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Vanu Gómez

El hilo de la Contrarmada contra Elvira Roca.

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Quería dedica este hilo para ir recopilando las supuraciones y reacciones del leyendanegrismo drogui, noqueado y sorprendido por el gancho de izquierdas lanzado por Doña Elvira. Creo que es interesane cómo dichas revueltas vienen desde el mundo académico en que están enquistados como garrapatas los leyendanegristas.

Una de estas reacciones es la que le dedicó Gerión en un hilo a Villacañas. Le recojo el testigo y continúo con otro personaje similar, en este caso Carlos Martínez Shaw.

https://elpais.com/cultura/2019/06/20/babelia/1561046875_735107.html

Cita

CRITICA LITERARIA

Contra el triunfo de la confusión

‘Imperiofilia’ denuncia el falseamiento de la historia realizada por Roca Barea en su exitoso ‘Imperiofobia’

 
 

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27 JUN 2019 - 10:45 CEST

Desde su propio título, Imperiofilia y el populismo nacional-católico se presenta como una lectura crítica de otra obra reciente, la de María Elvira Roca Barea, Imperiofobia y leyenda negra. Roma. Rusia, Estados Unidos y el Imperio Español (2016). Una obra que, leída en su día, me suscitó algunas preguntas y reflexiones que hasta ahora no había tenido oportunidad de exponer por escrito. Primero, ¿qué significa exactamente imperiofobia? Segundo, ¿qué razón existe para que un libro tan confuso haya tenido tan buena acogida entre el público? Ahora tengo la respuesta elaborada y pormenorizada de estos motivos por parte de un científico social de reconocida solvencia, y (perdón por la efusión personal) me satisface pensar que (sin un análisis tan depurado por mi parte) las conclusiones a las que había llegado por mi cuenta se apartan muy poco de las defendidas por el profesor de la Complutense.

Uno, la primera parte del libro de Elvira Roca (páginas 21-122) es una indigesta elucubración sobre el significado del concepto de imperiofobia, que viene a ser un prejuicio racista (en el que entra el color y la religión) contra los pueblos imperiales (aquí, Roma, Rusia, Estados Unidos y España, aunque, sorprendentemente, nunca Gran Bretaña). Ahora bien, aparte de la dificultad de comprender esta definición (yo no lo he conseguido) y dejando al margen muchas otras asombrosas afirmaciones, José Luis Villacañas señala justamente que la conceptualización deriva directamente de la metafísica y no de la historia, ya que, según la autora, y cito literalmente, el “prejuicio precede a sus justificaciones, las busca y las crea” (p. 121), o sea, hay como una causa incausada y después vienen una serie de causas inventadas para asentar la romanofobia, la rusofobia, la americanofobia o la hispanofobia. Si a esto añadimos que no hay diferencia apreciable entre imperiofobia, antisemitismo y racismo, ya uno se considera irremisiblemente perdido, sin saber si la hispanofobia equivale al antisemitismo, lo cual sería una contradicción palmaria, pues se odiaría al pueblo que más persiguió a los judíos.Dos, la autora da repuesta a estos interrogantes en la segunda parte (pp. 123-266), pues resulta que finalmente hay causas para la hispanofobia, y esta no es otra que la constante enemistad de los protestantes, especialmente los luteranos alemanes, llevados de su odio al catolicismo, lo cual es en suma la raíz de todo, aunque no se renuncie a las explicaciones metafísicas y esencialistas, pues “no hay esperanza alguna de que decaigan los prejuicios protestantes contra España porque están en el ADN de su identidad colectiva” (p. 90).

Tres, llegamos ahora al verdadero meollo de la cuestión. No solo existe una imperiofobia (en la que España no es la única diana), sino que en el caso hispano esta adquiere unos tintes virulentos y deviene en “leyenda negra”. José Luis Villacañas no entra en la controversia sobre la pertinencia del concepto, pero encuentra inmediatamente las dos sólidas columnas en que se asienta la elaboración por parte de grupos organizados de intelectuales de ese constructo antiespañol: la Inquisición y la conquista y colonización de América. Y así de paso comprendemos que el éxito del libro se debe esencialmente a la denuncia por parte de la autora de las “mentiras” forjadas contra el Santo Oficio y de las “mentiras” forjadas sobre la actuación española en el Nuevo Mundo. Esta demostración para consumo de un público culto (pero no muy informado en historia) es el único motivo de la difusión de la obra, que de otro modo no se entendería. Pues si leemos lo que viene a continuación no encontramos sino una serie de disparates que han desaparecido de cualquier relato histórico científico desde hace ya mucho tiempo. Pongamos los ejemplos más sencillos y evidentes: la Ilustración, un fenómeno europeo (católico y protestante, nórdico y meridional), aparece como “la santa Ilustración, heredera directa del humanismo y sus prejuicios”, al tiempo que Francia (sujeto difícil de integrar en esta exposición) se mimetiza en protestante por ser ilustrada, “sometiendo la fe, el mito y la religión al Estado” (¿?). Otro más: la España actual ha tenido una prima de riesgo más alta que Alemania a causa de la leyenda negra, que sigue actuando porque la opinión pública viene formada (sic) por “el cotarro intelectual protestante”. ¿Para qué seguir? Vayamos ya directamente al corazón de las tinieblas.

‘Imperiofobia’ incluye disparates que han de­­saparecido de cualquier relato histórico científico desde hace ya mucho tiempo

José Luis Villacañas empieza su alegato, rigurosamente histórico, preguntándose por qué Elvira Roca habla siempre del “mito de la Inquisición” (fraguado naturalmente por los protestantes), cuando el Santo Oficio es una realidad sólida e incontrovertible. Lo único cierto para la autora es que el tribunal inquisitorial mantuvo ciertas precauciones, tratando de actuar dentro de los límites del derecho natural y canónico, adoptando cierta racionalidad en algunos casos (como el de la brujería) y pronunciando un número de condenas relativamente tolerable. Además de aportar, como era de prever, el argumento universal del tu quoque (el “y tú más”, de tantos debates parlamentarios), lo que se mantiene es el viejo topos de la “razón de la Inquisición”. Ahora bien, los estudios más fiables sobre la Inquisición subrayan el contexto de su nacimiento (la persecución de los criptojudíos), la ampliación de sus cometidos como aparato represivo de las ideas heterodoxas, la evolución de sus enemigos (criptojudíos, sí, pero luego erasmistas, alumbrados, protestantes, etcétera), la multiplicación de sus tribunales (Castilla, Aragón, Granada, Navarra, América), las denuncias secretas (y anónimas para sus víctimas), la prisión preventiva, el empleo de la tortura, la confiscación de bienes y la sentencia pública (que conllevaba la ruina material y la infamia perdurable para los condenados y sus familias, prolongada por los estatutos de limpieza de sangre, y en no pocas ocasiones la hoguera). A lo cual hay que añadir la cohorte de sicofantes (los “familiares” del Santo Oficio) que difundían el terror difuso a la delación, procedimiento que pudo llevar hasta el tribunal a personalidades como San Juan de Ávila, fray Luis de Granada, fray Luis de León, etcétera. A todo lo cual se sumó el Índice de libros prohibidos, que (a pesar de las atenuantes que le procura la autora) se convirtió en el catálogo de las obras más influyentes para el progreso y la modernización de Europa.

Por último, América. Aquí, por supuesto, se silencian hechos reconocidos como los asesinatos de Cuauhtémoc, por Hernán Cortés, o de Atahualpa, por Francisco Pizarro, o la masacre del Templo Mayor de Tenochtitlan y la matanza de Cholula (aunque una línea alude a la matanza de indios como “una cosa natural en tiempos de guerra”). En cambio, se ponen de relieve los hechos positivos ya reconocidos, lo que da como resultado una exposición carente de toda originalidad dentro del discurso de la “obra de España en América”, pero que se justifica por su tergiversación por parte de los detractores de España: la querella de los “justos títulos”, la “lucha por la justicia”, la implantación de la imprenta en 1539, las Leyes Nuevas de 1542, la creación de colegios, universidades y hospitales, el proceso de urbanización, el respeto a las comunidades indígenas…

José Luis Villacañas subraya por último la ideología subyacente en este discurso, que es la del retorno a los presupuestos del nacionalcatolicismo y del sentido imperial de la historia patria impulsado por el franquismo, o sea, la creación de un nuevo proyecto para España que no iría en la dirección del progreso, de la defensa de los valores europeos, sino en la de reivindicar un pasado falseado para proponer un retorno al mismo, en suma, una involución. Como ratificación de este aserto, bastaría con citar una de las últimas conclusiones de Roca Barea (p. 478): “Si privamos a Europa de la hispanofobia y el anticatolicismo, su historia moderna se torna un sinsentido”. Más bien parece que lo que no tiene sentido es este radical reduccionismo.

 

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Repugnante. 

Y este es un catedrático de historia y tiene toda una retahíla de cargos y títulos, en la Real Academia de la Historia, la Orden de Alfonso X el Sabio... para que empecemos a apuntar datos de instituciones y títulos podridos, vendidos e insignificantes, de hasta dónde llega la enfermedad. Se salvan muy pocos y se puede decir que todo el entramado académico está para tirarlo entero y rehacerlo desde cero.

Esta gente o está amenazada por el poder, que les obliga a soltar semejantes vómitos, o simplemente se ve hundida al ver que todo el trabajo de su vida es la Nada absoluta al servicio de unos intereses imperiales en contra de España y pierden el control, tirando por la huida hacia adelante.

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hace 3 minutos, Gerión dijo:

Repugnante. 

Y este es un catedrático de historia y tiene toda una retahíla de cargos y títulos, en la Real Academia de la Historia, la Orden de Alfonso X el Sabio... para que empecemos a apuntar datos de instituciones y títulos podridos, vendidos e insignificantes, de hasta dónde llega la enfermedad. Se salvan muy pocos y se puede decir que todo el entramado académico está para tirarlo entero y rehacerlo desde cero.

Esta gente o está amenazada por el poder, que les obliga a soltar semejantes vómitos, o simplemente se ve hundida al ver que todo el trabajo de su vida es la Nada absoluta al servicio de unos intereses imperiales en contra de España y pierden el control, tirando por la huida hacia adelante.

Lo que me gusta de la situación es que POR PRIMERA VEZ tienen que estar al contragolpe, a la defensiva y un paso por detrás.

Desde luego, en un panorama tan complicado sí que estamos viendo algunos oasis prometedores.

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Se producen las primeras réplicas al panfletillo de Villacañas, en este caso de un médico:

Cita

Imperiofilia contra imperofobia

  • FEDERICO SORIGUER
Miércoles, 3 julio 2019 - 02:09
Grabado de Teodoro de Bry muestra a españoles torturando a indios. Grabado de Teodoro de Bry muestra a españoles torturando a indios.

"La democracia es un magnífico sistema para gestionar el presente pero con serias dificultades para hacerlo con el pasado y con el futuro", decía ya Tocqueville en 1840 en La democracia en América. Nada más cierto para entender este debate a primera sangre que se ha abierto entre Imperiofobia de Elvira Roca Barea (ERB) e Imperiofilia, que es sobre todo la cruzada de José Luis Villacañas contra ERB. Leí el libro de ERB antes de que se convirtiera en un best seller y me gustó. Es algo que comparto con varias decenas de miles de ciudadanos.

La tesis sostenida por ERB -y la manera de desarrollarla a lo largo del libro- me sorprendió. No soy historiador y no podría asegurar la precisión histórica de sus argumentos, pero los datos no están inventados. Sí, desde luego, interpretados. ¿Es que acaso puede ser de otra forma? A quienes hemos vivido la dictadura se nos indigestó la historia imperial de España. Pero han pasado ya varias décadas desde la muerte de Franco y muchos estamos igual de cansados del acoso y derribo al que ha sido sometido el pasado español, fomentado tras la Transición por unos intelectuales a los que, en su empeño revisionista, no les importó que se les fuera -y se les fue- el niño con el agua sucia de la bañera. ¿Cómo era posible que un pueblo que a finales del siglo XX y en muy poco tiempo se homologara con Europa pudiera tener un pasado tan miserable, esclavista, opresor, reaccionario, imperialista, inculto, clerical (la lista de adjetivos la dejo a discreción del lector)? ¿No había nada que pudiera salvarse?

De ser cierto este relato, iba a ser psicológica y sociológicamente complicado mirar de tú a tú al resto de los pueblos europeos, estos sí al parecer con un pasado glorioso y cuyos pecados históricos, frente al irredimible caso español, la historia no solo los había absuelto sino, en algunos casos, glorificado. El libro de ERB lo que hace es leer la historia de España sin pesimismo. Y esa mirada era una necesidad para muchos españoles, de izquierdas y de derechas. Pero para algunos otros esto ha sido insoportable. Es el caso de José Luis Villacañas. Acabo de terminar su libro, Imperiofilia, una verdadera impugnación a la totalidad del libro de ERB. No deja títere con cabeza. Desde el formato hasta el contenido. Tampoco soy capaz de valorar la credibilidad historiográfica de las tesis sostenidas en el libro de Villacañas, pero sí su estilo y sus formas. Página tras página el autor, filósofo consagrado y fuente de inspiración de algunos de los líderes de Podemos, intenta desmontar no solo los argumentos de Imperiofobia sino a la propia ERB. La tesis de Villacañas es que no existió tal cosa como la leyenda negra, que no existió el Imperio español, que solo fue un juego de tronos, que no hubo un conflicto entre católicos y protestantes, que el Imperio británico fue ejemplar, que todos, absolutamente todos los datos del libro de ERB son o equivocados o inadecuados, cuando no falsos.

He aquí un resumen de las descalificaciones que aparecen repetidas en numerosas ocasiones para catalogar el libro de ERB y a la propia ERB: «Dañino», «peligroso», «ofensiva reaccionaria», «artefacto ideológico», «descarado», «darwinista», «nietzscheana», «supremacista», «reduccionista», «brutal», «antieuropeo», «racista», «alter ego de Steve Bannon», «antiintelectual», «tosca», «ignorante», «libelo populista intelectual reaccionario y malsano», «a mitad de camino entre Buster Keaton y Groucho Marx», «mesiánica», «franquista», «caótica», «imperialista, sobre todo imperialista», «sionista» y «antisionista» (según la página), «sarracena», «proamericana», «antibritánica», «antieuropea», «pintoresca», «descarada», «graciosa», «estrafalaria», «monstruosa», «alarmante», «sádica», «sepulturera», «falta de objetividad, serenidad y discreción de juicio», «incapacidad reflexiva», «delirante», «desfachatada», «desvergonzada», «falsaria», «fundamentalista», «ilusa», «prepotente», «desconsiderada».

Para qué seguir. Nunca había visto nada parecido en un ensayo. Ni mayor reconocimiento a una obra a cuya destrucción se dedica sin desmayo y a tiempo completo a lo largo de 262 apretadas páginas. Me ha resultado entrañable el empeño épico de Villacañas por desmontar todas y cada una de las tesis de ERB, como si le fuera la vida en ello, como si fuera en ello el destino de España, como algo que se debe combatir, pues dice: «No sé por qué se le ha dejado el campo libre a esta autora pues no es una causa perdida sino una batalla cívica necesaria». En todo caso no estaría mal que, en lugar de menospreciar -con un desdén nada seductor- la aceptación que el libro de ERB ha tenido no solo en las capas populares sino también en elites cultas profesionales y políticas, se preguntara por los motivos del masivo reconocimiento del relato de ERB, ese que según sus propias e indignadas palabras «ataca de modo insidioso y grotesco todo lo que he defendido en mi humilde obra».

Lo que es preocupante es que un eminente filósofo, con un currículo académico notable como es el caso de Villacañas, no se haya enterado de algo que ya T.S. Eliot advirtió hace muchos años: que los humanos solo somos capaces de asimilar una dosis razonable de realidad. Ha habido y hay en ciertos medios progresistas una pulsión sadomasoquista que en las últimas décadas ha flagelado a los españoles con un rigor historicista y determinista que a veces más parece un rigor mortis. Así que somos muchos los que le hemos agradecido a ERB que mirara la luna desde la otra cara. ¡Que ya era hora! Una última pregunta dejo en el aire. ¿Si Imperiofobia hubiera sido escrito por un hombre en lugar de por una mujer, habría merecido tal cúmulo de insultos y descalificaciones? Si yo fuera una (un) feminista militante, no tendría ninguna duda de cuál es la respuesta.

Federico Soriguer, médico, es miembro de la Academia Malagueña de Ciencias.

 

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Correcto también ese análisis, cuando se trata de ser hispanófobo todos los prejuicios feministas se echan a un lado y el sistema permite holgadamente que estos tipos, muy ricos, muy viejos y muy españoles, insulten a lengua suelta a una mujer como Elvira.

 

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hace 1 minuto, Gerión dijo:

Correcto también ese análisis, cuando se trata de ser hispanófobo todos los prejuicios feministas se echan a un lado y el sistema permite holgadamente que estos tipos, muy ricos, muy viejos y muy españoles, insulten a lengua suelta a una mujer como Elvira.

 

ahí es donde se van viendo las jerarquías

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Justo ahora, Vanu Gómez dijo:

ahí es donde se van viendo las jerarquías

Parece que han corrido la cortina y han tenido que, con un par de palmadas, hacer que vengan los encargados, todos los tipos que ocupan y calientan malamente los sillones de más alto rango, a ver si a alguno se le ocurre cómo salvar el chiringo.

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uno de los temas que gravitan entorno a esta historia es la percepción que pueda tener la izquierda sobre el fenómeno que está suponiendo esta mujer y un hipotético rearme moral de la derecha en España.

creo que un factor que podría ayudar es que esta mujer, por lo que he ido leyendo entre líneas, es más bien de rollito socialista que otra cosa, con lo cual es incluso más difícil buscarle las vueltas.

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hace 22 minutos, Vanu Gómez dijo:

uno de los temas que gravitan entorno a esta historia es la percepción que pueda tener la izquierda sobre el fenómeno que está suponiendo esta mujer y un hipotético rearme moral de la derecha en España.

creo que un factor que podría ayudar es que esta mujer, por lo que he ido leyendo entre líneas, es más bien de rollito socialista que otra cosa, con lo cual es incluso más difícil buscarle las vueltas.

Creo que a Elvira se le nota a la legua cierta simpatía por el felipismo 1982-1996, lo que pasa es que los personajes, planes y programas de ahora son tan miserables que incluso dejan a ese felipismo en buen lugar.

El discurso de Roca es perfectamente engarzable en un "hispanismo institucional". Lo suyo en lo sociológico y en su estilo (mujer, socialista, andaluza, profesora, poco amante de discursos de odio, proeuropea a su manera...) es impecable frente a estos Dinosaurios biliosos que están saliendo.

El poder sólo tiene que agarrar lo de Roca como filosofía de Estado, tal cual, de una pieza, como argumentario histórico al servicio de una determinada idea de socialdemocracia (básicamente, algo similar a fabricar el mito de que el PSOE o en general la socialdemocracia española nació con el Imperio español, no nos riamos mucho porque en cosas más endebles se fundamenta el nazismo aranista, catalán o el europeísmo hardcore en general). Igual que la revolución cubana incorporó la retórica de sus independentistas. Yo alguna vez he soltado la idea del "imperio progrespañol" para socialistas que quieran establecer esa continuidad de poder (porque realmente es el ansia de poder lo que les fundamenta en última instancia). Harían muy mal en adoptar la perspectiva endófoba de estos Dinosaurios.

 

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No estoy seguro de que Elvira Roca sea felipista. Que se se sepa, el único partido por el que ha mostrado cierta afinidad es Ciudadanos, pues participó en uno de sus actos, aunque no era un acto puramente político. En algunos temas también podría ser cercana a Vox. De todas formas, creo que no se pringará con ningún partido y mejor que sea así. Hay que notar que Elvira Roca ha sido invitada a conferencias por algunas diócesis, por lo que en principio la Iglesia española la contempla como amiga, pese a que en alguna ocasión ha dicho palabras un tanto feas sobre la Iglesia.

Se siguen publicando críticas al libelo de Villacañas. No sé si consideráis preferible publicarlas en este hilo o en el que inicialmente abrió Gerión. Como mejor veáis.

Esta crítica resalta que Villacañas está obesionado con varios atutores alemanes, pero sobre todo con Nietzsche:

Cita

José Luis Villacañas y su libelo contra Roca Barea y a favor de la leyenda negra española

José Luis Villacañas ha escrito un libro, lleno de despropósitos, contra «Imperiofobia», el exitoso ensayo de Roca Barea

Javier Santamarta

Actualizado:10/07/2019 10:29h

Acaba de salir un libro específicamente escrito para luchar contra otro tildado por el autor de «anticonstitucional» (sic). Me refiero al publicado por el catedrático de Filosofía de la Complutense, José Luis Villacañas. Un opúsculo llamado Imperiofilia y el populismo nacional católico. Un clarísimo libelo contra el libro de Elvira Roca Imperiofobia (Siruela, 2016). Libelo, según la RAE, es un «libro pequeño escrito para criticar o difamar una persona». Y el de Villacañas entra de lleno en esta definición, pues según él, la obra de Roca Barea es «dañina y peligrosa». Llega a sugerir que la autora sufre un tipo de enfermedad, basándose en Freud, al que se refiere sobre las «formas patológicas de duelo» donde claramente ve envuelta a la catedrática malagueña. Imperiofilia pretende desmontar todo lo expuesto en una obra que ha superado los 100.000 ejemplares, y ha dado un aldabonazo importante en el orgullo por la Historia de España. Más importante: ha avivado el debate sobre nuestra Historia, que merece una mirada sin las gafas miopes de la progresía, ni de los espejos risibles y humillantes del Callejón del Gato.

Imperiofobia a Villacañas le suena, literalmente, a «franquismo». Saquen las petacas para los chupitos porque si creíamos que Imperiofilia era un ensayo histórico con ganas de debatir sobre otro, estamos equivocados. Es un ensayo… ¡pero político! Y eso en caso de considerarlo así solo por el hecho de citar epatantemente a filósofos o sociólogos vengan o no a cuento, como Nietzsche (auténtica obsesión), Wallerstein, Braudel o Weischedel. Citados como presunta fuente de autoridad, aunque nos quedemos con las ganas de saber cuál es la razón de su aparición. Imperiofilia pretende ser «científico», cosa de lo que adolece, aunque sea al de Imperiofobia a quien le tache de una carencia que no tiene.

Villacañas señala que «uno de los trucos de este libro es no dar la bibliografía al final sino sólo a pie de página». Extraño truco pues bibliografía hay, junto con un total de 716 notas en 476 páginas. Pero es un aporte que no le da importancia. Para Villacañas, el objetivo de Roca Barea es nada menos que la reimplantación del Imperio, lamentándose de no encontrar la «ékphrasis de la foto de las Azores entre Bush hijo, Aznar y Blair». Es «la ofensiva del pensamiento reaccionario», porque el filósofo metido a historiador polemista considera que no es «azar que este libro alabe a los Estados Unidos, gobernados por Trump»… aunque llegue al poder al año de su publicación. ¡Increíble la capacidad profética de Roca Barea! Afirma que «Steve Bannon no tiene que pasearse por España para importar el supremacismo, Roca Barea se basta y se sobra». El autor, tan pagado de sí mismo, llega a decir que Roca Barea «comete un error lamentable» por unas críticas que realiza a Max Weber (1930). Villacañas se mofa diciendo que en esa fecha Weber ya hacía una década que había muerto.

Como cualquier científico social sabe, lo que Roca Barea señala en paréntesis es la fecha de la edición que ha trabajado. La más conocida de todas de esa obra. Pero sorprendentemente como catedrático, la desconoce. En Villacañas no hay crítica. Es pura hispanofobia. Como señala Barea a poco del final de Imperiofobia, bien «eres ya un amigo [cosa de la que me precio, aunque no por ello sea menos amigo de la verdad] o un enemigo irreconciliable». Esto es Villacañas. Él sabrá el porqué. Pero no es por defender la Historia, eso seguro.

Imperiofilia y el populismo nacional católico. José Luis Villacañas. Lengua de Trapo, 2019. 264 páginas. 17,75 euros.

Por cierto, la editorial que ha publicado este panfleto, Lengua de trapo, parece estar en la órbita del sector errejonista de Podemos, pues publica varias de sus revistas. Sin embargo, la serie de panfletos proluteranos de Villacañas fue publicada por Guillermo Escolar Editor, que no me suena que tenga una tendencia progre, pues de hecho es la misma casa que ha editado el último libro de José Miguel Gambra.

Si la memoria no me falla, creo recordar que la Biblioteca Virtual que dirige Villacañas se promocionaba antiguamente en el "sector patriota" como "cosa de camaradas". O sea, que debía de haber alguien en el equipo de esa Biblioteca que era "camarada". Porque quiero creer que no era Villacañas al que consideraban "camarada". Aunque todo puede ser.

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Lo del duelo curiosamente lo comenté yo en BBJ refiriéndome a Villacañas, cuando soltó sus primeros improperios, y me refería a su fase de duelo, concretamente la de la ira (la de Villacañas) por ver caer en un momento todo en lo que ha trabajado durante toda su vida. Es difícil saberse o reconocerse como un peón del idealismo alemán, como decía, es el Serrano Suñer de la Historia.

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Por no aportar solamente las réplicas que ha recibido el libro de Villacañas, copio una entrevista que le hicieron hace poco en Alicante, en la que defiende su libro y se revelan además algunos datos del autor que desconocía. Pensaba que el tipo había prosperado en la órbita socialista pero me he encontrado con que parte de su carrera está más bien ligada al sector  liberal del PP.

Cita

José Luis Villacañas: “Nuestras sociedades no pueden vivir sólo de consumir libertad, deben crear libertad”

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30/06/2019 - 

ALICANTE. En el año 2016 se produjo un estallido editorial como hacía mucho tiempo no sucedía en el ecosistema librero español, y mucho menos tratándose de un libro de historia, no narrativo, un libro que el premio Nobel Mario Vargas Llosa ensalzaba con estas palabras: “¿Puede ser entretenido un libro de rigurosa erudición? Rara vez, pero sí lo es en el caso de Imperiofobia y leyenda negra. Es aguerrido, profundo, polémico y se lee sin pausas, como una novela policial en la que el lector vuela sobre las páginas para saber quién es el asesino. Confieso que hace tiempo que no leía un libro tan ameno y estimulante”, desde su tribuna de El País. Se trataba de Imperiofobia y leyenda negra, de María Elvira Roca Barea, publicado por Siruela, un chute de autoestima ante la ‘supuesta’ construcción de una idea malévola de España por parte de las potencias extranjeras, con la necesaria colaboración de los nacionalismos periféricos. Tres años más tarde, 19 ediciones después, el catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense, e investigador del pensamiento español, José Luis Villacañas, ante el imponente revuelo mediático producido por el helicóptero Barea, publica, en la editorial Lengua de trapo, Imperiofilia y el populismo nacional-católico. Desmontando Imperiofobia, el ensayo español más vendido de los últimos tiempos, bajo la premisa de que “el éxito del libro es revelador de las escasas exigencias culturales de ciertas elites del país, quienes frente a un mundo que no entienden ni saben ya dirigir, necesitan de una legitimidad que Imperiofobia les ofrece de un modo brutal”. 

El miércoles, 26 de junio, pasó por la librería Pynchon & Co de Alicante, para presentar el libro, junto a Antonio de Murcia, y tuvimos la oportunidad de mantener una charla, cuya transcripción deja fuera, por demérito del narrador, la calidez y cortesía del autor, aunque no la firmeza de su discurso.

-¿Hasta qué punto el libro de Roca Barea está escrito por ella misma… o por un think thank que ha buscado un perfil idóneo para la difusión de sus ideas?

Yo no lo puedo saber… obviamente, no se puede saber, lo que sí me gustaría decir de un modo claro, y creo que no lo he expresado nunca con la claridad con que quiero expresarlo ahora es que yo no he escrito una respuesta a Roca Barea, ni siquiera lo que me ha movido a escribir Imperiofilia ha sido escribir contra ese libro. Si ese libro hubiera sido uno de tantos libros que pretende unas posiciones que a mí me parecen erróneas, pero que pueden ser reconocidas, sustentadas en una tradición, yo, como a otros tantos libros con los que no estoy de acuerdo, no le habría dedicado el tiempo de haber escrito este libro. Yo escribo Imperiofilia contra aquellos, enormemente poderosos, que han soportado el libro, lo han avalado, lo han expandido, lo han recomendado por doquier… ¡porque son ellos los que tienen que avergonzarse! Roca Barea puede haberlo escrito, no lo sé, pero que ministros socialistas del gobierno, premios nobeles, cineastas, periodistas, que el gobierno entero de Andalucía, ¡gobierno socialista!, le ha dado la medalla de Andalucía, que Felipe González la haya propuesto para el premio Princesa de Asturias, todo esto es tan vergonzoso que yo escribo contra ellos. Roca Barea puede tener sus opiniones, pero lo que hay detrás es una constelación tan extraordinariamente poderosa que puede hacer de una anécdota, de algo que puede ser una obsesión personal, una categoría, una locura pública. Puede llevar a que este país se suicide, destruyendo su propia inteligencia, asumiendo que lo allí se dice es digno de constituir la inteligencia de los españoles. Contra esa presión mediática es contra la que yo escribo, porque creo que a ese tipo de poderes hay que hacerles frente desde la humildad de lo que es un hombre libre que está en una universidad, consciente de que hay que dejar testimonio de que ya no estamos en los tiempos de comulgar con ruedas de molino.

 

Foto: RAFA MOLINA.
Foto: RAFA MOLINA.

 

-Y toda esa campaña mediática cree que ha sido diseñada a priori o a posteriori, aprovechando el impacto del libro.

Yo creo que hay una campaña perfectamente dirigida, no creo que se trate de una campaña accidental. Pero estamos hablando de un momento en que España se encuentra en una situación muy delicada, en la que estaban por cristalizar las posiciones de fuerza en que todos los actores iban a posicionarse. Ahora, cuando se ha visto que, en el fondo, Ciudadanos se ha ido hacia donde estaba señalando ese libro, Vox… ya estaba ahí, el Partido Popular se ha visto presionado por esas dos cuñas y ha tenido que destruir toda la imagen de moderación que había ganado en los últimos 15 años, nos encontramos con el grave problema de que, además, una buena parte del Partido Socialista también estaba en eso.

-Dado que el interés de ‘Hispanofobia” es la geopolítica, y no tanto la historia, ¿nos encontramos con una fase más de la creación de un nuevo marco conceptual hegemónico? (bueno… tal vez no tan nuevo).

Sí, es verdad, pero también que esto no es comprensible sin el 15M, sin el tema de Cataluña…

-¿Pero eso no es culpabilizar a la víctima, el discurso de “los catalanes tienen la culpa de haber despertado el fascismo en España”?

No, no, obviamente no… los catalanes tienen un juego político y, por supuesto, en ese juego político, libros como el de Roca Barea les legitima y les justifica, porque en el fondo, pueden decir a cualquiera “mira, España es eso, de aquí tenemos que marchar, en el fondo no tienen el más mínimo sentimiento de solidaridad, el más mínimo interés en la tolerancia, el más mínimo interés en la comprensión de las minorías, del diferente, etc.”. Al final, la asociación que se hace entre las minorías oligárquicas, los intelectuales y el protestantismo, casa de forma perfecta en el exvicepresidente de Generalitat, presidente de ERC, Josep Lluís Carod-Rovira, que, como sabes, se dedica al estudio del protestantismo en Cataluña. Todo esto generó esta asociación que atraviesa el libro de Roca Barea, no de un modo constante. Ahora, lo fundamental, es que ese movimiento que surge a través del 15M, tampoco ha sabido cristalizar otra idea de España. Ahí, estas personas, con todo lo que significa Sociedad Civil Catalana, con todo lo que significa Ciudadanos, vieron la oportunidad de ‘recuperar’ la idea más arcaica posible de lo que es España. 

 

Foto: RAFA MOLINA.
Foto: RAFA MOLINA.

 

- ¿Y tanto peso tiene todavía el componente religioso, confesional, en la geopolítica?

Sí, yo creo que esto no se puede separar del movimiento, mucho más amplio, que podríamos llamar geoestratégico, que tiene que ver con la alarma que produce en el catolicismo la orientación del Papa Francisco, su reconocimiento de Lutero, con motivo del centenario, el acercamiento a un ecumenismo, que ya es muy eficaz en países como Alemania, donde ambas corrientes del cristianismo han tenido una larga convivencia, o la misma Inglaterra. En este sentido, creo que moviliza a sectores de la jerarquía católica, muy alarmados con la deriva de Francisco, y que se alinean con una resistencia de importantes cardenales de la Iglesia Católica que están preparando, como es muy típico de la Iglesia, para cuando sea necesaria la sucesión del actual Papa. Todo esto, junto con una importante importante Iglesia mexicana, posiblemente la Iglesia católica con más fieles del mundo, que además tiene 60 millones de hispanos como receptores potenciales, en hispanoamérica, y que se da cuenta que la Iglesia católica, tradicionalmente irlandesa, en EEUU, ha quedado destruida por los casos de pederastia. Estamos hablando de un intento de armar un catolicismo político que sirva para los países del sur de Europa, sin olvidar el a menudo extremista catolicismo francés, que sirva para el catolicismo mexicano y norteamericano, y que pueda decir “en los tiempos en los que estamos, sin la Iglesia católica va a ser muy difícil gobernar a todos esos millones de católicos. Y esto, en un momento en que esta misma Iglesia católica está perdiendo poder en la América Latina, en manos de los movimientos protestantes. 

-Es contradictorio que las complicidades que busca este movimiento sean los Estados Unidos de Trump y la Rusia de Putin.

Bueno, no es una contradicción, porque en el fondo es lo que ha cristalizado de la propaganda Bannon. Sabemos que Steve Bannon, el estratega ultraderechista, ha estado vinculado a Rusia y también a las campañas de Trump. Yo creo que esto, desde el punto de vista geoestratégico, coincide con la dimensión antieuropea del libro Imperiofobia, con la idea de que Europa, dominada por Alemania, un país protestante, por los ingleses, por los holandeses, en el fondo, son los enemigos de España.

-Un pescar en río revuelto… recientemente han pasado por aquí el escritor griego Petros Markaris y el escritor, cineasta y helenista español Pedro Olalla, y ambos coincidían en la necesidad de un eje mediterráneo europeo, para compensar el peso del eje centro y noreruropeo.

Claro, esto ya apareció en el escrito de Giorgio Agamben que citaba el Imperio Latino. Esta es una idea del viejo pensador Alexandre Kojève, que le ofrece a De Gaulle, en 1945, acerca de la constitución europea, que había de venir. La idea se fundamenta en la construcción de un Imperio Latino con Francia, Italia, la España de Franco y, evidentemente, las colonias respectivas del norte de África: Marruecos, Túnez, Libia y, posiblemente, Etiopía. Una oferta a la que se incorporaría Grecia y que se hace de nuevo, en el año 2014. Esto testimoniaba la inquietud de los países latinos de no verse verdaderamente reflejados en la idea de Europa. Eso es verdad y justo, pero personalmente creo que la única manera de resolverlo no es declararnos enemigos mortales en el ADN, sino intentando comprender su cultura y cuando nosotros tengamos clara su cultura y su historia, exigirles que conozcan la nuestra. Establecer una verdadera conversación entre el norte y el sur. Justo esto es lo que yo he intentado hacer en los 42 años que llevo trabajando, intentando conocer la Ilustración francesa, el idealismo alemán, la revolución francesa, intentando conocer qué es la cultura del norte de Europa, con la idea de identificar esos valores comunes sin los cuales no nos podemos entender. Si empezamos declarándonos enemigos y diciéndoles que, en el fondo, su religión no existe, que es solo una excusa propagandística para ir contra España, y que siguen siendo enemigos del ‘ser católico’ de España, naturalmente con esto no puede haber un diálogo, ni construir la idea de Europa.

 

Foto: RAFA MOLINA.
Foto: RAFA MOLINA.

 

-¿Hay un espectro lector sociológico de Roca BArea y derivados, como hay un espectro votante sociológico de Vox?

Enlazando con lo anterior, Roca Barea populariza, cogidas de aquel modo, ya no demuestra ser una intelectual en todo su sentido, las ideas de Gustavo Bueno, expresadas en aquel volumen titulado “España frente a Europa”, aunque el argumento de Bueno es más bien un ‘España contra Europa’, algo que va en contra de la realidad española de los últimos treinta años. Sin Europa nosotros no seríamos una democracia, en estos momentos, y esa idea antieuropea sí está latente en ese espectro sociológico de ‘España agraviada’. Sería interesante investigar cómo los estadounidenses influyeron, estabilizando y dando poder, a alguna de las fuerzas político-religiosas que están detrás del libro de Barea. Cuando ella reconoce nuestra amistad y solidaridad con Estados Unidos, está recordando hasta qué punto el nacionalcatolicismo franquista se estabiliza gracias al apoyo norteamericano, al Eisenhower, el Plan Marshall, los Pactos de Madrid, etc.

-En algún momento de la introducción a ‘Hispanofilia’, habla usted de ‘lectores bienintencionados’ que solo buscan reafirmar una imagen positiva de su mundo. ¿A la gente no le gustan los problemas, o hay mucha gente que considera problemático todo aquello que no se adecúe a su visión del mundo, ese es el caldo de cultivo al que va dirigido el libro de Barea?

Claro, por supuesto, por eso yo creo que lo importante es dirigirse a estos lectores bienintencionados del libro, que en el fondo, durante mucho tiempo, no han tenido la necesidad de reafirmar su sentido de españolidad, de pertenencia a un gran país, a una gran nación, porque las cosas nos ‘iban bien’. Pero el trauma catalán ha herido a muchas de esas personas, de buena fe, personas de derechas, de izquierdas, de arriba y abajo, que de repente no entienden por qué ahora, después de 40 años de un éxito colectivo, y de posiblemente la mejor época, la más estable y de mayor crecimiento de nuestra historia, nos dicen “ustedes son un país incívico, atrasado, con una democracia sin calidad, con una incapacidad para reformarse, para acoger una minoría, etc. Esto es una herida traumática, porque mucha gente pensaba que esa etapa estaba superada, y ahora es como si volviéramos a una situación en la que todas las incertidumbres, las ansiedades propias de la Transición, hubieran emergido, como la vieja canción de Raimon: “quan creus que ja s’acaba, torna a començar, i torna el temps dels monstres…”. Esta dimensión traumática es la que posiblemente requiera medidas compensatorias, porque un trauma es algo muy difícil de asumir, y pide reafirmaciones muy potentes, que se expresan a veces en cosas tan epidérmicas como el fútbol y ser campeones del mundo.

 

Foto: RAFA MOLINA.
Foto: RAFA MOLINA.

 

-A usted lo nombra Director General del Libro y Bibliotecas de la Generalitat Valenciana Eduardo Zaplana, siendo Conseller de Cultura Manuel Tarancón, justo antes de que llegue Francisco Camps, tres personalidades que han jugado bastante al juego de Roca Barea, ¿es posible la contestación a esta corriente de pensamiento extremista desde el liberalismo?

Yo sabía que tan pronto Camps entrara por la puerta, yo tenía que salir por la ventana. Él toma posesión el día 20 de mayo y yo reingreso en mi cátedra de Murcia el día 15, cinco días antes. Y debo decir con total franqueza que estuve los cuatro años que estuvo Tarancón de conseller de Cultura, por el vínculo personal que tenía con él, desde nuestros tiempos de colegio y universidad. Yo no tenía vínculo orgánico con el partido, no he militado nunca en el PP, y en cierto modo el nombramiento fue porque Manuel Tarancón, por nada del mundo, quería darle la Biblioteca Valenciana a Consuelo Ciscar. ¡Mi función casi fue impedir que la señora Ciscar se hiciera con toda la cultura valenciana! Y creo que rendí un cierto servicio al pueblo valenciano. Me siento muy feliz de aquel trabajo, de haber podido servir a los valencianos, en una posición que, en lo personal, para mí era muy incómoda, pero que fue muy libre en la gestión. Respecto de la pregunta… nosotros somos sociedades liberales, somos consumidores de libertad. Desde ese punto de vista, pienso que debemos compensar el ser consumidores de libertad con ser productores de libertad. Ejercer acciones que aumenten, que produzcan más libertad. Nuestras sociedades no pueden vivir sólo de consumir libertad, deben crear libertad. Y crear libertad sólo se crea de forma cooperativa, se crea generando comunidades, generando instituciones, generando encuentros. Debemos estar en condiciones de iniciar una conversación acerca de qué ha sido nuestra Historia, no tanto para autoafirmarnos en ella, sino para encontrar el sentido propio de nuestra libertad. Nosotros no podemos actuar como actuaron nuestros antepasados, debemos encontrar nuestro propio ser en el mundo. La Historia es un dispositivo para distanciarnos de los actores del pasado, para encontrar el sentido de nuestra libertad en el presente. Por una razón muy sencilla, porque los actores del pasado, por lo general, para nosotros, cuando los miramos bien, estaban equivocados. Este ha sido el defecto fundamental de la Ley de la Memoria Histórica del PSOE. 

-¿Todos estaban equivocados?

Sí, se ha hecho una Ley de Memoria Histórica no para distanciarse de aquellos actores, sino para reafirmarse como continuadores de ellos. Y esto es una mala política histórica. Todos estaban equivocados. Lo que tenemos que mostrar son los errores de los dos, para estar en condiciones de compensar a sus víctimas. Es evidente que las víctimas de los errores desde 1939 no han sido tratados de la misma manera que las previas al 39, pero esto no quiere decir que las víctimas de los errores de antes del 39 nuestra democracia deba olvidarlas, porque el franquismo las homenajeó… ¡el franquismo no podía homenajear nada! El franquismo todo lo que toque lo mancha, Franco no puede homenajear nada. Los dos bandos estaban equivocados, pero Franco fue un dictador que tuvo una actividad condenable. Por lo tanto, lo que debemos hacer es distinguir perfectamente entre los errores de la Guerra Civil, que deben ser acogidos con piedad común por los demócratas, y las acciones intolerables e injustas del franquismo. Estas víctimas no pueden ser computadas como fruto de los errores, sino fruto de una acción política consciente, que no tiene ninguna excusa enfrente, en los errores del otro, para autoreafirmarse. Aquí no vale ya lo de ‘tú te has equivocado, yo tengo derecho a equivocarme’, aquí de lo que se trata es de una desnuda, simple y brutal venganza. Esto no puede entrar en el mismo saco que el perdón recíproco que nos debemos dar por la contienda.

 


No te preguntes si lo que haces es pecado, pregúntate si al hacerlo estás amando.

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Se le nota a este hombre verdaderamente preocupado. Especialmente con el hecho de que la popularidad de la obra de esta mujer haya caído en gracia en ciertos sectores socialistas y de izquierda.

El resumen básico de su discurso es que A ESPAñA SE QUITE DE ENCIMA EL COMPLEJO ASOCIADO A LA LEYENDA NEGRA. O, dicho de otro modo, España debe avergonzarse y renunciar a su pasado--> precisamente la acusación que hace Doña Elvira Roca.

Vamos, que le da razón plena a la malagueña.

Volviendo al tema nuestro... OJALÁ QUE ESTA MUJER TERMINE POR INFLUIR A LA IZQUIERDA. Porque entonces volveríamos a una situación más sana, en la que la izquierda atea se reconcilie a su manera con la idea de España.

Sería un paso de gigante... ya nos encargaríamos de continuar el debate ideológico con los ateos en un contexto más propicio.

 

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Esta otra entrevista que pongo a continuación tiene también su miga. Sin perjuicio de su posible cercanía al PP valenciano, parece que este tipo también fue mentor de Íñigo Errejón, que además presentó su libro. Ya comenté que la editorial, Lengua de trapo, publica las revistas oficiales del sector errejonista.

En esta entrevista se percibe un un profundo resetimiento y un profundo anticlericalismo, que curiosamente va en la línea que promueven algunos sedicentes patriotas en el sentido de que "España debe liberarse de las cadenas de Roma". En el fondo no tiene nada de raro: la postura progre original era la de fomentar una Iglesia Nacional al margen de Roma. Si algún día queréis, podemos rescatar artículos de progres decimonónicos que son calcados de  las típicas reivindicaciones de una Iglesia Nacional que tanto se escuchan en el sector identitario.

Hay cosas que no me gustan de Elvira Roca, entre ellas la buena opinión que tiene de Rusia y de Estados Unidos. Ya lo dije en su momento. Pero me parece que Villacañas es un oportunista al acusarla de trabajar para Putin y para Trump. Porque el libro de Elvira Roca es anterior a la ola trumpista, que yo sepa. Y tampoco es tan antieuropea Elvira Roca. En su libro le mete caña a Europa, pero también reconoce que lo más sensato es trabajar dentro de ese marco. Lo que le valió la acusación de "europeista" en algunas reseñas que se hicieron del libro en el sector patriótico. ¿En qué quedamos, oiga?

Además, Elvira ha roca ha firmado un manifiesto en el que se declara contraria a la ola populista. Otra acusación que no se sostiene es la de "antisemita". No he visto ningún aspecto antisemita en el libro de Elvira Roca. Más bien todo lo contrario. Yo creo que este tío está en modo libelista y la vale cualquier argumento para derribar a Elvira Roca.

La entrevista, de la que subrayo algunas frases que me han llamado la atención:

Cita

José Luis Villacañas: “Imperiofobia, de Roca Barea, es dañino porque destruye la inteligencia”

José Luis Villacañas: “Imperiofobia, de Roca Barea, es dañino porque destruye la inteligencia”

La ya exeurodiputada María Teresa Giménez Barbat promovió, en marzo de este año, la candidatura de la profesora María Elvira Roca Barea al Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales. La propuesta fue respaldada por, entre otros, Felipe González, Juan Fernando López Aguilar, Esteban González Pons, Fernando Savater o Xavier Pericay. El motivo: la enorme e innegable repercusión del ensayo Imperiofobia y leyenda negra: Roma, Rusia, EEUU y el Imperio español (Siruela, 2016), del que se han vendido más de 100.000 ejemplares y que ha sido calificado como “necesario” (Juan Abreu, en El Mundo), “solvente” (Emilia Landaluce, también en El Mundo), “con arrojo necesario y valentía” (Manuel Lucena, ABC Cultural) y como “un tratado clave para conocer la historia de nuestro país sin complejos ni taras ideológicas” (La Razón, autor de la entrevista sin especificar en la web).

Sin embargo, para el catedrático de Filosofía de la Complutense José Luis Villacañas, Imperiofobia y leyenda negra es un libro “dañino”, “peligroso”, “descarado”, “antieuropeo”, “racista”, “antiintelectual”, “delirante” o “prepotente”, un “libelo populista intelectual reaccionario y malsano” que se encuentra “a mitad de camino entre Buster Keaton y Groucho Marx”. Estos calificativos los encontramos en Imperiofilia y el populismo nacional-católico (Lengua de Trapo, 2019), un ensayo ad hominem con el que el exdirector general del Libro, Archivos y Bibliotecas de la Generalidad Valenciana y mentor de Íñigo Errejón —de hecho, el líder autonómico de Más Madrid presentó el libro del filósofo en la capital— pretende desmontar el, en su opinión, “ejercicio de blanqueamiento y manipulación ideológica” de Roca Barea.

Imperiofilia y el populismo nacional-católico justifica esta conversación: 

—Señor Villacañas, ¿qué es o qué fue la leyenda negra?

—La leyenda negra fue parte de la guerra civil europea que determinados países, cuya causa creían justa, condujeron contra el imperio español de Carlos V, y luego, contra la Monarquía hispánica de Felipe II, Felipe III y Felipe IV. Como parte ideológica de la guerra, efectivamente, fue un arma que utilizaron los enemigos. Y la utilizaron, en cierto modo, intentando hacer el mayor daño posible al imaginario español. Por supuesto que la leyenda negra existió. Desconocía la realidad española, aunque no tenía por qué conocerla: lo que hacía era atacarla. Tuvo una peculiaridad: mientras que los países enemigos, no digo del pueblo español, sino de la Monarquía española y de las élites dirigentes, sabían lo que era la inteligencia, nuestras élites directoras estaban todavía dependiendo de unas élites muy primitivas que se expresaban en latín, que procedían de la Edad Media teológica, que no sabían lo que era la inteligencia moderna y que no supieron defender a la Monarquía hispánica, que les pagaba y, por supuesto, tampoco a los intereses globales de lo que pudiera tener allí el pueblo español, sencillamente, porque no estaban a la altura de esa inteligencia específicamente moderna. En este sentido, dejaron el campo libre a lo que podemos llamar los enemigos de la Monarquía. Pero yo creo que una vez que se logra la Paz de Westfalia en 1648 y una vez que España está derrotada, no tiene mucho sentido seguir manteniendo lo que podemos llamar los grandes puntos de la leyenda negra. Primero, porque, a partir de 1648, la Inquisición deja de tener una actividad importante, y segundo, porque América, ya para todo el mundo, es una de las fuentes de la ruina española. Y lo que es más importante: la leyenda negra deja de funcionar cuando el enemigo imperial, el enemigo hegemónico, es Francia, y hay que impedir que Francia se haga con el imperio español. Esto es lo que determina que, a partir de 1648, Inglaterra y Holanda apoyen a la Monarquía española. Es verdad que vuelve a tener un rebrote a partir de 1770, aproximadamente, cuando la Monarquía católica española logra que el Papa disuelva a los jesuitas. Los jesuitas, los que vienen de América, pero también los que están en España, pasan toda una serie de materiales a la Ilustración francesa, posiblemente a Diderot, de tal manera que se publica la gran obra del Abate Raynal, en la que denuncia todo el imperio español y toda la catástrofe poblacional y racial que hubo en América. Pero estoy firmemente convencido de que este rebrote, relacionado específicamente con la disolución de los jesuitas, desaparece en 1808: España pasa a ser el modelo de los liberales europeos, de los antiimperiales contra Francia, el modelo de los alemanes… España ofrece grandes palabras al progresismo europeo: “liberal”, “guerrilla”, “independencia”. A partir de ahí, incluso antes, hay una mirada sobre España que no diré que es hispanofílica, pero sí más hispanofílica que hispanofóbica: Lessing traduce a Huarte de San Juan; Schopenhauer, a Gracián; el romanticismo a CalderónEl romanticismo alemán es profundamente hispanófilo.

—¿Y por qué la leyenda negra, en mayor o menor medida, está presente en el debate político actual?

—Por la herida catalana. Cataluña ha basado su reivindicación de un estado propio justamente por el atraso del Estado español y la debilidad democrática del Estado español, por la falta de capacidad de reconocimiento de minorías del Estado español. Y esto se ha identificado a través del hilo de la leyenda negra. En cierto modo, la legitimidad del movimiento independentista catalán pasa por desprestigiar la democracia española. Yo creo que eso es un error del independentismo catalán. En realidad, personalmente, yo creo que es un error fragmentar el Estado y reivindicar la secesión, pero creo que la respuesta a eso es demostrar al mundo que tenemos una inteligencia capaz de responder a los independentistas catalanes de la manera adecuada. Y no responder a los independentistas catalanes de la manera en que les demos razones para que diga el mundo: “Caramba, sí que son salvajes las élites españolas, cuando afirman cosas como las que afirma ese libro” (Imperiofobia y leyenda negra, de Elvira Roca Barea).

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—Que sea un catedrático de Filosofía y no uno de Historia quien publique un libro como Imperiofilia y el populismo nacional-católico es síntoma de…

—De un déficit de organización del sistema científico español, de un sistema universitario que está muriendo por la hiperespecialización. Como el libro de Roca Barea no se mete con la especialidad de ningún historiador español, ninguno se da por aludido. Si yo soy especialista en la hacienda de Carlos V y tú no dices nada sobre la hacienda de Carlos V, ¿yo qué tengo que decir? Los historiadores que, en cierto modo, consideran que su oficio es ser muy buenos en un campito muy pequeñito de la Historia no son generalistas. No están en condiciones de hacer una visión general de la Historia de España. Esto es lo que determina que esa visión general de la Historia de España, que tenga una visión democratizadora, de fundamentación de una conciencia histórica a la altura de nuestra conciencia política y constitucional, tengan que hacerla otros que no son historiadores: novelistas como Pérez-Reverte, por ejemplo, o filósofos. ¿Por qué? Porque no somos generalistas. En realidad, el oficio del filósofo es identificar qué es lo importante: en el ámbito de la vida personal, de la vida social, de la estética, de la vida amorosa… Y, en ese sentido, el filósofo que habita en mí ha visto que criticar ese libro es importante. En cierto modo, fomentar el espíritu que fomenta ese libro es peligroso. Es un libro que no está a la altura de la Constitución, es profundamente anticonstitucional. 

—Usted afirma que Imperiofobia y leyenda negra, de Elvira Roca Barea, es “un producto de la factoría de Steve Bannon”, un libro “dañino y peligroso”. ¿Por qué?

Es dañino, fundamentalmente, porque destruye lo más importante que tiene el ser humano, que es la inteligencia. Es un libro dañino porque genera un tipo de subjetividad, y esto es muy decisivo para la factoría de Steve Bannon, que, si me permites, puedo llamar histérica. ¿En qué consiste la subjetividad histérica? En tener a flor de piel la autoafirmación. El “a por ellos”. Tener a flor de piel esta herida abierta y que exige una respuesta fulminante, violenta. Y este libro lo hace porque tiene una técnica muy precisa de construcción. No es un libro ingenuo. Y es peligroso porque su daño no es percibido. Es subliminal. Cada página del libro está construida para hacer saltar de ira al lector. “Sobre España se dijo que mató 20.000 judíos; ellos, 80.000”. “Se dijo que torturamos; ellos torturaban más”. Este hilo conductor no es narrativo. Podemos decir que es expresionista. Acuérdate del efecto shock del expresionismo. Interrumpe con violencia, cortando, cogiendo efecto. Acuérdate de El gabinete del doctor Caligari, de las películas expresionistas que van repitiendo el mensaje convenciéndote de que no hay otro horizonte, de que esto es apabullante, de que todo el mundo lo ha entendido. Esta gota que va calando poco a poco es, efectivamente, peligrosa, porque va haciendo un tipo de subjetividad en la que tú te ves autorizado a decir la primera barbaridad que te venga a la cabeza: sobre los grandes de España, sobre lo que ha padecido España, que la Inquisición es un mito, que la leyenda negra es la hoguera en la que han quemado a España. Esto tiene una finalidad. 

—¿La finalidad es la de disputar la “lucha por la hegemonía cultural española en los próximos años”?

—No: la finalidad es lo que se quiere conseguir con eso. Y la finalidad que se quiere conseguir con esa hegemonía cultural —que, en el fondo, consiste en reconocer que las únicas élites legítimas de este país son los obispos, las élites religiosas—, la finalidad de eso es generar una tropa de excepcionalidad. Una tropa de fanáticos por si la situación se pone fea en Cataluña, de la misma manera que el nacionalismo catalán ha generado una tropa de fanáticos. Si los CDR lanzan una huelga general en Cataluña, ¿qué se le opone? Si la Generalitat controla a los Mossos, ¿qué se le opone? Una tropa de excepcionalidad fanatizada alrededor de este libro. Por eso, en cierto modo, estoy convencido de que para las élites importantes del país y para mucha ciudadanía normalizada, tan pronto el problema catalán disminuya el libro dejará de ser tan relevante. O, dicho de otra manera, tan pronto el bipartidismo se recomponga, y el PP se coma a Vox…

—¿Y Errejón sea secretario general del PSOE?

—(Risas) Y el PSOE se coma a Podemos y entre todos se coman a Ciudadanos, entonces el libro dejará de ser relevante. Es un libro de creación de excepcionalidad en un momento en el que España podría haber entrado en una situación excepcional. Si a alguien se le ocurre generar un 155 permanente en Cataluña, ¿cómo se sale de la situación? No se va a salir votando. La salida tiene que ser de otra naturaleza. Una vez se suspenda la Generalitat catalana de forma permanente, ¿cuándo se va a volver a votar en Cataluña? Y si hay necesidad de una tropa de excepcionalidad, ¿cómo la van a construir? ¿Con libros universitarios? ¿Leyéndome a mí? No. Tienen que construirla con un libro que produzca cólera, ira, violencia verbal. Es un libro programático, no oportunista. Muchos periodistas me han preguntado: “Pero, ¿de verdad, de verdad lo ha escrito Roca Barea?”. Y yo no puedo contestar “sí / no / es probable”. Yo lo que digo es que la he retado, por mantener cierto honor, a que discuta conmigo sobre el libro en un escenario claramente neutral, con reglas claras, y ha dicho que no. Porque yo podría preguntarle: “Oiga, cuénteme lo que usted dice sobre los escritos de Las Casas sobre la Monarquía hispánica. Repítamelo. Recuérdelo usted”. A ver si se lo sabe. Esta es la clave. 

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¿Por qué usted habla de “Monarquía hispánica”, con mayúscula, y de “imperio español”, con minúscula?

Porque el imperio español no existe como institución. Hay una Monarquía. Es una forma cuasi imperial, pero no es el imperio. El imperio es una forma institucional. Tiene su constitución y se conoce desde 1400 aproximadamente, la Bula Dorada, Bulla Aurea, que establece la forma en la que se elige el emperador, quiénes lo eligen, quiénes deben pagar impuestos al emperador y quiénes no, cuáles son las ciudades imperiales, dónde está el tribunal imperial… es una constitución institucional. Tiene que coronarte o, al menos, reconocerte el Papa; tienes que haber sido antes rey de romanos; tienen que haberte coronado con las tres coronas, en Aquisgrán, en Milán y en Roma, y todas las potencias te reconocen emperador. El único emperador que ha tenido España es Carlos V, y no porque fuera español, sino porque era alemán. Y por la política de la Casa de Austria, también era rey de España. Pero sólo entre 1516 y 1555 el emperador alemán es, al mismo tiempo, rey de España. Luego, la forma que podemos llamar “política del poder público español” es la Monarquía. La monarquía no es un reino, es una cosa diferente. La Monarquía hispánica va con mayúscula, igual que Imperio alemán, porque son formas institucionales. ¿Cuál es la característica de la monarquía? La fundamental, desde Aristóteles, es que el monarca, frente al rey, tiene poder religioso. El monarca debe cuidar de los cuerpos y de las almas. Por eso, el monarca español funda la Inquisición, porque se cree que tiene derecho como monarca a abrirte el cuerpo en carne viva para que digas qué hay en tu alma. El rey no tiene ese derecho. El monarca se lo atribuye porque considera que es un representante directo de Dios. En ese sentido, el monarca español es una especie de semipapa, no de semiemperador, porque reúne, al mismo tiempo, poderes temporales, poderes civiles y poderes religiosos. Y esto es importante porque significa algo decisivo: el monarca viene a derogar las leyes de los reinos. Desde ese punto de vista, tiene capacidad derogatoria: cualquier ley de cualquier reino puede ser derogada no en tanto que responde al interés civil, sino que responde al interés religioso. Esto es: nadie puede negarse a que se genere la destrucción de las leyes en la medida en que lo que está en juego es tu vida eterna. Así, cuando Fernando el Católico, que es el primer monarca, funda la Inquisición, llega a las Cortes de Orihuela, del Reino de Valencia, y dice: “Las leyes valencianas pueden ser derogadas en la medida en que afecten a la Inquisición, porque el interés de la Inquisición es eterno, no temporal”. Y así en todos los reinos. Ahora bien, el imperio, contra lo que parece, no tiene capacidades derogatorias. El imperio es una potencia conservadora. El emperador tiene que conservar las leyes de la tradición. El monarca erosiona todas las tradiciones. Por eso la Monarquía hispana ha logrado algo muy especial: un poder central que está en condiciones de romper poco a poco las legalidades de todos los territorios —Cataluña, País Vasco, Galicia, Corona de Aragón, Corona de Valencia, Corona de Castilla—, generando violencia en los territorios y distancia entre la monarquía y el pueblo. Por eso, en muchas ocasiones, el pueblo español no ha seguido entusiasmado lo que sus reyes le han dicho. Los cronistas de Felipe II, por ejemplo, cuentan que se asomaba sobre el Alcázar que había sobre el Palacio Real para ver si el estruendo que había era el del pueblo que se había amotinado. Hay que recordar que tenía a su hijo preso en la cárcel, dejándolo morir. A su hijo, príncipe heredero. Y una de las razones por las que se va a El Escorial es porque allí no llegan los tumultos de la Plaza Mayor. Esto significa que la identificación de las clases populares con la política de la Monarquía hispánica ha sido muy reducida. Te pongo un ejemplo: se conoce muy bien cómo cuando el conde duque de Olivares dice “hacemos un ejército únicamente de toda España”, se dice que los catalanes se rebelan. Es cierto. Pero no se cuenta, o se cuenta muy poco, que cuando vienen los capitanes haciendo leva para enrolar a los jóvenes en el Ejército español, porque ya no hay dinero para pagar mercenarios, por donde pasan los capitanes, la gente huye a las montañas, desaparece de los pueblos. Porque la causa que se jugaba en Holanda a la inmensa mayoría del pueblo español le venía completamente lejana. Al pairo, ¿comprendes? Mientras hubo plata para comprar mercenarios, los holandeses dijeron: “Aquí mantenemos la guerra, porque todo el dinero de España se viene aquí”. La guerra era un negocio. Era la manera de residenciar la plata que entraba por Sevilla y se iba por Barcelona o por Bilbao a los Países Bajos que, efectivamente, tenían que cobrar las soldadas y las cargas allí. Esto se ve en una película que cita ella, La kermesse heroica, una película que Franco prohíbe, y en la que se ve cómo cuando llegan los tercios de Flandes los comerciantes se frotan las manos, porque dicen: “Joder, estos nos traen dinero”. Y todas las mujeres también: “Estos mamones de nuestros maridos se van a enterar”. La vida de la guerra ha producido siempre lo mejor, lo peor, lo circunstancial, un montón de cosas, pero la leyenda negra no fue más allá de ese momento álgido de las guerras con Flandes y, desde luego, ¿qué quieres que te diga? Si España hubiera hecho su propia historia, si hubiera pagado a sus propios intelectuales y no fueran un hatajo de frailes que no entendían de qué iba la cosa, posiblemente la Monarquía hispánica se hubiera defendido.

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—¿Por qué, según usted, para Roca Barea los intelectuales siempre son sospechosos de algo?

—Siempre. Claro, ¿así cómo va a tener una alternativa la leyenda negra? Los intelectuales siempre son traidores, están con las oligarquías, son sospechosos, no obedecen a los sacerdotes. Esta es la razón de que la Monarquía hispánica a partir de Carlos V se jubile, abdique, todo intelectual que está danzando por Europa sea obligado a volver a la península y desaparece como intelectual. El Círculo de Lovaina desaparece. El Círculo de Nápoles desaparece. El círculo de Hurtado de Mendoza desaparece. Porque, ¿desde cuándo los frailes pueden ser una élite capaz de generar una inteligencia nacional? Los frailes, por principio, no pueden ser una élite nacional. Los frailes servían a Roma, al Vaticano. ¿Cómo se puede construir una idea nacional con esta gente, que seguían sermoneando en latín cosas que el pueblo no entendía en absoluto, que prohibían leer libros, que se habían formado en la mentalidad del siglo XIII? Esto no puede ser. ¿Y cómo puede aspirar la Monarquía hispánica a ser defendida cuando su último cuerpo de intelectuales es ese, porque no pueden tolerar otra cosa que la docilidad y la obediencia? Esta es la cuestión. Y esta idea de “no hay que fiarse de los intelectuales porque no tenemos garantías de que, efectivamente, van a ser dóciles y obedientes” es lo que se revela en el libro. Un libro antiuniversitario, antieuropeo, antiintelectual… populista. Populista de derechas, obviamente.

—Escribe usted sobre la Inquisición: “El efecto fundamental de la Inquisición no fue sobre los muertos, sino sobre los que sobrevivieron”. Cuénteme más sobre esto.

—La clave del efecto Inquisición es muy sencilla. Sobre un tribunal represor no se puede fundar una comunidad nacional. ¿Por qué? Porque cuando se ha producido durante todo el siglo XV una fusión de razas… (Piensa) No hay que olvidarlo: el pogromo de 1391 mata al 25% de los judíos españoles más o menos, desde Cádiz a Gerona, y obliga a convertirse al 70%. De tal manera que quedan reducidos a una minúscula minoría en unas aljamas completamente deterioradas. Después de un siglo de mestizaje, quien no tenía sangre judía era el último de los campesinos del último pueblecito que nunca había tenido el suficiente dinero para pagar una dote para que su hija se casara con alguien mejor, cosa que los judíos casi siempre tenían. En estas condiciones, un tribunal que con una delación, con alguien que te denuncia en privado, en secreto, te puede llevar a la tortura para que confieses, lo que genera es una comunidad en la que todo el mundo desconfía de todo el mundo, nadie tiene un sentimiento de solidaridad, no te puedes fiar de tu padre, de tu vecino, porque puede ser un delator. ¿Cómo construyes una comunidad de solidaridad sobre eso? Construyes una comunidad negativa. Esto es: todo a lo que puedes aspirar es a pasar desapercibido, a que la Inquisición no se fije en ti. Sobre eso, ¿cómo se puede construir una élite? ¿Cómo estás en condiciones de decir: “Yo pienso esto”? ¿Cómo estás en condiciones de liderar algo? ¡No puedes hacerlo! Sólo eres visible, sólo se te reconoce cuando se te expulsa; mientras tanto, lo mejor es pasar desapercibido.

—¿España fue antisemita, no lo fue, no lo fue tanto…?

El antisemitismo de este libro es completo, pero nos quiere convencer de que ella es una defensora del sionismo israelita. El pueblo judío fue exterminado en España. Por cierto, pueblo judío que llevaba en España desde antes de Cristo. En la mitología del siglo XV, de un gran escritor converso, Alfonso de Cartagena, los judíos son los autóctonos del país. Y las élites son los godos. Esto es: los que han venido. Pero los de la tierra son judíos. Y lo que se ofrece es una mezcla de sangre. Es decir, la gente de España, que es verdaderamente judía, debe casarse con el godo, que es el trashumante, el nómada, y llegar a un acuerdo con ellos. Por lo tanto, no sólo se extermina al pueblo judío sefardita dentro de lo posible, sino que lo que se extermina es una parte constitutiva de España, del ser de España, porque España tenía una población autóctona que era judía y que llevaba aquí siglos. El ser mismo de España se destruye internamente, y esto es una herida muy difícil de recuperar. Así aprendemos a tratar al diferente, este hábito de que el diferente tiene que ser expulsado o exterminado. Y el diferente es el judío, luego el protestante, luego el liberal, y luego el rojo: también se le destruye, se le expulsa y se le dice que no es un verdadero español. Claro, con esta historia felizmente superada con la Constitución del 78… Yo no soy un revolucionario, soy una persona normal… y digo felizmente superada porque, con todos los defectos que tiene, reconoce la existencia de minorías. Pero con esa historia detrás, si ahora haces los argumentos de Roca Barea, no te puedes quejar de que te digan: “Chicos, ¿ya volvéis a no reconocer minorías? ¿Ya volvéis a que los homosexuales deben ser reeducados?”.

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—Mi sensación, a grandes rasgos, es la de que la izquierda sólo se ocupa, cuando no se obsesiona, de las miserias, de los rincones oscuros de la Historia de España, de los asesinos, los ladrones y los puteros, obviando lo bueno y lo noble, mientras que la derecha no hace otra cosa que fabricar héroes, santificar, revitalizar épicas, alimentar leyendas.

—No es así. Atención, atención: si tú lees las obras que yo he escrito antes de esto sobre España, yo destaco un montón de héroes españoles. Del siglo XV, te puedo decir una veintena de personas ejemplares, gente que tenía gala escribir obras como Claros varones de Castilla. Este libro es de Fernando del Pulgar, un judío que se queja de la Inquisición, un judío que dice: “Yo no sé lo que está haciendo el rey, pero le aviso: si se pone enfermo en Toledo, morirá, porque la Inquisición no ha dejado un médico, porque todos son judíos”. Este es un patriota y es un héroe. Pero no se le puede hacer comer ruedas de molino y escribe Claros varones de Castilla, donde pasa revista a una treintena o cuarentena de héroes de su época. Lo que tenemos que preguntarnos es por qué después de que la Inquisición se funde, ya no se escribe un libro como Generaciones y semblanzas o como Claros varones de Castilla. Ese es el problema: ya no se puede escribir un libro, porque cualquiera que destaque, cualquiera que tenga un criterio propio, una voluntad crítica, tiene enfrente a la Inquisición. Por tanto, ahí se generan diferencias. A pesar de eso, sigue habiendo héroes que han luchado siempre a la contra. Hurtado de Mendoza es un héroe. Y si nosotros vemos lo que Hurtado de Mendoza escribe, porque fue embajador en Venecia y en Roma, acerca de lo equivocada que es la política española, te das cuenta de que es un patriota. Pero no puede tolerar que se confunda la causa de España con la causa de Roma. En el fondo, Roma era el íntimo aliado de nuestro mayor enemigo, que era Francia. Roma ha jugado doble baraja permanentemente. Ha dicho en público “España es mi amiga, mi espada y mi defensora”, pero luego ha hecho misas por Gustavo Adolfo, rey de Suecia protestante. Los españoles no somos más tontos que los demás. Descubres que hay verdaderos héroes porque han luchado contra la corriente y han defendido su criterio en las condiciones más duras. Y a ellos tenemos que ir de verdad. 

—¿La izquierda española ha servido en bandeja de plata a la derecha la divulgación de la Historia de España?

—Sin duda. Sí. La izquierda española no ha tenido un concepto de España claro. No ha tenido sus héroes. No ha sido capaz de reconocer su propia tradición. Se ha centrado en lo más inmediato, que es lo que más nos divide: la Guerra Civil. Y hay que conquistar consensos y figuras muy anteriores. Y la izquierda no ha tenido a bien reivindicarlas, darlas a conocer, estudiarlas. Y esto porque en la academia universitaria española, formalmente de izquierdas, todos son progresistas, se han sentido cómodos con el progresismo del PSOE. Desde ese punto de vista, no han tenido que reivindicar nada. Se han sentido cómodos sirviendo a ese programa, sin impugnarlo, sin pretender ir más allá, sin reconocer que, cuando llega una época de crisis, es completamente necesario tener figuras razonables, progresistas, valientes, honorables que puedan servirnos de modelo. Si este país tuviera a bien decir: “A ver, un mito de la izquierda”. ¿Quién decimos? ¿Santiago Carrillo? ¿De verdad? ¿Convencemos a nuestros ciudadanos de que Carrillo es un mito? En el fondo, no sabemos de quién hablar. Y claro que hemos dado en bandeja a la derecha que esté en condiciones de tener ese programa hegemónico cultural.

https://www.zendalibros.com/jose-luis-villacanas-imperiofobia-de-roca-barea-es-danino-porque-destruye-la-inteligencia/

 

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Un detalle: Trump ganó las elecciones en noviembre de 2016. Elvira Roca publicó su libro en 2016, no sé exactamente en qué mes, pero cabe imaginar que su redacción le llevaría varios meses o hasta un año. Así que lo de Imperiofobia como prolongación de la ola trumpista no se sostiene por ningún lado. Por otra parte, Elvira Roca ha manifestado una opinión bastante negativa sobre Trump:

Cita

Es un hombre de poca preparación intelectual, con capacidad para hacer negocios, pero sin convertirse en político. Un político es otra cosa, él es un personaje diseñado para hacer show. Estoy segura de que ahora mismo hay millones de norteamericanos avergonzados con Trump, al igual que a todos nos avergüenza un poco que haga ciertas cosas como publicar esos tweets en contra de los periodistas americanos.

Elvira Roca: "Trump ha llegado al poder y ha empezado a desinflarse" - La Opinión de Murcia

Otro detalle: Villacañas acusa a Elvira Roca de trabajar para Rusia. Pero el propio Villacañas parece que también esté en nómina, según se desprende de esta entrevista:

Cita

Cualquiera que crea que puede impedir que Rusia tenga bases en el Mediterráneo, creo que está demandando un imposible histórico. Pienso que es preciso reconocer el estatuto de gran potencia de Rusia, no desafiarla, pero a consecuencia de eso hay que exigirle que tenga una posición constructiva en relación con el mundo, cosa que no está teniendo en estos momentos. Por otro lado, también cualquiera que crea que el chiismo iraní no va a asomarse al Mediterráneo está pidiendo otro imposible histórico, porque el chiismo ha sido siempre una religión mediterránea. El primer califato chiita se hizo en Marruecos.

[...]

Y creo que de todos los actores mundiales reales, los que son los pilares de la Tierra, son Rusia, China e India; los grandes pilares que no hay fuerza humana capaz de mover. Los demás, que son países con una civilización mucho más refinada, tienen los pies de barro.

https://www.laverdad.es/ababol/seguro-vida-aznarismo-20190706002837-ntvo.html

Ya comenté en su día que Elvira Roca más que una investigadora es un divulgadora. Su libro puede someterse a crítica y no vería mal que se hiciese una crítica razonada de algunos aspectos. Pero lo de Villacañas es otra cosa. Es una enmienda a la totalidad basada en insultos y descalificaciones de un intelectual de medio pelo que está resentido contra España y contra la Iglesia. Un intelectual que, en cambio, ejerce siempre que puede de abogado de Alemania, como en este artículo de 2017 que publicó en defensa de Lutero:

Cita

Cuarta regla: no acumular sobre Lutero todo lo que en Alemania pasó de malo tras él. Roca lo hace. ¿Es ecuánime, por ejemplo, atribuir a Lutero el programa de los nazis? Ni aunque lo diga Jaspers. ¿Condenar a un cismático del siglo XVI por lo que hizo un católico austríaco en el siglo XX? ¿Estigmatizar a un pueblo, el alemán, por lo que era un destino ya culminado desde su cisma de la Iglesia Católica? ¿Es este el espíritu europeo que necesitamos? El artículo es así cercano a la insidia. Lutero se celebra cuando el nacionalismo alemán se enciende, dice. Se celebra el 500 aniversario. Luego el fuego del nacionalismo alemán está a las puertas. Como un Tsipras, Roca agita el resentimiento del sur: estos hijos de Lutero, los cismáticos que nos han impuesto el euro, mencionan el sur con arrogancia moral, con superioridad, con desprecio. Y por eso el Reino Unido promueve el brexit y Francia se lo piensa. ¿Es esto veraz? ¿Y todo por Lutero? He participado en un programa oficial del Goethe Institut sobre los 500 años del reformador. El sentido de la encuesta era el siguiente: ¿Qué podemos reformar en Europa o en cualquier realidad cercana? ¿Qué sensibilidad para las reformas se podría promover en tu entorno? ¿Es esto nacionalismo alemán?

https://www.levante-emv.com/opinion/2017/07/25/500-anos-lutero/1597360.html

El despropósito llega al punto de que Villacañas, en su libelo Imperofilia, defiende la actuación de los protestantes alemanes con las brujas por considerarla exquisitamente racional frente a la irracional Inquisición española, a la que acusa de connivencia con las brujas:

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¿Puede tomarse en serio a un tipo que sostiene semejantes disparates?

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      Cabe preguntarles por qué acudieron a una convocatoria fantasma que no tenía permiso. ¿Os dais cuenta de lo fácil que es crear incidentes con un par de mensajes en las redes sociales?

      Un periodista denuncia que se ha puesto en marcha una campaña titulada "Tsunami Español" que pretende implicar a militares españoles y que tiene toda la pinta de ser un bulo de los separatistas o de alguna entidad interesada en fomentar la discordia:

      El militar rojo que tiene columna en RT es uno de los que difunde la intoxicación:

      Si pincháis en el trending topic veréis que mucha gente de derechas ha caído en el engaño.

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