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Vanu Gómez

JM de Prada continúa su descarrilamiento: ""

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La idea de Mancomunidades Temporales de Municipios estaba vigente en el Régimen Tradicional a través de las Hermandades y las Concordias, que existían de forma simultánia a diversos tipos de juntas, hasta llegar al  nivel provincial. Efectivamente, ese es el nivel operativo hasta llegar a las juntas provinciales.

A partir de ahí es donde sí creo que las divisiones de reinos y Coronas a los que se aferran los carlistas más tradicionalistas sí que han quedado obsoletos, más allá del "folclore historicista". Me parece muy bien que haya gente que celebre la Corona de Aragón pero hoy día, salvo algunos principios que pudiera caracterizarla, no tienen sentido operativamente.

Además una agregación de tipo municipalista ahorraría muchos problemas con el tema lingüístico. Por ejemplo, evitaría imponerle a zonas de Álava, Navarra, incluso de Vizcaya cosas que probablemente solo tengan sentido en la mitad oriental de Vizcaya, en Guipuzcoa y zonas colindantes de Álava y Navarra... y probablemente no en todos los sitios.

 

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hace 12 horas, Gerión dijo:

Las escalas intermedias no pueden ser infinitas. Como en un ejército, no hay infinitas subdivisiones, las cosas acaban estabilizándose en unos determinados niveles operativos. El Tercio, no el Tercio de Octetos de Tercios. Esto ocurre por todos lados. Existe la facultad de Física y la de Química, pero no la de Fisicoquímica. Tenemos células, tejidos y órganos. Sería incapaz de subdividir los dedos de mi mano en un número distinto de 5. La subsidiariedad no significa que la realidad esté compuesta por fractales. Esto por un lado.

Por otro lado, que aquello de la región como escala intermedia, es mentira. Es sustitución. La región moderna es nacional, es un nivel que compite directamente con la Nación. Se puede decir incluso que la región no existe, las regiones son siempre naciones en potencia. Bombas de relojería. Históricamente se ve por todos lados. Lo vemos en Costa Rica, en Portugal, en Panamá. Antiguas regiones que se constituyen como Naciones con un sencillo golpe de mano extranjero. Lo vemos con las Autonomías. Sí que acaba siendo una nación de naciones, pero esto es algo malo, algo que hay que cambiar. Por lo que las regiones son prescindibles. El nivel regional ha de ser el nivel Nacional. Visto así sólo tendría sentido colocar delegaciones del nivel Nacional, por lo que la región es una extensión de la Nación. Siempre lo suficientemente pequeñas para que no tengan viabilidad por sí mismas. Es decir, regiones uniprovinciales o regiones comarcales.

La otra solución es que las regiones existan de forma diluida y temporal. Es decir, que aparezcan Mancomunidades Temporales de Municipios que luchen por unos objetivos u otros. Nuevamente, en este caso es la extensión del Municipio. Pero sin fijación de fronteras. A veces el Municipio se alía con el vecino, y otras se alía con otro del otro lado de España. Basta de solidificación de estrategias de "gerrymandering".

En el caso anterior la región queda caracterizada como apéndice de la Nación, y en este caso último  como organización temporal de Municipios. La región queda así caracterizada como una proyección del nivel Municipal o del Nacional pero no se constituye como nivel ninguno. Pueden combinarse ambas proyecciones de muchos modos. 

 

No recuerdo haber defendido la infinitud de las escalas intermedias entre el municipio y el estado. Solo he dicho que es necesario que exista alguna escala intermedia entre estos, que asegure el principio de subsidiariedad entre las grandes urbes y las poblaciones rurales de una provincia, comarca, región o como se le quiera denominar, y que afectan exclusivamente al ámbito de dicho territorio. Eso es lo que garantizan las diputaciones forales o provinciales, que con tanto afán se les ataca ahora desde distintos ámbitos, ya sea porque rivalizan legítimamente con ese engendro que son las autonomías, ya porque suponen un coste que los insolidarios ciudadanos de la urbe no desean sostener, lo que en ambos casos no es otra cosa que la defensa de privilegios e intereses particulares frente a las necesidades reales del bien común.

Quizás hablar de regiones sea bastante ambiguo ya que una región es una extensión de territorio, homogénea en un determinado aspecto. Por ello, igual que podemos hablar de regiones nacionales, podemos hacerlo también de las supranacionales, las continentales, etc. Pero en definitiva lo que interesa es diferenciar, dentro de la nación, qué aspectos homogeneizadores de la sociedad y el territorio, permiten asegurar la subsidiariedad entre los pueblos y cuáles, al contrario, se han estructurado para dividirlo y asegurar otros intereses de tipo crematístico, político, ideológico, etc, como vuelvo a insistir, es el caso de las actuales autonomías.

Así, considerar la nación como una región, tampoco me parece correcto pues traslada su soberanía y autonomía al contexto de otro territorio mayor. En efecto, puede considerarse que España es una región de Europa, pero esa consideración es la que lleva a trasladar su soberanía y autonomía al dictado de las instituciones europeas.  Esto no es otra cosa que definir sin citar, la creación de un nuevo supraestado donde las naciones quedan diluidas como regiones del mismo. Si aceptamos esto, hablamos pues de la creación de un nuevo imperio, en este caso el europeo, que al contrario de la vieja pretensión de Carlos I, cuya soberanía y espíritu de unidad (común-unión) provenían de la fe católica, en el caso actual proviene de esos mismos intereses políticos, crematísticos, ideológicos y de poder que están detrás de la subdivisión nacional en regiones autónomas. Es decir, los regionalismos, ya sean nacionales o supranacionales, no se pueden entender sino en el marco de un ente unificador que les dote de sentido, y por eso resulta contradictorio rechazar los regionalismos al mismo tiempo que se defiende una concepción regional de la nación.

En definitiva, de lo que hablamos no es de regiones o parcelas de sociedad/territorio, sino de soberanía, como muy acertadamente ha dado a entender Hispanorromano con el artículo que ha citado de Urcelay. Y si bien, a mí también me parece muy discutible la autarquía que éste concede a las regiones nacionales, lo que es indiscutible es que la concepción de la soberanía es lo que diferencia al todo de las partes.

 


No te preguntes si lo que haces es pecado, pregúntate si al hacerlo estás amando.

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hace 2 horas, El Español dijo:

No recuerdo haber defendido la infinitud de las escalas intermedias entre el municipio y el estado. Solo he dicho que es necesario que exista alguna escala intermedia entre estos, que asegure el principio de subsidiariedad entre las grandes urbes y las poblaciones rurales de una provincia, comarca, región o como se le quiera denominar, y que afectan exclusivamente al ámbito de dicho territorio. Eso es lo que garantizan las diputaciones forales o provinciales, que con tanto afán se les ataca ahora desde distintos ámbitos, ya sea porque rivalizan legítimamente con ese engendro que son las autonomías, ya porque suponen un coste que los insolidarios ciudadanos de la urbe no desean sostener, lo que en ambos casos no es otra cosa que la defensa de privilegios e intereses particulares frente a las necesidades reales del bien común.

Quizás hablar de regiones sea bastante ambiguo ya que una región es una extensión de territorio, homogénea en un determinado aspecto. Por ello, igual que podemos hablar de regiones nacionales, podemos hacerlo también de las supranacionales, las continentales, etc. Pero en definitiva lo que interesa es diferenciar, dentro de la nación, qué aspectos homogeneizadores de la sociedad y el territorio, permiten asegurar la subsidiariedad entre los pueblos y cuáles, al contrario, se han estructurado para dividirlo y asegurar otros intereses de tipo crematístico, político, ideológico, etc, como vuelvo a insistir, es el caso de las actuales autonomías.

Así, considerar la nación como una región, tampoco me parece correcto pues traslada su soberanía y autonomía al contexto de otro territorio mayor. En efecto, puede considerarse que España es una región de Europa, pero esa consideración es la que lleva a trasladar su soberanía y autonomía al dictado de las instituciones europeas.  Esto no es otra cosa que definir sin citar, la creación de un nuevo supraestado donde las naciones quedan diluidas como regiones del mismo. Si aceptamos esto, hablamos pues de la creación de un nuevo imperio, en este caso el europeo, que al contrario de la vieja pretensión de Carlos I, cuya soberanía y espíritu de unidad (común-unión) provenían de la fe católica, en el caso actual proviene de esos mismos intereses políticos, crematísticos, ideológicos y de poder que están detrás de la subdivisión nacional en regiones autónomas. Es decir, los regionalismos, ya sean nacionales o supranacionales, no se pueden entender sino en el marco de un ente unificador que les dote de sentido, y por eso resulta contradictorio rechazar los regionalismos al mismo tiempo que se defiende una concepción regional de la nación.

En definitiva, de lo que hablamos no es de regiones o parcelas de sociedad/territorio, sino de soberanía, como muy acertadamente ha dado a entender Hispanorromano con el artículo que ha citado de Urcelay. Y si bien, a mí también me parece muy discutible la autarquía que éste concede a las regiones nacionales, lo que es indiscutible es que la concepción de la soberanía es lo que diferencia al todo de las partes.

 

Lo de los infinitos es una declaración de principios, yo cuando escribo aquí y en todos lados me dirijo no solamente a mi interlocutor, también a potenciales lectores y también a mí mismo, para aclarar ideas. La idea de que la subsidiariedad no es fractalidad y que la subsidiariedad no es la infinitud es un tema importante que quería resaltar, nada más.

Por otro lado, Intentaré en este texto usar Región con r mayúscula para referirme a la definición de Región como Nación en potencia, y región con r minúscula para referirme a la definición de región como parte de algo. Es sencillo distinguirlas. Las Regiones ejercen violencia contra las otras; las regiones no.  Los cárteles mexicanos asesinan a los otros. Los nazis catalanes escupen sobre la memoria y el patrimonio del resto de España. Violencia inter-Regional.

No digo que la Nación tenga que ser una región ("España ha de ser una región de Europa", típico de la masonería). 

Tampoco digo que la Nación y la Región sean cosas diferenciadas por las razones siguientes. Es correcto que la región ha de ser entendida como parte de algo, pero así no se entiende en España lamentablemente, o en México como se ve en las Regiones controladas por los cárteles de la droga. La Región, con R mayúscula es una realidad de identidad y pertenencia diferenciada de otras Regiones, por lo tanto acaba siendo "nacionoide". Nación de Regiones es igual a Nación de Naciones. Las Autonomías, los narcos y las mafias sicilianas son lo mismo: estructuras nacionoides a la espera de constituirse en una Región/Nación propia.

Afirmo por tanto que en la Modernidad, Nación y Región son lo mismo. Es decir, un planteamiento regionalista siempre acabará siendo, o teniendo el problema de ser un planteamiento nacionalista porque los mecanismos de emanación de soberanía, de proyección de cultura y de gestión son equivalentes con las instituciones que están planteadas y son planteables con la tecnología y operativa social modernas.

Nada cambia entre una Autonomía y el Estado. Por lo que las Autonomías se convierten en Estados o quieren convertirse en ellos. Ambas tienen constituciones "nacionoides" (desde el punto de vista de la Nación-Estado liberal).

La única forma de que la Región no sea nacionoide es deconstituirla y hacer que ese nivel, si existe esté en vinculación directa con el nivel de arriba, o el de abajo. No que se constituya como propio, porque entonces sustituirá al nivel de arriba.

Por lo que, Mancomunidad regional temporal de Municipios, sí. En este caso la región queda diluida porque es una estructura temporal de frontera borrosa, a veces la Mancomunidad estará compuesta por tu municipio y aquellos del Oeste, otras veces por aquellos del Este, otras veces, incluso, habrá Mancomunidades "estelares" de los 5000 municipios de menos de X habitantes y así.

Delegación regional de la Nación, también sí (aquí sí entra la definición comentada de región como parte de algo, región con r minúscula). Igualmente, queda diluida en el seno de la Nación. Así suelen ser las regiones de las Naciones hispanoamericanas.

Región como entidad constituyente, de fronteras fijas, identidad diferenciada y poderes independientes y propios, entre Municipio y Nación, no, jamás.

Y claro, Nación como región de algo superior,  jamás. Lo que se propone superior a la Nación hispánica es la Confederación hispánica, que ya no tiene una constitución nacionoide (no libre movimiento de personas, capitales...) y por tanto sus partes no son regiones, son Naciones.

Si el suelo es el Municipio (la República democrática), las Naciones son los pilares (aristocráticos, meritocráticos), y la Confederación la cubierta (monárquica, anfictiónica) del Edificio hispánico.

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Menudo lío nos hemos montado con las "r"egiones y las "R"egiones. Al final me está costando seguir el hilo. Quizás sea más conveniente diferenciar entre regiones y autonomías (por emplear el término con el que se les denomina en España), y así evitar el riesgo de que las distintitas regionalidades legítimas, como pueda ser el caso de las provincias y comarcas, se vean perjudicadas con el discurso anti regionalista. Por cierto, creo entender que sí te parece correcto la existencia de ese nivel intermedio entre el municipio y el estado, que sería la provincia, representada ésta por su diputación correspondiente.

De todas formas y como ya se ha mencionado, creo que lo que está en el trasfondo de este discurso es el concepto de soberanía, concretamente el de soberanía nacional, pues en ésta se legitima la propia existencia de la nación. Por eso creo que sería importante analizar, hasta qué punto las autonomías no han sido creadas para sustituir a las provincias, en un modelo de construcción europea donde poco a poco la nación vaya delegando su soberanía en esa otra supra nación que sería Europa.

Es decir, hasta qué punto no se estarían modificando las escalas de forma que, con el tiempo la nación soberana desapareciese para pasar a convertirse en región autónoma de un estado superior, y las regiones autónomas se convirtiesen a su vez en las unidades mínimas de ese gran súper estado. Quedando así relegados los municipios y provincias a meras comunidades y mancomunidades vecinales sin ninguna capacidad de desarrollo y gestión que la derivada de la mera servidumbre regional.

A fin de cuentas, si la soberanía recae en el pueblo español y este "decide" integrarla en la de otro súper estado europeo, nada impedirá que, esa soberanía europea, mañana "decida" prescindir de determinadas naciones tal y como hoy las conocemos.

Lo interesante sería definir de dónde proviene la soberanía y en que institución debe estar depositada, para que una nación pueda ser tenida como tal.

 


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Sí, quizás sea cuestión de nomenclatura. Igual podemos utilizar Autonomía, Comunidad Autónoma (CA) o cualquier otra. Desgraciadamente la palabra "región" y "regionalismo" han quedado dañadas por el actual régimen.

Lo importante es que estamos de acuerdo en el fondo, creo... Desde luego, entre el Estado y el Municipio se necesitan cuerpos intermedios. Que no son las CC.AA. como tenemos ahora creo que es claro...

Momento de Humor: en BBJ encuentro muy cachonda la picadilla entre Bernaldo y latinito al respecto... Bernaldo le toca mucho las pelotillas a latinito porque siempre está despotricando contra los euscaldunes, los catalufos, etc, etc... pero cuando le ha saltado con el tema este pro provincial y desmontador de las CACAs autonómicas se pone hecho una fiera y se autoproclama en portavoz de todos los aragoneses afrentados por mi ignominiosa propuesta, jajaja. Te desternillas de risa. El Bern es un puñetero!

Sí Peritta, sí, algo de razón no te falta jajaja.

 

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Lo siento por el lío, pero es escuchar "región" y se me activan todas las alarmas, no puedo evitarlo. Intento salvar la palabra, pero me supera, es imposible.

"Regiones" viene acompañando a la palabra "nacionalidades" como dos díscolas y oscuras hermanas en nuestro Artículo 2 de la CE.

Región viene de regio, regionis, de rego, también Régimen, suena demasiado a Regir, a Dirigir, incluso me temo que la misma raíz dio Regio y Rey, o si no es así, se confunde demasiado y muy rápido; una Región es un Reino, la propiedad de un Rey, un reyezuelo, un Rector, un aspirante a Rey. Y también esa raíz dio rogar y arrogante. No me gusta nada de esto. Por eso digo que la Región, la Dirección, la "Rección" (Rectitud), es el Reino, el Reino de España y ni uno más.

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Los cuerpos intermedios ya están propuestos:

-Diputaciones o Delegaciones temporales del Estado,

-Concordias o Mancomunidades temporales de municipios.

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No sé cómo veréis este artículo de Prada. Los dos primeros párrafos me parecen magníficos. El problema es que parecen tan solo el preámbulo de la minimización del problema separatista que desarrolla a continuación.

Cita

El barrizal positivista

Es el positivismo el que niega que la comunidad política sea una realidad natural y la convierte en un artificio

Juan Manuel de Prada

Juan Manuel de Prada

Actualizado:11/05/2019 08:52h

Para captar la magnitud del barrizal positivista, conviene leer cierto pasaje de santo Tomás donde se nos propone un criterio infalible para determinar el objeto de protección de las leyes, basado en las inclinaciones elementales del ser humano. La primera de estas inclinaciones, que el hombre comparte con todo lo que existe, es la conservación de su ser; de ahí que las leyes deban conservar la vida del hombre e impedir lo contrario. La segunda de estas inclinaciones, que el hombre comparte con los demás animales, es la procreación; de ahí que las leyes deban garantizar la unión de los sexos y la consecuente protección de la prole. La tercera de estas inclinaciones, específica del hombre, es la inclinación a vivir en comunidad y a conocer a Dios; de ahí que las leyes deban proteger la comunidad política y la religión.

El positivismo ha desprotegido la más elemental de todas estas inclinaciones, permitiendo el aborto, las mutilaciones con finalidades no terapéuticas, incluso el suicidio asistido. Ha desprotegido la segunda inclinación, amparando todas las formas de vida que dificultan la procreación y la crianza de los hijos, admitiendo leyes laborales opresoras, debilitando la patria potestad y convirtiendo las escuelas en corruptorios. Y, en fin, ha desprotegido la tercera de estas inclinaciones, mediante leyes que impiden conocer a Dios (todas las que promueven el «laicismo», así como la llamada sarcásticamente «libertad religiosa») y que dañan la existencia de la comunidad.

A mí me hace mucha gracia esa gente tan, tan, tan patriota que se cabrea muchísimo con los separatistas que quieren «romper España»; pero, en cambio, está encantadísima con todas las leyes que se dedican a dificultar, castigar o impedir todas las demás inclinaciones elementales del ser humano. Honestamente, considero que quienes así actúan utilizan el separatismo como un «payaso de las bofetadas» (al que pueden atizar de lo lindo), mientras apoyan y aplauden leyes que castigan o impiden las inclinaciones más elementales del ser humano. Pero hagamos abstracción de esta evidencia (que es como tragar el camello) e imaginemos que el separatismo es el mayor de los males (que es como colar el mosquito). Sin embargo, este mal es también hijo del positivismo. Es el positivismo el que niega que la comunidad política sea una realidad natural y la convierte en un artificio, hijo de un «contrato» llamado Constitución (y lo que es hijo de un contrato tiende, tarde o temprano, a caducar). Es el positivismo el que, a través de ese «contrato», ampara y sufraga la propagación de ideas disolventes de la comunidad política, permitiendo a quienes las propagan formar partidos y defenderlas en los órganos de la «voluntad popular»; y luego, el positivismo pretende que esas ideas que ampara y sufraga no puedan llevarse a cabo. Los cínicos que defienden este apaño sostienen que, cuando se firmó ese «contrato», había que alcanzar «consensos», por razones de cálculo (y de reparto del momio también, aunque esto lo callen). Pero la ley justa -nos enseña Platón- es descubrimiento de «lo que es», no sometimiento al cálculo. El positivismo antepone siempre el cálculo al descubrimiento de «lo que es», sin importarle negar las inclinaciones más elementales del ser humano. Y esto es puro nihilismo y rechazo de «lo que es»; o sea, pura psicopatía ontofóbica.

Pero tampoco nos pongamos trágicos. Al positivista que necesita un «payaso de las bofetadas» al que atizar, mientras apoya leyes que impiden las inclinaciones más elementales del ser humano, siempre le quedará el consuelo miserable de la derrota del Barça ante el Liverpool. Como ironizaba Válery, el moderno se conforma con poco.

https://www.abc.es/opinion/abci-barrizal-positivista-201905110023_noticia.html

 

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Yo diria que, más que minimizarlo, lo pone en el contexto de un problema más amplio o como una derivación añadida del positivismo.

Lo que hace es poner de relieve la incoherencia de combatir uno de los resultados mientras que se toleran otros. Algo de eso sí que hay en cierto discurso derechil.

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Todos los artículos de Prada sobre el tema siguen el patrón de evitar tocar directamente la cuestión del separatismo, presentándola siempre como una consecuencia de unas ideas previas... Que curiosamente sostienen el 99% de los que se oponen al separatismo.

La cerrazón ideológica le lleva al punto de considerar lo mismo una España rota que una España no rota y no regida según su ideología. Es una postura suicida y me sorprende que de Prada no lo vea.

En otro orden de cosas, de Prada (y otros) se engaña quierendo ver en los separatistas a unos patriotas foralistas frustrados y descarriados por culpa del centralismo y el liberalismo, véase por ejemplo la captura del Facebook sobre Junqueras que trajo Hispanorromano. Sin acritud, creo que de Prada no comprende la mentalidad real de los separatistas y está alejado peligrosamente de la realidad (quizá en algunos puntos debería volver a sus opiniones de hace unos años).

Los separatistas ni saben lo que es España ni les importan los distingos centralismo/foralismo o liberalismo/tradicionalismo. Ellos van a lo suyo y si reclaman más autonomía dentro de la Nación, una España descentralizada o incluso aluden a los fueros en un momento dado, no es porque ése sea el fin que buscan, sino porque es una artimaña que les puede servir para llegar a su objetivo final: La desintegración de España.

La realidad es que a los separatistas va a costar mucho moverlos. Por eso que en Cataluña haya 2 millones de separatistas en muy grave y delicado, y por eso en el resto de regiones hay que frenar a toda costa el avance del separatismo, aún haciendo importantes concesiones ideológicas.

No se puede pretender luchar las batallas del siglo XIX en el siglo XXI, aunque el objetivo final y los principios sean eternos. Las piezas se han movido y hace tiempo que se acabaron las patrullas de carlistas.

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cierto lo que dices, protegido, ahora bien.... nunca va a estar de más señalar cómo y por qué se cree que hemos llegado a tal punto, y creo que de Prada sigue siendo bastante coherente en el tema.

en lo que también creo que estoy contigo, y es algo que vengo reprochándole a los carlistas, es el injusto trato de favor que le dispensan a los territorios que otrora fueron sus bastiones, a pesar de la extensión de la deslealtad que ha ido proliferando en ellos mientras no dejan de mostrar destellos de cierto desdén hacia cualquier mínima reivindicación en otros caracterizados históricamente por todo lo contrario.

a JMdP le vengo notando esta especie de compadreo con el tema catalán, cierto.

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La Euskal Herria y la Cataluña borrokas no son Tierras forales de la Hispanidad, sino Etnonaciones de la Europa de los pueblos (esa Europa donde hay 40 naciones de 8 millones de habitantes, y una, Alemania, con 90). Trabajan con coordenadas del idealismo alemán, el romanticismo, el etnosupremacismo y el orteguianismo. Lo dicen. Catalunya nou Estat d'Europa. No de la Hispanitat.

Son anglotexanos queriendo unirse a EEUU en 1840. Son Eslovenia y Croacia queriendo reventar Yugoslavia. Son nazis que se han subido al campanario de una vieja iglesia a ametrallar a todo el que pasa, al más puro estilo hollywoodiense de la IIGM, y aparecen tipos como Prada llevándose las manos a la cabeza para no bombardear el campanario, puesto que interpreta que los allí subidos son hombres de Dios. Miopía, Maldad o las dos cosas.

 

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Tampoco nos pasemos. Existe una obvia diferencia entre la potencia, la existencia y la plenitud de algo. Que potencialmente podamos ver en la evolución de los separatismos, todas esas mismas similitudes que señalas, no justifica discursos "borroka" que en nada ayudan a resolver el problema sino a acentuarlo. O estamos en el lado de la unidad o estamos en el del quebranto. Es así de simple.

Como muy bien ha dicho elprotegido, con quien estoy muy de acuerdo, esta gente va solo a lo suyo y eso es precisamente el quebranto, es decir, la "borrokacización" del conflicto hasta el extremo que se justifique la necesidad de desintegrar España por un número cada vez mayor de simpatizantes.

Sin embargo yo veo el discurso de Prada orientado en el sentido de preservar la unidad, apuntando orígenes pero tratando al mismo tiempo de no sembrar mayores discordias que puedan abundar en su quebranto. Esto es, abordando el tema indirectamente pero tratando de no perder el respeto hacia quienes sienten el deseo de separarse, ya que este tema se basa sobre todo en una siembra de sentimientos, más que de razones, que lleva décadas produciéndose.

Puede que en alguna medida actúe así motivado por sus propios intereses personales como escritor, a quién no conviene castigar a una parte importante de su público pues Cataluña sigue siendo el segundo mercado de libros más importante de España. Pero también, y de esto pocas dudas me caben dada la trayectoria personal de este hombre, por simple prudencia católica y sentido del deber patriótico. Sí, ya sé que igual esto último puede sonar raro pero, pensemos que miopía también podría ser la de no ver que lo de Cataluña o el País Vasco, ya se ha intentado solucionar manu militari en otras ocasiones y nunca ha funcionado, como tampoco lo han hecho las buenas palabras, los pactos, ni las concesiones.

En definitiva, para mí es un problema irresoluble en sí mismo que solo se superaría definitivamente si España tuviese un proyecto de nación lo suficientemente importante, amplio e ilusionante como para dejar en un segundo término el deseo secesionista de muchos. Es así de simple pues las personas funcionamos de la manera que lo hacemos, y cuando nos empeñamos en algo, casi nunca nos descabalgamos de ello a no ser que encontremos algo que nos motive aún más. El nacionalismo excluyente nunca va a desaparecer, pero con un proyecto potente de nación, sí que podría reducirse a sus términos naturales de aldea.

Por eso yo sí coincido con la crítica que hace en su artículo, aunque también advierto que carece de lo mismo que aquellos a quienes critica, es decir, de ese proyecto vertebrador, casi podríamos decir de salvación, capaz de superar las brechas actuales. No obstante, tampoco es algo fácil estructurar algo así.


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En mi opinión de Prada alude a algo demasiado general, por mucho que tenga razón en su crítica. Por otro lado, tampoco es claro que el positivismo tenga una influencia enorme en el separatismo, hasta el punto de ser su padre. De hecho yo no lo considero ni una de causas principales. Principalmente, porque en Cataluña ha habido serios conatos separatistas ya en el siglo XVII, época en la que no se había inventado el positivismo.

El quid de la cuestión, es que durante el siglo XIX, la burguesía catalana se suma, por sus intereses económicos, a la moda del nacionalismo romántico-etnicista en boga entonces en Europa y eso configura el separatismo catalán posterior. Más que positivismo, lo que explica el separatismo catalán es la negación del imperio, la negación del universalismo y la exaltación de las particularidades concretas como la lengua, el terruño o la etnia, como definitorias la Nación. El separatismo es identitarismo, desde Daniel Cardona comparando los cráneos de los ("arios") catalanes y los ("semitas") españoles hasta las sapientísimas disquisiciones de Junqueras sobre el ADN y los fraternales comentarios de Quim Torra, pasando por el "Espanya ens roba" y muchas otras frases pintorescas.

De Prada quiere ver en la decadencia del derecho natural y el surgimiento de sucedáneos constitucionalistas-positivistas la causa primera del separatismo. Que quede claro que también yo proclamo la primacía del derecho natural. Sin embargo, yo afirmo que es la pérdida del ideal del Imperio Español lo que lleva a ese recogimiento en las particularidades regionales, del mismo modo que estoy convencido que la pérdida de la idea universalista es lo que lleva a naciones como España, destinadas a volcarse al mundo, a una religiosidad meramente formal primero y a la apostasía después. El asunto, más si se restaura el derecho natural, es si España recupera su unidad de destino.

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Excelente pero te ha faltado mencionar que esos mismos intereses económicos que llevan a la burguesía catalana a sumarse a la moda del nacionalismo romántico europeo, son los que al final del siglo y con la pérdida de los territorios de ultramar, se empeñan en la idea de separarse de España habida cuenta de la pérdida del "negocio americano". Por tanto, el separatismo actual tiene también una importante raíz en el positivismo de esa misma época, en la medida que considera positivo desprenderse de "un lastre" que ya no lo es.

Por lo demás, coincido plenamente contigo en la idea de que su origen es anterior y coge fuerza en la disyuntiva entre austracistas y borbónicos del S.XVIII, especialmente tras perder el bando austracista y ser eliminados los privilegios forales.


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    • Antes que nada quería remarcar que me estoy refiriendo al contexto de estado liberal que disfrutamos/padecemos.

      Soy uno de esos que en su día cayeron en la moda de meter en el mismo saco a todos los funcionarios y hacerlos deudores de los más diversos agravios.

      Pero he ido modificando mi opinión y llegado a la conclusión de que  gran parte de lo decente en nuestro país ha entrado bajo ese manto y, en buena parte, está dormitando por desmotivación pero que seguro podrían ser, de forma relativamente sencilla, reactivados y recuperados para el bien de España.

      Os pongo aquí un video a una conferencia de un tipo al que le tengo bastante respeto, Alfonso Nieto, un gran experto en derecho administrativo (sé que no os tragaréis la conferencia pero ahí lo dejo y me gustaría hacer unos extractos de la misma con algunas observaciones que me parecen interesantes).

       





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    • Post in Observatorio contra la Hispanofobia y la Leyenda Negra
      Ataque hispanófobo esta vez desde México.

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        • I like what you say (5 positives and 3 improvement points)
    • El terrorismo estocástico y el atentado de Nueva Zelanda
      El pasado octubre se produjo una cadena de sucesos que me hizo pensar que estamos ante una nueva era de terrorismo inducido a través de internet. El día 23 de octubre, George Soros y otros adversarios de Trump empezaron a recibir cartas bomba que no llegaron a causar ninguna víctima. El 27 de octubre un sujeto abrió fuego contra una sinagoga de Pittsburgh y dejó 11 muertos y 7 heridos. El anterior día 26 se produjo otra noticia de la que no se informó en España: Gregory Bush asesinó a dos transeúntes negros; minutos antes había intentado entrar en una iglesia negra para perpetrar una matanza. En cuestión de una semana se produjeron tres acciones terroristas de inspiración identitaria y se dio la casualidad de que los tres terroristas tenían una intensa actividad en internet, donde difundían teorías de la conspiración típicas de la nueva ultraderecha: el Gran Reemplazo, el Plan Kalergi, el Genocidio Blanco, Soros llena EEUU de inmigrantes hispanos, etcétera.

      (...)Hace tiempo alguien habló de terrorismo estocástico para referirse a este nuevo fenómeno en que las comunicaciones masivas, especialmente las redes sociales, inspiran actos de violencia al azar que son estadísticamente predecibles pero individualmente impredecibles. Es decir, cada acto y cada actor es diferente, y nadie sabe quién lo cometerá ni dónde ocurrirá el próximo acto, pero es probable que algo termine ocurriendo. No puedo programar a nadie para que cometa un atentado en tal fecha y lugar, como a veces se decía fantasiosamente en algunas películas de espías, pero sí puedo inundar esa mente colmena que es internet con la suficiente intoxicación como para que alguien termine cometiendo una acción terrorista contra los enemigos que voy designando. No sé cuándo ocurrirá el acto terrorista ni dónde se llevará a cabo, pero es probable que termine ocurriendo un acto terrorista que a su vez facilite los siguientes actos, pues el terrorismo es ante todo propaganda. 
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    • Masacre en Nueva Zelanda ¿Son las redes sociales culpables?
      Como imagino que todos sabréis ya, ayer se produjo una matanza en Christchurch, una pequeña población de Nueva Zelanda donde, un supremacista blanco entró armado con rifles y escopetas en dos mezquitas y comenzó a disparar a todos los que se encontraban dentro, ocasionando 49 muertos y otros tantos heridos de bala, entre ellos mujeres y niños.

      Lo más grave del asunto es que el tipo retransmitió en directo su salvajada a través de Facebook, como si fuera un stream de un videojuego, logrando viralizarse a los pocos minutos de comenzar la matanza. Fue la policía la que tuvo que pedir a esa red social que cortase la emisión ya que durante casi veinte minutos, el asesino estuvo emitiendo impunemente sus crímenes.
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    • La diversificación de la propaganda rusa: PACMA, Podemos y ultraderecha
      La maquinaria rusa de desestabilización política parece que comienza a calentar motores de cara a las próximas citas electorales. Analizamos algunas cuentas en Facebook, bajo bandera de Rusia, que estarían apoyando toda la amalgama de ideologías y movimientos radicales, desde el animalismo hasta la extrema derecha.





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