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    Spanish Heart

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    • Economía Cristiana. Carlos X. Blanco.   La reivindicación de la Economía como ciencia humana puede parece un ejercicio estéril, un academicismo ritual, una especie de juego floral. No obstante es el empeño de figuras intelectuales de talla enorme, entre las cuales sólo quiero mencionar a Marx, Chesterton o Polanyi. El último de la lista, en concreto, escribió: "La Economía ocupa un lugar cambiante en la sociedad". Esto significa que los problemas que hoy damos en llamar económicos no forman, en puridad, una categoría apartada de los demás problemas humanos. Todo el sistema de la economía de una sociedad, ya sea ésta capitalista, ya sea pre-moderna o primitiva, está "empotrado" en la sociedad misma y no deja de ser parte de la racionalidad inmanente y colectiva de los hombres, con la cual, ellos tratan de adaptarse al entorno y resolver sus propios conflictos. Ha sido el liberalismo la doctrina pérfida que negó esta evidencia o dato del sentido común. Sólo el liberalismo ha pretendido inventar una teoría de la racionalidad económica universal por encima de las diferencias esenciales que entre los hombres y entre las comunidades se dan. La economía liberal occidental ha ensalzado la propiedad privada, las figuras jurídicas del contrato, la institución de los mercados de libre competencia y de oferta y demanda, etc. como si fueran unas categorías universales, eternas, deseables, supremas. Sin embargo es cierto que los hombres que vivieron antes de Adam Smith, tanto en culturas ajenas a occidente como en nuestra propia cultura, han sobrevivido –muchos muy dignamente- sin esas instituciones o categorías. Incluso en países clave para la Historia de Occidente, como los países católicos, sólo por imposición e influjo extranjero (masonería, liberalismo) fueron éstas categorías prestas a divinizarse por encima de los propios preceptos de comunidad natural cristiana, ordenada al Bien Común y a la salvación de las almas. La antropología nos enseña que toda sociedad debe encontrar los medios materiales para su propia subsistencia, y en esa búsqueda, cada cultura trata de resolver -a su modo y acorde con su entorno y tradiciones- el problema de la reciprocidad y el de la redistribución. Toda sociedad consta de un "toma y daca", y una sociedad humana no es tal si algún código de amistad, parentesco, intercambio de favores, dones y servicios, no se ve firmemente establecido. La Comunidad, así, tejiendo esta red de reciprocidades, deviene Sociedad, esto es, algo que trasciende lo orgánico y espontáneo. Institucionaliza y, por ende, regula, aquello que cristianamente se denomina "caridad" lo cual supone algo que va mucho más allá de dar limosna a los pobres: incluye el que cada uno se defina a sí mismo como menesteroso y si ha de dar, no será porque le sobre, sino más bien porque le falta. Uno, hasta Rockefeller, Soros y el Tío Gilito, es pobre de entre los pobres si para en mientes en que necesita de los demás. Siempre habrá algo que los demás le tendrán que dar. Todos somos menesterosos y seguimos el mandato divino de dar para que nos den, esto es, el precepto de la reciprocidad, no ya por "interés", sino porque las propias comunidades orgánicas en que el hombre ha de vivir crean esas redes de cara a su propio mantenimiento. Smith, y toda esa degenerada progenie de liberales anglosajones, siempre parte de un individuo desarraigado, egoísta, que si da es porque le interesa, porque le trae ventajas. Toda la desgravación fiscal y la ingeniería social, política y mercadotécnica da cuenta hoy de toda esa elefantiásica existencia de las Oenegés, de las Fundaciones para la reforma del hombre, esa zombi duplicación de una Iglesia Misionera. El egoísmo sublimado en "solidaridad" será una de las causas del derrumbe de Occidente, y si no, al tiempo. El otro aspecto de la fraternidad, además de la reciprocidad, que no es exclusivamente cristiana sino una constante antropológica, se llama "redistribución". Todo un monto de bienes, dones, favores, servicios, puede acudir a un centro en función de necesidades cambiantes, de urgencias y de otras sobrevenidas coyunturas. Los despotismos antiguos de Egipto y Mesopotamia, por ejemplo, eran en buena parte regímenes centralizadores que hacían afluir el grano para las provincias y comunidades en riesgo de perecer por hambre, víctimas de sequías, guerras o catástrofes varias. El emperador o faraón providente, que controla el grano, el agua u otro recurso concentrable, acumulable, se hacía pasar así como un ser pródigo y providente ante un pueblo que debía ver en él un duplicado del dios intangible. En cambio, la civilización cristiana debe velar porque sea la propia familia y la comunidad natural inmediata la que ahorre y, en red, redistribuya al más necesitado, no porque sensibleramente sea éste una persona que "nos dé lástima" sino sencillamente porque es un hermano cuyas necesidades están entretejidas con las mías y las de los míos, y que el ahorro y patrimonialización de las comunidades naturales del hombre son, per se, el único y legítimo mecanismo de redistribución, los demás serán derivados de éste. Todos esos monstruosos organismos internaciones que "dan ayudas" sin delegar in situ en las propias redes locales –familias, parroquias, asociaciones campesinas- deberían ser mirados con lupa. Es fácil que sean brazos armados (armados con instrumentos financieros de soborno) de monstruos más grandes e invisibles aún. La lluvia de millones y de misioneros laicos que cae sobre determinados países menesterosos a cambio de que en ellos se aborte, se mutilen tradiciones, se controle la población o modifiquen hábitos, forma parte de lo que todo cristiano lúcido debería ver como pecado. Al menos, antes, a la puerta de la iglesia, las viejecitas decían al pobre mendigo bebedor: "tenga, y no se lo gaste usted en vino". Ahora, no son precisamente viejecitas con un real en la mano las que lanzan admoniciones, sino entidades invisibles que amenazan con cortar el grifo "humanitario" si no adecúan su desarrollo a la planificación mundialista. Una Economía cristiana debe velar porque el interés individual de la persona, legítimo siempre que caiga dentro de lo honesto y no resulte perjudicial al prójimo, pueda hallar su satisfacción siempre dentro de los límites morales de su Comunidad. El Mercado, más allá de ser un "mecanismo" no puede ser hipostasiado ni elevado a un Bien en sí mismo. Puede haber, y las hubo perfectamente, economías fraternas, esto es, basadas en la reciprocidad y la redistribución: vale decir, Economías cristianas. En la medida en que la propiedad (antes que el mercado) es un derecho natural para el desarrollo individual de la persona y de las comunidades (familiar y local, principalmente), esta institución de la propiedad es mucho más importante, jerárquicamente se halla más cerca de la voluntad de Dios, que el propio mercado. Polanyi, de forma mucho más exacta y actualizada que Marx, subrayó que el mercado estaba llevando a cabo una verdadera usurpación de las relaciones sociales, de todas aquellas que más allá de la compra y la venta. Relaciones éstas que por naturaleza no son mercantiles sino dimensiones y funciones connaturales a la persona, como la amistad, el amor, la propia fraternidad, hoy pervertida como "negocio solidario". El liberalismo quiso injertarnos en el cerebro la idea de que siempre, desde que hay hombres civilizados, hubo mercados, y por siempre, incluso bajo la máscara de colectivismos despóticos como el  soviético, hubo y habrá mercados, todo lo distorsionados que se quiera. Pero los mercados antiguos, o los socialistas, no eran "libres", justo como las personas que vivieron en civilizaciones anteriores o paralelas a la cristiana tampoco lo eran. Eran instituciones muy menores y "empotradas" en la cultura donde actuaban. La sobredimensión de la cual el Mercado ha sido y es objeto bajo el dictado del liberalismo parte de la idea de que no existen personas a tener en cuenta, siempre entretejidas con otras personas en una Comunidad orgánica, a la que se deben, de la misma manera en que la mano se le debe al brazo y al cuerpo entero que la sustenta. El individuo puede y debe desarrollar sus intereses como persona de una forma directa y más esencialmente por medio de las redes de reciprocidad y redistribución que toda Comunidad orgánica teje si es que vive cristianamente. Y la pertenencia o arraigo de las personas se logra antes por la propiedad que por el mercado, pues la propiedad engendra obligaciones y compromisos que exceden todo interés mercantil. La casa que perteneció a nuestros padres y abuelos, el terreno donde se alzan árboles sembrados por ellos, la heredad que soñamos con que también la cuiden nuestros hijos y nietos... Quien desee formar parte de esta Comunidad e "integrarse" en ella no debería venir a la busca de paguitas y subsidios, sino a la búsqueda de propiedad por medio de la cual entrar en reciprocidad y compromisos con los otros. Original source: https://latribunadelpaisvasco.com/art/10832/economia-cristiana
    • "La Lágrima Ardiente de María". Las llamas, de las que Notre Dame fue víctima, son suficientes. Un intento de investigación de las causas culturales. Por David Engels Publicado originalmente en alemán el 17 de abril de 2019 en el diario Katholische Tagespost     15 de abril de 2019, Francia, París: Las llamas y el humo se elevan desde uno de los hitos más famosos del mundo, la catedral Notre-Dame de París. El alcalde de la capital francesa habla de un "incendio terrible". No es exagerado decir que toda Europa está conmocionada desde el lunes por la noche. Las terribles imágenes de la catedral en llamas, en el corazón de la capital francesa, que durante muchos siglos ha sido el verdadero corazón de la cultura occidental, ya se han grabado a fuego indeleblemente en la conciencia histórica de toda una generación y, al igual que el derrumbe de las torres gemelas, probablemente serán un símbolo del fin de una era: allí termina la hegemonía política de los E.E.U.U., aquí termina la última ilusión de dominio cristiano sobre Europa. ¿Y si el desastre de la Semana Santa el final se convirtiese en un nuevo comienzo?   Por supuesto que fue un incendio provocado – si bien, a la postre, no importa si detrás del hecho hay una emoción anticristiana cada vez más extendida que ha estado llevando a ataques contra lugares de culto en Francia día tras día durante meses, o más bien "sólo" una negligencia criminal. Las verdaderas raíces del incendio provocado, del que fue víctima Notre Dame, son mucho más profundas: no sólo, como escribió Benedicto XVI hace sólo unos días, esas raíces llegan hasta las convulsiones del Concilio Vaticano II en torno a los años 1968, sino más atrás, hasta el siglo XIX.   Fue en esos días cuando la religión fue degradada gradualmente a un "asunto privado" que ya no tenía que contar en la valoración de las preocupaciones sociales, sino que incluso se interponía en el camino del "progreso". Ya en el siglo XIX, Víctor Hugo escribió con razón: "Notre-Dame está hoy vacía, inmóvil, muerta. Uno se da cuenta de que algo ha desaparecido. Este enorme cuerpo está vacío; es un esqueleto; el espíritu lo ha dejado, sólo se puede ver dónde estuvo una vez, y eso es todo".   Nada ha cambiado al respecto, todo lo contrario. Porque lo que ardía ayer era sólo una cáscara vacía; como tantas otras herencias de nuestra cultura, había sido degradada durante mucho tiempo, reducida a objeto de museo y sólo ocasionalmente instrumentalizada para convertirla en el perfil externo de una iglesia destripada y de un gremio político globalizado, cuyo verdadero credo, tal como Emmanuel Macron lo formuló en 2017, a pesar de todas las seguridades posteriores y de las lágrimas de cocodrilo presentes, corresponde a una sentencia de muerte sobre nuestra civilización rural: "No existe una cultura francesa. Hay una cultura en Francia, y es diversa." ¿Y qué lugar puede reclamar un lugar de culto a la Virgen y Madre de Dios en los corazones y en las moradas de los europeos que han mancillado sistemáticamente los ideales de pureza y fidelidad sexual, de estima caballeresca por lo eternamente femenino, de veneración del misterio de la maternidad, de la santidad de la vida del recién nacido y de los arquetipos complementarios del amor paterno y materno, y tal mancilla se ha dado a menudo incluso con el aplauso de un sacerdocio ideológicamente igualitarista?   Por lo tanto, probablemente sea aún mejor que las puertas del Santísimo Sacramento se cierren ahora durante muchos años y que su interior descanse finalmente de todas esas multitudes de turistas que, en Notre Dame, sólo miran al imponente cadáver de una civilización menguante de la que ya no poseen ninguna referencia interior, o ante aquellas misas en las que el único objetivo parece ser celebrar la relativización del Absoluto y, por lo tanto, metafóricamente dar la espalda al Santo desde el lugar sobre el que se celebraba el Santísimo Sacramento en el siglo XV. En abril de 2019 la torre del crucero se derrumbó. El ensayista Alexander Pschera, por lo tanto, dio en el clavo cuando escribió en vivo sobre las llamas de París, en Facebook: "La Madre de Dios ya no puede soportar la infidelidad de su pueblo, y dejó caer una lágrima de fuego.... eso es lo único que se puede decir sobre la causa del incendio".   Por lo tanto, por terrible que sea el fuego a nivel material, puede incluso ser visto como una especie de purificación, como una llamada a los pocos creyentes que quedan diciéndoles que es hora de romper con una ilusión generalizada y peligrosa: la ilusión de que el cultivo puramente comercial y políticamente justificado de los recuerdos seculares de la cultura cristiana significa algo más que una mera toma de rehenes de la cultura occidental en manos de un Estado, de una élite y de un número creciente de ciudadanos indiferentes interiormente con respecto a esa cultura y que, de hecho, tienen más bien probabilidades de ser hostiles a ella. Si queremos cambiar algo de este hecho, es necesario, por tanto, volver a vivir las propias convicciones sin tener en cuenta la tolerancia condescendiente y cada vez más limitada de una sociedad mayoritaria que se ha vuelto esencialmente atea o musulmana, y ello no sólo en el recinto sosegado del corazón, sino también en toda la vida cotidiana pública y política.   Como hace muchos siglos, esta es la hora de una confesión abierta de nuestros valores y de la voluntad orgullosa de no relativizar la búsqueda de lo absoluto a través de la aparente consideración por los demás, detrás de la cual se esconde sólo la propia cobardía, reduciéndola así al absurdo sino, por el contrario, es el momento de hacer todo lo posible para asegurar que Occidente siga siendo fiel a sus raíces espirituales y espirituales, así como apostar por una dura disciplina interna, que incluye la preparación para lo peor, y por una correspondiente actividad política polémica. Porque el peligro en el que se encuentra nuestra civilización es todo menos imaginario, y no sería la primera vez en la historia de la humanidad que una religión desaparece completamente de su patria ancestral: "Tú, romano, expiarás inmerecidamente los delitos de tus mayores, hasta que hayas reconstruido los templos, las moradas ruinosas de los dioses y sus imágenes ensuciadas por el negro humo. Conservas el imperio por conducirte humildemente ante los dioses: de aquí todo principio, hacia aquí debes guiar el fin. Los dioses, por haber sido despreciados, ocasionaron muchas desgracias a la enlutada Hesperia". (Horacio, Carmina 3,6)   Asegurar y reconstruir Notre Dame llevará muchos años, quizás incluso décadas, incluso si se prescinde de ingredientes "modernistas" y "contemporáneos" como terrazas en los tejados, bucles interreligiosos, tiendas de museos y cafeterías futuristas en el cielo. Quizás la tediosa resurrección de la Catedral de Notre Dame a partir de sus propias cenizas se convierta así en el símbolo de esos difíciles años de crisis y purificación que sin duda aguardarán a nuestro continente europeo, continente que se encuentra bajo una fuerte presión tanto interna como externa. Y quién sabe: ¿quizás la reapertura de la catedral, si su reconstrucción va acompañada de una verdadera purificación interna de los europeos, coincida con una verdadera renovación política de Occidente, una verdadera "Renovatio Europae"?   Hemos tomado la traducción española de los versos a partir de la Antología de la Literatura Latina, de J.C. Fernández Conde y a. Moreno Hernández, Alianza: Madrid, 2012. Traductor V. Cristóbal López. Original source: https://latribunadelpaisvasco.com/art/10827/la-lagrima-ardiente-de-maria
    • Entro solamente para comentar una pequena sorpresa que he visto en un candidato provincial. Y es que es la primera vez que leo a uno de éstos decir directamente que VOX es un partido de valores católicos. Presumen de que dicen lo mismo en un sitio que en otro... pues a ver si es verdad. https://www.eldiariomontanes.es/cantabria/faltaba-transicion-valores-20190418205809-nt.html
    • Video: Búsqueda de la verdad y crisis de la razón
      Descipcción: Traigo un video de una conferencia impartida por el conocido sacerdote Pablo Domínguez, fallecido en febrero de 2009, a los 49 años, en un accidente de montaña. En ella, este filósofo y teólogo español de renombre, que fue autor de varios libros y decano de la Facultad de Teología San Dámaso de Madrid, y cuya vida se recoge en la película documental "LA ULTIMA CIMA", expone con gran brillantez la búsqueda de la verdad por parte del hombre, y la crisis de la razón que le supone el hecho de rechazar a Dios. Se trata de la última y una de las mejores conferencias apologéticas sobre fe y razón impartidas por este hombre, que de no haber fallecido tan temprano, sin duda hubiera llegado muy alto en la historia de la Iglesia y el pensamiento español. En su exposición no pretende demostrar la existencia de Dios, pero demuestra de manera admirable cómo es perfectamente razonable deducir su existencia, y cómo fe y razón, lejos de ser contrapuestas son complementarias.  
      Fecha de publicación: 2019-04-18
      Categoría: Actualidad y mundo contemporáneo
      Publicado por: Español    
       
    • A medida que avanzamos hacia la fecha de las elecciones se van a ir incrementado los populismos y la demagogia por parte de VOX. Las encuestas están todas orientadas a favorecer el voto de los demás partidos, la dialéctica de las otras formaciones está subiendo el tono hasta notas graves, los medios de comunicación les descalifican a diario o como poco les subordinan a un papel secundario, y en las redes se fomenta directamente el odio contra la formación. Es inevitable que, aunque presuman estar por encima de las etiquetas, se vean obligados a hacer uso de todo lo que encuentren a su alcance para tratar de sumar votos. Aunque sea tirando de clichés conspiracionistas, lo cual tampoco es extraño pues siempre han hecho uso del tópico antiinmigracionista. A mí tampoco me gusta esa referencia al peligro islámico y creo que no está bien decir ese tipo de cosas, aunque en este caso la entiendo más como un tirar de tópico, que como una realidad que verdaderamente crea Abascal. Sea como sea no me parece bien. De todos modos, como ya he dicho algunas veces, yo no voy a votar a esta gente porque hay bastantes cosas de ellos que no me gustan, pero también creo que están sufriendo un ataque y demonización por parte del resto de facciones políticas y medios afines, que no es honesta ni medio normal. Y ese ataque, además, es una insensatez porque obliga a los de VOX a radicalizarse en su discurso y tensionar aún más la sociedad.
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