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Corazón Mexicano
Hispanorromano

Hispanistas olvidados: Alfonso Junco

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A raíz de leer un libro sobre el hispanismo, caigo en la cuenta de que hay algunos hispanistas de ultramar que han sido injustamente olvidados. Cuando hablamos de hispanistas solemos pensar en intelectuales españoles, pero hay una serie de autores que, desde la América hispana, pelearon por la reunificación del mundo hispánico y escribieron páginas brillantísimas. Me propongo rescatarlos y dar a conocer algunos de sus artículos.  En este caso, traigo un espléndido artículo del mexicano Alfonso Junco que aborda cuestiones importantes.

Cita
La Nación, al servicio de México
México, D. F., 24 octubre 1942
año II, número 54
páginas 23-24

discurso

El mejor indigenismo es el hispanismo…
…que busca en el indio al hombre, no a las plumas

por Alfonso Junco

El viernes último en el Palacio de Bellas Artes, Alfonso Junco, actuando como mantenedor de los Juegos Florales organizados por la Beneficencia Española como culminación de los festejos de su centenario, pronunció el magnifico discurso que La Nación da a conocer con todo gusto a sus lectores, y en el que el noble escritor precisa el auténtico indigenismo a lo hispánico, tan lejano de ese otro indigenismo turístico que apenas llega a las plumas, los collares y los colorines de nuestro indio.

Reina y Corte:
Señoras y Señores:

Poesía y mujer

Alfonso Junco
Junco: “…lo hispánico no excluye ni desprecia lo indígena, lo incorpora y lo funde…”

Flota en la atmósfera y canta en la luz de esta noche de gala, un coro de inspiraciones generosas: la España materna, descubridora y fundadora, que hace 450 años besó con sus carabelas jadeantes las playas de un mundo nuevo; la beneficencia hispánica, que madrugó en los misioneros y en Cortés, –fundador del Hospital de Jesús que todavía perdura–, y que se dilató con ingeniosa multiplicidad y eficacia por los tres siglos del virreinato, pero que, ya en la era independiente, se concretó en un organismo propio cuyo primer centenario conmemoramos; y la Poesía cuya fiesta floral hoy nos congrega, bajo el hechizo propiciatorio de la Mujer, reina de amor y de hermosura, fuente de ensueño y de gracia, sonrisa de Dios que se pasea por el mundo para hacernos sentir la nostalgia y la sed del paraíso.

Juntar a la Poesía y a la Mujer es un instinto poderoso y certero, consagrado en la tradición caballeresca de los juegos florales; la Mujer y la Poesía se identifican en el ministerio de elevar transfigurando; y ante los ojos de mujer que presiden, como un símbolo, esta noche de gala, viene espontáneamente a los labios aquella extasiada invocación del poeta:

Cuán límpido el claror de los serenos
ojos que Dios en tu semblante quiso
cual reflejo poner del paraíso
a que aspiran las almas de los buenos.

Así, de gracia y de inocencia llenos,
quien su fulgor recibe, de improviso
siente en su ser el misterioso aviso
de ignotos mundos, al dolor ajenos.

Si anuncias a los míseros mortales
la excelsitud de una inmortal aurora
con la luz de tus ojos celestiales,

deja que en esa luz de tu mirada
se purifique el alma pecadora
para alcanzar la eternidad soñada.

* *

La España materna, descubridora y fundadora de pueblos, misionera y benefactora, alborea en la portentosa claridad del 12 de octubre: aquel memorable día en que Colón, sollozando de júbilo y de victoria, alzó la cruz en tierras de América, cuando, pretendiendo abrir nuevo camino para las Indias y creyendo tocarlas, topó con un inmenso continente que se alzaba a mitad de su carrera y que ni en sus sueños desmesurados existía. Quedó así integrado el mundo, y quedó potencialmente incorporado nuestro hemisferio a la civilización y al cristianismo. Que estas grandes repercusiones suelen tener los grandes propósitos, y, aun a despecho de los yerros humanos, suele Dios coronar con imprevistas verdades el tesón de la heroica voluntad.

Aquella empresa substancialmente española –del toda ajena al rincón nativo de Cristóbal, vana y puerilmente disputado–; aquella empresa acariciada en la Rábida, auspiciada por fray Hernando de Talavera, acometida en nombre y al impulso y amparo de los Reyes Católicos, con el concurso decisivo de los Pinzones y con naves y gentes españolas, inauguró el contacto, doloroso y glorioso, de Europa con América, inauguró la efusión y la fusión de sangres que gestaría el alumbramiento de nuestros pueblos. Acaso por ello ha venido designándose el 12 de octubre como el Día de la Raza. Pero raza no significa para nosotros exclusión altanera, sino amorosa compenetración; no implica la teoría materialista y pagana de un racismo aislante, sino al revés, la doctrina espiritualista y cristiana de un ecumenismo integrador. Integrador, en nuestro caso –dentro de la vasta hermandad de todos los hombres– de esta egregia comunidad espiritual que llamamos la Hispanidad. Común denominador, signo unitario que no borra, sino levanta a superior armonía, las diferencias étnicas, las aportaciones locales, los valores autóctonos.

Méjico no es España, Pero ¿qué fue lo que integró a esta patria nuestra? ¿De dónde recibimos la comunidad de lengua, de religión, de espíritu, de territorio, de instituciones, de estilo vital? ¿Qué es lo que forjó lo que constituye la nación mejicana?

Ella no existía, ciertamente, cuando tribus aborígenes, extrañas y aun adversarias entre sí, ocupaban zonas más o menos distantes, y carecían de comunidad de idioma, de comunidad de territorio, de comunidad de régimen jurídico y social, de comunidad de ideales.

Lo que integró a nuestra patria

Lo que hizo posible, lo que creó de hecho la nación mejicana, fue, por el pensamiento y por la acción, el aporte hispánico; la cultura católica y europea, de personalísimo sello, que con España recibimos; que amalgamó y dio nexo de unidad a lo heterogéneo; que imprimió carácter, fisonomía, modos genéricos que a lo largo de nuestra patria –y de manera semejante a lo largo de toda la América Española–, percibimos fácilmente como signos de hermandad.

Lo hispánico no excluyó ni despreció lo indígena. Al contrario. Precisamente lo genuino, lo típico, lo singularmente glorioso de la Hispanidad, es el haber incorporado y fundido en sí, con abrazo de amor, tanto la sangre como las peculiaridades y excelencias aborígenes. Sin prejuicio ni soberbia racial, con sentido ejemplarmente cristiano, consumó España la fusión de sus gentes con las gentes nativas; y así surgió el gran mestizaje de América, que ofrece sin duda aportaciones y modalidades propias, pero que reconoce por común denominador la Hispanidad.

Basta ejemplificarlo, señoras y señores, con unos cuantos datos cardinales.

¿Qué fue, entre nosotros, lo que vinculó a las tribus distintas y adversarias? Nada tenían de común los tarascas o los mayas con los aztecas. Estos tiranizaban cuanto podían a los tlaxcaltecas, a los zapotecas, a los mixtecas, a otros grupos étnicos. No eran hermanos, sino enemigos. Por eso, para pelear contra sus opresores, los tiranizados se aliaban con Cortés. Lo que puso unidad en aquella diversidad heterogénea y antagónica, fue el régimen español, fue el mensaje hispánico.

Igual en la lengua. Respetando y estudiando el hervidero de idiomas y dialectos que separaba a los aborígenes, les comunicó España la maravilla de su propia lengua, con que pudieron ellos salir de su oscuro aislamiento particularista, hermanarse entre sí, insertarse en la cultura universal.

Lo propio en la religión. Ante la babel de dioses primitivos –a menudo feroces y rivales–, llegó el cristianismo que, además de abolir los sacrificios sangrientos y la antropofagia, levantó a los indios a un plano superior de convivencia amorosa, de dignidad humana y de común fraternidad.

Y lo mismo en la geografía. Ocupaban las diversas tribus, regiones relativamente cortas, discontinuas, dispersas. El territorio vastísimo de la Nueva España –y aun nuestro actual territorio reducido a la mitad de aquél–, no es, simplemente, lo que tenían las indios. Es ello y muchísimo más, que se descubrió, se pobló y se civilizó por el asombroso esfuerzo hispánico. Es esa gran totalidad traída a nexo político por el régimen virreinal.

Por eso es una insigne y apocadora tontería, que se designe a México, a menudo, como “la nación azteca”. Nuestro conjunto étnico, nuestra lengua, nuestra religión, nuestra cultura, nuestro territorio, no son los de los aztecas: rebasan y superan con enormidad aquella cosa exigua, restricta, adversa y opresora de los demás pobladores.

En cambio, la Hispanidad sí es –para nosotros como para los otros pueblos hermanos de América–, lo que he llamado el común denominador, que no excluye sino incluye lo indígena; el común denominador, que así como en aritmética sirve para sumar quebrados, así integra aquí lo fraccionado, lo inconexa, lo quebrado, en un espléndido total, en una suma generosa.

El hispanismo es el mejor indigenismo

Santa Teresa de Jesús
Teresa, mujer de nuestra raza… santa, femenina, reformadora

No hay, en consecuencia, disyuntiva ni oposición, entre el hispanismo y el indigenismo. Al revés. El hispanismo auténtico es el mejor indigenismo.

Al afirmar lo hispánico, afirmarnos precisamente lo indígena, que no es ya cosa contrapuesta ni ajena a la Hispanidad, sino fundida con ella en una totalidad étnica e histórica objetivada por veinte pueblos.

El hispanismo católico –único hispanismo entero y verdadero, porque lo católico es la entraña misma de lo hispano–, ama y siente al indígena como cosa propia. No lo segrega, sino lo incorpora. Quiere su mejoría y exaltación integral, como persona humana. No mira al indio como bicho raro, sino como hombre.

Hay cierto indigenismo descaminado y angosto, adorador del dialecto y de la orejera y del collar, que busca ejemplares de aborígenes como buscaría ejemplares de fauna exótica, que suele prescindir de lo hispánico y aun repudiarlo, para quedarse con el indio en vivas plumas. Lo cual resulta, a la postre, denigrante para aquellos a quienes pretende exaltar.

El hispanismo, nutrido de católica savia, no entiende al indio como novelería pintoresca, sino como dramática humanidad.

Hispánicos son todos los que iniciaron y arraigaron en América el conocimiento y la dignificación del indígena, su incorporación fraterna y sin repulgos a una comunidad más anchurosa y a una cultura superior. Todo ello respetando cuanto en los modos y costumbres indígenas era bueno o indiferente; corroborando con amor sus peculiares actitudes y sus gustos nativos; y sólo repudiando las cosas inhumanas o inferiores: sacrificios sangrientos, antropofagia, idolatría, poligamia…

Siguiendo las huellas de Isabel –que porque fue de veras la Católica fue de veras la indigenista–, la Corona de España defiende siempre a los indios ante los abusos y ferocidades engendrados por la guerra y el apetito dominador.

Un pariente de Carlos V viene a esconderse en un rincón de México –en el convento de San Francisco, cuna de la civilización del Nuevo Mundo–, y muere nonagenario, todo absorto en su portentosa tarea educativa. Es Pedro de Gante.

Del colegio franciscano de Tlatelolco salen indios doctos y respetables, que saben latín y de gobierno, que descuellan en la vida intelectual y social, como aquel don Antonio Valeriano, evangelista de la “buena nueva” del Tepeyac.

Don Vasco de Quiroga, primer obispo de Michoacán, junta a los indios en comunidades ideales, fomenta la limpieza de su alma y de su cuerpo, organiza el trabajo y la economía con un realismo tan certero y tan eficaz, que todavía el cabo de cuatro siglos deja huellas vivientes.

Un encomendero, Bartolomé de las Casas, siente el grito cristiano de su hispanidad, y deja sus indios, y llega a obispo, y vuélvese feroz adalid de todos ellos. ¿Quién ha exagerado y vociferado contra los españoles con tan abrupta intemperancia –y tan respetada libertad– como él? ¿Y quién ha dicho más suaves y enamoradas cosas de los indios que otros también mitrados: Julián Garcés, el venerable Palafox?…

Escudriña el Padre Sahagún y registra acuciosamente la historia y peculiaridades de los nativos; la pléyade de los misioneros lleva luz científica al intrincado laberinto de las lenguas. Mas todo ello con calor vital: no para arrellanarse en la filología y el folklore, sino para lanzarse a la redención de aquellas almas humanas.

Lo que da nervio y profundidad al heroísmo de aquellos grandes indigenistas, es puntualmente lo que tienen de hispanos, lo que tienen de cristianos. La mera inspiración indígena sería impotente para esos frutos. Necesitábamos precisamente la inspiración hispánica, la aportación providencial de la cultura y la religión que España trajo y consubstanció en nuestra vida.

Nadie es, pues, mejor indigenista que un buen hispanista. Quien desdeña o repudia lo hispanocatólico, podrá ser un selecto explorador del indígena como curiosidad: nunca un entrañable amador del indígena como hombre.

* *

Nosotros, justamente por nuestra herencia hispánica, jamás hemos sentido diferencias por el color de la piel: indios, mestizos, criollos, convivimos naturalmente y sin reparar en ello; nunca es la raza motivo de acrimonia ni de exclusión; lo mismo en la escuela que en la oficina, en el foro que en el ejército, en la mitra del prelado que en la silla del Presidente, pueden alternar y alternan, sin asombro ni repulgo de nadie, todos los “pigmentos”.

Esta excelencia, genuina y medularmente cristiana, que anula todo racismo teórico o práctico, y que es base primaria e ineludible para la dignificación del indígena; esta excelencia, que nos pasa inadvertida por lo mismo que nos es connatural, pero que no suele alcanzarse ni en países del mayor auge democrático, la tenemos nosotros, y la tenemos como herencia y mensaje de nuestra cristianísima hispanidad.

No existe, en suma, oposición entre indigenismo e hispanismo. Podrá haber variedad de dosis y de acentos en la estimación; podrá haber, de ambos lados, espíritus angostos que no abarquen y sobre todo que no vivan esta síntesis. Pero el hispanismo auténtico es el mejor indigenismo.

El acercamiento por la poesía

Somos, sin melindre de colores, una vasta familia de veinte pueblos. Pero nuestra hermandad es más un hecho histórico y una disposición de espíritu, que una operante realidad. Y hoy, en medio de la borrasca del odio y la violencia que se exaspera sobre el mundo y alcanza jerarquías de ideal y doctrina, es alto y oportuno pensamiento convocar todas las fuerzas vinculadoras de los hombres, levantar en nuestra América el signo unificante del amor, y auspiciar en el arte –señaladamente en la poesía– una de las potencias más profundas de espiritual acercamiento.

Porque tiene en el arte, y tiene con singularidad en nuestros pueblos hispánicos, un sitio tan egregio y tan ejemplar la poesía, que su imagen radiosa se levanta como una evocación imprescindible, cuando se piensa en el acercamiento de lo distante, en la fraternidad de lo diverso, en la unificación de lo mejor.

Porque el hombre –complejo misterioso de lo ínfimo y de lo supremo–, guarda un elemental instinto que lo empuja a apretarse con sus semejantes buscando meramente calor animal bajo el trueno de la tormenta y el estímulo del miedo, y atesora también un instinto celeste que lo sube a buscar el inmaterial calor de los espíritus afines, para apretarse y unimismarse con ellos en invisible comunión fruitiva.

Esta aproximación por lo más alto, este abrazo fraterno de las almas en sus horas mejores, este vínculo de amor en la excelsitud, tiene en la poesía su motivo quizás más operante, su realización tal vez más prestigiosa.

¿No es verdad que en nuestra América, a despecho del recíproco desconocimiento material, de lo lento y precario de nuestras físicas comunicaciones, hay una voz de espíritu que resuena a lo largo del continente, y anuncia y presagia y cumple en parte nuestro conocimiento futuro y nuestra soñada unificación?

Poco hemos practicado el viaje intercontinental, poco sabemos de la política y circunstancias de nuestros hermanos de América: pero alguna vislumbre tenemos de su entraña y alguna anticipación de nuestra venidera unanimidad, en la poesía que canta por Díaz Mirón y Amado Nervo, por Othón y González Martínez, por Rubén Darío y Guillermo Valencia, por Santos Chocano y Zorrilla de San Martín, por Leopoldo Lugones y Gabriela Mistral.

Dijérase que así como el paisaje se reconoce por sus cumbres, y así como el torso de la América se vertebra y unifica por la egregia vinculación de sus montañas, así nuestro paisaje ideal se identifica por nuestros poetas, y de sus altas bocas surge un grito de alerta continental, y por sus bravos riscos va en cadena pasando –como por brazos de gigantes en maratón magnífico– la antorcha soberana que desgarra la noche.

* *

Casi en noche recíproca estaríamos aún, sin ese resplandor de poesía. Ella ha preludiado el conocimiento cabal que ha de venir, ha suscitado la simpatía que se ha de fortalecer, ha puesto en vigilia nuestra inquietud de acercamiento que ha de llegar a plenitud lograda. No en vano llámase al poeta, vate: que poesía es vaticinio, augurio, profecía. Profetas de la América futura son nuestros poetas: no es cosa vacua el lírico clamor, ni el penacho romántico es baldío. Toda acción eficaz va precedida del lampo del concepto; todo acometimiento generoso lleva en la punta de la vanguardia un cántico.

Debe venir y vendrá –en cintas de asfalto y de hierro, en rutas aéreas y marítimas– el acercamiento físico que nos falta; debe venir y vendrá el intercambio comercial y económico, la aproximación por el radio, por la prensa, por el cinematógrafo, por el teatro, por todas las corrientes intelectuales, universitarias y artísticas. Pero ya la poesía dio su fulgor de aurora.

Y es necesario y justo que su fulgor vaya en aumento con el día que aguardamos. ¿Y quién como la mujer para auspiciar la plenitud soñada de esa luz?

Recordáis –¡cómo no!– la rima de Gustavo Adolfo:

–¿Qué es poesía?– dices, mientras clavas
en mi pupila, tu pupila azul.

–¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
¡Poesía… eres tú!

Poesía eres tú, mujer. Poesía sois vosotras, mujeres. Y porque sois poesía, nadie como vosotras para darle regazo y presidir sus justas incruentas; y porque sois poesía, sois idealismo, ensueño, fe, y nadie como vosotras para suscitar este acercamiento de las almas en lo excelso; y porque sois poesía, tremoláis, en las horas de abatimiento y de catástrofe, sobre el abúlico pesimismo el gonfalón de la esperanza, sobre los alaridos del odio la clarinada del amor.

http://www.filosofia.org/hem/dep/pan/9421024a.htm

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Un breve artículo divulgativo sobre la Inquisición de Alfonso Junco:

Cita
Acción Española
Madrid, julio de 1935
tomo XIV, número 77
páginas 51-60

Alfonso Junco

Diez sorpresas inquisitoriales

Invito al lector, cualquiera que sea su credo, a que abomine de la credulidad. Invito al lector, cualquiera que sea la configuración de su cabeza, a que no se deje tomar el pelo.

Tomadura de pelo y efervescencia de la credulidad son los cincuenta mil horrores, paparruchas, declamaciones y devaneos que a propósito de la Inquisición corren y medran y pululan en papeles ruidosos, en discursos volcánicos, en novelones y películas donde malignamente se desboca la fantasía truculenta.

Y precisa marcarlo, subrayarlo, recalcarlo muy bien.

No es asunto de religión, sino de historia. No materia de fe, sino de cultura. No cuestión de opiniones, sino de hechos.

Juzgue cada cual a la Inquisición como mejor le plazca. Pero júzguela por lo que era, no por lo que no era; por lo que hacía, no por lo que no hacía. Trate primero de enterarse, de situar, de entender.

Esto es pedir un mínimo de cordura. Y obtener un máximo de sorpresas.

He aquí algunas.

He aquí, por lo que mira a la Inquisición española, [52] que es la que más negra ponen y la que tuvo existencia en el Méjico colonial, unas cuantas verdades rudimentarias y humildísimas, que acaso para muchos tengan aire de escandalosas sorpresas.

1

¿Usted cree que la Inquisición obligaba a las gentes a hacerse católicas?

Es como si usted creyera que Méjico obliga a los extranjeros a hacerse mejicanos.

Méjico sólo obliga al mejicano a que no sea traidor a la patria. Y gravísimamente castiga –como todas las naciones y con aplauso unánime– ese delito.

Así la Inquisición –tribunal con jueces eclesiásticos y sanciones civiles–, obligaba al católico a no ser traidor a su religión. En ella veían el nervio y la médula de la patria. Todo el mundo estaba entonces de acuerdo en que se castigara la traición a la religión como un terrible delito. A nadie le extrañaba tal proceder y todos lo aplaudían.

Pudiera ser que, dentro de algunos siglos, en algún mundo internacional o supranacional, pareciese monstruoso castigar como crimen la traición a la patria. Pero sería poco inteligente el hombre de entonces que tuviera por monstruos a los de ahora que –de acuerdo con la totalidad de sus contemporáneos– castigan esa traición.

Y así es poco inteligente el hombre de ahora que tiene por monstruos a los de antaño que –en armonía con el sentir de la unanimidad de sus coetáneos– castigaban la traición a la religión. [53]

2

¿Cree usted que la Inquisición oprimía la conciencia de los judíos y los moros?

Pues cree usted confusamente.

El judío fiel a su religión judía, el moro fiel a su religión mahometana, eran absolutamente respetados y tenían libertad legal no sólo para practicar su religión, sino para transmitirla a sus hijos.

Pero el judío que fingidamente se había convertido al catolicismo y luego «judaizaba», sí era castigado. El moro que falazmente entraba al gremio católico y proseguía en su mahometismo, sí era punido.

Con éstos, únicamente con éstos –y no con los judíos y los moros siempre fieles a su credo–, era con los que se las había el Santo Oficio.

Aquí, como con los católicos de origen, manifiéstase el mismo criterio de vedar y reprimir lo que se estimaba deslealtad, infidelidad, traición.

3

¿Eran horribles los tormentos inquisitoriales?

Sí, eran horribles. Pero muchísimo menos horribles que los usados por todos los demás tribunales de su tiempo.

Lo notable de la Inquisición no era la crueldad, sino la relativa templanza de sus procedimientos. Contra el prejuicio común, decir «tormentos inquisitoriales» no es ponderación, sino reducción; no es aumentativo, sino diminutivo. [54]

Cuando absolutamente en todos los países del mundo y en todos los tribunales conocidos se empleaba la tortura –no como castigo, sino como recurso extremo de averiguación–, el tribunal del Santo Oficio la empleaba también. Pero la empleaba con una moderación y parsimonia entonces inusitadas.

No se prodigaba la tortura; innumerables procesados no la conocían. Únicamente se aplicaba –previo especial dictamen de los jueces– al reo que, estando convicto de su culpa, manteníase obstinado en no confesarla.

Y aplicábase, no por saña, sino por ley; con todos los testigos y formalidades establecidos; con minuciosa anotación escrita de los detalles del acto; limitando el tormento a la mira de obtener la confesión; proporcionándolo a la resistencia del reo; atendiendo y curando a éste después.

En esto, como en las cárceles, el trato y todo el régimen penitenciario, el Santo Oficio abrió rutas de moderación y humanidad. Nada, por supuesto, de emparedamientos y demás fábulas para bobalicones. «La Inquisición de España casi era benigna y filantrópica, comparada con lo que en aquella edad durísima hacían tribunales y gobiernos y pueblos», escribe D. Juan Valera. (Discursos académicos. Respuesta a Núñez de Arce).

¿Qué hay que decir, en suma? Que cuando la tortura era práctica universal, la Inquisición la usó con más moderación que nadie. Y que la Inquisición fue el primer tribunal del mundo que abolió de hecho la tortura.

La cual todavía ahora –y ya ha corrido agua desde entonces– tiene existencia legal en algunas regiones de Estados Unidos, y aplicación extralegal en otras partes del mundo.

Los inquisidores que decretaban o presenciaban la tortura no eran almas de hielo y de tiniebla, sino funcionarios [55] que cumplían un penoso deber; como actualmente el oficial que dirige una legítima ejecución y los soldados que disparan, pueden y suelen ser honrados padres de familia que llevan caramelos a sus chicos.

4

¿Usted se imagina que la Inquisición era odiada por el pueblo?

Exactamente al revés.

Era querida con entusiasmo. Interpretaba y defendía el sentir unánime. Constituía una auténtica encarnación democrática. Era avasalladoramente popular.

Verdad de tanta evidencia, que la confiesan y proclaman protestantes como Ticknor y Prescott, o heterodoxos como Revilla y Unamuno.

5

¿Usted cree que Torquemada era algún fenómeno de maldad? ¿Hasta el nombre le suena terrorífico, mixtura de torcer y quemar, evocación de potros y de hogueras?

Pues fray Tomás de Torquemada era un rectísimo varón y un religioso intachable, ejemplar confesor de una reina ejemplar: Isabel la Católica.

A él, primer inquisidor, y a sus sucesores en toda una centuria tenía el incorruptible e inexorable Mariana por personas «muy enteras y muy santas», y al tribunal estimábalo ventura, don del cielo y salvación para su patria. (Historia de España, libro 24, cap. 17.)

Como Mariana pensaban todos los contemporáneos [56] eximios: Zurita, Teresa de Jesús, fray Luis de Granada… Y entre nosotros fray Juan de Zumárraga, fray Ángel de Valencia y otros apostólicos franciscanos.

¿No es cosa de ponerse a recapacitar si andaremos mal informados y poco comprensivos, al juzgar de lejos negror y crimen lo que aquellos hombres integérrimos, de cerca y con pleno conocimiento de causa, juzgaban claridad y bendición?

6

¿Usted sabe que la Inquisición empezaba siempre sus actividades con un «edicto de gracia» –que luego repetía de tiempo en tiempo–, invitando a los que se estimaran culpados a presentarse a «reconciliación», y perdonando a quienes lo hacían?

¿Sabe usted que fue justamente Torquemada quien fundó la costumbre que perduró invariable?

He aquí algunas frases de su edicto de gracia expedido en Santa Fe, cerca de Granada, el 8 de febrero de 1492:

«E porque nuestra voluntad siempre fue y es de cobrar las ánimas de los semejantes que por este pecado (herejía) han estado y están perdidas y apartadas de nuestra santa fe católica… y por usar con los tales de misericordia y no de rigor, por la presente damos seguro… para que puedan venir y vengan libre y seguramente ante nos…; certificándoles que si vinieren los recibiremos a reconciliación secreta de sus crímenes y delitos, muy benigna y misericordiosamente, imponiéndoles penitencias tales que sean saludables para sus ánimas, usando con ellos de toda piedad cuanto en nos fuere y pudiéremos, no obstante cualesquiera procesos que contra ellos sean fechos y condenaciones que se hayan seguido…» [57] (Llorente: Historia de la Inquisición. Apéndice).

No parece éste el lóbrego Torquemada ni ésta la tenebrosa Inquisición que danzan en inconsultas fantasías. No se percibe aquí propósito de furor, sino de benignidad. No ansia de prodigar castigos, sino de ahorrarlos.

7

¿Piensa usted que la Inquisición era un arma dominadora y opresiva de «los curas» sobre los demás?

Deseche el mal pensamiento. «Los curas» andan entre los que más sufrieron con la Inquisición.

Porque ocupándose ellos, como ella, en cuestiones teológicas y doctrinales, el encuentro era natural y frecuentísimo. Y así al cardenal de Toledo y primado de España, así a fray Luis de León y a otros innumerables, siguióseles proceso en el Santo Oficio. Y estaban ellos perfectamente de acuerdo en que se les siguiese, aunque pudiesen no estarlo en el giro que, tal cual vez, tomase el asunto; como nosotros ahora estamos de acuerdo en que rija un Reglamento de tránsito y haya sanción a los infractores, aunque podamos discutir si en tal caso particular procede o no que se nos cobre multa. Y cerrando la comparanza: más ocasión de «choques» con el Reglamento tiene el que dirige automóvil que el modesto peatón, como más ocasión de «choques» con el Santo Oficio tenían los eclesiásticos dirigentes que los simples seglares.

Esto en lo intelectual. Y en lo moral, sobre el mundo eclesiástico pesó reciamente la Inquisición, castigando a malos sacerdotes que abusaban de su ministerio, a religiosos que faltasen a sus votos y deberes, a monjas fingidoras de raptos [58] y visiones y milagros, a beatos y beatas que entendieran en cualquier linaje de «piadosa» superchería. Todo hombre recto y enemigo de embustes y supersticiones, aplaudirá en el Santo Oficio esta labor ingente y benemérita de salubridad.

Nada de engreimiento y delicia para «los curas» en la Inquisición. No hay peor cuña que la del propio palo.

8

¿Se imagina usted que la Inquisición ahogaba el pensamiento?

Pues da la casualidad de que los siglos dieciséis y diecisiete, edad de oro de la Inquisición, fueron la edad de oro de las letras hispanas.

¿Cuándo se ha pensado y escrito con más ímpetu, personalidad y valentía que en la España de Vives y de Soto, de Suárez y Vitoria? ¿Pueden darse censores más amargos y crudos que un Bartolomé de las Casas o un Juan de Mariana? ¿Cuál vena satírica más desgarrada, irreverente y libre que la de Mateo Alemán o la de Francisco de Quevedo? ¿Dónde el océano de vida y totalidad humana que hierve en el Quijote de Cervantes o en el teatro de Lope de Vega?

Por hondo arranque y convicción, todos aquellos hombres eran espontáneamente católicos. Escribir en católico no significaba para ellos limitación, sino plenitud.

9

¿Usted sabe que en Méjico los indios estaban expresamente exentos de la jurisdicción del Santo Oficio, y que –salvo algún caso de excepción, al principio, que por cierto [59] le atrajo severísimo extrañamiento al gran obispo Zumárraga– nada tuvieron ellos que sentir por las actividades inquisitoriales?

Pues así fue, de acuerdo con mandatos de Carlos V y de Felipe II, que rigieron entonces la realidad y que esmaltan ahora la Recopilación de Leyes de Indias. (Libro primero, título 18, ley 17; libro sexto, título I, ley 35).

Y al decretarse el establecimiento solemne del Santo Oficio en Méjico, D. Diego de Espinosa, inquisidor general y presidente del Consejo de Su Majestad, daba a los inquisidores de acá particulares instrucciones –fechadas en Madrid el 18 de agosto de 1570–, y la número 35 rezaba así:

«Item, se os advierte que por virtud de nuestros poderes no habéis de proceder contra los indios del dicho vuestro distrito, porque por ahora, hasta que otra cosa se os ordene, es nuestra voluntad que sólo uséis de ellos contra los cristianos viejos y sus descendientes y las otras personas contra quien en estos reinos de España se suele proceder; y en los casos de que conociereis iréis con toda templanza y suavidad y con mucha consideración, porque así conviene que se haga, de manera que la Inquisición sea muy temida y respetada y no se dé ocasión para que con razón se le pueda tener odio.» (Documentos, Jenaro García).

Donde se pone de resalto el fuerte propósito de moderación y rectitud, y explícitamente se confirma la exención para los indígenas, que sin mudanza fue practicada hasta el fin, y que conocen y declaran todos los que han querido enterarse, incluso –a pesar de sus prevenciones– D. Vicente Riva Palacio: «Los indios estaban fuera del poder y de la jurisdicción del Santo Oficio.» (Méjico a través de los siglos, tomo II, página 428).

De suerte que si en la Inquisición quiere verse crueldad, no alcanzó para nada a los indígenas. Los indianistas [60] pueden estar de plácemes y agradecer al Santo Oficio su dulce y respetuosa inhibición.

10

¿Supone usted que la Inquisición costó un diluvio de sangre y un torrente de vidas?

¿Cuántos muertos calcula usted que ocasionó la Inquisición en Méjico –no ejecutados por el poder eclesiástico, sino exclusivamente por el poder civil y de acuerdo con las leyes civiles–, durante el larguísimo correr de tres siglos y sobre un inmenso territorio que duplicaba el actual?

¿Le pondremos cien mil?… ¿Cincuenta mil?… ¿Diez mil?…

Decepciónese usted: cuarenta y tres personas. (Cómputo de Cuevas, Historia de la Iglesia en Méjico, que modifica ligeramente el de Icazbalceta: 41, y el reproducido por González Obregón en Méjico viejo: 51).

En tres siglos, cuarenta y tres personas.

Es decir: en trescientos años lo que ahora se despacha en un día cualquier Gobierno para reprimir cualquier conato de rebelión.

¡Una verdadera pifia inquisitorial!

Alfonso Junco

http://www.filosofia.org/hem/193/acc/e77051.htm

Forma parte de un libro titulado Inquisición sobre la Inquisición que podéis descargar aquí

Inquisicion Sobre La Inquisicion : Junco, Alfonso : Free Download, Borrow, and Streaming : Internet Archive

Me interesa preguntaros: ¿Conocías a Alfonso Junco?

En mi caso no lo conocía hasta que he leído un libro sobre el hispanismo en México donde se citan algunos de sus brillantes escritos. No entiendo cómo se me ha podido pasar una persona así. Pienso que se puede deber a que no le presto la suficiente atención a los intelectuales de Hispanoamérica. De forma inconsciente, cuando oigo que algún autor es hispanoamericano, tiendo a "desconectar" y meterlo en el baúl de lo "prescindible". Es terrible que suceda esto. Por eso decía que la Leyenda Negra y el prejuicio antihispano pueden operar de formas muy sutiles, a veces sin que lo perciba el propio sujeto.

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Tenemos que deshacernos de esos prejuicios, Hispano. Allá continúa más que viva una rama potentísima del mismo tronco. La tarea del Hispanismo es recomponer el sistema y reconectarlo.

Es un gran acierto el comentario de Elvira Roca de que los españoles somos una parte de la familia heredera de la Monarquía Católica, ni siquiera el mayorazgo, lo cual enlaza perfectamente con la teoría del mencionado Pérez Vejo respecto a su visión de España (la actual peninsular) como una de las naciones-estado modernas, llámese liberales si se quiere, en que se desmempró aquella Monarquía, si bien con el hecho diferencial de que la casa real mantuviera aquí su asiento. Y ello explica también la diferencia del caso cubano y puertoriqueño respecto del resto de territorios americanos respecto a nuestro ser nacional.

La idea es bastante polémica pero le voy encontrando cada vez mayor sentido. Ojo, refiriéndome solo a la España estado-nación moderno, no a la idea de España que es casi que "ageográfica".

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hace 2 horas, Hispanorromano dijo:

Me interesa preguntaros: ¿Conocías a Alfonso Junco?

En mi caso no lo conocía hasta que he leído un libro sobre el hispanismo en México donde se citan algunos de sus brillantes escritos. No entiendo cómo se me ha podido pasar una persona así. Pienso que se puede deber a que no le presto la suficiente atención a los intelectuales de Hispanoamérica. De forma inconsciente, cuando oigo que algún autor es hispanoamericano, tiendo a "desconectar" y meterlo en el baúl de lo "prescindible". Es terrible que suceda esto. Por eso decía que la Leyenda Negra y el prejuicio antihispano pueden operar de formas muy sutiles, a veces sin que lo perciba el propio sujeto.

Yo tampoco conocía a este autor y me parece interesantísima tu reflexión por cuanto conlleva considerar el gran legado que, por causa del leyenda negrismo, estamos desperdiciando. Gracias a los constantes aportes a este foro que entre todos vamos realizando, más las busquedas particulares de información que surgen como consecuencia de esto, estoy descubriendo "un nuevo mundo" en Hispanoamérica que desconocía completamente aunque el "Nuevo mundo" fuese ya descubierto por nuestros padres hace siglos.

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España desde hace muy poco ya no es la parte más significativa del mundo hispano, ya que se le adelantó México.

De hecho, en mi "mente" tengo siempre como miedo un escenario de posible espiral de destrucción balcánica de la Península, y ver que el legado hispano sigue presente en América, a pesar de perderse en la Península, igual que Cartago sobrevivió a Fenicia.

 

Otra cosa curiosa es que las "desviaciones" son diferentes en cada sitio, cosas que allí nos pueden sorprender como el indigenismo o el bolivarianismo, las tenemos aquí con el antipatriotismo o el ateísmo. En todo hispanoamericano veo un arranque de patriotismo digno de admirar, cosa que no encuentro en muchos españoles que andan justificándose, por ejemplo. Y lo mismo con su espiritualismo y trato a la familia, aquí con la moda de ser fieles al modelo sueco de familias desestructuradas vikingas, estamos muy, muy mal.

Edited by Gerión

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hace 19 minutos, Gerión dijo:

Otra cosa curiosa es que las "desviaciones" son diferentes en cada sitio, cosas que allí nos pueden sorprender como el indigenismo o el bolivarianismo, las tenemos aquí con el antipatriotismo o el ateísmo. 

En el libro que leí, escrito por un mexicano, se distingue entre tres corrientes que se dan en México:

1) Indigenistas: los que niegan que se haya seguido ningún beneficio de la presencia española en América.

2) Hispanistas: los que atribuyen todo lo bueno de América a la presencia española y querrían que España tutelase a estas naciones. En este grupo incluye a Alfonso Junco, pero me parece que aquí hay un sesgo claro por parte del autor, pues Alfonso Junco no desprecia al elemento indígena.

3) Hispanoamericanistas: sería como un término medio entre los dos anteriores. Reconocen la herencia hispana pero le dan cierta importancia a la herencia indígena. Son favorables a una reunificación del mundo hispano, pero no ven con buenos ojos que España la lidere.

Aunque lo ideal serían los "hispanistas" del tipo Alfonso Junco, pienso que también habría que trabajar con los "hispanomericanistas".

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Yo me declaro "hispanoamericanista" entonces. Creo que España no puede tutelar en solitario nada, porque aquella España muere junto con el resto del Imperio entre 1800 y 1830. La consolidación del Estado liberal peninsular es el mismo proceso que la consolidación de las Repúblicas americanas. También es un tema de tamaño. España tiene 40 millones de habitantes, Hispanoamérica con Brasil, 700. España respecto a América es lo mismo que Asturias respecto a España.

Respecto al tema indio, resulta que lo hispano es más "indio" que los indigenistas. El imperio español no es más que la coordinación católica del imperio azteca más el imperio inca más otras trescientas tribus, más las nuevas comunidades de criollos.

Los indigenistas son antihispanos y por tanto antiindios, responden y pertenecen más bien a una corriente noreuropea nazi-protestante que a cualquier tradición indoamericana.

Edited by Gerión

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hace 37 minutos, Gerión dijo:

España desde hace muy poco ya no es la parte más significativa del mundo hispano, ya que se le adelantó México.

De hecho, en mi "mente" tengo siempre como miedo un escenario de posible espiral de destrucción balcánica de la Península, y ver que el legado hispano sigue presente en América, a pesar de perderse en la Península, igual que Cartago sobrevivió a Fenicia.

 

Otra cosa curiosa es que las "desviaciones" son diferentes en cada sitio, cosas que allí nos pueden sorprender como el indigenismo o el bolivarianismo, las tenemos aquí con el antipatriotismo o el ateísmo. En todo hispanoamericano veo un arranque de patriotismo digno de admirar, cosa que no encuentro en muchos españoles que andan justificándose, por ejemplo. Y lo mismo con su espiritualismo y trato a la familia, aquí con la moda de ser fieles al modelo sueco de familias desestructuradas vikingas, estamos muy, muy mal.

A veces me da la impresión de que lo que dices puede pasar pero entonces me lo pienso y dígome... que la desintegración de España también sería un golpe tremendo para las naciones hispanas que probablemente tendrían que seguir viviéndola aunque sea en el imaginario.

No creo que sea escenario propicio para nada, incluso podría sumir aún en mayor desánimo en lo que quedara de Hispanidad, una especie de mal presagio de su propio futuro.

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hace 2 minutos, Gerión dijo:

Yo me declaro "hispanoamericanista" entonces. Creo que España no puede tutelar en solitario nada, porque aquella España muere junto con el resto del Imperio entre 1800 y 1830. La consolidación del Estado liberal peninsular es el mismo proceso que la consolidación de las Repúblicas americanas. También es un tema de tamaño. España tiene 40 millones de habitantes, Hispanoamérica con Brasil, 700. España respecto a América es lo mismo que Asturias respecto a España.

Respecto al tema indio, resulta que lo hispano es más "indio" que los indigenistas. El imperio español no es más que la coordinación católica del imperio azteca más el imperio inca más otras trescientas tribus, más las nuevas comunidades de criollos.

Los indigenistas son antihispanos y por tanto antiindios, responden y pertenecen más bien a una corriente noreuropea nazi-protestante que a cualquier tradición indoamericana.

Lo marcado en negrita sería la polémica tesis que maneja Pérez Vejo, entre otros. Desde luego, España tal como está no puede encabezar nada, pero es que tampoco el resto de países hispánicos están para demasiados cohetes ni liderar grandes fazañas.

La recuperación tendrá que ser compartida o no será,  por más que es evidente que de triunfar su mayor foco estaría entorno al golfo de México.

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Justo ahora, don Fernandito dijo:

A veces me da la impresión de que lo que dices puede pasar pero entonces me lo pienso y dígome... que la desintegración de España también sería un golpe tremendo para las naciones hispanas que probablemente tendrían que seguir viviéndola aunque sea en el imaginario.

No creo que sea escenario propicio para nada, incluso podría sumir aún en mayor desánimo en lo que quedara de Hispanidad, una especie de mal presagio de su propio futuro.

Creo que no alcanzamos a ver cuán de insignificante es realmente la Península hoy día en el mundo. Estoy convencido al 100% de que aunque España desapareciera, la América al sur del Bravo seguiría encontrando un sentido de unidad con algún resto hispánico, aunque seguramente ya distorsionado. Incluso ya está ocurriendo a día de hoy. Venezolanos, cubanos y alguno más de por allá son los únicos hispanos que, equivocadamente o no, han intentado formar una resistencia anti-extranjera en los últimos 70 años. Y mira que soy completamente antibolivariano.

De cualquier forma algo quedaría en España, incluso en esa Restospaña futura que propone Elvira Roca en su escenario de "El día después", tras una posible implosión balcánica. Incluso con las piernas y los brazos rotos, ese cuerpo aún tendría un corazón bombeando. Un corazón español.

 

 

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hace 5 minutos, don Fernandito dijo:

Lo marcado en negrita sería la polémica tesis que maneja Pérez Vejo, entre otros. Desde luego, España tal como está no puede encabezar nada, pero es que tampoco el resto de países hispánicos están para demasiados cohetes ni liderar grandes fazañas.

La recuperación tendrá que ser compartida o no será,  por más que es evidente que de triunfar su mayor foco estaría entorno al golfo de México.

Otro ejemplo. Roma cae y nadie diría que los ostrogodos son sus herederos. Más bien el conjunto occidental al completo es su heredero. Es lo mismo. Aparecieron los francos agitando el banderín romano, luego los alemanes... Quién sabe quién agitará el banderín hispano.

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hace 4 minutos, Gerión dijo:

Creo que no alcanzamos a ver cuán de insignificante es realmente la Península hoy día en el mundo. Estoy convencido al 100% de que aunque España desapareciera, la América al sur del Bravo seguiría encontrando un sentido de unidad con algún resto hispánico, aunque seguramente ya distorsionado. Incluso ya está ocurriendo a día de hoy. Venezolanos, cubanos y alguno más de por allá son los únicos hispanos que, equivocadamente o no, han intentado formar una resistencia anti-extranjera en los últimos 70 años. Y mira que soy completamente antibolivariano.

De cualquier forma algo quedaría en España, incluso en esa Restospaña futura que propone Elvira Roca en su escenario de "El día después", tras una posible implosión balcánica. Incluso con las piernas y los brazos rotos, ese cuerpo aún tendría un corazón bombeando. Un corazón español.

 

 

Lo será en tamaño, geográficamente, etc... pero insisto, no en el imaginario. Te animo -aunque sospecho que ya lo estarás haciendo- en bucear en la producción de entretenimiento de los países hispánicos. La presencia de España o lo español es una referencia recurrente, casi ineludible... Y ESO SIN QUE DESDE ESPAÑA SE HAGA PRESIÓN PARA ELLO. Es sencillamente algo intrínseco, de inercia y casi atávico.

Prueba, prueba a ver por ejemplo películas cubanas. No habrá una en que no encuentres la referencia. Ese sería el caso extremo, pero es que es algo aunque en menor medida, rastreable en cualquier país.

España es "un poco más" que uno de los trozos que quedaron tras el desmembramiento de la Monarquía Católica. Desde luego no la nación caudilla que algunos pretenden pero sí que es algo más que uno de aquellos trozos, como se podría deducir de las argumentaciones de Pérez Vejo.

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hace 5 minutos, Gerión dijo:

Otro ejemplo. Roma cae y nadie diría que los ostrogodos son sus herederos. Más bien el conjunto occidental al completo es su heredero. Es lo mismo. Aparecieron los francos agitando el banderín romano, luego los alemanes... Quién sabe quién agitará el banderín hispano.

Bueno, hay que decir que en ciertos aspectos Roma pervive, salvando las distancias. El Vaticano es el "quilómetro cero" de la diplomacia mundial.

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hace 6 minutos, don Fernandito dijo:

Lo será en tamaño, geográficamente, etc... pero insisto, no en el imaginario. Te animo -aunque sospecho que ya lo estarás haciendo- en bucear en la producción de entretenimiento de los países hispánicos. La presencia de España o lo español es una referencia recurrente, casi ineludible... Y ESO SIN QUE DESDE ESPAÑA SE HAGA PRESIÓN PARA ELLO. Es sencillamente algo intrínseco, de inercia y casi atávico.

Prueba, prueba a ver por ejemplo películas cubanas. No habrá una en que no encuentres la referencia. Ese sería el caso extremo, pero es que es algo aunque en menor medida, rastreable en cualquier país.

España es "un poco más" que uno de los trozos que quedaron tras el desmembramiento de la Monarquía Católica. Desde luego no la nación caudilla que algunos pretenden pero sí que es algo más que uno de aquellos trozos, como se podría deducir de las argumentaciones de Pérez Vejo.

El lugar lo veo más bien el de una Tierra Santa como la Jerusalén caída ante el Islam. O la idea de Constantinopla que hay en Grecia (y en Rusia). El Estado peninsular actual, la España que conocemos, se superpone geográficamente a esa imagen e idea de Tierra Santa, que tiene una suerte de "documentos y monumentos" radicados y custodiados por aquí.

No apoyo esa tesis de que el Estado español sea "algo más" que cualquier república americana, desconozco lo de Pérez Viejo pero en ese caso me alineo con él. Creo que Elvira Roca opina lo mismo. 

Considero que la lucha por la Reconstitución hispánica es una cosa, y el "adecentamiento" de la nación (para mí micronación) peninsular actual es otra, a dos escalas, una participa de la otra, claro.

 

El proceso de Conquista de América es una continuación directa del de la Reconquista. No hay fallas ni una "conformación peninsular imperial" inteligible e independiente, previa a la conformación hispánica americana, todo es un continuo que lleva desde Asturias hasta Manila; acabada la expansión, los pedazos revientan desde el principio al fin.

Edited by Gerión

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hace 4 minutos, Gerión dijo:

El lugar lo veo más bien el de una Tierra Santa como la Jerusalén caída ante el Islam. O la idea de Constantinopla que hay en Grecia (y en Rusia). El Estado peninsular actual, la España que conocemos, se superpone geográficamente a esa imagen e idea de Tierra Santa, que tiene una suerte de "documentos y monumentos" radicados y custodiados por aquí.

No apoyo esa tesis de que el Estado español sea "algo más" que cualquier república americana, desconozco lo de Pérez Viejo pero en ese caso me alineo con él. Creo que Elvira Roca opina lo mismo. 

Considero que la lucha por la Reconstitución hispánica es una cosa, y el "adecentamiento" de la nación (para mí micronación) peninsular actual es otra, a dos escalas, una participa de la otra, claro.

 

El proceso de Conquista de América es una continuación directa del de la Reconquista. No hay fallas ni una "conformación peninsular imperial" inteligible e independiente, previa a la conformación hispánica americana, todo es un continuo que lleva desde Asturias hasta Manila; acabada la expansión, los pedazos revientan desde el principio al fin.

Está bien que haya matices entre lo que cada cual opine. Que conste que los carlistas también piensan que la Hispanidad continuaría sin problemas y sobreviviría a una disolución del estado español.

Admito que lo mío pueda ser cabezonería, sin afirmar con ello que España tenga que liderar nada... e insistiendo que ninguna otra nación ahora está en condiciones de encabezar nada grande. El cambio que tiene que haber es de un giro de 180.

PD: este tipo de debates son verdaderamente motivadores, gracias a todos.

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    • By Latino I
      Fuentes: https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2008/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20080912_parigi-cultura.html
                      Brague, Rémi (2021): Manicomio de verdades: Remedios medievales para la era moderna. Madrid: Encuentro
       
      En otros hilos hemos tratado el asunto de la geopolítica y los bloques que existen hoy en el mundo, y también cómo deben posicionarse los países hispanos ante esta situación. Relacionado con este tema, hemos hablado de la batalla cultural que se puede llevar a cabo desde el mundo hispánico. Me parece que además de considerar de manera estratégica (geopolítica) las opciones que los países hispanos tienen a la hora de formar un "bloque" independiente de los que hoy dominan el mundo, tenemos que partir del concepto de cultura que está en el centro del catolicismo. Y no creo que haya mejor fuente para revisar dicho concepto que el discurso que Benedicto XVI pronunció en el College des Bernardins en París en el año 2008.
      En ese discurso, Ratzinger se refirió al período histórico de derrumbe del Imperio Romano, una época de "confusión en la que nada parecía quedar en pie"; se trataba de un mundo que estaba siendo aniquilado, como el actual. Por aquel entonces, los monjes se retiraban a los monasterios, no con la intención de preservar una cultura o de crear una nueva, sino que lo hacían simplemente para buscar a Dios ("quaerere Deum"). El papa desglosó con maestría y con su característico estilo límpido y bello los elementos que eran inherentes a dicha búsqueda, a saber, el cultivo de la palabra (en la que debemos incluir el canto) y el trabajo. La propia naturaleza de la fe católica, que es a su vez universal, empujaba a los monjes al estudio de la gramática y al trabajo manual.
      Uno de los participantes en aquel encuentro del mundo de la cultura con el papa fue el filósofo de la Sorbona Rémi Brague, que en un reciente volumen titulado "Manicomio de verdades: remedios medievales para la vida moderna", editado por Encuentro, hace un análisis extraordinario del concepto de cultura partiendo de esta conferencia a la que había acudido como oyente. Brague se refiere a la cultura como "subproducto", en la línea de lo que Benedicto XVI hacía en la conferencia, es decir, como el resultado final de un proceso ajeno a la propia cultura: en nuestro caso, la búsqueda de Dios por parte de los monjes.
      Afirma Brague lo siguiente: "El ejemplo que el papa Benedicto sitúa en el foco de su meditación es, como observé al principio, bastante sorprendente: la vida monástica en la Edad Media. Según el papa Benedicto, la intención de los monjes medievales no era, definitivamente, la de crear cultura, ni siquiera la de preservar una cultura anterior. Ahora bien, lo que sucede es que lograron – y de una forma espléndida – algo que no pretendían obtener. En términos históricos, sus actividades culturales fueron asimismo subproductos."
      Retomando la propia naturaleza de la fe católica de los primeros cristianos, y comentando acerca de la nueva relación que se estableció entre los conceptos "fe" y "cultura", escribe Brague que "tanto los judíos como los paganos tenían sistemas de cultura completamente desarrollados, integrados en una sola religión. Pero san Pablo provocó un cambio radical. Separó la cultura de la religión, en contra de la paideia griega y la halaja judía." Esto contrasta claramente con otras culturas de diversos periodos históricos y áreas geográficas, en las que se puede producir una identidad religión-cultura bastante claro. Y esto se demuestra de manera clara cuando nos fijamos en las materializaciones concretas de ciertos "elementos culturales: vemos que existe una moda musulmana, pero no cristiana; lo mismo pasa con la gastronomía, no existe una cocina cristiana. El papa, en su discurso, explicaba esto aludiendo a la universalidad de Dios y de la razón que se encontraban en el centro de las motivaciones de los monjes: para ellos "la fe no pertenecía a las costumbres culturales, diversas según los pueblos, sino al ámbito de la verdad que igualmente tiene en cuenta a todos."
      Me parece interesante todo esto que comento por el tema de la batalla cultural que hoy está tan de moda. Si no existe, propiamente hablando, una cultura cristiana, sino que ella es un subproducto de algo más, el punto de partida de dicha batalla no pueden ser leyes o alianzas geoestratégicas, pues sin ese “quaerere Deum” que mencionaba el papa todo lo demás es vano. De ahí lo vació de propuestas culturales que hemos tratado en otros hilos, como pueden ser la escuela de Oviedo o el falso tradicionalismo de partidos políticos como Vox.
      Otro elemento esencial, a mi modo de ver, es el hecho de que los monjes de entonces, en su búsqueda de Dios, no preservaron solo la literatura y los escritos cristianos, sino que custodiaron también obras claramente paganas. Esto nos enseña hoy que no podemos rechazar “en bloque” los elementos culturales que han producido los distintos imperios que diariamente criticamos (americanos, chinos, rusos…) En nuestros días, estas “estructuras” o “productos” son la naturaleza sobre la que tiene que actuar la gracia. Escribe Brague algo que tiene que ver con esto cuando dice:
      “Cuando el cristianismo entró en la escena del mundo antiguo, el contenido de esa infraestructura era lo que estaba disponible en el mercado de la civilización antigua grecorromana. Pero este mismo marco bien podría llenarse con otros contenidos. Más tarde, las costumbres germánicas y eslavas, las leyendas celtas, la ciencia y los saberes árabe y persa concurrieron con el crisol. Los misioneros jesuitas no se opusieron a dar luz verde a la entrada de las costumbres chinas en el siglo XVII, pero su intento, como es bien sabido, lamentablemente fracasó. Puede que en el futuro veamos este fracaso solo como algo provisional. Nos encontramos aquí con una paradoja: la cultura cristiana no está hecha de elementos cristianos.”
      Me llama la atención que Brague afirme el fracaso de la inculturación china como algo provisional: ¿no será utópico pensar que el recipiente de la cultura china actual tenga el potencial de ser el depósito material de la fe cristiana en el tercer milenio?
       
      Sea como sea, he querido llamar la atención sobre este texto de Benedicto XVI porque me parece un escrito de enorme valor, tanto por su erudición como por su belleza. En este sentido, es también sintomático el olvido al que se ha relegado al papa emérito, tanto en su etapa actual como durante su pontificado; solo ha sido objeto de atención con motivo de escándalos ajenos a su figura, una figura constantemente caricaturizada, atacada y menospreciada. Y sin embargo, en su obra nos ha legado auténticos tesoros. Ojalá este discurso se convierta en un punto de referencia para todos aquellos defensores de la Hispanidad que buscan un punto de referencia cuando se trata de clarificar el concepto de “batalla cultural”.
      Original source: https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2008/september/documents/hf_ben-xvi_spe_20080912_parigi-cultura.html
    • By Latino I
      Entre las figuras de peso del tradicionalismo hispánico, el profesor Miguel Ayuso aparece como uno de sus más importantes teóricos en la actualidad. Como llevo poco tiempo en el foro, desconozco si se ha hablado de él en el pasado en alguno de los hilos, pero de todas formas comparto esta entrevista en la que aborda temas de diversa índole y que sirve como una buena introducción a sus posturas. Personalmente, me parece un representante brillante en muchos aspectos, desde su defensa de la auténtica tradición hasta su crítica del liberalismo. La parte con la que quizás no estéis muy de acuerdo es en su análisis del Concilio Vaticano II y del rumbo tomado por la Iglesia desde entonces. Tendría curiosidad por saber qué opinión le merece el actual papa, pero no he encontrado nada al respecto. 
      Copio algunos de los fragmentos de la entrevista, ya que es bastante extensa, y dejo el enlace a la misma aquí, para los que queráis leerla en su integridad.
      Entrevista al completo / Fuente: https://lasoga.org/miguel-ayuso-torres-cuando-uno-ve-la-politica-los-estados-unidos-secundada-la-union-europea-la-impresion-sigue-la-estrategia-del-gobierno-medio-del-caos/
       
      Original source: https://lasoga.org/miguel-ayuso-torres-cuando-uno-ve-la-politica-los-estados-unidos-secundada-la-union-europea-la-impresion-sigue-la-estrategia-del-gobierno-medio-del-caos/
    • By Hispanorromano
      En el hilo dedicado al Presidente de México comentábamos la última salida de este personaje, que después de bajarse los pantalones con Trump insistía por enésima vez en que España y la Iglesia debían pedirle perdón:
      López Obrador todavía espera que el Rey o el Papa se disculpen por la Conquista de México
      La buena noticia es que cada vez se oyen más voces contrarias a este discurso falaz en México, incluso en el propio partido del Presidente (MORENA). En una publicación digital de esta formación (Reforma), el senador Germán Martínez Cázares escribía hace un par de días una columna que es una excelente refutación de esas tonterías de López Obrador. La columna está detrás de un muro de pago y la traigo a este foro en exclusiva, porque creo que merece la pena:
      Recuerdo que también los revolucionarios zapatistas del EZLN le pegaron un enorme rapapolvo a López Obrador hace unos días. Por más que citen a referentes de izquierdas y que su discurso esté un tanto lastrado por la retórica revolucionaria, sus palabras me parecen muy emotivas y estimo de gran valor que se refieran en esos términos a España y a la Iglesia, por mucho que no le haya gustado al gustavobuenista, voxiano e intereconómico Iván Velez. Vuelvo a citar las palabras del EZLN:
      Creo que sería un error rechazar este capote que le echan los zapatistas a España y a la Iglesia sólo porque citen a referentes progres, como Almodóvar o Serrat, que no son de nuestro agrado. De la misma forma, el artículo del senador de MORENA cita a Azaña y a otros personajes cuestionables. Pero hay que estar por encima de estas cosas. Y hay que respetar que la gente viva la Hispanidad a su manera. Cuando habla la Patria, deben callar las ideologías.
      ¡Viva la Hispanidad!
    • By Hispanorromano
      Siguiendo el propósito que formulé hace tiempo de rescatar a hispanistas que hubiesen caído en el olvido en España, traigo esta vez un artículo de Pablo Antonio Cuadra, poeta y escritor nicaragüense que siempre defendió a España y que escribió bellísimas líneas en defensa de la Hispanidad y de su reunificación. Un esbozo biográfico:
      Contexto en al que se publica el artículo: 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando España se inclina hacia la neutralidad. Pablo Cuadra simpatiza con la España nacional y le presta su apoyo desde el primer momento. De hecho, este artículo se publica en una revista oficial del régimen. Las cursivas son propias del artículo y nada más he añadido negritas en algunos pasajes para facilitar la lectura.
       
    • By Hispanorromano
      Rescato un artículo de Ernesto Giménez Caballero en el que se refiere a Puerto Rico como «Hija predilecta de España». Dice que los españoles no tendríamos palabras suficientes para agradecerle a los puertorriqueños su constancia y valor. Y repite por todo el artículo, con aire esperanzador, que «Puerto Rico sabe esperar». Creo que lleva razón en todo.
      Sería interesante encontrar  las palabras que le atribuye a Fray Iñigo Abbad y Lasierra y otras menciones que pueda haber a Puerto Rico como «Hija predilecta».
      Iré trayendo artículos sobre estos temas.
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    Spanish Heart

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    • https://www.mundorepubliqueto.com/2020/05/01/no-todo-lo-que-brilla-es-oro/

      Una vez más, por aprecio a estos amigos dejo solo el enlace para enviar las visitas a la fuente.

      Solo comento la foto que ponen de un congreso internacional identitari que hubo un México. Ahí se plasma el cáncer que han supuesto y parece que aún sigue suponiendo aquella enfermedad llamada CEDADE. En dicha foto veo al ex-cabecilla de CEDADE, Pedro Varela -uno de esos nazis que se dicen católicos- junto a Salvador Borrego -que si bien no era nazi, de hecho es un mestizo que además se declara hispanista y favorable a la mezcla racial propiciada por la Monarquía Católica,  sí que simpatizó con ellos por una cuestión que quizá un día podamos comentar- uno de los "revisionistas" más importante en lengua española, así como el también mexicano Alberto Villasana, un escritor, analista, publicista, "vaticanista" con gran predicamento entre los católicos mexicanos, abonado totalmente a la errática acusación contra el papa Francisco... posando junto a tipos como David Duke, ex-dirigente del Ku Kux Klan, algo que lo dice todo.

      Si mis rudimentarias habilidades en fisonomía no me fallan, en el grupo hay otro español, supongo que también procedente del mundillo neonazi de CEDADE.

      Imaginemos la corrupción de la idea de Hispanidad que supone semejante injerto, semejante híbrido contra natura.

      Nuestra querido México tiene la más potente dosis de veneno contra la hispanidad, inyectado en sus venas precisamente por ser un país clave en ella. Es el que otrora fuera más próspero,  el más poblado, también fue y en buena parte sigue siendo muy católico, esta en la línea de choque con el mundo anglo y... los enemigos de nuestra Hispanidad no pueden permitir una reconciliación de ese país consigo mismo ni con la misma España, puente clave en la necesaria Reconquista o reconstrucción. Si por un lado está infectado por el identitarismo amerindio -el indigenismo- por el otro la reacción está siendo narcotizada por un identitarismo falsohispanista, falsotradicionalista o como queramos verlo, en el cual CEDADE juega, como vemos, un factor relevante.

      Sin más, dejo ahí otra vez más mi sincera felicitación al autor de ese escrito. Enhorabuena por su clarividencia y fineza, desde luego hace falta tener personalidad para ser capaz de sustraerse a esa falsa polarización con que se está tratando de aniquilar el hispanismo.

       





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    • La libertad sexual conduce al colapso de la cultura en tres generaciones (J. D. Unwin)
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    • Traigo de la hemeroteca un curioso artículo de José Fraga Iribarne publicado en la revista Alférez el 30 de abril de 1947. Temas que aborda: la desastrosa natalidad en Francia; la ya muy tocada natalidad española, especialmente en Cataluña y País Vasco; las causas espirituales de este problema, etc.

      Si rebuscáis en las hemerotecas, hay muchos artículos de parecido tenor, incluso mucho más explícitos y en fechas muy anteriores (finales del s. XIX - principios del s. XX). He traído este porque es breve y no hay que hacer el trabajo de escanear y reconocer los caracteres, que siempre da errores y resulta bastante trabajoso, pues ese trabajo ya lo ha hecho la Fundación Gustavo Bueno.

      Señalo algunos hechos que llaman la atención:

      1) En 1947 la natalidad de Francia ya estaba por los suelos. Ni Plan Kalergi, ni Mayo del 68, ni conspiraciones varias.

      2) Pero España, en 1947 y en pleno auge del catolicismo de posguerra, tampoco estaba muy bien. En particular, estaban francamente mal regiones ricas como el País Vasco y Cataluña. ¿Será casualidad que estas regiones sean hoy en día las que más inmigración reciben?

      3) El autor denuncia que ya en aquel entonces los españoles estaban entregados a una visión hedonística de la existencia, que habían perdido la vocación de servicio y que se habían olvidado de los fines trascendentes. No es, por tanto, una cosa que venga del Régimen del 78 o de la llegada al poder de Zapatero. Las raíces son mucho más profundas.

      4) Señala que el origen de este problema es ético y religioso: se ha perdido la idea de que el matrimonio tiene por fin criar hijos para el Cielo. Pero también se ha perdido la idea del límite: las personas cada vez tienen más necesidades y, a pesar de que las van cubriendo, nunca están satisfechas con su nivel de vida.

      Este artículo antiguo ilumina muchas cuestiones del presente. Y nos ayuda a encontrarle solución a estos problemas que hoy nos golpean todavía con mayor fuerza. Creo que puede ser de gran provecho rescatar estos artículos.
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    • En torno a la posibilidad de que se estén usando las redes sociales artificialmente para encrespar los ánimos, recojo algunas informaciones que no sé sin son importantes o son pequeñas trastadas.

      Recientemente en Madrid se convocó una contramanifestación que acabó con todos los asistentes filiados por la policía. Militantes o simpatizantes de ADÑ denuncian que la convocó inicialmente una asociación fantasma que no había pedido permiso y cuyo fin último podría ser provocar:

      Cabe preguntarles por qué acudieron a una convocatoria fantasma que no tenía permiso. ¿Os dais cuenta de lo fácil que es crear incidentes con un par de mensajes en las redes sociales?

      Un periodista denuncia que se ha puesto en marcha una campaña titulada "Tsunami Español" que pretende implicar a militares españoles y que tiene toda la pinta de ser un bulo de los separatistas o de alguna entidad interesada en fomentar la discordia:

      El militar rojo que tiene columna en RT es uno de los que difunde la intoxicación:

      Si pincháis en el trending topic veréis que mucha gente de derechas ha caído en el engaño.

      Como decía, desconozco la importancia que puedan tener estas intoxicaciones. Pero sí me parece claro que con las redes sociales sale muy barato intoxicar y hasta promover enfrentamientos físicos con unos cuantos mensajes bien dirigidos. En EEUU ya se puso en práctica lo de citar a dos grupos contrarios en el mismo punto para que se produjesen enfrentamientos, que finalmente ocurrieron.
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    • Una teoría sobre las conspiraciones
      ¿A qué se debe el pensamiento conspiracionista que tiene últimamente tanto auge en internet? Este artículo baraja dos causas: la necesidad de tener el control y el afán de distinguirse de la masa.
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