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Vanu Gómez

El Capitalismo como verdadero causante de la destrucción de la familia en Occidente.

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Pues voy directo y a la cabeza tirando de artículo de Juan Manuel de Prada, que lanza semejante bomba. La cuestión es si se le puede o no negar la mayor tomando como referencia los efectos del comunismo en varios países. No lo sé, se podría debatir... sin necesidad de buscar un "y tú más" ni que se convierta el debate en una defensa del capitalismo.

 

https://www.xlsemanal.com/firmas/20190121/sirviendo-al-amo-juan-manuel-prada.html

Sirviéndo al mismo amo

 

Animales de compañía

Mucha gente se ha ilusionado en Europa con las nuevas derechas que, frente al entreguismo de los conservadores fanés y descangallados, se oponen a las políticas de género o se declaran favorables a la familia. Se trata, en realidad, de la misma golosina con que los conservadores hoy fanés y descangallados engatusaban a muchos incautos hace veinte o treinta años; la misma con que los democristianos encauzaron en su día a otros muchos ingenuos hacia los rediles que convenían al liberalismo.

En su encíclica Quadragesimo Anno (1931), Pío XI advertía que «aun cuando la economía y la disciplina moral, cada cual en su ámbito, tienen principios propios, es erróneo que el orden económico y el moral estén distanciados y ajenos entre sí». Cinco años antes, en The Outline of Sanity, ya denunciaba Chesterton el error trágico que estaban cometiendo muchos católicos, dejándose arrastrar por intoxicadores que les metían miedo con el comunismo, mientras el capitalismo imponía «una civilización igualmente centralizada, impersonal y monótona», capaz de «crear una atmósfera y formar una mentalidad» rabiosamente anticomunitarias, antifamiliares y antinatalistas. Posteriormente, en The Well and the Shallows (1935), Chesterton desarrollaría esta tesis, afirmando que «lo que ha destruido la familia en el mundo moderno ha sido el capitalismo: ha sido el capitalismo el que ha arrasado hogares, alentado divorcios y despreciado las viejas virtudes domésticas; ha sido el capitalismo el que ha provocado una lucha competitiva entre los sexos; ha sido el capitalismo el que ha destruido la autoridad de los padres; ha sido el capitalismo el que ha sacado a los hombres de sus casas en busca de trabajo…», etcétera.

Parafraseando a Chesterton, podríamos añadir que lo que ha traído las políticas de género y, en general, todas las ideologías de disolución familiar y comunitaria ha sido el capitalismo. O, más exactamente, la ideología liberal que, con su exaltación del individualismo y la autodeterminación, ha dado forma y sustancia al capitalismo. Esta evidencia denunciada por Chesterton la proclama exultante Walter Lippmann, uno de los padres del neoliberalismo, en su obra The Good Society (1937): «Se ha producido una revolución en el modo de producción. Pero esta revolución tiene lugar en hombres que han heredado un género de vida enteramente distinto. Así que el reajuste necesario debe extenderse a todo el orden social por entero. (…) Debido a la naturaleza de las cosas, una economía dinámica debe alojarse necesariamente en un orden social progresista. (…) Los verdaderos problemas de las sociedades modernas se plantean sobre todo allí donde el orden social no es compatible con las necesidades de la división del trabajo. Una revisión de los problemas actuales no sería más que un catálogo de tales incompatibilidades. El catálogo empezaría por lo heredado, enumeraría todas las costumbres, las leyes, las instituciones y las políticas y sólo se completaría después de haber tratado la noción que tiene el hombre de su destino en la Tierra y sus ideas acerca de su alma». Otro padre del neoliberalismo, Louis Rougier, lo establece también taxativamente en Les Mystiques économiques (1938): «Ser liberal es ser esencialmente ‘progresivo’, en el sentido de una perpetua adaptación del orden legal a los descubrimientos científicos, a los progresos de la organización y la técnica económica, a los cambios de estructura de la sociedad y de la conciencia contemporánea». El triunfo del capitalismo, de hecho, se funda en esa «perpetua adaptación» de los hombres al divorcio, al aborto, al desprestigio de las virtudes domésticas, a la lucha de sexos, a las políticas de género. El triunfo del capitalismo no sería, en fin, ni siquiera concebible sin el sometimiento de los pueblos a sus destrozos antropológicos.

Esta evidencia ha sido siempre ocultada por las derechas, que han atemorizado a sus adeptos con el fantasma del comunismo, hoy trasmutado en «marxismo cultural» (que no es otra cosa sino liberalismo consecuente). La derecha que se declara favorable a la familia, o contraria a las políticas de género, a la vez que aplaude el orden económico capitalista y la ideología que lo conforma es tan mentirosa como la izquierda que clama contra el capitalismo, a la vez que se entrega denodadamente a la destrucción de la familia y de los vínculos comunitarios. Ambas sirven al mismo amo, a la vez que satisfacen los mecanismos de la demogresca, que necesita negociados de izquierdas y derechas para mantener enzarzados a los pueblos (o a las masas amorfas en que los pueblos degeneran, una vez destruidos los vínculos que los hacían fuertes).

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Uno tiene la tentación de socorrer a los pragmáticos que convencidos de la fortaleza inexpugnable del capitalismo o quizás, criptoseducidos por él, abogan por posturas intermedias donde la separación economía-moral, es un hecho aceptado y sobre cuyos efectos conviene actuar intentando minimizar los que son perversos.

Parece una paradoja a unos pocos y para muchos más, sería como aceptar un ciclo es expansion-reparto, contracción-sacrificio, tutelado todo ello por los "amos". Para menos que pocos, la paradoja no estaría en la idea fundamental sino en cómo llevarla a cabo.

Todo sobrenada una causa subyacente y a mi juicio no es otro que la democracia sin medida ni frontera. Una democracia universal que potencialmente expresa todo pensamiento y voluntad aunque el desencanto, ya patente, se concrete en su "imperfección" y no en que su condición de "universal" lleva la larva de su propia sin razón. Frases vehementes como "moriría por tu derecho a decidir" están en la raíz del pensamiento democrático popular, y digo popular porque entre lo que piensa y a lo que aspira el pueblo, hay un océano entero que lo separa de lo que piensa el "poder". Y no obstantes, se insiste en la "imperfección de la democracia" como si existiera una democracia perfecta que fuera de naturaleza universal. Creo que el concepto universal debería abarcar el universo de las capacidades reales aplicadas a la complejidad de las decisiones. Cuando esa capacidades están por debajo de la dimensión de las decisiones a tomar, se produce una ruptura, cubierta, precisamente, por esos "decretos" tan antidemocráticos. Una democracia "pija" que funciona en el ámbito de la separación y polarización de criterios, pero despótica en aquellos asuntos en los que la opinión social no existe sino como el resultado de la propaganda en un sentido y en el contrario. Desgaja la sociedad, pero no desgarra al sistema.

Capitalismo y democracia son lo mismo en términos prácticos. El libre mercado es posible si es posible "la libre aceptación", y no hay nada más libre y pragmático que torcer la voluntad de aquellos que conscientes de sus peligros, no en tanto que comercio, sino en tanto que las fuerzas que ese comercio implica en materia de libertad real... La "voluntad" del pueblo, no es otra cosa que la voluntad de sus élites trasformada en un espectáculo de marionetas en el que "monchitos" rojos y azules se insultan y pelean...

¿Cómo cambiar todo este entramado que ya forma parte de las palpitaciones del mundo, que son su dogma fundamental?. Ahí está la cuestión, más práctica que conceptual. ¿Es posible un estado moral, democrático y capitalista o moral, democrático y comunista?.

La concepción social e individual del Catolicismo tiene la solución, pero de triunfar implicaría una especie de retroceso o avance en el necesario acercamiento entre la riqueza y las posibilidades de los que más tienen con la de los que menos tienen.

Se abriría aquí el escollo de la justicia social y de su efecto en las dinámicas económicas.

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Está bien este artículo de Prada. Es verdad que el capitalismo tiende a acabar con la familia. Aunque no está claro si es el capitalismo, como sistema económico, el que que acaba con la familia o son más bien algunas de las características que el capitalismo comparte con el comunismo, por ejemplo, el racionalismo, el culto del progreso técnico o la ausencia de referencias religiosas.

El aborto, la planificación familiar, el amor libre y la igualdad de sexos fueron legalizados por el comunismo y, antes de ser legalizados, fueron conceptos defendidos por comunistas y sobre todo por anarquistas. Es verdad que el liberalismo capitalista les allanó el camino de múltiples formas. Y quizá el que empezó está guerra contra la familia fue Malthus. Pero, como esta destrucción de la familia se da tanto en los regímenes capitalistas como en los comunistas, parece más razonable pensar que se deba a algunas características que comparten y que no necesariamente hacen referencia a la organización económica.

Cosas que no me gustan del artículo de Prada: la sempiterna alusión al "fantasma del comunismo", como si no fuese un problema o como si el problema hubiese sido alguna vez su régimen económico y no su despotismo amoral; la transformación de la necesaria crítica al concepto del "marxismo cultural" en una apología velada de la URSS y su supuesta defensa de los valores familiares.

Cosas que me gustan del artículo: la crítica al capitalismo; que les deje claro a los de Vox que toda su ofensiva contra las "políticas de género" será en vano si no hay un cambio del sistema. Creo que ése es el verdadero trasfondo del artículo. Aunque por otra parte no me cuadra mucho con el hecho de que, en las últimas primarias del PP, apareciese en la tele haciendo campaña por uno de los candidatos, ni con su defensa de Salvini como alguien mucho más benigno que Abascal, entre otros.

Cosas que me sorprenden: la mención a Louis Rougier, que participó en Régimen de Vichy y que fue el padre de la Nueva Derecha en todo lo que se refiere al neopaganismo anticristiano. Podría haber mencionado este hecho para darle mayor fuerza al artículo. Rougier da la clave cuando exige una "perpetua adaptación del orden legal a los descubrimientos científicos, a los progresos de la organización y la técnica". Tanto en el capitalismo como en el comunismo las leyes están supeditadas, no a la moral religiosa, sino  a la ciencia y la técnica del momento. En esta mentalidad que comparten ambos sistemas, si la técnica permite controlar los nacimientos, puede y debe hacerse; ni los teólogos ni los filósofos deben ser consultados al respecto.

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Aunque no siempre estoy de acuerdo con lo que escribe De Prada en sus artículos, en esta ocasión sí coincido en gran medida con lo que expone. Estoy convencido desde hace mucho que, capitalismo y socialismo (liberalismo y progresismo si se quiere) son las dos caras de una misma moneda. Figura que refleja la realidad sobre la que orbitan ambas teorías económicas, como es la de una sociedad ordenada en torno a su beneficio material, en perjuicio de aquella otra ordenada en torno al ideal o espiritual. Es decir, "el amo al que ambas concepciones económicas sirven", su factor fundamental no es otro que el materialismo encarnado en el dinero, y sobre ese fundamento se desarrollan ambas, ya sea dejándolo en manos privadas y a merced de los mercados, como sugiere el liberalismo, o en de la colectividad y a juicio del planificador como prefieren las diversas visiones socialistas, para corregir supuestamente las injusticias derivadas de la primera concepción. En cualquiera de los casos, la ambición y el intercambio que de éste harán los actores, movidos por el error de estar fundados en el materialismo de las cosas, serán causante de todo lo demás: injusticias, destrucción de la familila y modos de vida, pérdida de la identidad y el sentido común, etc, pues ambas posturas sustituyen el providencialismo que procura el bien universal por los deseos del hombre y sus cosas como protagonistas últimos de la historia.

Sea como fuere, lo pernicioso de ambas visiones es que el hecho moral, es decir la distinción sobre lo que está bien o mal, no se ordena en función de ese bien universal que procura una mejor, más digna y verdadera condición humana, sino en base a aquello otro que más la enriquezca materialmente, como si el ser humano careciese de esa dimensión espíritual que en definitiva es lo que le caracteriza y dota de significado. Por eso, yo sí creo que sea el sistema social y económico y no sus meras características el que destruye al hombre ya que, este ha dejado de ser el bastón de apoyo del orden moral necesario para salvarse y alcanzar la plenitud de la felicidad, para convertirse por si mismo en el propio factor fundamental que, mediante sus deseos materiales motiva su vida y su conducta: tener para ser.

En lo que no estoy de acuerdo es cuando dice que la derecha siempre ha ocultado la evidencia de esa relación causa efecto. Aquí en España sin ir más lejos, existía una derecha que tenía más clara que hoy la magnitud perjudicial del capitalismo como origen de muchos de los males sociales, como revela este pequeño fragmento del nodo.

 

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Suscribo los análisis que habéis hecho. Intento explicar mi visón (complementaria) del asunto.

El capitalismo es amoral, en el sentido que en la práctica no defiende moral objetiva alguna. Un sistema así deja la moral (cristiana) en el ámbito estrictamente privado, aunque no la ataca. Es una evolución seguramente del pragmatismo protestante y de hecho así funcionaron los EEUU desde su fundación hasta los años 50, cuando las ideas comunistas empiezan a extenderse y la evolución de la sociedad ya no puede explicarse por entero por la acción del capitalismo. Son sociedades que, no obstante, pueden "funcionar".

El comunismo, en cambio, es antimoral en el sentido que los valores comunistas son aquellos que, de implantarse, llevan a las comunidades a la autodestrucción y al colapso. Por ejemplo, el activismo comunista pone mucho énfasis en ridiculizar las creencias religiosas y en general todo comportamiento honorable y virtuoso. La Iglesia, el Ejército, la Policía y en general toda institución que proporcione cohesión a la sociedad es atacada virulentamente por el comunismo.

Por lo anterior, los Regímenes que son comunistas en alto grado nunca "funcionan" y la gente huye de ellos hacia Regímenes capitalistas que, aunque siendo malos, sí funcionan. Esa disfunción de los Regímenes comunistas no puede atribuírse por entero a un "boicot" del capitalismo, pues si bien ese argumento serviría (o podría servir) para Corea del Norte, no lo haría en el caso de la URSS.

En cualquier caso, un sistema amoral es completamente vulnerable a un sistema/virus antimoral, pues carece de esquemas que propugnen una verdad moral objetiva que pueda contrarrestar la subversión, cuando ésta se presenta. Por eso en las sociedades capitalistas los comunistas gozan de una infiltración y poder crecientes en los puestos claves de la sociedad. Sólo eso explica que nuestra sociedad sea más comunista culturalmente hoy que a la fecha de la caída de la URSS.

Es decir, de algun modo las sociedades capitalistas están condenadas irremediablemente al comunismo. De ahí que ante el auge del comunismo en los años 30, la única respuesta que de verdad pudo pararlo proviniera de la Europa Católica, donde la conciencia católica todavía existente sí defendía una moral objetiva como guía de la sociedad frente al indiferentismo capitalista. No por casualidad el "insulto" preferido por los comunistas es el de fascista. Podría debatirse si el nacionalsocialismo a su vez opuso otra "moral" objetiva a la vez opuesta al comunismo y al catolicismo, pero como en cualquier caso juzgo esa supuesta moral como rechazable desde mis creencias no me interesa debatirlo aquí.

Por concluír, y en esto estoy en desacuerdo con lo que dice Prada en su artículo, no es el capitalismo quien promueve venenos sociales como la ideología de género (consecuencia lógica de cualquier forma de feminismo, que tampoco se olvide) y otros, sino más bien que el capitalismo, con su indiferentismo en las cuestiones morales, es incapaz de articular ninguna oposición a los subvertidores que promueven esos venenos. 

Viéndolo desde otro punto de vista, el capitalismo tiende a considerar a la sociedad como un juego en el que todos los jugadores buscan maximizar su beneficio económico. A partir de allí, se postula una tendencia a un cierto equilibrio en el que todos los actores estarán satisfechos y se alcanzará con ello la cohesión social. El inconveniente, a mi juicio, es que muchas veces las motivaciones humanas están lejos de estos impulsos. Hay personas que encuentran más satisfacción en la desgracia de otros que en su propia felicidad, por lo que lo anterior es incapaz de "predecir" el comportamiento de esas personas.


Esta publicación ha sido promocionada como contenido independiente

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¿No creéis que el conflicto de los taxis entra justo en el centro de este marco de discusión?

Creo que, a otra escala y en otro ámbito, asistimos a una situación con paralelismos a las desamortizaciones del comunal que convulsionaron de cabo a rabo el agro español en el XIX.

Se pretende forzar la exposición directa a la lógica de lo los mercados de grandes capitales hasta los últimos reductos que habían quedado sin conquistar.

El vuelco mediático está siendo impresionante y demoledor. Su función es estimular la "Schadenfreude", el que se jodan, de las masas que están ya sometidas a la bestia e invitarlas a que colaboren en la descapitalización de las familias frente a las sociedades capitalistas.

Y lo que es peor, el sector de españoles decentes que no aceptan eso, ni  tampoco se dejan seducir por el marxismo, están votando o van a votar a partidos liberales que abogan por esa expropiación  de la que habla de Prada.

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      Una vez más, por aprecio a estos amigos dejo solo el enlace para enviar las visitas a la fuente.

      Solo comento la foto que ponen de un congreso internacional identitari que hubo un México. Ahí se plasma el cáncer que han supuesto y parece que aún sigue suponiendo aquella enfermedad llamada CEDADE. En dicha foto veo al ex-cabecilla de CEDADE, Pedro Varela -uno de esos nazis que se dicen católicos- junto a Salvador Borrego -que si bien no era nazi, de hecho es un mestizo que además se declara hispanista y favorable a la mezcla racial propiciada por la Monarquía Católica,  sí que simpatizó con ellos por una cuestión que quizá un día podamos comentar- uno de los "revisionistas" más importante en lengua española, así como el también mexicano Alberto Villasana, un escritor, analista, publicista, "vaticanista" con gran predicamento entre los católicos mexicanos, abonado totalmente a la errática acusación contra el papa Francisco... posando junto a tipos como David Duke, ex-dirigente del Ku Kux Klan, algo que lo dice todo.

      Si mis rudimentarias habilidades en fisonomía no me fallan, en el grupo hay otro español, supongo que también procedente del mundillo neonazi de CEDADE.

      Imaginemos la corrupción de la idea de Hispanidad que supone semejante injerto, semejante híbrido contra natura.

      Nuestra querido México tiene la más potente dosis de veneno contra la hispanidad, inyectado en sus venas precisamente por ser un país clave en ella. Es el que otrora fuera más próspero,  el más poblado, también fue y en buena parte sigue siendo muy católico, esta en la línea de choque con el mundo anglo y... los enemigos de nuestra Hispanidad no pueden permitir una reconciliación de ese país consigo mismo ni con la misma España, puente clave en la necesaria Reconquista o reconstrucción. Si por un lado está infectado por el identitarismo amerindio -el indigenismo- por el otro la reacción está siendo narcotizada por un identitarismo falsohispanista, falsotradicionalista o como queramos verlo, en el cual CEDADE juega, como vemos, un factor relevante.

      Sin más, dejo ahí otra vez más mi sincera felicitación al autor de ese escrito. Enhorabuena por su clarividencia y fineza, desde luego hace falta tener personalidad para ser capaz de sustraerse a esa falsa polarización con que se está tratando de aniquilar el hispanismo.

       





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    • La libertad sexual conduce al colapso de la cultura en tres generaciones (J. D. Unwin)
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    • Traigo de la hemeroteca un curioso artículo de José Fraga Iribarne publicado en la revista Alférez el 30 de abril de 1947. Temas que aborda: la desastrosa natalidad en Francia; la ya muy tocada natalidad española, especialmente en Cataluña y País Vasco; las causas espirituales de este problema, etc.

      Si rebuscáis en las hemerotecas, hay muchos artículos de parecido tenor, incluso mucho más explícitos y en fechas muy anteriores (finales del s. XIX - principios del s. XX). He traído este porque es breve y no hay que hacer el trabajo de escanear y reconocer los caracteres, que siempre da errores y resulta bastante trabajoso, pues ese trabajo ya lo ha hecho la Fundación Gustavo Bueno.

      Señalo algunos hechos que llaman la atención:

      1) En 1947 la natalidad de Francia ya estaba por los suelos. Ni Plan Kalergi, ni Mayo del 68, ni conspiraciones varias.

      2) Pero España, en 1947 y en pleno auge del catolicismo de posguerra, tampoco estaba muy bien. En particular, estaban francamente mal regiones ricas como el País Vasco y Cataluña. ¿Será casualidad que estas regiones sean hoy en día las que más inmigración reciben?

      3) El autor denuncia que ya en aquel entonces los españoles estaban entregados a una visión hedonística de la existencia, que habían perdido la vocación de servicio y que se habían olvidado de los fines trascendentes. No es, por tanto, una cosa que venga del Régimen del 78 o de la llegada al poder de Zapatero. Las raíces son mucho más profundas.

      4) Señala que el origen de este problema es ético y religioso: se ha perdido la idea de que el matrimonio tiene por fin criar hijos para el Cielo. Pero también se ha perdido la idea del límite: las personas cada vez tienen más necesidades y, a pesar de que las van cubriendo, nunca están satisfechas con su nivel de vida.

      Este artículo antiguo ilumina muchas cuestiones del presente. Y nos ayuda a encontrarle solución a estos problemas que hoy nos golpean todavía con mayor fuerza. Creo que puede ser de gran provecho rescatar estos artículos.
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    • En torno a la posibilidad de que se estén usando las redes sociales artificialmente para encrespar los ánimos, recojo algunas informaciones que no sé sin son importantes o son pequeñas trastadas.

      Recientemente en Madrid se convocó una contramanifestación que acabó con todos los asistentes filiados por la policía. Militantes o simpatizantes de ADÑ denuncian que la convocó inicialmente una asociación fantasma que no había pedido permiso y cuyo fin último podría ser provocar:

      Cabe preguntarles por qué acudieron a una convocatoria fantasma que no tenía permiso. ¿Os dais cuenta de lo fácil que es crear incidentes con un par de mensajes en las redes sociales?

      Un periodista denuncia que se ha puesto en marcha una campaña titulada "Tsunami Español" que pretende implicar a militares españoles y que tiene toda la pinta de ser un bulo de los separatistas o de alguna entidad interesada en fomentar la discordia:

      El militar rojo que tiene columna en RT es uno de los que difunde la intoxicación:

      Si pincháis en el trending topic veréis que mucha gente de derechas ha caído en el engaño.

      Como decía, desconozco la importancia que puedan tener estas intoxicaciones. Pero sí me parece claro que con las redes sociales sale muy barato intoxicar y hasta promover enfrentamientos físicos con unos cuantos mensajes bien dirigidos. En EEUU ya se puso en práctica lo de citar a dos grupos contrarios en el mismo punto para que se produjesen enfrentamientos, que finalmente ocurrieron.
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    • Una teoría sobre las conspiraciones
      ¿A qué se debe el pensamiento conspiracionista que tiene últimamente tanto auge en internet? Este artículo baraja dos causas: la necesidad de tener el control y el afán de distinguirse de la masa.
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