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Isaac Peral

Inmigración: debate

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hace 8 horas, Hispanorromano dijo:

Me ha gustado este mensaje de @Gerión en el otro foro, en el que exalta la natalidad frente al materialismo imperante, aunque tampoco está mal el mensaje al que responde:

El comentario de Gerión está bien, el otro no mucho, atribuye el fenómeno a un intento de acabar con la Hispanidad, cuándo precisamente la inmigración masiva empieza con hispanos, traídos por millones bajo el gobierno de Aznar para darle combustible a la burbuja inmobiliaria con mano de obra barata, esto es algo reconocido por el propio Aznar:

Cita

Es al revés, nosotros lo que hemos dicho siempre, y lo he promovido, es que la historia de la prosperidad de España no se puede escribir sin los inmigrantes, y en particular sin la aportación de los migrantes ecuatorianos. Téngase en cuenta que cuando llego al gobierno, en el 96, hay aproximadamente 300 mil inmigrantes en España, y cuando yo salgo del gobierno hay más de 3 millones. Es decir, la explosión de la inmigración en España se produce en esos años. La prosperidad de España no se puede construir sin la migración.

https://www.eluniverso.com/2011/10/16/1/1355/jose-maria-aznar-espana-debe-manifestar-simpatias-dictaduras.html?device=mobile

Más adelante empezaron a venir en masa de África, sí, pero la brecha la abrió Aznar con los hispanos, no lo olvidemos.

Luego tiene otro comentario en el que llama "inhumana" y "esclavista" a la Revolución Industrial, es cierto que a corto plazo empeoró un poco las condiciones de la población, pero a largo plazo las mejoró enormemente y además les dio la posibilidad de ser libres, porque es gracias a la Revolución Industrial que se abolió la esclavitud a lo largo del siglo XIX en el primer mundo y a lo largo del siglo XX en el resto, y también la servidumbre dónde aún existía, y también es gracias a la misma que se alfabetizó a la población y se le entregó la posibilidad del desarrollo intelectual, uno de los tres pilares básicos del ser humano (cuerpo, mente y espíritu). Por tanto se podría decir que las máquinas nos liberaron.

Edited by Isaac Peral

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hace 27 minutos, Isaac Peral dijo:

El comentario de Gerión está bien, el otro no mucho, atribuye el fenómeno a un intento de acabar con la Hispanidad, cuándo precisamente la inmigración masiva empieza con hispanos, traídos por millones bajo el gobierno de Aznar para darle combustible a la burbuja inmobiliaria con mano de obra barata, esto es algo reconocido por el propio Aznar:

https://www.eluniverso.com/2011/10/16/1/1355/jose-maria-aznar-espana-debe-manifestar-simpatias-dictaduras.html?device=mobile

Más adelante empezaron a venir en masa de África, sí, pero la brecha la abrió Aznar con los hispanos, no lo olvidemos.

Luego tiene otro comentario en el que llama "inhumana" y "esclavista" a la Revolución Industrial, es cierto que a corto plazo empeoró un poco las condiciones de la población, pero a largo plazo las mejoró enormemente y además les dio la posibilidad de ser libres, porque es gracias a la Revolución Industrial que se abolió la esclavitud a lo largo del siglo XIX en el primer mundo y a lo largo del siglo XX en el resto, y también la servidumbre dónde aún existía, y también es gracias a la misma que se alfabetizó a la población y se le entregó la posibilidad del desarrollo intelectual, uno de los tres pilares básicos del ser humano (cuerpo, mente y espíritu). Por tanto se podría decir que las máquinas nos liberaron.

no empeoró un poco sino que hizo destrozos sociales tremendos y aquí es donde voy a decir una cosa que igual impacte, de no ser por los movimientos obreros -unos de corte católico otros de corte marxista-  el abuso se hubiera prolongado por más tiempo, de hecho los fascismos surgieron como alternativa al socialismo marxista, porque no podía ser aquella semiesclavitud a la que los liberalcapitalistas no tendrían escrúpulos de instaurar.

Inglaterra fue el caso extremo en lo negativo, países como Suiza en lo positivo, y Espanna gracias al movimiento obrero católico y ese cierto transforndo de la sociedad hubiera ido dirección al desastre inglés.

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hace 4 horas, Vanu Gómez dijo:

no empeoró un poco sino que hizo destrozos sociales tremendos y aquí es donde voy a decir una cosa que igual impacte, de no ser por los movimientos obreros -unos de corte católico otros de corte marxista-  el abuso se hubiera prolongado por más tiempo, de hecho los fascismos surgieron como alternativa al socialismo marxista, porque no podía ser aquella semiesclavitud a la que los liberalcapitalistas no tendrían escrúpulos de instaurar.

Inglaterra fue el caso extremo en lo negativo, países como Suiza en lo positivo, y Espanna gracias al movimiento obrero católico y ese cierto transforndo de la sociedad hubiera ido dirección al desastre inglés.

En Inglaterra fue más duro, pero en el Segundo Imperio Alemán el proceso fue más rápido y mejor aplicado, de hecho allí se originó el Estado del Bienestar bajo la cancillería de Bismarck , la educación pública proviene de Prusia y es incluso anterior a la unificación. Es entonces cuando se crea la sanidad pública, los seguros por enfermedad, las jubilaciones, etcétera.  El fascismo no inventó eso, se basó en el modelo bismarckiano.

Marx no inventó el sindicalismo, los sindicatos, los Trade-unions, el movimiento obrero, todo eso ya existía antes de que se publicase el Manifiesto Comunista, de hecho en esa obra se dedica a criticar a las organizaciones obreras preexistentes. Lo que sí hizo fue tratar de organizar esos grupos dispersos en un movimiento unificado internacional, de ahí viene lo del internacionalismo comunista, La Internacional y demás.

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Primera_Internacional#:~:text=La Asociación Internacional de Trabajadores,socialistas franceses e italianos republicanos.

Sé que Bismarck puede ser problemático porque se dedicó a perseguir a los católicos con parte de su política cultura, pero en el resto de apartados lo clavó.

No niego que las cosas se podrían haber hecho mejor, sobretodo en según qué países, pero aún así dudo que un cambio tan drástico se hubiera podido hacer sin trastocar la sociedad del momento, igual que la Revolución Neolítica trastocó la que había, eso es inevitable, aunque sí se puede manejar mejor o peor.

Por otro lado, además de lo que ya dije en el mensaje anterior, el siglo XIX es el que tiene mayor densidad de genios de la historia, obviamente influyó el hecho de abrirse un mundo nuevo y estar casi todo por hacer, pero la cantidad de avances en las ciencias, las ciencias sociales, las ingenierías, la arquitectura, la música, la literatura, etcétera lo convierten en el siglo más fecundo de la historia, hablar de todo lo que se descubrió y creó en esa época da para infinidad de hilos. Creo que pretender juzgarlo como lo hace ese forero es a todas luces excesivo, en su defensa diré que le responde a un cretino y en esos casos es fácil encenderse.

Ahora, para España fue un siglo nefasto, porque la invasión francesa arrasó el país, condicionó todo el siglo, que se sumió en un sinfín de pronunciamientos y guerras internas que duraron hasta 1939 - con el paréntesis de la Restauración Alfonsina- y le hizo perder el Imperio. Entonces entiendo que a un hispanista no le guste nada ese siglo, pero eso no quiere decir que no fuese impresionante en otros lugares.

La Iglesia trató el tema de los derechos de los obreros en la Rerun novarum, y en otras encíclicas posteriores, al final el tratamiento que le da no se diferencia tanto del modelo del Estado del Bienestar, se diferencia básicamente en la cuestión espíritu, y al final es lo que han ido aplicando gobiernos católicos. 

Este tipo de gobiernos que no encajaban en el modelo liberal ni en el socialista: El Segundo Reich, El Japón Imperial, El Franquismo, El Imperio Austrohúngaro, El Peronismo, etcétera, podrían ser modelos a analizar a la hora de inspirarse para un modelo político sano, creo que Gerión dijo algo de eso en otro hilo pero no me acuerdo bien.

 

Edited by Isaac Peral

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hace 10 horas, Isaac Peral dijo:

Luego tiene otro comentario en el que llama "inhumana" y "esclavista" a la Revolución Industrial, es cierto que a corto plazo empeoró un poco las condiciones de la población, pero a largo plazo las mejoró enormemente y además les dio la posibilidad de ser libres, porque es gracias a la Revolución Industrial que se abolió la esclavitud a lo largo del siglo XIX en el primer mundo y a lo largo del siglo XX en el resto, y también la servidumbre dónde aún existía, y también es gracias a la misma que se alfabetizó a la población y se le entregó la posibilidad del desarrollo intelectual, uno de los tres pilares básicos del ser humano (cuerpo, mente y espíritu). Por tanto se podría decir que las máquinas nos liberaron.

Si me permites el comentario, eso que dices también se podría interpretar de otro modo y es que, la revolución industrial cambió la forma como se daba la exclavitud.

A menudo tenemos una idea de la exclavitud, excesivamente trastocada por el cine y la tv, como si de un modo de vida horripilante se tratara en todos los casos, a golpes de látigo y esas cosas pero, para ser más correctos, la exclavitud en la mayoría de casos no significaba otra cosa que la posesión del titulo de propiedad de la persona, que pertenecía al amo. De esta manera el amo se encargaba del alojamiento y manutención de sus esclavos, que dedicaban su vida por entero a satisfacer las necesidades del amo. Y mira por dónde, con la revolución industrial y la extensión del crédito, ese modo de vida se extendió incluso entre las clases que antes eran libres. Salvo por el titulo de propiedad ¿qué diferencias sustanciales encontrariamos entre las formas de vida de un esclavo de finales del S. XIX y las de un obrero de principios del XX? Incluso hoy en día existen millones de familias en el primer mundo cuyo modo de vida, sustancialmente es similar al de los esclavos, aunque claro está, decir algo así es tremendamente disrruptivo y sé que la inmensa mayoría no acptaría tal afirmación.

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hace 1 hora, Español dijo:

Si me permites el comentario, eso que dices también se podría interpretar de otro modo y es que, la revolución industrial cambió la forma como se daba la exclavitud.

A menudo tenemos una idea de la exclavitud, excesivamente trastocada por el cine y la tv, como si de un modo de vida horripilante se tratara en todos los casos, a golpes de látigo y esas cosas pero, para ser más correctos, la exclavitud en la mayoría de casos no significaba otra cosa que la posesión del titulo de propiedad de la persona, que pertenecía al amo. De esta manera el amo se encargaba del alojamiento y manutención de sus esclavos, que dedicaban su vida por entero a satisfacer las necesidades del amo. Y mira por dónde, con la revolución industrial y la extensión del crédito, ese modo de vida se extendió incluso entre las clases que antes eran libres. Salvo por el titulo de propiedad ¿qué diferencias sustanciales encontrariamos entre las formas de vida de un esclavo de finales del S. XIX y las de un obrero de principios del XX? Incluso hoy en día existen millones de familias en el primer mundo cuyo modo de vida, sustancialmente es similar al de los esclavos, aunque claro está, decir algo así es tremendamente disrruptivo y sé que la inmensa mayoría no acptaría tal afirmación.

Claro que lo permito, yo aquí vengo a debatir sobre temáticas opinables y acepto que me puedo equivocar en todo, pero bueno, si uno se equivoca aprende. Y no te preocupes, no tengo temas tabú.

La diferencia fundamental entre la esclavitud y el trabajo asalariado es que en el primer caso no eres dueño de lo que los marxistas llaman "fuerza de trabajo" o sea tu fuerza física, tus conocimientos, tu intelecto, tu preparación, etcétera, haces lo que se te manda, cuándo se te manda y como se te manda y no puedes quejarte, irte o quedarte con tu dinero sino que te mantienen, mientras que en el segundo sí eres dueño de la misma y la alquilas por un salario. Y por tanto dispones del dinero que te dan, puedes afiliarte a un sindicato, hacer una negociación colectiva, hacer huelga, despedirte e irte a otra empresa, irte a otra localidad, región o país, emprender tu propia empresa, etcétera. 

La negociación colectiva de los sindicatos es muy real, o al menos lo era antes de que se dedicasen a las mariscadas por eso los prohibieron al principio en Inglaterra :

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Combination_Acts

En cierto modo son los herederos de los antiguos gremios, también hay un sindicalismo católico y de derechas ya desde el siglo XIX, no solo el socialista.

El obrero de principios del siglo XX depende del país, en Alemania tendría sanidad, educación básica, pensiones y seguro por accidentes, y a finales del siglo XIX también. En Inglaterra estaban peor sí, pero bueno no todos los modelos fueron el inglés.

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hace 7 minutos, Isaac Peral dijo:

Claro que lo permito, yo aquí vengo a debatir sobre temáticas opinables y acepto que me puedo equivocar en todo, pero bueno, si uno se equivoca aprende. Y no te preocupes, no tengo temas tabú.

La diferencia fundamental entre la esclavitud y el trabajo asalariado es que en el primer caso no eres dueño de lo que los marxistas llaman "fuerza de trabajo" o sea tu fuerza física, tus conocimientos, tu intelecto, tu preparación, etcétera, haces lo que se te manda, cuándo se te manda y como se te manda y no puedes quejarte, irte o quedarte con tu dinero sino que te mantienen, mientras que en el segundo sí eres dueño de la misma y la alquilas por un salario. Y por tanto dispones del dinero que te dan, puedes afiliarte a un sindicato, hacer una negociación colectiva, hacer huelga, despedirte e irte a otra empresa, irte a otra localidad, región o país, emprender tu propia empresa, etcétera. 

La negociación colectiva de los sindicatos es muy real, o al menos lo era antes de que se dedicasen a las mariscadas por eso los prohibieron al principio en Inglaterra :

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Combination_Acts

En cierto modo son los herederos de los antiguos gremios, también hay un sindicalismo católico y de derechas ya desde el siglo XIX, no solo el socialista.

El obrero de principios del siglo XX depende del país, en Alemania tendría sanidad, educación básica, pensiones y seguro por accidentes, y a finales del siglo XIX también. En Inglaterra estaban peor sí, pero bueno no todos los modelos fueron el inglés.

se que va a sonar a quisquilla, pero en la legislación espannola los esclavos podían quejarse y denunciar a las autoridades a sus amos por maltrato y podían -según las circunstancias- ganar su dinero -jornal, generalmente- con el que al cabo de x tiempo era teóricamente posible que alcanzansen la libertad, de hecho hubo muchos que así la alcanzaron.

(no quería ser macabro o exagerado pero a nadie se le escapa que hoy hay algunas personas, salvando las distancias, en situaciones similares a ese tipo de esclavitud hispánica)

tiende a distorsionar la percepción el hecho de que el atraso técnico hacía algunos tipos de trabajo muy Duros, pero no todos, pues el tipo de esclavo doméstico -según el amo- podía llevar una vida no tan dura en lo que al aspecto físico se refiere.

y lo dijo ahí para no desviar el asunto, disculpas.

 

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Sí, es cierto. Lamento haber desviado el tema pero me ha parecido oportuno porque, si bien es cierto que hay una inmigración que se dedica de alguna forma a llevar una vida poco honesta, motivo por el que se generaliza por costumbre la crítica a toda la inmigración, también es cierto que, para muchas de esas personas que vienen a España buscando una vida mejor, la forma de vida que acaban teniendo es semejante a esa esclavitud que comentaba Vanu y es también la que yo me refería. Es más, creo que es un modo de vida que no se circunscribe solo a ese ámbito, sino que está también en la base de que muchos compatriotas decidan irse a probar fortuna a otros países.

Entiendo el concepto que ha explicado Isaac Peral sobre la propiedad de la fuerza de trabajo, pero esa propiedad, en economías como la que tenemos, hiper endeudadas, altamente subvencionadas, y con altos índices de paro, en la práctica no es posible. La supuesta libertad para decidir qué hacer con tu vida, queda relegada a unos pocos afortunados que serían el símil a las clases libres de antaño. Pero por lo general, el currito  que se compra un piso para formar una familia y consigue un trabajo fijo que le permite pagarlo, queda así por el resto de sus días,  sirviendo a la empresa y al banco, y sin muchas alternativas.

En cuanto a lo de los sindicatos en España, mejor no mencionarlo porque daría para un tema aparte.

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hace 7 minutos, Español dijo:

Sí, es cierto. Lamento haber desviado el tema pero me ha parecido oportuno porque, si bien es cierto que hay una inmigración que se dedica de alguna forma a llevar una vida poco honesta, motivo por el que se generaliza por costumbre la crítica a toda la inmigración, también es cierto que, para muchas de esas personas que vienen a España buscando una vida mejor, la forma de vida que acaban teniendo es semejante a esa esclavitud que comentaba Vanu y es también la que yo me refería. Es más, creo que es un modo de vida que no se circunscribe solo a ese ámbito, sino que está también en la base de que muchos compatriotas decidan irse a probar fortuna a otros países.

Entiendo el concepto que ha explicado Isaac Peral sobre la propiedad de la fuerza de trabajo, pero esa propiedad, en economías como la que tenemos, hiper endeudadas, altamente subvencionadas, y con altos índices de paro, en la práctica no es posible. La supuesta libertad para decidir qué hacer con tu vida, queda relegada a unos pocos afortunados que serían el símil a las clases libres de antaño. Pero por lo general, el currito  que se compra un piso para formar una familia y consigue un trabajo fijo que le permite pagarlo, queda así por el resto de sus días,  sirviendo a la empresa y al banco, y sin muchas alternativas.

En cuanto a lo de los sindicatos en España, mejor no mencionarlo porque daría para un tema aparte.

se suele hablar de la "esclavitud de la deuda" y en cierta meduda la expresión responde a la realidad de mucha gente... recordemos que una de las mayores explosiones migratorias recibidas en nuestro país fue la ecuatoriana a raíz de una debacle bancaria que dejó a medio país en la ruína y empujada a la emigración, que recaló fundamentalmente en Espanna y los EE.UU, la argentina se disperó más por el mundo y en el nuestro, aunque también se notó, no se concentró tanto.

 

 

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En este hilo sobre inmigración y en algún otro hilo salió a relucir el tema de la inseguridad ciudadana. Muchos españoles, entre ellos algunos foreros, perciben una gran inseguridad en las calles que se podría deber a la inmigración. Otros foreros comentamos que, si bien parece haber problemas en Cataluña y en algunos barrios de las grandes urbes que deben tomarse en serio, no nos parecía que en la actualidad haya mayor delincuencia e inseguridad que en los años 80 y 90. Aunque ciertamente la percepción no deja de ser algo subjetivo, que depende de lo sucesos que le toquen a uno de cerca y de la información que recibe a través de los diversos medios de comunicación.

Dejo un artículo publicado en Jotdown, una revista cultureta, que habla sobre esa delincuencia en los años 80. Aunque lo enfoca desde ese punto de vista cultural, describe con acierto la inseguridad de la época y señala sus causas, entre ellas la emigración masiva del campo a la ciudad y el hacinamiento en infraviviendas. Cuenta también que la sobreexposición mediática de estos brutales delincuentes les dio un halo de romanticismo y los convirtió en una especie de iconos culturales que aun hoy reivindica mucha gente.

El artículo sirve para ilustrar el tipo de delincuencia que se vivía entonces, brutal a nivel cuantitivo y cualitativo, pero también explica muchas cuestiones de interés que también son aplicables a la delincuencia que puede surgir hoy de la inmigración, con lo que sirve de aviso a navegantes. Señalo en negrita los pasajes que me parecen más significativos.

Cita

Quinquis: un vistazo rápido a las barriadas españolas de los 80

Publicado por Nacho Carretero

estanquera.jpg La estanquera de Vallecas (1987). Imagen: Ega Medios Audiovisuales.

Soy un tío molante, soy un menda canelo, aunque alguna vez me echen el guante y me lleven pal talego… Soy curriqui de barrio, soy amigo del obrero, soy enemigo del sistema y le pienso prender fuego… Les voy a robar su dinero, para comprar más gasolina y seguir prendiendo fuego.

La Banda Trapera del Río.

Es probable que María Luz Divina Peláez, madre soltera de veintitrés años y camarera por necesidad, no llegase a ver quién le disparaba a la cabeza. Es probable que ni siquiera llegase a oír gran cosa, simplemente una brusca irrupción en el bar, un momentáneo alboroto y después la nada. Cuenta Javier Valenzuela en la crónica de aquel asesinato —escrita el 14 de marzo de 1983— que Mari Luz estaba sirviendo una copa cuando cuatro jóvenes se precipitaron empapados en ansia y sudor dentro de la güisquería. Uno de ellos, Manuel Delgado, de veinte años y con las revoluciones vitales al ritmo marcado por los fármacos que había engullido, disparó su recortada dos veces nada más poner un pie en el bar. Una bala fue al techo, la otra entró en la frente de Mari Luz. «No sabía manejar armas y murió una chica a la que no conocía y tenía dos niños. Los dejé como yo, sin madre», contaría Manuel en la crónica. Manuel, como sus tres compinches de atraco, era un quinqui.

Asunto vital es responder a la cuestión de qué es (era) un quinqui. Etimológicamente viene de los quincalleros, un pueblo de comerciantes nómadas que se dedicaban a la compraventa de hierro en la península ibérica y tantas veces confundidos con los gitanos. Además de fama de problemáticos y con cierta tendencia a delinquir, los quincalleros, también conocidos como mercheros, tenían un argot propio tan amplio que casi conformaba un idioma. Mezclado con expresiones del caló gitano, la forma de hablar de los jóvenes mercheros trascendió por los bajos fondos de generación en generación hasta el presente: «molar», «fetén» o «najar» se las debemos a ellos, por poner solo tres ejemplos. Los quincalleros se denominaban a sí mismos quinquis. Tal vez por ello —he aquí una hipótesis— la palabra quinqui trascendió: de la mano de la emigración campo-ciudad de los quincalleros y de su llegada a los núcleos urbanos vino su asociación a la figura de jóvenes problemáticos, llegando al extremo de que quinqui, en los años setenta, pasó a tener un significado inequívoco: delincuente.

Hay matices. No todos los delincuentes de finales de los setenta y los ochenta eran quinquis. En primer lugar debía ser joven o, al menos, solía ser joven. El «quinquismo» era delincuencia juvenil e infantil pura: la media de edad bailaba entre los catorce y los quince años. La media. Había otros condimentos en la receta quinqui, casi todos ellos relacionados con la condición social: los quinquis eran los hijos de la desorganizada emigración campo-ciudad de los años cincuenta y sesenta, los niños de barriadas levantadas a golpe de populismo sin plaza en el cole, sin posibilidad de empleo y con la droga siempre en derredor. El cóctel dejó una barra libre de violencia callejera formada por grupos de narcotizados chavales que vivían a salto de mata, asaltando, robando y picándose los brazos. Lo paradójico es que semejante resultado llegó a gozar de enorme fuerza mediática, de fama y hasta de gloria. Una repercusión que perdura hasta nuestros días, en los que el quinqui se ha convertido en un icono cultural posmoderno. «Existe una fascinación contemporánea sobre estas figuras», explica Amanda Cuesta, comisaria de la exposición «Quinquis de los 80». Sí, la influencia en el imaginario urbano de aquellos chavales fue tal que llegaron a protagonizar una exposición en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB). «Se han convertido en los protagonistas de una subcultura posmoderna», prosigue Amanda. «Internet está lleno de webs y referencias a estos delincuentes, a estos chavales y a aquella España marginal que los albergaba». O cómo pasar de violar a golpe de navaja a una chica en un callejón mugriento, a símbolo cultural.   

Todo comenzó —como tantas veces— en los periódicos. La atención mediática que recibían mientras se inyectaban la vida era desmedida. Periódicos como El Caso o Ya dedicaban espectaculares —y sensacionalistas— portadas a estos calorrillos sin escrúpulos. El Vaquilla o el Jaro se convirtieron en símbolos, en ídolos de chabola. «Su fama trascendió del barrio, donde alcanzaron el nivel de leyenda y abrieron una senda a chavales sin futuro, que solo veían un camino: ser el nuevo Vaquilla. Salir en el periódico», explica Amanda.

El Lute fue el pionero, si acaso el más famoso. Eleuterio Sánchez Rodríguez, nacido en una chabola del barrio de Pizarrales, Salamanca, en 1942, era (es) merchero. O al menos descendiente directo de este pueblo. Sus hazañas delictivas coparon cientos de páginas de la prensa a finales de los años setenta hasta convertirlo en un icono de la juventud marginal. Era la respuesta al sistema, la huida desesperada hacia adelante al volante de coches robados. A partir de ahí el término quinqui se desvinculó definitivamente de los quincalleros y se acomodó para siempre en los niños delincuentes de barriada. Decenas de ellos comenzaron breves y explosivas carreras delictivas basadas en tirones de bolsos, puentes a Seats 850, violaciones a chavalitas y atracos a farmacias. El Jaro, el Vaquilla, el Nani, el Torete, el Pera, el Pacorro, el Ojillo, el Majara, el Pijo, el Pepsicolo, Kunfú, el Chungo, el Corneta, Fitipaldi, el Bocas, Mosque o el Porrete, este último un gitanillo de cinco años enganchado al Winston. Un halo de romanticismo rodeó sus narcóticas hazañas.

La fama saltó por encima de las portadas y alcanzó el cine. Solo entre 1978 y 1985 se produjeron treinta películas sobre delincuencia juvenil. Era la «iconización» en tiempo real: mientras en la calle preparaban un palo, en la pantalla del cine de al lado se recreaba la acción con heroicidad. Fueron grandes éxitos de taquilla. Deprisa, deprisa, de Carlos Saura, (1980); Navajeros, de Eloy de la Iglesia (1980); Yo, «el Vaquilla», de José Antonio de la Loma (1985) y protagonizada por el propio Vaquilla; Colegas (1982), también de Eloy de la Iglesia e interpretada por Antonio Flores, al fin y al cabo, otro quinqui; y la más famosa, Perros Callejeros (1977), de José Antonio de la Loma, la tercera película más taquillera —en términos relativos— de la historia en España.      

La escena quinqui también tenía banda sonora. Por un lado el calorrismo de Tony el Gitano, Las Grecas, Los Chichos, Camarón, Lole y Manuel, Los Marismeños, La Marelu o Los Chunguitos, rumba callejera que inundaba gasolineras y se escuchaba en las barriadas a años luz del centro de la ciudad. Por otro, el punk antisistema vomitado por el posfranquismo, la poesía escrita con sierra mecánica de La Banda Trapera del Río, Eskorbuto, Leño o La Polla Records. Sus letras perduran en el tiempo e incluso la rumba callejera vive una suerte de resurrección llamada «neocalorrismo».

El problema de todo este entramado mediático y cultural fue que los quinquis alcanzaron un aura romántica, cierta ternura de bandoleros, de chavalada perdida y víctima de una sociedad que les olvidaba. La realidad era más cruda. «Ante todo, los quinquis eran delincuentes. Y delincuentes superviolentos», recuerda Amanda Cuesta. «Robaban, asaltaban, acuchillaban y disparaban». Sirva de ejemplo que en muchas bandas el ritual iniciático consistía en violaciones colectivas a una chica. «Las violaciones se sucedían, atacaban en grupos a chicas. Eran chavales sin escrúpulos». No eran mafiosos, ni eran criminales organizados. Eran yonquis sin futuro huyendo en frenética carrera a ningún lado, llevándose todo a su paso y creando una inseguridad ciudadana sin precedentes. El caldo de cultivo en el que nadaban era la España de los setenta y ochenta, recién (re)nacida, llena de lagunas y agujeros. La España de los quinquis.

oie_25133442cqJLwIXf.jpg Yo, el Vaquilla (1985). Imagen: Golden Sun / Jet Films / InCine S.A

San Blas, La Mina, Otxarkoaga. Bienvenidos a los guetos

Uno de los textos de Javier Valenzuela que recogen sus Crónicas quinquis (Libros del K. O.), cuenta cómo Luis Gimeno, un gitano de 14 años, palmea por bulerías en el capó de un coche sin ruedas una mañana de resaca de 1985. Está esperando a sus amigos para matar el tiempo. Luis es analfabeto, no va al colegio ni trabaja. Vive en el campamento de los yanquis, un poblado chabolista del sur de Madrid en el que no entra la policía. Solo lo hacen en grandes contingentes, cuando la situación lo requiere. El de los yanquis era solo uno de los cientos de poblados de chabolas que existían en las grandes ciudades españolas de los años setenta y ochenta y que, en muchos casos, siguen existiendo. Estos asentamientos fueron el resultado del atragantamiento que sufrieron las ciudades cuando intentaron beber el chorro de emigración rural veinte años atrás. Ante la avalancha, el régimen franquista decidió poner en marcha el Plan de Urgencia Social, destinado a absorber el mayor número de nuevos vecinos en el menor tiempo posible. Se trabajó rápido y mal, levantado casas de baja calidad, con planes urbanísticos chapuceros e infraestructuras deficientes. Nacieron los polígonos urbanos, aislados del resto de la ciudad. Miguel Fernández, arquitecto y  experto en urbanismo ofrece un dato que lo explica todo: «El porcentaje de población rural y urbana en España en los años cincuenta era similar. En 1980, el 72 % de la población española ya estaba en las ciudades». Las consecuencias entraron sin llamar. «Enseguida estos barrios se convirtieron en focos de problemas, se generaron espacios inseguros, áreas urbanas de bajo control y difícil mantenimiento y con barrios mal conectados», añade Miguel. Habían nacido los territorios quinquis.

Madrid fue la ciudad con más barriadas de este tipo. Su crecimiento demográfico fue incontrolable: pasó de 1,8 millones de habitantes en 1950 a 4,7 en 1980. El sur de la ciudad albergó a la mayoría de recién llegados y la siguiente generación pagó las consecuencias. Alguno de estos nuevos polígonos quedaron vinculados a la violencia y otros aún se revuelven contra su sambenito: Vallecas, Usera, Orcasur, San Cristobal, Villaverde… Pero uno se llevaba la palma: San Blas. En este barrio del este de Madrid había 143.000 vecinos —con una media de edad de quince años— y unas 20.000 viviendas sociales en las que las familias inquilinas pagaban entre 98 y 400 pesetas de alquiler mensual. Según datos de 1984 de la Policía Municipal, en este barrio se daban, de media, tres asaltos al día, normalmente protagonizados por chavales de entre once y trece años. De cada 1000 vecinos que empezaban el colegio, terminaban 100. Cientos, miles de adolescentes estaban en la calle sin hacer nada. En una noticia de 1984 de El Caso, sobre un atraco a un comercio en el sector G de San Blas (tal vez el más peligroso en la época), José Ramón García, propietario de una tienda de comestibles, describe la situación del barrio: «Hay dos o tres pandillas de niños que nos tienen aterrorizados», explica. «Van por la calle y las plazas haciendo lo que quieren y van armados. La gente no se atreve a salir». La psicosis en San Blas llegó a ser tal que los comerciantes pidieron autorización a la Delegación del Gobierno para poder portar armas y usarlas si les atracaban. José María Rodríguez Colorado, entonces delegado del Gobierno en Madrid, respondió que no. «No puedo consentir que Madrid se convierta en el salvaje Oeste». Cuatro comerciantes ya habían muerto por disparos anfetamínicos en atracos aquel año. San Blas estaba en el este, pero tenía mucho de salvaje.

Ni el amontonamiento en los polígonos logró acoger a todos los recién estrenados urbanitas. En 1985 había en Madrid 35.000 chabolas, levantadas por los propios emigrantes rurales que ya no podían acceder a los pisos por el hecho de que no había: el Pozo del Tío Raimundo, Palomeras Bajas, Orcasitas, El Chorrillo, Tío Pío, Alto Arenal… Nombres que solo salían en los periódicos cuando corría la sangre. Salían, pues, bastante.

Barcelona y Bilbao también padecieron el «quinquismo». Cuentan que el barrio de Otxarkoaga nació después de que Franco viera las chabolas a las faldas del monte Banderas. El generalísimo, escandalizado, gritó: «¡Háganles casas como Dios manda!». Y Dios debió mandar hacer el barrio más conflictivo de cuantos recuerda Bilbao. En Barcelona la fama se la llevó La Mina, cuyas acciones vecinales contra la delincuencia que padecían en los ochenta son todavía famosas. Sin embargo los puntos realmente negros de la capital catalana estaban claramente localizados en los poblados de chabolas, como Vía Trajana, Campo de la Bota, Can Tunis o El Carmel.

Sin trabajo, sin plaza en el cole, sin familia. Con droga

A partir de estas barriadas, el contexto en el que crecieron los quinquis era como una sucesión de empujones hacia la delincuencia. He aquí un planeo veloz sobre los datos de Madrid un martes cualquiera de marzo de 1984: según la Jefatura Superior de Policía ese día tuvieron lugar sesenta atracos, fueron robados cincuenta coches y hubo seis atracos a bancos. España entró en crisis en 1974 y no salió hasta finales de los ochenta. «En realidad se parece a la situación actual —expresa Amanda Cuesta—, el problema es que antes no había una infraestructura de Estado como la que hay hoy en día». Efectivamente. En la España de 1983 había 2,2 millones de personas sin empleo y solo el 27 % tenía acceso al paro. El 60 % de los desempleados eran menores de veinticinco años que nunca habían trabajado. La mayoría de ellos no tenían preparación alguna: el 25 % de los chavales de catorce y quince años en 1979 no tenía acceso a la escolarización. Simplemente, no había plazas suficientes en los colegios. La edad laboral estaba en los dieciséis y la penal en los catorce. Para muchos, en la adolescencia, solo quedaba la calle que solía desembocar en Carabanchel o La Modelo. Más datos de la España quinqui, estos de los que golpean: según el Diario Ya, en 1983, el 35 % de los mendigos en Madrid tenían entre cuatro y quince años. Ese año, la Policía Municipal recogió de la calles a 6700 niños.

Diseñado el entorno faltaba el detonante. La heroína estrenó los ochenta convertida en pandemia. Solo Madrid contenía en 1983 unos 20.000 heroinómanos, de los que —de media— moría uno a la semana por sobredosis. La jeringuilla fue el remache a la traca de despropósitos sociales de aquellos años y que, en un macabro reduccionismo, explicaba casi el 100 % de los atracos en las barriadas. Drogarse y conseguir otro botín para proseguir con una narcótica carrera delictiva. Esa era la vida quinqui. Ese era el desenfreno que atemorizaba a los vecinos.  

En esas aguas nadaba el Nani, quien con quince años planeó un etílico atraco con su pistola 9 mm de largo en Valencia, en 1980. Entró a un bar a primera hora de la tarde, con el sol castigando la ciudad y seis chupitos encima, y disparó no sabe por qué. Escapó de la policía entre ráfagas de balas y cuentan que acabó en las aguas del Turia por un ajuste de cuentas.

«Erotismo, libertad, rebeldía e inconformismos». Son los adjetivos que definían el mundo quinqui en la exposición que se celebró en su honor. Una carrera sin mirar atrás en busca de un bolso del que tirar para poder seguir corriendo. En realidad, eso era más o menos todo. Y no «molaba» nada.

https://www.jotdown.es/2018/10/quinquis-un-vistazo-rapido-a-las-barriadas-espanolas-de-los-ochenta/

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volvemos a lo mismo, movimientos de población descontrolados y sin una estructura de acogida bien organizada… en Espanna hemos tenido un par de décadas muy buenas en el sentido de percepción de seguridad ciudadana, cuando ha habido un repunte a consecuencia de la oleada de inmigración relativamente reciente se ha producido en algunos sitios una alarma perfectamente comprensible, especialmente de entre quienes habían crecido sin vivir algo así.

pero lamentablemente no es algo nuevo, al golpe de migración campo-ciudad de los 60 podríamos agregarle oleadas anteriores, que fueron las que dieron lugar a la efervescencia anarquista, alimentada de fenómenos similares con raíces en el siglo XIX y las convulsas consecuencias de las desamortizaciones liberales.

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En 15/7/2020 a las 21:29, Hispanorromano dijo:

En este hilo sobre inmigración y en algún otro hilo salió a relucir el tema de la inseguridad ciudadana. Muchos españoles, entre ellos algunos foreros, perciben una gran inseguridad en las calles que se podría deber a la inmigración. Otros foreros comentamos que, si bien parece haber problemas en Cataluña y en algunos barrios de las grandes urbes que deben tomarse en serio, no nos parecía que en la actualidad haya mayor delincuencia e inseguridad que en los años 80 y 90. Aunque ciertamente la percepción no deja de ser algo subjetivo, que depende de lo sucesos que le toquen a uno de cerca y de la información que recibe a través de los diversos medios de comunicación.

Dejo un artículo publicado en Jotdown, una revista cultureta, que habla sobre esa delincuencia en los años 80. Aunque lo enfoca desde ese punto de vista cultural, describe con acierto la inseguridad de la época y señala sus causas, entre ellas la emigración masiva del campo a la ciudad y el hacinamiento en infraviviendas. Cuenta también que la sobreexposición mediática de estos brutales delincuentes les dio un halo de romanticismo y los convirtió en una especie de iconos culturales que aun hoy reivindica mucha gente.

El artículo sirve para ilustrar el tipo de delincuencia que se vivía entonces, brutal a nivel cuantitivo y cualitativo, pero también explica muchas cuestiones de interés que también son aplicables a la delincuencia que puede surgir hoy de la inmigración, con lo que sirve de aviso a navegantes. Señalo en negrita los pasajes que me parecen más significativos.

Pero fue un fenómeno de unas pocas décadas, la inmigración islámica y africana en Francia data de la misma época que el éxodo rural español y no solo no se ha solucionado sino que ha ido a peor, esa es la diferencia. Un caso era una población con la misma cultura y sociedad que no se adaptaba a un cambio y acabó por hacerlo y el otro es una sociedad extranjera y opuesta que no se ha adaptado y seguramente no lo hará nunca. Y los problemas que causa la inmigración en España son del segundo tipo.

El equivalente sería el caso de los gitanos, que cualquiera puede ver lo bien que se han adaptado tras 5 siglos en España.

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      Una vez más, por aprecio a estos amigos dejo solo el enlace para enviar las visitas a la fuente.

      Solo comento la foto que ponen de un congreso internacional identitari que hubo un México. Ahí se plasma el cáncer que han supuesto y parece que aún sigue suponiendo aquella enfermedad llamada CEDADE. En dicha foto veo al ex-cabecilla de CEDADE, Pedro Varela -uno de esos nazis que se dicen católicos- junto a Salvador Borrego -que si bien no era nazi, de hecho es un mestizo que además se declara hispanista y favorable a la mezcla racial propiciada por la Monarquía Católica,  sí que simpatizó con ellos por una cuestión que quizá un día podamos comentar- uno de los "revisionistas" más importante en lengua española, así como el también mexicano Alberto Villasana, un escritor, analista, publicista, "vaticanista" con gran predicamento entre los católicos mexicanos, abonado totalmente a la errática acusación contra el papa Francisco... posando junto a tipos como David Duke, ex-dirigente del Ku Kux Klan, algo que lo dice todo.

      Si mis rudimentarias habilidades en fisonomía no me fallan, en el grupo hay otro español, supongo que también procedente del mundillo neonazi de CEDADE.

      Imaginemos la corrupción de la idea de Hispanidad que supone semejante injerto, semejante híbrido contra natura.

      Nuestra querido México tiene la más potente dosis de veneno contra la hispanidad, inyectado en sus venas precisamente por ser un país clave en ella. Es el que otrora fuera más próspero,  el más poblado, también fue y en buena parte sigue siendo muy católico, esta en la línea de choque con el mundo anglo y... los enemigos de nuestra Hispanidad no pueden permitir una reconciliación de ese país consigo mismo ni con la misma España, puente clave en la necesaria Reconquista o reconstrucción. Si por un lado está infectado por el identitarismo amerindio -el indigenismo- por el otro la reacción está siendo narcotizada por un identitarismo falsohispanista, falsotradicionalista o como queramos verlo, en el cual CEDADE juega, como vemos, un factor relevante.

      Sin más, dejo ahí otra vez más mi sincera felicitación al autor de ese escrito. Enhorabuena por su clarividencia y fineza, desde luego hace falta tener personalidad para ser capaz de sustraerse a esa falsa polarización con que se está tratando de aniquilar el hispanismo.

       





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    • La libertad sexual conduce al colapso de la cultura en tres generaciones (J. D. Unwin)
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    • Traigo de la hemeroteca un curioso artículo de José Fraga Iribarne publicado en la revista Alférez el 30 de abril de 1947. Temas que aborda: la desastrosa natalidad en Francia; la ya muy tocada natalidad española, especialmente en Cataluña y País Vasco; las causas espirituales de este problema, etc.

      Si rebuscáis en las hemerotecas, hay muchos artículos de parecido tenor, incluso mucho más explícitos y en fechas muy anteriores (finales del s. XIX - principios del s. XX). He traído este porque es breve y no hay que hacer el trabajo de escanear y reconocer los caracteres, que siempre da errores y resulta bastante trabajoso, pues ese trabajo ya lo ha hecho la Fundación Gustavo Bueno.

      Señalo algunos hechos que llaman la atención:

      1) En 1947 la natalidad de Francia ya estaba por los suelos. Ni Plan Kalergi, ni Mayo del 68, ni conspiraciones varias.

      2) Pero España, en 1947 y en pleno auge del catolicismo de posguerra, tampoco estaba muy bien. En particular, estaban francamente mal regiones ricas como el País Vasco y Cataluña. ¿Será casualidad que estas regiones sean hoy en día las que más inmigración reciben?

      3) El autor denuncia que ya en aquel entonces los españoles estaban entregados a una visión hedonística de la existencia, que habían perdido la vocación de servicio y que se habían olvidado de los fines trascendentes. No es, por tanto, una cosa que venga del Régimen del 78 o de la llegada al poder de Zapatero. Las raíces son mucho más profundas.

      4) Señala que el origen de este problema es ético y religioso: se ha perdido la idea de que el matrimonio tiene por fin criar hijos para el Cielo. Pero también se ha perdido la idea del límite: las personas cada vez tienen más necesidades y, a pesar de que las van cubriendo, nunca están satisfechas con su nivel de vida.

      Este artículo antiguo ilumina muchas cuestiones del presente. Y nos ayuda a encontrarle solución a estos problemas que hoy nos golpean todavía con mayor fuerza. Creo que puede ser de gran provecho rescatar estos artículos.
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    • En torno a la posibilidad de que se estén usando las redes sociales artificialmente para encrespar los ánimos, recojo algunas informaciones que no sé sin son importantes o son pequeñas trastadas.

      Recientemente en Madrid se convocó una contramanifestación que acabó con todos los asistentes filiados por la policía. Militantes o simpatizantes de ADÑ denuncian que la convocó inicialmente una asociación fantasma que no había pedido permiso y cuyo fin último podría ser provocar:

      Cabe preguntarles por qué acudieron a una convocatoria fantasma que no tenía permiso. ¿Os dais cuenta de lo fácil que es crear incidentes con un par de mensajes en las redes sociales?

      Un periodista denuncia que se ha puesto en marcha una campaña titulada "Tsunami Español" que pretende implicar a militares españoles y que tiene toda la pinta de ser un bulo de los separatistas o de alguna entidad interesada en fomentar la discordia:

      El militar rojo que tiene columna en RT es uno de los que difunde la intoxicación:

      Si pincháis en el trending topic veréis que mucha gente de derechas ha caído en el engaño.

      Como decía, desconozco la importancia que puedan tener estas intoxicaciones. Pero sí me parece claro que con las redes sociales sale muy barato intoxicar y hasta promover enfrentamientos físicos con unos cuantos mensajes bien dirigidos. En EEUU ya se puso en práctica lo de citar a dos grupos contrarios en el mismo punto para que se produjesen enfrentamientos, que finalmente ocurrieron.
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    • Una teoría sobre las conspiraciones
      ¿A qué se debe el pensamiento conspiracionista que tiene últimamente tanto auge en internet? Este artículo baraja dos causas: la necesidad de tener el control y el afán de distinguirse de la masa.
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