha desatado esta lujuria por el asesinato, para que la tierra se marchite antes. Su aliento nocivo. ¡Estos son, en efecto, los frutos del "progreso"!
 
Todos estos hechos son bien conocidos. En los últimos diez años, personas bienintencionadas y de buen corazón han levantado el grito de advertencia una y otra vez, instando a la humanidad a proteger la naturaleza y preservar las tradiciones regionales del abuso; desgraciadamente, ni las causas más profundas ni las consecuencias masivas de la amenaza a la naturaleza han sido comprendidas. Sin embargo, antes de indagar más profundamente en estos asuntos, debemos continuar pronunciando nuestra acusación.
 
No debemos preocuparnos por determinar si la vida se extiende o no más allá de nuestro mundo, o si la tierra es, de hecho, un ser vivo (que era la creencia de los antiguos), o simplemente un bulto insensible de "materia muerta" (el visión moderna); es solo porque la tierra perdura, que las extensiones de tierra, el juego de nubes, los cuerpos de agua, el manto de la vida vegetal y la actividad incesante del reino animal, se han tejido en una totalidad profundamente animada, que reúne a las criaturas individuales como si estuvieran dentro de un arca, que, a su vez, está estrechamente relacionada con los grandes eventos del universo infinito. Una armonía indispensable resuena en las tormentas clamorosas del planeta, en la sublime desolación del desierto, en la solemnidad de las montañas más altas, en la atractiva melancolía de la infinita salud, en el misterioso tejido de bosques imponentes y en el relámpago pulsante. de la tormenta de mar, ya que lanza sus rayos contra la costa. O esta armonía puede existir en una inmersión de ensueño en las obras primordiales del hombre. Si, en un momento de profundo ensueño, debemos dirigir nuestra mirada a las pirámides, la Esfinge y los capiteles en forma de loto de las columnas de Egipto; o sobre los campanarios de los chinos, decorados con colores brillantes, y la claridad estructural del templo helénico; o sobre la cálida domesticidad de la granja holandesa y el campamento tártaro en las estepas abiertas: percibimos que todas estas creaciones respiran el alma del paisaje en el que se encuentran. Las culturas anteriores decían que tales estructuras habían "brotado de la tierra"; así, también vemos que hay forma y color en todo lo que ha surgido de la tierra, desde las viviendas hasta las armas y los implementos domésticos, las dagas, las lanzas, las hachas, las espadas, los collares, los broches y los anillos, los vasos decorados con elegancia. Los pasteles rellenos de nueces, los recipientes de cobre y las miles de texturas y telas. Más espantosos aún que aquellos artículos que ya hemos examinado, aunque no tan irremediables, son los efectos del "progreso" en las regiones coloniales. La conexión entre las obras del hombre y la tierra ahora se ha interrumpido, rompiendo durante siglos, quizás de forma permanente, el canto primordial del paisaje. Ahora las vías del ferrocarril, los postes de telégrafo y los cables de alto voltaje atraviesan los contornos del bosque y la montaña; Esto se puede ver no solo en Europa, sino también en India, Egipto, Australia y América. Los bloques de apartamentos grises y de varios niveles que están unidos a una fila interminable de estructuras idénticas, brotan donde una persona educada desea mostrar su capacidad para aumentar la "prosperidad".En todas partes, los campos rurales se "combinan" en parcelas rectangulares, se perturban los sitios de las tumbas antiguas, se destruyen los viveros prósperos, se secan los estanques de peces bordeados de juncos, y el floreciente desierto de antaño ha tenido que rendir su estado prístino, porque todos ahora los árboles deben alinearse como soldados, y todo bosque debe ser purgado de los viejos matorrales de maleza "venenosa"; los ríos sinuosos que una vez se suspendieron en curvas brillantes, laberínticas, ahora deben convertirse en canales perfectamente rectos; los rápidos arroyos y cascadas, y esto es cierto incluso para el Niágara, ahora deben alimentar plantas de energía eléctrica; Los bosques de pilas de humo en constante expansión llegan hasta las orillas de los océanos; y la contaminación del agua causada por la industria transforma las aguas prístinas de la naturaleza en aguas residuales sin tratar. ¡Muy pronto, la faz de la tierra se transformará en un gigantesco Chicago, lleno de algunos parches de agricultura! "¡Dios mío!", gritó el noble Achim von Arnim a principios del siglo pasado, "¿dónde están los viejos árboles, bajo los cuales todavía cabalgábamos ayer? ¿Y qué ha pasado con las antiguas inscripciones esculpidas en las piedras de borde? Estas cosas ya han sido olvidadas por nuestra gente, y nada podría ser más triste que vernos golpear contra nuestras propias raíces. Cuando la cima de una montaña elevada ha sido una vez despojada de su madera, ninguna madera volverá a crecer allí; mi misión consiste en ver que la herencia de Alemania no se desperdicie! " Y las impresiones de Lenau sobre el paisaje de nuestra patria le hicieron sentir que la naturaleza se había llenado hasta la garganta, de modo que la sangre brotaba de cada uno de sus poros. ¡Qué tendrían que decirnos estos hombres hoy! Quizás ellos, como Heinrich von Kleist, decidan abandonar la tierra, cuyo hijo, el hombre mismo, ha traído tanta vergüenza sobre su cabeza. "La devastación de la Guerra de los Treinta Años no provocó alteraciones tan fundamentales de la herencia del pasado en la ciudad y el campo como la obsesión de la vida moderna con su búsqueda despiadada y unilateral de propósitos prácticos". (Desde el anuncio del establecimiento de la "Liga para la Conservación de la Naturaleza"). Sin embargo, en lo que respecta al "sentimiento de naturaleza" hipócrita del comercio turístico, apenas necesitamos dirigir nuestra atención a la devastación que su "explotación" de las regiones costeras remotas y los valles montañosos deja tras de sí. Incluso estos asuntos se abordaron de manera integral, una y otra vez, pero el esfuerzo se desperdició. La presentación completa fue desarrollada en 1880 a través de los esfuerzos del escritor de primer nivel Rudorff, a cuyo ensayo de 1910 "Sobre la relación de la vida moderna con la naturaleza" dirigiríamos la atención de todos los lectores.
 
Como si esas cosas no fueran suficientes, la furia por el exterminio ahora ha arrastrado su surco sangriento a través de la humanidad misma. Las poblaciones tribales han disminuido, y algunas tribus incluso han desaparecido. Algunos fueron exterminados o murieron de hambre, mientras que otros sucumbieron a la enfermedad; todos se vieron obligados a aceptar las bendiciones del "progreso": brandy, opio y sífilis. Los indios han sido exterminados; Los aborígenes australianos han terminado; los más nobles polinesios están en su último suspiro; los guerreros africanos más valientes han luchado la buena batalla, pero ahora también deben dar paso a la "civilización"; y Europa acaba de ver a un pueblo igualmente valiente, la última tribu primordial de Europa, los albaneses, esos "hijos de águila", cuya ascendencia se remonta directamente a los legendarios "pelasgianos", asesinados metódicamente, por miles, en el manos de los serbios.
 
No se equivoquen: "progreso" es la lujuria por el poder y nada más, y debemos desenmascarar su método como una broma enfermiza y destructiva. Utilizando tales pretextos como "necesidad", "desarrollo económico" y "cultura", el objetivo final de "progreso" es nada menos que la destrucción de la vida. Este impulso destructivo toma muchas formas: el progreso es devastar bosques, exterminar especies animales, extinguir culturas nativas, enmascarar y distorsionar el paisaje prístino con el barniz del industrialismo y degradar la vida orgánica que aún sobrevive. Es lo mismo para el ganado que para la mera mercancía, y la ilimitada lujuria por el saqueo no descansará hasta que caiga la última ave. Para lograr este fin, todo el peso de la tecnología se ha puesto en servicio, y por fin nos damos cuenta de que la tecnología se ha convertido, con mucho, en el dominio más grande de las ciencias.

[....]

No solo el "progreso" ha hecho de la vida gris, sino que también ha silenciado la voz de la vida. Pero no, olvidamos que después de la melodía primordial de las baladas populares se encuentran la opereta y las modestas melodías del cabaret; Después de los instrumentos musicales legendarios como la guitarra española, la mandolina italiana, la kantela finlandesa, el gusli de los eslavos del sur y la balalaika rusa, llegan el piano y el tocadiscos. ¡Ahí tenemos los frutos del "progreso"! Como una conflagración que todo lo devora, el "progreso" recorre la tierra, y el lugar que ha caído a sus llamas, florecerá nunca más, siempre y cuando el hombre aún sobreviva. Las especies animales y vegetales no pueden renovarse, el calor nativo del corazón del hombre se ha ido, los manantiales interiores que una vez alimentaron las florecientes canciones y los festivales sagrados están bloqueados, y solo queda un día de trabajo frío y miserable y el hueco espectáculo de ruidos "entretenimiento." No puede haber duda: estamos viviendo en la era de la caída del alma.

[...]

Los antiguos griegos no tenían habilidad con el cableado eléctrico, los cables de alimentación y las radios, y este hecho aclara su habitual desprecio por la ciencia física, que consideraban un negocio bastante humilde. ¡Pero solo ellos podrían construir templos, tallar imágenes en columnas y cortar gemas preciosas, de tal belleza y delicadeza, que solo podemos competir con ellas presentando nuestras herramientas más artificiales! Sin realizar experimentos, y apoyados solo por la percepción cotidiana, los filósofos griegos han influido, y en gran parte han gobernado, el curso del pensamiento occidental durante más de dos milenios. La virtud didáctica de Sócrates ha sido revivida en el "imperativo categórico" más escueto de Kant; La "doctrina de las ideas" platónica ha sido revivida en la estética de Schopenhauer; y el marco filosófico de la teoría atomística de la química proviene directamente de Demócrito. Ante estos hechos, ¿no es más probable que los griegos eviten la ciencia física no por su falta de capacidad para tal estudio, sino porque decidieron no tener ningún trato con ella? ¿Quizás sus místicos podrían permitirnos recuperar muchas ideas que hemos perdido? Tomemos otro ejemplo: los chinos de la antigüedad habrían visto todos nuestros descubrimientos modernos como ajenos a su cultura; Los chinos modernos sentirían lo mismo por estos descubrimientos, si no hubiéramos obligado a China a aceptarlos por la fuerza. Estamos igualmente impresionados por los grandes filósofos chinos, sabios como Laotse o Lia Dsi, quienes nos hablan con palabras de tal sabiduría que incluso Goethe parece un simple ladrón en comparación. Por lo tanto, si los chinos no poseían una ciencia con cuya ayuda podrían haber podido construir cañones, volar montañas y adornar sus mesas con margarina, es porque no tenían ningún deseo por estas cosas. Detrás del escenario, ciertas fuerzas están controlando a la humanidad, y es solo al examinar estas fuerzas que podemos entender un hecho crucial: antes de poder emprender la investigación progresiva de los tiempos modernos, los intelectuales tenían que estar condicionados para adoptar una teoría filosófica sobre la cual se fundará una práctica requerida: a esa práctica la llamamos capitalismo. 

Ninguna persona inteligente puede tener la menor duda de que los deslumbrantes logros de la Física y la Química han sido presionados al servicio exclusivo de "Capital". La característica identificadora de la ciencia moderna es su sustitución de cantidades numéricas por cualidades únicas, por lo tanto, simplemente recapitulando, en la forma cognitiva, la ley fundamental de que la voluntad debe controlar todo, incluso la que reside en el dominio de colores brillantes del alma y su valores: los valores de la sangre, la belleza, la dignidad, el ardor, la gracia, el calor y el sentido maternal; estos deben ceder a los valores insidiosos del poder que juzga el valor de un hombre por el peso de su oro. Incluso se ha acuñado una nueva palabra para este punto de vista: "mammonismo". Sin embargo, cuán pocos son conscientes del hecho de que este "Mammon" es una entidad genuina y sustancial, que se apodera del hombre y lo maneja como si fuera una mera herramienta que podría ayudar a Mammon a erradicar la vida de la tierra. Vamos a proporcionar aquí una breve palabra de explicación. 
 
Ya hemos indicado que "progreso", "civilización" y "capitalismo" constituyen diferentes manifestaciones de la misma dirección de la voluntad. Igualmente, debemos admitir que los discípulos de esta visión del mundo centrada en la voluntad se extraen exclusivamente del mundo cristiano. Sólo dentro de ese mundo se acumularon los inventos; solo dentro de ese mundo se llevó a la perfección la metodología científica "exacta" cuantificadora; y, finalmente, solo dentro de ese mundo, ese mundo cristiano que está perpetuamente comprometido con el imperialismo más despiadado que se pueda imaginar, podría encontrar a aquellos hombres que han buscado conquistar todas las razas no cristianas, tal como han tratado de conquistar la totalidad. de la naturaleza. En consecuencia, nos vemos obligados a localizar las causas próximas del "progreso" histórico-mundial en el cristianismo mismo. En la superficie, por supuesto, el cristianismo siempre parece estar predicando sermones en alabanza del "amor", pero cuando observamos más de cerca este "amor", descubrimos que en realidad esta palabra persuasiva funciona como una superficie dorada que enmascara la realidad subyacente de un comando categórico : "Usted debe"; y este mandato incondicional se aplica únicamente al hombre, que ahora se ha considerado a sí mismo como divino, como un dios que se opone a toda la naturaleza. El cristianismo puede pronunciar frases como "el bienestar de la humanidad" o "humanidad", pero lo que la voz dentro de estas fórmulas realmente está diciendo es que ningún otro ser vivo tiene el más mínimo valor o propósito intrínseco, excepto en la medida en que puede serlo. Obligado a servir a los propósitos del hombre . Desde tiempos inmemoriales, el "amor" del cristiano nunca le ha impedido perseguir a los religiosos paganos con un odio asesino; y este mismo "amor" no le impide incluso ahora abolir los rituales sagrados de las culturas tribales conquistadas. Es un hecho bien conocido que el budismo proscribe la matanza de animales, porque el budista reconoce el hecho obvio de que todas y cada una de las criaturas terrenales comparten una naturaleza común con el hombre mismo. Pero cuando uno se opone al asesinato de un animal por parte de un italiano, responderá de inmediato asegurándole que la criatura "no tiene alma" y "no es un cristiano". Esto indica claramente que, para el cristiano devoto, solo el hombre tiene derecho a vivir. Para la gente del mundo antiguo, la religión, que en algún momento también se desarrolló de acuerdo con este patrón que incluso ahora surge en las casuchas de la gente, restringe a su abanderado, y sin embargo, lo excita, por otro lado, y permite el poder de quien amenaza la paz del mundo para prosperar hasta que se convierta en la megalomanía aterradora que considera que los delitos más sangrientos contra la vida están permitidos, e incluso ordenados, siempre que tales acciones resulten en "beneficios" para la humanidad. El capitalismo, junto con su pionero, la ciencia, es en realidad el cumplimiento del cristianismo; La iglesia, como la ciencia, constituye un consorcio de intereses especiales; y el "uno" al que se dirige una moralidad secularizada es indistinguible del "ego" hostil a la vida que, en nombre de la única divinidad del espíritu, que ahora está acoplado con una cosmología ciega, explica la guerra que se ha librado contra los innumerables "muchos" dioses del mundo; las edades más tempranas fueron al menos más honestas en su oposición a las deidades cósmicas, porque se acercaron francamente a la refriega en el aspecto amenazador de los jueces ... 

[...]

Ninguna enseñanza nos puede devolver a lo que una vez se ha perdido. Con respecto a todos estos intentos, sentimos que el hombre simplemente no tiene la capacidad de lograr una transformación de su vida interior por sí mismo. Anteriormente dijimos que ; ahora insistimos, además, que aborrecían tales intentos como los antiguos nunca supusieron desentrañar los secretos de la naturaleza por medio de experimentos, y nunca pensaron conquistarla mediante el uso de máquinas, que descartaron como artilugios inteligentes que solo eran adecuados para los esclavos, además que aborrecían tales ensayos como impiedad. El bosque y la primavera, la roca y la gruta estaban llenos de vida sagrada; desde las cimas de sus elevadas montañas soplaron los vientos de tormenta de los dioses (¡no fue por falta de un "sentimiento de naturaleza" que uno no subió sus picos!), y la tempestad y el granizo amenazaron o se enfrentaron furiosamente en el juego de batalla. Cuando los griegos deseaban construir un puente a través de un arroyo, suplicaron a la deidad del río que perdonara este hecho del hombre por el cual expiaron ofreciéndole una libación de vino del sacrificio. En antiguas tierras alemanas, una ofensa contra un árbol vivo fue expiada por el derramamiento de la sangre del ofensor. La humanidad de hoy solo ve supersticiones infantiles en aquellos que atienden a las corrientes planetarias. Se olvida de que la interpretación de las apariciones era una forma de dispersar las flores alrededor del árbol de una vida interior, que alberga un conocimiento más profundo que toda la ciencia: el conocimiento del poder de tejer del mundo del amor que todo lo abarca . Solo cuando este amor haya sido renovado en la humanidad, las heridas infligidas por el espíritu matricida serán sanadas. 
 
Hace apenas cien años, algo verdaderamente nuevo brotó dentro del corazón de los hombres, como si saliera de las profundidades de misteriosos manantiales: estamos aludiendo a esos soñadores inolvidables, esos sabios y poetas infantiles, a quienes llamamos convencionalmente los "románticos". Sus expectativas eran ilusorias y su tormenta se había calmado; su sabiduría ha sido sepultada, el diluvio ha retrocedido y el "desierto crece". Sin embargo, estamos preparados, como los románticos, para creer en los milagros, y estamos muy dispuestos a considerar que es posible que una generación venidera pueda ver el nacimiento de un mundo nuevo.
 
[...]

 

El hombre y la tierra, de Ludwig Klages. | Tradicionalismu Asturianu

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Madre mía. Qué retahíla, se debió quedar a gusto el autor. Por cierto...me parece por lo que leo que sí, que llevaba usted razón y el título de la serie documental española está tomado de esta obra: los planteamientos son calcados. Esto es un sorpresón para mi.


Schopenh...pues simplemente destila bilis. No merece análisis. Me parece increíble el pábulo que se le ha dado a la filosofía más abyecta, negadora de la experiencia común, y manipuladora. 

Como son muchas cosas las que están incluidas en este hilo, obviaré comentar esta obra de Ludwig -que, me parece, tiene mezcla de completa razón incuestionable y de disparate originado por odio al cristianismo, por desconocimiento a éste y por desconocimiento de la Historia de la Humanidad y, a lo mejor, por otros motivos. Entiendo que no es esto lo que usted espera. 

Así que me centraré en el punto 5. Malthus. 

Creo que, dadas las interrelaciones de las ideas en las sociedades humanas, no se puede indicar una única causa cuando surge un movimiento o un cambio.
 
Malthus partía de una constatación: la dependencia del ser humano y de sus sociedades de los elementos naturales que precisa como recursos. Y la dependencia ha sido directa durante la mayor parte de nuestra existencia. Sin madera, no había fuego, ni, lógicamente, pueblo, por ejemplo. En este sentido, el maltusianismo considera al ser humano igual que a la cabra, y liga sus posibilidades de subsistencia al mismo concepto: 'la capacidad de carga'. Es decir, cuánto un espacio puede producir para la subsistencia -o la existencia 'digna', según se quiera-. Una hectárea de pasto de ciertas características dará hierba para una cantidad de cabras X. Y esto se aplicaría igual a hombres y animales. Por tanto, por encima de este nivel de cantidad, sobra gente o faltan recursos. En parte, tiene razón. Por ser seres vivos que consumimos recursos no cabe plantearse la infinitud en la finitud del espacio. Pero lo que no veo que planteen nunca es otra realidad que tampoco es cuestionable: que en la medida en que se incrementa el número de personas, aumenta la capacidad inventiva -especialmente si la sociedad está ordenada con justicia y orientada a un bien común- y puede ir incrementando, mediante su conocimiento, la original productividad del sistema en que se asienta.

    Así que, creo que esa equiparación directa, surgida de la dependencia directa de recursos, es, desde luego, un punto que, desde luego permitiría establecer una vinculación entre esas ideas que igualan hombre-animales. Pero una equiparación falaz, porque no tiene en cuenta el otro aspecto: la capacidad del hombre para transformar su medio y sus propias costumbres o parámetros -en lo material, al menos-.  

No sé si habría que indagar en el materialismo: dónde está su raíz, en qué movimientos/teóricos se ha reflejado. O, si se prefiere, en todo aquello que niegue la existencia del alma del ser humano como creación a imagen de Dios, más que en personas u obras concretas, muy específicas, que suelen ser reflejos de otras tendencias ya arraigadas y pre-existentes.

Me da -creo que usted lo sugiere- que el hecho de descubrir que el Sol no giraba alrededor de la Tierra tuvo bastante que ver como inicio, no sé si consciente o inconscientemente buscado.

Un saludo cordial

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Hispanorromano, no sé cómo agradecerte la investigación, creo que me/nos has proporcionado las claves que me faltaban para comprender el fenómeno complejo que estamos viviendo atónitos, sin que la mayor parte conozca sus raíces aunque algunos las medio intuíamos.

El hecho que los "ariósofos" vieran en La India su especie de demostración supuesta de sus teorías raciales a la vez que gran sueño a aplicar en todo el mundo explicaría la fascinación por la que sería la religión producto de aquella raza, a su vez generadora del orden social de castas que tanto anhelaban. 

En este foro ya vimos cómo fue el régimen nazi el verdadero precursor del proteccionismo animalista estatificado, ahora creo que ya tenemos el mapa completo del movimiento, que es de raíz pagana

Gracias una vez más, amigo. 

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Como las verdades lo son, lo diga Agamenón o su porquero, tiro aquí del texto de un -supongo aunque aún no se- anarquista libertario llamado Enrique Bardají, diría que del entorno de F. Rodrigo Mora... este hombre se metió a criador de cabras en el Pirineo y ha ido elaborando una serie de escritos en los que explica la raíz detrás del animalismo.

Agarraos bien los cinturones porque váis a alucinar lo que hay detrás de todo este conglomerado, cuyo mayor triunfo reciente es -como ya sabemos- la próxima prohibición de la caza del lobo en todo el país

https://www.asociaciongerminal.org/?p=5472

Sí, existe un plan para la aniquilación de sociedades de ganaderos extensivos para propiciar el rewilding, no digo que todos los que apoyan el conservacionismo quieran eso o siquiera lo conozcan.  En Espanna se van uniendo poco a poco nuevas voces a este movimiento neomalthusiano y misántropo y le auguro importantes logros entre masas urbanitas ignorantes o resentidas.

Tomaos vuestro tiempo porque la cosa asusta. Iré tomando algunos extractos que considere oportunos, aunque el texto completo casi no tiene desperdicio. Esta gente ya lleva décadas de experiencia implantando su plan en África, utilizando su influencia en los gobiernos corruptos locales para expulsar tribus enteras para hacer parques,  y parece que le va tocando el turno a nuestro país también, en su intento de reasilvestrar amplias zonas de nuestra Espanna vaciada.

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hace 10 horas, Hispanorromano dijo:

Lo llamamos animalismo para entendernos, porque es la palabra que más se usa ahora para designar a esta corriente. Pero en verdad el ecologismo original ya ponía al animal en un plano de igualdad con el hombre, con lo que este neologismo sirve en parte para preservar la buena imagen del ecologismo, de la misma manera que algunos hablan de feministas radicales o de feminazis para preservar el buen nombre del feminismo.

Abordas un tema tan interesante como complejo, dado el numeroso caudal de corrientes de pensamiento que se dan cita en el ecologismo, lo cual es de agradecer pues a menudo los interesados pueden perderse entre tantas diatribas como se manejan en ese mundillo, hoy tan extendido.

Sin embargo, y agradeciendo el interés y esfuerzo que has puesto a la hora de presentar el debate, creo que existen una serie de errores fundamentales graves que convendría aclarar, para entender mejor acerca de lo que estamos hablando.

El primero es el que recojo y subrayo en la cita, ya que estableces el punto de partida en la errada premisa -o al menos es la impresión que a mí me queda tras leer tu exposición- de que todo el ecologismo es perverso y que el animalismo no sería sino otra perversa entelequia para blanquearlo.

No es así, en realidad el ecologismo tiene su origen en los diversos movimientos anti-industrialistas y anti-maquinistas europeos del S. XIX, donde se daban cita numerosas corrientes de pensamiento que reaccionaban, cada cual a su manera, frente a las consecuencias de la revolución industrial fruto de la Ilustración. Ocurre lo mismo, paralelamente hablando en el ámbito político, que cuando nos referimos, por ejemplo, a tradicionalistas, fascistas, socialistas o comunistas, reaccionando frente al capitalismo industrial. De igual manera que no podemos decir que todos esos movimientos fuesen lo mismo, pese a ser respuestas surgidas frente a un problema común denominador, tampoco podemos decir que todo el ecologismo tenga sus raíces en una misma concepción anticristiana del hombre en la naturaleza. 

El ecologismo tiene su base fundamental en la idea de considerar al hombre como parte integrante de la naturaleza, creada por Dios para unos y surgido fruto de la evolución biológica para otros, y en cualquier caso devolver la armonía o equilibrio rotos por éste, en dicho orden, como consecuencia de su desviación hacia el culto económico. En realidad, lo que distingue a unos de otros no es otra cosa que la propia concepción del propio ser humano que los diferencia. Creaturas de Dios para unos o simios inteligentes para los otros, esto es, una vuelta a la concepción tradicional cristiana o una profundización en la vertiente racionalista y materialista de la ilustración.

Es cierto que determinados filósofos del XIX, como Schopenhauer o Nietzsche, ya auguraban una especie de protoecologismo anticristiano en sus ideas. Recordemos por ejemplo la presentación que hacía este último de lo que él denominaba el superhombre en su obra «Así habló Zaratustra»:

Cita

El superhombre es el sentido de la tierra. Diga vuestra voluntad: ¡sea el superhombre el sentido de la tierra! ¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os hablan de esperanzas sobreterrenales! Son envenenadores, lo sepan o no.

Son despreciadores de la vida, son moribundos y están, ellos también, envenenados, la tierra está cansada de ellos: ¡ojalá desaparezcan!

También Marx se preocupaba de la cuestión ecológica:

Cita

... en el momento de construir una sociedad socialista el capitalismo habrá destruido completamente la relación correcta de la especie humana con el resto de la naturaleza...

Pero también es cierto que dentro del ámbito puramente cristiano, han surgido otro tipo de respuestas, igualmente contundentes, que denuncian esa ruptura de la armonía entre el hombre y la naturaleza en pos de la industrialización.

Cita

Debido a una explotación inconsiderada de la naturaleza, (el ser humano) corre el riesgo de destruirla y de ser a su vez víctima de esta degradación.

Pablo VI - Pacem in terris

De hecho la degradación ambiental es una de las denuncias más firmes de la Iglesia actual:

Cita

El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social. De hecho, el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta.

Francisco - Laudato sí

Lo que quiero señalar con esto es que resulta inconsistente mantener la idea de que el ecologismo es perverso per se, tal y como parece desprenderse de algunas ideas aportadas en el debate.

Otra errada premisa que también quisiera señalar, creo entender fruto de albergar la anterior, es la idea de que el animalismo sea el ala más radical del ecologismo. Si queréis podemos abordar el tema del origen del ecologismo y su desarrollo, pero quizás antes habría que explicar, que al igual que ocurriese en el S. XIX con el anti-industrialismo, actualmente el ecologismo, que de alguna manera es la palabra que sintetiza todas esas corrientes, también tiene diversas y muy variadas vertientes, que básicamente podrían resumirse en dos.

La vertiente que podríamos definir como más pragmática y menos doctrinal es la denominada «ambientalismo» o «conservacionismo», la cual estudia los problemas ecológicos y trata de buscar soluciones prácticas para solventarlos. El ambientalismo sería de alguna manera heredero del humanismo ilustrado, ya que respeta y trata de conservar y proteger la naturaleza en virtud de los intereses humanos. En esta línea, que sin embargo comparten algunas corrientes materialistas y liberales, por lo que de beneficio les supone a sus intereses, podríamos enmarcar también la apuesta ecológica que hace la Iglesia, aunque con un llamado especial a considerar la idea de «ecología integral», por la que la naturaleza no puede ser entendida apartada de su dimensión también humana. Esto significa que no hay ecología verdadera sin observar también una adecuada antropología que reponga al hombre en el lugar que le corresponde:

Cita

No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza”.

Del otro lado existe otra vertiente del ecologismo muy diferente, mucho más ideologizada y fanatizada, en la cual se circunscribirían el animalismo que venimos denunciando, el ecofeminismo, el veganismo, y todo un conglomerado de ideas, opiniones y propuestas que confluyen  en la búsqueda de las raíces intelectuales que han originado la destrucción de la naturaleza. Esta vertiente, heredera del racionalismo más duro del XIX, y también de algunas corrientes espiritistas y de importación de religiones orientales, tal y como se ha señalado, se interesa también por las consecuencias del deterioro ambiental, pero además propone una búsqueda intelectual de sus causas, en la que Dios y el hombre, esto es, la concepción antropológica cristiana, suelen ser la causa última. Por lo general tienen una marcada hostilidad hacia el humanismo, por cuanto lo entienden como el origen de todos los problemas ambientales, y se la conoce como «ecología profunda» o «deep ecology», en contraposición a lo que ellos llaman «ambientalismo frívolo» o «shallow ecology», al que acusan de vulgar conservacionismo. Para la «ecología profunda», definida originalmente por el filósofo noruego Arne Naess, en su conferencia de 1972 «The shallow and the deep, long‐range ecology movement», es imprescindible realizar profundos cambios filosóficos, sociales, políticos y económicos que deconstruyan la actual civilización, para de ello dar paso a una «nueva era».

Sin duda creo que es a esta vertiente a la que deberíamos prestar atención en el debate, pues es en ella se encuentran muchos de los fundamentos peligrosos que de continuo denunciamos en el foro. Pero sobre todo deberíamos dejar también muy claro, que la ecología per se no es mala, y que de igual forma que hay Cristianos y cristianos, también hay Ecologistas y ecologistas, y que sería un grave error no hacer esa distinción fundamental.

 

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hace 7 minutos, Español dijo:

Abordas un tema tan interesante como complejo, dado el numeroso caudal de corrientes de pensamiento que se dan cita en el ecologismo, lo cual es de agradecer pues a menudo los interesados pueden perderse entre tantas diatribas como se manejan en ese mundillo, hoy tan extendido.

Sin embargo, y agradeciendo el interés y esfuerzo que has puesto a la hora de presentar el debate, creo que existen una serie de errores fundamentales graves que convendría aclarar, para entender mejor acerca de lo que estamos hablando.

El primero es el que recojo y subrayo en la cita, ya que estableces el punto de partida en la errada premisa -o al menos es la impresión que a mí me queda tras leer tu exposición- de que todo el ecologismo es perverso y que el animalismo no sería sino otra perversa entelequia para blanquearlo.

No es así, en realidad el ecologismo tiene su origen en los diversos movimientos anti-industrialistas y anti-maquinistas europeos del S. XIX, donde se daban cita numerosas corrientes de pensamiento que reaccionaban, cada cual a su manera, frente a las consecuencias de la revolución industrial fruto de la Ilustración. Ocurre lo mismo, paralelamente hablando en el ámbito político, que cuando nos referimos, por ejemplo, a tradicionalistas, fascistas, socialistas o comunistas, reaccionando frente al capitalismo industrial. De igual manera que no podemos decir que todos esos movimientos fuesen lo mismo, pese a ser respuestas surgidas frente a un problema común denominador, tampoco podemos decir que todo el ecologismo tenga sus raíces en una misma concepción anticristiana del hombre en la naturaleza. 

El ecologismo tiene su base fundamental en la idea de considerar al hombre como parte integrante de la naturaleza, creada por Dios para unos y surgido fruto de la evolución biológica para otros, y en cualquier caso devolver la armonía o equilibrio rotos por éste, en dicho orden, como consecuencia de su desviación hacia el culto económico. En realidad, lo que distingue a unos de otros no es otra cosa que la propia concepción del propio ser humano que los diferencia. Creaturas de Dios para unos o simios inteligentes para los otros, esto es, una vuelta a la concepción tradicional cristiana o una profundización en la vertiente racionalista y materialista de la ilustración.

Es cierto que determinados filósofos del XIX, como Schopenhauer o Nietzsche, ya auguraban una especie de protoecologismo anticristiano en sus ideas. Recordemos por ejemplo la presentación que hacía este último de lo que él denominaba el superhombre en su obra «Así habló Zaratustra»:

También Marx se preocupaba de la cuestión ecológica:

Pero también es cierto que dentro del ámbito puramente cristiano, han surgido otro tipo de respuestas, igualmente contundentes, que denuncian esa ruptura de la armonía entre el hombre y la naturaleza en pos de la industrialización.

De hecho la degradación ambiental es una de las denuncias más firmes de la Iglesia actual:

Lo que quiero señalar con esto es que resulta inconsistente mantener la idea de que el ecologismo es perverso per se, tal y como parece desprenderse de algunas ideas aportadas en el debate.

Otra errada premisa que también quisiera señalar, creo entender fruto de albergar la anterior, es la idea de que el animalismo sea el ala más radical del ecologismo. Si queréis podemos abordar el tema del origen del ecologismo y su desarrollo, pero quizás antes habría que explicar, que al igual que ocurriese en el S. XIX con el anti-industrialismo, actualmente el ecologismo, que de alguna manera es la palabra que sintetiza todas esas corrientes, también tiene diversas y muy variadas vertientes, que básicamente podrían resumirse en dos.

La vertiente que podríamos definir como más pragmática y menos doctrinal es la denominada «ambientalismo» o «conservacionismo», la cual estudia los problemas ecológicos y trata de buscar soluciones prácticas para solventarlos. El ambientalismo sería de alguna manera heredero del humanismo ilustrado, ya que respeta y trata de conservar y proteger la naturaleza en virtud de los intereses humanos. En esta línea, que sin embargo comparten algunas corrientes materialistas y liberales, por lo que de beneficio les supone a sus intereses, podríamos enmarcar también la apuesta ecológica que hace la Iglesia, aunque con un llamado especial a considerar la idea de «ecología integral», por la que la naturaleza no puede ser entendida apartada de su dimensión también humana. Esto significa que no hay ecología verdadera sin observar también una adecuada antropología que reponga al hombre en el lugar que le corresponde:

Del otro lado existe otra vertiente del ecologismo muy diferente, mucho más ideologizada y fanatizada, en la cual se circunscribirían el animalismo que venimos denunciando, el ecofeminismo, el veganismo, y todo un conglomerado de ideas, opiniones y propuestas que confluyen  en la búsqueda de las raíces intelectuales que han originado la destrucción de la naturaleza. Esta vertiente, heredera del racionalismo más duro del XIX, y también de algunas corrientes espiritistas y de importación de religiones orientales, tal y como se ha señalado, se interesa también por las consecuencias del deterioro ambiental, pero además propone una búsqueda intelectual de sus causas, en la que Dios y el hombre, esto es, la concepción antropológica cristiana, suelen ser la causa última. Por lo general tienen una marcada hostilidad hacia el humanismo, por cuanto lo entienden como el origen de todos los problemas ambientales, y se la conoce como «ecología profunda» o «deep ecology», en contraposición a lo que ellos llaman «ambientalismo frívolo» o «shallow ecology», al que acusan de vulgar conservacionismo. Para la «ecología profunda», definida originalmente por el filósofo noruego Arne Naess, en su conferencia de 1972 «The shallow and the deep», es imprescindible realizar profundos cambios filosóficos, sociales, políticos y económicos que deconstruyan la actual civilización, para de ello dar paso a una «nueva era».

Sin duda creo que es a esta vertiente a la que deberíamos prestar atención en el debate, pues es en ella se encuentran muchos de los fundamentos peligrosos que de continuo denunciamos en el foro. Pero sobre todo deberíamos dejar también muy claro, que la ecología per se no es mala, y que de igual forma que hay Cristianos y cristianos, también hay Ecologistas y ecologistas, y que sería un grave error no hacer esa distinción fundamental.

 

Sería cuestión quizás etimológica. Yo interpreto el foco del hilo sobre los llamados "animalistas".

 

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hace 7 minutos, Vanu Gómez dijo:

Sería cuestión quizás etimológica. Yo interpreto el foco del hilo sobre los llamados "animalistas".

 

Ya sé a qué tipo de ecologistas te refieres tú, Vanu, y lo comparto, pero permíteme señalar que no es una cuestión simplemente etimológica. Cuando se pone el dedo sobre un conjunto de personas en general, sin discernir quién es quién, se hace sobre todo aquel que de alguna manera pueda estar relacionado con el grupo. Es lo mismo que cuando los ateos anticlericales nos señalan a los católicos como pederastas, porque en el seno de la Iglesia haya habido casos de pederastas. O lo mismo que hacen muchos animalistas cuando dicen que habría que exterminar al ser humano por ser un cáncer para el planeta, porque haya personas que vivan como si les importara una higa el cuidado de la casa común. Al final, lo que sale perdiendo con ese tipo de generalizaciones, es la causa general del bien común, e incluso la propia causa.

Me parece muy necesario y de primer nivel, hacer esta distinción.

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hace 6 minutos, Español dijo:

Ya sé a qué tipo de ecologistas te refieres tú, Vanu, y lo comparto, pero permíteme señalar que no es una cuestión simplemente etimológica. Cuando se pone el dedo sobre un conjunto de personas en general, sin discernir quién es quién, se hace sobre todo aquel que de alguna manera pueda estar relacionado con el grupo. Es lo mismo que cuando los ateos anticlericales nos señalan a los católicos como pederastas, porque en el seno de la Iglesia haya habido casos de pederastas. O lo mismo que hacen muchos animalistas cuando dicen que habría que exterminar al ser humano por ser un cáncer para el planeta, porque haya personas que vivan como si les importara una higa el cuidado de la casa común. Al final, lo que sale perdiendo con ese tipo de generalizaciones, es la causa general del bien común, e incluso la propia causa.

Me parece muy necesario y de primer nivel, hacer esta distinción.

en mi enlace hay ejemplos, por ejemplo el fundador de Greenpeace en nuestro país, por mi parte trataré en lo sucesivo de no emplear "ecologismo" o "ecologistas" en mis críticas y emplearé "animalistas" o "rewilders", para acotar la crítica.

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Me parece bien, no obstante no creo haber hecho ninguna crítica hacia tu forma de expresarte ni nada similar. Simplemente hice una observación, creo que necesaria, al planteamiento de Hispanorromano donde ponía en igualdad de condición, ecologismo y animalismo.

hace 12 horas, Hispanorromano dijo:

Lo llamamos animalismo para entendernos, porque es la palabra que más se usa ahora para designar a esta corriente. Pero en verdad el ecologismo original ya ponía al animal en un plano de igualdad con el hombre, con lo que este neologismo sirve en parte para preservar la buena imagen del ecologismo, de la misma manera que algunos hablan de feministas radicales o de feminazis para preservar el buen nombre del feminismo. 

 

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hace 7 minutos, Español dijo:

Me parece bien, no obstante no creo haber hecho ninguna crítica hacia tu forma de expresarte ni nada similar. Simplemente hice una observación, creo que necesaria, al planteamiento de Hispanorromano donde ponía en igualdad de condición, ecologismo y animalismo.

 

Sea como sea, es bueno remarcar la diferencia que comentas. Entiendo que no es justo meter a todos los ecologistas en el saco de los animalistas.

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@Español, estoy muy de acuerdo con las matizaciones que introduces. Quizá me expliqué mal. Distingo ecologismo de ecología. La ecología y la preocupación por el medio ambiente y por la creciente destrucción de la naturaleza me parece lícita, sana y cristiana. Ya comenté en el foro que la encíclica Laudato si me parece muy correcta y que los ataques que había recibido de ambientes conservadores eran injustos e indignos. Como decía, la ecología es una preocupación muy sana, en particular la ecología integral que promueve el Papa Francisco, que no deja al hombre de lado y que subordina todo ello al plan de Dios. Pero distingo todo eso del ecologismo, que entiendo que es una ideologización que tiene derivadas anticristianas o desde luego problemáticas, de la misma manera que ocurre con el socialismo respecto de la sociedad o con el nacionalismo respecto del sano amor a la nación (el problema de los "-ismos", que casi siempre suelen ser ideologías sustitutivas de la religión). Es en ese sentido que decía que el animalismo (o la equiparación del hombre al animal) ya estaba presente en el tipo de ecologismo al que dirigía mis dardos.

En definitiva, estoy bastante de acuerdo con lo que dices y ello me ofrece la oportunidad de matizar mi introducción inicial: no estoy en contra de la ecología sino de lo que sería su perversión ideológica, a la que llamo ecologismo, pero se puede denominar de otra manera si consideráis que induce a la confusión en el lector. Y aprovecho para comentar que me parece enfermiza la oposición por sistema a toda preocupación ecológica que ha adoptado cierta derecha que copia todo de Estados Unidos.

@david, me parece muy acertado lo que comenta sobre Malthus. Creo que da la clave de por qué el pensamiento de Malthus es una piedra importante en todo este edificio antihumano, de reducción del hombre a pura animalidad.

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En realidad, todos esos «ismos» que suele surgir en torno a la fe o seguidismo hacia alguna ciencia o disciplina, casi siempre caen en el disparate, sirviendo a menudo de base para introducir ideas y concepciones perturbadoras del orden tradicional. Has definido muy bien el tema cuando te refieres a ello como pseudo religiones, pues en el fondo funcionan como tal. La «Deep ecology» que viene a ser la supuesta base ideológico-científica del movimiento de la nueva era, no es ni más ni menos que eso, un conjunto de ideas pseudo científicas y pseudo religiosas aunadas en torno a una ideología que se comporta al fin y al cabo como sustitutivo de la religión tradicional.

El problema suele estar a veces, como en esta ocasión, cuando se hace una crítica de estos movimientos sin advertir la necesaria diferenciación que legitima o deslegitima a sus seguidores y sus postulados. Lamentablemente en este tema no parece haber un término -al menos yo no lo conozco- que permita diferenciar a unos de otros, de ahí que muchas personas caigan en el error y que otras se aprovechen de tal circunstancia para inocular su veneno anti-algo. No pocas veces hemos advertido en el foro acerca del anti-ecologismo de cierta parte de la derecha, mayormente liberal que, amparándose en dicha circunstancia, aprovechan para arremeter contra la Iglesia, y sobre todo contra el Papa, por sus continuos llamados a respetar el medio ambiente.

Hay un aspecto que comenta también @david, que quizás deberíamos abordar, cuando se refiere a la necesidad de ahondar en el estudio del materialismo para comprobar hasta qué punto esas ideas se han ido introduciendo en la sociedad desde dicha filosofía. Hablaba y con razón de Malthus y de la «capacidad de carga», pero lo mismo podría decirse, por ejemplo, de Marx y «la fractura metabólica».

Cuelgo a continuación un interesante artículo que tengo recopilado y he estado consultando para elaborar mi anterior aporte,  donde se analiza el planteamiento ecologista en la obra de dicho filósofo, desde una óptica marxista, eso sí, aunque no exenta de datos interesantes que nos permiten ver el grado de importancia que el materialismo dió en su origen a la ecología. Aunque simplifica bastante sobre el origen real del ecologismo, el tratamiento que hace de éste en la obra de Marx, parece estar bastante bien documentado, por lo que nos sirve al efecto de profundizar en la raíz materialista de dichas corrientes:

Cita

El ecologismo de Marx

Joaquim Sempere / 2-10-2018

El ecologismo apareció como corriente influyente en los Estados Unidos y Europa occidental en los años 60 del siglo XX, al margen de las izquierdas tradicionales, y en particular del marxismo. Algunas de sus corrientes incluso se presentaban como una superación de la oposición entre derecha e izquierda, con el argumento de que los conflictos sociales (especialmente entre clases) estaban destinados a pasar a segundo término frente a un problema de fondo: la agresión humana contra el medio ambiente natural. Esta agresión afectaba a todo el mundo, era un problema de la humanidad, no de una parte, de una clase social. Pero no todo el ecologismo lo veía igual. Un sector, que se volvió mayoritario en su seno, consideraba que la destrucción ambiental era un resultado más de la dinámica expansiva, dominadora y privatizadora del capitalismo, y que por tanto el ecologismo tenía que ser anticapitalista.

¿Hasta qué punto los fundadores del socialismo moderno fueron conscientes del problema? Ha corrido mucha tinta sobre el tema. En el caso de Marx y Engels, fundadores de la corriente más influyente de la izquierda socialista, la polémica fue intensa. Alguno les ha atribuido desde ignorancia de la cuestión ecológica hasta posiciones abiertamente “productivistas” y, como tales, antiecológicas y cómplices de desarrollos industriales extremadamente destructivos del medio natural. Las prácticas inequívocamente productivistas de los regímenes autodenominados marxistas reforzaban este argumento. El bicentenario del nacimiento de Marx es una buena ocasión para repasar qué hay de verdad en estas críticas.

Marx consideraba que la burguesía, impulsando el industrialismo capitalista, creó un nuevo mundo, introduciendo innovaciones que multiplicaban las capacidades humanas para transformar el medio natural y para dotarse de mejoras gracias a la aplicación de la ciencia y la técnica a la producción. La burguesía, con ello, generaba además las condiciones previas necesarias para avanzar hacia una nueva etapa de la historia humana, una era de fraternidad: el socialismo o comunismo. El maquinismo y la concentración de trabajadores en fábricas hacían nacer un nuevo modo socializado de trabajo y de producción, que, gracias a la división del trabajo en el interior de la empresa, incrementaba la productividad del trabajo humano y aportaba un plétora de productos inaudita. Y concentraba en grandes fábricas aquellos que serían los protagonistas de los cambios revolucionarios exigidos por el nuevo régimen socioeconómico: los proletarios, llamados a subvertir el orden capitalista. Pero el maquinismo fragmentaba la actividad de cada trabajador hasta convertirlo en una simple pieza de una gran maquinaria, y sometiéndolo a explotación. La explotación, es decir, la expropiación por el empresario capitalista del producto del trabajo excedente de los obreros, permitía una acumulación de riqueza en manos del empresario. De modo que Marx, al tiempo que veía progreso en la industria mecanizada, veía dominación, sufrimiento y regresión humana. Había aprendido a pensar dialécticamente, percibiendo juntos los aspectos opuestos de una misma realidad, que raramente tiene una sola cara. En el socialismo moderno hay también una idea frecuentemente no explicitada: la productividad de las modernas fuerzas productivas permite liberar tiempo y energía para los trabajadores que, emancipados de la explotación capitalista, podrían dedicarse a la vida política y a la gestión de la cosa pública bajo un régimen comunista.        

No comprender el punto de vista dialéctico ha llevado a muchos lectores y críticos de Marx a interpretar erradamente algunas de sus ideas. Así, si el industrialismo capitalista es un paso hacia la liberación de los trabajadores, parece que tenga que ser considerado sin reservas como un fenómeno positivo. Desde este punto de vista, Marx sería un admirador del progreso técnico e industrial, y, como tal, alguien que, de una manera u otra, ha contribuido a implantar o consolidar la civilización técnica que está revelándose nefasta para las condiciones de vida de la biosfera y de la misma especie humana. En otras palabras, Marx no solo no tendría nada de ecologista, sino todo lo contrario, formaría parte activa de una cultura esencialmente contraria a la vida y dominadora de la naturaleza.

Pero disponemos desde hace más de 30 años de estudios orientados a señalar la presencia, en la obra de Marx, de ideas que se pueden calificar como ecologistas o protoecologistas. Manuel Sacristán, traductor de diversas obras de Marx (entre ellas, el primer libro de El capital) y muy buen conocedor de su obra, publicaba en 1984 en la revista Mientras Tanto un trabajo titulado “Algunos atisbos político-ecológicos de Marx” (recogido en el volumen Manuel Sacristán, Pacifismo, ecología y política alternativa, Barcelona, Icaria, 1987). En este trabajo, Sacristán explicaba cómo Marx denunciaba la degradación, en el sistema capitalista, tanto de la integridad y la salud de los trabajadores como de la fertilidad de la tierra, dos realidades naturales –el trabajo humano y la tierra– que son, dice Marx, “las dos fuentes de las cuales mana toda la riqueza”. Marx y Engels fueron conscientes de un problema que preocupó a muchos científicos y estadistas del siglo XIX: la pérdida de nutrientes de las tierras agrícolas en un momento de crecimiento demográfico, y de la irracionalidad metabólica que suponía la existencia de grandes ciudades que importaban de los campos muchos alimentos pero no retornaban los nutrientes a la tierra, sino que los evacuaban hacia los ríos, contaminándolos, y derrochando un recurso de gran valor. La ruptura de la circularidad de los nutrientes ponía en cuestión tanto la viabilidad económica a largo plazo de la agricultura capitalista como la viabilidad ecológica de las grandes ciudades, hasta el punto de que, en el Anti-Dühring, Engels afirma: “La civilización nos ha dejado con las grandes ciudades una herencia que costará mucho tiempo y trabajo eliminar; pero las grandes ciudades deben ser eliminadas, y lo serán, aunque a través de un proceso lento”.                                                       

Marx, según Sacristán, creía que “en el momento de construir una sociedad socialista el capitalismo habrá destruido completamente la relación correcta de la especie humana con el resto de la naturaleza (...) Y entonces asigna a la nueva sociedad una tarea –dice literalmente– de ‘producir sistemáticamente’ este intercambio entre la especie humana y el resto de la naturaleza. (...) La sociedad socialista queda así caracterizada como aquella que establece la viabilidad ecológica de la especie”[1]. Como se puede observar, Sacristán ponía de manifiesto en los textos de Marx y Engels unos puntos de vista inequívocamente “ecologistas” y una percepción muy acertada de un rasgo esencial del capitalismo: la ruptura de la circularidad de los intercambios entre humanos y medio natural que son la condición básica de la continuidad de la vida humana sobre la tierra. Marx utilizó profusamente el término “metabolismo” –en alemán Stoffwechsel, es decir, intercambio de materiales, que no es nada más que la definición de “metabolismo”–, un término típicamente ecológico, y eso dice mucho de la consciencia de Marx sobre la cuestión. La observación de Marx según la cual el socialismo estaba destinado a establecer “la viabilidad ecológica de la especie [humana]” se hace explícita en el libro III de El capital, donde se caracteriza la sociedad sin clases, el comunismo, que supuestamente ha de suceder al capitalismo, no solo como una sociedad libre de explotación y de inseguridad, sino también como una sociedad en la que “los seres humanos regularán conscientemente su metabolismo con la naturaleza”. Esta frase, que ha sido en general poco comentada por los lectores e intérpretes de El capital, subraya hasta qué punto Marx fue consciente de la dimensión ecológica de la vida humana, del papel destructivo del capitalismo respecto a esta dimensión e incluso de la misión regenerativa que correspondería al socialismo en el futuro.

En el año 2000 se publicaba la obra de John Bellamy Foster Marx’s Ecology. Materialism and Nature (traducido al castellano con el título La ecología de Marx. Materialismo y naturaleza, El Viejo Topo, 2004), una obra consistente y muy documentada sobre el tema, que aclara muchos puntos. Este libro aporta elementos adicionales que permiten hacerse una idea más precisa del ecologismo de Marx, a partir de un recorrido muy detallado de las diferentes tradiciones científicas y materialistas que influyeron en este autor, desde Epicuro (a quien va dedicar su tesis doctoral) y Lucrecio hasta los ilustrados europeos y la ciencia natural. Foster explica, a partir de los cuadernos de lectura de Marx, como este se interesó, entre otros, por la geología histórica, por la teoría evolucionista de Darwin y por la química agrícola, especialmente por Justus von Liebig, que denunció la inviabilidad a largo plazo de la agricultura capitalista. Recoge también múltiples pronunciamientos sobre el tema tanto de Marx como de Engels. Este último, en una carta a Marx, ponía el acento en el derroche “de nuestras reservas de energía, nuestro carbón” (que caracteriza como “calor solar del pasado”) y de los bosques, indicando los efectos devastadores de la deforestación[2].

Foster relaciona la conciencia marxiana de la “fractura metabólica” (término utilizado por Marx) con la obsesión por la división antagónica entre ciudad y campo. Y alude a un tema que la moderna crítica ecologista ha puesto en evidencia explicando que el comercio desigual implica expolio de recursos naturales, es decir, uso y consumo, por parte de los países ricos, de la tierra y el agua de los países pobres  cuando los primeros importan piensos, producción vegetal o ganadera de los países pobres:

“Para Marx –dice Foster– la fractura metabólica relacionada en el nivel social con la división antagónica entre ciudad y campo se ponía también de manifiesto a un nivel más global: las colonias asistían impotentes al robo de sus tierras, sus recursos y su suelo al servicio de la industrialización de los países colonizadores”. Siguiendo a Liebig, que había afirmado que “Gran Bretaña roba a todos los países las condiciones de su fertilidad” y señalando a Irlanda como ejemplo extremo, escribe Marx: “Indirectamente Inglaterra ha exportado el suelo de Irlanda sin dejar siquiera a sus cultivadores los medios para reemplazar los elementos constituyentes del suelo agotado” (p. 253).

Es bastante evidente que, en estas observaciones, Marx apunta una visión del imperialismo que va mucho más allá de una explotación en términos de valor económico, y que incluye el saqueo y la transferencia física de recursos naturales: fertilidad de la tierra, minerales del subsuelo, agua. Foster recoge también que Engels transmitió a Marx la noticia de los trabajos de Podolinski sobre flujos de energía y de valor, solo unos meses antes de la muerte de Marx. Este desestimó por simplistas las inferencias de Podolinski, pero sin negar su pertinencia.

Un par de observaciones más indican hasta qué punto había avanzado en la mente y la obra de Marx la conciencia ecológica. Una es el esbozo de la noción de sostenibilidad ecológica en la idea de la continuidad de la especie humana o “cadena de generaciones”, cuando dice, por ejemplo, en el libro I de El capital, que “la agricultura tiene que preocuparse por toda la gama de condiciones permanentes de la vida que requiere la cadena de las generaciones humanas”, o cuando se refiere a las “condiciones eternas de la existencia humana impuestas por la naturaleza”[3]. Otra observación, esta más socioecológica, merece una atención especial, porque se ha atribuido a Marx la idea de que el desarrollo agrícola exige aumentar la escala de la producción, idea que parece coherente con una visión peyorativa del pequeño campesinado como una rémora del pasado. He aquí como lo presenta Foster:

(...) Su análisis [el de Marx] le enseñó los peligros de la agricultura a gran escala, a la vez que le hacía ver que la cuestión principal era la interacción metabólica entre los seres humanos y la tierra. En consecuencia, la agricultura solo podía existir a una escala bastante grande allí donde se mantuvieran las condiciones de sostenibilidad, cosa que Marx consideraba imposible en la agricultura capitalista a gran escala. ‘La moraleja del cuento –dice Marx en el libro III de El capital– (...) es que el sistema capitalista va en sentido contrario a la agricultura racional, o que la agricultura racional es incompatible con el sistema capitalista (aunque este promueva el desarrollo técnico de la agricultura) y necesita o bien pequeños campesinos que trabajen por su cuenta o el control por parte de productores asociados’. Marx y Engels argumentaron continuamente en sus obras que los grandes terratenientes eran invariablemente más destructivos en relación a la tierra que los agricultores libres (p. 255).

Sorprendente, ¿no? Estas observaciones contradicen la visión habitual de Marx en relación a la ecología. Esto tiene una explicación. Estas percepciones de Marx y Engels no bastaron para superar su visión esencialmente productivista y su confianza, pese a todo, en el progreso técnico, y no influyeron en los contenidos básicos del corpus teórico que se traspasó a sus herederos, los cuales fijaron su atención en la interpretación marxiana del desarrollo industrial, que tomaron como paradigma desligándolo de sus efectos colaterales ecológicos.

Foster recorre las aportaciones de diversos autores marxistas que recogieron algunas de las reflexiones ecológicas de Marx y Engels, como el mismo Kautsky en su trabajo sobre la cuestión agraria. Da un valor especial a Bujarin, que asignó un papel importante al concepto de metabolismo en su tratado de sociología. Bujarin atribuyó a la agricultura más importancia que cualquier otro dirigente bolchevique, hecho que estaba ligado a su defensa de los campesinos frente a los intentos de colectivización forzosa de las tierras. Dio una particular importancia a Vernadsky, introductor en el año 1926 del concepto de “biosfera” y fundador de la geobioquímica, de quien Lynn Margulis dijo que “fue la primera persona en toda la historia que se enfrentó a las implicaciones reales del hecho de que la tierra sea una esfera autónoma”. Y a Vavilov, especialista en genética vegetal. Tanto Vernadsky como Vavilov vivieron y desarrollaron sus teorías en la Rusia soviética. El mismo Lenin estableció en 1920 una reserva natural en la Unión Soviética al sur de los Urales, la primera en el mundo destinada por un gobierno al estudio científico de la naturaleza. Todo esto hace decir a Foster que “en la década de 1920 la ecología soviética era probablemente la más avanzada del mundo” (p. 365). Pero como tantas otras iniciativas innovadoras de la revolución soviética, todo se lo llevó el viento de la contrarrevolución estalinista. La URSS puso en práctica un industrialismo descarnado y una agricultura química y mecanizada de grandes unidades. No solo las prácticas agronómicas quedaron marcadas por la filosofía desarrollista, sino que dieron origen a planteamientos teóricos e ideológicos que influyeron en todo el movimiento de obediencia soviética en el mundo. Un ejemplo estremecedor de hasta dónde ha podido llegar la tecnolatría implícita en esta orientación se encuentra en la obra colectiva checa La civilización en la encrucijada, dirigida por el científico social Radovan Richta, que en los años 60 del siglo XX llamó la atención como una versión modernizada de la filosofía del “socialismo real”. El equipo redactor se vinculó al programa democratizador de Alexander Dubcek, y por tanto era visto como una renovación de la idea del socialismo. ¿Lo fue realmente? No en el replanteamiento de la consideración teórica de la naturaleza en relación a la especie humana. Entre otras cosas, la mencionada obra dice: “El mundo que rodea hoy al hombre ya no es desde hace tiempo la naturaleza intacta. (...) Adopta los rasgos de una naturaleza otra, impuesta por el hombre. (...) El hombre deja de ser un simple ser natural y deviene, en todos los aspectos, un individuo social, elaborado por la civilización”. El gran cambio que los autores de este estudio ponen de relieve es un cambio tecnológico, el paso de una tecnología que fragmenta y aliena las capacidades de los trabajadores y de los ciudadanos, a una tecnología “multilateral, que les abre el camino de su desarrollo propio y autónomo”. El mérito de este cambio proviene de la “revolución cientificotécnica”:

La automatización, la quimización, la biologización de la producción, las técnicas modernas de consumo, los medios de comunicación y el urbanismo tienden actualmente a evitar que las personas sirvan al mundo de los objetos. La revolución científica y técnica, en su conjunto, puede en definitiva llegar a transformar la civilización en un servicio para el ser humano: a adaptar el proceso de producción, a construir un modo de vida, etc., favoreciendo así el desarrollo humano en su plenitud[4].

Es absolutamente revelador que este informe de 460 páginas en la versión francesa no contenga ninguna consideración ni mención alguna de la agricultura y la alimentación humana, que no hable de alienación del hombre respecto de la naturaleza… ¡que no haga aparecer la palabra “agricultura”! Su tecnolatría llega tan lejos, si no más, que los documentos de la Rand Corporation de los Estados Unidos o de cualquier otra agencia tecnocrática del mundo.

La izquierda tiene que librarse de toda esta regresión teórica. Dos amenazas le ayudarán a hacerlo: el cambio climático y el agotamiento de los combustibles fósiles y el uranio. No se podrán abordar estas dos amenazas sin una reconsideración radical de la fractura metabólica experimentada los dos últimos siglos y sin un programa de mutación energética y metabólica para reconstruir la economía sobre la base de la sostenibilidad ecológica y la circularidad de los recursos. Releer a Marx y Engels con una nueva mirada, que permita recuperar sus reflexiones protoecologistas superando sus insuficiencias, ayudará sin duda a llevar adelante este programa de reconstrucción.    

(Este texto es una versión castellana y parcialmente modificada de un artículo publicado por su autor en la revista Nous Horitzons, nº 218, que conmemora el bicentenario del nacimiento de Karl Marx).

 

[1] Manuel Sacristán, “Algunos atisbos político-ecológicos de Marx”, en el volumen Pacifismo, ecología y política alternativa, Barcelona, Icaria, 1987, pp. 146-147. La cita del Anti-Dühring está en la p. 144.

[2] John B. Foster, La ecología de Marx. Materialismo y naturaleza, Barcelona, El Viejo Topo, 2004, pp. 255-256.

[3] J.B. Foster, op. cit., pp. 253 y 252.

[4] Radovan Richta (dir.), La civilisation au Carrefour, París, Éditions Anthropos, 1969, pp. 210-211 y 213.

 

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Sobre la relación de Malthus con la doctrina darwinista:

Cita
Es bien sabido que tanto Darwin como Wallace llegaron al concepto de selección natural a partir del trabajo del economista político británico Thomas Robert Malthus, Ensayo sobre el principio de población (1798). El interés directo e intenso de Darwin en Malthus ha sido un tema recurrente en los estudios de la interconexión de ciencia y sociedad (Young, 1985). La intención de Malthus era explicar cómo las poblaciones humanas permanecen en equilibrio con los medios para alimentarse –su ensayo fue una importante contribución a la economía política británica en la década de 1790–. En la década de 1830, cuando Darwin lo leyó, las doctrinas maltusianas ya eran parte de la política del gobierno. El argumento era muy simple. La tendencia natural de la humanidad, según Malthus, siempre había sido aumentar en número. La producción de alimentos nunca podría seguir su ritmo de crecimiento. Pero existe un equilibrio aproximado, según Malthus, porque el hambre, la enfermedad, la muerte o la guerra mantienen a raya la cantidad de individuos. Malthus creía que estos factores afectaban normalmente a los miembros más débiles de la sociedad, a los más pobres y enfermos. También creía que esto ocurría por voluntad de Dios. Una consecuencia, advertía Malthus, era que la caridad (las ayudas sociales, por ejemplo) para los pobres fomentaría la reproducción y una mayor presión en el abastecimiento de alimentos. Estas opiniones se hicieron realidad cuando se aprobó la enmienda a la conocida como Poor Law (Ley de los Pobres) en 1834, con la que se introdujeron los asilos para pobres en Gran Bretaña, y se obligó por ley a los pobres indigentes a trabajar a cambio de comida. Este era el mundo que describió el novelista Charles Dickens en Oliver Twist.
Darwin aplicó las ideas de Malthus al reino animal y vegetal. Nacen muchos individuos, señaló Darwin. Esto debe resultar en una lucha por la existencia, en una competición entre individuos por la supervivencia. En esta competición, los organismos más débiles tenderían a morir antes. Solo los supervivientes tendrían descendencia. Darwin añadió a Malthus la noción de que si los supervivientes sobrevivían por estar ligeramente mejor adaptados, dichas adaptaciones se transmitirían a la siguiente generación. Los supervivientes tienden a estar mejor equipados para enfrentarse a las condiciones de su existencia. El proceso también estimularía la diversificación de organismos para sacar rendimiento a diferentes nichos de la economía natural, como las fábricas de la época de Darwin. De forma contemporánea, aunque independiente, Wallace sugirió prácticamente lo mismo (Costa, 2014).

Y sobre las profundas repercusiones que tiene el darwinismo sobre la moral, en aspectos como el de la eutanasia o el del animalismo, que tratamos en este hilo (ojo, el texto procede de una página vegana, pero a mi juicio es esencialmente cierto lo que dice aunque falla en las conclusiones, pues sostiene que es bueno que Darwin haya destruido la moral tradicional):

Cita

Las implicaciones morales del darwinismo

 
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Charles Darwin
 
En el año 1990, el filósofo James Rachels publicó un libro titulado «Created from Animals. The Moral Implications of Darwinism» en el que defiende la idea de que las contribuciones científicas de Charles Darwin conllevan consecuencias para nuestra visión sobre la moral y en concreto a nuestra relación con los demás animales.

Esta tesis no tiene nada de nuevo, puesto que en ya en la época de Darwin se postulaba que la confirmación de la evolución biológica debía necesariamente modificar nuestra visión moral del mundo y nuestra forma de realizar juicios éticos. Para introducirse sobre este tema en español sugiero consultar la obra «El Evolucionismo. de Darwin a La Sociobiología», de R. Grasa Hernández, que expone un resumen muy ameno y didáctico sobre el darwinismo y su influencia en la cultura y la filosofía.
 
El libro más conocido de Rachels, y el único traducido al español hasta ahora, es "Elements of Moral Philosophy" [traducido como «Introducción a la Filosofía Moral»] que recomiendo especialmente para los interesados en adquirir una visión global sobre las diversas escuelas modernas de pensamiento moral.

Para ayudar a conocer las ideas de Rachels, he decidido traducir la introducción de su libro que está disponible gratuitamente para leer y descargar. Lástima que no suceda lo mismo con todos los libros. Creo que puede ser una lectura muy interesante y provechosa, incluso aunque uno no esté necesariamente de acuerdo con su enfoque o sus conclusiones.

Las referencias que Rachels sitúa en el texto las he enlazado dentro del propio texto a su versión original o en español siempre que estuviera disponible.
 
*****************
 
Las implicaciones morales del darwinismo: Introducción
 
James Rachels
 
1990
El hombre, en su arrogancia, se cree una obra digna de la intervención de una deidad. Sería más modesto, y más verdadero, que se considerara creado a partir de los animales.

Darwin escribió esas palabras en 1838, treinta y un años antes de publicar El Origen de las Especies. Él mismo aportaría una evidencia abrumadora para apoyar esta tesis, y al hacerlo habría traído un cambio profundo en la concepción que tenemos de nosotros mismos. Después de Darwin, no podemos pensarnos sobre nosotros mismos ocupando un lugar especial en la creación —en su lugar, debemos comprender que somos productos de las mismas fuerzas evolutivas, desarrollándose ciegamente y sin propósito, que han diseñado al resto del reino animal. Y todo eso, como se suele decir, posee un profundo significado filosófico.
 
Las implicaciones religiosas del darwinismo son debatidas a menudo. Desde el principio, al clero le ha preocupado que la evolución sea incompatible con la religión. Hasta qué punto esa preocupación está justificada es algo que se sigue debatiendo, y es algo sobre lo que tengo bastante que decir. Pero el darwinismo también conlleva un problema para la moral tradicional. La moral tradicional, no menos que la religión tradicional, asume que el hombre es "una gran obra". Se le concede a los humanos un estatus moral superior que a cualquier otra criatura sobre la tierra. Se considera que la vida humana, y sólo la vida humana, es sagrada, y esto implica que el amor a la humanidad es una de las primeras y más nobles virtudes. ¿Qué sucedería con todo esto si el hombre resulta ser nada más que un tipo de simio?
 
Curiosamente, los filósofos han mostrado poco interés sobre tales cuestiones. El denominado 'hombre de la calle' puede creer que podemos aprender importantes lecciones filosóficas a partir de Darwin —o que Darwin plantea graves amenazas— pero de largo los pensadores académicos no parecen coincidir. En las décadas siguientes a la publicación de la teoría de Darwin, algunos filósofos tuvieron mucho que decir al respecto. Por aquel entonces se puso de moda pensar que el darwinismo tenía profundas implicaciones en todos los ámbitos. Pero este interés rápidamente se esfumó. Si examinamos la mayoría de los influyentes trabajos filosóficos escritos en el siglo XX, encontraremos pocas referencias a Darwin. Su teoría es discutida, por supuesto, en obras dedicadas específicamente a la filosofía de la ciencia. Pero en los escritos filosóficos de interés más general, y particularmente en los libros sobre ética, es mayoritariamente ignorado. Cuando aparece el tema suele ser habitualmente para explicar que el darwinismo no tiene las implicaciones que su popularidad dice que tiene. Los filósofos parecen coincidir con la observación de Wittgenstein cuando escribió que "la teoría de Darwin no tiene mayor relación con la filosofía que cualquier otra hipótesis de la ciencia natural".
 
¿Por qué los filósofos, con contadas excepciones, han sido tan indiferentes a Darwin? En parte puede haberse debido a una reacción contra las absurdas afirmaciones que se hicieron al respecto. Cuando leyó por primera vez El Origen de las Especies, Karl Marx declaró que “la obra de Darwin es de una gran importancia y sirve a mi propósito en cuanto que proporciona una base en las ciencias naturales para la lucha histórica de clases”. Socialistas posteriores realizaron valoraciones similares, alegando que encontraban en Darwin una 'base científica' para sus ideas políticas. Por otro lado, los capitalistas proclamaban lo mismo: a finales del siglo XIX, la idea de "la supervivencia del más apto" era invocada insistentemente para justificar un sistema económico competitivo. En 1900, el industrial norteamericano Andrew Carnegie escribió que debemos "aceptar y dar la bienvenida a una gran desigualdad; la concentración de empresas, industrias y comercios, en manos de unos pocos; y las leyes de la competitividad son no sólo beneficiosas sino esenciales para el progreso futuro de la raza". ¿Por qué? Porque sólo el capitalismo asegura "la supervivencia del más apto". Para empeorar todavía más las cosas, Heinrich Himmler declararía más tarde que el darwinismo apoyaba en Europa la purga de los 'inadaptados' judíos. La irritación ante semejantes despropósitos podría haber provocado reacciones como la de Wittgenstein. Frente a todo esto, resulta tentador alzar la mano y decir: la teoría de Darwin trata sobre biología, no sobre política o economía o ética o religión o cualquier otra cosa.
 
Las personas cultas podrían resistirse todavía a la idea de que el darwinismo tiene implicaciones morales por otra razón. Mucha gente piensa que el darwinismo es contrario a una verdadera moral y la rechazan por esta razón. Gran parte del actual rechazo al darwinismo parece estar parcialmente motivado por este pensamiento. En los Estados Unidos, hay quienes quieren prohibir la enseñanza de la evolución en las escuelas públicas y, para provocar los sentimientos de la gente, señalan las supuestas nocivas implicaciones que tiene para la religión y la moral. El argumento resulta tristemente familiar. La idea de que el darwinismo socava los valores tradicionales ha sido usada tan a menudo como una razón para oponerse a la teoría de Darwin que incluso las personas científicamente educadas tienden a pensar que eso no es más que una necia idea que debe ser rechazada sin pensárselo dos veces.

Los principales defensores de la evolución han asumido esta posición —ellos insisten en que la teoría no supone una amenaza para la moral o la religión porque su teoría no tiene implicaciones para la moral o la religión. Stephen Jay Gould, uno de los principales defensores contemporáneos del darwinismo, y ciertamente uno de los escritores más convincentes sobre el tema, responde al desafío de la derecha conservadora deplorando "la insensata dicotomía de la ciencia contra la religión" y asegurando a sus lectores que "si bien no soy un creyente convencional, no me considero irreligioso." Así continúa argumentando en favor de que no hay conflicto entre el darwinismo y los valores tradicionales, o, en general, con ningún tipo de valores:
«¿Qué desafío pueden ofrecer los hechos de la naturaleza respecto de nuestras propias decisiones sobre el valor moral de nuestras vidas? Somos lo que somos, pero interpretamos el significado de nuestra herencia a nuestra elección. La ciencia no puede responder a cuestiones sobre cómo debemos vivir así como la religión no puede medir la edad de la Tierra.»
De este modo, según se desarrolla el debate, sólo dos posiciones son posibles: la visión fundamentalista de que el darwinismo socava los valores tradicionales, y, por tanto, debe ser rechazado; y la réplica evolucionista de que el darwinismo no supone una amenaza a los valores tradicionales. Cuando se establecen los términos de esta manera, resulta difícil plantear la posibilidad de que el darwinismo puede tener consecuencias morales —especialmente la idea de que el darwinismo socava la moral tradicional— sin parecer que nos ponemos de parte de los enemigos de la evolución. El resultado es que, en los ámbitos cultos, se considera un signo de inteligencia creer que el darwinismo no tiene implicaciones para la ética. Desaparecida en combate se encuentra la posibilidad de una tercera alternativa: que el darwinismo es incompatible con la moral tradicional, y que asimismo proporciona razones para rechazar esta moral y reemplazarla por una mejor.

No obstante, hay razones más profundas y fundamentadas para el escepticismo acerca de deducir lecciones morales a partir del darwinismo, sugeridas por el argumento de Gould. Se trata del viejo problema de la relación entre hechos y valores, del "ser" y el "deber". No podemos, como regla general, derivar válidamente conclusiones acerca de lo que debe ser el caso a partir de premisas sobre lo que es el caso. La teoría de Darwin, si es correcta, trata sobre cuestiones de hecho. Nos dice lo que es el caso, en lo que concierne a la evolución de las especies. Por tanto, estrictamente hablando, de ella no se deriva ninguna conclusión respecto de cuestiones de valor. No se deduce, simplemente porque seamos una clase de simios, que debamos pensar despreciativamente sobre nosotros, o que nuestras vidas sean menos importantes, o que los seres humanos sean 'meramente' un tipo de animal entre otros. No se deduce que los postulados de la religión sean falsos. Como se suele decir a menudo, la selección natural podría ser una manera mediante la que Dios ha elegido crear al hombre. En este caso, el hombre todavía podría ser considerado como la divinamente bendecida cima de la creación.

Aun así, permanecen algunos pensamientos inquietantes. ¿Puede ser realmente cierto que el darwinismo, que ha derrocado nuestras antiguas ideas sobre el hombre y la naturaleza, no tenga desestabilizadoras consecuencias? La moral tradicional está basada, en parte, en la idea de que la vida humana tiene un valor y dignidad especial. Si debemos renunciar a la sobrevalorada concepción que tenemos de nosotros mismos, y la visión de que el mundo está hecho exclusivamente para nuestra presencia, ¿no tendríamos que renunciar, al mismo tiempo, a los elementos de nuestra moral que dependen de esas creencias? La sensación de que el descubrimiento de Darwin socava la religión tradicional, así como partes de la moral tradicional, no desaparecerá, a pesar de los atractivos argumentos lógicos que se derivan de ello, y a pesar del hecho de que no queramos posicionarnos con los enemigos de la evolución. Creo que esta presunción está justificada. Hay una conexión entre la teoría de Darwin y estas significativas cuestiones, aunque la conexión es más compleja que una simple vinculación lógica.

Argumentaré que la teoría de Darwin socava los valores tradicionales. En particular, socava la idea tradicional de que la vida humana tiene una exclusiva y especial dignidad. Así, aunque soy un darwiniano, defenderé la tesis que los amigos de Darwin suelen rechazar. Pero no asumo, como hacen los enemigos de Darwin, que esta implicación del darwinismo es moralmente perniciosa. Creo que se trata de una conclusión útil y positiva que debe ser bien recibida y no rechazada. Abandonar la idea de que la vida humana tiene una importancia especial no nos deja en una deriva moral; esto sólo sugiere la necesidad de un diferente y mejor anclaje.

Darwin declaró que El Origen de las Especies era "un alegato extenso". Aun a riesgo de parecer presuntuoso, quisiera señalar lo mismo acerca del presente libro, que también elabora un alegato extenso. El libro contiene un buen trozo de historia intelectual. Esta historia es relatada en parte para proporcionar un trasfondo, pero también porque quiero presentar mi argumento filosófico en el contexto de los eventos humanos que lo hacen posible. Los argumentos filosóficos son a menudo presentados ahistóricamente, como cadenas abstractas de razonamiento cuya validez lógica es independiente de su contexto cultural. No hay nada erróneo en esta forma de argumentar; de hecho, es la norma entre los filósofos del presente siglo. Pero en este libro me he apartado de esa práctica y he incluido bastante más material histórico del que es usual en un libro de filosofía que presenta una argumentación.

Esta argumentación puede ser sumarizada concisamente:

1. La moral tradicional depende de la idea de que los seres humanos están en una categoría moral especial: según este punto de vista moral, la vida humana tiene un valor único y especial, mientras que la vida no humana tiene relativamente poco valor. Así, el propósito de la moral está concebido para ser, primordialmente, la protección de los seres humanos y sus derechos e intereses. Esto suele denominarse como la noción de la dignidad humana. Pero esta idea no existe en un vacío lógico. Tradicionalmente se ha sostenido en dos maneras: primero, de acuerdo a la noción de que el hombre fue hecho a imagen de Dios, y segundo, de acuerdo a la noción de que el hombre es el único ser racional.

2. La teoría de Darwin no implica que la idea de la dignidad humana sea falsa —decir esto supondría violar la restricción lógica en contra de derivar el "deber" del "ser". El darwinismo, sin embargo, socava la doctrina tradicional, en un sentido que explicaré, eliminando su fundamento. El darwinismo socava la idea de que el hombre ha sido hecho a semejanza de Dios y la idea de que el ser humano es el único ser racional. Más aún, si el darwinismo es correcto, resulta dudoso encontrar otro fundamento para la idea de la dignidad humana. La idea de la dignidad humana aparece, por tanto, como el efluvio moral de una metafísica desacreditada.

3. Para reemplazar la doctrina de la dignidad humana ofrezco una concepción diferente, el individualismo moral, el cual argumento que encaja mejor con un enfoque evolucionista. De acuerdo al individualismo moral, el simple hecho de que uno sea humano no significa una consideración especial. El trato que debe tener un individuo depende de sus características particulares, en lugar del hecho de ser miembro de un supuesto grupo —aunque el grupo sea el de los seres humanos. Ofrezco varias razones para pensar que este enfoque es moralmente razonable, así como razones para pensar que es la visión que se deriva naturalmente si vemos el mundo desde una perspectiva evolucionista.

4. Finalmente, abandonando la idea de la dignidad humana, y adoptando el individualismo moral en su lugar, habrá consecuencias prácticas. La vida humana no podrá seguir siendo considerada con la misma reverencia supersticiosa que es tradicionalmente asumida, y las vidas de los no-humanos no podrán seguir siendo confinadas a la indiferencia. Esto significa que la vida humana será, en cierto sentido, devaluada, mientras que el valor reconocido a la vida no humana se verá incrementado. Esto tendrá como resultado una nueva perspectiva sobre el suicidio y la eutanasia, así como sobre el trato hacia los animales. Espero poder mostrar que reconstruir la moral sin la presunción de la excepcionalidad humana proporciona una moral más fuerte y más racional. Esto nos proporcionará una mejor ética respecto del trato hacia humanos y animales no humanos.

Hay otra cuestión que deseo reivindicar acerca del alcance del trabajo de Darwin. Como veremos, el propio Darwin tuvo mucho que decir acerca de la moral y la religión. Pero sus reflexiones sobre estos temas suelen ser ignoradas, o tratadas como un asunto marginal. Se presupone que sus opiniones sobre la moral y la religión son independientes de su labor estrictamente científica y que poseen menos valor. El propio Darwin, no obstante, parece haber creído que todo su pensamiento conformaba una sola unidad. Argumentaré que él estaba en lo correcto: sería más provechoso verlo como un pensador sistemático cuyas opiniones sobre todos estos temas están estrechamente relacionadas. A día de hoy, casi todo el mundo piensa que Darwin fue un pensador profundo. Pero yo pretendo demostrar que fue un pensador más profundo sobre una mayor variedad de temas de lo que comúnmente se suele creer.
Texto original en inglés: "Created From Animals: The Moral Implications of Darwinism [Introduction]"
Filosofía Vegana: Las implicaciones morales del darwinismo

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    • https://www.mundorepubliqueto.com/2020/05/01/no-todo-lo-que-brilla-es-oro/

      Una vez más, por aprecio a estos amigos dejo solo el enlace para enviar las visitas a la fuente.

      Solo comento la foto que ponen de un congreso internacional identitari que hubo un México. Ahí se plasma el cáncer que han supuesto y parece que aún sigue suponiendo aquella enfermedad llamada CEDADE. En dicha foto veo al ex-cabecilla de CEDADE, Pedro Varela -uno de esos nazis que se dicen católicos- junto a Salvador Borrego -que si bien no era nazi, de hecho es un mestizo que además se declara hispanista y favorable a la mezcla racial propiciada por la Monarquía Católica,  sí que simpatizó con ellos por una cuestión que quizá un día podamos comentar- uno de los "revisionistas" más importante en lengua española, así como el también mexicano Alberto Villasana, un escritor, analista, publicista, "vaticanista" con gran predicamento entre los católicos mexicanos, abonado totalmente a la errática acusación contra el papa Francisco... posando junto a tipos como David Duke, ex-dirigente del Ku Kux Klan, algo que lo dice todo.

      Si mis rudimentarias habilidades en fisonomía no me fallan, en el grupo hay otro español, supongo que también procedente del mundillo neonazi de CEDADE.

      Imaginemos la corrupción de la idea de Hispanidad que supone semejante injerto, semejante híbrido contra natura.

      Nuestra querido México tiene la más potente dosis de veneno contra la hispanidad, inyectado en sus venas precisamente por ser un país clave en ella. Es el que otrora fuera más próspero,  el más poblado, también fue y en buena parte sigue siendo muy católico, esta en la línea de choque con el mundo anglo y... los enemigos de nuestra Hispanidad no pueden permitir una reconciliación de ese país consigo mismo ni con la misma España, puente clave en la necesaria Reconquista o reconstrucción. Si por un lado está infectado por el identitarismo amerindio -el indigenismo- por el otro la reacción está siendo narcotizada por un identitarismo falsohispanista, falsotradicionalista o como queramos verlo, en el cual CEDADE juega, como vemos, un factor relevante.

      Sin más, dejo ahí otra vez más mi sincera felicitación al autor de ese escrito. Enhorabuena por su clarividencia y fineza, desde luego hace falta tener personalidad para ser capaz de sustraerse a esa falsa polarización con que se está tratando de aniquilar el hispanismo.

       





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    • La libertad sexual conduce al colapso de la cultura en tres generaciones (J. D. Unwin)
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    • Traigo de la hemeroteca un curioso artículo de José Fraga Iribarne publicado en la revista Alférez el 30 de abril de 1947. Temas que aborda: la desastrosa natalidad en Francia; la ya muy tocada natalidad española, especialmente en Cataluña y País Vasco; las causas espirituales de este problema, etc.

      Si rebuscáis en las hemerotecas, hay muchos artículos de parecido tenor, incluso mucho más explícitos y en fechas muy anteriores (finales del s. XIX - principios del s. XX). He traído este porque es breve y no hay que hacer el trabajo de escanear y reconocer los caracteres, que siempre da errores y resulta bastante trabajoso, pues ese trabajo ya lo ha hecho la Fundación Gustavo Bueno.

      Señalo algunos hechos que llaman la atención:

      1) En 1947 la natalidad de Francia ya estaba por los suelos. Ni Plan Kalergi, ni Mayo del 68, ni conspiraciones varias.

      2) Pero España, en 1947 y en pleno auge del catolicismo de posguerra, tampoco estaba muy bien. En particular, estaban francamente mal regiones ricas como el País Vasco y Cataluña. ¿Será casualidad que estas regiones sean hoy en día las que más inmigración reciben?

      3) El autor denuncia que ya en aquel entonces los españoles estaban entregados a una visión hedonística de la existencia, que habían perdido la vocación de servicio y que se habían olvidado de los fines trascendentes. No es, por tanto, una cosa que venga del Régimen del 78 o de la llegada al poder de Zapatero. Las raíces son mucho más profundas.

      4) Señala que el origen de este problema es ético y religioso: se ha perdido la idea de que el matrimonio tiene por fin criar hijos para el Cielo. Pero también se ha perdido la idea del límite: las personas cada vez tienen más necesidades y, a pesar de que las van cubriendo, nunca están satisfechas con su nivel de vida.

      Este artículo antiguo ilumina muchas cuestiones del presente. Y nos ayuda a encontrarle solución a estos problemas que hoy nos golpean todavía con mayor fuerza. Creo que puede ser de gran provecho rescatar estos artículos.
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    • En torno a la posibilidad de que se estén usando las redes sociales artificialmente para encrespar los ánimos, recojo algunas informaciones que no sé sin son importantes o son pequeñas trastadas.

      Recientemente en Madrid se convocó una contramanifestación que acabó con todos los asistentes filiados por la policía. Militantes o simpatizantes de ADÑ denuncian que la convocó inicialmente una asociación fantasma que no había pedido permiso y cuyo fin último podría ser provocar:

      Cabe preguntarles por qué acudieron a una convocatoria fantasma que no tenía permiso. ¿Os dais cuenta de lo fácil que es crear incidentes con un par de mensajes en las redes sociales?

      Un periodista denuncia que se ha puesto en marcha una campaña titulada "Tsunami Español" que pretende implicar a militares españoles y que tiene toda la pinta de ser un bulo de los separatistas o de alguna entidad interesada en fomentar la discordia:

      El militar rojo que tiene columna en RT es uno de los que difunde la intoxicación:

      Si pincháis en el trending topic veréis que mucha gente de derechas ha caído en el engaño.

      Como decía, desconozco la importancia que puedan tener estas intoxicaciones. Pero sí me parece claro que con las redes sociales sale muy barato intoxicar y hasta promover enfrentamientos físicos con unos cuantos mensajes bien dirigidos. En EEUU ya se puso en práctica lo de citar a dos grupos contrarios en el mismo punto para que se produjesen enfrentamientos, que finalmente ocurrieron.
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    • Una teoría sobre las conspiraciones
      ¿A qué se debe el pensamiento conspiracionista que tiene últimamente tanto auge en internet? Este artículo baraja dos causas: la necesidad de tener el control y el afán de distinguirse de la masa.
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