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Hispanorromano

La libertad sexual conduce al colapso de la cultura en tres generaciones (J. D. Unwin)

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El psiquiatra Pablo Malo publica en Twitter una reseña de un antiguo libro de J. D. Unwin titulado Sex and Culture que creo interesante dar a conocer en este foro. El libro, de 1934, trata de cómo afecta la moral sexual al florecimiento o la caída de las civilizaciones. Aunque es un enfoque exclusivamente racional y quizá un tanto naturalista, coincide en las conclusiones con lo que siempre ha enseñado la moral católica.

Cita

Según el libro Sex and Culture, del antropólogo J.D Unwin (1934), donde estudia 86 culturas, las restricciones sexuales pre y post-maritales conducen al florecimiento de una cultura y la libertad sexual al colapso de la cultura en 3 generaciones.

Unwin clasifica las culturas en 4 tipos:

  • zoistic: viven al día, ningún interés en comprender la naturaleza (cultura inerte o muerta);
  • monistic: aparecen supersticiones y tratamiento de los muertos;
  • deistic: aparecen dioses;
  • racionalista: usan la razón para entender el mundo.

Los grados de restricción sexual son:

a) prenupciales:

  1. libertad sexual completa
  2. restricciones ocasionales
  3. castidad estricta

b) postnupciales:

  1. monogamia modificada
  2. poligamia modificada
  3. monogamia absoluta
  4. poligamia absoluta

Conclusiones:

1.- Las restricciones sexuales pre y postmaritales conducen al florecimiento de una cultura y la libertad sexual al colapso de la cultura en 3 generaciones.

2.- El factor individual más importante de esta correlación con el florecimiento fue la castidad pre-nupcial.

3.- La combinación más eficaz fue castidad prenupcial y monogamia absoluta. Las culturas racionalistas con esta combinación durante 3 generaciones sobrepasan a las demás en ciencia, literatura, arte, arquitectura, ingeniería y agricultura.

4.- Cuando se abandona la castidad prenupcial, la monogamia absoluta, el diezmo y el pensamiento racional desaparecen en 3 generaciones.

5.- Si se abraza la libertada sexual absoluta, la cultura colapsa al nivel inerte: no hay interés más allá de los deseos y las necesidades. La cultura suele ser conquistada por otra con más energía social.

6.- Los cambios en las restricciones sexuales tienen un desfase: los efectos no se instauran hasta la tercera generación

_______________

Fuente: https://twitter.com/pitiklinov/status/1202896510641414144

Se inspira en esta entrada de un blog inglés: Why Sexual Morality May be Far More Important than You Ever Thought — Quest

Que a su vez es una reseña de Sex and Culture, de J. D. Unwin [versión en PDF].

Alejando Ortiz M., usuario venezolano, formula el siguiente apunte:

Cita

Si el punto de inflexión en términos de libertad sexual de la "civilización occidental" se dio en los 60's con el desarrollo de la pastilla anticonceptiva asistimos a los estertores de nuestra "cultura"... ya son 3 generaciones desde entonces (o más, según se saque la cuenta).

https://twitter.com/Buensancho_/status/1202974949281083395

No se trata de ser catastrofistas, pues eso bloquearía la solución. Pero sí conviene tomar nota de estos estudios que, ya en los años treinta del siglo pasado, avisaban de los peligros que se cernían sobre la civilización occidental por haberse alejado de la moral católica. La fe católica, como siempre, tiene solución a muchos de los problemas de los que nos quejamos desconsoladamente.

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hace 7 horas, Hispanorromano dijo:

El psiquiatra Pablo Malo publica en Twitter una reseña de un antiguo libro de J. D. Unwin titulado Sex and Culture que creo interesante dar a conocer en este foro. El libro, de 1934, trata de cómo afecta la moral sexual al florecimiento o la caída de las civilizaciones. Aunque es un enfoque exclusivamente racional y quizá un tanto naturalista, coincide en las conclusiones con lo que siempre ha enseñado la moral católica.

Alejando Ortiz M., usuario venezolano, formula el siguiente apunte:

No se trata de ser catastrofistas, pues eso bloquearía la solución. Pero sí conviene tomar nota de estos estudios que, ya en los años treinta del siglo pasado, avisaban de los peligros que se cernían sobre la civilización occidental por haberse alejado de la moral católica. La fe católica, como siempre, tiene solución a muchos de los problemas de los que nos quejamos desconsoladamente.

 

dejando por delante que estoy de acuerdo en lo que se dice ahí, sería interesante ver qué ejemplos históricos pone como ejemplo que apoyen la tesis.

yo también creo que no ha podido haber en la historia ninguna sociedad viable con más de tres generaciones de mayoría atea... pero es que tampoco conozco casos históricos... quizás eso sea la mejor prueba de tal afirmación.

pero en el caso de lo que dice ese libro seguro que hay un buen ramillete de ejemplos, estaría bien difundirlos.

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En todo ello hay algo que, si se piensa, es de pura lógica: El orden sexual da origen al orden moral en tanto que la vida humana se inicia desde las relaciones afectivas, y este orden moral es que permite el desarrollo de las familias y como consecuencia el desarrollo de las sociedades y las naciones. De alguna forma, el orden sexual es el cimiento material del orden moral y este a su vez es el fundamento de la civilización. Cuando se pierde dicho orden, todo lo demás decae por desorden y descomposición, de ahí que la Iglesia siempre le haya prestado tantísima importancia a este hecho fundamental para el desarrollo de la vida. Una sociedad anárquicamente organizada en cuanto a sexualidad, es una sociedad condenada a desaparecer por cuanto carece del orden moral que regula las relaciones y el desarrollo. El liberalismo sexual es por tanto la base de la decadencia y la descomposición de cualquier civilización. Hasta desde un punto de vista estrictamente evolucionista se podría mantener esta tesis.


«Amor es aquello que nunca cambia, amor es aquello que no tiene fin, amor es Dios»

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Una colaboradora complutense de Infovaticana ha traducido la reseña completa en inglés del libro de J. D. Unwin que enlazaba en mi primer mensaje:

Cita

¿Por qué la moral sexual podría ser más importante de lo que creías?

revoluci%C3%B3n-sexual.jpg
 
por INFOVATICANA | 18 enero, 2020

(KirkDurston)- Una tarde de invierno, estaba disfrutando de un rato en compañía de media docena de estudiantes de filosofía. Discutíamos acerca de las leyes y las penas que conllevaba el no cumplirlas. Tras un rato de discusión, aproximadamente una hora, se me ocurrió que, tal vez, algunas leyes morales coartasen el placer y el disfrute inmediato, pero que, a largo plazo, minimizasen el sufrimiento y maximizasen el sentido de plenitud humana.

Hace unos días, terminé de releer Sex and Culture por segunda vez. Es un libro extraordinario, que recoge los resultados de toda una vida de investigaciones llevadas a cabo por el antropólogo social de Oxford, J.D. Unwin [1]. El libro, de más de seiscientas páginas, no es más que, en palabras del propio Unwin, un “sumario” de su investigación – se necesitarían unos siete volúmenes para poder plasmarlo todo [2]. Sus escritos sugieren que es un racionalista que cree que la ciencia es la única herramienta de explicación (parece ser que no era un hombre religioso). Cuando me sumergí en su investigación, no pude evitar recordar lo que pensaba cuando era estudiante de filosofía: algunas leyes morales podrían haber sido diseñadas para minimizar el sufrimiento humano y maximizar el desarrollo del individuo a largo plazo.

Unwin examina los datos obtenidos de 86 sociedades y civilizaciones distintas para comprobar si existe relación entre libertad sexual y desarrollo de las culturas. Lo que hace que el libro resulte especialmente esclarecedor es que nosotros, en Occidente, tuvimos una revolución sexual a finales de los 60, en los 70 y los 80, y ahora nos encontramos en la situación de poder revisar las conclusiones a las que él llegó hace más de cuarenta años.

Las categorías culturales de Unwin

Unwin describe cuatro grandes “modelos de cultura humana” y distintos grados de desarrollo, en función de su arte, arquitectura, ingeniería, literatura, agricultura y demás. El criterio principal para clasificarlos era cómo se relacionaban con el mundo natural y las distintas fuerzas de la naturaleza [3].

1 . Zoísta: completamente centrado en la vida cotidiana, en sus necesidades y deseos, sin ningún interés por comprender la naturaleza. Se describe como “cultura muerta” o “cultura inerte”.

2. Monista: adquiere creencias supersticiosas y/o un trato especial de los muertos para hacer frente al mundo natural.

3. Deísta: atribuye las fuerzas de la naturaleza a un dios o grupo de dioses.

4. Racionalista: se sirve del pensamiento racional para comprender el mundo natural y tomar decisiones diarias.

Grados de restricción sexual según Unwin

Los grados de restricción sexual se dividen en dos categorías principales – prenupcial y post-nupcial [4].

Las categorías prenupciales son:

               1. Libertad sexual total – no hay ningún tipo de restricción prenupcial.

               2. Restricción ocasional o irregular – la norma social exigiría ciertos periodos de abstinencia.

               3. Castidad estricta – consiste en permanecer virgen hasta el matrimonio.

Las categorías post-nupciales son [5]:

               1. Monogamia modificada – sólo un matrimonio a la vez; ambas partes pueden darlo por terminado.

               2. Poligamia modificada – los hombres pueden tener más de una mujer, y la esposa es libre de abandonar a su marido.

               3. Monogamia absoluta – sólo se permite un cónyuge en la vida (o hasta la muerte, según algunas culturas).

               4. Poligamia absoluta – los hombres pueden tener más de una esposa, pero las mujeres deben “limitar su sexualidad [su actividad sexual] a su marido por el resto de sus vidas”.

¿Qué encontró Unwin?

He preparado una selección de citas de su libro que resume sus hallazgos y que ocupa unas 26 páginas. No obstante, aún con eso, no seríamos capaces de apreciar el rigor de sus investigaciones y los reveladores detalles provenientes de las 86 culturas que forman parte del estudio. He aquí algunos de sus hallazgos más significativos:

               1. Efectos de la restricción sexual: los altos grados de restricción sexual, ya sea prenupcial o post-nupcial, siempre conducen a un florecimiento cultural. Inversamente, la libertad sexual conduce al colapso de la cultura en el plazo de tres generaciones.

               2. El factor único más influyente: sorprendentemente, los datos revelaron que el único factor que guarda una importante correlación directa con el desarrollo cultural es la existencia o no de castidad prenupcial. En ambos casos, el efecto es muy significativo.

               3. Alto desarrollo cultural: la combinación más potente era la formada por castidad prenupcial y monogamia absoluta. Las culturas racionalistas que mantuvieron esta combinación por el plazo de, al menos, tres generaciones, eran claramente superiores al resto en todo, incluyendo literatura, arte, ciencia, arquitectura, ingeniería y agricultura. Sólo tres de las ochenta y seis culturas estudiadas lograron ese nivel de desarrollo.

               4. Efectos adversos del abandono de la castidad prenupcial: Cuando la castidad prenupcial no era la norma, también desaparecían, en el plazo de tres generaciones, la monogamia absoluta, el deísmo y el pensamiento racional.

               5. Libertad sexual total: si una cultura acepta la libertad sexual total, dicha cultura colapsa en el plazo de tres generaciones, llegando a su nivel más bajo de desarrollo – lo que Unwin define como “inerte” y un “nivel de concepción mortal”, que se caracteriza por gente que tiene escaso interés por nada que no sea sus propias necesidades y deseos. En este nivel, la cultura es conquistada o sucumbe ante otra cultura invasora con mayor energía social.

               6. Lapso temporal: si hay un cambio en las restricciones sexuales, sea desde un punto de vista restrictivo como permisivo, sus efectos no serán visibles hasta la tercera generación. [Nota: he añadido un nota al final de este artículo; véase n. 13].

¿Qué aplicación tiene esto en nuestra cultura actual?

Unwin publicó sus hallazgos en 1963, antes de que la revolución sexual tuviese lugar en Occidente. Ahora tenemos la oportunidad de poner a prueba sus conclusiones comprobando si nuestra cultura sigue el patrón que él predijo. La “generación” de Unwin tenía aproximadamente 33 años, por lo que habría que esperar unos cien años para poder notar todos los efectos. No obstante, el proceso está muy avanzado por lo que ya podemos observar algunos de los efectos predichos.

Antes de la revolución sexual, que comenzó en los años sesenta, la cultura occidental observaba con celo la castidad prenupcial. Pero, a principios de los setenta, el sexo prematrimonial se volvió progresivamente aceptable. En los primeros años del siglo XXI, la mayoría de adolescentes eran sexualmente activos, hasta el punto que la virginidad prematrimonial resultaba algo extraño, si no ridículo. Al mismo tiempo, nuestra cultura caminó desde la monogamia absoluta hacia la monogamia modificada.

Las predicciones de Unwin sobre nuestra cultura

Gracias a las generaciones racionales que la precedieron, la primera generación de una sociedad que decide abandonar sus restricciones sexuales puede disfrutar de su recién adquirida libertad antes de que se manifieste el declive cultural. No obstante, los datos nos muestran que esta fase de “tener una tarta y comérsela” dura, como máximo, una generación, antes de que se ponga en marcha su declive. Unwin escribió:

La historia de estas sociedades consiste en una serie de monótonas repeticiones; y resulta difícil decidir qué aspecto es más importante: la lamentable falta de pensamiento original que, en cada caso, muestran los reformistas, o la sorprendente rapidez con la que, tras un estricto periodo de continencia (restricción sexual), el organismo humano se sirve de la primera oportunidad que tiene para satisfacer sus deseos innatos, de una forma directa o pervertida. A veces, se ha oído a hombres decir que les gustaría disfrutar de las ventajas de una cultura floreciente y, al mismo tiempo, abolir las restricciones sexuales. Sin embargo, la naturaleza inherente al ser humano parece sugerir que estos deseos son incompatibles, incluso contradictorios. Los reformistas podrían compararse a ese niño tonto que desea conservar su tarta y, a la vez, comérsela. Toda sociedad humana es libre de elegir si desea tener una gran energía o disfrutar de su libertad sexual; lo que es evidente, es que no puede disfrutar de ambas durante más de una generación [6].

Echando un vistazo a nuestra sociedad contemporánea, tras la revolución sexual, podríamos decir que esta fase de “tener la tarta y comérsela” ha durado hasta principios de los años 2000. Ahora estamos en ese punto en que podremos desmentir o verificar las predicciones de Unwin.

Unwin descubrió que cuando se abandona la castidad prenupcial, la monogamia absoluta, el deísmo y el pensamiento racional tienden a desaparecer en tres generaciones desde la introducción del cambio en la libertad sexual. Así pues, ¿qué sucederá ahora que entramos en la segunda generación desde la revolución sexual que tuvo lugar en el siglo XX?

               1. Como se predijo, la monogamia absoluta se ha reemplazado por la monogamia modificada. Las parejas de hecho se han convertido en la norma. A pesar de que el divorcio es anterior a los años 70, la corriente dominante de nuestra cultura seguía manteniendo el punto de vista según el cual el matrimonio era para toda la vida, y se veía a las parejas de hecho con cierto desagrado. Esto, claramente, ha cambiado. Quienes están comprometidos con proyectos matrimoniales para toda la vida son una minoría, siendo habitual que quienes formen estas parejas sean personas nacidas antes de la revolución sexual.

               2. El deísmo está en declive, tal y como se predijo. Antes de 1960, el racionalismo, combinado con creencias religiosas, era lo más habitual en la cultura occidental. No sólo ha habido una disminución del porcentaje de creyentes a partir de los años 60, sino que se ha intentado eliminar el concepto de “Dios” de los ambientes gubernamentales, escolares y públicos. Los que creen en Dios son presionados para que mantengan sus creencias en privado. En su lugar, está teniendo lugar un sorprendente florecimiento de las supersticiones [7], clasificadas por Unwin como “cultura monista”, que es dos niveles inferior a la “cultura racionalista” que teníamos antes de la revolución sexual. También ha habido un incremento en el porcentaje de gente que se identifica como no religiosa, síntoma del nivel ínfimo de los definidos por Unwin, el nivel “zoísta” [8].

               3. Después de 1970, el pensamiento racional ha sufrido un declive asombroso. En su lugar, se ha instalado el posmodernismo, caracterizado por “el escepticismo, la subjetividad y el relativismo” y “una sospecha generalizada de la razón” [9]. Pero se pone peor. El posmodernismo está dando lugar a la posverdad. En oposición directa con el pensamiento racional, la cultura de la posverdad abandona “los estándares comunes y objetivos de la verdad” y, en su lugar, revaloriza los sentimientos y emociones que uno cree como verdaderos [10]. Ahora la gente puede “identificarse” como algo que contradice la naturaleza y la razón y, en muchos casos, recibirán el apoyo de los gobiernos y del sistema educativo. No sólo es que la gente tenga derecho a creer en lo que quiera, sino que cualquier desafío a esa creencia, aunque esté refrendada por la ciencia y la lógica, es inaceptable y ofensiva. He aquí una cita de Unwin que resulta muy adecuada en relación a las dos últimas décadas de la revolución sexual:

Si me pidiesen definir a un sofista, lo describiría como un hombre cuyas conclusiones no se extraen de sus premisas. El sofismo solo pueden apreciarlo aquellos cuya entropía humana está desapareciendo; lo confunden con un razonamiento sólido. Florece en aquellos que han conseguido su libertad sexual tras un periodo de intensa continencia obligatoria [11].

Resumen de la hoja de ruta de nuestra cultura, según las investigaciones de Unwin

En la primera mitad del siglo XX, la cultura occidental era racionalista y experimentó grandes avances tecnológicos – desde la era antes del automóvil a los coches; de los globos aerostáticos a los aviones supersónicos y las naves espaciales; de las reglas de cálculo a los ordenadores. Las tres predicciones fundamentales de Unwin – el abandono del racionalismo, el deísmo y la monogamia absoluta – están cumpliéndose, lo que hace factible que tenga lugar su predicción última: el colapso de la civilización occidental en su tercera generación, en algún momento a lo largo de este siglo.

¿Podría nuestra cultura ser la excepción?

Supongo que podríamos albergar esa esperanza, aunque siempre existe esa tendencia a creer que “eso no puede pasarnos a nosotros”. Unwin describe esta actitud como “egocentrismo asumible” y “doctrina cómoda” que huye ante la realidad de los datos, que indican lo inexorable de este declive. Es otra forma de decir que “la estupidez está repitiendo las mismas acciones, pero esperando resultados distintos”. Las primeras predicciones se han cumplido con alarmante celeridad.

¿Por qué se da esta correlación tan ajustada e inversa?

El antiguo lema “correlación no implica causalidad”, también podría aplicarse aquí. Unwin señala que no sabe por qué la libertad sexual conlleva el declive cultural y el colapso de la civilización, aunque sugiere que cuando la energía sexual se restringe mediante el celibato o la monogamia, se convierte en energía social productiva.

Tal vez, aunque me cuesta aceptarlo como su causa principal. Un estudio reciente de Mary Eberstad sobre asesinatos en masa, el aumento significativo de los problemas mentales incluyendo la depresión y la explosión de la política identitaria es un “grito primario” debido a la perdida de identidad que antes daba un entorno familiar estable, en una familia con hermanos y un número considerable de primos, tíos y tías que proporcionaban la identidad, esencial para el bienestar de la persona. Eberstadt demuestra y documenta, a través de varios estudios, que la decadencia de la familia ha sido consecuencia directa de la revolución sexual acaecida a finales del siglo XX [12].

Sus investigaciones indican que la libertad sexual contribuyó al declive de la familia, lo que resultó en una pérdida de la identidad familiar y origina lo que Eberstadt llama “gritos primarios”– un incremento masivo de las enfermedades mentales, asesinatos en masa y el auge de grupos extremistas y violentos, en lucha entre ellos. Todos síntomas de una sociedad en clara decadencia. Esto parece tener más sentido que la explicación psicológica de Unwin, aunque ambas teorías tienen mucho en común, según los datos aportados por Eberstadt.

Tanto Unwin como Eberstadt demuestran que una revolución sexual, a largo plazo, tiene efectos devastadores sobre la cultura y la civilización. Como dijo Unwin: “La historia de estas sociedades consiste en una serie de monótonas repeticiones”, y parece que nuestra civilización sigue el mismo camino trillado y se dirige al colapso.

Vuelta al pensamiento filosófico

Volvamos a aquella tarde en el seminario de filosofía, cuando se me ocurrió que algunas leyes morales parecen limitar el placer humano a corto plazo, pero previenen un sufrimiento mayor o maximizan la felicidad y la plenitud a largo plazo. Durante años he pensado que, tal vez, las leyes de Dios no sean simples normas arbitrarias impuestas para coartar la libertad del hombre y que, por el contrario, son instrucciones para que el ser humano no sufra y, al mismo tiempo, se desarrolle en plenitud. Las investigaciones de Unwin y Eberstadt otorgan una importante justificación racional a las leyes impuestas por Dios en materia de sexualidad, a pesar de que estas normas puedan frenarnos de un placer inmediato, protegiéndonos de sufrimientos a largo plazo a la vez que maximizan  nuestro desarrollo a largo plazo.

1. Se puede descargar una versión en pdf. de Sex and Culture de Unwin aquí.

2. He preparado una selección de citas de su libro que ocupa 26 páginas, que pueden proporcionar una comprensión más detallada del libro de Unwin; pero recomiendo al lector que, como mínimo, eche un vistazo al libro de Unwin para tener una idea del rigor y el alcance de su investigación, como también de algunos de los muchos ejemplos que los datos proporcionan.

3. Ver sección 7, Unwin, pág. 13, para una mayor comprensión de estos términos.

4. Unwin, pág. 341.

5. Unwin, pág. 342.

6. Unwin, pág. 412.

7. Véase, por ejemplo, Stuart Vyse, ‘Why are millennials turning to astrology?’, Skeptical Inquirer, 2018, y Denyse O’Leary, ‘As traditionalism declines, superstition—not atheism—is the big winner’, Intellectual Takeout, 2018.

8. Nota: Una cultura no religiosa no es necesariamente una cultura atea. Ni niega ni acepta la existencia de Dios o dioses. Más bien, la creencia en dios o en dioses no forma en absoluto parte de su vida, es irrelevante.

9. Britannica, ‘Postmodernism’.

10. Description of Post Truth.

11. Unwin, pág. 413.

12. Mary Eberstadt, Primal Screams: How the sexual revolution created identity politics.

13. Una relajación de las restricciones sexuales no es algo que ocurra en un año, ni siquiera en una década. En nuestro caso, se podría argumentar que la revolución sexual comenzó a finales de los 60, duró a lo largo de los 70 y posiblemente también durante los primeros años de los 80. Según Unwin, en la primera generación sólo ocurren pequeños cambios culturales debido al momentum cultural de la generación anterior, que sigue siendo una fuerte influencia en la generación después de la relajación (o fortalecimiento) de las restricciones sexuales. Los cambios son más prevalentes en la segunda generación, pero no es hasta la tercera generación, después de que la generación inicial haya desaparecido por completo, que los cambios alcanzan su efecto pleno, acelerándose durante la tercera generación. Al final de la tercera generación, los cambios ya se han realizado plenamente y la cultura se estabiliza en este nuevo nivel.  Sin embargo, si se estabiliza al nivel más alto, entonces el desarrollo de esa cultura sigue adelante en las generaciones siguientes (aunque Unwin observa que ninguna cultura mantiene ese estatus durante tanto tiempo). Si se ha estabilizado al nivel más bajo, entonces la cultura es destruida desde dentro, o es conquistada o sometida por una cultura más “dinámica”.

Publicado por Kirk Durston en su blog. Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

¿Por qué la moral sexual podría ser más importante de lo que creías? | InfoVaticana

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hace 8 horas, Hispanorromano dijo:

Una colaboradora complutense de Infovaticana ha traducido la reseña completa en inglés del libro de J. D. Unwin que enlazaba en mi primer mensaje:

muy bueno, lo que me resultaría interesante es comprobar cómo las afirmaciones de ese hombre se corresponden con ejemplos concretos estudiados por él y cómo lo hizo.

algo similar sería muy interesante respecto a sociedades "ateas" del pasado, si es que realmente ha existido alguna (la no constancia de algo así sería para mí la mejor prueba de que no es posible que una sociedad sea mayoritariamente atea durante más de tres generaciones completas).

habría alguna manera de localizar el libro en internet para su lectura libre?

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En 21/1/2020 a las 10:31, Vanu Gómez dijo:

algo similar sería muy interesante respecto a sociedades "ateas" del pasado, si es que realmente ha existido alguna (la no constancia de algo así sería para mí la mejor prueba de que no es posible que una sociedad sea mayoritariamente atea durante más de tres generaciones completas).

Esto me recuerdo a esa famosa cita: Si una empresa te ofrece un servicio gratuito, es que tu mismo eres la mercancia de esa empresa.

En nuestra sociedad "atea" pasa lo mismo: Si te encuentras en una sociedad y no conoces a su Dios, o no formas parte de tal sociedad, o estás siendo inmolado sin saberlo en su mismo altar.

Quien quiera entender, que entienda.

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Me parece una trampa mental hablar de "libertad sexual", cuando la realidad de nuestra época es que la sexualidad humana está esclavizada y anulada. 

La verdad nos hace libres, y una visión verdadera de la sexualidad es la que lleva a un uso de la misma configurado al bien, alejada por tanto del egoísmo, la lujuria y el hedonismo.

La potencia generadora está íntimamente ligada a la virtud de la castidad, es decir, a la libertad del ser humano para canalizar su impulso procreativo dentro de los límites del plan divino para el amor humano. 

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En 28/1/2020 a las 18:36, javier dijo:

Me parece una trampa mental hablar de "libertad sexual", cuando la realidad de nuestra época es que la sexualidad humana está esclavizada y anulada. 

La verdad nos hace libres, y una visión verdadera de la sexualidad es la que lleva a un uso de la misma configurado al bien, alejada por tanto del egoísmo, la lujuria y el hedonismo.

La potencia generadora está íntimamente ligada a la virtud de la castidad, es decir, a la libertad del ser humano para canalizar su impulso procreativo dentro de los límites del plan divino para el amor humano. 

Completamente de acuerdo contigo, Javier.

No obstante, me gustaría aportar también una reflexión aclaratoria no sea que alguien, al leernos, pueda pensar que pecamos de cierto 'talibanismo' religioso en materia sexual. Es cierto sobre todo que la potencia generadora está íntimamente ligada a la virtud de la castidad, pero también lo es que la sexualidad no es solo una potencia generadora sino también creadora, que no depende de la castidad para operar. Es decir, lo que va unido es creación y generación a través de la sexualidad, siendo la castidad el modulador 'sobrenatural' capaz de ordenar a dicha potencia por cuanto nos permite trascender las exigencias del 'impulso natural'.

En otras palabras, el ser humano, a través del impulso sexual se siente invitado a generar vida y en consecuencia, a crear también nuevas realidades que posibiliten el buen desarrollo de la misma. Y en este orden natural de las cosas, la castidad solo puede entenderse de forma plena como la herramienta o virtud que nos libera precisamente de la condición animal ya que, a diferencia de plantas y animales que se regulan exclusivamente por las leyes evolutivas naturales, esta es la que a nosotros nos permite dominar y modular las exigencias y consecuencias de ese impulso y orden natural evolutivos.  Se trata por cierto de una virtud que solo disfruta el ser humano ya que, el resto de los seres vivos viven sometidos a las exigencias y consecuencias del impulso natural escrito en su orden genético, sin posibilidad de zafarse del mismo.

Hasta aquí todo esto resulta obvio a poco que uno se pare a observar y reflexionar sobre la sexualidad humana y su diferencia con la evolución animal pero, he aquí que diferentes corrientes de pensamiento, astutamente integradas en la sociedad por quienes no desean la libertad humana, nos han traído las ideas de la revolución y la liberación sexual como paradigmas de un nuevo tiempo de libertades, para confundir así libertad con sometimiento y virtud con irresponsabilidad. Como si el quedar sometidos a los impulsos animales nos supusiera un progreso de algún provecho, a nosotros o al resto de seres vivos que dependen de nuestro buen juicio, o como si anular artificialmente los efectos y consecuencias naturales la sexualidad, fuera a cambiar la propia naturaleza de la misma.

La sexualidad es la potencia dominante inherente a la vida natural que produce sus efectos, ya se ordene correctamente o no. Como potencia generadora, correctamente ordenada genera más vida y dominio sobre la misma pero, cuando opera de manera desordenada también produce efectos desordenados sobre la propia vida y la de las demás especies, que nos llevan a perder el dominio sobre la propia vida ya que la dominación es un impulso escrito en el orden natural de todos los seres vivos. Si no eres tú quien domina el plano natural, otro ocupará tu lugar. De alguna forma, si la castidad es la virtud liberadora que nos permite dominar la sexualidad y desde ahí la vida, ésta es a su vez la potencia que nos domina en el plano natural cuando no cultivamos la virtud.

La libertad entonces no sería abolir las normas morales y el cultivo de la virtud, como poder elegir precisamente entre vivir dominados o ejercer nosotros el dominio pero, para que no podamos ejercer este derecho a ser libres, los impulsores de todas esas ideas desordenadas con respecto a la sexualidad, han inundado el mundo de infinitos estímulos, falsas enseñanzas y vanas tentaciones que nos lleven a abandonar el cultivo de la virtud y el dominio sobre nuestras vidas, aprovechándose precisamente de la propia potencia sexual para crear nuevas realidades. En realidad este mundo es un poco la consecuencia de la acción encubierta de ciertas élites de poder que, para mantener su dominio sobre las naciones, han hilvanado todo un complejo sistema de falsos valores y leyes inicuas que permiten a diferentes grupos de pervertidos morales acceder al poder mediante sumas de intereses de parte a las que llaman democracia, para a través de ellos ejercer su dominio. No hay más que ver la corrupción material y moral que aqueja a nuestros administradores para seguir la pista de a quién se deben y quién se beneficia realmente de todo este supuesto progreso y liberación.

En un estado de cosas natural, tradicional si se quiere, el cultivo de la virtud, sin ser cosa sencilla, sí que sería accesible para cualquier persona con acceso a un entorno cultural ordenado pero, en el estado artificial de cosas en que vivimos, que la Iglesia denomina pecado estructural, cultivar la castidad o cualquier otra virtud es cada día más un acto heroico que otra cosa ya que, todo el orden y regulación social invita precisamente a lo contrario. Por ello pienso que, los católicos debemos pedir sobre todo el don de la gracia para que así podamos enjuiciar con misericordia, a tantos y tantos millones de almas confundidas que se ven privadas contra su voluntad del verdadero ejercicio de su libertad ya que, este no es el mundo que Dios quiso para el hombre. Y de igual manera debemos testimoniar con nuestros actos y denunciar sin denuedo, el auténtico ejercicio de la libertad y el inmenso engaño que se cierne sobre el hombre.


«Amor es aquello que nunca cambia, amor es aquello que no tiene fin, amor es Dios»

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Impecable Español. 

La corrupción moral está instalada en nuestra élites a nivel regional y nacional. 

Pero me inclino a pensar que a nivel global más que gente mediocre en el plano moral, nos encontramos ante una elaborada ritualización malévola al servicio de una gnosis iluminista de raíz puritana. 

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Creo que pienso igual que tu, Javier. No me he querido meter en ese jardín por no hacerme pesado o que el texto resultase espeso pero, el cariz iluminista gnóstico de esos poderes, es algo que tengo bastante claro y que además hemos tratado de soslayo en otros temas del foro.

En cualquier caso y a propósito de tu comentario, creo que no estaría mal que desarrollásemos un poco más la idea concretamente, sobre todo por aquellos que nos puedan leer y no entender a qué nos referimos y en general por cultivar un poco más entre nosotros el ejercicio del discernimiento.


«Amor es aquello que nunca cambia, amor es aquello que no tiene fin, amor es Dios»

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      "Prefiero oír ladrar a un perro que a un bebé". El empoderamiento femenino lleva a esto - Debate de actualidad - Corazón Español
       
    • By Hispanorromano
      Creo interesante compartir este artículo sobre el gran tema de nuestro tiempo. Mucho mejor orientado que la mayoría de artículos que abordan esta cuestión, acierta al explicar que el problema es antropológico y no económico. Dos pegas le pongo: 1) que no acuda a la raíz religiosa del problema, aunque la barrunte al decir que sólo rompen la norma los fieles católicos y musulmanes; 2) que sitúe el origen del problema en mayo de 1968, cuando en mi opinión es muy anterior. Pero el artículo es de lo mejor que se ha escrito sobre este tema en la prensa, así que lo recomiendo. Las negritas son mías.
       
    • By Hispanorromano
      Yo no quiero ser madre
      Tres mujeres de tres generaciones explican por qué tener hijos no es una prioridad: "Prefiero oír ladrar a un perro que a un bebé"
      Un artículo de Miriam Cos
      Es una de las partes más cruciales en la vida de una mujer. Tener un hijo lo cambia todo, o eso dicen. La vida, la forma de ver las cosas... aunque el problema viene cuando una mujer totalmente fértil decide descartar esta opción. Al cierre de 2018, la natalidad en España había descendido un 5,8%, según datos del Instituto Nacional de Estadística. El crecimiento vegetativo de la población presentó un saldo negativo de 46.590 personas durante la primera mitad del año y el número de matrimonios disminuyó un 5,7% respecto al mismo periodo de 2017. En total, hubo 179.794 nacimientos, el 20% de ellos de madres extranjeras. Pero, ¿cuál es la razón de este declive de la natalidad? ¿Puede ser la economía, la tardía independencia o el empoderamiento de la mujer una razón?
      Rostros conocidos del mundo del cine o la televisión ya han puesto sobre la mesa las razones por las que probar con la maternidad no es una opción en sus vidas."Ser mujer no es sinónimo de madre. Ser madre es una opción, no una obligación. La gente debería dejar hacer al otro lo que le da la gana sin entrometerse en su vida, ya quiera tener siete, dos o ningún hijo", sentenciaba en declaraciones a la prensa la actriz Maribel Verdú. "Hay gente que necesita tener esa experiencia en su vida pero yo no, lo he tenido clarísimo siempre", decía Alaska en el programa de Bertín Osborne, 'En tu casa o en la mía', hace unos meses."Vivo una época de plenitud y, sin embargo, lo que más he oído cuando me he convertido en cuarentañera es 'todavía estás a tiempo de tener un hijo'. ¿Pues sabes qué te digo? Que me declaro en rebeldía ante toda esa gente que te marca el camino. En el tema de las mujeres y los hijos hay muchísimo machismo, indiscreción y osadía. Estoy harta de preguntas impertinentes y prejuicios", aseguraba la periodista Mamen Mendizábal durante una entrevista. El listado se engrosa si se mira al otro lado del charco Cameron Díaz, Jennifer Anniston, Oprah Winfrey, Khloé Kardashian o Ashley Judd son algunas de las caras conocidas.

      "Nunca he querido tener hijos. Todas las razones y motivos por las que los demás me instaban a tenerlos o me avisaban de que ya los tendría, sencillamente no han surtido efecto en mí", asevera Elisa Coca, bailarina y animadora de tiempo libre de 45 años. "Nunca he sentido el instinto maternal, no me entusiasma la tarea de cuidar de otros en ese sentido tan básico de alimentar y limpiar, mi cuerpo no me ha reclamado nunca llenar ningún vacío ni físico ni emocional, no me ha afectado ni he sentido el llamado reloj biológico. Y aún podría tenerlos de modo natural, soy perfectamente fértil, pero no me gusta la idea. Y lo dejaré pasar. Seré la última de mi saga. Tampoco tengo sobrinos", recalca.
      Su decisión no viene de ahora, es algo que ha pensado y sentido durante toda su vida, al igual que Andrea Abasolo, periodista de 27 años, y Alicia Navascuez, socióloga y responsable de recursos humanos de 33, que asegura que "nunca he querido tener descendencia, no lo veo como una necesidad para ser feliz o para sentirme realizada".
      En el caso de Coca, achaca las razones de su decisión a cosas que van más allá que una simple opción personal. "Mis mayores creen que la precariedad laboral y la falta de estabilidad económica hacen que nunca llegue el momento adecuado y se acabe perdiendo la ilusión de ampliar la familia. En este país no hay suficientes alicientes, garantías o ayudas a la maternidad. Si eliges mal el momento y no cuentas con una solidez mínima, puedes llegar a caer en la ruina y nadie te levantará de allí, te remiten al Banco de Alimentos y a Cáritas, y eso da escalofríos", dice. "Si no tienes apoyo familiar -abuelos que cuiden de su nieto mientras tú sigues trabajando, o un marido que os mantenga a los dos-, una mujer lo pasa francamente mal. Y yo no soy una heroína, la situación podría superarme y estaría sola", concreta.
       
      "La gente que no entiende mi decisión tampoco entiende que viva sola. ¿No pasas miedo por la noche?, me dicen"
      Andrea Abasolo - 27 años
      Abasolo se aferra a algo mucho más personal. "Nunca he tenido esa sensibilidad de acercarme a niños pequeños... no sé cómo actuar, no los entiendo. Para mí son máquinas creadoras de residuos, mocos y ruido. Puede que lo que digo suene muy fuerte, pero los veo así. A mí me molesta más un niño llorando que un perro ladrando. ¿Por qué? No tengo ni idea. Y es desde siempre", afirma sin tapujos para dilucidar que "puede que sea algo genético. Nunca he tenido esa psicología infantil para entenderlos o tratarlos. Con 18 años aguanté un mes como niñera. Nunca más. Porque no los entiendo, me desquician, no me sale hacerles tonterías".
      En el caso de Navascuez, las cosas también están más que claras. "Creo que la sociedad y, sobre todo, las mujeres que sí han decidido ser madres, te intentan persuadir contándote todas las ventajas y la felicidad que ser madre te reporta, sin embargo, no te hablan de los muchos problemas a los que te tienes que enfrentar, y de cómo la sociedad y ellas mismas se exigen ser 'super mamás'; profesionales en el ámbito laboral que inviertan tiempo de "calidad" con sus hijos; que vayan siempre a la última moda, que trabajen sus relaciones sociales y por supuesto que no desatiendan su relación de pareja".
      Presión social
      En este sentido, las tres mujeres opinan lo mismo, sobre todo señalando directamente la presión que la propia sociedad ejerce sobre sus decisiones. Sobre todo, Abasolo, aún muy joven, y que tiene que aguantar todo tipo de comentarios por, supuestamente, anticiparse. "Es mi vida y decido hacer lo que me dé la gana. Por no tener hijos no considero que vaya a ser peor persona. Hay gente que me entiende perfectamente y otros tantos que no, y es sorprendente saber que los que menos me entienden son personas de mi edad. Que tampoco se explican que viva sola y llegan a preguntarme cosas como: ¿No pasas miedo tú sola en casa? ¿Cómo te vas tú sola a esquiar?".
       
      "Cuando digo que no quiero tener hijos la gente le pregunta a mi pareja y antes de que conteste me tachan de egoísta"
      Alicia Navascuez - 33 años
      El machismo, la cultura social y lo establecido son las principales cortapisas para que las mujeres con poder de decisión se tengan que ver continuamente cuestionadas. Algo que reafirma más, si cabe, la opción de estas féminas de no tener descendencia. "En parte me gusta escandalizar a esta gente que se cree que por ser mujer no puedes hacer cosas tú sola por tu cuenta y deberías tener hijos. Desde pequeña ya me decían que era un poco chico y, hoy en día, sigo siendo un poco chico, frase considerada machista ahora mismo. Esto lleva implícito el hecho de vivir sola, no querer tener hijos, no necesitar a nadie para nada€ y es muy triste", asevera Abasolo.
      "Llevo 13 años con mi pareja, por lo que es una etapa que ya hemos superado. Sin embargo, antes de llegar a este punto he tenido que tolerar comentarios de todo tipo. Gente que decía que no entendía como una mujer no quería ser madre, que diesen por supuesto que no me gustan los niños o incluso ver como al decir que yo no quería ser madre, se giraban hacia mi pareja y le preguntaba si él no quería ser padre, a la par que me calificaban de egoísta por privarle a él de ello sin tan siquiera esperar a la respuesta", añade Navascuez.
      En opinión de Coca, "ya no hay ese estigma de la solterona de antaño, pero sí es verdad que la familia saca el tema con lástima, como si les estuvieras defraudando. También los grupos de amistades cambian y acabas fuera del círculo de madres con sus historias de potitos y pañales. Eres la rara, la inadaptada. Por qué no tendrás hijos, será que nadie te aguanta; ah, que tienes pareja... entonces será por algún problema de fertilidad. ¿No? Pues qué egoísta".
       
      "Darle una educación como me gustaría se me antoja también imposible, por caro y por las imposiciones y restricciones del sistema actual"
      Elisa Coca - 45 años
      Los residuos de la crisis económica, los sueldos limitados, la conciliación laboral son otros muchos de los factores que hacen que personas en edad de concebir no se lancen a la aventura de la maternidad. No tener un trabajo estable o sí tenerlo también influye. "Dudo que mi vida laboral se estabilice, y si es así, ¿qué tiro de los abuelos? La gente de hoy en día no tiene tiempo para sus hijos y cuando están con ellos el cansancio hace que no les eduquen como es debido", afirma Abasolo.
      "Me cuesta mantenerme y cuidarme a mí y no sé cómo podría hacerlo con mayor mimo con otro ser dependiente. Y darle educación como me gustaría se me antoja también imposible, por caro y por las imposiciones y restricciones del sistema actual", comenta Coca. "Jamás he dudado de mi decisión", concluye Navascuez.
      Fuente: https://www.lne.es/sociedad/2019/03/01/quiero-madre/2434534.html
    • By Hispanorromano
      En otro hilo publiqué un mensaje de Jérôme Bourbon sobre el sector patriótico que me pareció acertado. Comentamos que es un poco inestable en sus opiniones y que por su tendencia al complotismo frecuenta compañías no demasiado recomendables. Pero no me resisto a traducir una serie de tuits que ha publicado sobre la inmigración, pues creo que arrojan mucha luz sobre el problema:
      Es un intento de traducción, así que agradecen correcciones o mejoras.
      Me parece muy acertado todo lo que expone Jérôme Bourbon. De hecho, me parece lo más acertado que se ha escrito dentro del sector patriótico, siempre dado a las consignas fáciles y tramposas. Y tampoco he leído nada así dentro del sector católico, del que se ha apoderado la locura hace mucho tiempo. En esas páginas católicas dicen que los del Aquarius vienen a destripar españoles. (La conclusión inevitable es que debemos destriparlos nosotros antes de que nos destripen.) Un carlista de la CT decía el otro día que había que hundir las pateras a cañonazos. Después me conecté a la página de la CTC y estaban hablando del Plan Kalergi para acabar con la raza blanca. Y eso que éstos parecían los más moderados, con la pinta de seminarista modosito que gasta Garisoain. Se ha perdido el norte desde hace mucho tiempo. Por eso estas palabras de Jérôme Bourbon son tan necesarias. Ponen la cuestión de la inmigración en su justo término.
      Si no estáis de acuerdo, comentadlo sin problema.
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    • Traigo de la hemeroteca un curioso artículo de José Fraga Iribarne publicado en la revista Alférez el 30 de abril de 1947. Temas que aborda: la desastrosa natalidad en Francia; la ya muy tocada natalidad española, especialmente en Cataluña y País Vasco; las causas espirituales de este problema, etc.

      Si rebuscáis en las hemerotecas, hay muchos artículos de parecido tenor, incluso mucho más explícitos y en fechas muy anteriores (finales del s. XIX - principios del s. XX). He traído este porque es breve y no hay que hacer el trabajo de escanear y reconocer los caracteres, que siempre da errores y resulta bastante trabajoso, pues ese trabajo ya lo ha hecho la Fundación Gustavo Bueno.

      Señalo algunos hechos que llaman la atención:

      1) En 1947 la natalidad de Francia ya estaba por los suelos. Ni Plan Kalergi, ni Mayo del 68, ni conspiraciones varias.

      2) Pero España, en 1947 y en pleno auge del catolicismo de posguerra, tampoco estaba muy bien. En particular, estaban francamente mal regiones ricas como el País Vasco y Cataluña. ¿Será casualidad que estas regiones sean hoy en día las que más inmigración reciben?

      3) El autor denuncia que ya en aquel entonces los españoles estaban entregados a una visión hedonística de la existencia, que habían perdido la vocación de servicio y que se habían olvidado de los fines trascendentes. No es, por tanto, una cosa que venga del Régimen del 78 o de la llegada al poder de Zapatero. Las raíces son mucho más profundas.

      4) Señala que el origen de este problema es ético y religioso: se ha perdido la idea de que el matrimonio tiene por fin criar hijos para el Cielo. Pero también se ha perdido la idea del límite: las personas cada vez tienen más necesidades y, a pesar de que las van cubriendo, nunca están satisfechas con su nivel de vida.

      Este artículo antiguo ilumina muchas cuestiones del presente. Y nos ayuda a encontrarle solución a estos problemas que hoy nos golpean todavía con mayor fuerza. Creo que puede ser de gran provecho rescatar estos artículos.
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    • En torno a la posibilidad de que se estén usando las redes sociales artificialmente para encrespar los ánimos, recojo algunas informaciones que no sé sin son importantes o son pequeñas trastadas.

      Recientemente en Madrid se convocó una contramanifestación que acabó con todos los asistentes filiados por la policía. Militantes o simpatizantes de ADÑ denuncian que la convocó inicialmente una asociación fantasma que no había pedido permiso y cuyo fin último podría ser provocar:

      Cabe preguntarles por qué acudieron a una convocatoria fantasma que no tenía permiso. ¿Os dais cuenta de lo fácil que es crear incidentes con un par de mensajes en las redes sociales?

      Un periodista denuncia que se ha puesto en marcha una campaña titulada "Tsunami Español" que pretende implicar a militares españoles y que tiene toda la pinta de ser un bulo de los separatistas o de alguna entidad interesada en fomentar la discordia:

      El militar rojo que tiene columna en RT es uno de los que difunde la intoxicación:

      Si pincháis en el trending topic veréis que mucha gente de derechas ha caído en el engaño.

      Como decía, desconozco la importancia que puedan tener estas intoxicaciones. Pero sí me parece claro que con las redes sociales sale muy barato intoxicar y hasta promover enfrentamientos físicos con unos cuantos mensajes bien dirigidos. En EEUU ya se puso en práctica lo de citar a dos grupos contrarios en el mismo punto para que se produjesen enfrentamientos, que finalmente ocurrieron.
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    • Una teoría sobre las conspiraciones
      ¿A qué se debe el pensamiento conspiracionista que tiene últimamente tanto auge en internet? Este artículo baraja dos causas: la necesidad de tener el control y el afán de distinguirse de la masa.
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    • Una crítica a "La opción benedictina"
      Lo mismo que señalo algunas cosas que me disgustan de Prada, no tengo inconveniente en reconocer sus aciertos. Publica una interesante crítica a la "La opción benedictina", libro de un converso a la ortodoxia y militante del Partido Republicano que extrañamente se viene promocionando en ambientes católicos. La crítica de Prada está muy inspirada en argumentos desarrollados previamente por el profesor Miguel Ayuso.
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