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Hispanorromano

Contra el germanófilo Ortega y Gasset

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Siguiendo la idea formulada por Gerión de que es necesario abordar el "problema alemán", publico un texto, inédito en internet, de Ernesto Giménez Caballero, en el que aborda el problema de la germanofilia en España y de su máximo represente en aquel entonces, Ortega y Gasset. Y posiblemente publique más textos en esta línea, con varios objetivos:

1) dar a conocer el problema germanófilo que siempre ha existido en España;

2) mostrar que esta germanofilia, como orientación cultural, era propia del sector progresista y que, por el contrario, era condenada por las derechas y especialmente por la Falange;

3) mostrar que Ortega y Gasset fue un intelectual muy cuestionable y que uno de los ámbitos donde más se le cuestionaba era precisamente el falangismo, pese a la leyenda en sentido contrario.

A pesar de esta crítica de Giménez Caballero al germanismo, veréis que al final rescata algunos aspectos en clave monárquica, un poco en el sentido que apuntaba Vanu Gómez.

Suprimo las notas a pie de página y respeto las cursivas originales. Me gustaría destacar algunas cosas en negrita, pero al final he optado por no hacerlo y así no orientar el pensamiento del lector. Ya comentaréis qué os parece.

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2) El tema de lo «franco»

Sabido es que el «quid» original de la España invertebrada reside en ese hallazgo orteguiano que pudiéramos llamar de «lo franco». Es decir, en ese remedio que distingue a la terapéutica orteguiana de toda la farmacología anterior.

Para Ortega la raíz de la enfermedad de España no está en lo económico, lo libertario, lo indigenista y lo cultural, sino en algo de puro laboratorio eugenésico, en una espe­cie de clínica vacunatoria de Europa, en el vitalismo de lo franco.

Para la formación de las cuatro naciones europeas (Francia, Inglaterra, Italia y España) entraron, según Or­tega, tres ingredientes: la raza autóctona, el sedimento romano y la inmigración germánica (p. 146).

Para Ortega, la desgracia española consistió en que de esos tres ingredientes, el decisivo (p. 147), fuera el últi­mo, la vitalidad germánica. Porque la vacuna visigoda, re­cibida en el brazo de España, no era lo suficientemente eruptiva, venía ya en malas condiciones, debilitada por su contacto romano (p. 148).

En cambio Francia tuvo la suerte de recibir una vacu­nación perfecta y saludable.

«El franco irrumpe intacto en la gentil tierra de Galia ver­tiendo sobre ella el torrente indómito de su vitalidad» (p. 149).

«Vitalidad es el poder que la célula sana tiene de engen­drar otra célula» (p. 150).

Sentadas tales bases eugénicas e histológicas, lo conse­cuente hubiera sido que Ortega demostrase cómo el desa­rrollo ulterior de España fue una especie de viruelas locas, mientras los desenvolvimientos de los otros tres pacientes fueron una inmunización contra toda virulencia letal.

Y es lo curioso que lo intenta demostrar con España. Demostrar que en España la debilidad del feudalismo (p. 158) (gran síntoma de haber prendido la vacuna vital germánica) fue la causa de que el imperio español durase sólo desde 1480 a 1600 (p. 163). Y que España no se verte­brase definitivamente.

Pero lo sorprendente es que Ortega no demuestre cómo Francia —con su magnífico virus— no logra un imperio... hasta Napoleón. E Inglaterra hasta la reina Victoria. E Ita­lia... hasta que Mussolini se salga con la suya, si se sale algún día.

Y mucho más sorprendente que la ternera de ese virus maravilloso, la misma Alemania, no alcance unidad nacio­nal hasta anteayer. Y que cuando quiso ensayar durante la Edad Media un Imperio, fracasase. Y cuando lo quiere reiterar en 1914... termine en el Tratado de Versalles. Desde ese punto de vista causaría asombro Portugal, lleno de sangre negra, y con el tercer imperio del mundo.

Y no menor asombro: el que pueblos tan rubios, puros e indómitos como los escandinavos, crisol de vikingos, de reyes bárbaros, de dinastías egregias... hayan terminado en unas modestas naciones de socialistas, demócratas y pacifiqueros.

Indudablemente, España está a punto de deshacerse. Eso es cierto. Pero ¡cuatro siglos de perduración imperial! son muchos siglos para que pueda sentirse envidiosa de no haber sido lo bastante «franca» en aceptar el ingre­diente mágico. La vertebración indómita.

Lo que sucedió es que ese mágico ingrediente del «vita­lismo franco», que constituye el único quid original de la España invertebrada de Ortega, no era un descubrimiento original más que... «en el Mediterráneo».

No fue descubrimiento eso del «vitalismo rubio» más que en esta España mediterránea, latina, decadente, donde Ortega —dócil a sus padres del 98— recoge fielmente sus imperativos de «europeizarnos» de «germanizamos», de aceptar la tesis pangermanista de lo ario, de lo rubio, de lo vital que la gran propaganda alemana de la anteguerra —y las complacencias larvadas del anticatolicismo y de la masonería— habían hecho llegar hasta las páginas de la aldea de un Baroja, hasta los puritanismos de un Unamu­no, hasta la delicuescencia exquisita de un Azorín por la dulce Francia. Es ese momento ya histórico del pangerma­nismo en España: cuando Hinojosa busca lo germánico en nuestro Derecho. Menéndez Pidal en nuestra Épica. Mel­quiades Álvarez en el «reformismo» de origen protestante. Baroja en el color del pelo. Y los médicos acuden a Alemania por el fermento milagroso. Y los militares. Y los ingenieros. Y los pedagogos para poner muchos cristales en las escuelas. ¡Luz! Mehr Licht! ¡Ah!, «lo franco», nuevo Lourdes del aldeanismo hispano, así fuese entonces «inte­lectual» tal aldeanismo. Se generaliza la cerveza como bebida de «minorías selectas». En las cervecerías alema­nas de Madrid se espuma El Sol (1917), cuyos titulares góticos encerraron todo el secreto de esa generación que creyó en el «virus germánico» corno salvador de todas las gripes nacionales.

¿Qué de extrañar si Ortega —el coetáneo terapeuta de la gripe nacional— formulase su remedio de «lo germáni­co, de lo franco», como el decisivo de lo español?

Ortega, ya en 1914 (año justo de empezar la guerra), y en sus Meditaciones del Quijote, no se resignaba a ser moreno y latino. Más bronceado que Pío Baroja, hace constar sin embargo su disgusto por ello. «Yo no soy sólo mediterráneo.» «Quién ha puesto en mi pecho estas remi­niscencias sonoras, donde —como en un caracol— pervi­ven las voces íntimas que da el viento en los senos de las selvas germánicas?» «el blondo germano, meditativo, y sen­timental, que alienta en la zona crepuscular de mi alma» (pp. 120, 1, 2).

También en ese mismo ensayo hace la distinción de las dos culturas europeas: la latina es la confusa. La germá­nica, la clara. Es Germania quien hereda a Grecia. Ello sería posible. Pero a España lo que le interesó en su histo­ria no fue Grecia, ¡sino Roma! Y ya lo demuestra el mismo Ortega, como ahora veremos. No el pueblo con exceso de minorías selectas, como el griego, sino el pueblo de Roma, que —como el de Castilla— supo trabar en la historia un formidable imperio. A pesar de que Roma no se vacunó con lo franco. Y de que Castilla no dio excesiva impor­tancia a tan mágica varita de virtudes orteguiana.

La tesis «rubia» de Ortega no es sólo un error tera­péutico respecto a la genialidad de España: es algo más grave: una herejía. La máxima de las herejías que puede escuchar España, genio antirracista, por excelencia: pue­blo que dio a los problemas de raza una solución de fe, pero nunca de sangre. España no asimiló al judío, al protestante o al morisco porque fueran morenos o blondos, sino porque aceptaron o no su credo.

La tesis de Ortega es el viejo mito germánico que tuvo validez allá en el tras Rin, desde el dios Wotan hasta el Los-von-Rom. Y que hoy reverdece, con el hitlerianismo, esa nueva mítica de la sangre, del orgullo de raza que ya analizaremos en la tercera parte de este libro. Si España un día llegó a instituir la Fiesta de la Raza, fue precisa­mente en el sentido contrario al germánico: o sea, en aquel de negar la raza pura de España, admitiendo como base de nuestro genio la fusión de razas, el sentimiento cristiano y piadoso de la comunión del pan y del vino, del cuerpo y de la sangre, bajo el símbolo de una unidad supe­rior, de una divinidad más sublime, menos somática que esa corporal y sangrienta.

Muchas veces he estado tentado de realizar el guión de un film burlesco, el pergeño de un sainete, llevando al absurdo y a la comicidad la angustia de estos descarria­dos españoles que sufren del corazón por no haber nacido áureos como valquirias.

 

* * *

 

Ahora bien: no está en mi ánimo llevar la censura del «germanismo en España» hasta el absoluto. ¡Lejos de mí la burla por lo germánico en España! Pues ya se verá más adelante que entre los «fundamentos geniales de España» está el sustrato germánico.

De lo que me sonrío es de la manera falsa y herética de interpretar ese fermento rubio Ortega y su época. Ortega no se atreve a reconocer la forma en que ese fermento nos fue útil y mágico a España: la forma de las dinastías y de la mística occidental. Mística de sangre y mística de libertad. Pero de ello hablaremos a su debido tiempo.

[Ernesto Giménez Caballero, Genio de España, Editorial Planeta, 1983, pp. 60-64]

[…]

España sólo podía admitir —y admitió y volverá a ad­mitirlo— el germanismo, el fermento rubio, para ponerlo al servicio de una religión sin razas, basada en un credo y no en una casta.

Utilizando al Ario, en su capacidad mágica de jerar­quías, de organización y de invenciones mecánicas en la vida.

Y para utilizar así el fermento ario, rubio, ¡no necesitó fundirse con francos puros, con ostrogodos raceadores, en amplias ganaderías humanas! Le bastó —oh señor maes­tro Ortega y Gasset!— utilizar el ario feudal y egregio en esa mágica institución que se llama la dinastía. Y más tarde, en épocas de cruzamiento culturales: a través de la mística flamenca del norte.

Yo censuro la adoptación integral y palurda de los sistemas ideológicos de Alemania para España. Eso es lo que hizo Sanz del Río y luego Ortega y Gasset.

[Ernesto Giménez Caballero, Genio de España, Editorial Planeta, 1983, p. 191]


Esta publicación ha sido promocionada como contenido independiente

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Ortega fue presa de su tiempo, un barquito intelectual de poca monta en un océano de imperios de rubios. El Reich, Estados Unidos, la URSS... Se dejó llevar y quiso ver en lo rubio al imperio. Un siglo después tenemos imperios de morenos, o morenos queriendo hacer imperio con el ascenso del Tercer Mundo. ¿Qué diría ahora? Seguramente se apuntara a la moda "progre" racial temporal de turno. Un papanatas.

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Se me ha olvidado que comentar que, aunque la edición de Genio de España que manejo es de 1983, este libro se publicó en 1932 y se recomendaba en la prensa falangista. De todas formas, hay infinidad de textos en esta misma línea y procuraré ir aportándolos a medida que los encuentre.

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El difunto García-Trevijano solía zurrarlo de lo lindo, entre muchas otras cosas lo hacía responsable del estado de las autonomías:

 

No sé hasta qué punto exagera pero sí que hay una cosa clara, el prestigio y ascendiente de Ortega entre los huérfanos "pensadores" políticos españoles.

Es paradójico también ese ascendiente entre (supuestamente) patriotas españoles, que creen encontrar en la germanofilia una especie de "depurado" de España. Algo desgraciadamente muy, pero que muy actual. 

 

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Rescato otra interesante crítica al germanófilo Ortega, esta vez de José Pemartín, intelectual poco conocido pero que tuvo gran importancia como ideólogo de la Unión Patriótica del General Primo de Rivera y más tarde en el franquismo de los inicios. Se sitúa en las coordenadas de un tradicionalismo al margen de las organizaciones carlistas. El pasaje que cito procede de un artículo de la revista Acción Española, de la que era asiduo colaborador. Se podría titular perfectamente Maeztu frente al germanófilo y anticatólico Ortega. Espero que os guste, pero también podéis comentar si no estáis de acuerdo en algún punto.

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De entre las ruinas de este grupo del 98 sólo dos valores intelectuales destacan, señeros, en este año de 1934: José Ortega y Gasset y Ramiro de Maeztu.

Ambos proceden de un mismo origen; el más bello libro de Ortega y Gasset, Meditaciones del Quijote, lleva la siguiente dedicatoria: «A Ramiro de Maeztu con un gesto fraternal». Después sus rutas se han separado...

Son los dos escritores de la España de hoy que han tenido mayor influencia sobre mi espíritu. El hecho es sin interés; lo anoto porque lo creo común a muchos de mi generación.

José Ortega y Gasset, siguiendo el camino tradicional en los heterodoxos españoles, fue a buscar más allá de las fronteras el ideal que no supo encontrar en España. Ramiro de Maeztu también. Pero fueron en distintas épocas y por distintos mundos. Y esto puede explicar la divergencia total del resultado.

Maeztu, en su temprana juventud, viajó por América. Estuvo en Cuba en los últimos momentos dolorosos de la separación. Y a través de la tremenda declinación del prestigio español en  América pudo vislumbrar en su alma dolorida por la dura circunstancia la obra civilizadora, humana, cristiana de la España del XVI.

Después Maeztu volvió a salir de España poco antes de la guerra, y durante la guerra, en aquellos años azarosos en que el bisturí sangriento de la lucha terrible ponía al descubierto la médula podrida de la llamada civilización europea: la consecuencia de ese europeismo en el que se han inspirado todos, todos los movimientos antinacionales: el de los enciclopedistas, el de los afrancesados, el de los kraussistas. Y por último el de los germanizantes de la generación del 98, de los discípulos de Cohen, de Natorp, de la escuela de Marburgo, sobre cuyo frente se destaca Ortega y Gasset.

Maeztu salió a Europa a buscar respuesta a esta pregunta: «¿En qué consiste la superioridad de los anglo-sajones?». Y se encontró con que esa superioridad, esa civilización superior no es sino aparente, y debida principalmente a ciertas circunstancias y coincidencias pasajeras, de tipo económico: vapor y minas de carbón, industrialismo liberal y dominios de ultramar explotables, etcétera. Civilización que se derrumba estrepitosamente —ejemplos actualísimos y decisivos: Norteamérica, Irlanda, la India— cuando las circunstancias materiales varían. Maeztu encontró también que la civilización católico-hispánica ha creado un admirable tipo social: la familia cristiana en la «Romanía» europea, Portugal, España, Francia, Italia, Rumania, parte de Bélgica y Suiza. Y en las irradiaciones de esta extensa zona sobre Alemania, Austria, Inglaterra y los países del Norte. Y en toda Sud-América. Con ello la civilización romano-cristiana ha construido, en el fondo sustancial humano del mundo, un edificio moral de altísimo valor espiritual y vital, infinitamente superior al de esa pretendida civilización anglo-sajona, fundada en la desviación de soberbia y de rebeldía de Lutero y del puritanismo...

La doctrina esencial de Maeztu es el dogma cristiano de la salvación por el apostolado; la creencia en la misión histórica, providencial, de España, de llevar la Gracia de Cristo y de la Redención por todo el orbe.

La doctrina esencial de Ortega y Gasset (1) es precisamente la supresión del Catolicismo como parte fundamental de la Historia de España. Esto, que parece un monstruoso absurdo, una pura exageración por mi parte, es la verdad exacta. No podemos detenernos en esta rápida crónica todo lo que esta inconcebible actitud cultural merece. Pero a continuación se verá un extracto de la concepción histórica de la cultura europea, y por ende española, resumido en media docena de párrafos tomados todos ellos de Ortega y Gasset:

«Grecia ha inventado los temas substanciales de la cultura europea...»

«Hay, no una cultura latina, sino una cultura mediterránea...»

«Roma no es más que un pueblo mediterráneo...»

«Aparecen semejanzas entre las instituciones de los pueblos norte-africanos y los sur-europeos...»

«La cultura de Roma es, en los órdenes superiores, totalmente refleja...»

«Una vez rota la cadena de tópicos que mantenía a Roma anclada en el Pireo, las olas del mar Jónico, de inquietud tan afamada, la han ido removiendo hasta soltarla en el Mediterráneo, como quien arroja de casa a un intruso.»

«Europa comienza cuando los germanos entran plenamente en el organismo unitario del mundo histórico...»

«Germanizadas Italia, Francia y España, la cultura mediterránea deja de ser una realidad pura y queda reducida a un más o menos de germanismo...»

«Los pensamientos nacidos en Grecia toman la vuelta de Germania. Después de un largo sueño, las ideas platónicas despiertan bajo los cráneos de Galileo, Descartes, Leibnitz y Kant, germanos. El dios de Esquilo, más ético que metafísico, repercute toscamente, fuertemente, en Lutero; la pura democracia ática de Rousseau y las musas del Partenón, intactas durante siglos, se entregan un buen día a Donatello y Miguel Ángel, mozos florentinos de germánica prosapia.»

La tesis de Ortega y Gasset es, pues, muy sencilla. Suprimir en absoluto la influencia de la Roma cristiana en la civilización europea. Roma, el cristianismo romano del año 100 al año 800 no ha existido, según esta concepción de la cultura europea. Se borran de la historia los ocho primeros siglos de nuestra era, y ya está.

Los fundamentos históricos de la cultura europea son, pues, para Ortega y Gasset: 1.º La filosofía griega. 2.º Las invasiones germánicas, «que modelan a Europa medieval según el derecho germánico». 3.º El platonismo del Renacimiento y el racionalismo subsiguiente, a los que Ortega, con un desparpajo que asombra, pretende dar una tonalidad exclusivamente germánica. La cultura romano-cristiana, la cultura post-imperial y cristiana, la que dio a Francia, a España, a Italia, a Portugal, a la «Romanía» sus idiomas, su religión; el Derecho romano, las ciudades latinas de Occidente, el Imperio Cristiano de Oriente, los Concilios, la Patrística, toda aquella lenta pero radical transformación del germanismo bárbaro entre el siglo VI y el X bajo la influencia civilizadora del Cristianismo romano; toda esta formación cultural de la que la filología románica nos va marcando la labor civilizadora admirable; todo lo que han escrito Fustel de Coulanges y Gastón Boissier, Schultze y Ferdinand Lot... Todo esto Ortega lo borra de un trazo de su pluma dogmática. Constantino, Teodosio, Tertuliano, San Jerónimo, San Agustín, San Isidoro y San Hermenegildo, San Remigio y Clodoveo, Gregorio VII y Enrique IV, la filosofía aristotélica medieval, San Alberto Magno, Santo Tomás de Aquino, Dante... Y después la Contrarreforma, el Concilio de Trento, San Ignacio de Loyola, el divino Impaciente, la Evangelización de los indios, la civilización de América... Todo esto no existe... Tan sólo cuentan, en la civilización europea, según Ortega, Grecia con su pensamiento en el siglo V antes de Jesucristo, y después Germania y sus filósofos, a partir del siglo XV, después de Jesucristo. Todo lo demás es «cultura mediterránea», pseudo africana...

Esta es, en suma, la absurda, la radicalmente antiespañola concepción del mundo occidental por José Ortega y Gasset (2).

Semejante concepción de la Historia es sencillamente una negación de España. Porque borrar al Catolicismo y a Roma de la cultura europea es borrar de ella a España. Ortega y Gasset suscribe, pues, íntegra la necia frase del pretencioso doctrinario hugonote Guizot: «España no influyó en la civilización del mundo».

Por eso, a pesar de su talento innegable, a pesar de la elegancia de su estilo, bien puede decirse que D. José Ortega y Gasset ha clavado su bandera en el castillo de popa del buque Fracaso. Y con él se hunde en el descrédito como político y como pensador español. Como filósofo, no es este el lugar ni el tiempo para el comentario. Señalemos tan sólo que puede decirse de él lo que él dice de Roma: que es un reflejo...

Ramiro de Maeztu tomó decididamente una posición antigermánica —en el sentido filosófico, se entiende— cuando en su célebre libro La Crisis del Humanismo, publicado en el año 1919, hizo notar que la terrible guerra europea había sido una consecuencia directa de la concepción hegeliana del Estado, en contraposición con la concepción cristiana. Y cuando, contra el antiguo humanismo, contra el racionalismo kantiano, descendiente de la Reforma, afirmó la trilogía de los Valores morales: el Poder, el Saber y el Amor. Más tarde, su pensamiento se afirma más y más en sentido positivo, en el sentido español y católico, hasta llegar a esos admirables estudios sobre el Ser de la Hispanidad, con los que tanto ha honrado e ilustrado a nuestra Revista.

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(1) Me refiero a su concepción histórica; su concepción filosófica, de contornos tan esfumados, resulta, por lo menos para mí, indescriptible.

(2) No se crea que esta concepción de Ortega y Gasset —cuyos párrafos citados los tomo todos del Apartado VI, Cultura mediterránea (páginas 76 a 83), de Meditaciones del Quijote (tercera edición)—, es una ligereza pasajera de esas que algunas veces se escapan a nuestro meditador nacional; no. En otros muchos párrafos de su variada obra, su germanismo radical vuelve testarudamente a querer eliminar de la cultura europea toda influencia cristiano-romana.

 

Vida cultural – Filosofía – Maeztu en la Academia Española, José Pemartín, Acción española, Madrid, 16-2-1934, n.º 47, pp. 1138-1142.

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En el foro Hispanismo publican un artículo muy interesante. Procede de una publicación carlista e integrista que tuvo cierta relevancia en las postrimerías del franquismo y en los primeros años de la Transición. El artículo es una respuesta a la conmemoración de Ortega y Gasset que organizó la recién legalizada FE-JONS en 1980. Estamos hablando de una de las neofalanges que, a la muerte Franco, rehicieron y manipularon el legado de José Antonio hasta hacerlo irreconocible.

La crítica del artículo está bien orientada y está formulada desde la mejor fe. Hay un párrafo en el que humildemente creo que se equivoca: aquel en el que le atribuye a José Antonio cierta influencia inicial por parte de Ortega y Gasset. Pero entiendo que no hay maldad en esta opinión (posiblemente parte del equívoco que han fomentado las neofalanges) y el resto del artículo me parece de gran mérito. Pues, además de formular una crítica muy necesaria a Ortega y Gasset, defiende la honra y la integridad de la Falange como deberían haber hecho los falangistas.

Cita

Fuente: ¿Qué Pasa?, Números 694-695, 1-31 Diciembre de 1980, páginas 14 – 15.

ORTEGA Y GASSET Y JOSÉ ANTONIO

Por Julián Gil de Sagredo

Para trazar un paralelo entre estas dos figuras representativas, tomo como puntos de referencia dos aspectos cualificativos: el religioso y el patriótico.

ASPECTO RELIGIOSO

«Yo, Señores –dice Ortega y Gasset– no soy católico, y desde mi mocedad he procurado que hasta los humildes detalles de mi vida privada queden formalizados acatólicamente» (Lira. O. C., pág. 212).

A confesión de parte, sobran pruebas. En confirmación, sin embargo, de su ateísmo, reproduzco algunos de sus textos:

«El ser más auténtico de Dios es la arbitrariedad» (La idea de Principio en Leibniz).

«Hay en mí una antipatía y una suspicacia radicales hacia el misticismo». Califica de mixtificador a San Juan de la Cruz (Arte de este mundo y del otro).

«Lo que nos dicen los místicos es de una trivialidad y monotonía insuperables» (Defensa del teólogo frente el místico).

«Los dogmas y los mandamientos son absurdos, pero son un hecho bruto con el que tenemos que contar» (En torno a Galileo).

«El mundo en que vivimos no se compone de cosas, ni materiales, ni espirituales, por la sencilla razón de que no hay materia ni hay espíritu» (Pasado y porvenir del hombre actual).

«Dios es un ingrediente del cosmos» (En torno a Galileo).


Ortega y Gasset niega a Dios como causa final del hombre en «Ideas y creencias».

El sentido fundamental de su doctrina, es radicalmente incompatible con la Fe católica. Niega el concepto de un Dios Personal, niega la creación, niega nuestra dependencia respecto a Dios, niega Su soberanía sobre la sociedad. (En torno a Galileo).

Ortega, frente a lo sobrenatural, se altera, pierde la calma, y trata de desprestigiar al Catolicismo, de demostrar que constituye un obstáculo para el progreso científico.

Hacia los valores del Catolicismo –que son innegables–, adopta un tono de despreocupación elegante, mezclada de velado menosprecio. En todas sus obras procura sembrar el descrédito sobre aquellos valores que, de un modo o de otro, sobrepasan los límites del mundo natural. En su desdén hacia lo sobrenatural, es donde aparece su incompatibilidad fundamental con las verdades del Catolicismo, pues, para él, el fin de esta vida reside en ella.

Ortega y Gasset, defensor de la escuela laica, de Pablo Iglesias y de Giner de los Ríos, amigo de todos los enemigos de la Iglesia Católica, se dedicó a vaciar mentalmente, a la juventud universitaria, de fe religiosa y de sentido patrio. Es la figura cumbre de la Institución Libre de Enseñanza, que le aupó como ídolo de las juventudes universitarias y le envolvió con la aureola de la leyenda. Ortega y Gasset murió como había vivido, sin Fe y sin sacramentos. ¡Dios le haya perdonado!

JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA es el reverso de la medalla. Profesa la Fe católica, practica la Religión católica, y muere por la Fe católica y por España, acribillado a balazos entre un falangista y un requeté, después de haberse confesado.

Ortega y Gasset y José Antonio son la antítesis en el aspecto religioso. Veamos ahora el

ASPECTO PATRIÓTICO

En el desdén que siente Ortega y Gasset contra la España católica y mística, reside su visión de España.

El caso más claro de infidelidad a los principios hermenéuticos que él mismo formuló, es su actitud sistemática y permanente ante la realidad española, tanto pasada como presente. Sus juicios sobre España son siempre despectivos, especialmente cuando recaen sobre su época más esplendorosa de los siglos XVI y XVII. Desprecia a una de nuestras glorias más preclaras: Santa Teresa y sus Moradas. La Mística especulativa doctrinal, que España presenta como una de las dimensiones fundamentales de su cultura, es combatida por Ortega. Desconoce y ataca la Teología profunda y opulenta de la España del siglo XVI, a pesar de superar en amplitud y profundidad a la cultura teológica de todas las naciones. Desconoce y menosprecia la conquista, colonización y civilización de América, el hecho más grandioso de la Historia Universal.

Han podido más en Ortega, sus prejuicios antirreligiosos, que su cultura histórica. Para él, España ha vivido en una permanente decadencia, no tiene categoría de nación (personas, obras y cosas), y, acentuando su desvío, añade:

«España no posee una enfermedad, sino que es una enfermedad» (España invertebrada).

«Los disparates de Ortega, la explicación que da a la Historia de España –dice Claudio Sánchez Albornoz (Lira. C. c. t. 11, pág. 341)– no pueden comprenderse sino como fruto amargo de una crisis psicológica, que algún día habrá de ser investigada».

José Antonio es considerado, con cierta razón, como el símbolo de amor a la Patria. Deslumbrado por el barroquismo literario de Ortega, fue en su primera juventud víctima de algunos de sus errores: entre otros, su postura frente a las relaciones entre la Moral y el Derecho, que equivocadamente desvincula y encierra en órbitas diversas (Discurso a los universitarios); así como la afirmación que atribuye al Estado (como misión propia y específica): la de educar a la infancia y juventud española.

Pero José Antonio era, ante todo, católico, español y poeta, y por esos tres conceptos reaccionó esencialmente de la visión de Ortega, se apartó de su magisterio, y encaminó su rumbo hacia la Tradición española, cuyos valores adivinó y asimiló de modo sustancial, aunque careció de tiempo para penetrarlos en su integridad y reproducir con ellos la única estructura político-social que, por ser connatural a la esencia misma de España, tiene la garantía de su autenticidad y de su permanencia.

Ortega y Gasset y José Antonio, son igualmente la antítesis en el aspecto patriótico.

En este artículo sólo he tratado de poner de relieve la contradicción religiosa y patriótica que existe entre dos figuras: la de José Antonio, realzada por su sentido católico y patriótico; y la de Ortega, caracterizada por su espíritu acatólico y extranjerizante.

Por ello, no comprendo que la Falange tribute un homenaje al maestro que, desde su cátedra universitaria, influyó mentalmente en nuestra juventud para vaciarla de espíritu religioso y de sentido patriótico. Y mucho menos comprendo todavía, que pueda hallarse en él la raíz intelectual de la Falange, que es católica y española.

http://hispanismo.org/politica-y-sociedad/25773-distintas-opiniones-en-torno-la-influencia-de-ortega-y-unamuno-en-falange.html

 

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Como estudioso del tema que eres, no estaría de más que algún día nos regalases un resumen más o menos amplio que recogiese la estructura esencial del falangismo original de Primo de Rivera, libre de los condicionantes y modas de aquella época, y de los cambios posteriores que ha sufrido dicha ideología a consecuencia de su historia.

Y lo mismo podría decirse del Carlismo, a quien tenga buen conocimiento de ello. A los que somos legos en esas materias a veces nos cuesta diferenciar el origen, sentido, contexto o incluso veracidad de muchos textos, materiales y opiniones que circulan en torno a estas dos formas de pensamiento, que creo han sido muy importantes en nuestra historia y aún hoy podrían responder a muchas cuestiones actuales por beber de la tradición que ha dado forma a España.

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Recojo un artículo sobre Ortega y Gasset publicado en el primer número del periódico F. E., de Falange Española, el 7 de diciembre de 1933.

El artículo se sale un tanto del propósito del foro, pues entra en terrenos  políticos que entonces estaban en boga y que no tienen por qué compartir los patriotas españoles. No obstante, apunta algunas cuestiones interesantes sobre el liberalismo orteguiano y demuestra que este filósofo agermanado estaba muy lejos de ser un referente para la naciente Falange, al contrario de lo que se ha querido vender últimamente.

Veréis que el artículo se refiere como "enemigo" al "populismo católico". Por Dios, no vayáis a pensar que se refiere al catolicismo. Se refiere al partido de Gil Robles, Acción Popular, que luego dio paso a la famosa CEDA. Esto del "populismo católico" que se mueve en torno a la ACdP y que hoy se ha resuelto en feroces ataques contra el Papa actual y en alabanzas idolátricas a Trumputin, es un tema muy complejo que daría para varios hilos propios.

Como digo, el artículo se sale un poco de la temática del foro y puede que algunas afirmaciones los encontréis objetables o cuando menos chocantes. Pero, ya que estamos realizando una pequeña antología del pensamiento antiorteguiano, pienso que es buena idea recoger este artículo, para que lo puedan leer quienes no lo conociesen.

Cita

Autos de F. E.

Antifascistas en España
Don José Ortega y Gasset

El fascismo tiene sus enemigos agrupados en estos tres frentes: El social-comunista, el demoliberal-masónico y el populismo católico.

El enemigo más claro –y, por tanto–, menos peligroso, es el comunista. O tú o yo. No hay equívoco, con el comunista. De mucho más peligro es el complejo de los otros grupos antifascistas. No terminan de estar enfrente sin por eso ponerse al lado. Y si se ponen al lado, es para destruir el fascismo desde dentro. Es muy varia la enorme especie de «los antifascistas». De tratarse de algo botánico o zoológico, ya habría surgido un nuevo Linneo que catalogase esas variedades. Pero se trata de algo moral, social, espiritual, de algo que no puede investigar –no ya el biólogo– sino ni siquiera la policía. Se trata de una inquisición. De una alta y grande inquisición. Santa tarea. Tarea santa y grave que vamos a asumir nosotros, en temporáneos, renovados, solemnes y flameantes Autos de F.E.

Elegimos para nuestra primera hoguera, la figura más noble, importante y peligrosa del heterodoxismo español antifascista, el filósofo don José Ortega y Gasset.

Un amigo nuestro nos decía aún hace poco. «Ortega está muy cerca del Fascismo. Nos convendría mucho que el Fascismo en España lo lanzase Ortega.» Supusimos que al decir esto nuestro camarada tenía indicios de una posible y recientísima simpatía de Ortega por el Fascismo. Y ello nos contristó profundamente. No tanto por el Fascismo que hubiese quedado desvirtuado «ipso facto», sino por el propio Ortega. Hubiera sido la más grande deslealtad que Ortega se hubiese hecho a sí mismo: a su ideología tenazmente mantenida en años y libros, a su conducta de alma liberal y laica, cuyos polos morales son –congruentemente– la soberbia y el desdén, virtudes satánicas y ortodoxamente filosóficas. Virtudes heroicas del liberal, que condujeron a Prometeo al castigo celeste del vultúrido corroedor, a Sócrates al castigo ciudadano de beber la cicuta, a Galileo al martirio; a Fausto, al pacto con Mefistófeles, a Werther, al suicidio, a Adán, a la pérdida del Paraíso, y a Satanás, a caer despeñado en los infiernos.

Nuestro fascismo –como el resto de los fascismos europeos– necesitaba y necesita el enemigo liberal. Si no existiese habría que inventarlo, como decía Voltaire de Dios. Necesitaba y necesita nuestro fascismo, un enemigo liberal en España de la fuerza y el talento de un Croce en Italia, de un Einstein o un Mann en Alemania.

Ese papel magnífico y necesario –hoeresses oponiet esse– lo tiene asignado y ganado cumplidamente don José Ortega y Gasset. Le rogamos, con fervor y súplica, que no lo abandone, que no lo traicione ni lo pierda. ¡Qué sería entonces de nosotros! ¡Qué presa victimatoria íbamos a elegir para nuestra santa quema! ¡Tendríamos que declararnos cesantes en este oficio santo del Santo Oficio, con que venimos soñando largamente! Quiero defender a Ortega, contra los que le acusan de filofascismo. Nadie ha escrito y pensado en España contra el fascismo las maravillas heréticas que ha pensado y escrito Ortega. ¡Nadie las mueva, que están a prueba con él! Hasta tal punto es cruel y mortífero en sus ataques, que –si algún día triunfa nuestra F.E.– yo, en mi calidad de Gran Inquisidor, propondría al Gran Consejo Ejecutivo, no la quema o fusilamiento de este gran enemigo, sino su absoluta tolerancia. Precisamente, en su última Charla, García Sanchiz aludía al refinamiento de Mussolini para con Croce. Es la única pluma, la pluma más liberal de Italia, a quien permite escribir y despotricar contra el régimen cuanto le venga en gana. ¿Por qué no haríamos nosotros lo mismo con Ortega, cuando Ortega tiene –sobre Croce– el superior peligro de su seducción superior, de su estilo poético y mágico, de sus sofismas encandilantes, enternecedores y terribles? La grandeza de un alma y de una fe se prueba siempre en el modo de tratar al enemigo grande.

Mi Auto de F. E. sobre Ortega, va a consistir hoy en aportar a su proceso una documentación exacta y sumaria de textos. No de acusaciones. Va a consistir en situarle en su frente liberal que representa egregiamente. Va a consistir –con mis acusaciones textuales– en que nadie pueda ya confundirle con nuestra fe. Su fe precisamente consiste en su escepticismo de la Fé. En creer –como buen filósofo– que hay muchas fés, y, por tanto, ninguna válida y verdadera. Su fe consiste en la Razón: un instrumento humano, que sólo vale para destruir la Fe. Por donde Ortega, al proclamar la supremacía de la Razón sobre la Fe, anula la esencia misma del fascismo, que es la Fe sobre la Razón. (La Razón en el fascismo sólo vale para articular y cimentar más la Fe. Para hacerla manejable, comunicable.)

* * *

Sería necesario transcribir la casi total obra de Ortega para corroborar lo que decimos. Esa labor la ha hecho recientemente una Editorial, y nos remitimos a la consulta de tales obras completas. Pero una Antología nos va a bastar.

1) En realidad, Ortega sabe poco sobre el Fascismo y sus orígenes:

«No he estado en Italia hace muchos años y poseo muy pocos datos sobre el Fascismo. Todo será que me equivoque una vez más.»

2) Aunque Ortega –más que por honestidad, por coquetería intelectual- presume que va a equivocarse sobre el Fascismo, insiste y afirma que es un movimiento peyorante, anormal, vulgar y sin altura política.

El fascismo no tiene programa. «Si se observa la vida pública de los países donde el triunfo de los más ha avanzado más –son los países mediterráneos– sorprende notar que en ellos se vive políticamente al día.» «El Poder público se halla en un representante de masas.» «Vive sin programa de vida, sin proyecto.»

Esta idea, expresada hacia 1926, la había expresado ya anteriormente: «Tiene que vivir al día, y a nadie se le ocurra verlo proyectado sobre el futuro. No siquiera teóricamente conseguiremos imaginar una forma futura y estable de organización política desviándose de él.»

«El fascismo es un resultado y no un comienzo.» «Es la debilidad de los demás.» «Es una seudoalborada: primitivismo.»

«Es un modo anormal de gobierno impuesto por las circunstancias.»

3) ¿Cómo ve Ortega a un Lenin en el bolchevismo y a un Mussolini en el fascismo?

«Bolchevismo y fascismo: movimientos típicos de hombres-masas, dirigidos como todos los son, por HOMBRES MEDIOCRES.»

«Bolchevismo y Fascismo no están «a la altura de los tiempos». Por eso no es interesante, históricamente, lo que acontece en Rusia.»

«Cuanto más indómito vea el Fascismo ejercer la gobernación, peor pensaré de la salud política de Italia.»

4) Fundamentalmente, ¿qué es el Fascismo para Ortega?

«La acción directa, o sea la violencia. La Charta Magna de la barbarie.» Eso por un lado. Y por otro: «La Broma, el triunfo del Señorito Satisfecho.» (Ortega fue el inventor del apóstrofe «señorito» para lanzarlo en la revolución española. Hacia 1926. Téngase esto en cuenta para cuando se encuentre ese apóstrofe esgrimido con pistolas y vergajos por las masas, inconscientes y subvertidas.)

«El Fascismo no quiere dar razones ni quiere tener razón. Sino imponer sus opiniones. Es el derecho de no tener razón. Es la razón de la sinrazón.» «El alma vulgar sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad.»

5) Si el Fascismo es el triunfo de la masa, de lo vulgar, de lo mediocre, de lo horrendo, ¿dónde estará la felicidad política para Ortega? En el siglo XVIII, en el liberalismo, en el happy few de las minorías selectas. En el músico de Mallarmé, que toca para unos pocos.

«La forma que en política ha representado la más alta voluntad de convivencia es la democracia liberal. Prototipo de la acción indirecta. Esto es, el Parlamento.»

Lo cual llega a enternecer a Ortega: «semejante ternura, convivir con el enemigo.»

«¡Trámites, normas, cortesía, usos intermediarios, justicia, razón!»

«El liberalismo tenía una razón, y eso hay que dársela per sæcula sæculorum.»

«En el sufragio universal no deciden las masas, sino que su papel consistió en adherir a la decisión de una u otra minoría. Estas presentaban sus «programas» –excelente vocablo–. Los programas eran, en efecto, programas de vida colectiva.»

6) ¿Cuál es, pues, el mayor peligro para ese liberalismo, ese sufragio universal, ese siglo XVIII de minorías selectas, y para esa Razón, diosa de Ortega? El Estado. Ortega llega a decir esto sobre Mussolini y el Estado fascista:

«El mayor peligro: el Estado. Mussolini se encontró con un Estado admirablemente constituido, no por el, sino precisamente por las fuerzas, e ideas que él combate; por la democracia liberal. El se limita a usarlo incontinentemente. Si algo ha conseguido, es tan menudo, poco visible y nada sustantivo.»

En su afán de ir contra el sentido eterno y ecuménico de lo romano, llega a complicar nada menos que a Lucano y a Séneca, a quien inscribe en el «Servicio a la República española».

«Lucano o Séneca –finos provinciales–» (obsérvese el característico adjetivo de finos) al llegar a Roma «sentían contraérseles el corazón por la melancolía de los edificios eternos.» «Ya nada nuevo podía pasar en el mundo.»

7) Para Ortega, Fascismo es sinónimo de Servilismo. Su alma se queda desilusionada frente a esta época nuestra de serviles.

«Incapaz el espíritu de mantenerse por sí mismo en pie, busca una tabla donde salvarse del naufragio y escruta en torno, con humilde mirada de can, alguien que le ampare... Es el can que busca un amo. El hombre, en un increíble afán de servidumbre, quiere servir ante todo. El nombre que mejor cuadra al espíritu que se inicia quizá sea el de espíritu servil.»

8) Estos textos que he ido citando no son muy recientes. Pero Ortega los ha corroborado hasta última hora. Basta leer los editoriales y fondos de «El Sol» en esta su última fase, que él orienta u occidenta; allí están esas estimaciones suyas reiteradas y refundidas en mil modos. Basta aludir también a la acogida que tales opiniones tienen en Francia y en París, últimamente. André Therive, en la Revue Mondiale de 15 de septiembre, formaba una antología de honor al liberalismo con las conferencias y pareceres más últimos de Ortega. «Il n'a pas été touché par cette spéce de messianisme que professent, bien commodément, les champions du présent.» «Il n'y voit pas une victoire de la jeunesse, mais une offensive de la puerilité.» «Quand la Raison n'impose plus ses règles une servitude plus lourde s'installe vite á sa place.» «S'il y a une verité génerale d'époque, una verdad del Tiempo –dit Ortega– elle ressemble plutot a celle qu'on révérait a la fin du XIX siècle: réjouissons nous-en. C'etait le culte del l'homme, de la liberté, et ma foi, de la Raison.»

* * *

Ese es Ortega, como Croce, como Mann, como Einstein: culto del Humanismo, de lo Liberal, de la Razón. El siglo XIX, la burguesía selecta, la impiedad por los humildes, el desprecio del Estado –nuevo caballero andante– protector de los desvalidos, de las pobres masas. Ese es Ortega: soberbio, desdeñoso y satánico, frente al hombre auténticamente superior cuando toma la inconfundible forma del Héroe. Cuando este Héroe trasciende a piedad por los débiles, trasciende a cristianismo, a catolicidad, a eternidad.

Nos hace mucha falta, camaradas, que Ortega siga manteniendo –con ese magistral talento– esas herejías e impiedades. Para tenerlas presentes a todas horas. Para no caer nosotros en su pecado. Esto os lo dice profunda y religiosamente,

El Gran Inquisidor

F. E., Madrid, 7 de diciembre de 1933, número 1, página 12.

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      El ABC recoge la siguiente noticia sobre las agresiones racistas que viene sufriendo una española en Alemania. Como la noticia es de pago, la tomo de BBJ, donde se solidarizan con los agresores.
      Esta compatriota habla de agresiones anteriores, pero en el ABC no las explica. Sí lo hace en el periódico Málaga Hoy:
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      A Franco, el culto a José Antonio, la aureola de su inteligencia y de su valor, lo mortificaban. Recuerdo que un día, en la mesa, me dijo muy nervioso: «Lo ves, siempre a vueltas con la figura de ‘ese muchacho’ (se refería a José Antonio) como cosa extraordinaria y Fuset* acaba de suministrarme una información del Secretario del Juez o Magistrado que le instruyó el proceso en Alicante, que dice que para llevarle al lugar de ejecución hubo que ponerle una inyección porque no podía ir por su pie». Y lo decía con aire de desquite bien visible. Yo con amargura —pues me dolía profundamente que la persona a la que estaba sirviendo con afecto y lealtad pudiera recoger aquella despreciable referencia— y con energía negué que eso pudiera ser verdad: «es mentira inventada por algún miserable, eso es imposible». Otra persona que estaba en la mesa, por entonces especialmente afectuosa conmigo y agradecida a mi entrega incondicional, destempladamente, me dijo: «¿Y tú qué sabes si no estabas allí?» «Pues porque lo conozco bien y tengo certeza moral, porque eso es un infundio canallesco», contesté.
      Ramón Serrano Suñer, Entre el silencio y la propaganda, la historia como fue. Memorias. Barcelona, Editorial Planeta, 1977, pp. 170-171.
      *Nota mía: Lorenzo Martínez Fuset era teniente coronel jurídico militar y fue el artífice de la represión legal en los primeros años del franquismo. Según testimonio del tradicionalista Eugenio Vegas Latapie en el segundo tomo de sus memorias, Fuset era masón reconocido antes y después de la Guerra. Creo fidedigno este testimonio porque Eugenio Vegas no es de los que lanzan la acusación de masón alegremente y sin pruebas, a diferencia de lo que es costumbre en cierto antimasonismo irracional que aquí hemos criticado. De hecho, creo que solamente se refiere como masones a Fuset y a una persona más en su libro. Es decir, no reparte alegremente la acusación de «masón» a todo el que le cae mal.
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      El Concilio Vaticano II visto por un falangista: «La crisis está en nosotros»
      Indagando en una hemeroteca digital, encontré algunos números de la revista SP, quizá la única publicación de nervio falangista durante el franquismo. Creada y dirigida por Rodrigo Royo, falangista formado en el Frente de Juventudes y más tarde voluntario en la División Azul. Rodrigo no formó parte de la Falange fundacional, pero asume en buena medida su espíritu. Se destaca por su antimericanismo y desde el principio presiente que el Régimen de Franco se está disolviendo por su propia voluntad para dar paso a un régimen de tipo occidental. En SP mantiene una actitud crítica con el franquismo y con esa deriva liberal, lo que lleva al cierre, por asfixia, de esa publicación.
      El artículo que me llamó la atención es de Tomás Salvador, también falangista y divisionario, posteriormente vocal de la Hermandad Nacional de la División Azul. Fue un escritor de cierto éxito y pionero de la novela de ciencia-ficción en España, otro de los olvidados injustamente. El artículo habla sobre el Concilio Vaticano II. Después de hacer un repaso por las vicisitudes de la Iglesia, Tomás Salvador reconoce que la Cristiandad está en una profunda crisis de la que no escapa la Iglesia, pero afirma que la culpa de esta crisis no es de la Iglesia sino nuestra, de los cristianos, por habernos alejado de Dios para entregarnos a los vicios y a las comodidades modernas. ¡Menuda diferencia con las jeremiadas integristas que nunca reconocen ninguna culpa propia! Tomás Salvador reconoce la crisis, pero lejos de echar balones fuera, asume la parte que le toca, aunque quizá sea de los que menos culpa tengan. Pero ésa es la actitud normal en un cristiano, la de analizar los males con honradez, sin soberbia y sin buscar chivos expiatorios, asumiendo la parte de culpa que cada uno tiene. «La crisis está en nosotros» se titula el artículo de Tomás Salvador, y es la pura verdad. Culpar a la Iglesia de la crisis y de los males que afligen a nuestras sociedades, como se ha puesto de moda en algunos sectores católicos tan «puros» como los cátaros, no sólo es una necedad sino que demuestra que esas personas están cada vez más alejadas de la Iglesia de Cristo y con su actitud, entre blasfema y destructiva, tienen una importante responsabilidad en la crisis.
      Como escritor que cultiva la literatura prospectiva, Tomás Salvador está habituado a barruntar lo que nos puede deparar el futuro y por ello en su artículo, escrito en 1962, anticipa varios de los males que hoy nos golpean con toda su fuerza: el consumismo alienante; la sustitución de la cultura por el entretenimiento; la hipersexualización; la diversión como único horizonte vital; la desaparición de los mediadores, que conduce a un retorno de los brujos y los charlatanes; la proliferación de sucedáneos religiosos, drogas incluidas; el dominio de la propaganda; la aglomeración en urbes-colmena donde no hay lugar para el espíritu, sofocado por las comodidades y por la creciente tecnificación de todos los aspectos de la vida. 
      El artículo es también muy interesante desde esa perspectiva de anticipación. Y si Tomás Salvador puede anticipar esos males no es porque tuviese una bola de cristal sino porque era un fino observador y aquellos males ya estaban de alguna manera presentes en aquella sociedad que algunos creen tan tradicional. Lo que encaja perfectamente con el análisis que hace de la crisis de la Iglesia, tan distinto de los que solemos escuchar y a mi juicio mucho más acertado. Por esa razón traigo este artículo al foro.
      ————————————————
       
      A LA LUZ DEL CONCILIO VATICANO
      LA CRISIS ESTA EN NOSOTROS
      Por TOMÁS SALVADOR
       
      A cuatrocientos años de Trento, dos mil quinientos príncipes de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana están reunidos en Concilio. El II Vaticano hace el número veinte de los celebrados por la Iglesia. Veinte en dos mil años de historia, el último hace sesenta y dos años. Los Concilios son algo muy raro en el ritual de nuestra Iglesia. Un tanto curioso me he entretenido en hacer un balance comparativo. Los ocho primeros se celebraron dentro del primer milenio y todos ellos en Oriente: Meca, Constantinopla, Efeso y Caledonia. El siglo que ha presenciado más fue el XIII, igualando la cifra del anterior. Malos tiempos corrían para la unidad de las Iglesias cristianas. Dividida la cristiandad en dos imperios, Oriente y Occidente, la pugna entre los dos por la primacía jerárquica duró varios siglos. Bizancio representa el cesaropapismo, el tópico que ha quedado de «discusiones bizantinas», neofisistas, iconoclastas, nestorianos, focenses, herexiarcas y, finalmente, la bula de excomunión que los legados de Roma depositan sobre el altar mayor de Santa Sofía. El cisma de Oriente costó a la Iglesia cien millones de fieles y, aunque Constantinopla dejó de ser cristiana en 1452, la desunión continúa.
      En Occidente, la Iglesia continúa su marcha ascendente. La Edad Media representa el triunfo de las comunidades religiosas: el Cluny, el Cister, la Cartuja, las Órdenes mendicantes, grandes vasallos que hacen un gran Señor, el Papado romano. Pero en ello estaba también el peligro. El subjetivismo de Occam, los nominalistas, nuestro Raimundo Lulio, convierten las universidades y los grandes monasterios en brillantes centros de cultura, de discusiones. La Teología se eleva a Arte Magna, pero se olvida la misión, el proselitismo. El pueblo tiene que contentarse con las prédicas de frailes no siempre a la altura de las circunstancias. Cuando el Renacimiento eleva el nuevo Humanismo a la categoría de una religión artística, se hace evidente la necesidad de una Reforma. La piden los espíritus más puros.
      Pero son Huss, Zwinglio, Lutero y Calvino los que, en vez de reformar, destruyen. Cuando el fraile agustino Martín Lutero fija en la iglesia universitaria de Wittenberg los noventa y cinco puntos de su tesis, el 31 de octubre de 1517, la desunión de los príncipes cristianos, la ambición y el resentimiento la convierten pronto en una autentica revolución moral social y económica. Los príncipes alemanes, deseando la secularización de los bienes religiosos, Enrique VIII aprovechándola para sus fines políticos, Francia y España, indecisos en cuanto a su pugna particular, hacen que prospere el gran cisma de Occidente. Por su parte, Oriente ve llegar otro cisma. La Iglesia Ortodoxa rusa, en 1590, no acepta la primacía del patriarca de Constantinopla y eleva al de Moscú a la categoría de tercera Roma.
      No es posible resumir aquí dos mil años de Historia. Bástenos conocer estas dos fechas: 1054, cisma de Oriente y 1517, cisma de Occidente. La gran familia cristiana dividida. De ellas, la única que ha conservado la unidad ha sido la Iglesia Romana. La nación de la reforma protestante está dividida en no menos de trescientas sectas, aunque sólo media docena de ellas: luteranos, calvinistas, anglicanos, presbiterianos, baptistas y cuáqueros sean importantes. Los orientales, entre maronitas,  grecortodoxos, armeniortodoxos y rusortodoxos, continúan en la misma línea.
      En resumen, cálculos aproximados vienen a decirnos que existen actualmente en el mundo 500 millones de católicos: 250 millones en Europa, 90 en América del Norte y Central, 110 millones en América del Sur, 30 en Asia, 15 en África y el resto en Oceanía. Ese total de millones representa la sexta parte de la población total de la Tierra. Si a ellos unimos 225 millones de protestantes y 130 de cismáticos griegos, tenemos un total de 855 millones de cristianos, enorme cifra para las estadísticas, pero escasa para nuestro sentir íntimo. Doblamos el número de musulmanes, de hinduistas, de confucionistas y triplicamos el de otras confesiones; pero aún así no conviene olvidar que tras dos mil años de expansión religiosa, únicamente la cuarta parte de la población humana es cristiana. Y cristiana dividida, que es lo más triste.
      Algunas veces se ha planteado la pregunta, vistas las anteriores cifras, ¿ha fracasado el cristianismo? No. Hemos fracasado nosotros, los cristianos. Otro día hablaremos de ello. Hoy, con la tristeza del que ve escasos sus saberes, hablemos de la emoción que este Concilio suscita en nosotros. Su Santidad ha hablado con una claridad meridiana: estarnos en crisis, la crisis está en nosotros, los cristianos. La sociedad moderna está abocada a la más importante revolución social de toda la Historia y en ella los cristianos no debemos perder el papel preponderante que siempre hemos tenido en los avatares históricos. O nos unimos o deberemos conformarnos con un papel secundario como fuerza moral.
      ¿Cuáles son los peligros? Juan XXIII los anuncia: el progreso, la técnica, el poder acumulado en pocas manos, el egoísmo, la comodidad, el ateísmo. Hagamos un breve resumen: Los poderes centrales —gobiernos— se están fortaleciendo. En consecuencia, cada vez se tiende más a una minoría ejerciéndose y relevándose en los cargos públicos. El pueblo eleva su nivel de vida, pero se aparta de las creaciones sociales. Vamos de cara a una nueva Edad Media, pero sin vigor espiritual. Vamos al «renacimiento de los brujos» y esto es así porque vamos prescindiendo de la «mediedad», o sea, del equilibrio, del colchón amortiguador entre las altas y las bajas esferas.
      Tendremos cada vez más comodidades, pero menos espíritu; más códigos o reglamentos para el castigo «a posteriori», pero menos códigos morales para la conducta «a priori». La minoría gobernará a base de diversiones. El pueblo será sobornado, desvirtuado, encenagado en diversiones: la percepción sublimal, la propaganda elevada a categoría de arte; la televisión, los espectáculos, el sexo, el turismo, serán las brújulas del mañana. Una industria colosal, que necesitará colocar sus productos, sumergirá al mundo en una marea de objetos que la propaganda nos hará creer imprescindibles. Nos convertiremos en esclavos de las neveras, automóviles, televisores, viajes a «forfait» y aparatos musicales. Un mundo de compra-lo-todo, disco-maníacos, tele-locos, analfabetos de chistes y libros de dibujos, de ciudades monstruosas que albergarán colmenas de seres defraudados en su espíritu y que buscarán los sucedáneos de las diversiones artificiales, drogas incluidas, se avecina.
      Esta no es ninguna exageración. Está llegando, lo tenemos encima. Hay ciertamente, un renacimiento de la fe. Las iglesias se llenan de hombres y mujeres jóvenes. Pero también se llenan los estadios, los cines, las salas de baile, los estudios de radio. Y encima, la técnica, los sabios elaborando armas mortales que son acaparadas por los estados, amenazando al contrario..., hasta que el otro las posee a su vez y entonces todo queda pendiente de un cerebro megalomaníaco. Esta es la crisis, como ha visto muy bien Su Santidad: la deshumanización del individuo, la pérdida de sus valores morales. Por eso los que nos llamarnos cristianos debemos estar unidos. La desunión es un escándalo, hermosa palabra que la Iglesia utiliza con frecuencia como sinónimo de dolor, de vergüenza, de pecado.
      Sí, la Iglesia está firme. Lo que está en crisis es la sociedad, nosotros, los cristianos que vamos siendo sobornados por la propaganda, por la industria que nos incita a comprar de todo, por la comodidad, por los instintos sexuales hábilmente explotados por unos cuantos canallas. Estos son los peligros y para luchar contra ellos es necesaria la unidad de los hermanos cristianos. Nuestra ferviente oración para que el Espíritu Santo ilumine a los príncipes de la Iglesia en su búsqueda de una fórmula noble y justa, ecuménica, en una palabra.
      SP, n.º 199, 1 de diciembre de 1962, pp. 67-68.
    • By Hispanorromano
      Ernesto Milá y Laureano Luna explican la verdad del "Plan Kalergi"
      Desde hace una década se ha puesto de moda hablar del "Plan Kalergi" en las derechas. Con este eslogan se quiere dar a entender que hay un plan perfectamente orquestado (por los judíos, según algunos) para acabar con la raza blanca mezclándola a la fuerza con otras razas con más melanina, y que dicho plan fue delineado originalmente por el político e intelectual austriaco Richard Coudenhove-Kalergi.
      Resumiré brevemente lo que pienso de ese "Plan":
      1) Es una absoluta patraña: no existe ni ha existido nunca ningún plan de esas características. La patraña tiene por objeto promover el racismo y poner las bases de una "guerra racial" que haga saltar a Europa por los aires.
      2) El origen de la patraña está perfectamente localizado: procede del neonazi austriaco Gerd Honsik, que escribió un delirante libro en el que le adjudicaba la paternidad de dicho plan a Coudenhove-Kalergi. La obsesión racista de Honsik, junto con su escaso CI, le hizo malinterpretar alguna frase que había escrito Kalergi, y en función de eso se montó toda una teoría de la conspiración que ahora está por todas partes en internet.
      3) Richard Coudenhove-Kalergi era un político bastante afín a la derecha, con cierta simpatía por el fascismo italiano (con cuyo líder se entrevistó y en cuya prensa tenía abierta una tribuna) y muy bien visto por la prensa española del Movimiento, durante el franquismo.
      4) Podríamos hacer el experimento de traer un artículo de Kalergi sobre el tema de la raza blanca y publicarlo, sin decir que es de él, en algún foro, como BBJ, donde creen en ese "Plan". Estoy seguro de que lloverían los aplausos por parte de los racistas de BBJ, por lo que al final, cuando revelásemos quién es el autor del artículo, se producirían grandes carcajadas y el owned del siglo.
      5) Es absolutamente lamentable, e indicativo de la confusión que reina en esta época de internet, que esta teoría pergeñada en los bajos fondos del neonazismo anticristiano y lunático haya pasado rápidamente a toda la derecha y especialmente a sectores católicos, con la inestimable ayuda de Infovaticana, Infocatólica y otros chiringuitos del fariseísmo conservador, que al parecer no entienden que esa absurda teoría de la conspiración, aunque fuese cierta, sería incompatible con la cosmovisión católica.
      Pero como muchos no me van a creer, voy a ceder la palabra a Ernesto Milá y Laureno Luna, dos ideólogos identitarios que, sin embargo, reconocen que todo esto del "Plan Kalergi" es una tremenda patraña urdida por un tramposo o, en el mejor de los casos, por una persona muy limitada.
      ERNESTO MILÁ militó en diversos grupos nacional-revolucionarios del tardofranquismo; de ahí pasó a Fuerza Nueva y finalmente al Frente de la Juventud. Más tarde estuvo en los inicios de Democracia Nacional y de ahí pasó a España 2000, para dedicarse finalmente a la escritura. Introductor en España de Julius Evola, de la Nueva Derecha y del identitarismo. Milá cree que lucha política debería orientarse a combatir la inmigración, excluyendo cualquier otro tema, y considera que el mestizaje degenera la raza blanca. Sin embargo, piensa lo siguiente del Plan Kalergi, en un alarde de honradez que no es frecuente en esos ámbitos:




       
      Ni que decir tiene que a Milá le llamaron de todo por decir eso, de "traidor a la raza blanca" para arriba. Se ha convertido en "políticamente incorrecto" decir que lo del Plan Kalergi es una patraña.
      Bonus sobre Soros:


       
      LAUREANO LUNA fue dirigente de la agrupación neonazi CEDADE. Más tarde participó en la fundación del partido identitario Democracia Nacional, de cuyo manifiesto fundacional fue autor. Dejó la militancia, aunque sigue escribiendo libros y se le ha visto apoyando el Hogar Social Madrid. Como resulta obvio de su currículum, es contrario a la inmigración y al mestizaje. Sin embargo, opina lo siguiente del "Plan Kalergi":

       


      Bonus sobre Rockefeller, "marxismo cultural" y Soros:



       
      Pues en esas estamos. Una delirante teoría, pergeñada por un neonazi de escasas luces y cuya intención racista se ve a las claras, se expande por internet como la pólvora y encuentra acomodo hasta en ambientes católicos, de la mano del infovaticano P. Manuel Guerra. Ningún intelectual católico o de la derecha tradicional se ha dignado rebatir tan estúpida y peligrosa teoría después consultar las fuentes. ¡Si lo he leído en internet será verdad! Han tenido que ser dos identitarios entrados en años los que denuncien discretamente el montaje a pesar de que les beneficia políticamente, alarmados por la dimensión que estaba cobrando el bulo entre sus seguidores. Aunque por desgracia no han tenido mucho éxito: el bulo sigue más vivo que nunca y así seguirá; porque la estructura de internet favorece su propagación, porque la verdad ya no le importa a casi nadie (sobre todo en la derecha) y porque la mayoría prefiere construirse una realidad virtual a la medida.
    • By Hispanorromano
      Desde hace una década se ha puesto de moda hablar del "Plan Kalergi" en las derechas. Con este eslogan se quiere dar a entender que hay un plan perfectamente orquestado (por los judíos, según algunos) para acabar con la raza blanca mezclándola a la fuerza con otras razas con más melanina, y que dicho plan fue delineado originalmente por el político e intelectual austriaco Richard Coudenhove-Kalergi.
      Resumiré brevemente lo que pienso de ese "Plan":
      1) Es una absoluta patraña: no existe ni ha existido nunca ningún plan de esas características. La patraña tiene por objeto promover el racismo y poner las bases de una "guerra racial" que haga saltar a Europa por los aires.
      2) El origen de la patraña está perfectamente localizado: procede del neonazi austriaco Gerd Honsik, que escribió un delirante libro en el que le adjudicaba la paternidad de dicho plan a Coudenhove-Kalergi. La obsesión racista de Honsik, junto con su escaso CI, le hizo malinterpretar alguna frase que había escrito Kalergi, y en función de eso se montó toda una teoría de la conspiración que ahora está por todas partes en internet.
      3) Richard Coudenhove-Kalergi era un político bastante afín a la derecha, con cierta simpatía por el fascismo italiano (con cuyo líder se entrevistó y en cuya prensa tenía abierta una tribuna) y muy bien visto por la prensa española del Movimiento, durante el franquismo.
      4) Podríamos hacer el experimento de traer un artículo de Kalergi sobre el tema de la raza blanca y publicarlo, sin decir que es de él, en algún foro, como BBJ, donde creen en ese "Plan". Estoy seguro de que lloverían los aplausos por parte de los racistas de BBJ, por lo que al final, cuando revelásemos quién es el autor del artículo, se producirían grandes carcajadas y el owned del siglo.
      5) Es absolutamente lamentable, e indicativo de la confusión que reina en esta época de internet, que esta teoría pergeñada en los bajos fondos del neonazismo anticristiano y lunático haya pasado rápidamente a toda la derecha y especialmente a sectores católicos, con la inestimable ayuda de Infovaticana, Infocatólica y otros chiringuitos del fariseísmo conservador, que al parecer no entienden que esa absurda teoría de la conspiración, aunque fuese cierta, sería incompatible con la cosmovisión católica.
      Pero como muchos no me van a creer, voy a ceder la palabra a Ernesto Milá y Laureno Luna, dos ideólogos identitarios que, sin embargo, reconocen que todo esto del "Plan Kalergi" es una tremenda patraña urdida por un tramposo o, en el mejor de los casos, por una persona muy limitada.
      ERNESTO MILÁ militó en diversos grupos nacional-revolucionarios del tardofranquismo; de ahí pasó a Fuerza Nueva y finalmente al Frente de la Juventud. Más tarde estuvo en los inicios de Democracia Nacional y de ahí pasó a España 2000, para dedicarse finalmente a la escritura. Introductor en España de Julius Evola, de la Nueva Derecha y del identitarismo. Milá cree que lucha política debería orientarse a combatir la inmigración, excluyendo cualquier otro tema, y considera que el mestizaje degenera la raza blanca. Sin embargo, piensa lo siguiente del Plan Kalergi, en un alarde de honradez que no es frecuente en esos ámbitos:




       
      Ni que decir tiene que a Milá le llamaron de todo por decir eso, de "traidor a la raza blanca" para arriba. Se ha convertido en "políticamente incorrecto" decir que lo del Plan Kalergi es una patraña.
      Bonus sobre Soros:


       
      LAUREANO LUNA fue dirigente de la agrupación neonazi CEDADE. Más tarde participó en la fundación del partido identitario Democracia Nacional, de cuyo manifiesto fundacional fue autor. Dejó la militancia, aunque sigue escribiendo libros y se le ha visto apoyando el Hogar Social Madrid. Como resulta obvio de su currículum, es contrario a la inmigración y al mestizaje. Sin embargo, opina lo siguiente del "Plan Kalergi":

       


      Bonus sobre Rockefeller, "marxismo cultural" y Soros:



       
      Pues en esas estamos. Una delirante teoría, pergeñada por un neonazi de escasas luces y cuya intención racista se ve a las claras, se expande por internet como la pólvora y encuentra acomodo hasta en ambientes católicos, de la mano del infovaticano P. Manuel Guerra. Ningún intelectual católico o de la derecha tradicional se ha dignado rebatir tan estúpida y peligrosa teoría después consultar las fuentes. ¡Si lo he leído en internet será verdad! Han tenido que ser dos identitarios entrados en años los que denuncien discretamente el montaje a pesar de que les beneficia políticamente, alarmados por la dimensión que estaba cobrando el bulo entre sus seguidores. Aunque por desgracia no han tenido mucho éxito: el bulo sigue más vivo que nunca y así seguirá; porque la estructura de internet favorece su propagación, porque la verdad ya no le importa a casi nadie (sobre todo en la derecha) y porque la mayoría prefiere construirse una realidad virtual a la medida.

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    • https://www.mundorepubliqueto.com/2020/05/01/no-todo-lo-que-brilla-es-oro/

      Una vez más, por aprecio a estos amigos dejo solo el enlace para enviar las visitas a la fuente.

      Solo comento la foto que ponen de un congreso internacional identitari que hubo un México. Ahí se plasma el cáncer que han supuesto y parece que aún sigue suponiendo aquella enfermedad llamada CEDADE. En dicha foto veo al ex-cabecilla de CEDADE, Pedro Varela -uno de esos nazis que se dicen católicos- junto a Salvador Borrego -que si bien no era nazi, de hecho es un mestizo que además se declara hispanista y favorable a la mezcla racial propiciada por la Monarquía Católica,  sí que simpatizó con ellos por una cuestión que quizá un día podamos comentar- uno de los "revisionistas" más importante en lengua española, así como el también mexicano Alberto Villasana, un escritor, analista, publicista, "vaticanista" con gran predicamento entre los católicos mexicanos, abonado totalmente a la errática acusación contra el papa Francisco... posando junto a tipos como David Duke, ex-dirigente del Ku Kux Klan, algo que lo dice todo.

      Si mis rudimentarias habilidades en fisonomía no me fallan, en el grupo hay otro español, supongo que también procedente del mundillo neonazi de CEDADE.

      Imaginemos la corrupción de la idea de Hispanidad que supone semejante injerto, semejante híbrido contra natura.

      Nuestra querido México tiene la más potente dosis de veneno contra la hispanidad, inyectado en sus venas precisamente por ser un país clave en ella. Es el que otrora fuera más próspero,  el más poblado, también fue y en buena parte sigue siendo muy católico, esta en la línea de choque con el mundo anglo y... los enemigos de nuestra Hispanidad no pueden permitir una reconciliación de ese país consigo mismo ni con la misma España, puente clave en la necesaria Reconquista o reconstrucción. Si por un lado está infectado por el identitarismo amerindio -el indigenismo- por el otro la reacción está siendo narcotizada por un identitarismo falsohispanista, falsotradicionalista o como queramos verlo, en el cual CEDADE juega, como vemos, un factor relevante.

      Sin más, dejo ahí otra vez más mi sincera felicitación al autor de ese escrito. Enhorabuena por su clarividencia y fineza, desde luego hace falta tener personalidad para ser capaz de sustraerse a esa falsa polarización con que se está tratando de aniquilar el hispanismo.

       





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    • La libertad sexual conduce al colapso de la cultura en tres generaciones (J. D. Unwin)
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    • Traigo de la hemeroteca un curioso artículo de José Fraga Iribarne publicado en la revista Alférez el 30 de abril de 1947. Temas que aborda: la desastrosa natalidad en Francia; la ya muy tocada natalidad española, especialmente en Cataluña y País Vasco; las causas espirituales de este problema, etc.

      Si rebuscáis en las hemerotecas, hay muchos artículos de parecido tenor, incluso mucho más explícitos y en fechas muy anteriores (finales del s. XIX - principios del s. XX). He traído este porque es breve y no hay que hacer el trabajo de escanear y reconocer los caracteres, que siempre da errores y resulta bastante trabajoso, pues ese trabajo ya lo ha hecho la Fundación Gustavo Bueno.

      Señalo algunos hechos que llaman la atención:

      1) En 1947 la natalidad de Francia ya estaba por los suelos. Ni Plan Kalergi, ni Mayo del 68, ni conspiraciones varias.

      2) Pero España, en 1947 y en pleno auge del catolicismo de posguerra, tampoco estaba muy bien. En particular, estaban francamente mal regiones ricas como el País Vasco y Cataluña. ¿Será casualidad que estas regiones sean hoy en día las que más inmigración reciben?

      3) El autor denuncia que ya en aquel entonces los españoles estaban entregados a una visión hedonística de la existencia, que habían perdido la vocación de servicio y que se habían olvidado de los fines trascendentes. No es, por tanto, una cosa que venga del Régimen del 78 o de la llegada al poder de Zapatero. Las raíces son mucho más profundas.

      4) Señala que el origen de este problema es ético y religioso: se ha perdido la idea de que el matrimonio tiene por fin criar hijos para el Cielo. Pero también se ha perdido la idea del límite: las personas cada vez tienen más necesidades y, a pesar de que las van cubriendo, nunca están satisfechas con su nivel de vida.

      Este artículo antiguo ilumina muchas cuestiones del presente. Y nos ayuda a encontrarle solución a estos problemas que hoy nos golpean todavía con mayor fuerza. Creo que puede ser de gran provecho rescatar estos artículos.
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    • En torno a la posibilidad de que se estén usando las redes sociales artificialmente para encrespar los ánimos, recojo algunas informaciones que no sé sin son importantes o son pequeñas trastadas.

      Recientemente en Madrid se convocó una contramanifestación que acabó con todos los asistentes filiados por la policía. Militantes o simpatizantes de ADÑ denuncian que la convocó inicialmente una asociación fantasma que no había pedido permiso y cuyo fin último podría ser provocar:

      Cabe preguntarles por qué acudieron a una convocatoria fantasma que no tenía permiso. ¿Os dais cuenta de lo fácil que es crear incidentes con un par de mensajes en las redes sociales?

      Un periodista denuncia que se ha puesto en marcha una campaña titulada "Tsunami Español" que pretende implicar a militares españoles y que tiene toda la pinta de ser un bulo de los separatistas o de alguna entidad interesada en fomentar la discordia:

      El militar rojo que tiene columna en RT es uno de los que difunde la intoxicación:

      Si pincháis en el trending topic veréis que mucha gente de derechas ha caído en el engaño.

      Como decía, desconozco la importancia que puedan tener estas intoxicaciones. Pero sí me parece claro que con las redes sociales sale muy barato intoxicar y hasta promover enfrentamientos físicos con unos cuantos mensajes bien dirigidos. En EEUU ya se puso en práctica lo de citar a dos grupos contrarios en el mismo punto para que se produjesen enfrentamientos, que finalmente ocurrieron.
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    • Una teoría sobre las conspiraciones
      ¿A qué se debe el pensamiento conspiracionista que tiene últimamente tanto auge en internet? Este artículo baraja dos causas: la necesidad de tener el control y el afán de distinguirse de la masa.
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