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Hispanorromano

Hispanistas olvidados: Pedro Henríquez Ureña

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Recojo un brillante discurso que pronunció Pedro Henríquez Ureña , dominicano de nacimiento y argentino adoptivo, en el entonces llamado Día de la Raza. Es un encendido una elogio a la obra de España en América. Pero toca otras cuestiones muy interesantes: el sentido del vocablo raza en aquel contexto, la importancia del idioma como vehículo de la tradición, la unidad esencial de los pueblos hispánicos, la gran responsabilidad que tenemos los españoles como continuadores de la tradición romana, la oposición fundamental entre la tradición romana y la germánica, el problema alemán, etcétera. Marco en negrita algunos párrafos que me parecen especialmente inspirados, aunque verdaderamente recomiendo leerlo entero.

Cita
 
“RAZA Y CULTURA”
Pedro Henriquez Ureña
[6 de Enero de 1934]
 
Generosa inspiración la que ha creado esta festividad del Día de la Raza, donde confirmamos, año tras año, la fe en los grandes destinos de los pueblos que forman la comunidad hispánica. Y no menos feliz inspiración la que dedica en homenaje a España este Día de la Raza en la Universidad de la Plata, en cuyo nombre debo hablar, gracias a honradora designación que debo a su distinguido presidente; en homenaje a España, la más antigua de las naciones y la más joven de las repúblicas que forman nuestra comunidad espiritual.
 
No son inútiles estos actos, que el escepticismo tacha de infecundos. El mundo marcha más despacio que el pensamiento generoso. La palabra que difunde pensamientos de futuro, la palabra profética que quiere transmitir su velocidad a los hechos, comienza como voz clamante en el desierto; pero al fin penetra en las ciudades, y entonces, si la profecía no se cumple de inmediato, los oídos desatentos la confunden con los gritos de la feria. Doble esfuerzo, así, el de convencer, junto a los incrédulos, a los creyentes de ayer que se sienten defraudados. Pero la palabra debe seguir abriendo surcos, sembrando esperanzas: la simiente germinará, en momento inesperado tal vez.
 
En pocos años, donde dominaba la indiferencia, la limitación local de toda visión de los problemas humanos, ha crecido y se ha desarrollado la conciencia de nuestra comunidad espiritual, de la unidad esencial de los pueblos hispánicos, la conciencia de “la raza”, denominada así, no ciertamente con exactitud científica, pero sí con impulso de simplificación expresiva.
 
Desde el punto de vista de la ciencia antropológica, bien lejos está de constituir una raza la multicolor muchedumbre de pueblos que hablan nuestra lengua en el mundo, desde los Pirineos hasta los Andes y desde las Baleares y las Canarias hasta las Antillas y hasta las Filipinas. Junto a las gentes del viejo solar ibérico, donde se superponen culturas milenarias, desde las más antiguas del Mediterráneo, ligadas a troncos raciales diversos, están los pueblos indígenas de las dos Américas, cuya inmensa variedad lingüística desaparece bajo la lenta pero segura presión del español; están los descendientes de los africanos a quienes la codicia de sus robadores trajo a sufrir esclavitud o miseria en tierra para ellos extraña y a los descendientes de los europeos a quienes el ansia de libertad o de bienestar trajo en busca de nuevas patrias; hasta el Oriente, cercano o lejano, alberga grupos de habla castellana o envía a las tierras hispánicas sus hombres: a veces, como ocurre con los levantinos, para fundirse rápidamente con nuestras poblaciones.
 
Pero el vocablo raza, a pesar de su flagrante inexactitud, ha adquirido para nosotros valor convencional, que las festividades del 12 de Octubre ayudan a cargar de contenidos de sentimiento y emoción. El Día de la Raza bien podría llamarse el Día de la Cultura Hispánica, porque eso es lo que en suma representa; pero sería inútil proponer semejante sustitución, porque el vocablo cultura, en el significado que hoy tiene dentro del lenguaje técnico de la sociología y de la historia, no despierta en el oyente la resonancia afectiva que la costumbre da al vocablo raza.
 
Lo que une y unifica a esta raza, no real sino ideal, es la comunidad de cultura, determinada de modo principal por la comunidad de idioma. Cada idioma lleva consigo su repertorio de tradiciones, de creencias, de actitudes ante la vida, que perduran sobreponiéndose a cambios, revoluciones y trastornos. Así, el latín ha sido en Occidente el vehículo principal de la tradición romana: la tradición persiste, a través de todas las evoluciones, dondequiera que persistió el latín. Deshecho el Imperio Romano, su idioma se partió en mil pedazos; pero en las lenguas de cultura que se construyeron sobre las ruinas del latín, dominando a la multitud circundante de dialectos rivales, sobrevive la tradición del Lacio, y esas lenguas la han difundido sobre territorios que Roma no sospechó. Pertenecemos al Imperio Romano, decía Sarmiento hablando de estos pueblos de América; pertenecemos a la Romania, a la familia latina, o, como dice la manoseada y discutida fórmula, a la raza latina: otra imagen de raza, no real sino ideal.
 
Frente a la tradición romana, aunque educándose parcialmente en ella, se organizó y creció durante la Edad Media la cultura germánica: cuando alcanza su madurez, vemos cómo se contraponen las dos culturas, cómo los pueblos de lenguas germánicas divergen de los pueblos de lenguas románicas en los modos de concebir y practicar la religión, la filosofía, las artes y las letras, el derecho, la vida familiar, la actividad económica, las actividades técnicas. Y, como para ilustrar y aclarar el caso, Inglaterra, pueblo cuya lengua vive del equilibrio variable entre el vocabulario germánico y el vocabulario latino-románico, se sitúa espiritualmente en la frontera entre el Norte y el Sur: hasta su religión oficial, divorciada de Roma, no es sin embargo un protestantismo; es sólo un catolicismo que protesta.
 
Dentro de la Romania constituimos, los pueblos hispánicos, la más numerosa familia, extendida sobre inmensos territorios, los más vastos que ocupa ninguna lengua, salvo el inglés y el ruso. Y eso nos señala grandes deberes para el porvenir.
 
Como quiera que se conciba la evolución de la humanidad en el futuro próximo, es difícil suponer que desaparezca la red de comunicaciones que hoy la enlaza: apoyándose en ellas, la civilización insistirá en su tendencia unificadora, con las ventajas y desventajas de toda unificación. Esfuerzos se harán para mantener vivas las lenguas locales, y con ellas las tradiciones y costumbres que dan sabor a la existencia regional; pero las grandes lenguas de cultura predominarán. El siglo XIX, que con el romanticismo reanimó las lenguas locales en toda Europa y estimuló su florecimiento literario, dando impulso además a los nacionalismos y regionalismos políticos, con positivismo de h actividad técnica y económica afirmó el predominio de las grandes lenguas centrales. Cien años atrás, en España, como en Francia o en Inglaterra, abundaban los habitantes que desconocían el idioma oficial de la nación; hoy son ya muy raros. En América, donde ni siquiera se ha trabajado nunca para asegurar la persistencia de los centenares de lenguas indígenas que todavía existen, el español las suplantará íntegramente antes de mucho, y los lingüistas tienen ya que apresurarse para recoger sus últimos alientos. Además, las grandes lenguas de cultura se extenderán y persistirán, enriqueciendo su vocabulario, pero esforzándose por no sufrir variación sustancial de formas o de normas: la difusión de la cultura, las semejanzas en la organización de la vida, las relaciones constantes, actuarán contra las variaciones grandes o frecuentes, que son estorbos para la facilidad y la claridad. El latín clásico duró cinco siglos, desde Lucrecio hasta San Agustín, en singular unidad, que da la impresión de la vida inmarcesible; sólo la ruptura de la comunidad política y la sumersión de la cultura, con la caída del Imperio, pudieron partir en pedazos aquella unidad lingüística. Las modernas lenguas de cultura no corren igual peligro, a menos que sobrevenga el cataclismo de la civilización que oímos predecir a los augures de tragedia.
 
No cataclismo, pero sí crisis de civilización, crisis transformadora, es probable que padezcamos; acaso la estamos padeciendo ya. Y para afrontar la crisis necesitamos disciplina, la disciplina de la organización eficaz en la vida pública, la disciplina del esfuerzo bien orientado y constante en la vida individual.
 
Es de uso tachar a España de indisciplina, y de paso a todos los países de América que hablan español; pero Vossler hacía notar, poco tiempo atrás, hablando en Buenos Aires, que España ha dado en el siglo XVI el curioso ejemplo de llevar la disciplina militar a las cosas del espíritu, mientras dejaba a la libre iniciativa del individuo el éxito de las campañas militares: Ignacio de Loyola organiza militarmente la disciplina espiritual de la defensa del catolicismo, mientras Hernán Cortés emprende la conquista de México como hazaña personal.
 
Hoy las cosas son bien distintas: España nos da constantemente ejemplos de esfuerzo disciplinado, particularmente en el orden de la cultura. Pero los conflictos del pasado se explican. La historia de España —o, más exactamente, de toda la Península Ibérica— no es semejante a la de ninguna otra nación de Europa; ninguna otra echó sobre sus hombros carga como la que asumió España desde la Edad Media. No es raro que a veces se rindieran “sus fuerzas fatigadas al abrumante peso”. Su tarea fue siempre doble: organizarse interiormente mientras rechazaba al invasor; colonizar y cristianizar las Américas mientras defendía la unidad religiosa de Europa.
 
La larga lucha contra el moro templó al español, dándole gran dominio de sí; exigiéndole también una fe sin vacilaciones. La tolerancia no podía ser flor de tales cultivos; no se puede ser a la par baluarte y jardín. Pero sí germinaron allí la capacidad de sacrificio, la perseverancia, el desdén de las cosas pequeñas, la generosidad, el sentido de los valores humanos puros, desnudos de todo esplendor adventicio. Y en 1492, cuando la lucha termina, y ganada es Granada, cae entre las manos de España un mundo nuevo.
 
Estamos viviendo todavía las consecuencias del portentoso suceso, el más trascendental de la historia. La consecuencia mayor, aunque tardía, el nuevo aspecto que asumen desde hace cien años las variaciones en el equilibrio del mundo. Y durante esos cien años se ha discutido sin descanso la obra de España en América. En las campañas de independencia de las naciones hispánicas del Nuevo Mundo se juzgó necesario ennegrecer aquella obra. Después, los libros patrióticos de cada república nueva repitieron mecánicamente la propaganda de las campañas de independencia. Cuando, a fines del siglo XIX, hubiera podido alcanzarse la serenidad de juicio, la última campaña se interpuso, la guerra de Cuba. Pero al comenzar el siglo XX la atmósfera se despejó: no había ya guerras que pelear; podríamos mirar y juzgar con claridad y tranquilidad. Rápidamente va cambiando el juicio. No es sólo que se acepte la excusa que generosamente ofrecía a la “virgen del mundo, América inocente”, Quintana, historiador a la vez que poeta: “Crimen fueron del tiempo y no de España”. Es que la conquista y la colonización se ven de modo muy diverso: porque la verdad es que España se volcó entera en el Nuevo Mundo, dándole cuanto tenía. No pudo establecer formas libres de gobierno ni organización económica eficaz, porque ella misma las había perdido; pero dictó leyes justas. No estableció la tolerancia religiosa ni la libertad intelectual, que no poseía; pero fundó escuelas, fundó universidades, para difundir la más alta ciencia de que tenía conocimiento. Y sobre todo, su amplio sentido humano la llevó a convivir y a fundirse con las razas vencidas, formando así estas vastas poblaciones mezcladas, que son el escándalo de todos los snobs de la Tierra, de todos los devotos de la falsa ciencia o de la literatura superficial, pero que para el hombre de mirada honda son el ejemplo vivo de cómo puede resolverse pacíficamente, cristianamente, en la realidad, el conflicto de las diferencias de raza y de origen. Durante el siglo XIX se hizo costumbre afirmar la superioridad de otras naciones sobre España y Portugal como colonizadoras. ¡Como si hubiera superioridad en trasplantar a suelo extraño las condiciones de la vida europea, pero para disfrutarlas el europeo solo, negándoselas o escatimándoselas a los nativos! El siglo XX nos devuelve a la verdad, que ya conocía Liniers cuando en una de sus proclamas de 1806 exhortaba al pueblo de Buenos Aires colonial a rechazar la invasión, para no convertirse en otro tipo muy inferior de colonia. ¡Liniers debía de conocer muchas que aun hoy confirman su juicio! Y ya en nuestros días, William Henry Hudson —el gran argentino inglés, nacido a la mitad del camino que va de Buenos Aires a esta ciudad, más joven que él—, al hablar de aquellas invasiones decía que por fortuna fracasaron en ellas sus antepasados, porque, si hubieran conquistado estas tierras purpúreas, la vida humana habría perdido mucho de su encanto.
 
No: la más humana de las colonizaciones, y por eso la mejor, ha sido la de España y Portugal: es la única que de modo sincero y leal gana para la civilización europea a los pueblos exóticos. No erró por ventura quien dijo que, mientras el germano teme el contacto con los pueblos de escasa civilización, porque él mismo no se siente muy seguro de la suya, antigua de diez siglos apenas, el latino no ve peligro en el contacto porque su cultura es inmemorial y sale siempre vencedora en los encuentros.
 
¡Extraño poder de revivificación el de pueblos como España! Es aquella tierra el más antiguo hogar de cultura en Europa, desde las primitivas que dejaron como testimonio las pinturas rupestres de Altamira y de Pindal hasta las primeras que caben ya en la historia, como la de Tartessos. Y después, la existencia toda de España es, como la del ave fénix, perpetuo arder, consumirse en apariencia y resucitar. Iberos y celtas, fenicios y griegos, romanos y cartagineses: todas las culturas se superponen allí, se entrecruzan, se amoldan al territorio español; sólo la de Roma ejerce influencia indeleble y decisiva, con vigor para vencer después la envolvente de los árabes, en la ocasión única dentro de nuestra era —salvo la excepción insular de Sicilia— en que una porción del Occidente cae bajo el dominio de una cultura oriental. De aquel conflicto sale triunfante en España el espíritu occidental; pero el contacto le deja ventanas abiertas al Oriente, como ajimeces desde donde se oyera el grito de la guitarra morisca.
 
El contacto entre España y América, luego ha dado gradualmente al espíritu español amplitud y vastedad que van en progreso. Nada más humano que la estrechez, porque tiene origen defensivo: cada tribu primitiva se defiende de las vecinas atribuyéndoles magias diabólicas, dignas de exterminio; cada nación moderna se defiende de las demás atribuyéndoles cualidades inhumanas. Es fácil adquirir la fe en nuestra propia superioridad, porque esa fe es recurso de victoria; es difícil, luego, admitir la igualdad o la equivalencia de las aptitudes que existen, en potencia o en acto, en todos los hombres, en todas las naciones o en todas las razas. A esa amplia visión sólo llegan pocos; los unos, por el camino de la ciencia, los otros, por el camino del amor.
 
España, que tanto ha padecido por su antigua intolerancia en el orden del pensamiento, hija de la necesidad defensiva, tuvo en cambio espontánea amplitud humana. Aunque España creó el tipo del hombre señorial, como dice Vossler, y el español más humilde tiene aire de caballero, como dice Belloc, nunca se incubó en España ninguna doctrina de superioridad de razas ni de climas, como las que en nuestra era científica corren, miméticamente disfrazadas de ciencia, como reptiles verdes entre hojas nuevas o insectos pardos entre hojas secas. La amplitud humana del español necesitaba completarse con la amplitud intelectual para crear la imagen depurada del tipo hispánico. A eso aspiran, desde su nacimiento, las repúblicas hispánicas de América. A eso tiende, en el siglo XX, la España nueva.
 
En toda la época moderna el espíritu de amplitud intelectual tuvo que constituir en España la oposición, latente o despierta: sólo fugazmente alcanza el poder en los comienzos del reinado del Emperador, o bajo Carlos III en el siglo XVIII, o, más fugitivamente todavía, en 1812, en 1820, en 1873. Pero en 1898 España hace de su derrota una victoria, renace el fénix, y grado a grado surge el espíritu nuevo de una España más pura y más severa. Si a fines del siglo XIX España parecía a muchos, vista desde América, condenada a irremediable decadencia, mientras el avance de las más prósperas repúblicas cisatiánticas, “joyas humanas del mundo dichoso”, corno dijo Lugones, las aproximaba a la nueva ventura con cada día dorado —ahora, desde hace pocos años, la antigua nación, rejuvenecida, entra en la olimpíada junto a las naciones jóvenes, y ¿por qué no confesarlo? en la mayor parte de las carreras se nos adelanta. Este milagro sólo se explica como fruto de disciplina, de largo ejercicio espiritual practicado en silencio. Pero no hemos de sorprendernos si pensamos en tantos silenciosos reformadores que supieron trabajar sin desmayos, esperar y confiar, como aquel santo laico, Francisco Giner de los Ríos, a quien quizás debe la España nueva más que a ningún otro precursor.
 
España se nos muestra hoy, además, amplia y abierta, más que nunca, para todas las cosas de América. El antiguo recelo ha cedido el lugar a la confianza; la nueva Constitución, al crear la doble nacionalidad, española y americana, aunque desconcierte al antiguo criterio jurídico, place a la buena voluntad.
 
Sobre la buena voluntad se cimenta la obra de confraternidad hispánica. En esta obra debemos todos unir nuestro esfuerzo, para que la comunidad de los pueblos hispánicos haga, de los vastos territorios que domina, la patria de la justicia universal a que aspira la humanidad.
 
* Repertorio Americano, Tomo XXVIII, Año XV, N 665, 6 de enero de 1934.
 

 

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hace 1 hora, Da Gugu dijo:

Qué maravilla. Se percibe una sintonía total con Ramiro de Maeztu ¿no?

Sí, la sintonía con Maeztu es total. En los sectores más tradicionales del Hispanismo era predominante  este discurso.

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    • By Hispanorromano
      Abro este hilo para ir recogiendo las iniciativas revisionistas que van surgiendo. Naturalmente, me refiero al revisionismo de la Leyenda Negra que afecta a España y a la Iglesia católica. Entiendo por revisionismo la revisión o examen de algunos tópicos de la Historia oficial que no se ajustan del todo a la verdad. Pero también recogeré iniciativas que procuren mejorar la imagen de España en el exterior.
      Si estas iniciativas son de suficiente entidad es mejor recogerlas en un hilo propio. Este hilo lo planteo para recoger noticias menores a las que quizá sería excesivo dedicarles un hilo.
      Empiezo dejando algunos enlaces que he visto últimamente:
      La historia borrada por la Leyenda Negra de las mujeres que acompañaron a Cristóbal Colón a América
      Alcalde de Quito propone que se vuelva a cantar la segunda estrofa del himno que se refiere a España | Ecuador | Noticias | El Universo
      El reverso del Rey Hechizado, endogámico y enfermo: un reinado de reformas y recuperación en España
      Arcabuz, la mentira histórica del arma con la que los conquistadores españoles «aterrorizaron» América
      El municipio belga que quiere ser español - Desperta Ferro Ediciones
      British Council: Spanish language key to Britain's prosperity post-Brexit | Business | English edition | Agencia EFE
      Esta noticia de El país habla de un creciente interés por los tercios y la historia militar española, que se plasma en libros, conferencias, recreaciones y perfiles de las redes sociales:
      La segunda vida de los tercios | Cultura | EL PAÍS
      Es interesante la labor que realiza esta asociación:
      Podéis comentar lo que queráis sobre estas iniciativas (a lo mejor no estáis de acuerdo con alguna) y podéis aportar las iniciativas que vayáis viendo por ahí. Ya digo que concibo el hilo como un cajón de sastre donde ir poniendo todas aquellas iniciativas para las que nos parezca exagerado abrir un hilo.
    • By Hispanorromano
      COMENTARIO PREVIO:
      Hace tiempo vi una discusión en BBJ en la que se debatía sobre el papel de los visigodos en España. Dos foreros nuestros, Gerión y Ariki Mau, limitaban la importancia de los visigodos en la Historia de España ante la protesta de varios contertulios de inclinaciones identitarias.
      Escaneo un fragmento de J. E. Casariego que les da la razón a esos dos foreros y que puede arrojar algo de luz sobre el tema. Jesús Evaristo Casariego fue un buen escritor e insigne carlista que combatió en la Cruzada de 1936. No era nada sectario; tenía gran simpatía por la Falange y en el libro que cito llega a decir que la Monarquía tradicional era totalitaria. No era persona precisamente refractaria al Eje.
      El tema planteado es muy interesante. Siempre he creído que los visigodos no tuvieron la importancia que algunos les atribuyen y que lo principal (fe y lengua) se lo debemos a Roma. Estas discusiones sobre la Historia de España tienen más importancia de la que parece, pues algunas concepciones pueden dar lugar a visiones heterodoxas y  antipatrióticas. J. E. Casariego se está refiriendo implícitamente a Ortega y Gasset.
       
      *   *   *
       
      Reducidas a su basamento, enunciadas en esquema, las dos interpretaciones de nuestra Historia ven a España de este modo:
      LA ORTODOXA: España es el brazo de Dios. Su genio estriba en su catolicidad. Fue grande por ella; decayó al abandonarla. Su resurgimiento estriba en su vuelta a "lo suyo", a su tradición gloriosa y fecunda.
      LA HETERODOXA: España tuvo la desgracia de no contar con bastante ingrediente germánico. Su plenitud fue ficticia, y por ello poco duradera. El vincularse a la misión de la Iglesia romana fue su ruina. Para salir de esa postración tiene que abandonar esa directriz tradicional y "europeizarse".
      [...]

      "LO ROMANO", "LO GERMANO" Y "LO ISLAMITA" EN LA FORMACIÓN DE "LO ESPAÑOL"
      No cabe duda de que la evolución histórica de España es la más interesante entre las de todas las nacionalidades occidentales. Como el restante litoral Oeste del Mediterráneo, recibió de manos de los navegantes fenicios los primeros destellos de una civilización que ya empezaba a decaer en el Oriente próximo. Más tarde, Cartagineses, helénicos y otros pueblos dejaron en nuestras riberas la marca de su civilización. Pero fuera de estos primeros contactos con las grandes culturas primitivas, fue la fecunda madre Roma la que, al incorporarnos a su Imperio, nos hizo entrar de lleno en el mundo civilizado.
      Bajo la ciudadanía latina, España demostró la buena calidad de su elemento humano y su gran capacidad para adaptarse, desde un estado poco menos que paleolítico, a la gran cultura romana. Por eso sólo, España dio a Roma más figuras ilustres que todas las demás provincias juntas de su Imperio, figuras que han perdurado y perdurarán, por los siglos de los siglos, al lado de las más famosas de la Metrópoli. A la mayor jerarquía de la antigüedad clásica organizada por Roma llegaron españoles ilustres, como Trajano el Magnífico, Adriano, Teodosio el Grande y Marco Aurelio el Filósofo, de hispánica estirpe. El primer Cónsul extranjero de Roma fue un español. Y ahí están los nombres de Lucio Anneo, Lucano, Quintiliano, Sitio Itálico, Columela, Moderato de Gades, Marcial y Floro, que eran españoles. Así, asimilada la cultura latina, las provincias hispanas eran como otras tantas Romas de Occidente, cuando la más grande fuerza espiritual de los siglos apareció entre nuestros antepasados, adueñándose de ellos: el Cristianismo.
      Cuando el Cristianismo adquiere carta de naturaleza entre nosotros, enraizándose fuertemente en el suelo de España, la gigantesca armazón imperial de Roma se resquebraja y se hunde con fragor y espanto, corroída en sus cimientos por los vicios gentiles de la paganía y empujada por las incontenibles lanzas de los rudos y audaces pueblos nórdicos, bárbaros toscos de ojos azules, rubia pelambrera y miembros poderosos, que a lomo de caballos escuálidos descendieron como torrentera impetuosa por las amplias calzadas que conducían a Roma, volcándose sobre el mundo latino desde las apretadas y melancólicas selvas de Germania y las brumosas y remotas cuencas del Volga.
      Y España sufrió, como todas las provincias romanas, la desolación del mundo antiguo que naufragaba. En las márgenes verdes del Turia y en las tierras luminosas del Guadalquivir acamparon los escuadrones germánicos, atónitos ante las piedras de nuestras ciudades, labradas por una civilización esplendorosa.
      Y entonces, ya sin la tutela política de Roma, aislada España de su antigua Metrópoli, y en poder de aquel mare mágnum de pueblos deslumbrados por la orgía de luz de los campos ibéricos, empieza "lo español" a fijar sus características peculiarísimas. El intenso contraste entre lo invasor y lo indígena lo hace resaltar todavía más.
      El periodo visigodo es en la historia de España un paréntesis casi vacío. Todo lo que hay en él de consistente y de perdurable es nuestro, fruto del genio español, formado por Roma e iluminado por la vivísima luz del Gólgota. La raza dominadora sólo dejó el recuerdo de su ocio y de sus turbulencias. Del vándalo Gunderico, en los primeros años del siglo y, al visigodo Rodrigo, a principios del VIII, los invasores no dejaron, como dice Menéndez y Pelayo, "ni una piedra, ni un libro, ni un recuerdo". Unicamente prevaleció, durante su dominio físico, un pintoresquismo externo y, en cierto modo, un nuevo concepto jurídico. Y aun esa misma organización jurídica de los godos tiene el sello inconfundible de la superioridad del pueblo dominado por la fuerza del músculo, pero dominador por la fuerza incontenible de la cultura. El propio Guizot —el que no quería contar con nosotros al escribir la Historia de Europa— lo reconoce así cuando dice que dicha organización "lleva y presenta en su conjunto un carácter erudito, sistemático y social; descúbrese en ella el influjo del mismo Clero que prevaleció en los Concilios toledanos".
      ¡Los Concilios toledanos! Muestras admirables del genio y de la fe de España. Ellos encarnan mejor que nada la superioridad de lo hispánico sobre lo bárbaro durante aquel período, superioridad en todo, y en todos los momentos demostrada. Los ensayistas desarraigados que quisieron monopolizar nuestra vida intelectual no hace muchos años, intentan explicar esto por la baja calidad del factor visigótico —lo peor y más adulterado y corrompido de lo germánico—, muy inferior al ingrediente franco que se asenté en las Galias romanizadas y dio nombre a Francia; pero, ¿por qué no explicar eso con la superioridad y la genialidad del elemento autóctono hispánico sobre el elemento gálico?
      Los Concilios fueron entonces el fuego sagrado de la cultura y el arca santa que salvaguardó las más puras esencias de la nacionalidad. Frente a sus prelados, sabios, previsores y prudentes, la Monarquía visigoda sólo dio ejemplos execrables de asesinatos y de estériles banderías, de las cuales no nos queda más vestigio literario que las cartas de Sisebuto y Bulgaranos. Dios castigó la esterilidad perturbadora de los invasores haciéndoles desaparecer ante el empuje de los pueblos nuevos del Islam, contra los cuales la reacción fue ya pura y bien definidamente hispánica, sobre todo a partir de la revolución castellana.
      Jesús Evaristo Casariego, Grandeza y proyección del mundo hispánico, p. 29 y pp. 49-52.
    • By Hispano
      El riesgo es que otro país europeo nos desplace como referencia europea en América.
      Por ejemplo, en lo que se refiere a Alemania, los españoles hasta ahora siempre la han visto con buenos ojos, como país laborioso, ensimismado, que no se mete con nadie desde la segunda guerra mundial, lo que es cierto. Pero, ojo, este "adormecimiento", en mi opinión, se debe a que perdieron dos grandes guerras estrepitosa y seguidamente. El riesgo que veo con Alemania, lo resumo en tres puntos:
      1) El ideal de superioridad con respecto a otras naciones que tienen. Acabo de leer un libro de historia ("Kleine Geschichte Deutschlands"-Pequena historia de Alemania, autor Rolf Hellberg) que me ha hecho llegar una persona que se mueve en ambientes de la AfD. Es un libro que no está prohibido, ni nada por el estilo. En el libro se menciona que el tener sangre germana es distintivo de nobleza en otras naciones como España.  En el punto dedicado a Carlos I (V de Alemania) concluye que su tiempo de emperador fue un fracaso por no haber aceptado la reforma protestante y no haberse convertido al luteranismo él y todo su imperio (todo ello aderezado con los tópicos de intransigencia hispana tanto religiosa como militar (a los soldados de los tercios españoles los llaman "Bluthunde"). Entre otras muchas cosas "delirantes", me ha llamado la atención el punto dedicado a su s. XVIII, en el que afirma que su s. XVIII en términos culturales y artísticos sólo se puede comparar al de la Grecia clásica y que, incluso, lo supera (indudablemente su s. XVIII es magnífico, pero esa comparación está fuera de lugar). Por lo que de esta gente se puede concluir, es que están pirados (hay mucho paralelismo con nuestros nacionalistas periféricos en ese sentido).
      2) Su poderío económico. Básicamente, como todo el mundo sabe,  a través de la UE han acabado con la mayoría de las industrias nacionales de los otros países, por lo que a través de sus empresas tienen influencia en las administraciones públicas, por lo que se puede decir que tienen cierto poder político ("lobbies").
      3) La percepción de los productos hechos en Alemania como de alta calidad, por lo que mucha gente podría extrapolar esa "supuesta" calidad a otros ámbitos, como, por ejemplo, entre otros, en el ámbito de los valores éticos y morales (No es raro escuchar en España que en Alemania por cualquier ínfima cosa un político dimite y que los españoles no, porque básicamente los españoles somos más corruptos).
      Afortunadamente, empiezo a notar que cada vez más gente se está dando cuenta de ello (incluso en gente que conozco que desde siempre habían sentido fascinación por todo lo germano). La verdad es que el caso de Puigdemont  con los jueces de Schlewig-Holstein ha ayudado, en parte, a que muchos Saulos se hayan caído del caballo.
      En mi opinión, Vox debería de desmarcarse de todos esos movimientos identitarios, que no tienen nada que ver con lo hispano. No estoy metido dentro del mundo de Vox, pero por lo que leo creo que cada vez se están desmarcando más de lo identitario y, por ejemplo, me encanta cuando se refieren a los hispanoamericanos como compatriotas.
    • By Gerión
      Inventario de identidades geopolíticas para la Hispanidad/Iberoamérica
      No está de más inventariar los esquemas de identidad que pueden ser útiles para los relatos geopolíticos. Vamos allá, espero no dejarme ninguno:
      1. Lo hispánico. La definición político-histórica que podemos dar es lo proveniente de las naciones que provienen, o declaran su independencia, de los imperios y reinos que nacen en Hispania, el español (que incluyó un tiempo al siguiente), el portugués, y alguno dirá también que el aragonés y el navarro. Es decir: las naciones de la Península Ibérica, de la América iberohablante, Filipinas, del Asia y África lusófonas, Guinea y el Sáhara, y lo originario de todas ellas, así como las personas y cultura con esta ascendencia en los Estados Unidos, Francia, Luxemburgo y otros territorios.
      2. Lo ibérico. Es una sustitución "políticamente correcta" de lo "hispánico" debido al rechazo del primer término por parte del nacionalismo portugués, que propone que lo luso no es hispánico. En este esquema, la suma de lo hispánico y lo luso daría lugar a lo ibérico. En el esquema anterior, lo castellano y lo luso daría lugar a lo hispánico. Realmente son sinónimos y pertenecen a dos etimologías griega y romana de lo mismo. A día de hoy se usa sólo para designar a lo peninsular.
      3. Lo iberoamericano. Segundo ajuste y concesión del término hispánico, pero en este caso debido al rechazo por parte de las naciones americanas. En este punto está radicada la diplomacia oficial. Aquí ya aparece el esquema de lo americano separado de lo ibérico, siendo lo iberoamericano una suma de ambos conjuntos (en la mejor de las interpretaciones) o en la interpretación más común, solamente lo que proviene de la América iberohablante. Acaba correspondiendo, en este reajuste amerocéntrico, a una interpretación birregional exclusiva de lo hispánico: la Península junto a la América iberohablante, dejando fuera al África y al Asia de origen hispano. Geopolitólogos recientes acuñan lo iberófono o lo panibérico para recuperar a estos olvidados de otros continentes. 
      4. Lo latinoamericano. Imposición de la diplomacia francesa para vincular la América al sur del Bravo con la Europa latina con centro en Francia. Por la eurofilia y francofilia de las élites americanas del pasado,  junto con el uso extenso y apropiación de "lo americano" por los EEUU, que malograba el uso de este término para el resto de naciones del Continente, el término se extiende como la pólvora y a día de hoy es el esquema de identidad predominante en la América al sur del Bravo. Con este proceso de apropiación de "americano" por parte de EEUU se llega a perder la segunda raíz y se queda en lo latino, de lo más usado en Internet y se confunde con el otro "latino" que se comenta después.
      5. Lo latinoamericano-caribeño. Se ve mucho últimamente, también con el acrónimo LAC y se puede considerar un pequeño logro de la diplomacia latinoamericana, tras un ejercicio de desidia por parte de las potencias anglo y francófonas. Excluye a la Península, incluye al Caribe no iberohablante.
      6. Lo americano. Fue una evolución de lo indiano (el viejo nombre del imperio español era el de Reino de las Españas y las Indias, siendo las Indias tanto América como Asia: una traducción geográfica moderna sería Reino de la Península, la América y el Asia) perdiendo a Filipinas y metiendo el nombre del impostor italiano por el camino. Durante un tiempo fue el esquema de identidad principal de los españoles del otro lado del mar (Bolívar: La Patria es América), pero después, fue adoptado por EEUU dejando al resto sin nada y en blanco. Reversiones de este concepto con origen en EEUU son lo panamericano o lo hemisférico. La Hispanidad mantiene el nombre de lo americano para el conjunto de la Alaska a la Patagonia, con un singular, la América. También tenemos "las Américas", "el Hemisferio" como vocablos de origen estadounidense (el segundo con cierta tradición hispana) para referirse a todo el continente. Cualquiera de estos esquemas proporciona un relato para la dialéctica interamericana, entre Iberoamérica y los Estados Unidos, y el adjetivo para quien la practique, americanista.
      7. Lo latino. El uso clásico de lo latino se reserva a las naciones que provienen de los imperios y reinos de las regiones latinoparlantes del Imperio romano, España, Portugal, Francia, Italia, Rumanía y otros. Sirve para proporcionar un relato a la llamada "Latinidad", principalemente entre Iberoamérica, la Europa latina y el África francófona y lusófona, y latinista quien lo practique. Tenemos también por ahí lo eurolatinoamericano en algunas cumbres, vendría a ser lo que tiene que ver con Europa al completo (no sólo la Europa latina) junto a Latinoamérica.
      8. Lo mediterráneo. En este caso nos vamos a identidades hidrográficas. La invocación de lo mediterráneo suele servir para articular un eje greco-romano-hispánico para articular el sur de Europa o incluso greco-romano-arábigo-hispánico incluyendo al Islam en las estrategias geopolíticas de aproximación a lo musulmán y lo árabe.
      9. Lo atlántico es otro esquema de identidad hidrográfica menos practicada por los hispanos ya que está tomado por el mundo anglosajón, pero sí tenemos lo sudatlántico, practicado por brasileños en su despliegue hacia Angola y África.
      10. Lo pacífico, este sí, lo vemos ejercido por la Alianza del Pacífico y con una larga tradición histórica, puede funcionar en las relaciones con Asia.
      11. Lo sureño. La idea del Sur, o Mediodía aparece de muchas formas, desde la despectiva en la historiografía protestante referidas a lo sureuropeo (los demonios del Mediodía) hasta la reivindicación de épocas recientes y con carácter global ("el Sur global"), también la América del Sur con lo suramericano, el Meridión del "meridionalismo" de los brasileños con intenciones de articular el Tercer Mundo, o "el Hemisferio sur" al completo con liderazgo latinoamericano. Invocada por Elvira Roca.
      12. Lo romano. Aquí nos vamos a todas las naciones que tienen su origen en Roma y que reivindican ese origen, en este sentido es equivalente a lo europeo, o mejor aún lo occidental incluyendo a las Américas y otras naciones occidentalizadas. A día de hoy esta idea del "Occidente" aparece representada casi siempre dividida en un Norte y un Sur de Occidente, estando en estos momentos el Sur (tanto de Europa como de América) sometido al Norte, pero los dos ambicionan su liderazgo. Invocada por aquellos que retrotraen la Hispanidad a la herencia de Roma.
      13. Lo católico. En su distribución geográfica se superpone a lo hispánico, lo latino, lo sureño y lo occidental (entre otros) en diferentes grados, pero aparecen arcos de proyección nuevos dada su vocación universal: Polonia, Hungría, Canadá, África central...
      14. Lo cristiano. "La Cristiandad" era el esquema de identidad medieval y practicado por los imperios y reinos durante siglos, hasta la Res Publica Christiana de Carlos V o unidad de cristianos de todo el mundo. De aquí deriva también la Hispanidad.
      15. Lo universal. En nuestra tradición, vemos este concepto elaborado por la Escuela de Salamanca para trascender la república cristiana y ampliarse a las civilizaciones de "Todo el Orbe": Res Publica Totius Orbis.
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    Spanish Heart

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    • Antes que nada quería remarcar que me estoy refiriendo al contexto de estado liberal que disfrutamos/padecemos.

      Soy uno de esos que en su día cayeron en la moda de meter en el mismo saco a todos los funcionarios y hacerlos deudores de los más diversos agravios.

      Pero he ido modificando mi opinión y llegado a la conclusión de que  gran parte de lo decente en nuestro país ha entrado bajo ese manto y, en buena parte, está dormitando por desmotivación pero que seguro podrían ser, de forma relativamente sencilla, reactivados y recuperados para el bien de España.

      Os pongo aquí un video a una conferencia de un tipo al que le tengo bastante respeto, Alfonso Nieto, un gran experto en derecho administrativo (sé que no os tragaréis la conferencia pero ahí lo dejo y me gustaría hacer unos extractos de la misma con algunas observaciones que me parecen interesantes).

       





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    • Post in Observatorio contra la Hispanofobia y la Leyenda Negra
      Ataque hispanófobo esta vez desde México.

      López Obrador olvida la fundación hispánica del país y vuelve a caer en el indigenismo más ramplón que lleva arrasando el país desde hace ya un par de siglos.¿Quiere volver a sacar a la extracción de corazones a lo azteca, a miles y en vivo?

      El presidente cae definitivamente como opción hispánica.

      Hay que decir que muchísimos mexicanos se están manifestando en las redes sociales en contra de esta estupidez. Aguanta, México.
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    • El terrorismo estocástico y el atentado de Nueva Zelanda
      El pasado octubre se produjo una cadena de sucesos que me hizo pensar que estamos ante una nueva era de terrorismo inducido a través de internet. El día 23 de octubre, George Soros y otros adversarios de Trump empezaron a recibir cartas bomba que no llegaron a causar ninguna víctima. El 27 de octubre un sujeto abrió fuego contra una sinagoga de Pittsburgh y dejó 11 muertos y 7 heridos. El anterior día 26 se produjo otra noticia de la que no se informó en España: Gregory Bush asesinó a dos transeúntes negros; minutos antes había intentado entrar en una iglesia negra para perpetrar una matanza. En cuestión de una semana se produjeron tres acciones terroristas de inspiración identitaria y se dio la casualidad de que los tres terroristas tenían una intensa actividad en internet, donde difundían teorías de la conspiración típicas de la nueva ultraderecha: el Gran Reemplazo, el Plan Kalergi, el Genocidio Blanco, Soros llena EEUU de inmigrantes hispanos, etcétera.

      (...)Hace tiempo alguien habló de terrorismo estocástico para referirse a este nuevo fenómeno en que las comunicaciones masivas, especialmente las redes sociales, inspiran actos de violencia al azar que son estadísticamente predecibles pero individualmente impredecibles. Es decir, cada acto y cada actor es diferente, y nadie sabe quién lo cometerá ni dónde ocurrirá el próximo acto, pero es probable que algo termine ocurriendo. No puedo programar a nadie para que cometa un atentado en tal fecha y lugar, como a veces se decía fantasiosamente en algunas películas de espías, pero sí puedo inundar esa mente colmena que es internet con la suficiente intoxicación como para que alguien termine cometiendo una acción terrorista contra los enemigos que voy designando. No sé cuándo ocurrirá el acto terrorista ni dónde se llevará a cabo, pero es probable que termine ocurriendo un acto terrorista que a su vez facilite los siguientes actos, pues el terrorismo es ante todo propaganda. 
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    • Masacre en Nueva Zelanda ¿Son las redes sociales culpables?
      Como imagino que todos sabréis ya, ayer se produjo una matanza en Christchurch, una pequeña población de Nueva Zelanda donde, un supremacista blanco entró armado con rifles y escopetas en dos mezquitas y comenzó a disparar a todos los que se encontraban dentro, ocasionando 49 muertos y otros tantos heridos de bala, entre ellos mujeres y niños.

      Lo más grave del asunto es que el tipo retransmitió en directo su salvajada a través de Facebook, como si fuera un stream de un videojuego, logrando viralizarse a los pocos minutos de comenzar la matanza. Fue la policía la que tuvo que pedir a esa red social que cortase la emisión ya que durante casi veinte minutos, el asesino estuvo emitiendo impunemente sus crímenes.
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    • La diversificación de la propaganda rusa: PACMA, Podemos y ultraderecha
      La maquinaria rusa de desestabilización política parece que comienza a calentar motores de cara a las próximas citas electorales. Analizamos algunas cuentas en Facebook, bajo bandera de Rusia, que estarían apoyando toda la amalgama de ideologías y movimientos radicales, desde el animalismo hasta la extrema derecha.





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