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Hispanorromano

Un artículo del Coronel Pakez que someto a vuestra opinión

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Someto a vuestro juicio un artículo del Coronel Pakez, un periodista que tiene gran relevancia dentro de la derecha tuitera y que el parecer tuvo o tiene alguna vinculación con Intereconomía. El artículo lo recomendó Javier Garisoain después de que tuviese lugar cierta polémica en Tuiter por las opiniones que manifestó sobre España (que cité en el hilo de Vanu sobre la CTC). Este Coronel Pakez parece tener influencia carlista, pero también tiene influencia falangista y fuerzanovista, con lo que sería injusto cargarle el muerto a Garisoain. Por eso lo comento en un hilo propio y no en el citado hilo sobre la CTC.

También creo que merece hilo propio porque las opiniones que vierte el Coronel Pakez están más generalizadas de lo que podría parecer a primera vista. El artículo tiene cosas acertadas, como la necesaria vinculación de España con el catolicismo, la reivindicación de la Hispanidad y del universalismo católico y romano. Pero el artículo desliza varias frases que en mi opinión revelan un problema de fondo y una frivolidad muy peligrosa al tratar de la posible ruptura de Cataluña con España. Señalo en amarillo las cosas que más me chirrían o que veo problemáticas. Puede que algunas de esas frases no las consideréis problemáticas, al matizarlas en función del contexto, y puede que no consideréis problemático el artículo. O puede que sí. En fin, que me gustaría conocer vuestra opinión.

Cita

España, como Roma, es eterna

Publicado el 18 julio, 2019 por elcoronelpakez

Escribo desde la profunda tristeza que produce comprobar que ni unos ni otros aciertan con el diagnóstico que pretenden hacer de un cuerpo, el del territorio español, cuando se trata, señores, de curar un alma, la de España.

No citaré los nombres de periodistas, escritores, filósofos o políticos: todos más o menos ilustrados, en el sentido dieciochesco y revolucionario; todos más o menos liberales, en el sentido decimonónico; todos más o menos relativistas, en el sentido posmoderno. Muchos son hiperactivos online que quieren convertir el territorio virtual en nuevo sujeto político. Y todos tienen la sensibilidad trascendente en estado de coma. Sin excepción.

La sensibilidad trascendente no existe en esta época y por eso los grandes edificios son centros comerciales y no templos.

La carencia de sensibilidad trascendente reduce el análisis de cualquier situación política, social, económica, personal o religiosa al mero amasijo fortuito de circunstancias materiales, como se reduce el ser humano al mero amasijo de células que pueden eliminarse impunemente en el seno materno.

Reducir la maternidad al “vientre de alquiler” es degradar el amor a niveles subhumanos. Explicar el amor y la amistad como reacciones químicas cerebrales justifica el capricho de la falta de voluntad, de compromiso y de sacrificio.

-No soy yo, son mis neuronas.

No creo en la neuronas. Confundir el cómo con el por qué es el gran pecado de esta ciencia erigida en verdad absoluta con tintes totalitarios.

Hace bien la Iglesia en hablar de “dogmas”, que son “opiniones” en griego, y en ser “dogmática”, es decir, “opinadora” o “conversable” en términos teresianos.

No hay otra organización que haya sobrevivido a tal diversidad de opiniones en su seno como la Iglesia Católica. Opiniones que son o fueron herejías, y que fueron o son combatidas con la opinión contraria en concilios que dan lecciones de participación y sabiduría a nuestros parlamentos liberales: donde el parloteo y la cháchara abundan más que el rigor y la razón de la que, revolucionariamente, sangrientamente, surgieron.

España enfermó de veras a mediados del siglo XVII y así lo vio Quevedo que definió el “olor a pantano” de la patria nuestra. Del olor a pantano se pasó al del cuerpo putrefacto y así el olor de la secesión de Cataluña es el mismo que produjo la pérdida de Gibraltar. Y la de Méjico, Colombia, Cuba o Filipinas. La madre patria convertida ella misma en república masónica. La rebelión tradicionalista. Las derrotas del mundo católico en el mundo: de los carlistas a los zuavos pontificios, y de los héroes de Lee a los oficiales austrohúngaros.

España, Hispania, Spania, las Españas, la Hispanidad, en suma, reducida a una sucesión de nuevos estados de gestación masónico liberal, sin alma, zombies sin fuerza siquiera para renegar de sus raíces, y que se adhieren como moho a los viejos paganismos caníbales -indigenismo- o a los nuevos populismos tecnocapitalistas -homosexualismo e ideología de género-.

España, como Roma, es mucho más que un simple territorio. Me da tanta pena perder Cataluña como perder el Perú.

España, como Roma, ha sido invadida, saqueada, traicionada, comprada y vendida, vilipendiada por monarcas puteros y monarcas impotentes, por reinas con furor uterino y reinas extranjeras, por banqueros de aquí y de allí, por generales ineptos y generales traidores, por intelectuales diabólicos y resentidos seculares.

España, como Roma, puede verse reducida a una ciudad.

¿Por qué no? Estoy harto de repetir que nunca, ni hoy, hemos sido un estado nación peninsular. ¿Qué ofrecemos a Cataluña? ¿Más jacobinismo sin sensibilidad trascendente? ¿Qué ofrecimos a los virreinatos cuando los cambiamos por colonias? Saqueo y ruina y corrupción criolla.

España, como Roma, puede verse reducida a una ciudad

Y no me importará, porque más allá del ámbito municipal la democracia es una grotesca mentira: no vemos por la calle a nuestros representantes para abofetearles si mienten.

Y no me importará porque Roma en su esplendor fue siempre y ante todo una ciudad.

A España solo la ha definido con precisión quirúrgica José Antonio Primo de Rivera, porque tuvo la intuición genial de hacer coincidir su definición de España  con la de Roma, con la del Catolicismo. “Unidad de destino en lo universal”.

Esta, y no otra, es el alma de España.

“Unidad de destino” porque no tenemos en este mundo morada permanente; porque nuestro Destino es el Cielo o el Infierno; porque la vida es camino, viaje, itinerario compartido, comunitario. “Universal”, o sea, católico.

Confundir la unidad del “ut unum sint” con la homogeneización centralista francesa del territorio es tan imbécil como perverso. Confundir el imperio católico con la suma de estados modernos es el culmen de la incultura.

España, como Roma, puede verse reducida a una ciudad.

Pero España, como Roma, es el centro del mundo. No se entiende Londres, Paris o Berlin sin Roma. No se entienden las Américas todas sin España.

¿Perder Cataluña? ¿Por qué no ganar Hispanoamérica entera y las Filipinas y el Sahara y Portugal? ¿A dónde irá Cataluña entonces? A llamar a la puerta de la monarquía católica como hizo en el XVII.

¿Por qué nuestros políticos son tan mediocres? Porque están vendidos a intereses foráneos los unos, al simple dinero los otros y a varias logias los más. Tienen una lengua, el español, que unifica patrias y destinos; tienen una religión, la católica, que cohesiona almas y voluntades; tienen el genio de Cervantes y el de Borges o Machado o Gómez Dávila o Cortázar; tienen la furia de Villa y la de los héroes argentinos de las Malvinas; tienen… ¿Qué más quieren? Tienen todos los recursos naturales del mundo. ¿Y se preocupan por la separación de una región que ni siquiera puede esgrimir argumentos genuinamente catalanes para la secesión?

No puede porque no los hay: es el iberismo llevado al extremo del “por mis cojones”.

Para este viaje, no hacían falta alforjas nuevas: bastaba con resucitar a la FAI.

El metrosexual de un lado y de otro no pegará un tiro sin que le cojan todas las diarreas del mundo.

España es eterna e indestructible, como Roma.

Porque su obra ya es eterna.

Porque no hay quien la borre del mapa sin cambiar por completo la toponimia y la geografía universales.

Porque los americanos, protestantes o ateos, tienen que tragar con sus Los Angeles, La Florida y San Francisco. Y los españoles del sur con Santa Fe de Bogotá o la Córdoba argentina. Estuvimos, estamos y estaremos.

Porque ni el genio español ha podido exterminar al genio español, Bismarck dijo que éramos la nación más poderosa de la tierra. Se equivocó.

España no es una nación. Ni un estado. Ni un territorio.

España es un modo de ser y de construir el mundo.

España es un alma católica en acción. Como Roma. Y como Roma, vendida, traicionada y devastada, pero jamás vencida.

Las inexistentes divisiones del Papa inquietaban a Stalin.

La defensa de la vida y la lucha contra la ideología de género inquietan al sátrapa capitalista Soros, el jefe de Pablo Iglesias y de Cifuentes, que no hace honor a la etimología cristiana de su nombre.

La defensa de la vida y la lucha por su dignidad desde la concepción a la muerte natural es la forma más grande de ser español. De hacer España. De construir el destino universal de la Hispanidad.

El alma de España anima al mundo. Y esto no lo pueden soportar los enemigos de España que son, miren ustedes qué casualidad, los mismos enemigos que tiene Roma, la sede de Pedro.

Santiago y Pedro. España y Roma. La guerra de siempre. Y la victoria de Cristo. Recen y no sufran. Hemos vencido.

https://elcoronelpakez.com/2019/07/18/espana-como-roma-es-eterna/

 

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Coincido contigo. 

No sé qué «sensibilidad trascendente» hay en ceder ante el nacionalismo pujolista, si sólo hay desprecio racista y materialismo economicista del malo, trufado de europeísmo francófilo como proyecto universal sustitutivo del hispánico, federalismo localista  luterano germanizante en lo político y romanticismo ilustrado en lo cultural. Será sensibilidad trascendente con Satán, su señor.

No sé por qué es más jacobina España que Cataluña. Yo en ese caso me declaro tabarnés en contra del Estado liberal jacobino y francoide catalán y me uno a la verdadera sensibilidad trascendente que, en estos momentos, está más representada en los Estados de mayor tamaño como es el Reino de España que en las pequeñeces, igual o más modernas, ya que son pasto de las potencias extranjeras.

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Se podrían matizar los términos, pero estoy deacuerdo en el mensaje.  Mientras España no reencuentre su alma, todos sus esfuerzos serán estériles. 

 

 

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En general estoy bastante de acuerdo con parte del mensaje que transmite el autor. España ha vendido su alma al diablo y mientras no la recupere, de nada valdrá cualquier empeño que hagamos en consagrar sucedáneos.

Lo que no comparto es ese llamamiento de fondo que parece no querer preocuparse mucho por el tema de Cataluña, y que sobrevuela todo el cuerpo del artículo. En efecto, España ha perdido su sentido de la trascendencia, su ser definitorio, su alma. Pero todo ello no es algo abstracto ni un mero concepto más o menos clásico. El alma de España no se entiende sin el alma de todos y cada uno de los hispanos que son o alguna vez fueron: De la memoria, el entendimiento y la voluntad de insulares, penínsulares, europeos, africanos, americanos, asiáticos... y también de los catalanes. Cataluña es también el alma de España.

Es esa aspiración a lo universal, a integrar a familias, pueblos, regiones, naciones, continentes en una nueva forma de ser, diferente de lo mundano, es decir, de lo que no trasciende, lo que da significado y contenido a la unidad de destino común y trascendente.

No podemos aspirar a ello si no aspiramos a mantener, recuperar e incluso ampliar la Hispanidad. No recuperaremos nunca el sentido de lo trascendente si no recuperamos igualmente el sentido de la unidad. No podemos encerrarnos en un mero espiritualismo conceptual que no considere también que, el camino real hacia el cielo comienza realmente aquí en la tierra, y que si no aspiramos a esta, posiblemente no podremos nunca trascenderla.

Quiero decir con todo esto, que Cataluña es parte de España, de esa España trascendente que alguna vez fue y aún permanece latente en el ser de los hispanos. Y si hemos perdido ese ser, posiblemente sea porque alguna vez dejamos que se perdiese su unidad ¿Quién podría negar taxativamente que, mantener y defender Cataluña no fuera precisamente el camino para recuperar la trascendencia? 


No te preguntes si lo que haces es pecado, pregúntate si al hacerlo estás amando.

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Cataluña es una región de España, y por tanto herida por tantos males que nos aquejan.

Cataluña se parece mucho a ese marido soberbio y celoso, que amenaza todo el día a su esposa con abandonarla porque él trabaja mucho y ella se lo gasta todo en caprichos con las amigas. Ante esto, España debe "ponerse guapa", sonreír y encarar a su marido con esa mirada tierna y fiel que la hace irresistible. 

Apliquemos en esto los consejos pastorales que propone el Papa Francisco en su encíclica Amoris Laetitia: "acompañar, discernir e integrar la fragilidad". 

Por favor, una enamorada no está todo el día recordándole a su marido: "Qué harías sin mí, si no sabes ni plancharte la camisa". 

Amamos a Cataluña sí, pero amémosla como una buena esposa saber complacer a su esposo.  Obedeciendo cuando manda con sensatez, asintiendo de corazón, corrigiendo con cariño maternal y sobre todo respetando la dignidad del esposo, su libertad. 

 

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A mí me apetece salir otra vez a la defensa en la parte polémica del texto.

Su argumentación se basa en la jerarquía de relaciones que establece. Si el eje de la ligazón nacional a lo largo de la historia fue la FE... qué sentido tiene establecer -como algunos pretenden- el foco de los esfuerzos y la búsqueda de la solución en la consecuencia antes que en la causa?

Es así como yo interpreto el tema de Cataluña en el contexto de ese entramado de ideas tan bien armado de este señor Pakez, al que desconocía hasta la fecha (gracias por traérnoslo, Hispano). 

Y no significa esto que importe más o menos una secesión territorial sino que pone en su justo término el orden de jerarquías para la sanación o, mejor dicho, cuál es el foco sobre el que hay que dirigir la cura. Cataluña solo es el punto por donde ha comenzado a hacer aguas la barca pero los agujeros  se abren por doquier. Acaso no tenemos desgajados dos territorios del amparo nacional, especialemnte Puerto Rico donde nunca hubo movimientos secesionistas, y hacemos como si no nos enterásemos? Si no es por ahí va a ser por otro sitio. Realemente, para mí lo que más está metiendo agua en el barco  es el tema del suicidio demográfico a raíz del ataque a la línea de flotación de la institución familiar... solo que en vez de en forma de gran boquete llamativo lo hace por evacuado de miles y miles de miniagujeros.

No es que nos de igual Cataluña, sino que nos importa todo el conjunto. El separatismo catalán, efectivamente, es el problema más urgente pero el más importante es la desintegración global de toda España y la Hispanidad.

Ese es el sentido que le veo, una crítica a los que creen que la cuestión principal es tapar ese boquete. La aspiración a la autodeterminación moral de las masas de españoles relegada a un segundo término frente a la aspiración a la autodeterminación territorial de masas menores.

Como en el caso de JM de Prada, seguramente haya un punto de provocación e inoportunidad en la forma y momento de expresar estas ideas pero no de error en el fondo.

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El problema de Cataluña es que hemos asumido el discurso del independentismo y debido a esto, cuando nos referimos a éste, decimos Cataluña, como si toda Cataluña fuera independentista o como si el problema que hay en Cataluña fuera el de todos los catalanes. Pero esto no es así.

El verdadero problema de Cataluña es que, una minoría dominante de su población, enarbola un nuevo ideal de independencia y autonomía que no se corresponde con la unidad y destino de los españoles incluida la propia Cataluña, pero tampoco, y esto es lo importante, con lo que piensa y desea otra parte importante e incluso porcentualmente mayoritaria de catalanes.

En el concepto histórico de España, sería muy acertada esa imagen del matrimonio fiel que señala Javier, si una inmensa mayoría de habitantes de las regiones herederas de la antigua Aragón, compartieran los postulados del independentismo catalán, habida cuenta que nuestra nación toma cuerpo históricamente en aquel sagrado matrimonio entre los Reyes Católicos que de alguna forma es la de dos culturas afines. Pero el caso es que esto no es así y lo que en realidad tenemos no es un matrimonio histórico que formaliza una unidad, transitando un tiempo de dificultades, sino que una minoría de una de esas dos realidades históricas, pretende funcionar y crecer de manera independiente a lo que es el ser unitario que le dota de sentido y perspectiva. Es como si en un matrimonio, a uno de los cónyuges le hubiese salido un tumor. Visto desde esta otra perspectiva, indudablemente la respuesta se percibe diferente: La fidelidad ya no debe ser entendida como la de la esposa al esposo sino como la de la unidad frente a la desintegración.

Y esa desintegración viene indudablemente por la perdida del sentido de lo trascendente que señala el autor del texto, y que realmente es lo importante tal como ha señalado Vanu. Pero es que esa pérdida se produce a consecuencia de que, el ideal o paradigma que daba sentido a la unidad nacional, ha sido sustituido por un sucedáneo incapaz de dar sentido siquiera a largo plazo a la fragmentación.

Como comentaba en otro mensaje, aquel ideal de santidad que antes fuese lo que en definitiva daba sentido al destino común y trascendente de la patria católica, ha sido sustituido por el ideal del estado del bienestar, que nos hace creer que teniendo esto o lo otro, vamos a estar mejor y por tanto eso nos va a hacer más felices. De esta forma unos piensan que manteniendo Cataluña mantendremos cierto nivel de poder y riqueza y otros que, separándose de España, tendrán lo propio. En realidad todo esto es un absurdo que nos lleva a un desencuentro fratricida y espero que no violento, por que lo que todos buscan es su felicidad en el tener de los demás, pero lo único que nos puede hacer verdaderamente felices es ser buenas personas, independientemente de lo que tengamos nosotros o tengan los demás.

Ser buena persona, que de alguna forma es una simplificación del ideal de santidad, significa procurar el bien de los demás: amar al otro y trabajar eficazmente por él para hacerlo finalmente feliz y ser así nosotros también parte de dicha felicidad. Ese amar comprometida y responsablemente es la verdadera "común-unión" que trasciende todo orden material y temporal. Esa simpleza tan infantil, aunque tan difícil sin embargo de alcanzar, es lo que fundamenta y da sentido a la vida, las familias, las leyes, los pueblos y las naciones. Pero hoy hemos sustituido ese querer Ser basado en las buenas obras, por un querer Estar basado simplemente en el tener. Es decir, hemos cambiado de verbo creador, que es como decir que hemos cambiado efectivamente de Dios. Ni siquiera muchos que se dicen católicos, en realidad entienden al verdadero Dios pues anteponen su propio estar particular al ser común y de esta forma se anteponen ellos al Ser trascendente que da sentido a la fe.

Yo no se si la influencia anglo protestante, en cuya lengua el ser y el estar son el mismo verbo, tendrá algo que ver con esa visión y entendimiento de la vida que ha cambiado nuestro paradigma nacional, pero ni en español ni catalán dijimos nunca "I'm good to be well" sino, "Soy bueno para estar bien".

Y pienso finalmente que, recuperar ese deseo de ser, aquel ideal de santidad que alguna vez motivó nuestros corazones, es también una forma recuperar Cataluña para España y para los catalanes y junto a ello a toda la Hispanidad.


No te preguntes si lo que haces es pecado, pregúntate si al hacerlo estás amando.

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Yo no compro el discurso de la Cataluña dividida. 

La influencia social y cultural de España sobre Cataluña es enorme, sobre todo en el colectivo castellano hablante urbano. 

Pero la Cataluña orgánica, organizada como sujeto político identificable, de Ripoll a Poblet, se ha pasado al independentismo. Es un pueblo, por otra parte, fuertemente cohesionado entorno a ese proyecto común. 

Si la ANC llama a filas, congrega a 2 millones de catalanes y acólitos como si fuera un rebaño de ovejas. Niños, ancianos, matrimonios de derecha e izquierda. Todos con Moisés a la cabeza, dispuestos a cruzar el Mar Rojo, en busca de la tierra prometida.

Nada distingue a esos catalanes de los finlandeses, de los polacos o de los escoceses, en cuanto a su legítima aspiración de gobernarse a si mismos. Si mañana Catalunya fuera independiente, sería un estado-nación mucho más cohesionado que la España restante.

 

 

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Pero dos millones apenas es un cuarto de la población de Cataluña. ¿No sería también lógico pensar que, si mañana España fuese capaz de articular un proyecto nacional lo suficientemente integrador e ilusionante, y desde ese proyecto se llamara a filas a toda esa otra Cataluña no militante del independentismo, no sería capaz de congregar a muchos más de esos dos millones de españoles dispuestos a defender su patria mayor?

Pienso que en el fondo lo que falla es que no existe un proyecto nacional lo suficientemente esperanzador e integrador como para que los españoles deseen fervientemente formar parte de él, y esto tiene como consecuencia que la grietas que pueda haber en la unidad, se abran cada día más tendiendo a la desintegración nacional, con más fuerza si cabe en aquellos sitios donde existe un activismo directamente fragmentador como en Cataluña o País Vasco.

Si la España histórica tendió hacia el imperio universal, es porque poseía un proyecto integrador y esperanzador capaz de ilusionar al ser humano de la época, basado en el Dios de la fe católica. Pero ese proyecto ha sido abandonado y a medida que se ha hecho, se ha ido desgajando la unidad hispana en fragmentos o naciones, sin que ninguna parte ni el todo hayan sido capaces luego de articular otro proyecto alguno capaz de volver a integrar y esperanzar como lo hizo aquel.

En definitiva una pérdida de conexión con la trascendencia que nos ha obligado a buscar respuestas entre lo intrascendente.

A veces pienso si no será que lo que falla es el lenguaje, entendido esto como la incapacidad u obcecación que muestra a veces la tradición para adaptar su lenguaje a la realidad moderna. Además del cambio que otros pretenden al querer modernizar la esencia, corrompiéndola de este modo al hacer utilitarismo de la misma, cuando en realidad la esencia es lo que debería permanecer inalterable, y lo que debería adaptarse es la forma en cómo la tradición la expresa.

Quiero decir, quizás la clave sea cómo "explicar" a Dios en el tiempo presente, para desde ahí estructurar un edificio social en el que la mayoría desee estar, tal como Cristo "se explicó" en el lenguaje de aquella época estructurando el posterior edificio de la cristiandad. Hacer para ser, frente a tener para estar.


No te preguntes si lo que haces es pecado, pregúntate si al hacerlo estás amando.

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Javier, lo que sí veo es que en Cataluña tenéis ya socialmente asumido en el lenguaje la dialéctica España y Cataluña como entidades separadas, incluso entre los no separatistas. A mí es algo que verdaderamente me impacta.

"La influencia social y cultural de España sobre Cataluña". 

No es ningún reproche, simplemente es una cosa que me tiene sorprendido por darse no solo entre políticos sino enre la gente de a pie.

Tengo curiosidad por saber desde cuándo es así.

 

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Vanu, 

Siempre ha sido así. 

Cuando tenía 6 años,  en 1991, en primero de primaria los compañeros me preguntaban:

"Tu que ets, català o castellà?"  Yo contestaba: "català", ellos replicaban, "Però a casa parles castellà",  "parles català, pero ets castellà. ". Esta era tu casilla de salida, la que marcaba tu futuro.

La realidad es que gracias a que mi abuelo siempre me habló catalán, yo hablaba catalán de manera nativa, pero mis compañeros no podían comprender que un "castellano" les hablara en su mismo idioma. Para los niños era como una injerencia, rompía sus esquemas.

En las escuelas de primaria catalanas había dos grupos, el grupo A, todos tenían apellidos catalanes, eran ordenados, estudiosos, buenos, etc. Y el grupo B, el resto, eran rebeldes, violentos, no estudiaban y sobre todo tenían apellidos castellanos. 

Tras unos años de simple coexistencia de "catalanes y castellanos", coincidiendo con la LOGSE a partir de 1994, se hizo un sincero intento de integración en las escuelas. Te catalanizaban el nombre y ocultaban España, todos éramos igual de catalanes, todos cantábamos el "sol solet" i hacíamos "cagar el tió". 

Este esquema se rompió con la crisis económica a partir de 2010. 

 

 

 

 

 

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eso te iba a decir, que yo lo conozco con "Castilla" pero no me creo que lo de España haya sido siempre así.

han cambiado "castellanos" por "españoles" y eso es tremendo, una auténtica labor de ingeniería social.

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La paradoja es que se quejan del jacobinismo español, cuando pretenden y alardean de un jacobinismo catalán, aún peor que el laicocivil francés, porque basándose en el Un Pueblo, Una Nación, Una Lengua, y Una Etnia, optan por el mismo discurso del romanticismo alemán que acabó en lo que acabó una y mil veces, no sólo en las Guerras Mundiales, también en los Balcanes. En este escenario los inmigrantes charnegos son los judíos, y acaban teniendo la fe del converso, el abusado intenta ahora abusar de los demás. 

Es inaceptable, sencillamente. Igual que no hubo manera de convencer al Imperio hitleriano que se equivocaba a base de ramos y flores aquí toca lo mismo. El mecanismo definitivo, o uno de ellos, por lo que se comentaba estaba trazado (si los mecanismos de disolución étnica no son suficientes, que por ahora se confía en que lo sean) y pasaba por la destrucción al completo del agro tractoriano en caso de que se muevan demasiado, en connivencia con Francia y la UE (los que se piensan que son sus salvadores) a base de la eliminación de subvenciones y ayudas principalmente.

Otra cosa es que los capos que se sientan en el "Estado profundo" y en los servicios de inteligencia de España sean cobardes, o les tienten o corrompan, o se cambie de opinión en el extranjero y algún Imperio decida que es mejor reventar a España y no puedan hacer nada. 

De todas formas no creo que se llegue a nada, según en qué esferas ya dan por amortizado el conflicto catalán, a largo plazo confiando quizá en la "twitterización" del conflicto y a esperar a que esos millones de exaltados vayan muriendo a lo largo de las décadas sin ver su sueño cumplido de republiqueta nazi excluyente.

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hace 6 horas, javier dijo:

Vanu, 

Siempre ha sido así. 

Cuando tenía 6 años,  en 1991, en primero de primaria los compañeros me preguntaban:

"Tu que ets, català o castellà?"  Yo contestaba: "català", ellos replicaban, "Però a casa parles castellà",  "parles català, pero ets castellà. ". Esta era tu casilla de salida, la que marcaba tu futuro.

La realidad es que gracias a que mi abuelo siempre me habló catalán, yo hablaba catalán de manera nativa, pero mis compañeros no podían comprender que un "castellano" les hablara en su mismo idioma. Para los niños era como una injerencia, rompía sus esquemas.

En las escuelas de primaria catalanas había dos grupos, el grupo A, todos tenían apellidos catalanes, eran ordenados, estudiosos, buenos, etc. Y el grupo B, el resto, eran rebeldes, violentos, no estudiaban y sobre todo tenían apellidos castellanos. 

Tras unos años de simple coexistencia de "catalanes y castellanos", coincidiendo con la LOGSE a partir de 1994, se hizo un sincero intento de integración en las escuelas. Te catalanizaban el nombre y ocultaban España, todos éramos igual de catalanes, todos cantábamos el "sol solet" i hacíamos "cagar el tió". 

Este esquema se rompió con la crisis económica a partir de 2010. 

 

 

 

 

 

Sí, la verdad es que el separatismo no surge de la nada: Hay "algo raro" que subyace en el carácter catalán y que no encontramos en otras regiones españolas más históricamente vinculadas a Castilla. Interesante sería desmenuzar esto.

A pesar de que no somos lo mismo, me veo obligado a reconocer que, en este aspecto concreto, Baleares es más similar a Cataluña de lo que uno desearía. Ahora hay fuga, a niveles preocupantes, de médicos y otro personal cualificado porque les ha dado por exigir un nivel C de catalán. Lo curioso es que mucha gente, a priori no sólo separatistas, aplaude con las orejas una medida que sólo les perjudica por todos los costados. Sin embargo, está ese reflejo casi ancestral de ponerse nervioso y desconfiar de los "forasters", poniendo siempre un grado de separación... que nos da la explicación de semejante comportamiento irracional.

Dios sabe la razón, pero jamás he podido comprender esta marca distintiva inscrita en el carácter de mis paisanos.

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Como comenté, veo aspectos positivos en el escrito del Coronel Pakez, como su defensa de la Hispanidad y de la misión católica de España. España debe recuperar esa misión y eso por sí solo solucionará muchas de nuestras angustias.

Sin embargo, veo varios problemas en la argumentación del Coronel Pakez. Para empezar, da la impresión de que si España no es católica o no cumple su misión en el mundo —como es el caso en la actualidad— ya no merece la pena pelear por su unidad. Me parece que esto es erróneo. La unidad y la integridad de la patria siguen siendo un bien al que se debe aspirar aunque los ciudadanos o el Estado hayan dejado de ser católicos. Si dos personas se casan por la Iglesia, pero con el paso de los años el marido deja de ir a misa y la mujer pierde la fe, sigue siendo preferible que el matrimonio continúe unido en lugar de disolverlo. Ese matrimonio tiene más posibilidades de recuperar la fe si sigue unido, lo mismo que España tiene más posibilidades de recuperar la fe católica si permanece unida.

También parece deducirse de la argumentación de Pakez que no tiene mucha importancia que Cataluña se separe de España si por otra parte tampoco nos preocupamos de la América española. Veo aquí una lógica booleana del todo o nada que conduce a la destrucción de las personas y de las patrias. Lo ideal sería que los españoles nos preocupásemos de Cataluña y de Hispanoamérica, pero si un porcentaje de españoles por desgracia ignora a esta última, tampoco tenemos por qué ceder en lo de Cataluña. En vez del autodestructivo todo o nada es preferible un enfoque gradual, de ir dando pequeños pasos para recuperar nuestra grandeza anterior. Si por una parte sería bueno que España se volcase en empresas exteriores (como me he hartado de decir) para evitar las tensiones internas, lo contrario no funciona; es decir, porque nos despreocupemos de Cataluña no va España a recuperar su misión hispánica y católica en el mundo. Al contrario, si perdemos Cataluña los puertorriqueños que todavía estaban interesados reunificarse con España dejarán de estarlo. Porque nadie quiere unirse a una nación que se está descomponiendo.

En el trasfondo del discurso de Pakez percibo una visión hiperidealista que no creo que case demasiado con la doctrina católica. Por ejemplo, cuando afirma que "España es eterna e indestructible". Como España es eterna e indestructible —parece decir— despreocupémonos de lo que pueda suceder en Cataluña, pues de todas formas España seguirá viva eternamente. Pero no es verdad que España sea eterna e indestructible. No hay ninguna nación eterna. Algunas naciones pueden dejar huella en la historia, pero todas las naciones tienen un final y de todas formas esa huella histórica se acaba perdiendo. La única nación eterna es la Celestial. Las naciones no dejan de ser construcciones humanas y terrenales (quizá la más importante de esas construcciones y de las pocas por las que merece la pena morir), por lo que no tiene ningún sentido que un católico las considere eternas. Aspiramos a que España dure el máximo tiempo posible, para que así pueda cumplir su misión, pero sabemos que no puede ser eterna. Y como sabemos que ni España ni ninguna otra nación es eterna, tenemos que pelear día a día por su existencia y no podemos permitirnos aflojar por un segundo. España durará lo que Dios disponga, pero nosotros no conocemos sus planes y tenemos que poner de nuestra parte para que siga viva.

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    • Pieza movida: Discusión sobre la Iglesia procedente del tema "Pregunta al Lector silente"
      Debate de alcance sobre la posición de la Iglesia en el mundo actual y el liderazgo del Papa Francisco al frente de la misma.
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    • Post in El fenómeno VOX
      Yo diría que en VOX pesa más el discurso migratorio que cualquier otra consideración. Esto se podía intuir antes de las últimas elecciones. Pero lo de este verano ha sido de traca: he procurado conectarme todos los días al Twitter de Abascal y básicamente ha sido una recopilación de delitos protagonizados por inmigrantes. No han hablado de otra cosa en este último verano.
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    • La sociedad española, la más anticapitalista de Europa
      Creo que hay un trasfondo real en la noticia de la que se puede hacer una lectura mucho más profunda desde el punto de vista hispano y católico. Y es que, en el fondo, no andan muy desacertados quienes aseguran tal cosa. La lucha decimonónica liberalismo vs. tradicionalismo sigue latente aunque con sus nomenclaturas solapadas. Varios pensadores ya han asegurado que el espanol es el pueblo europeo  más reacio al capitalismo. Si aceptamos que éste es un subproducto o derivado de la ruptura luterana y que ya de aquella nuestra nación fue la más beligerante... pues tendríamos que el encontronazo espiritual se va traduciendo en nuevas formas, aunque éstas se hayan ido desdibujando.
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