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Corazón Mexicano
Francisco Rubio

Jarauta: El fraile carlista que luchó contra los Estados Unidos.

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Jarauta: El fraile carlista que luchó contra los Estados Unidos.

 

Aunque las ansias apuntaban hacia el Palacio Nacional, la cita se estrellaría justo en la confluencia de las calles Tacuba y Santo Domingo, la frontera norte de la Plaza Mayor, el Zócalo. Por el empedrado de la primera golpeaban las botas, las bayonetas caladas y las banderas ebrias de victoria. Por la segunda marchaba el tumulto en himno de garrotes, piedras, pistolones, fusiles y escupitajos.

Era el general Winfield Scott.

Era el padre Celedonio Domeco de Jarauta.

El caballo más albo del batallón. La mula más cerril de la ciudad. Las barras y las estrellas. El pendón de las 3 garantías. Orgullo. Dignidad. Heridas. Sudores. Coraje. Lágrimas: 14 de septiembre de 1847, 08:30 horas.

- ¡Viva México, mueran los yankees!

Remangado el hábito franciscano, desnudas las piernas y sandalias, el ardor remeda galope sobre el cuadrante de Santa Catarina, hoy calle Nicaragua, para seguir hasta La Perpetua, hoy calle de Venezuela.

Tenso el ambiente tras las inesperadas descargas desde el callejón de López, desbocada la fiebre, desnuda la sed de muerte, desatado el instinto, la tropa avanza por dos vías: las calles de San Francisco, hoy Francisco I. Madero, y la de San Andrés, luego Tacuba.

“Una descarga de fusilería ordenada por el fraile -narra, puntual, testigo de los hechos, Antonio García Cubas en su libro Mis Recuerdos, fue contestada por los yanquis-, a la vez que por otros puntos lejanos se escuchaban las detonaciones de las armas de fuego, pues eran los momentos de la conflagración general en la ciudad.”

(Alberto Barranco Chavarría; Septiembre Negro, Yankees en el Zócalo.)

 

¿Pero quién era el fraile franciscano Celedonio Domeco de Jarauta?

 

Nuestro protagonista nació el 3 de marzo de 1813 en el poblado de Malón, Zaragoza, España. Fue hijo de Ramón Domeco de Jarauta e Ignacia Micaela Ortiz. Celedonio realizó sus primeros estudios en Malón tomando muy joven el hábito de la orden de San Francisco. Al suprimirse las comunidades monásticas en la primera mitad de la década de 1830 se unió a la lucha que sostuvo Don Carlos María Isidro de Borbón por la causa tradicional, iniciando su primera participación en las guerrillas y estando bajo el mando de Ramón Cabrera. De esta forma entró en esa interesante tradición que se ha llamado “curas de trabuco” y que se ha presentado en España y en toda Iberoamérica.

En 1840 Celedonio Domeco Jarauta sale de España ante el Abrazo de Vergara y las campañas de Espartero que pondrían fin a la primera guerra carlista. Primero sale a Francia y de ahí a Cuba, isla en la que permanecería durante cuatro años. (González Esparza Mauricio. Español de nacimiento, Mexicano de corazón. Celedonio Domeco de Jarauta: Un sacerdote guerrillero en el mundo de la guerra México-Estados Unidos. UAA. Ags. 2018). Lamentablemente lo turbulento del periodo ha hecho difícil encontrar bibliografía acerca de la participación de Domeco Jarauta durante los años dentro de la lucha carlista.

En 1844 Jarauta sale de Cuba para llegar a México. En Puebla es donde Celedonio obtiene una parroquia que obtuvo del Obispo Francisco Pablo Vázquez. El período de 1844 a 1847 se convierte en una etapa que le permite a Jarauta conocer a los mexicanos y a los extranjeros que pasan por la antigua ruta de Cortés. Sin embargo, esa tranquilidad se rompe al estallar la guerra entre México y Estados Unidos. Rápidamente el padre Jarauta se une como capellán en el ejército mexicano, pero no satisfecho con sólo brindar el indispensable apoyo religioso, decide tomar las armas para actuar de forma directa ante la invasión estadounidense. Pasa de ser capellán a líder de una guerrilla que con el tiempo sumaría más de cien hombres y que se convertiría en una de las más temidas por las tropas norteamericanas.

El antiguo soldado carlista pide ser dado de alta como guerrillero, junto con Domingo Tovar, para luchar contra las tropas estadounidenses el 13 de marzo de 1847. Con una montura, dos pistolas y algunos caballos, que recibe del ayuntamiento de Veracruz, inicia una lucha desigual que lo inmortalizaría.

Una de sus acciones más destacadas ocurrió el 3 de junio de 1847, cuando el padre Jarauta atacó en la comunidad de San Vicente, población cercana al puerto de la Antigua, a una fuerza de Estados Unidos que conducía un convoy de barriles de aguardiente, la lucha fue reñida, pero luego de haber perdido 100 hombres los estadounidenses se retiraron dejando el cargamento en manos del fraile. (Zamacois, Historia de México, Desde sus tiempos más remotos, hasta nuestros días. Tomo XII, 1880, pag.701).

Rápidamente la fama del padre español Celedonio crece a tal grado que los estadounidenses envían a uno de sus hombres más hábiles y crueles, el capitán “texano” Samuel H. Walker, para encabezar la contraguerrilla en la región de Puebla y Veracruz. La tropa de Walker estaba compuesta en su mayoría de voluntarios “texanos” que habiendo luchado durante la llamada guerra de independencia de Texas tenían un especial rencor contra los mexicanos.

En el poblado de Huamantla, Tlaxcala, se enfrentarían los dos hombres en una de las últimas batallas de la guerra. El fraile carlista contra el aventurero estadounidense, el guerrillero de fe contra el soldado de fortuna. Walker tenía como objetivo capturar una batería de cañones, pero no contaba que el padre Celedonio y sus hombres le harían frente. Una lanza y un disparo acabarían con la vida del capitán estadounidense y la retirada desordenada de los llamados “diablos texanos”.

Es de esta forma que se convierte en “el dirigente guerrillero más famoso de la guerra […] Su fama se propagó y generó la escritura de poemas sobre sus proezas y la acusación de los estadounidenses en el sentido de que, en realidad, ni siquiera era un sacerdote: para los estadounidenses, Jarauta se convirtió en el odiado símbolo tanto de los guerrilleros como de los curas que alentaban la resistencia”. (Guardiano Peter. La marcha fúnebre).

“Muy pronto, la fuerza invasora comprendió que todo hombre, dinero o provisiones que necesitara hacer llegar desde Veracruz hasta el altiplano sólo podía desplazarlos en caravanas escoltadas por cientos o incluso miles de soldados; no obstante, incluso esas caravanas a menudo perdieron muchos hombres y carromatos de provisiones […] Jacob Oswandel escribió que los guerrilleros ‘combatieron como otros tantos tigres’: más tarde, dijo que él y sus camaradas voluntarios preferían enfrentar a diez soldados mexicanos regulares que a un guerrillero. No obstante, no todos los mexicanos apoyaban la guerra de guerrillas y algunos se mostraban de acuerdo con los estadounidenses respecto de que la línea que separaba a los guerrilleros de los bandidos era realmente muy delgada. […] Los daños que la guerrilla causó entre la población civil fueron superados por la respuesta de los estadounidenses, quienes cada vez con mayor frecuencia hacían responsable a la población civil de las actividades de los guerrilleros. […] Winfield Scott decretó que multaría a las autoridades que no capturaran y entregaran a los guerrilleros, a los que el general describió como ‘asesinos y ladrones’ […] Levinson afirma que la guerra de guerrillas desgastó a los estadounidenses[…] La posibilidad de que esa guerra hubiera podido continuar de manera indefinida provocó que los soldados y los civiles estadounidenses se mostraran ansiosos por salir de México […] y también hizo que algunos estadounidenses comprendieran que la anexión de todo el país llevaría a una guerra interminable. Además, es probable que la guerrilla haya provocado que las exigencias territoriales del gobierno de James K. Polk se redujeran. Sin embargo, la acción de los guerrilleros fue extremadamente costosa para la población civil mexicana (por las represalias de los norteamericanos) y por sí misma no habría sido suficiente para derrotar al ejército estadounidense mientras éste pudiera aprovisionarse comprando sus alimentos en México”. (Guardiano Peter. La marcha fúnebre).

Lamentablemente la victoria de los ejércitos estadounidenses y la traición del gobierno liberal de México frustraron los planes del padre Celedonio, siendo capturado y fusilado en Guanajuato el 18 de julio de 1848, sin respetar su condición eclesiástica ni tener un juicio, tal era el miedo que provocaba el padre Jarauta entre estadounidenses y liberales mexicanos.

Dejo para la posteridad su patriotismo y su fe, tal y como lo recogieron contemporáneos:

Soy español de nacimiento, mexicano de corazón y amante de Aguascalientes con el alma y con la vida. El pueblo le aplaudía, le rodeaba, le amaba.” (González, 1992, 157).

 

 

 


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Hace tiempo que marqué esto del Arzobispado de Guadalajara para compartir en el foro:

Cita

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El Padre Celedonio Domeco de Jarauta, un héroe olvidado

Tomás de Híjar Ornelas

La calle tapatía de Jarauta honra a un presbítero que murió defendiendo los intereses de México, habiendo sido uno de los más esforzados combatientes de los invasores estadounidenses durante la guerra de 1847 a 1849, y al que apenas recuerda la historia oficial tal vez por haber formado parte del estado eclesiástico. En Guadalajara, la arteria que lleva su nombre es la de ingreso al viejo Seminario Conciliar de Guadalajara, que ocupó buena parte de lo que entre 1901 y 1914 fue el Hospital de San Martín de Tours y Nuestra Señora de los Desamparados, erigido gracias a la munificencia de la benefactora Clementina Llanos viuda de Gavica, al oriente de la ciudad, en la colonia Española, y puesto al cuidado de los religiosos de la orden hospitalaria de San Juan de Dios, que muchos beneficios hicieron con él hasta su brutal expulsión el 8 de julio de 1914, fecha en la que el hospital fue destinado a usos milicianos y posteriormente vendido a particulares por el gobierno carrancista, impelido como estuvo siempre a descartar la participación de la Iglesia en la vida pública de forma absoluta. Todo eclesiástico tapatío ha pronunciado muchas veces el nombre Jarauta pero casi nadie sabrá a quién se refiere

Un protagonista de la historia del México moderno que yace en el olvido es el fraile aragonés Celedonio Domeco de Jarauta, peninsular que arribó a México pero, a diferencia de su coterráneo navarro Francisco Javier Mina, quien llegó a estas latitudes para luchar a favor de la emancipación de España, nuestro Domeco de Jarauta hizo lo propio justo cuando el gobierno estadounidense estaba a punto de despojar a sus endebles vecinos del sur de la mitad de su territorio, circunstancia a la que se opuso don Celedonio, el cual, como muchos en su tiempo, consideraba herejes a los milicianos yanquis y la protestización de los mexicanos, una posibilidad real pero dolorosa.

Su último combate comenzó en Lagos el 1º de junio de 1848, mediante un Plan que lleva su nombre y que luego de una breve exposición de motivos concluye con estos cinco postulados: 1° Se desconoce al actual gobierno1 por haber traicionado a la nación; 2° Reasumen, en consecuencia, los Estados su soberanía; 3° Los mismos asumirán los medios para reemplazar al gobierno decaído; 4° Designarán éstos a quien haya de mandar sus fuerzas; 5° Las fuerzas del ejército permanente que se adhieran a este plan quedarán a las órdenes del mayor graduado de los que lo secunden.2 Así arrancó el Plan cuya ejecución, en poco más de dos semanas, le costará la vida a su autor.

Para comprender un poco el Plan de Jarauta ha de recordarse que, ocupada la capital por el ejército estadounidense, el gobierno de México, bajo el interinato de Manuel Peña y Peña, se refugió en Querétaro del 16 de septiembre al 13 de noviembre de 1847, en tanto que Antonio López de Santa Anna, perseguido lo mismo por las tropas mexicanas como por las invasoras, intentó sin éxito refugiarse en Oaxaca, donde el gobernador Benito Juárez le negó cualquier tipo de garantías. Para febrero del año siguiente de 48 iniciaron los pactos que concluirán con el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, por el que los Estados Unidos exigieron como indemnización de guerra más de la mitad del territorio nacional, decisión que recayó en Manuel Peña y Peña. Para mayo el acuerdo estaba tomado, y a principios de junio se nombró a José Joaquín de Herrera presidente de la República. Las últimas tropas estadounidenses abandonaron la capital a mediados de ese mes, de modo que pudiera instalarse el gobierno de Herrera. En julio se embarcaron los últimos soldados del ejército invasor.

 

Datos biográficos del padre Domeco de Jarauta

Celedonio Domeco3 de Jarauta y Ortiz nació en Malón, provincia de Zaragoza, en Aragón, el 3 de marzo de 1813. En Zaragoza cursó los estudios de humanidades y de filosofía e ingresó a la Orden de los Frailes Menores. Antes de recibir el presbiterado y luego de la exclaustración de las órdenes religiosas se adhirió, como muchos eclesiásticos, a la causa de del infante Carlos María Isidro de Borbón, y militó en las huestes del general Ramón Cabrera.4 Más tarde, se habría exiliado a La Habana, Cuba, donde hasta se dice que participó en actividades escénicas.

Sea como fuere, en ese lugar pidió y obtuvo las órdenes sagradas. En 1844 pasó a México, gestionando ante el obispo de Puebla, Francisco Pablo Vázquez, secularizarse para ese clero a título de administración. Fungiendo como vicario de una parroquia, no tardó en dejarla, tal vez por ser el suyo un talante encendido. A partir de entonces se domicilió en el Convento de la Merced en el puerto de Veracruz, donde cobró mucha fama como confesor y predicador.

En tal cometido, al tiempo que se anunciaba la guerra entre México y los Estados Unidos, se dio de alta como capellán del 2º Batallón de Infantería, al mando del Coronel Juan de Dios Arzamendi. Poco después desempeñó el mismo cargo en el Hospital de Sangre. Empero, en cuanto supo de la orden de crear guerrillas para hostilizar a los estadounidenses, el 16 de marzo de 1847 presentó una solicitud para encabezar una guerrilla, proporcionándosele para ello dos pistolas y una montura.5 Ese mismo día tuvo su primer enfrentamiento con los invasores, a los que aplicó el sistema de “pega y corre” con tal éxito que en mancuerna con Juan Clímaco Rebolledo formó una mancuerna temible para los convoyes gringos, convirtiéndose en el azote de los convoyes que usaban la ruta de Jalapa a Veracruz y si bien eran batidos por fuerzas superiores, con mucha facilidad conseguían rehacerse y asolar de nuevo a los invasores. Entre abril y mayo de ese año, con sólo 14 hombres, habían aniquilado a 102 enemigos además de obtener un copioso botín, alcanzando el rango de jefe principal de guerrillas de Veracruz a Peronte. Más tarde operó en los llanos de Apam y en las inmediaciones de Pachuca.6

El 14 de septiembre siguiente, ostentando el cargo de Comandante de la Primera Guerrilla de Oriente, arribó a la ciudad de México montado a caballo y sosteniendo el pabellón mexicano.7 De esos tiempos es el siguiente e incendiario panfleto que hizo imprimir y divulgar en la capital:

Habitantes de la Ciudad de México, despertad ya del peligroso letargo en que os halláis. Ved vuestra religión y cara patria sumergidas en la mayor de sus desgracias, esperando tan sólo el día en que sus valientes hijos se decidan a vengar el agravio que les hacen esos invasores ambiciosos, desmoralizados y crueles. ¡Levantaos en masa y unidos a una sola voz clamemos: Viva la República Mexicana, Viva su Religión Católica, Viva Cristo Rey, Viva el Santo Papa! Que por salvar a su patria y a su religión, vuelva el pueblo a echarse encima de los yanquis, aunque sea con sus puras manos. La muerte es preferible a esa aparente paz que les han impuesto, y que no hace sino acrecentar su ambición de despojo y diabólico orgullo. Este es el único medio de salvar a la Patria, a la Religión Católica y a nosotros mismos de los grilletes de la indigna esclavitud. Primero moriremos matando norteamericanos y gente norteamericanizada, que rendirnos a sus poderosas armas, a sus falsos dioses como el dinero y el “progreso”, y a sus falsos ofrecimientos de democracia. Celedonio Domeco de Jarauta8

 Dejó la capital a poco para organizar la guerra de guerrillas de resistencia, en cuya lucha se sostuvo hasta que el 2 de febrero del año siguiente de 48, cuando se firmó el tratado Guadalupe-Hidalgo.

Fue un gran guerrero y la gente a su cargo violenta en extremo,9 todo un dolor de cabeza para el mismísimo general Winfield Scott. En Huamantla encabezó el ataque donde fue muerto Sam H. Walker, jefe de los rangers de Tejas, lo que orilla a los invasores a organizar un cuerpo antiguerrilla en su contra. Este hecho fue el que más fama dio al padre Domeco de Jarauta.

En enero de 1848, al grito de “¡Viva México, mueran los yanquis!” obtuvo una clamorosa victoria en San Juan Teotihuacan, y aún tuvo fuerzas para defender la capital, según recuerda Antonio García Cubas en el Libro de mis recuerdos:

 Una descarga de fusilería ordenada por el fraile fue contestada por los yankees, a la vez que por otros puntos lejanos se escuchaban las detonaciones de las armas de fuego, pues eran los momentos de la conflagración general en la ciudad. A poco, grupos de lanceros desprendidos del ejército, que había emprendido su retirada, se dirigían esquivando calles hacia otros lugares desde los cuales pudieran causar mayores daños. El padre, con los suyos, abandonó aquel punto para elegir otros más convenientes para su intento.

 Habiendo encabezado la resistencia civil de la capital durante tres largos días, se replegó a Tulancingo y Zacualtipán, donde fue combatido por los estadounidenses que habían puesto precio a su cabeza, pero no lograron su captura.

Su triste fin

Luego de la firma de la paz con los Estados Unidos, al no estar él de acuerdo en sus términos, buscó refugio en la ciudad de Lagos de Moreno. Residiendo allí, y motivado por Mariano Paredes Arrillaga y Manuel Doblado, el 1° de julio de 1848 lanzó, como ya se dijo, su Plan, y ambos tomaron Lagos sin el menor obstáculo  y se dirigieron de inmediato a la de Guanajuato, que se les rindió el 15 de julio. Paredes capitaneaba a 550 hombres, Domeco de Jarauta a cien.

Sabiéndolo el recién electo Presidente Herrera, ordenó al general Antonio Bustamante que de inmediato pasara de Silao a la capital, Guanajuato, para recuperar la plaza, a la que pone sitio el 18 de julio, derribando el cerco al día siguiente. Desde la víspera fue capturado Domeco de Jarauta, quien temerario como siempre fue, al frente de cincuenta de los suyos, intentó frenar el avance de los sitiadores en Mellado y Valenciana, protagonizando acciones de fuego cruzado en los cerros de San Cayetano, Rocha, El Gallo y Gritería. En éste último, el capitán Vicente Camacho pudo aprehenderlo remitiéndolo al general Cortázar y éste a Bustamante, que de inmediato dispuso que fuera fusilado por la espalda como a los traidores a la patria, sentencia que se cumplió a pocos pasos del templo de San Cayetano, donde fue sepultado. En los Estados Unidos celebraron la muerte del “bandido Jarauta”, como le apodaban sin morderse la lengua.10

43 años después, en el sitio de su ejecución, el 18 de julio de 1891, se inauguró un obelisco, hasta hoy el único monumento público levantado a su memoria. Años antes, el 2 de agosto de 1853, por decreto 3982 del Gobierno, se dispuso rendir “honores al presbítero D. José C. Domeco de Jarauta”, arguyendo en su artículo 1º que “ha merecido bien de la patria por la decisión y valor distinguido con que peleó en la guerra contra los invasores, disponiendo que sus restos habían fueron reinhumados para depositarlos en la capilla de Santa Faustina de la colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato, donde “se le erigirá un modesto sepulcro por cuenta de las rentas del Estado, para honrar la memoria del que supo sacrificarse” en bien de la misma.11 Allí permanecen hasta el día de hoy.

Su biógrafo Daniel Molina elogia “la fama y popularidad del padre Celedonio Domeco de Jarauta, el hombre que nunca jamás aceptó la derrota; el hombre que se tragó su propia muerte a cucharadas, gota a gota, a sorbos; el hombre que apuró su cáliz sin quejarse”,12 del que por otro lado se sabe era bajo de cuerpo y robusto, de nariz aguileña y ojos foscos y encapotados.

 

1 El encabezado por el presidente interino por Manuel Peña y Peña, el cual suscribió los Tratados de Guadalupe aceptando la pérdida de más de la mitad del territorio nacional a favor de los Estados Unidos. Ahora bien, Peña transfirió la titularidad del Ejecutivo al día siguiente de este pronunciamiento, a José Joaquín Herrera, el cual dispuso que la rebelión fuera sofocada de inmediato.

2 Enrique Olavarría y Ferrari, México a través de los siglos, México, Editorial Cumbre, 1972, p. 712.

3 Otra variante de este apellido es Domeq.

4 Juan Diego Razo Oliva, Corridos históricos de la tradición del Bajío: estudio introductorio, compilación y comentarios, Guanajuato, Gobierno del Estado, p. 197.

5 Otro eclesiástico peninsular metido en estos enredos fue don José Antonio Martínez, quien murió en combate, en Zacualtipan, en febrero de 1848.

6 Joaquín Ramírez Cabañas, Obra histórica, México, UNAM, 2004, p. 171.

7 Luis Fernando Granados, Sueñan las piedras. Alzamientos ocurridos en la Ciudad de México, 14, 15 y 16 de septiembre de 1847, México, Ediciones Era / INAH, 2005, p. 61.

8 Ignacio Solares, La invasión, México, Alfaguara, 2006.

9 Esperanza Toral, Ciudad y Puerto, Veracruz ayer y hoy, México, Editorial Las Ánimas, 2012, p. 79.

10 En contraparte, no tardaron en circular entre el pueblo llano las coplas de la valona o corrido intitulado “Tiernas y dolorosas memorias que hace la madre del finado presbítero don Celedonio Domeco de Jarauta”, que recupera Vicente T. Mendoza en su libro La décima en México. Glosas y valonas, Buenos Aires, Instituto Nacional de la Tradición, 1947, p. 318.

11 Manuel Dublán y José María Lozano, Legislación mexicana o colección completa de las disposiciones legislativas expedidas desde la independencia de la República. 1851-1853, Vol. 6, México, 1877, p. 627.

12 En 1999 el periodista Daniel Molina Álvarez publicó acerca del tema el libro La Pasión del Padre Jarauta, México, Gobierno del D.F., colección Tu Ciudad, Arte y Literatura, p. 17.

@Francisco Rubio : ¡tu artículo es magnífico y debe estar en portada! Muchas gracias por publicarlo aquí.

La sociedad española se ha olvidado del peligro yanqui y desde hace tiempo creo que es necesario incidir en ese tema. Publiqué un hilo en el que citaba un artículo de un compatriota mexicano:

La corrosiva influencia del cine yanqui en la sociedad española - Debate de actualidad - Corazón Español

Y soy muy partidario de ir profundizando en estas críticas que forman parte del bagaje de la derecha tradicional y católica. Pero tampoco quisiera importunar a foreros que residen en Estados Unidos o que disfrutan con el cine americano o algún otro aspecto de su cultura. Yo he escuchado mucha música hecha en Estados Unidos y no escapo a esa influencia.

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Una tesis doctoral sobre el P. Jarauta:

Español de nacimiento, mexicano de corazón y amante de Aguascalientes. Celedonio Domeco de Jarauta: un sacerdote guerrillero en el mundo de la guerra México-Estados Unidos [PDF].

Aparte de eso, no se encuentra mucha información de este héroe en internet. En la prensa carlista que hay en las hemerotecas digitales apenas se le menciona. Tampoco se habla mucho de él en el resto de la prensa española, según mis primeras indagaciones. Y, por desgracia, no se conocen textos del P. Jarauta, aunque sí se encuentra algún manifiesto en la prensa mexicana que procuraré traer aquí.

Un asignatura pendiente la de conocer al P. Jarauta. A ver si conseguimos recabar más información

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Pues sí, otro desconocido de nuestra historia. 

Hurgando por ahí encontré esta bandera de los españoles que lucharon por México contra la conquista USana, los piquetes de Tlalpa 

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Sabemos que Marx, por razones ideológicas y racistas, apoyaba a los gringos en su expansión a costa de la naciente México y en consecuencia era favorable a que este país fuera tomado por los anglos. 

Hoy día vemos una moda similar entre identitarios ibéricos que se posicionan sistemáticamente, por razones ideológicas y supongo que también racistas, de forma similar a Marx. 

Frente a ambos, yo enarbolaría una bandera similar a la de los piquetes españoles de Tlalpa. 

Como españoles, con México. 

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      Una vez más, por aprecio a estos amigos dejo solo el enlace para enviar las visitas a la fuente.

      Solo comento la foto que ponen de un congreso internacional identitari que hubo un México. Ahí se plasma el cáncer que han supuesto y parece que aún sigue suponiendo aquella enfermedad llamada CEDADE. En dicha foto veo al ex-cabecilla de CEDADE, Pedro Varela -uno de esos nazis que se dicen católicos- junto a Salvador Borrego -que si bien no era nazi, de hecho es un mestizo que además se declara hispanista y favorable a la mezcla racial propiciada por la Monarquía Católica,  sí que simpatizó con ellos por una cuestión que quizá un día podamos comentar- uno de los "revisionistas" más importante en lengua española, así como el también mexicano Alberto Villasana, un escritor, analista, publicista, "vaticanista" con gran predicamento entre los católicos mexicanos, abonado totalmente a la errática acusación contra el papa Francisco... posando junto a tipos como David Duke, ex-dirigente del Ku Kux Klan, algo que lo dice todo.

      Si mis rudimentarias habilidades en fisonomía no me fallan, en el grupo hay otro español, supongo que también procedente del mundillo neonazi de CEDADE.

      Imaginemos la corrupción de la idea de Hispanidad que supone semejante injerto, semejante híbrido contra natura.

      Nuestra querido México tiene la más potente dosis de veneno contra la hispanidad, inyectado en sus venas precisamente por ser un país clave en ella. Es el que otrora fuera más próspero,  el más poblado, también fue y en buena parte sigue siendo muy católico, esta en la línea de choque con el mundo anglo y... los enemigos de nuestra Hispanidad no pueden permitir una reconciliación de ese país consigo mismo ni con la misma España, puente clave en la necesaria Reconquista o reconstrucción. Si por un lado está infectado por el identitarismo amerindio -el indigenismo- por el otro la reacción está siendo narcotizada por un identitarismo falsohispanista, falsotradicionalista o como queramos verlo, en el cual CEDADE juega, como vemos, un factor relevante.

      Sin más, dejo ahí otra vez más mi sincera felicitación al autor de ese escrito. Enhorabuena por su clarividencia y fineza, desde luego hace falta tener personalidad para ser capaz de sustraerse a esa falsa polarización con que se está tratando de aniquilar el hispanismo.

       





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    • La libertad sexual conduce al colapso de la cultura en tres generaciones (J. D. Unwin)
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    • Traigo de la hemeroteca un curioso artículo de José Fraga Iribarne publicado en la revista Alférez el 30 de abril de 1947. Temas que aborda: la desastrosa natalidad en Francia; la ya muy tocada natalidad española, especialmente en Cataluña y País Vasco; las causas espirituales de este problema, etc.

      Si rebuscáis en las hemerotecas, hay muchos artículos de parecido tenor, incluso mucho más explícitos y en fechas muy anteriores (finales del s. XIX - principios del s. XX). He traído este porque es breve y no hay que hacer el trabajo de escanear y reconocer los caracteres, que siempre da errores y resulta bastante trabajoso, pues ese trabajo ya lo ha hecho la Fundación Gustavo Bueno.

      Señalo algunos hechos que llaman la atención:

      1) En 1947 la natalidad de Francia ya estaba por los suelos. Ni Plan Kalergi, ni Mayo del 68, ni conspiraciones varias.

      2) Pero España, en 1947 y en pleno auge del catolicismo de posguerra, tampoco estaba muy bien. En particular, estaban francamente mal regiones ricas como el País Vasco y Cataluña. ¿Será casualidad que estas regiones sean hoy en día las que más inmigración reciben?

      3) El autor denuncia que ya en aquel entonces los españoles estaban entregados a una visión hedonística de la existencia, que habían perdido la vocación de servicio y que se habían olvidado de los fines trascendentes. No es, por tanto, una cosa que venga del Régimen del 78 o de la llegada al poder de Zapatero. Las raíces son mucho más profundas.

      4) Señala que el origen de este problema es ético y religioso: se ha perdido la idea de que el matrimonio tiene por fin criar hijos para el Cielo. Pero también se ha perdido la idea del límite: las personas cada vez tienen más necesidades y, a pesar de que las van cubriendo, nunca están satisfechas con su nivel de vida.

      Este artículo antiguo ilumina muchas cuestiones del presente. Y nos ayuda a encontrarle solución a estos problemas que hoy nos golpean todavía con mayor fuerza. Creo que puede ser de gran provecho rescatar estos artículos.
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    • En torno a la posibilidad de que se estén usando las redes sociales artificialmente para encrespar los ánimos, recojo algunas informaciones que no sé sin son importantes o son pequeñas trastadas.

      Recientemente en Madrid se convocó una contramanifestación que acabó con todos los asistentes filiados por la policía. Militantes o simpatizantes de ADÑ denuncian que la convocó inicialmente una asociación fantasma que no había pedido permiso y cuyo fin último podría ser provocar:

      Cabe preguntarles por qué acudieron a una convocatoria fantasma que no tenía permiso. ¿Os dais cuenta de lo fácil que es crear incidentes con un par de mensajes en las redes sociales?

      Un periodista denuncia que se ha puesto en marcha una campaña titulada "Tsunami Español" que pretende implicar a militares españoles y que tiene toda la pinta de ser un bulo de los separatistas o de alguna entidad interesada en fomentar la discordia:

      El militar rojo que tiene columna en RT es uno de los que difunde la intoxicación:

      Si pincháis en el trending topic veréis que mucha gente de derechas ha caído en el engaño.

      Como decía, desconozco la importancia que puedan tener estas intoxicaciones. Pero sí me parece claro que con las redes sociales sale muy barato intoxicar y hasta promover enfrentamientos físicos con unos cuantos mensajes bien dirigidos. En EEUU ya se puso en práctica lo de citar a dos grupos contrarios en el mismo punto para que se produjesen enfrentamientos, que finalmente ocurrieron.
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    • Una teoría sobre las conspiraciones
      ¿A qué se debe el pensamiento conspiracionista que tiene últimamente tanto auge en internet? Este artículo baraja dos causas: la necesidad de tener el control y el afán de distinguirse de la masa.
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