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Malthus y el marqués de Sade: ideólogos del antinatalismo moderno

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Investigando sobre el malthusianismo, que es un tema que me interesa mucho, di el otro día con un artículo académico en francés titulado "El marqués de Sade y la cuestión de la población". Su resumen dice así:

Cita

En cuatro de sus textos más importantes (Aline et Valcour, Histoire de Juliette, La Nouvelle Justine et La Philosophie dans le boudoir) escritos entre 1795 y 1799, Sade manifiesta un claro interés por la cuestión de la población. Elabora lo que podría ser un sistema coherente. La propagación de la especie humana es considerada como un freno al bienestar tanto a escala colectiva que a nivel individual. Según Sade todo debe ser hecho para limitar dicha propagación, pues la humanidad no puede reivindicar ningún estatuto de excepción en la Naturaleza. El abandono de niños, el infanticidio, la sodomía o el aborto son presentados pues como frenos al aumento de la población. Por otra parte, Sade como Malthus en la misma época, temía un crecimiento del número de pobres y se muestra en consecuencia hostil a toda clase de ayuda que se les pudiera prestar. Mas allá de los excesos cometidos por los personajes de las novelas de Sade, y cuyas “disertaciones” ilustran lo que piensa sobre esta cuestión, las ideas expuestas en sus obras merecen toda nuestra atención, en razón de su coherencia y de su originalidad. Mientras que en Malthus el principio de población legitima como último recurso la limitación moral, en Sade el principio de placer debe prevalecer siempre. La dialéctica de la destrucción y de la creación funda la teoría de la población.

Le marquis de Sade et la question de la population - Dialnet

En otras palabras, el autor sostiene que, más allá de las satánicas perversiones por las que es conocido y celebrado, en el marqués de Sade hay un sistema coherente que tiene por fin limitar los nacimientos y reducir la población, sistema que entra en contacto con el de Malthus en algunos puntos.

No he podido leer el artículo al ser de pago, pero espero adquirirlo próximamente. Mientras tanto, he indagado en algunas obras de Sade y he comprobado que, efectivamente, la cosa no va sólo de hedonismo y aberraciones sexuales, sino que hay un sistema mucho más profundo que, con perfecta coherencia, explica todo lo que hay que hacer para lograr que ocurra lo que desde hace siglo y medio viene ocurriendo en su Francia natal: que la gente no tenga hijos ni quiera tenerlos; que se utilicen toda clase de medios anticonceptivos y que el aborto sea un derecho, con el resultado de que no hay un reemplazo generacional y se tiene que tirar de inmigración para mitigar el desaguisado. La obra de Sade, además, es una constante apología de la sodomía que sirve a este fin de evitar la procreación. Todo está relacionado.

En este párrafo, la conexión con Malthus es clara en su rechazo de la beneficiencia y en su odio a los pobres, especialmente si son prolíficos:

Cita

Dolmancé — ¡Lejos de nosotros, Eugenia, las virtudes que sólo crean ingratos! Pero no se engañe, mi encantadora amiga: la beneficencia es un vicio del orgullo antes que una verdadera virtud del alma; es por ostentación que se alivia a los semejantes, nunca con la sola intención de hacer un buen acto; ¡vaya si enojaría que la limosna qué se acaba de hacer no reciba, toda la publicidad posible! No se imagine tampoco, Eugenia, que esta acción tenga tan buenos efectos: yo la considero como la más grande engañifa: acostumbra al pobre a socorros que deterioran su energía; ya no trabaja más cuando se atiene a nuestra caridades; apenas le faltan se vuelve un ladrón o un asesino. Escucho por todas partes reclamar los medios para que se suprima la mendicidad, y entre tanto se hace todo lo posible por multiplicarla. ¿No quiere usted tener moscas en su cuarto? Pues no ponga azúcar para atraerlas. ¿No quiere tener pobres en Francia? Pues no dé limosna y suprima sobre todo las casas de caridad. Viéndose privado de esos peligrosos recursos, el individuo nacido en el infortunio empleará todo su coraje, todos los medios recibidos de la naturaleza, para salir del estado en que nació; no molestará más. Destruyan, derríbense sin ninguna piedad esas detestables casas donde se tiene el descaro de ocultar los frutos del libertinaje del pobre, cloacas espantosas que vomitan cada día en la sociedad un repugnante enjambre de nuevas criaturas que sólo tienen esperanza en vuestra bolsa. ¿Para qué sirve, me pregunto, que se conserve a tales individuos con tanto cuidado? ¿Tememos la despoblación de Francia? ¡Ah, nunca nos preocupemos por eso!

Uno de los primeros vicios de este gobierno consiste en una población demasiado numerosa, y lejos está ese exceso de ser riqueza para el Estado. Esos seres supernumerarios son como ramas parásitas que, no viviendo sino a expensas del tronco, terminan siempre por extenuarlo. Recuerde: cualquiera sea el gobierno, cuando la población es superior a los medios de existencia, siempre ese gobierno languidecerá. Examine usted Francia y verá que es eso lo que ofrece. ¿Qué resulta de ello? Diariamente lo vemos. Los chinos, más sabios que nosotros, se cuidan bien de dejarse dominar por una población demasiado abundante. Ningún asilo para los frutos vergonzosos de sus licencias: se abandonan esos espantosos engendros como a las consecuencias de una digestión. Nada de casas para pobres: no se conocen en China. Allá todo el mundo trabaja, allá todo el mundo es feliz; nada altera la energía del pobre y cada cual puede decir, como Nerón, ¿Quid est pauper?

Eugenia, (a Madame de Saint-Ange) — Querida amiga, mi padre piensa absolutamente como el señor: en su vida hizo una buena obra. No cesa de gruñir a mi madre por las sumas que gasta en tales prácticas. Ella era de la Sociedad Maternal, de la Sociedad Filantrópica... yo no sé de qué asociación no era; mi padre la obligó a abandonar todo eso asegurándole que la reduciría a la más módica pensión si se le daba por recaer en semejantes idioteces.

Madame de Saint-Ange — No hay nada tan ridículo, y al mismo tiempo tan peligroso, que esas asociaciones: a ellas, a las escuelas gratuitas y a las casas de caridad debemos el derrumbe horrible en que nos hallamos ahora. Te lo suplico, querida, no des nunca una limosna.

Eugenia — No temas; hace tiempo que lo mismo exigió mi padre, y la beneficencia me tienta demasiado poco como para infringir, en ese campo, sus órdenes... los impulsos de mi corazón y tus deseos.

Dolmancé — No dividamos esta porción de sensibilidad que hemos recibido de la naturaleza, extenderla es aniquilarla. ¡Qué me hacen a mí los males de los demás! ¿No tengo acaso bastante con los míos, para afligirme por los ajenos? ¡Que el hogar de esta sensibilidad nunca alumbre sino nuestros placeres! Seamos sensibles a todo lo que los nutre, inflexibles ante el resto. De este estado de alma resulta una especie de crueldad que no está exenta de delicias. No siempre se puede hacer el mal, pero privados del placer que nos da, al menos compensémoslo con la pequeña maldad picante de no hacer jamás el bien.

Marqués de Sade, La filosofía en el tocador.

¿Cuántas veces no hemos escuchado estas afirmaciones, ya no sólo en esa pocilga que es BBJ, sino en conversaciones de la calle? Y parece que hay un sector de la derecha muy proclive a esa clase de pensamientos sobre los pobres.

Pero observad el siguiente párrafo, que resume a la perfección la filosofía que impera actualmente sobre la sexualidad, la maternidad, los métodos anticonceptivos y el aborto:

Cita

Madame de Saint-Ange — No te imagines, locuela, que haya mal alguno en desviar de su camino la simiente del hombre, puesto que la procreación no es un objetivo de la naturaleza, sino sólo una tolerancia: cuando no la usamos, sus intenciones están mejor cumplidas. Conviértete en enemiga jurada de la fastidiosa propagación y desvía sin cesar, incluso en el matrimonio, ese pérfido licor cuyo fruto arruina nuestras siluetas, embota nuestras sensaciones voluptuosas, nos marchita, nos envejece y perjudica nuestra salud; compromete a tu marido a acostumbrarse a tales pérdidas; ofrécele todas las rutas que lo alejen de rendir homenaje al templo, dile que detestas los niños, que le suplicas no hacértelos. Limítate a esto, querida, pues te declaro que me horroriza la procreación y dejaré de ser tu amiga en el instante en que quedes preñada. Pero si esta desgracia te ocurre sin que seas culpable, avísame en las siete u ocho semanas, y te desembarazaré suavemente de tu carga. No temas el infanticidio, que es un crimen imaginario: somos siempre las dueñas de lo que llevamos en nuestro seno, y no hacemos un mal mayor destruyendo esa especie de materia que cuando purgamos la otra, con laxantes, al necesitarlo.

Eugenia — Y si el niño estuviese en término?

Madame de Saint-Ange — Aunque estuviese ya en el mundo, igualmente seríamos dueñas de destruirla. No hay en la tierra derecho más indiscutible que el de las madres sobre sus hijos. Todos los pueblos han reconocido esta verdad: está fundada en la razón, por principio.

Dolmancé –– Es un derecho que innegablemente está en la naturaleza. La extravagancia del sistema deificante ha sido la fuente de todos esos errores groseros. Los imbéciles que creían en Dios estaban convencidos de que sólo a El debemos la existencia y que tan pronto como un embrión maduraba, una pequeña alma, emanada de Dios, lo animaba; esos imbéciles debieron considerar como un crimen capital la destrucción de esa pequeña criatura, puesto que según ellas no pertenecía a los hombres sino a Dios. Pero desde que la luz de la filosofía ha disipado todas estas imposturas, desde que hemos arrojado a nuestros pies la quimera divina, desde que —mejor instruidos sobre las leyes y secretos de la física— hemos desarrollado el principio de la generación y aprendido que este mecanismo material no ofrece nada más asombroso que la germinación del grano de trigo, no podemos adjudicar a la naturaleza el error de los hombres. Ampliando la medida de nuestros derechos, hemos reconocido, en fin, que éramos perfectamente libres de disponer de lo que habíamos producido a nuestro pesar o por accidente, y que era imposible exigir a un individuo cualquiera que fuese padre o madre si no lo deseaba así; que una criatura de más o de menos sobre la tierra no era una consecuencia importante, y que somos los amos de ese pedazo de carne, por animado que estuviese, así como lo somos de las uñas que nos cortamos, de las excrecencias de carne que extirpamos de nuestros cuerpos o de las digestiones que suprimimos de nuestras entrañas, porque tanto lo uno como lo otro proviene de nosotros y somos propietarios absolutos de lo que de nosotros emana. Cuando desarrollamos, Eugenia, la mediocre importancia que tiene el crimen sobre la tierra, usted debió notar qué poca monta era atribuible al infanticidio, incluso cometido sobre una criatura ya en la edad de la razón. La lectura de la historia de las costumbres de todos los pueblos de la tierra, al mostrarle que este uso es universal, la convencerá de que sólo habría imbecilidad en admitir que hay algún mal en esta acción tan indiferente.

Marqués de Sade, La filosofía en el tocador.

Sodomía, métodos anticonceptivos, aborto, feminismo, rechazo de la maternidad, horror a la procreación, planificación familiar, declive de la familia: la gente cree que son fenómenos independientes, con lo que se podría luchar contra alguno de esos fenómenos sin luchar contra el resto. Pero lo cierto es que esos fenómenos están estrechamente relacionados, pues todos buscan separar la sexualidad de la procreación y, en definitiva, ir contra natura y contra el mandato divino de "Creced y multiplicaos". El abandono del cristianismo lleva a esta particular filosofía que expone el marqués de Sade y que ahora mismo es el abecé de Occidente, incluso de los sectores más derechistas. Las consecuencias de tal filosofía ya las estamos viendo y no parece que vayan a ir a mejor, porque nadie quiere a la raíz del problema y por lo general la gente prefiere volcar su frustración contra alguna consecuencia remota, como la inmigración, a modo de chivo expiatorio. Una de las pocas instituciones que va a la raíz es la Iglesia. Por eso la Iglesia, pese a titubeos propios de estos tiempos confusos, es una guía mucho más segura que la de esos profetas laicos que han surgido últimamente a la hora de abordar esos problemas que aquejan a al mundo occidental.

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Acabas de exponernos la guía antiespiritual de la cloaca BBJ. España es una colonia ideológica de todas Estas excrecencias francesas y a su vez tenemos comandos colonizadores que actúan en América.

Por tanto, neutralizar este veneno en nuestro país no solo ayudaría a España sino también a medio mundo.

 

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Había oído hablar de las obras del marqués de Sade pero nunca había leído nada suyo. Me he quedado espantado de la similitud que hay entre lo que se dice en esos textos y la forma extendida del pensamiento actual. Es la esencia misma del nihilismo.


«Amor es aquello que nunca cambia, amor es aquello que no tiene fin, amor es Dios»

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    • Traigo de la hemeroteca un curioso artículo de José Fraga Iribarne publicado en la revista Alférez el 30 de abril de 1947. Temas que aborda: la desastrosa natalidad en Francia; la ya muy tocada natalidad española, especialmente en Cataluña y País Vasco; las causas espirituales de este problema, etc.

      Si rebuscáis en las hemerotecas, hay muchos artículos de parecido tenor, incluso mucho más explícitos y en fechas muy anteriores (finales del s. XIX - principios del s. XX). He traído este porque es breve y no hay que hacer el trabajo de escanear y reconocer los caracteres, que siempre da errores y resulta bastante trabajoso, pues ese trabajo ya lo ha hecho la Fundación Gustavo Bueno.

      Señalo algunos hechos que llaman la atención:

      1) En 1947 la natalidad de Francia ya estaba por los suelos. Ni Plan Kalergi, ni Mayo del 68, ni conspiraciones varias.

      2) Pero España, en 1947 y en pleno auge del catolicismo de posguerra, tampoco estaba muy bien. En particular, estaban francamente mal regiones ricas como el País Vasco y Cataluña. ¿Será casualidad que estas regiones sean hoy en día las que más inmigración reciben?

      3) El autor denuncia que ya en aquel entonces los españoles estaban entregados a una visión hedonística de la existencia, que habían perdido la vocación de servicio y que se habían olvidado de los fines trascendentes. No es, por tanto, una cosa que venga del Régimen del 78 o de la llegada al poder de Zapatero. Las raíces son mucho más profundas.

      4) Señala que el origen de este problema es ético y religioso: se ha perdido la idea de que el matrimonio tiene por fin criar hijos para el Cielo. Pero también se ha perdido la idea del límite: las personas cada vez tienen más necesidades y, a pesar de que las van cubriendo, nunca están satisfechas con su nivel de vida.

      Este artículo antiguo ilumina muchas cuestiones del presente. Y nos ayuda a encontrarle solución a estos problemas que hoy nos golpean todavía con mayor fuerza. Creo que puede ser de gran provecho rescatar estos artículos.
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    • En torno a la posibilidad de que se estén usando las redes sociales artificialmente para encrespar los ánimos, recojo algunas informaciones que no sé sin son importantes o son pequeñas trastadas.

      Recientemente en Madrid se convocó una contramanifestación que acabó con todos los asistentes filiados por la policía. Militantes o simpatizantes de ADÑ denuncian que la convocó inicialmente una asociación fantasma que no había pedido permiso y cuyo fin último podría ser provocar:

      Cabe preguntarles por qué acudieron a una convocatoria fantasma que no tenía permiso. ¿Os dais cuenta de lo fácil que es crear incidentes con un par de mensajes en las redes sociales?

      Un periodista denuncia que se ha puesto en marcha una campaña titulada "Tsunami Español" que pretende implicar a militares españoles y que tiene toda la pinta de ser un bulo de los separatistas o de alguna entidad interesada en fomentar la discordia:

      El militar rojo que tiene columna en RT es uno de los que difunde la intoxicación:

      Si pincháis en el trending topic veréis que mucha gente de derechas ha caído en el engaño.

      Como decía, desconozco la importancia que puedan tener estas intoxicaciones. Pero sí me parece claro que con las redes sociales sale muy barato intoxicar y hasta promover enfrentamientos físicos con unos cuantos mensajes bien dirigidos. En EEUU ya se puso en práctica lo de citar a dos grupos contrarios en el mismo punto para que se produjesen enfrentamientos, que finalmente ocurrieron.
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