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Hispanorromano

Las crónicas del falangista Eugenio Montes desde la Alemania nazi

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(Podéis saltaros esta introducción mía e ir directamente al artículo de Eugenio Montes, que es lo verdaderamente importante.)

Doy a conocer una serie de crónicas que el escritor falangista Eugenio Montes escribió desde Alemania para ABC. No sigo un orden cronológico, pues en verdad los artículos toman como pretexto alguna noticia de Alemania para reflexionar sobre cuestiones morales y políticas de gran calado. Por ejemplo, este artículo que traigo hoy trata de cuestiones religiosas y de filosofía política.

¿Quién fue Eugenio Montes? Muchos neofalangistas ni lo conocen, pero fue uno de los fundadores de la Falange y un íntimo colaborador de José Antonio, además de un escritor, periodista, intelectual y ensayista muy reconocido antes de la Guerra Civil. En la Wikipedia se puede leer una escueta biografía, aunque contiene alguna inexactitud. No tuvo ningún cargo político en la Falange pero sí contribuyó a elaborar su marco teórico, como nos recuerda esta columnista gallega que protesta por la retirada de un busto dedicado a Eugenio Montes en su localidad natal:

Cita

Y es que Montes tuvo la suerte de ser muchas cosas. Fue el autor del ensayo más moderno que se escribió en gallego en su tiempo, titulado “Estética da muiñeira”. Fue el intelectual más culto de su generación y el único incluido en el movimiento Ultraísta. Juan Ramón Jiménez dijo de él que era “uno de los jóvenes en donde se expresa de mejor modo la cultura inteligente”. Apasionado de Europa, periodista, ensayista, poeta, dandy, orador, catedrático de Literatura. Colaboró con José Antonio en la fundación de la Falange como mero teórico. No tuvo cargos políticos. No mató a nadie, nadie le debe su desgracia y paso la guerra pronunciando discursos. Fue un hombre singular, complejo, rico en matices, con una personalidad marcada por su tiempo. 

A vueltas con Eugenio Montes - Maribel Outeiriño - La Región | Diario de Ourense y su provincia, fundado en 1910.

Se desilusionó pronto del nuevo régimen, pero a diferencia de otros no abdicó de su ideal falangista y tradicionalista. No se unió a ningún grupo de falangistas disidentes y colaboró en lo que se le pidió desde arriba, pero fue progresivamente marginado y yo diría olvidado. En los años cincuenta escribió el guion de la película Surcos, la que algunos dicen que fue la única película falangista rodada durante el franquismo. En la película se plantea una crítica al éxodo rural hacia las grandes ciudades, con el desarraigo y la corrupción de costumbres que ello conlleva. Un tema muy falangista, como ya he comentado aquí alguna vez, aunque los neofalangistas ni han oído hablar del asunto.

En sus memorias, Dionisio Ridruejo se refiere en estos términos a Eugenio Montes:

Cita

En una de sus notas, Pla cita a Eugenio Montes para dar testimonio de su constante disposición –durante la guerra y después de ella- a echar una mano al semejante o el enemigo perseguido o amenazado. Rojo o blanco. Montes ha sido uno de los observantes más estrictos de la máxima: “Al prójimo como a ti mismo”. Indulgente consigo mismo, lo ha sido siempre con los demás. En hora muy temprana de la guerra civil, le vi preocupado y dolido por las cosas crueles que sucedían. Se mataba. Montes no dejó de moverse para aliviar la suerte de cuantos conocidos suyos estuvieron en peligro o tuvieron dificultades, acudiendo a cualquier poderoso que tuviera a mano sin reparo de ser tachado de condescendiente o dudoso. Montes representó, en el equipo de los escritores que sirvieron la causa falangista, uno de los ejemplares más fríos, independientes, refinados y desprovistos de mesianismo… Hizo el bien que pudo, conquistó una vida apropiada a sus gustos. 

A vueltas con Eugenio Montes - Maribel Outeiriño - La Región | Diario de Ourense y su provincia, fundado en 1910.

En las crónicas que Eugenio Montes publicó desde Alemania se puede ver su franco recelo ante el régimen nazi y ante la doctrina racista, de cuyo carácter pagano advertía a los lectores. Se expresa siempre de forma muy correcta y en ocasiones dice cosas positivas de aquella Alemania, lo que también es de justicia, pero se adivina su preocupación ante lo que se estaba gestando en ese país. Y ¡ojo!, las críticas que realiza a las concepciones nazis las publica en un momento (años 30) y en un lugar (ABC) donde más bien lo políticamente correcto era hablar bien de Hitler por su lucha contra la amenaza bolchevique. Así que Eugenio Montes no decía lo que decía para quedar bien con la sociedad de su época. Eugenio Montes conoció el nacionalsocialismo en la propia Alemania y su visión no estaba contaminada por la propaganda posterior a la Segunda Guerra Mundial. Además, Eugenio Montes no era ningún rojo que tuviese un interés especial en dejar mal a los nazis. Eugenio Montes era asiduo de la revista Acción Española, participó en la fundación de la Falange y tenía una gran simpatía por el régimen fascista de Mussolini. Y, sin embargo, se muestra crítico con el nacionalsocialismo y avisa del peligro que se está gestando.

Eugenio Montes era muy apreciado por los carlistas y algunas de estas crónicas para ABC fueron republicadas, acompañadas de grandes elogios, en la prensa tradicionalista.

En este artículo toca varias cuestiones muy interesantes: 1) la patria no se puede someter a plebiscito; 2) el nacionalismo excluyente, que reniega de la universalidad, empequeñece a la patria; 3) el carácter herético y anticristiano del racismo; 4) la desesperación no es virtud cristiana y no es correcto ese «catolicismo desesperado» que se muestra indiferente ante la propia patria y ante su ruptura si no tiene como oficial la Religión católica. En este último punto se refiere al plebiscito de la región del Sarre, pero tiene todavía mayor aplicación a España, donde no es raro que algunos católicos tradicionalistas (o eso dicen ellos) muestren indiferencia ante la ruptura de España o ante su desgraciada suerte con el pretexto de que ha dejado de ser católica. Craso error que ya hemos comentado aquí en algún momento y que este artículo rebate a la perfección.

Creo interesante y necesario rescatar estas crónicas de Eugenio Montes por varias razones:

1) por el valor literario de estas crónicas;

2) por reivindicar a un «gran olvidado» y a un escritor al que no se le ha hecho justicia en España;

3) por su especial interés histórico, al mostrarnos un retrato de la Alemania nacionalsocialista que no está sesgado por la ideología izquierdista o por las vicisitudes posteriores de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial;

4) porque ilustra muchas cuestiones del presente, entre ellas la del racismo que parece florecer hoy en algunos sectores patrióticos y católicos por influencias extranjeras, pero también otros muchos asuntos relacionados con la religión, la moral, la política o la cultura;

5) para estudiar el pensamiento de la derecha tradicional sobre un gran número de cuestiones que se han visto oscurecidas con el paso de los años y la degradación progresiva de Occidente;

6) por el carácter genuinamente católico e hispánico de Eugenio Montes, que pienso que cuadra muy bien con los principios que defiende este foro.

Disculpad esta larga introducción, que he entendido que era necesaria para el primer artículo de la serie. Os dejo con la prosa de Eugenio Montes.

Cita

El catolicismo y la patria

Un día, en el Colegio de Francia, Ernesto Renán, dulce gaitero, se atrevió a definir el concepto de nación. Una nación —dijo— es un plebiscito de todos los días. Ernesto Renán era lo que, en el vago idioma de la época, solía llamarse un filósofo. Hoy nos parece, mucho más que un filósofo, un poeta. En él hasta la erudición se hace melodía íntima, pudorosa, entrañable, con trinos de gaita gallega y redoble de tamboril bajo el orballo, donde ya no se sabe si nueve de arriba a abajo o de abajo a arriba, porque ya no se sabe si la tierra se empapa o el cielo llora. Pero, infiel a su verdadero ser, ese día del Colegio de Francia, Renán no fue ni lo uno ni lo otro. Porque ni hay idea más falsa filosóficamente que esa definición plebiscitaria de la patria ni tampoco la hay más ausente de esa emoción radical, de ese temblor de alma que estremece incluso el propio nombre de la poesía. No, una nación no es un plebiscito, no es un escrutinio electorero que nazca en medio de calenturas comiciales con recuento de votos. Nada más opuesto al sentir patriótico que esa contabilidad aritmética de balance comercial por partida doble. No se elige la patria como no se eligen los padres. La patria, la paternidad, no es, pues, objeto de desalmada elección, sino de almada herencia. Lo único que cabe elegir es el mejor modo de servirla y perfeccionarla porque todo cuanto en el mundo existe puede hacerse o perfecto o imperfecto. Una nación es más o menos perfecta según la medida en que participe de aquellos valores del espíritu que definen y cifran la civilización. Y como estos valores, son, por su índole, universales, claro está que la patria se enriquece y eleva conforme incorpora bienes excelsos entrañados de espiritualidad y humanidad, degradándose, en cambio, cuando excluye la esencia misma de lo universal, del universo humano. Por ello todo nacionalismo naturalmente exclusivo, todo nacionalismo que excluya por consideraciones somáticas o antropológicas ajenas a lo espiritual, es un nacionalismo torpe, fatalmente condenado a empequeñecer, menguar y abatir la nación misma que se quiere alta. Así, tanto desde el punto de vista de la excelsitud teórica como desde el punto de vista práctico, constituye una absoluta torpeza quitarle universalidad y espiritualidad a la patria concibiéndola como raza o tribu.

Ese error de negar la universalidad de la nación, ese error de reducir y empequeñecer el mundo ligándolo al crudo y atávico hecho tribal, el nacional-socialismo lo ha cometido en teoría, y el gobierno de Adolfo Hitler lo comete reiteradamente en la práctica, hasta el punto de declarar como fundamento de la educación del pueblo alemán, como filosofía del Estado, aquella herejía étnica de la que Jesucristo vino a rescatar al hombre para siempre.

La incompatibilidad entré el dogma racista y el dogma cristiano está revelada en los propios textos evangélicos y confirmada por la inquebrantable tradición de los concilios. Recientemente la recordó el Pontífice, razonándola, en fin, las más bellas mentes del catolicismo actual, desde Pablo Luis Landsberg hasta Chesterton, desde Maritain a Papini. Y esa misma contradicción la siente, de un modo más o menos claro u obscuro, toda conciencia educada en la tradición de Cristo.

Enraizado en la cristiandad de la vieja Alemania está el país del Sarre, país de abadías carolingias, donde los pueblos tienen nombres de santos, que han resistido impávidos el vendabal de la Reforma. Y por eso algunas conciencias se han planteado un problema que antes no existía.

Sólo que ese problema se lo han planteado mal. Si ahora se tratase de elegir teóricamente entre una doctrina anticristiana y la fidelidad a los dogmas católicos, entonces toda angustia sería comprensible. Pero el plebiscito no obliga a preferir doctrinas, sino a retornar a la patria, o a abandonarla para siempre. La doctrina a la cual, imprudentemente a mi juicio, se adhirió el régimen, es inaceptable, pero una doctrina puede rectificarse, el régimen mismo puede rectificarla y abandonarla, y en último término, si se empecina en el error, Alemania puede abandonar el régimen. ¡Pero abandonar una patria por los días de los días, decirla adiós así, con una papeleta en la mano cómo húmedo pañuelo de despedida!

Incluso para una conciencia profundamente católica tiene que ser valedero, en postrer trance, un argumento cuya evidencia me parece irresistible. Y es que, abandonando por razones de índole religiosa la patria que se cree a merced de un régimen adverso, se abandona, no sólo a los demás compatriotas, sino a aquellos con los cuales se coincide en haber nacido en el seno de la misma patria y de la misma religión.

Yo, en el caso de esos sarrenses, pensaría en esta forma: Si hay que corregir, a corregir en común. Si hay que luchar, pues a luchar en común. Y si no se puede ni corregir ni luchar, si hay que sufrir, pues a luchar en común, en comunidad de desgracias. Que acaso una patria sea, sobre todo, eso: un penar juntos las comunes penas. Pero, además los obispos de Tréveris y Maguncia tienen razón cuando insinúan que ese catolicismo desesperado no puede serle grato a los ojos del Señor. La desesperación no es nunca una virtud cristiana, sino, como el propio racismo —doctrina desesperada— un fatal recaer en la paganía. Enseñaban los paganos a esperar cuando el horizonte era de rosa, y a desesperar cuando el horizonte era muy negro. Y lo que el dulce Cristo nos enseña es a no desesperar nunca, a esperar siempre, incluso cuando no hay esperanza alguna.

EUGENIO MONTES

(ABC, 16 de enero de 1935)


Esta publicación ha sido promocionada como contenido independiente

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Por favor, este hilo es de lo más grandioso que se ha abierto en este foro. Casi lo resume todo, incluídas cosas como que este fundador de falange podría calificarse casi como tradicionalista neto, no me extraña que gozase de la simpatía de los carlistas. Católico, hostil al liberalismo, al nazismo, marxismo, etc, defensor y practicante de su lengua materna gallega y de la unidad de España, etc. 

 

En fin, ese señor y sus escritos son una apoteosis para el foro. Firmas como estas nos ayudan a reposicionarnos frente a falsas derivas seudopatrióticas y fundamentan nuestras suspicacias frente a organizaciones electorales expertas en el batiburrillo de ideas poco ligables. 

Gracias, hispano, por la joya. Nivelazo. 

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Publico otro artículo de esta serie de Eugenio Montes titulada ABC en Berlín.

Temas abordados: el error de la visión naturalista del hombre; el carácter materialista del racismo; la similitud de estas doctrinas germánicas con el exclusivismo judío; el poligenismo,  condenado por la Iglesia, como origen del error racista; Alemania debe elegir entre Roma y la selva de Juan Jacobo*.

Dejaré pasar más tiempo antes de publicar el siguiente artículo de esta serie, pues tampoco quiero sobrecargar con el tema. Pero pienso que sería buena idea reunir todos los artículos de esta serie en el hilo.

Cita

La serpiente en el tejo de Teutomburgo

Según la tradición milenaria del cristianismo, la grandeza espiritual de la criatura supera, por su propio albedrío, todos los accidentes biológicos. El hombre depende de Dios, pero Dios no depende de la rubicundez o morenez del hombre. No hay un cielo para rubios, y otro cielo para morenos. Ante los ojos de lo eterno, las almas se salvan o se pierden por sus virtudes o sus pecados individuales, sin que a la hora de la muerte cuenten ni mucho, ni poco, los humores de la tribu. Por ello, cualquier interpretación naturalista de la Historia se halla refutada de antemano, porque el hombre no es tan sólo un trozo de naturaleza, juego de instintos, sino también un ser que participa de lo sobrenatural, objeto de la gracia de Dios.

Subrayemos aún que las interpretaciones naturalistas de la Historia no son unas más verdaderas que las otras, porque son todas ellas falsas. Falsa la idea marxista de reducir la vastedad humana a procesos mecánicos del instinto nutritivo. Falsa la idea racista de reducir esa misma vastedad a los aún más oscuros procesos del instinto de generación. Si el hombre fuese únicamente apetito y estómago, la doctrina de Marx sería cierta. Si fuese únicamente un ser material, determinado todo él por la herencia, el racismo tendría algún sentido. Pero por fortuna, y por la bondad infinita del Creador omnipotente, el hombre es mucho más que todo eso. Es imagen y semejanza de la Divinidad, o sea espíritu. Cada criatura que viene a este mundo trae consigo una chispa del fuego sagrado, chispa, lumbre, claror imprevisible, a la vez personal y universal, foco de vida propia y reflejo de sobre vida eterna, que nadie, absolutamente nadie, puede deducir de la constitución de sus padres, porque no está contenida en ellos.

Esta es la razón por la cual la Iglesia Católica, con asombro y escándalo del profesor Bergmann, consagra obispo y arzobispo a un negro. A un negro o a un chino o a un indio o a quien quiera que por su fe se haga acreedor a tan alta jerarquía, independientemente de la infidelidad de sus antepasados. Esta es la razón por la cual los españoles del siglo XV se esforzaron por convertir judíos, luchando contra un terco error racista. Y esta es la razón por la cual su Santidad el Papá, con los mismos brazos amorosos siempre abiertos a toda alma humilde, opone un gesto triste y enérgico a la enfurecida doctrina que hoy confunde algunas mentes en Germania, como en otra hora las confundió en Israel.

Para que cualquier racismo, hebreo o tudesco —parcialidades adversas entre sí, pero idénticas en cuanto a concepción del mundo—, para que cualquier transposición de los accidentes biológicos a lo substancial pudiera tener un solo grano de verdad, sería menester que los hombres descendiésemos de varias parejas. ¿Recuerda usted, Ramiro de Maeztu, aquella tarde londinense en que, orilla al Támesis y al crepúsculo, íbamos discurriendo sobre estas cosas? Yo dije entonces que el racismo supone el poligenismo, la existencia, allá en los orígenes desnudos de la especie, de varios Adán y varias Evas. Usted añadió, con memoria tridentina, razones firmes a la insinuación de mi argumento. Londres estaba envuelto en oro, en alegría estival, en luz de fiesta. Nosotros íbamos —¿recuerda usted?— un poco tristes. A lo lejos veíamos la cúpula de San Pablo. ¿Quién de los dos silabeó, con pena lenta y voz opaca, las palabras del Apóstol sobre los herejes?: No irán muy lejos porque su desvarío será manifiesto a toda la tierra. Y los dos nos quedamos silenciosos, llenos de profunda y común melancolía, porque los dos queríamos —y queremos aún y querremos siempre— que Germania vaya a donde debe ir: a Roma.

Según mi interpretación, el destino de la política que representa Adolfo Hitler, consiste en iniciar y empujar, a través de muchas vueltas y recodos, ese gran viaje. A tan grande y gloriosa romería se opone, esencialmente, la exasperación biológica de los humores de la raza. Cristiandad y racismo son ideas incompatibles. O a Roma por todo, o a la selva por nada.

Entre la Roma de Cristo y la selva de Juan Jacobo, a mitad de camino entre romería y añoranza, el "movimiento" de Hitler vacila, perplejo. No sabe bien si seguir hacia la cúpula presentida o retornar al humus donde la espada de Carlomagno enterró, para siempre, los rudos dioses tribales. A mitad de camino, en la encrucijada. Una señal de la Cruz y aún está a tiempo. A tiempo de oír los claros bronces de San Pedro y de cerrar sus oídos a la serpiente, que enroscada al tejo de Teutomburgo, susurra los mismos hipnóticos halagos que perdieron, por soberbio, al pueblo hebreo, allá en el alba de oro de la Historia.

Eugenio Montes

(ABC, 11 de abril de 1934)

* "La selva de Juan Jacobo" se refiere a Juan Jacobo Rousseau.

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La idea de "enemigos por similares" (entonces) entre germanos y judíos es recurrente en conversaciónes con un español residente por muchos años en Alemania. La gran diferencia es el tempo de memoria histórica que manejan los segundos, su capacidad global y sobre todo el corpus mítico que les vincula y jerarquiza su visión de sí mismos y los demás. Iban dos o tres pasos por delante (en el camino a ninguna parte, por cierto). 

El globalismo de hoy ha borrado cuestiones nacionales y vencido el antisemitismo político, así las élites de ambos pueblos forman un tandem muy compatible y potentísimo. 

Muy agudo Montes, una derecha totalmente paganizada explica lo fácilmente que ese sector haya ido basculando hacia el prosionismo que profesan la mayoría de partidos identitarios. 

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Al final el supremacismo blanco termina siendo exactamente igual al supremacismo hebreo pero con el "pueblo elegido" cambiado. No hay diferencia en su desprecio al "goyim" o "no ario" a quienes consideran seres repugnantes e inferiores solo dignos de ser "ganado" para la raza maestra.

Mientras más conozco de España más anti Europeo me vuelvo.

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hace 3 horas, Mundo Republiqueto dijo:

Al final el supremacismo blanco termina siendo exactamente igual al supremacismo hebreo pero con el "pueblo elegido" cambiado. No hay diferencia en su desprecio al "goyim" o "no ario" a quienes consideran seres repugnantes e inferiores solo dignos de ser "ganado" para la raza maestra.

Mientras más conozco de España más anti Europeo me vuelvo.

¿Conocías de Eugenio Montes y de esta visión, muy similar a la expresada por José Antonio, sobre el nacionalsocialismo? La prensa falangista y tradicionalista de la época está llena de juicios similares, pero parece que se ha corrido un tupido velo sobre ellos. Me parece buena idea rescatar estos artículos que han caído en el olvido y que ni siquiera conocen los falangistas actuales.

Pensamos en vosotros antes de publicar este hilo. Comentamos que quizá sería buena idea mandaros como colaboración lo que hemos publicado aquí, pero al final no sabíamos si encajaría con la línea de MR.

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Me encantaría publicar cosas así en MR, me voy a dar la tarea, a menos que alguien aqui quiera lanzarse de voluntario, le creo su cuenta de autor y ya :)

Habria que rescatar el falangismo de la garra de los "fachos". Hay hispanos agringados racistas que usan de avatar a Jose Antonio, si leyeran lo que escribió sobre la hispanidad y el mestizaje les da un infarto.

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hace 1 hora, Mundo Republiqueto dijo:

Me encantaría publicar cosas así en MR, me voy a dar la tarea, a menos que alguien aqui quiera lanzarse de voluntario, le creo su cuenta de autor y ya :)

Habria que rescatar el falangismo de la garra de los "fachos". Hay hispanos agringados racistas que usan de avatar a Jose Antonio, si leyeran lo que escribió sobre la hispanidad y el mestizaje les da un infarto.

Siempre habrá un escrito suyo polémico, contradictorio, etc, el famoso "germanos contra bereberes" al que se aferran siempre quienes quieren travestir u homologar su pensamiento al de los racistas. 

En este asunto supongo que los joseantonianos del foro puedan darnos su opinión. 

PD: tendrás que ponerle una cuenta de autor a Hispano, que es aquí el bibliotecario premium.  🙃

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      Una vez más, por aprecio a estos amigos dejo solo el enlace para enviar las visitas a la fuente.

      Solo comento la foto que ponen de un congreso internacional identitari que hubo un México. Ahí se plasma el cáncer que han supuesto y parece que aún sigue suponiendo aquella enfermedad llamada CEDADE. En dicha foto veo al ex-cabecilla de CEDADE, Pedro Varela -uno de esos nazis que se dicen católicos- junto a Salvador Borrego -que si bien no era nazi, de hecho es un mestizo que además se declara hispanista y favorable a la mezcla racial propiciada por la Monarquía Católica,  sí que simpatizó con ellos por una cuestión que quizá un día podamos comentar- uno de los "revisionistas" más importante en lengua española, así como el también mexicano Alberto Villasana, un escritor, analista, publicista, "vaticanista" con gran predicamento entre los católicos mexicanos, abonado totalmente a la errática acusación contra el papa Francisco... posando junto a tipos como David Duke, ex-dirigente del Ku Kux Klan, algo que lo dice todo.

      Si mis rudimentarias habilidades en fisonomía no me fallan, en el grupo hay otro español, supongo que también procedente del mundillo neonazi de CEDADE.

      Imaginemos la corrupción de la idea de Hispanidad que supone semejante injerto, semejante híbrido contra natura.

      Nuestra querido México tiene la más potente dosis de veneno contra la hispanidad, inyectado en sus venas precisamente por ser un país clave en ella. Es el que otrora fuera más próspero,  el más poblado, también fue y en buena parte sigue siendo muy católico, esta en la línea de choque con el mundo anglo y... los enemigos de nuestra Hispanidad no pueden permitir una reconciliación de ese país consigo mismo ni con la misma España, puente clave en la necesaria Reconquista o reconstrucción. Si por un lado está infectado por el identitarismo amerindio -el indigenismo- por el otro la reacción está siendo narcotizada por un identitarismo falsohispanista, falsotradicionalista o como queramos verlo, en el cual CEDADE juega, como vemos, un factor relevante.

      Sin más, dejo ahí otra vez más mi sincera felicitación al autor de ese escrito. Enhorabuena por su clarividencia y fineza, desde luego hace falta tener personalidad para ser capaz de sustraerse a esa falsa polarización con que se está tratando de aniquilar el hispanismo.

       





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    • Traigo de la hemeroteca un curioso artículo de José Fraga Iribarne publicado en la revista Alférez el 30 de abril de 1947. Temas que aborda: la desastrosa natalidad en Francia; la ya muy tocada natalidad española, especialmente en Cataluña y País Vasco; las causas espirituales de este problema, etc.

      Si rebuscáis en las hemerotecas, hay muchos artículos de parecido tenor, incluso mucho más explícitos y en fechas muy anteriores (finales del s. XIX - principios del s. XX). He traído este porque es breve y no hay que hacer el trabajo de escanear y reconocer los caracteres, que siempre da errores y resulta bastante trabajoso, pues ese trabajo ya lo ha hecho la Fundación Gustavo Bueno.

      Señalo algunos hechos que llaman la atención:

      1) En 1947 la natalidad de Francia ya estaba por los suelos. Ni Plan Kalergi, ni Mayo del 68, ni conspiraciones varias.

      2) Pero España, en 1947 y en pleno auge del catolicismo de posguerra, tampoco estaba muy bien. En particular, estaban francamente mal regiones ricas como el País Vasco y Cataluña. ¿Será casualidad que estas regiones sean hoy en día las que más inmigración reciben?

      3) El autor denuncia que ya en aquel entonces los españoles estaban entregados a una visión hedonística de la existencia, que habían perdido la vocación de servicio y que se habían olvidado de los fines trascendentes. No es, por tanto, una cosa que venga del Régimen del 78 o de la llegada al poder de Zapatero. Las raíces son mucho más profundas.

      4) Señala que el origen de este problema es ético y religioso: se ha perdido la idea de que el matrimonio tiene por fin criar hijos para el Cielo. Pero también se ha perdido la idea del límite: las personas cada vez tienen más necesidades y, a pesar de que las van cubriendo, nunca están satisfechas con su nivel de vida.

      Este artículo antiguo ilumina muchas cuestiones del presente. Y nos ayuda a encontrarle solución a estos problemas que hoy nos golpean todavía con mayor fuerza. Creo que puede ser de gran provecho rescatar estos artículos.
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    • En torno a la posibilidad de que se estén usando las redes sociales artificialmente para encrespar los ánimos, recojo algunas informaciones que no sé sin son importantes o son pequeñas trastadas.

      Recientemente en Madrid se convocó una contramanifestación que acabó con todos los asistentes filiados por la policía. Militantes o simpatizantes de ADÑ denuncian que la convocó inicialmente una asociación fantasma que no había pedido permiso y cuyo fin último podría ser provocar:

      Cabe preguntarles por qué acudieron a una convocatoria fantasma que no tenía permiso. ¿Os dais cuenta de lo fácil que es crear incidentes con un par de mensajes en las redes sociales?

      Un periodista denuncia que se ha puesto en marcha una campaña titulada "Tsunami Español" que pretende implicar a militares españoles y que tiene toda la pinta de ser un bulo de los separatistas o de alguna entidad interesada en fomentar la discordia:

      El militar rojo que tiene columna en RT es uno de los que difunde la intoxicación:

      Si pincháis en el trending topic veréis que mucha gente de derechas ha caído en el engaño.

      Como decía, desconozco la importancia que puedan tener estas intoxicaciones. Pero sí me parece claro que con las redes sociales sale muy barato intoxicar y hasta promover enfrentamientos físicos con unos cuantos mensajes bien dirigidos. En EEUU ya se puso en práctica lo de citar a dos grupos contrarios en el mismo punto para que se produjesen enfrentamientos, que finalmente ocurrieron.
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    • Una teoría sobre las conspiraciones
      ¿A qué se debe el pensamiento conspiracionista que tiene últimamente tanto auge en internet? Este artículo baraja dos causas: la necesidad de tener el control y el afán de distinguirse de la masa.
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