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Hispanorromano

Eugenesia y racismo: cosas de progres

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El otro día terminé el libro Política de la familia, de Ferdinando Loffredo, un intelectual fascista que en la posguerra trabajó desde la Acción Católica. El libro es muy recomendable para toda persona que esté interesada en reactivar la natalidad española, pues aborda todas las cuestiones esenciales, desde la Religión hasta el feminismo. Siempre que leo algún libro anoto referencias que luego investigo en internet, pues generalmente me dan pistas útiles sobre multitud de temas. En esta ocasión la investigación me ha llevado por algunos derroteros que creo interesante compartir con vosotros antes de que se pierdan en mi memoria.

Tenemos la idea de que la eugenesia es una cosa más bien de derechas. Un profesor de demografía recoge así la historia de la eugenesia en España [introduzco algunas notas en rojo]:

Cita

Eugenismo en España

Las ideas eugenésicas llegaron a España, como al resto del mundo desarrollado, a través de intelectuales y profesionales de la medicina o la psiquiatría que estaban al tanto de las corrientes más modernas e innovadoras en sus campos. Más difícil fue que tomase fuerza un eugenismo político que se tradujese en acciones efectivas. Como en todo el ámbito latino, junto a la eugenesia basada en Darwin, convencida de la base genética de los caracteres y las conductas, en España hubo también una eugenesia basada en Lamark, convencida de que el “cultivo”, la educación y las condiciones que rodean a las personas también son capaces de mejorar sus características naturales. El caso más notable de este segundo eugenismo es el del anarquismo ibérico, con su reivindicación de la sexualidad libre, la maternidad consciente y el control de la natalidad.

La Eugenics Education Society organizó en Londres, durante el verano de 1912, el Primer Congreso Internacional de Eugenesia, culminando así su labor de creación de un amplio movimiento internacional (cerca de 750 participantes). Al congreso asistió, como representante español, Ignacio Valentí y Vivó, catedrático de Medicina Legal y Toxicología de la Universidad de Barcelona. Su comunicación, presentada en la sección de eugenesia y medicina, se titulaba “The History of a Healthy, Sane Family Showing Longevity, in Catalonia”.

También durante 1912 aparece en las listas de socios de la “Eugenics” otro médico catalán, Nicolás Amador (Amador publicó, por lo menos, dos importantes trabajos sobre eugenesia: “Eugénica”, en la revista Gaceta Médica Catalana, y “La eugenesia y sus relaciones con la sociología y la economía política”, en la revista Estudio de Barcelona) [Alvarez-Peláez 1985, pg. 624).

No obstante, el congreso sólo fue reseñado por dos periódicos españoles, “El Defensor de Granada”, de corte liberal, y la “Gaceta del Norte”, periódico conservador de Bilbao, que criticó abiertamente las ideas eugenésicas.

Uno de los más famosos entre estos médicos españoles fue Gregorio Marañón:

  • Ferrándiz, A., Lafuente Niño, E. (1999), “El pensamiento eugénico de Marañón” Asclepio 51 (2): 133.
  • Ruíz-Valdepeñas, B. (2008), “Gregorio Marañón y la eugenesia. Consideraciones éticas” en Herreros, B., Gargantilla, P., Bandrés, F. -Eds-, Gregorio Marañón: cumbre y síntesis para el siglo XXI: Fundación Tejerina., pp. 143.

Aunque fueron pocos los pedagogos y docentes que difundiesen el eugenismo, la excepción es Luís Huerta [de orientación progresista]:

1928, El Primer Curso Eugénico Español constituyó la primera plataforma pública de discusión del eugenismo en nuestro país. La represión del régimen de Primo de Rivera, alegando la causa de pornografía y escándalo público, impidió la continuación de las actividades previstas.

Finalmente en 1933, ya en plena República, tuvo lugar el “I Simposio de Eugenesia Española”, clausurado por el mismo Azaña. Asistieron personajes como Fernández de los Ríos, Novoa Santos, Marañón, Ramón J. Sender, Lafora, Jiménez de Asúa [catedrático socialistas contra el que atentó la Falange; también era favorable al pensamiento pro eutanasia que se estaba desarrollando en Alemania], Hilldegart, García Lorca o Rafael Alberti. El año anterior Hildegart Rodríguez había fundado la Liga Española para la Reforma Sexual [véase hilo en este mismo foro], integrada en la Liga Internacional para la Reforma Sexual, que fue presidida inicialmente por Gregorio Marañón.

Igual que lo es en la actualidad, el eugenésico era uno de los cuatro supuestos de aborto legal que, de forma pionera y avanzada a su tiempo, se aprobaron en Cataluña con un Decreto del 25 de diciembre de 1936 de la Generalitat. La ley  la firmaban Josep Tarradellas, Conseller en Cap del Govern de la Generalitat, Pedro Herrera, conseller de Sanitat i Assistència Social y Rafael Vidiella, conseller de Justicia. Pedro Herrera era un anarcosindicalista que representaba a la CNT en el gobierno catalán.

Aunque algunos historiadores pretenden que el régimen franquista acabó con el eugenismo al eliminar sus iniciativas más innovadoras en materia de planificación familiar, lo cierto es que mantuvo alguna de sus vertientes más inhumanas y discriminatorias, como la que representa César Vallejo Nájera (ver en este sitio la entrada Eugenismo y psiquiatría militar franquista). [Falso]

https://apuntesdedemografia.com/polpob/1043-2/eugenismo-en-espana/ 

El último párrafo no dice la verdad y si lo cito es por no mutilar el escrito. Este profesor de demografía es progresista y, como tiene mala conciencia por la responsabilidad del progresismo en la eugenesia y en los subsiguientes genocidios, se ve obligado a añadir este párrafo final según el cual el franquismo habría continuado con la eugenesia. Primero, se confunde al hablar de César Vallejo Nájera. El tan mentado doctor se llama Antonio, no César,  y a poco que uno lea su obra "Eugenesia de la Hispanidad" se da cuenta de que lo que propone en realidad es una antieugenesia. Esto era muy común en la época: se utilizaba el nombre de eugenesia para cosas que, según la perspectiva actual, no son eugenesia. La Iglesia, por ejemplo, decía que la mejor eugenesia era la moral católica. Pero bueno, este tema se puede tratar aparte si alguien tiene dudas.

El caso es que tenemos varias realidades comprobadas:

  • Las ideas eugenésicas son introducidas en España por sectores progresistas. Las defienden muy especialmente anarquistas, republicanos y socialistas. Las derechas se oponen radicalmente.
  • Los únicos periodos en los que las que el eugenismo es reprimido son la Dictadura de Primo de Rivera y la de Franco, es decir los dos únicos periodos en que la sociedad y la política giran hacia la derecha.
  • La democracia -y esto no lo cuenta el profesor de demografía- rehabilita la eugenesia con el aborto eugenésico y la esterilización de deficientes.

Queda claro que el eugenismo es una idea progresista y no hay ningún estudioso académico serio que discuta el hecho, aunque algunos lo intenten minimizar, como nuestro profesor de demografía, inventando una falsísima eugenesia franquista.

En el caso del racismo, el origen progresista e ilustrado también está claro para muchos estudiosos de prestigio, pero pesa mucho la idea de que el racismo sería una cosa de derechas por las asociación que todos hacemos con el régimen nacionalsocialista. Por ello, es algo más difícil encontrar estudios académicos en español que expongan esta raigambre progresista del racismo. Y sobre todo al público general le choca mucho la idea de que el racismo pueda ser algo de izquierdas. Veamos si puede aportar alguna luz esta reseña de un libro sobre el hispanomericanismo durante la Restauración:

Cita

Se nos presenta aquí un exhaustivo estudio del surgimiento y desarrollo del concepto de raza hispana hasta su institucionalización en la festividad del 12 de octubre por primera vez en 1918, llamada entonces «Día de la Raza», denominación con la que hasta hoy mismo mucha gente de generaciones anteriores a la nuestra identifica aún esa fecha. Pero será cuando nos acerquemos al final del libro que descubriremos cómo esa denominación («Día» o «Fiesta de la Raza») fue oficial incluso en la II República y hasta el año 1958, ya en pleno franquismo, cuando la festividad pasó a denominarse «Día de la Hispanidad»,

[...]

Sabemos, como el autor nos recuerda, que el concepto de raza hispana, como los de las demás variantes raciales europeas coetáneas, alberga una indudable raigambre biologicista, puesto que de las ciencias naturales y de la taxonomización antropológica deriva. En principio significaría que las supuestas condiciones biológicas humanas diversas producirían caracteres y aptitudes diferenciados, con su consiguiente repercusión en los países respectivos, en forma de ciclos de expansión, sostenimiento y decadencia. Quienes más insistieron en estas características de la raza fueron los sectores intelectuales más progresistas, fiados más que los conservadores de las virtudes liberadoras de la ciencia. Y en España el krausismo, como es sabido, basó en elementos biológicos y organicistas su concepto de sociedad y autores de esa escuela, como Manuel Sales y Ferré, el primer titular de una cátedra de sociología en la universidad española, estableció un nexo directo entre la decadencia española y su decaimiento físico como raza (ver las clásicas monografías sobre este autor de Jerez Mir y Núñez Encabo). En cambio, desde el conservadurismo, Cánovas siempre sostuvo que el de raza era sólo uno de los ingredientes, y no el más decisivo, para entender el concepto de nación española (nos remitimos a su famoso «Discurso sobre la nación» en el Ateneo de Madrid, de 1882). No obstante, quien primero saca partido de la decadencia de la raza española es Sabino Arana Goiri, que descarta toda relación entre la raza vasca y la raza ibérica (tal como sostenía hasta entonces el mito del vasco-iberismo) para fundar el nacionalismo vasco. Su propuesta llevaba directamente de la raza vasca, supuestamente aislada de todas las demás, a la reivindicación de la independencia política: «Bizkaya ha sido los pasados siglos legítimamente independiente, por serlo innata y originariamente» [Pliegos histórico-políticos (I), 1886-1888, en Obras Completas de Sabino Arana Goiri, Donostia, Sendoa, 1980, 3 vols., I, 75]. Hoy también sabemos que el nacionalismo catalán, el que se inicia con Valentí Almirall casi al mismo tiempo que el sabiniano, tiene un componente esencial racista que quiere desvincular la raza catalana de la española (ver Francisco Caja: La raza catalana: el núcleo doctrinal del catalanismo, Madrid, Encuentro, 2009).

[...]

Por lo que se refiere a ciertos autores que aquí aparecen, la trayectoria de Marcelino Menéndez Pelayo, dentro de su ubicación en el sector conservador de la intelectualidad española del momento, no deja de ser sugerente por muchos motivos. El santanderino defendía la latinidad de la raza española, en particular frente a la raza germana a la que detestaba en todas sus manifestaciones: lo mismo le daban los godos que los krausistas. Sin embargo, y en vista de que lo latino fue postergado frente a lo ibérico en la construcción de una raza hispana común a ambos lados del Atlántico, podríamos pensar que el latinismo de Menéndez Pelayo también fue sacrificado a esa empresa patriótica y por ende americanista. No obstante, sabemos que Menéndez Pelayo secretamente abogaba por lo ibérico dentro de lo latino, pero no lo manifestaba públicamente porque no quería que le confundieran por eso con los republicanos (lo cuenta Javier Varela en su La novela de España, Madrid, Taurus, 1999, pág. 54).

Pedro José Chacón Delgado, Raza hispana: hispanoamericanismo e imaginario nacional en la España de la Restauración, Revista de estudios políticos,  N.º 153, 2011 [PDF]

Tres conclusiones que se pueden extraer de aquí:

  1. El "Día de la Raza" lo instituyó el liberalismo de la Restauración y lo mantuvo sin problemas la Segunda República. Es Franco el que lo cambia al "Día de la Hispanidad" con el aplauso de la Falange y de las derechas, que veían ese término mucho más adecuado. Los derechoides que se aferran a la primera denominación quedan retratados en su ignorancia.
  2. Quienes empiezan con los discursos raciales son los progresistas, entre ellos los krausistas, pues parten de la misma concepción naturalista y biologicista del hombre que da lugar a la eugenesia. El progresismo está en el origen de todas estas ideologías que reducen al hombre a la animalidad. Los conservadores y los reaccionarios de la época se oponen a esa interpretación racial.
  3. Los reaccionarios, como Menéndez Pelayo, exaltan la latinidad española frente a la raza germana, que asocian -con razón- al progresismo y a la barbarie.

Habría mucho que hablar sobre estos temas. Y se podrían poner muchos más ejemplos. Pero de momento expongo estos breves apuntes para explicar la raigambre progresista de algunas ideas que hoy han asumido las derechas.


Esta publicación ha sido promocionada como artículo

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El raciocentrismo (centrar el discurso en la raza) de alguna manera tiene un punto siempre de disidente y de minoritario. Hace uno o dos siglos con hegemonía tradicionalista y cristiana, las izquierdas (la revolución) eran racistas porque reivindicaban el hecho material de unos pocos «pioneros» (los nacionales revolucionarios) frente a la multitud «ciega» (el universo cristiano).

Cuando la revolución se extiende al mundo acaba perdiendo su carácter raciocéntrico, y entonces lo que a veces se llama derecha (realmente gnosticismo de derecha) es lo que se vuelve disidente y reivindica lo sanguíneo. Pero es que el ciclo no acaba aquí, por raro que parezca la «derracialización» le empezaba a ocurrir a los nazis, con inventos como lo de los arios honorarios, su colegueo con lo árabe o meter a los indios de la India en el pack ario. Incluso los identitarios actuales al empezar a triunfar fuera de sus fronteras empiezan a reinventar la rueda y hablar del etnodiferencialismo en vez del supremacismo, o sea valorar todas las estirpes (algo que ya hacía el catolicismo clásico).

En definitiva, mutan porque se convierten en proyectos imperiales, transnacionales, y ya no se sostienen con el elemento nuclear que puede contener lo racial porque esto sólo tiene mercado en el lugar de origen del movimiento.

De cualquier manera comentar que el mesticismo forzoso es también una forma de racismo (racismo mesticista) y que el pretendido humanismo de los primeros revolucionarios no era tan universalista como se piensa, más bien el concepto de Humanidad era limitado y los primeros en estar excluidos eran los mismos nobles y el mismo Rey. Cosas que hay que tener en cuenta para no perderse.

Edited by Gerión

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hace 15 horas, Gerión dijo:

El raciocentrismo (centrar el discurso en la raza) de alguna manera tiene un punto siempre de disidente y de minoritario. Hace uno o dos siglos con hegemonía tradicionalista y cristiana, las izquierdas (la revolución) eran racistas porque reivindicaban el hecho material de unos pocos «pioneros» (los nacionales revolucionarios) frente a la multitud «ciega» (el universo cristiano).

Cuando la revolución se extiende al mundo acaba perdiendo su carácter raciocéntrico, y entonces lo que a veces se llama derecha (realmente gnosticismo de derecha) es lo que se vuelve disidente y reivindica lo sanguíneo. Pero es que el ciclo no acaba aquí, por raro que parezca la «derracialización» le empezaba a ocurrir a los nazis, con inventos como lo de los arios honorarios, su colegueo con lo árabe o meter a los indios de la India en el pack ario. Incluso los identitarios actuales al empezar a triunfar fuera de sus fronteras empiezan a reinventar la rueda y hablar del etnodiferencialismo en vez del supremacismo, o sea valorar todas las estirpes (algo que ya hacía el catolicismo clásico).

En definitiva, mutan porque se convierten en proyectos imperiales, transnacionales, y ya no se sostienen con el elemento nuclear que puede contener lo racial porque esto sólo tiene mercado en el lugar de origen del movimiento.

De cualquier manera comentar que el mesticismo forzoso es también una forma de racismo (racismo mesticista) y que el pretendido humanismo de los primeros revolucionarios no era tan universalista como se piensa, más bien el concepto de Humanidad era limitado y los primeros en estar excluidos eran los mismos nobles y el mismo Rey. Cosas que hay que tener en cuenta para no perderse.

Por descontado, el mesticismo a machamartillo es tan racista o más que el exclusivista. Incluso más peligroso para la santa diversidad regalada por quien así lo dispuso.

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En apoyo de la tesis de este hilo, aporto una cita de un discurso de Vázquez de Mella que he encontrado por casualidad. Salmerón era el progre por excelencia en aquella época (entre otras cosas, fundador del Partido Republicano Progresista).

Cita

El Sr. Salmerón, con cierta elevación filosófica, sin duda, pero aparente, y con una filosofía esencialmente anticristiana y absurda, sostuvo que la voluntad humana estaba regida, no por una ley moral, inmutable, que el albedrío sigue o infringe, sino por indeclinables, inexorables motivos, decía S. S., y por la influencia fatal del medio que hacía necesarios los actos de la gente, llegando a sostener un determinismo positivista, según el cual no existe para S. S. la libertad psicológica, base y fundamento de todas aquellas libertades públicas que con absurda inconsciencia reclama como absolutas S. S. en el orden social y político (Muy bien). Y qué más, señores diputados, si ayer mismo el Sr. Salmerón mantenía la absurda teoría de Cumplowitz en su libro la Lucha de razas, admitiendo el poligenismo, los diferentes orígenes de la especie humana, doctrina desechada por la ciencia, y según la cual negaba la unidad de procedencia de la especie humana, la comunidad de un padre y de una sangre y, por lo tanto, la fraternidad entre los hombres, viniendo en conclusión a sostener, contra toda igualdad substancial, la teoría de los privilegios étnicos formulada por Renán en sus Diálogos filosóficos, y según la que, por medio de la selección biológica de las razas, en virtud de la evolución fatal de los seres, llega la humanidad a cumplir el fin que le señala, el de producir grandes hombres, elaborar sabios, aunque sea necesario para ello sacrificar las razas inferiores, logrando, en virtud de tal selección, aquella singular aristocracia de los doctos, verdadera sofocracia, en cuyas manos, por los títulos fatales de una evolución ciega de la materia, llega a estar vinculada en un Aerópago de pensadores la dictadura social del mundo.

A eso va a parar empujado por la ola positivista el Sr. Salmerón, el Sr. Salmerón, que negaba lo que constituye, al menos en la apariencia, el lema de la Revolución francesa, cuyos principios ha creído defender toda la vida.

Obras Completas de Vázquez de Mella, Vol. XI, pp. 192-193.

 

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Excelente aporte que se une a la lista de las pruebas que demuestran lo contrario de las tesis que predica la izquierda. Al final todo esto es un poco como la leyenda negra, acusar al otro de hacer aquello que tu deseas ocultar. Ya sabéis, aquello de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio.

Según la izquierda el racismo es lo propio de la derecha, pero esta oculta que bebe y se nutre de sus fuentes originales; Los españoles cometieron genocidio con los indios  y la inquisición española fue terrible, pero el verdadero exterminio se dio antaño entre aquellos mismos que difundieron esa leyenda negra, y hoy entre quienes sostienen tesis como las del aborto o la eutanasia que a la postre son los mismos que mantienen viva la leyenda negra. ¿Victimas de la leyenda o causantes de la misma?

El problema es la falta de conocimiento que habitualmente tiene el votante de izquierdas quien, obnubilado por las emociones y pasiones con las que a menudo se alimenta el discurso político, es incapaz de ver y reconocer su verdadero enemigo.


No te preguntes si lo que haces es pecado, pregúntate si al hacerlo estás amando.

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Esta página de historia habla en tono laudatorio de la "iglesia cubana", un grupo anticlerical que se formó durante el franquismo en Canarias:

Historia de Canarias y revista Canarii

De esta blasfemia progre destaca este pasaje:

Cita

Aquellos bancos de la Plazoleta fueron testigos del Primer Festival de la Canción Atea y de otros devaneos y debates, en que cada uno exponía sus descubrimientos, bien fuera histórico-eclesiásticos, políticos o bíblicos. La mayoría éramos asiduos lectores de la Biblioteca del Museo Canario cuyo cuidador, el inolvidable Naranjo, nos prestaba libros tan “peligrosos” como los de Carlos Darwin o Ernesto Haeckel, que hablaban de la evolución de las especies, así como libros de filosofía e historia prohibidos por el Régimen y por la Iglesia Católica.

Haeckel era progre, como todos los evolucionistas, pero también era un furibundo racista:

Cita

En la Enciclopedia Libre Universal se apunta lo siguiente: "Haeckel propugnaba que las razas primitivas estaban en su infancia y precisaban la supervisión y protección de sociedades más maduras, de lo que extrapoló una nueva filosofía, que denominó monismo. Sus obras sirvieron de referente y justificación científica para el racismo, nacionalismo y social darwinismo y estuvieron en la base de las teorías racistas del nazismo".

Después de visitar las islas, años después, Haeckel lanzó la hipotesis siguiente: Unos homínidos con capacidad para andar rectos, que denominó Pithecanthropus, procedentes de Asia y que se concentraron en Alemania "por encima de todas las demás, está extendiendo actualmente la red de su civilización por todo el globo terráqueo y poniendo los cimientos de una nueva era en la que existirá una cultura intelectual superior".

Haeckel murió el nueve de agosto de 1919. Antes, creó la Liga Monista para defender sus tesis sobre el cambio de las poblaciones humanas. El investigador se refería a las razas como "especies". Acusó al cristianismo de ser dañino porque impedía la "selección natural de las razas" y la desaparición de los débiles.

Para el investigador que vino a Canarias a encontrar datos para sus investigaciones científícas, "la cuestión judía era un problema racial de extrañas costumbres, intolerables para el pueblo alemán". Fue presidente en 1904 de la Sociedad de Higiene Racial, que defendía una política eugenista de "selección controlada" para preservar la raza alemana.

Haeckel, el ideólogo científico del nazismo, inspiró su teoría de «las especies» en Canarias

Haeckel fue el que acuñó el término de ecología. Una simpática ilustración de un libro de Haeckel:

haeckel_afrucabs_and_apes_copy.jpg(media

¡Qué malo era el franquismo que prohibía estas cosas!

Por cierto, este naturalista y filósofo nació en Potsdam, que creo que también es Prusia. Otro más para la lista.

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Copio un artículo interesante sobre Haeckel. Tiene cierto sesgo anticreacionista y dice alguna que otra tontería, pero da una idea de las locuras de Haeckel. No hay mucha información crítica sobre él en español

Cita

El doberman de Darwin

Antes de que el microscopio electrónico pusiera al desnudo las escenas más bellas de la naturaleza, ahí estaban Ernest Haeckel (1834-1919) y sus ilustraciones. Visualmente explosivas, despertadoras del asombro y de una diversidad descomunal –desde dibujos de embriones a esbozos gráficos de microorganismos de nombres ríspidos–, fueron mancilladas por un solo defecto: el de ser increíblemente falsas. Así fue: el biólogo alemán alguna vez alabado por Darwin, el mismo que popularizó la fórmula “el hombre viene del mono”, quien le puso nombre a la ecología y pergeñó términos como “protoplasma” y “filogenia”, empleó toda su creatividad e inteligencia para producir sonados fraudes –impulsado por el fanatismo y el odio racial– y para defender una causa que desembocaría con el tiempo ni más ni menos que en el genocidio.

go-gris.gif Por Pablo Capanna

Tendría yo ocho o nueve años, y ya había pasado por Swift y Verne, cuando me regalaron el primer libro “serio” de mi vida. Era un álbum de imágenes de la Naturaleza, no tan buenas como las fotos digitales de hoy, pero más que suficientes para despertar el asombro. Una de las figuras que más me impresionaron fue la de un microorganismo bellísimo que se parecía a un mandala tibetano. Un vecino que estudiaba medicina me preguntó si sabía qué era. “Un radiolario”, contesté, y me gané fama de niño precoz con sólo recordar la leyenda que estaba al pie de la foto.

Acabo de darme cuenta de que ése era un dibujo de Ernst Haeckel, que los libros seguían reproduciendo para asombro de las generaciones, antes de que el microscopio electrónico viniera a revelar escenas aún más bellas. Años más tarde, me enteré que Haeckel era quien le había puesto nombre a la ecología. A él le debíamos términos como “protista”, “phylum” y “filogenia”, que aún seguimos usando, y otros como “protoplasma” y “Pitecan-thropus”, que se usaron durante décadas. Lo que entonces desconocía era la mala fama que se había ganado Haeckel como tramposo y como ideólogo racista. Al parecer, el biólogo alguna vez alabado por Darwin había hecho el peor uso posible de sus talentos. Del mismo modo que puso su inteligencia al servicio del odio, empleó toda su creatividad artística para producir sonados fraudes. Admitamos que no lo hizo por el dinero o la fama (como hoy se estila) sino por fanatismo, pero la causa que defendía era la que desembocó en el genocidio.

Perro que ladra, muerde

Como era habitual entre los naturalistas del siglo XIX, Ernst Haeckel (1834-1919) fue un gran dibujante. Cuando estuvo en Italia pensó en dedicarse a la pintura; al parecer, los italianos lo desalentaron porque luego los calificó de “raza degenerada”. En cambio, encontró un gran admirador en un acuarelista llamado Adolf Hitler, al que no llegó a ver en el poder.

Médico de formación, se dedicó a la zoología y fue profesor en la universidad de Jena. Cuando leyó El origen de las especies de Darwin experimentó una revelación casi mística y se consagró a la misión de divulgar el darwinismo en Alemania. Si a Thomas Huxley lo llamaban “el bulldog de Darwin”, Haeckel se propuso ser el doberman. Se entrevistó algunas veces con Darwin y mantuvo correspondencia con él, ganándose apenas alguna mención elogiosa en El origen del hombre.

Más allá de la biología, Haeckel fue un polígrafo que escribió sobre antropología, psicología, ética, política y cosmología. Su doctrina “pan-psíquica”, que le atribuía un alma hasta a los cristales, influyó en la formación del “inconsciente colectivo” de C. G. Jung. Es casi seguro que Nietzsche lo había leído y se diría que le debía mucho. Rudolf Steiner, que se apartó de la Teosofía porque no aceptaba un mesías “de color” como Krisnamurti, se consideraba un discípulo suyo.

Cuando ya se había consagrado en la biología marina, Haeckel se ganó un gran público con la Historia natural de la Creación (1868). Su obra Los Enigmas del Universo (1899), que se lanzó con una tirada de cien mil ejemplares, tuvo una docena de reediciones y fue traducida a 25 idiomas; allí profetizaba que la ciencia del siglo XX ya no tendría problemas que resolver...

La “ley embriogenética”

Mucho después de mi descubrimiento infantil, volví a encontrarme con Haeckel en los libros de texto. Allí se le atribuía una ley evolutiva: “La embriogenia recapitula la filogenia”. En palabras sencillas, esto significaba que en el desarrollo embrionario se reproducen todas las etapas de la evolución. En una etapa, el embrión humano tiene agallas (como un pez) y más adelante ostenta una cola, como si fuese un mono.

La idea no deja de ser correcta en líneas generales, si no fuera porque Haeckel (atado al paradigma de su tiempo) pensaba a la evolución como un proceso lineal. Los embriones humanos no tienen agallas, pero presentan estructuras que en el pez se desarrollarán como tales. Lo mismo ocurre con la diferenciación sexual; el pene y el clítoris tienen el mismo origen embrionario. Lanzado a buscar pruebas para su hipótesis, Haeckel no encontró nada mejor que fabricarlas.

En 1874, el profesor Wilhelm His de Leipzig denunció que, entre otras cosas, Haeckel había retocado uno de sus dibujos para que un embrión humano se pareciese a un renacuajo, y también había metido mano en una ilustración de Bischoff. En un despliegue de “creatividad”, Haeckel agregaba colas, sacaba y ponía vértebras, le ponía cabeza humana a un embrión de mono y repetía la imagen de un embrión de un perro para presentarlo como pollo o tortuga.

La inverosímil Monera

Años antes Haeckel también había postulado la existencia de un antecesor único para todas las formas de vida terrestre, que llamó Monera. Entonces no existía la biología molecular y Haeckel imaginaba que un proto-organismo debía carecer de organización: sería una masa informe de albúmina, sin núcleo ni organoides, de la cual tendría que haber brotado toda la maquinaria celular.

Haeckel le dedicó a la Monera más de setenta páginas, incluyendo treinta dibujos en los cuales llegaba a imaginar hasta el ciclo reproductivo. Tan convincente fue que el propio Huxley creyó haber descubierto Moneras en el limo marino. Ya les había puesto por nombre Bathybius haeckelii, cuando un análisis químico reveló que se trataba apenas de yeso precipitado en alcohol. Nadie volvió sobre el tema.

El eslabón perdido

En El origen del hombre, Darwin les había atribuido un origen común a los simios y al hombre, pero había sido muy cauteloso a la hora de establecer genealogías, ateniéndose a la escasez de registros fósiles.

En cambio Haeckel, que popularizó la fórmula “el hombre viene del mono”, postuló que sólo faltaba encontrar algún “eslabón perdido” en la cadena evolutiva que los unía. Sin poder imaginar el frondoso árbol genealógico que luego desplegaría la paleontología, volvió a dejarse llevar por el pensamiento lineal.

Entre todos los que salieron a buscar el eslabón (hubo quienes lo bautizaron Archipithecus y hasta “Homo stupidus”) estuvo Haeckel, quien postuló el Pitecanthropus alalus, el hombre-mono sin habla. Popularizó el dibujo de una pareja de Pitecantrópidos a quienes mucho más tarde Von Koenigswald caracterizó como el matrimonio perfecto: nunca discutían...

Con el tiempo, la búsqueda del eslabón único fue abandonada, en cuanto al fósil de Java se lo reclasificó como Homo erectus, el Neanderthal pasó a ser un sapiens y el fósil de Piltdown resultó un fraude.

Mientras tanto, Haeckel seguía inventando. En 1908 el biólogo Arnold Brass reabrió la cuestión del fraude en un artículo titulado “El problema de los monos. Nuevas falsificaciones del Prof. Haeckel”. Esta vez, el acusado no encontró mejor estrategia que politizar la polémica. Publicó dos solicitadas en los diarios, donde admitía algunas “inexactitudes” pero acusaba a Brass de estar al servicio de los creacionistas de la Keplerbund y de los elementos reaccionarios del gobierno.

Monistas y Keplerianos

Dos años antes, Haeckel había fundado su Liga Monista (Monistenbund), que ya contaba con 6000 socios en Alemania y Austria. La Liga era más que una sociedad científica; era una usina ideológica que, dejando atrás al cauto agnosticismo de Darwin, pretendía convertir al darwinismo en una suerte de religión, teniendo por dogmas el panteísmo y el monismo materialista. Brass, por su parte, pertenecía a la Liga Kepleriana (Keplerbund) que aglutinaba a los científicos protestantes.

La consulta pública lanzada por Brass fracasó. Haeckel redobló la apuesta y convocó a la comunidad científica para que se definiera a favor o en contra del darwinismo. Obtuvo muchas adhesiones, aunque la mayoría se limitó a afirmar que con la “ley embriogenética” no se jugaba el destino de la selección natural.

En su Antropogenia de 1897, Haeckel ya había admitido “con profunda pena” que un 8% de sus ilustraciones eran “imprecisas” (es decir, trucadas) pero se justificaba diciendo que el dibujo siempre es impreciso. No era una buena excusa. La fotografía y las técnicas digitales han permitido más y mejores fraudes, a la medida de la deshonestidad del autor. Si no, que lo diga el coreano Hwang Woo-suk, protagonista de falsas clonaciones.

El eslabón encontrado

Se suele afirmar que cuando Hitler llegó al poder proscribió tanto a la Liga Monista como a la Antroposofía de Steiner. De hecho, los nazis no admitían la competencia, y no vacilaban en desembarazarse de quienes habían sido sus aliados ideológicos.

Si desde George Mosse se venían señalando las vertientes ocultistas del nazismo, en Los orígenes científicos del Nacionalsocialismo (1971) Daniel Gasman puso de relieve las fuentes pseudocientíficas. De este modo, la Liga Monista de Haeckel aparece como el eslabón que une al racismo de Gobineau y Chamberlain con esa “ciencia racial” de la cual dictaba cátedra Hans F. K. Günther en Jena y otros aplicaban en Auschwitz.

Es sabido que en la obra de Darwin (aunque no en la de Russel Wallace) se encuentran expresiones racistas. Pero en todo caso el “darwinismo social” pergeñado por Spencer “apenas” apuntaba a justificar el colonialismo y la explotación.

Con Haeckel (que acuñó el perverso slogan “la política es biología aplicada”), el racismo se convirtió en cambio en una agresiva ideología. Su conjunción con el populismo völkisch y la exaltación teosófica de la raza aria alimentó la receta nazi. Fue así como la “lucha por la vida” desembocó en Mi lucha. La guerra era vista como un conflicto racial y la eugenesia era imperativa para evitar la degeneración de la raza, tanto como la eliminación de los minusválidos. Las masacres del siglo XX comenzaron a incubarse en este clima: no olvidemos que hasta el socialista H. G. Wells proponía confinar a los débiles mentales en remotas islas.

La Liga Monista también acusaba al cristianismo de pervertir al orden natural, porque no hacía distinciones raciales y proponía reemplazar las fiestas cristianas por el culto al Sol de los antiguos arios. Haeckel enseñaba que la “cuestión judía” era un problema racial y que “las extrañas costumbres” de los judíos eran intolerables para el pueblo alemán. Sólo encontró resistencia en científicos como el anatomista Gegenbauer o en el filósofo Paulsen.

El último avatar del monismo de Haeckel fue un grupo esotérico vienés, los “Ariosofistas”, que encontraron en Haeckel la justificación “científica” de la superioridad racial nórdica. Uno de ellos, Jörg Lanz, colaboraba con la revista de los monistas. Más tarde, fundó su propia publicación, que tuvo a Hitler entre sus lectores.

El pariente incómodo

Con semejantes antecedentes de falsario y genocida potencial, Haeckel es una figura incómoda, de la cual lo más rescatable resultan ser los dibujos. Los biólogos se cuidan de recordar que ni sus falsificaciones ni su supuesta ley comprometen al darwinismo.

Por supuesto, el tramposo Haeckel es el blanco ideal para la Creation Science, el movimiento político norteamericano que tanto ha contribuido a confundir las ideas. La misma condena aparece en algunos foros islámicos, reflejando cierta simetría de los fundamentalismos.

Apoyándose en los fraudes de Haeckel, los creacionistas terminan por echarle a Darwin la culpa del Holocausto, y cargan las tintas inventándole una imaginaria condena por fraude. Los neonazis son tan torpes que ni siquiera se molestan por reivindicarlo.

Pero sin duda los que más molestos están con Haeckel son los panteístas. En una página del “Panteísmo Científico” (sea eso lo que sea) se presenta a Haeckel como una “monstruosa paradoja”. Si bien se lo exalta como un “valiente crítico del cristianismo”, se lo execra como antisemita. Al parecer, lo primero es políticamente correcto y lo segundo (todavía) no.

Si el lector (crea en lo que crea, o bien en nada) repara en cuáles eran las críticas que Haeckel le hacía al cristianismo, se dará cuenta de cuánto le debían los nazis. En su ideología no había lugar para los derechos humanos, una de las pocas cosas que (todavía) todos dicen respetar. Hoy, Nietzsche ha sido blanqueado por los posmodernos, que culpan de todo a su malvada hermana, a Hitler (que había heredado su bastón y se abrazaba a su busto) y a los comunistas de la RDA que escondieron sus manuscritos.

No vaya a ser que a alguien se le ocurra jugar al transgresor para volver a la carga con el tema de la desigualdad (y no de la diversidad) humanas. No faltan quienes pagarían por encontrar un ideólogo que justifique la exclusión social, aunque más no fuera para hacer un best-seller.

https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/futuro/13-1399-2006-02-04.html

 

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Recojo un artículo de opinión que tenía por ahí guardado, publicado en 2010 en el portal Cubaencuentro, donde se analizan los orígenes raciales del marxismo en la vida y obra de sus más grandes ideólogos. Recuerdo cuando leí hace algún tiempo el artículo, que era duramente criticado por el público mayormente cubano del portal, pero he metido el título en el buscador del sitio y no logro dar con el enlace exacto así que no se si es que finalmente se llegó a retirar. De todas formas lo copio aquí tal como lo recogí en su día, y resalto en negrita algunas citas que revelan el caracter profundamente racista de los fundadores del socialismo.

Racismo y marxismo

Juan F. Benemelis, Miami 01 de abril de 2010

Para Marx y Engels la subyugación de pueblos de diferente origen étnico no era nada extraño o reprobable en la práctica del marxismo. Lo que es, sin embargo, poco conocido es que el racismo ha sido consustancial con los principios marxistas, a partir de lo que el propio Marx (conjuntamente con Engels) dijeron sobre el tema. La feminista Michele Barrett, en su Women's Oppression Today, publicado en 1988, reconoce el fiasco de las feministas marxistas para analizar adecuadamente el papel teórico y político de las razas en la perpetuación de las divisiones sociales. Barrett enuncia que el modelo determinista del marxismo clásico falla en teorizar la subjetividad, aferrándose a los simplistas términos clasistas.

Marx declaró en su folleto Zur Judenfrage, que "una revolución proletaria emancipará al mundo del judío y de su usura". Hasta el propio Hitler hubiera podido hacer uso de esta referencia. En cuanto al antisemitismo de ambos "clásicos del marxismo" se halla bien documentado. Dice Marx: "No busquemos el secreto del judío en su religión, sino en el judío real. ¿Cuál es el fundamento profano del judaísmo? La necesidad práctica, el interés personal. ¿Cuál es el culto profano del judío? El tráfico. ¿Cuál es su dios profano? El dinero (...) La emancipación social del judío, es la emancipación de la sociedad respecto del judaísmo". Lo que impacta es que, a partir de tales criterios, sería legítima la propuesta de Adolf Hitler de la exterminación industrial de los judíos.

En ocasión del Manifiesto comunista, Marx se expresó sobre la cuestión de la raza de una manera muy claramente definida y en un mismo artículo agrupó a minorías y razas juntas, sobre todo la eslava, caracterizándolas como "deshechos étnicos". El pangermanismo residual de Engels se manifestaba en su negación a retractarse de su opinión desfavorable de los eslavos occidentales. A eso se suma la visión ingenua de Marx y Engels en el Manifiesto acerca de que la interconexión entre las naciones a través del comercio propiciado por el capitalismo pronto provocaría la superación de los conflictos nacionales.

Por su parte, Marx exaltó la conquista llevada a cabo por los pueblos "racialmente superiores" y se mostró despectivo con los esfuerzos nacionalistas de los "pueblos inferiores". Por ello elogió a los húngaros por su actitud de prolongada contención de los eslavos y atribuyó esto a la “superioridad” de la raza húngara.

Pese a que en su época, la trata y esclavitud africana y el racismo eran puntos escandalosos incluso en Europa, Marx y el marxismo se centraron en las relaciones de clase marginando como derivativas las raciales. W. E .B. Du Bois se enfrentó a esta categorización marxista argumentando que las relaciones raciales no eran una variable dependiente, un epifenómeno de procesos sociales subyacentes, sino un principio estructurador irreductible de las relaciones sociales, culturales y políticas en el mundo moderno.

La equivocación de Marx fue creer que el capitalismo de esa época creaba espacios donde las relaciones de producción tomaban la forma de modos de producción precapitalistas (la plantación esclavista). Todo para no aceptar que el esclavo en las plantaciones tropicales rompía todos sus esquemas de clase y que su reivindicación en nada estaba vinculada a la del proletariado. Cuando era todo lo contrario, pues esta supuesta producción precapitalista determinaba la formación de un vasto espacio geoeconómico que iba desde la cacería del africano hasta la venta del azúcar en la bolsa.

En los textos de Marx abundan los criterios discriminatorios contra los hispanos, los judíos, los indios y los chinos. Al escribir sobre la anexión de California por parte de Estados Unidos luego de la guerra con México, apuntó lo siguiente: "Sin violencia jamás se ha conseguido algo en la historia". Y, seguidamente se preguntaba: "¿Es una desgracia que la espléndida California fuera arrebatada a los vagos mexicanos, que no sabían qué hacer con ella?". Por su parte, Engels añadía: "Hemos sido testigos de la conquista de México, y nos hemos alegrado. Es en interés del propio México que quede bajo la tutela de Estados Unidos”. Los dos artículos importantes sobre el pan-eslavismo, publicados en la Neue Rhenische Zeitung, en enero y febrero de 1849 se sabe que fueron escritos por Engels, y estos reportajes contienen la mayoría de las caracterizaciones doctrinarias de las naciones eslavas más pequeñas que fueran abandonadas de una manera explícita en la literatura marxista posterior. En un artículo publicado en 1852, en la misma revista Neue Rheinische Zeitung, Marx se preguntaba cómo librarse de esos "pueblos moribundos", es decir, los bohemios, los dálmatas, los carintios: "Con la excepción de los polacos, de los rusos y de los eslavos de Turquía, ninguna nación eslava tiene futuro, puesto que los eslavos no poseen las bases históricas, geográficas, políticas e industriales que son necesarias a la independencia y a la capacidad de existir. Los pueblos que no han tenido jamás su propia historia, que apenas han alcanzado el grado más bajo de la civilización, no son capaces de vivir y no podrán jamás alcanzar la menor independencia".

En carta a Pavel Annenkov, del 28 de diciembre de 1846, Marx exponía lo siguiente: “La esclavitud directa es un pivote de nuestro industrialismo actual, lo mismo que las máquinas, el crédito, etcétera. Sin la esclavitud, no habría algodón y sin algodón no habría industria moderna. Es la esclavitud lo que ha dado valor a las colonias, son las colonias lo que ha creado el comercio mundial y el comercio mundial es la condición necesaria de la gran industria mecanizada. La esclavitud es por tanto una categoría económica de la más alta importancia. Sin la esclavitud, Norteamérica, el país más desarrollado, se transformaría en un país patriarcal. Si se borrara a Norteamérica del mapa del mundo, tendremos la anarquía, la decadencia absoluta del comercio y de la civilización moderna. Pero hacer desaparecer la esclavitud equivaldría a borrar a Norteamérica del mapa del mundo. Le esclavitud es una categoría económica y por eso se observa en cada nación desde que el mundo es mundo”.

El análisis de Marx sobre la formación nacional es injusto también en el caso brasilero, al enfatizar que fue problemático el proceso pacífico de transición de colonia a república, puesto que, a diferencia del caso en otras regiones de América Latina, la aparición de un mito de democracia racial estuvo ligada a conflictos sangrientos entre patriotas y realistas. Por ende, los marxistas ubicaron al movimiento antiesclavista como un conflicto primordialmente de carácter social.

Por su parte, en 1849, Engels llamaba a la exterminación de los húngaros que se habían rebelado contra el Imperio de los Habsburgo. Pero Engels no paró ahí, y aconsejaba la eliminación de los serbios, de otros pueblos eslavos, de los vascos, los bretones y los escoceses, por considerarlos también "inferiores". Para Marx y Engels, los supuestos promotores de la sociedad igualitaria del futuro, guías incluso de la política del Estado cubano y de otros, la raza por sí misma es un factor económico, y para ellos, la superioridad racial de los pueblos "blancos" era algo "científico". Marx nunca debatió cómo sus ideas racistas llegaron a entrar en conflicto con la supuesta emancipación socialista. Por eso no extraña que en su juventud, tanto Adolf Hitler como Benito Mussolini no encontraran extraño al marxismo y se declarasen socialistas.

En una carta que dirigió en julio de 1862 a Engels, Marx se refería a su rival político Ferdinand Lassalle, como "negro judío" quien siempre “tapa su cabello lanoso con todo tipo de aceites y maquillaje”, y que “es perfectamente obvio, por la forma de su cabeza y el tipo de cabello, que es descendiente de negros”. Asimismo, agregaba: "Para mí está completamente claro ahora, como lo prueban la forma de su cráneo y su pelo, que desciende de los negros de Egipto, suponiendo que su madre o su abuela no se mezclaran con la negrada. Esta unión de judaísmo y germanismo sobre una base negra tiene que producir un producto peculiar. La protuberancia del colega es, asimismo, la propia de la negrada".

Engels, a su vez, no se quedaba atrás en su filosofía racial. En 1887, el yerno de Marx, el mulato cubano Paul Lafargue, se postuló para concejal en un distrito parisino que contaba con un zoológico. Engels sostenía que Lafargue tenía "un octavo o un doceavo de sangre de negrazo". En una carta fechada en abril de 1887 y dirigida a la esposa de Lafargue, Engels escribió lo siguiente: "Al estar, en su calidad de negro, un paso más cerca del reino animal que el resto de nosotros, sin duda es el representante más adecuado para ese distrito".

En el Anti-Dühring, Engels da por sentada la superioridad racial de los blancos, como si fuese una verdad científica: “Si, por ejemplo, los axiomas matemáticos son en nuestros países perfectamente evidentes para un niño de 8 años, sin ninguna necesidad de recurrir a la experimentación, es como consecuencia de la ‘herencia acumulada’. Por el contrario, sería muy difícil enseñárselos a un bosquimano o a un negro de Australia”.

Los asuntos de género y raza no existen doctrinariamente en el marxismo al estar incluidos en el análisis global de clase y por tal razón nunca han podido lidiar adecuadamente con las experiencias hombre-mujer y blanco-negro.

Pero el racismo sobrepasa a las ideologías políticas. Así, eminentes marxistas mostrarían su fobia racial. Asombra que a estas alturas se piense (al igual que el cubano Esteban Morales) que con la sociedad gestada por el marxismo es posible resolver los conflictos raciales. Los clásicos del marxismo (Karl Marx y Friedrich Engels) nunca ocultaron su apoyo a la raza blanca y su desdén por los negros, y los portaestandartes de tal teoría en la práctica, Vladimir I. Lenin, Josef Stalin, Mao Zedong, Joseph Broz Tito, etcétera, se mostraron implacables en sus políticas estatales y sanguinarios ante las minorías étnicas dentro de sus territorios.

Ahora bien, dentro de las teorías marxistas tradicionales, el concepto de cultura no tenía ese sentido. El concepto que más se acercaba a él era el concepto de ideología que Marx había vinculado con el concepto de modo de producción capitalista. Esta famosa metáfora del edificio nos muestra una sociedad conformada por dos partes: una estructura (fuerzas productivas / relaciones de producción) sobre la cual se construye un edificio (super-estructura): formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en suma, ideológicas, dentro de las cuales los hombres toman conciencia.

A este fin, debemos recordar que Htiler le confesó al general Otto Wagener que sus desacuerdos con los comunistas son “menos ideológicos que tácticos”, y que el problema de los socialistas alemanes es “que no han leído a Marx”. No sólo fundó un partido al que llamó nacional-socialista, sino que, como señaló el economista austríaco Ludwig von Mises, en su obra Estado omnipotente, Hitler, una vez en el poder, implementó ocho de los diez puntos del programa de emergencia propuesto por Marx en el Manifiesto Comunista, “con un radicalismo que hubiese encantado a Marx”. Como resultado, Hitler estaba en lo correcto cuando le contó a Hermann Rauschning (tal como lo relata Rauschning en su libro Hitler me dijo) que: “No soy únicamente el vencedor del marxismo… soy su realizador”, para luego proseguir: “No voy a ocultar que he aprendido mucho del marxismo… Lo que me ha interesado e instruido de los marxistas son sus métodos. Siempre he tomado en serio lo que habían imaginado tímidamente esas mentes de tenderos y mecanógrafas. Todo el nacional-socialismo está contenido en él. Fíjese bien: las sociedades obreras de gimnasia, las células de empresa, los desfiles masivos, los folletos de propaganda redactados especialmente para ser comprendidos por las masas. Todos estos métodos nuevos de lucha política fueron prácticamente inventados por los marxistas. No he necesitado más que apropiármelos y desarrollarlos para procurarme el instrumento que necesitábamos”.

Un marxista como Gramsci tomó otra vía diferente a la de Marx para explicar los mecanismos sociales, como la jerarquía entre las ideologías orgánicas o esenciales (claro está, el marxismo es la “orgánica” del proletariado) e ideologías “inorgánicas” o parias. El hecho de reducir supone en sí la existencia de una razón y de ciertos valores para juzgar lo que es accesorio y lo que no lo es, lo que la realidad es (razón) o lo que debe ser (ética). El fracaso del Poder se encuentra en el corazón mismo del reduccionismo. Su simplificación arbitraria de la realidad no llega a someter a la realidad; lo que obtiene el reduccionista es un fetiche.

Sería Gramsci precisamente quien más se acercó al papel que en las sociedades desempeñan las razas y los grupos étnicos, al llevar a cabo su análisis sobre la separación entre dos modos de dominación: la coercitiva y la hegemónica. Para Gramsci, ambos son modos de dominación, pero basados en formas distintas de control. En la dominación propiamente dicha, el control es político y directo, y se ejerce a través de la coerción y, en última instancia, a través del recurso a la violencia física. Pero ni este poder coercitivo, ni el poder propiamente económico que deriva de la relación de explotación, son suficientes para mantener y reproducir el sistema social. Es necesaria la dirección político-ideológico-cultural, en el cual una clase o sector logra una apropiación del poder, admitiendo “espacios” donde los grupos subalternos (no hegemónicos) desarrollan sus prácticas.

El problema de la legitimidad de la reducción se plantea, pues, cuando nos interrogamos en nombre de qué, de quién, a partir de qué base puede una razón concreta afirmarse como universal. Para los reduccionistas, este problema está resuelto por el poder: como Gramsci indica, la imposición es el fundamento de toda legitimidad pues tiene la razón quien vence y consigue aplastar al otro.

Frente a esta montaña de evidencia, los izquierdistas modernos han elegido defenderse argumentando la pureza de sus intenciones: la construcción de un mundo justo y perfecto de armonía social. Y han dicho, y continúan diciendo, que los crímenes cometidos por los gobiernos comunistas del siglo XX no son propios a la esencia del comunismo, sino una “desviación” de estas intenciones y, por tanto, son una “degeneración” o una “perversión” de las ideas socialistas originales. Sin embargo, esta defensa queda desmontada tras un análisis imparcial y completo de la literatura socialista. En efecto, el análisis de dichos textos indica que el racismo, el genocidio y el totalitarismo son características consustanciales al pensamiento socialista original.

Como lo señaló Jean-Françoise Revel en su libro La gran mascarada: “Es en los orígenes más auténticos del pensamiento socialista, en sus más antiguos doctrinarios, donde se encuentran las justificaciones del genocidio, de la depuración étnica y del estado totalitario que se blanden como armas legítimas indispensables para el éxito de la revolución y la preservación de sus resultados. Cuando Stalin o Mao llevaron a cabo sus genocidios no violaron los auténticos principios del socialismo: aplicaron, por el contrario, esos principios con un escrúpulo ejemplar y con una total fidelidad tanto a la letra como al espíritu de la doctrina”.

La teoría de clases es una aplicación del darwinismo social a la historia y se halla, por su noción de clase escogida, emparentada con la de nación y raza elegida. Si el comunismo de Marx sólo es aplicable a las sociedades desarrolladas (las dirigidas por élites blanco-europeas), se halla implícita una teoría racial del devenir histórico. No por gusto George Watson escribía que el genocidio era una teoría propia del socialismo. De ahí que tanto Marx como Engels, darwinistas y mendelianos además, considerasen que el colonialismo implicaba un progreso histórico y que existían razas, grupos étnicos y naciones superiores e inferiores.

Si bien el marxismo se insertó en el lenguaje de muchos movimientos anticoloniales, como ideología no estableció raíces significativas, y sólo un puñado de obras de relieve se produjeron, como Ensayos de interpretación de la realidad peruana, de José Carlos Mariátegui, y Los Condenados de la Tierra, de Franz Fanon.

La trampa de los “espacios” que se consiente a los grupos no hegemónicos (minorías étnicas y raciales), es que tal consenso legitima de manera permanente al poder hegemónico que no se ve desafiado por fuerzas contrahegemónicas o hegemonías alternativas. A la diferenciación económica y política que separa a los hegemónicos (dominantes) de los no hegemónicos (dominados), hay que sumar una tercera diferenciación, la simbólica o cultural que determina dos tipos de humanos: hegemónicos y subalternos.

Sólo si existe una lucha por la hegemonía —en base a la búsqueda de la diferenciación dentro de la homogeneidad, del abandono de la creación de consenso por la creación de nuevas formas de distinción— pueden los “espacios” admitidos a los grupos subalternos desarrollar prácticas autónomas no funcionales para el sistema.

Sólo por la importancia que tuvo el proceso de descolonización, se produjeron cambios en la mirada de Occidente sobre el “otro” y, específicamente, la mirada que tenía la antropología sobre las “otras” culturas. Fue a partir de la descolonización afroasiática y de la revolución por los derechos civiles en Estados Unidos, en los 60, que algunos teóricos marxistas europeos, aguijoneados por Jean Paul Sartre, buscaron acomodar el tema de la liberación de las minorías negras dentro del marco de la ideología.

Pero el fenómeno del multiculturalismo conlleva el peligro de que sea sólo un cínico reconocimiento del dominador para con los que domina, como lo ejemplifica Edward Said en su interesante texto Cultura e imperialismo. Según él, es el excolonizador, ahora "civilizador", quien otorga sentido a la historia y la existencia del excolonizado, al ser el único en capacidad de conferir reconocimiento a los pueblos que no habían logrado superar la descolonización.

En el caso de las sociedades sin clases (Cuba, por ejemplo), supuestamente las relaciones de producción sólo pueden apelar a una superestructura ideológica, es decir a un sistema de representación que refleje las relaciones de sus condiciones reales de existencia.

La construcción del “otro” por la desigualdad social, la desigualdad cultural dentro de sociedades occidentales, no occidentales u occidentalizadas, o las desigualdades entre culturas fueron temas abordados en los 60 y 70 del siglo pasado por George Balandier, Maurice Godelier y García Canclini.

Para preguntarse sobre las razones de dominio en una supuesta sociedad sin clases, Maurice Godelier no tenía que recurrir a las sociedades precapitalistas; tenía los ejemplos de los estados-naciones del bloque soviético —de composición multiétnica, pero de dirección monoétnica—, y si no quería sondear en los “impuros” socialismos tribales africanos y árabes, pudo asomarse a Cuba, en la cual existían “razas” diferentes. Tanto el análisis clásico como el de Godelier tienen un punto flaco: que “las condiciones reales de existencia”, por las cuales se asume legitimidad para controlar, es el imaginado por los individuos que precisamente ejercen ese poder. Esto implica una participación desigual del negro y del blanco en las altas instancias del poder político y económico, que se refleja en la distribución, el consumo, los niveles de vida.

Al estar basada la sociedad socialista cubana en un sistema racial desigual, reproducirá ese sistema desigual a través de maneras y formas desiguales. La diversidad como la diferencia en la población cubana son hechos empíricos verificables; en este caso, la desigualdad del negro vis a vis el blanco es una realidad más allá del tiempo o del espacio pero no está dada de manera “natural”, sino como producto de un constructo histórico que viene de la esclavitud.


No te preguntes si lo que haces es pecado, pregúntate si al hacerlo estás amando.

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La parte sobre Gobineau se ha desgajado en este hilo:

Gobineau, padre de los identitarios - Memoria de las Españas - Corazón Español

Continúo haciendo pequeños apuntes sobre el tema propuesto. Espero que sabréis perdonarme la incidencia en el tema. A raíz del certero comentario del Protegido, he estado mirando papeles y rebuscando en internet, con lo que he encontrado algunas referencias que creo que se me olvidarán si las dejo para más adelante.

Un autor muy desconocido en nuestro país es Vacher de Lapouge. Recojo el breve esbozo bibliográfico de la Wikipedia, aunque retiro la mayoría de enlaces para facilitar la lectura y destaco en negrita algunas cosas:

Cita

Conde Georges Vacher de Lapouge (1854–1936), fue un antropólogo francés eugenista y antisemita; Procureur de la République y profesor.

Georges Vacher de Lapouge, nacido el 12 de diciembre de 1854 en Neuville-de-Poitou (Vienne) y fallecido el 20 de febrero de 1936 en Poitiers (Vienne), fue una figura de la antropología que ejerció como profesor y posteriormente como bibliotecario.

Georges Vacher de Lapouge desarrolló la teoría racista (categorización racial) de Gobineau a finales del siglo XIX.

Ateo, anticlerical y activista socialista, fue uno de los fundadores del Partido Obrero Francés de Guesde antes de la formación de la SFIO.

Biografía

Cuando era un joven estudiante de derecho en la Universidad de Poitiers, Vacher de Lapouge leyó a Herbert Spencer y a Charles Darwin, quienes, así como Arthur de Gobineau, Alphonse de Candolle, Ernst Haeckel y Francis Galton, influirían notablemente en él y en sus trabajos.1 En 1879 obtuvo el doctorado en derecho y se convirtió en juez en Niort (Deux-Sèvres) y fiscal en Le Blanc. Después, estudió historia y filología en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales, y aprendió varios idiomas como el acadio, egipcio, hebreo, chino y japonés en la Escuela del Louvre y en la Escuela de Antropología de París 1883-1886.

A partir de 1886, Vacher de Lapouge enseñó antropología en la Universidad de Montpellier, defendiendo la tesis eugenésica de Francis Galton, pero fue expulsado en 1892 debido a sus actividades socialistas (cofundó el Partido Obrero Francés de Jules Guesde y se presentó en 1888 a la alcaldía de la ciudad en las elecciones municipales de Montpellier). Trabajó más tarde como bibliotecario de la Universidad de Rennes hasta su retiro en 1922.

Antisemitismo

Vacher de Lapouge consideraba a los judíos como los enemigos más temibles. Afirmó que «el único oponente peligroso del ario en el presente es el judío», pero según él, los judíos estaban destinados a ser vencidos porque eran incapaces del «trabajo productivo», estaban desprovistos de «sentido político» y de «espíritu militar».4

https://es.wikipedia.org/wiki/Georges_Vacher_de_Lapouge

Queda patente la filiación izquierdista de este antropólogo. Es bastante floja esta reseña de la Wikipedia, pero en español no hay gran cosa sobre él. Lapouge tiene gran importancia en el pensamiento contemporáneo, ya que, por ejemplo, la palabra etnia la acuñó él o desde luego le dio su sentido actual.

Cita

Los textos eclesiásticos lo aplicaron para los paganos, y la reinvención de la palabra por Vacher de Lapouge en los años 1890 fue acompañada por "un desplazamiento semántico de los sustantivos empleados antaño: nación estuvo reservada desde ese momento a los Estados ‘civilizados’ de Occidente; pueblo, como sujeto de un destino histórico, es demasiado noble para los ‘salvajes’", si bien "la etnia se refiere a una suerte de ‘nación’ vista desde el rabillo" (Bonte P. e Izard M., 1991)

Etnia - Hypergéo

Esta palabra me parece que funciona un poco como eufemismo; para evitar hablar de "razas", muchos prefieren hablar de "etnias":

Cita

La noción de etnia es discutida, incluso rechazada, según varias líneas argumentativas. Una de ellas rechaza, bastante simplemente, e incluso brutalmente, el uso de la noción, en la medida en que conlleva una herencia pesada, la de una práctica que hace de ella un simple sustituto de la noción de raza. Es exacto que muchos grupos -en particular en África- designados como "razas", han sido calificados luego en términos de etnias, cuando la utilización de la raza era considerada como inadmisible, en razón, a la vez, de los usos que se habían hecho del término a mediados del siglo XX, y de los progresos de la genética que demostraron la imposibilidad de aplicar la noción a la especie homo sapiens. Numerosos autores rechazan su empleo, porque consideran que la etnia no es más que una "traducción políticamente correcta" de la raza.

Recojo un breve fragmento de Pío Baroja -muy interesado en estos temas- sobre Gobineau y Vacher de Lapouge:

Cita

Gobineau no mira la cuestión étnica de una manera científica sino de un modo inspirado y literario. Para él, la cuestión de las razas es el "Deus ex machina" de la civilización. Según él, en la historia aparece un pueblo animador y energético: el pueblo germano, que es el heredero de los arios. Ni el clima, ni el gobierno, ni las costumbres, ni la religión bastan para elevar una civilización, según el conde. Mientras no haya un elemento indogermánico, ario, no se elevará. La cosa es un poco absurda creyendo, como creía el conde bordelés, que todos los hombres tienen el mismo origen. La tendencia ariófila de Gobineau gustó, naturalmente, en Alemania y se fundó allí una sociedad gobinista. Muchos años después, algunos antropólogos quisieron afianzar las teorías del conde con la antropometría y encontrar el tipo físico del ario-indo-germano. Los alemanes Otto Ammon y Ludwig Woltmann y el francés Vacher de Lapouge trabajaron en esto.

Para Vacher de Lapouge -en su libro agrio, apasionado y elocuente "El ario y su papel social" (1899)-, el ario actual tiene características claras, físicas y morales. El ario (Homo Europeous) es alto, rubio, dolicocéfalo, audaz individualista, atrevido, protestante en religión. El "Homo Alpinus" es braquicéfalo, moreno, vulgar, rutinario, burócrata, oficinista, de concepciones mezquinas, inclinado a formar parte del Estado y de religión católica. Con estas premisas se busca la cantidad de arianismo, de indo-germanismo que hay en los grandes hombres y que queda en los pueblos. Luego fue Houston S. Chamberlain, en sus "Fundamentos del siglo XIX", el que se encargó del panegírico del ario, que, según él, no era sólo el tipo escandinavo de Gobineau, sino que abarcaba los tres elementos que se pueden encontrar en Alemania: el céltico, el germano y el eslavo. Chamberlain no era un exaltado como Lapouge, sino un patriota alemán, a pesar de ser inglés de origen, y un hombre al servicio del imperio del Kaiser Guillermo II.

El jinete insomne: La noción de raza a través de la historia (13). 1922: Pío Baroja

Leyendo esa descripción de Lapouge del ario como rubio, audaz y protestante, en contraposición al moreno, mezquino y católico que se estila en latitudes inferiores, uno puede entender por qué la izquierda no veía mal estas ideas pese a que tuviesen un claro tinte aristocrático. Nietzsche también era aristocrático (o pretendía serlo) y a pesar de ello la izquierda lo adoptó de mil amores, porque contribuía a sacudir los cimientos cristianos de la civilización.

Cita el texto a otro autor: Houston Stewart Chamberlain. En España sólo se editó uno de sus libros, nuevamente en Barcelona, como el de Gobineau. En el caso de estos tres autores -Gobineau, Lapouge y Chamberlain- se cumple una curiosa condición: ninguno de ellos era alemán pero todos eran germanófilos, y en algún caso puede que estuviesen en nómina del káiser. Desde luego, en Alemania se recibieron sus libros con gran júbilo. ¿Hasta qué punto estas teorías arianistas no fueron una herramienta geopolítica de Alemania? No sé si también puede haber algo de sentimiento de inferioridad -no sabría decir dónde, pero creo recordar que se ponía seriamente en duda la estirpe noble de alguno de estos pensadores- y de renegados de sus propias naciones. Como Alemania era una potencia en la época, puede que los renegados de aquel entonces se hiciesen fervientes seguidores de Alemania lo mismo que hoy algunos se hacen de Estados Unidos o de Rusia.

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    • By elprotegido
      Arthur de Gobineau, quien inventó el racismo moderno y es el padre intelectual de los identitarios (lo sepan o no), basa su famosa obra "Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas" sobre una tesis principal: El auge y la decadencia de las civilizaciones se explica solamente por la composición racial de la nación y, en particular, de su élite. Mientras ésta se mantenga blanca, afirma Gobineau, y sólo entonces, la nación sobrevivirá. El declive de las civilizaciones se explicaría, por tanto, solamente por la "bastardización" racial de la élite blanca.
      Éste podría ser un resumen bastante tosco y rápido de lo esencial de la obra de este pensador. A partir de ahí, Gobineau se dedica a recorrer todas las civilizaciones humanas una por una y tratando de ligar la caída de cada una de ellas con su tesis central.
      Tras exponer esta tesis, Gobineau, que no es estúpido, afirma explícitamente su consecuencia directa, que contradice lo que había enseñado siempre la recta filosofía cristiana: La irreligión, la impiedad, las malas costumbres, etc, no son la causa del declive de las civilizaciones. En todo caso, una simple consecuencia de haber mezclado la raza.
      La tesis de Gobineau, que sienta las bases de todo el pensamiento racista posterior (sin ir más lejos, Hitler la sostiene en el Mein Kampf), se revela, pues, de naturaleza tremendamente subversiva y progresista: Observar las buenas costumbres -como siempre ha enseñado la Iglesia- tiene una importancia a lo sumo secundaria, pues lo que cuenta de verdad es mantener la pureza de la raza. No necesito demostrar que semejante tesis habría sido calificada de delirante e inconcebible por cualquier filósofo escolástico. 
      Todo lo anterior es plenamente asumido por los identitarios actuales -como he dicho, herederos directos de Gobineau- aunque en la mayoría de los casos no han leído a Gobineau. Por ejemplo, considero "progre" todo lo que no sea denigrar a los negros, pero no me hables de la castidad, de la que me burlo en cualquier ocasión. Occidente puede ser todo lo degenerado que quiera si se mantiene blanco.
      Por concluír, a título de curiosidad, sólo veo dos ideas de Gobineau no asumidas por el identitarismo actual:
      En primer lugar, Gobineau pone a las razas negra y amarilla al mismo nivel (el del betún) por lo que respecta a sus capacidades. La raza amarilla es retratada con la misma crueldad que la raza negra. Eso contrasta fuertemente con el identitarismo actual, que considera a la raza amarilla como igualmente capacitada que la blanca y a la negra como muy inferior. El motivo se debe probablemente a cuestiones de índole "geopolítica" que interfieren en el asunto.
      En segundo lugar, Gobineau es un erudito amante de cierto rigor. Y, más importante, es hombre de su tiempo. Por lo tanto, en su obra no vemos aparecer en ningún momento al George Soros o al judío de turno tratando por todos los medios de bastardear a la raza blanca. Nada de "Plan Kalergi": Todos los fenómenos de mestizaje son descritos por Gobineau como procesos espontáneos y en gran parte inevitables, no como llevados a cabo por la acción premeditada de una minoría de poderosos. Esta segunda apreciación enlaza con el hilo sobre las conspiraciones, pues se confirma una vez más que el pensamiento de tipo conspiracionista es de origen recentísimo y que antes nadie pensaba en estos términos.

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    • By elprotegido
      Arthur de Gobineau, quien inventó el racismo moderno y es el padre intelectual de los identitarios (lo sepan o no), basa su famosa obra "Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas" sobre una tesis principal: El auge y la decadencia de las civilizaciones se explica solamente por la composición racial de la nación y, en particular, de su élite. Mientras ésta se mantenga blanca, afirma Gobineau, y sólo entonces, la nación sobrevivirá. El declive de las civilizaciones se explicaría, por tanto, solamente por la "bastardización" racial de la élite blanca.
      Éste podría ser un resumen bastante tosco y rápido de lo esencial de la obra de este pensador. A partir de ahí, Gobineau se dedica a recorrer todas las civilizaciones humanas una por una y tratando de ligar la caída de cada una de ellas con su tesis central.
      Tras exponer esta tesis, Gobineau, que no es estúpido, afirma explícitamente su consecuencia directa, que contradice lo que había enseñado siempre la recta filosofía cristiana: La irreligión, la impiedad, las malas costumbres, etc, no son la causa del declive de las civilizaciones. En todo caso, una simple consecuencia de haber mezclado la raza.
      La tesis de Gobineau, que sienta las bases de todo el pensamiento racista posterior (sin ir más lejos, Hitler la sostiene en el Mein Kampf), se revela, pues, de naturaleza tremendamente subversiva y progresista: Observar las buenas costumbres -como siempre ha enseñado la Iglesia- tiene una importancia a lo sumo secundaria, pues lo que cuenta de verdad es mantener la pureza de la raza. No necesito demostrar que semejante tesis habría sido calificada de delirante e inconcebible por cualquier filósofo escolástico. 
      Todo lo anterior es plenamente asumido por los identitarios actuales -como he dicho, herederos directos de Gobineau- aunque en la mayoría de los casos no han leído a Gobineau. Por ejemplo, considero "progre" todo lo que no sea denigrar a los negros, pero no me hables de la castidad, de la que me burlo en cualquier ocasión. Occidente puede ser todo lo degenerado que quiera si se mantiene blanco.
      Por concluír, a título de curiosidad, sólo veo dos ideas de Gobineau no asumidas por el identitarismo actual:
      En primer lugar, Gobineau pone a las razas negra y amarilla al mismo nivel (el del betún) por lo que respecta a sus capacidades. La raza amarilla es retratada con la misma crueldad que la raza negra. Eso contrasta fuertemente con el identitarismo actual, que considera a la raza amarilla como igualmente capacitada que la blanca y a la negra como muy inferior. El motivo se debe probablemente a cuestiones de índole "geopolítica" que interfieren en el asunto.
      En segundo lugar, Gobineau es un erudito amante de cierto rigor. Y, más importante, es hombre de su tiempo. Por lo tanto, en su obra no vemos aparecer en ningún momento al George Soros o al judío de turno tratando por todos los medios de bastardear a la raza blanca. Nada de "Plan Kalergi": Todos los fenómenos de mestizaje son descritos por Gobineau como procesos espontáneos y en gran parte inevitables, no como llevados a cabo por la acción premeditada de una minoría de poderosos. Esta segunda apreciación enlaza con el hilo sobre las conspiraciones, pues se confirma una vez más que el pensamiento de tipo conspiracionista es de origen recentísimo y que antes nadie pensaba en estos términos.
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    • Antes que nada quería remarcar que me estoy refiriendo al contexto de estado liberal que disfrutamos/padecemos.

      Soy uno de esos que en su día cayeron en la moda de meter en el mismo saco a todos los funcionarios y hacerlos deudores de los más diversos agravios.

      Pero he ido modificando mi opinión y llegado a la conclusión de que  gran parte de lo decente en nuestro país ha entrado bajo ese manto y, en buena parte, está dormitando por desmotivación pero que seguro podrían ser, de forma relativamente sencilla, reactivados y recuperados para el bien de España.

      Os pongo aquí un video a una conferencia de un tipo al que le tengo bastante respeto, Alfonso Nieto, un gran experto en derecho administrativo (sé que no os tragaréis la conferencia pero ahí lo dejo y me gustaría hacer unos extractos de la misma con algunas observaciones que me parecen interesantes).

       





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    • Post in Observatorio contra la Hispanofobia y la Leyenda Negra
      Ataque hispanófobo esta vez desde México.

      López Obrador olvida la fundación hispánica del país y vuelve a caer en el indigenismo más ramplón que lleva arrasando el país desde hace ya un par de siglos.¿Quiere volver a sacar a la extracción de corazones a lo azteca, a miles y en vivo?

      El presidente cae definitivamente como opción hispánica.

      Hay que decir que muchísimos mexicanos se están manifestando en las redes sociales en contra de esta estupidez. Aguanta, México.
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    • El terrorismo estocástico y el atentado de Nueva Zelanda
      El pasado octubre se produjo una cadena de sucesos que me hizo pensar que estamos ante una nueva era de terrorismo inducido a través de internet. El día 23 de octubre, George Soros y otros adversarios de Trump empezaron a recibir cartas bomba que no llegaron a causar ninguna víctima. El 27 de octubre un sujeto abrió fuego contra una sinagoga de Pittsburgh y dejó 11 muertos y 7 heridos. El anterior día 26 se produjo otra noticia de la que no se informó en España: Gregory Bush asesinó a dos transeúntes negros; minutos antes había intentado entrar en una iglesia negra para perpetrar una matanza. En cuestión de una semana se produjeron tres acciones terroristas de inspiración identitaria y se dio la casualidad de que los tres terroristas tenían una intensa actividad en internet, donde difundían teorías de la conspiración típicas de la nueva ultraderecha: el Gran Reemplazo, el Plan Kalergi, el Genocidio Blanco, Soros llena EEUU de inmigrantes hispanos, etcétera.

      (...)Hace tiempo alguien habló de terrorismo estocástico para referirse a este nuevo fenómeno en que las comunicaciones masivas, especialmente las redes sociales, inspiran actos de violencia al azar que son estadísticamente predecibles pero individualmente impredecibles. Es decir, cada acto y cada actor es diferente, y nadie sabe quién lo cometerá ni dónde ocurrirá el próximo acto, pero es probable que algo termine ocurriendo. No puedo programar a nadie para que cometa un atentado en tal fecha y lugar, como a veces se decía fantasiosamente en algunas películas de espías, pero sí puedo inundar esa mente colmena que es internet con la suficiente intoxicación como para que alguien termine cometiendo una acción terrorista contra los enemigos que voy designando. No sé cuándo ocurrirá el acto terrorista ni dónde se llevará a cabo, pero es probable que termine ocurriendo un acto terrorista que a su vez facilite los siguientes actos, pues el terrorismo es ante todo propaganda. 
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    • Masacre en Nueva Zelanda ¿Son las redes sociales culpables?
      Como imagino que todos sabréis ya, ayer se produjo una matanza en Christchurch, una pequeña población de Nueva Zelanda donde, un supremacista blanco entró armado con rifles y escopetas en dos mezquitas y comenzó a disparar a todos los que se encontraban dentro, ocasionando 49 muertos y otros tantos heridos de bala, entre ellos mujeres y niños.

      Lo más grave del asunto es que el tipo retransmitió en directo su salvajada a través de Facebook, como si fuera un stream de un videojuego, logrando viralizarse a los pocos minutos de comenzar la matanza. Fue la policía la que tuvo que pedir a esa red social que cortase la emisión ya que durante casi veinte minutos, el asesino estuvo emitiendo impunemente sus crímenes.
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    • La diversificación de la propaganda rusa: PACMA, Podemos y ultraderecha
      La maquinaria rusa de desestabilización política parece que comienza a calentar motores de cara a las próximas citas electorales. Analizamos algunas cuentas en Facebook, bajo bandera de Rusia, que estarían apoyando toda la amalgama de ideologías y movimientos radicales, desde el animalismo hasta la extrema derecha.





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