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  1. El psiquiatra Pablo Malo publica en Twitter una reseña de un antiguo libro de J. D. Unwin titulado Sex and Culture que creo interesante dar a conocer en este foro. El libro, de 1934, trata de cómo afecta la moral sexual al florecimiento o la caída de las civilizaciones. Aunque es un enfoque exclusivamente racional y quizá un tanto naturalista, coincide en las conclusiones con lo que siempre ha enseñado la moral católica. Alejando Ortiz M., usuario venezolano, formula el siguiente apunte: No se trata de ser catastrofistas, pues eso bloquearía la solución. Pero sí conviene tomar nota de estos estudios que, ya en los años treinta del siglo pasado, avisaban de los peligros que se cernían sobre la civilización occidental por haberse alejado de la moral católica. La fe católica, como siempre, tiene solución a muchos de los problemas de los que nos quejamos desconsoladamente.
  2. Yo no quiero ser madre Tres mujeres de tres generaciones explican por qué tener hijos no es una prioridad: "Prefiero oír ladrar a un perro que a un bebé" Un artículo de Miriam Cos Es una de las partes más cruciales en la vida de una mujer. Tener un hijo lo cambia todo, o eso dicen. La vida, la forma de ver las cosas... aunque el problema viene cuando una mujer totalmente fértil decide descartar esta opción. Al cierre de 2018, la natalidad en España había descendido un 5,8%, según datos del Instituto Nacional de Estadística. El crecimiento vegetativo de la población presentó un saldo negativo de 46.590 personas durante la primera mitad del año y el número de matrimonios disminuyó un 5,7% respecto al mismo periodo de 2017. En total, hubo 179.794 nacimientos, el 20% de ellos de madres extranjeras. Pero, ¿cuál es la razón de este declive de la natalidad? ¿Puede ser la economía, la tardía independencia o el empoderamiento de la mujer una razón? Rostros conocidos del mundo del cine o la televisión ya han puesto sobre la mesa las razones por las que probar con la maternidad no es una opción en sus vidas."Ser mujer no es sinónimo de madre. Ser madre es una opción, no una obligación. La gente debería dejar hacer al otro lo que le da la gana sin entrometerse en su vida, ya quiera tener siete, dos o ningún hijo", sentenciaba en declaraciones a la prensa la actriz Maribel Verdú. "Hay gente que necesita tener esa experiencia en su vida pero yo no, lo he tenido clarísimo siempre", decía Alaska en el programa de Bertín Osborne, 'En tu casa o en la mía', hace unos meses."Vivo una época de plenitud y, sin embargo, lo que más he oído cuando me he convertido en cuarentañera es 'todavía estás a tiempo de tener un hijo'. ¿Pues sabes qué te digo? Que me declaro en rebeldía ante toda esa gente que te marca el camino. En el tema de las mujeres y los hijos hay muchísimo machismo, indiscreción y osadía. Estoy harta de preguntas impertinentes y prejuicios", aseguraba la periodista Mamen Mendizábal durante una entrevista. El listado se engrosa si se mira al otro lado del charco Cameron Díaz, Jennifer Anniston, Oprah Winfrey, Khloé Kardashian o Ashley Judd son algunas de las caras conocidas. "Nunca he querido tener hijos. Todas las razones y motivos por las que los demás me instaban a tenerlos o me avisaban de que ya los tendría, sencillamente no han surtido efecto en mí", asevera Elisa Coca, bailarina y animadora de tiempo libre de 45 años. "Nunca he sentido el instinto maternal, no me entusiasma la tarea de cuidar de otros en ese sentido tan básico de alimentar y limpiar, mi cuerpo no me ha reclamado nunca llenar ningún vacío ni físico ni emocional, no me ha afectado ni he sentido el llamado reloj biológico. Y aún podría tenerlos de modo natural, soy perfectamente fértil, pero no me gusta la idea. Y lo dejaré pasar. Seré la última de mi saga. Tampoco tengo sobrinos", recalca. Su decisión no viene de ahora, es algo que ha pensado y sentido durante toda su vida, al igual que Andrea Abasolo, periodista de 27 años, y Alicia Navascuez, socióloga y responsable de recursos humanos de 33, que asegura que "nunca he querido tener descendencia, no lo veo como una necesidad para ser feliz o para sentirme realizada". En el caso de Coca, achaca las razones de su decisión a cosas que van más allá que una simple opción personal. "Mis mayores creen que la precariedad laboral y la falta de estabilidad económica hacen que nunca llegue el momento adecuado y se acabe perdiendo la ilusión de ampliar la familia. En este país no hay suficientes alicientes, garantías o ayudas a la maternidad. Si eliges mal el momento y no cuentas con una solidez mínima, puedes llegar a caer en la ruina y nadie te levantará de allí, te remiten al Banco de Alimentos y a Cáritas, y eso da escalofríos", dice. "Si no tienes apoyo familiar -abuelos que cuiden de su nieto mientras tú sigues trabajando, o un marido que os mantenga a los dos-, una mujer lo pasa francamente mal. Y yo no soy una heroína, la situación podría superarme y estaría sola", concreta. "La gente que no entiende mi decisión tampoco entiende que viva sola. ¿No pasas miedo por la noche?, me dicen" Andrea Abasolo - 27 años Abasolo se aferra a algo mucho más personal. "Nunca he tenido esa sensibilidad de acercarme a niños pequeños... no sé cómo actuar, no los entiendo. Para mí son máquinas creadoras de residuos, mocos y ruido. Puede que lo que digo suene muy fuerte, pero los veo así. A mí me molesta más un niño llorando que un perro ladrando. ¿Por qué? No tengo ni idea. Y es desde siempre", afirma sin tapujos para dilucidar que "puede que sea algo genético. Nunca he tenido esa psicología infantil para entenderlos o tratarlos. Con 18 años aguanté un mes como niñera. Nunca más. Porque no los entiendo, me desquician, no me sale hacerles tonterías". En el caso de Navascuez, las cosas también están más que claras. "Creo que la sociedad y, sobre todo, las mujeres que sí han decidido ser madres, te intentan persuadir contándote todas las ventajas y la felicidad que ser madre te reporta, sin embargo, no te hablan de los muchos problemas a los que te tienes que enfrentar, y de cómo la sociedad y ellas mismas se exigen ser 'super mamás'; profesionales en el ámbito laboral que inviertan tiempo de "calidad" con sus hijos; que vayan siempre a la última moda, que trabajen sus relaciones sociales y por supuesto que no desatiendan su relación de pareja". Presión social En este sentido, las tres mujeres opinan lo mismo, sobre todo señalando directamente la presión que la propia sociedad ejerce sobre sus decisiones. Sobre todo, Abasolo, aún muy joven, y que tiene que aguantar todo tipo de comentarios por, supuestamente, anticiparse. "Es mi vida y decido hacer lo que me dé la gana. Por no tener hijos no considero que vaya a ser peor persona. Hay gente que me entiende perfectamente y otros tantos que no, y es sorprendente saber que los que menos me entienden son personas de mi edad. Que tampoco se explican que viva sola y llegan a preguntarme cosas como: ¿No pasas miedo tú sola en casa? ¿Cómo te vas tú sola a esquiar?". "Cuando digo que no quiero tener hijos la gente le pregunta a mi pareja y antes de que conteste me tachan de egoísta" Alicia Navascuez - 33 años El machismo, la cultura social y lo establecido son las principales cortapisas para que las mujeres con poder de decisión se tengan que ver continuamente cuestionadas. Algo que reafirma más, si cabe, la opción de estas féminas de no tener descendencia. "En parte me gusta escandalizar a esta gente que se cree que por ser mujer no puedes hacer cosas tú sola por tu cuenta y deberías tener hijos. Desde pequeña ya me decían que era un poco chico y, hoy en día, sigo siendo un poco chico, frase considerada machista ahora mismo. Esto lleva implícito el hecho de vivir sola, no querer tener hijos, no necesitar a nadie para nada€ y es muy triste", asevera Abasolo. "Llevo 13 años con mi pareja, por lo que es una etapa que ya hemos superado. Sin embargo, antes de llegar a este punto he tenido que tolerar comentarios de todo tipo. Gente que decía que no entendía como una mujer no quería ser madre, que diesen por supuesto que no me gustan los niños o incluso ver como al decir que yo no quería ser madre, se giraban hacia mi pareja y le preguntaba si él no quería ser padre, a la par que me calificaban de egoísta por privarle a él de ello sin tan siquiera esperar a la respuesta", añade Navascuez. En opinión de Coca, "ya no hay ese estigma de la solterona de antaño, pero sí es verdad que la familia saca el tema con lástima, como si les estuvieras defraudando. También los grupos de amistades cambian y acabas fuera del círculo de madres con sus historias de potitos y pañales. Eres la rara, la inadaptada. Por qué no tendrás hijos, será que nadie te aguanta; ah, que tienes pareja... entonces será por algún problema de fertilidad. ¿No? Pues qué egoísta". "Darle una educación como me gustaría se me antoja también imposible, por caro y por las imposiciones y restricciones del sistema actual" Elisa Coca - 45 años Los residuos de la crisis económica, los sueldos limitados, la conciliación laboral son otros muchos de los factores que hacen que personas en edad de concebir no se lancen a la aventura de la maternidad. No tener un trabajo estable o sí tenerlo también influye. "Dudo que mi vida laboral se estabilice, y si es así, ¿qué tiro de los abuelos? La gente de hoy en día no tiene tiempo para sus hijos y cuando están con ellos el cansancio hace que no les eduquen como es debido", afirma Abasolo. "Me cuesta mantenerme y cuidarme a mí y no sé cómo podría hacerlo con mayor mimo con otro ser dependiente. Y darle educación como me gustaría se me antoja también imposible, por caro y por las imposiciones y restricciones del sistema actual", comenta Coca. "Jamás he dudado de mi decisión", concluye Navascuez. Fuente: https://www.lne.es/sociedad/2019/03/01/quiero-madre/2434534.html
  3. En el tomo II de las Vidas Paralelas de Plutarco, dedicado a Pericles, se encuentra este premonitorio texto: Recuerdo a los recién llegados que en el foro hemos rescatado muchos textos antiguos que relatan situaciones similares: Una Francia despoblada sustituye a los niños por perritos (Jacinto Miquelarena, 1939) - Debate de actualidad - Corazón Español Hacia un mundo de viejos (Agustín de Foxá, 1948) - Memoria de las Españas - Corazón Español Sobre la baja natalidad. Dos textos clásicos que sorprenden por su vigencia - Debate de actualidad - Corazón Español El tema del antinatalismo y de la baja natalidad española, a veces asociada a cierto animalismo, lo hemos tocado en infinidad de hilos: Antinatalismo ¿Se está gestando un nuevo ataque cultural contra la vida humana? - Debate de actualidad - Corazón Español "Prefiero oír ladrar a un perro que a un bebé". El empoderamiento femenino lleva a esto - Debate de actualidad - Corazón Español
  4. Hispanorromano

    La desaparición de los hijos

    Creo interesante compartir este artículo sobre el gran tema de nuestro tiempo. Mucho mejor orientado que la mayoría de artículos que abordan esta cuestión, acierta al explicar que el problema es antropológico y no económico. Dos pegas le pongo: 1) que no acuda a la raíz religiosa del problema, aunque la barrunte al decir que sólo rompen la norma los fieles católicos y musulmanes; 2) que sitúe el origen del problema en mayo de 1968, cuando en mi opinión es muy anterior. Pero el artículo es de lo mejor que se ha escrito sobre este tema en la prensa, así que lo recomiendo. Las negritas son mías.
  5. Me ha parecido muy interesante una entrevista en National Geographic sobre la política del hijo único en China. Al margen del crimen que supone en cuanto a esterilizaciones, abortos e infanticidios, la política ha resultado un fracaso, frente a lo que cree el común de los mortales. Porque la gente cree que el despegue económico de China se debe a esa política antinatalista, pero resulta que es todo lo contrario: el crecimiento se produjo gracias a las últimas generaciones nacidas antes de que se implementase esa política, que ahora tienen cerca de 40 años. Lo que ahora le espera a China es una profunda depresión. El problema de estas políticas es que resultado sólo se ve al cabo de 30-40 años. Cito sólo los primeros párrafos, aunque recomiendo leer toda la entrevista: En España vamos camino del mismo abismo por haber renunciado a la moral católica. Y lo peor es que pocos españoles han tomado conciencia del problema. Pero entre ellos destacan nuestros queridos identitarios, cuyo pensamiento acerca de la cuestión bien puede resumirse con este comentario publicado ayer en Burbuja: ¿Es posible necedad mayor? Con este mensaje, que resume perfectamente la mentalidad que impregna a estos grupos, se puede entender por qué los identitarios no son los salvadores de la raza blanca sino los encargados de aplicarle la eutanasia.
  6. 14 de agosto de 1948 HACIA UN MUNDO DE VIEJOS Mi amigo, el doctor Carlos Blanco Soler, habla de los viejos desde Monte Ulía: una roja langosta, de carne de porcelana; y arriba, estrellas. San Sebastián, encendido, es como un Río de Janeiro diminuto con proporciones europeas. Línea de luces de la avenida, y redonda, iluminada, como una media naranja cortada, la plaza de toros, donde hierve el público bárbaro del boxeo. —Vamos —me dice— hacia un mundo de viejos. ¿Sabes cuál era el término medio de la vida en la Roma de Virgilio o Nerón? De treinta a treinta y cinco años. A principios de este siglo no pasaba de cuarenta. Ahora la hemos alargado hasta sesenta y dos. Con la penicilina y las futuras drogas, pronto llegaremos a ochenta. Y no te digo si la ciencia consigue curar el cáncer y la tuberculosis. En cambio, en China, en la India, el promedio de la vida es de quince años. —Habrá que revisar —añade— muchos de nuestros conceptos; toda la legislación de la edad de las jubilaciones, y habrá que hacer trabajar a los viejos. Su diálogo chispea, lleno de sugerencias: —¿Cómo serán los hijos de los viejos, nacidos no con la fe entusiasta de la juventud, sino ya con la duda sistemática? —Parece, en efecto —le respondo—, que el hombre moderno, como Fausto, vende su alma —su fe milenaria— a un Mefistófeles, vestido de Ciencia, de Técnica (al diablo más peligroso, porque es el que se niega a sí mismo), a cambio de la juventud, del rubeniano «Divino Tesoro». —No; no se recuperará —me replica— la juventud, la primavera de la vida. Se prolongará el otoño, que es más delicado, más paladeador y degustador, más irisado de matices y detalles mínimos. Es decir, que no reconquistaremos la fresca «alba de oro», sino que prolongaremos el crepúsculo y el planeta se cubrirá con una luz de eclipse. Por todas partes, en Rusia, en Inglaterra, en los Estados Unidos, se investiga, incesantemente, para alargar la vida. Ha nacido una nueva ciencia o arte de envejecer. Se ha encontrado en las células nerviosas un pigmeo opaco que es la «mancha de la vejez». Hace unos años conocí en Madrid al doctor Voronoff. Siendo médico en El Cairo, en la Corte del rey Fuad, había observado que los jóvenes eunucos presentaban todos los síntomas (de artritismo y reumatismo), propios de la senectud. Entonces buscó la juventud en el carcaj del Amor, en las fuentes mismas de la Vida. Siguiendo el humillante árbol genealógico de Darwin, quiso arrebatar el amor a los monos. Cupido se llenó de áspero vello. No tuvo gran éxito; pero acaso sugirió un camino. Yo recuerdo su «Villa» de Mentón, cercana a la de Blasco Ibáñez, con sus jaulas de chimpancés abajo, y en lo alto del jardín, entre rosales, una blanca Venus de mármol. Sobre tan bestiales cimientos quería conquistar la sonrisa divina de Afrodita. Pero sucede algo alarmante: a medida que se prolonga la vejez en la raza blanca, va disminuyendo la natalidad. Después de visitar parte de Europa y algunos países de América, España da la impresión —como me decía agudamente una bella observadora— de un «colegio de niños». En Francia, en Escandinavia, en Inglaterra, ya no hay chicos por las calles. En Norteamérica solo se reproducen abundantemente los negros y los católicos. Los países de más fuerte natalidad han sido vencidos. Una vez, me decía con toda naturalidad una señora en Estocolmo: —Aquel año íbamos a tener un hijo, pero se nos ocurrió marchar a Londres a presenciar el Derby. El hombre se queda aislado y egoísta. Al perder la fe religiosa, se desconecta con el innumerable pueblo de sus muertos. Al limitar la natalidad, corta todos sus lazos con las generaciones futuras, con los ingentes mundos de los «no nacidos». Solo, fijo en el presente, ya no mira hacia el ayer ni hacia el mañana. Cierto es que la naturaleza parece caprichosa e injusta en la distribución de las edades. ¿Por qué la tortuga de América (que semeja un reptil aplastado por un peñasco y que vio retratarse en sus límpidos ojos a las Tres Carabelas) vive quinientos años, mientras la mariposa «efimera», solo dotada de órganos para el vuelo nupcial, muere de pura vejez al cabo de dos breves horas? ¿Por qué han pescado ballenas que llevaban en sus cuerpos arpones normandos de la edad de Carlomagno, mientras Bécquer o Rafael desaparecieron en plena mocedad? Es posible que el hombre, dada la riqueza de su intelecto y de su espíritu, nos parezca que merece más larga duración. ¿Pero no se le quedará el alma, calculada para un máximo de noventa años, pequeña y estrecha como el traje de un adolescente que crece, y dejando al desnudo a ese siglo de suplemento que le brinda la ciencia? ¿Con qué llenará el espíritu esos lentos años que no le correspondían y que estaba decretado que no contemplaría ya sobre la Tierra? Egoísta y personalmente, yo ansío esa prolongación de la vida. Pero acaso resulte injusta, mirada con los ojos frescos y primaverales de la Especie. ¿Os figuráis en el futuro sobre Europa y parte de América al pequeño grupo de viejos blancos, de gruesos lentes, exterminando, con la desintegración de la materia, a las numerosas e hirvientes juventudes de los pueblos de color que los asedian, y que fiaron al amor y no a las drogas la eternidad de su estirpe? Yo imagino, en un perpetuo atardecer del mundo, a unos vigorosos ancianos de trescientos años, dialogando, con amarga sonrisa socrática, sobre un parque sin niños. Agustín de Foxá ABC, 14 de agosto de 1948, p. 3. ---------- También se puede encontrar en el siguiente libro, altamente recomendado: Agustín de Foxá; Historias de ciencia ficción. Relatos, teatro, artículos; La biblioteca del laberinto; 2009.
  7. En otro hilo publiqué un mensaje de Jérôme Bourbon sobre el sector patriótico que me pareció acertado. Comentamos que es un poco inestable en sus opiniones y que por su tendencia al complotismo frecuenta compañías no demasiado recomendables. Pero no me resisto a traducir una serie de tuits que ha publicado sobre la inmigración, pues creo que arrojan mucha luz sobre el problema: Es un intento de traducción, así que agradecen correcciones o mejoras. Me parece muy acertado todo lo que expone Jérôme Bourbon. De hecho, me parece lo más acertado que se ha escrito dentro del sector patriótico, siempre dado a las consignas fáciles y tramposas. Y tampoco he leído nada así dentro del sector católico, del que se ha apoderado la locura hace mucho tiempo. En esas páginas católicas dicen que los del Aquarius vienen a destripar españoles. (La conclusión inevitable es que debemos destriparlos nosotros antes de que nos destripen.) Un carlista de la CT decía el otro día que había que hundir las pateras a cañonazos. Después me conecté a la página de la CTC y estaban hablando del Plan Kalergi para acabar con la raza blanca. Y eso que éstos parecían los más moderados, con la pinta de seminarista modosito que gasta Garisoain. Se ha perdido el norte desde hace mucho tiempo. Por eso estas palabras de Jérôme Bourbon son tan necesarias. Ponen la cuestión de la inmigración en su justo término. Si no estáis de acuerdo, comentadlo sin problema.
  8. 18 de junio de 1939 FRANCIA SE DESPUEBLA Hablemos de habitantes. En 1865, Francia tenía 38 millones y Alemania exactamente los mismos; el Japón, 32 millones; Gran Bretaña, 24 millones, e Italia, 24 millones asimismo. En 1937, Alemania alcanza los 67 millones (un año después, con las anexiones, llega a los 82); el Japón está bordeando hoy los 72 millones; la Gran Bretaña tiene 47 millones; Italia, 44 millones; Francia, 42 millones. Una observación: los 44 millones italianos son los italianos de Italia. No es exagerado afirmar que diez millones de italianos más viven en el extranjero: Francia, Inglaterra, Norteamérica, Sudamérica, etcétera. Otra observación: de los 42 millones de franceses, tres millones no son franceses, sino extranjeros, lo que reduce dicha cifra a 39 millones. La natalidad regresiva de Francia es evidente en los últimos años. Hoy, Francia registra 610.000 nacimientos por año; Alemania, 1.450.000; 1.031.000 Italia; la Gran Bretaña, 725.000. «Si la fecundidad de los franceses disminuye al ritmo medio de los dieciocho últimos años, dentro de diez años registrará un máximum anual de 550.000 nacimientos. Y no tendrá soldados para defender sus fronteras. No se trata de un peligro lejano para Francia, sino inminente». He aquí lo que escribía Benito Mussolini el 26 de agosto de 1934 en el periódico de Londres Sunday Express. El pronóstico del Duce puede ser exacto, si no alcanza una verdad todavía menos optimista en 1944. ———— Hace mucho tiempo que los franceses saben que este problema es el gran problema de Francia. Madame ne veut pas d'enfants. Y monsieur no discute demasiado, porque tampoco los quiere. Ese perro bien jabonado y lleno de lazos, que cena los domingos en el restaurante con la pareja crepuscular, recoge la ternura tardía del matrimonio que ha secado su vida en la voluptuosidad helada del ahorro... Fracasan todas las campañas en favor de la mayor alegría de la especie. Fracasan todas las fórmulas de atracción —premios en metálico, por ejemplo— para los que se distingan por su generosidad creadora en la repoblación del país. De vez en cuando, la litografía de un torrero de Bretaña, de su mujer y de sus quince hijos, «que serán recibidos por el presidente de la República», provoca algunas bromas cínicas en lugar de la admiración que se perseguía: —¡Oh, usted sabe, señora Dupont, cuando se vive en un faro y no se sabe lo que hacer durante años y años...! . «Se quiera o no se quiera —acaba de escribir Emilio Condroyer en el Journal de París—, Italia y Alemania no tienen una natalidad regresiva, sino todo lo contrario, a pesar de que ya no caben en sus límites los ciudadanos de dichas naciones. Nos encontramos frente a un hecho brutal, frente a la verdad pura de un principio físico: la presión demográfica de estos vecinos resquebraja ya los límites de sus tierras y, sobre todo, los puntos de la mínima resistencia. La mínima resistencia somos nosotros, evidentemente; nuestro país, rico e insuficientemente poblado y nuestro imperio, Para los que siguen con algún interés este hecho, el movimiento ha comenzado: Italia tiene un millón de italianos en el Imperio francés». Queda por desollar el rabo de Rusia y de su monstruoso enigma. El material humano que contiene aún esa unión de tinieblas del Este de Europa es reclamado angustiosamente por los franceses. Para que la señora y el señor de París puedan cenar tranquilamente los domingos con su perrito, necesitan pensar de vez en cuando en la fecundidad de las noches nevadas de Moscú y en sus dantescas promiscuidades. Rusia es tan grande y tiene tal número de habitantes que Stalin, por mucha que sea su actividad carnicera, no podrá degollarlos a todos en muchos años. He aquí el terrible problema del número para Francia, tan materializada, que todavía no piensa en el problema de la calidad. El mundo será de los más, pero también de los mejores. De los más generosos, por ejemplo. Jacinto Miquelarena, ABC, 18 de junio de 1939, p. 5. * * * COMENTARIO Jacinto Miquelarena era un escritor falangista. Este artículo ilustra varias cosas: La ínfima natalidad en Francia, fruto del hedonismo, y la consiguiente despoblación en fecha tan temprana como 1939. La sustitución afectiva de los niños por mascotas, cosa por desgracia hoy frecuente también en España. La debilidad de Francia y la necesidad de recurrir a extranjeros para llenar los huecos demográficos. Lo que está pasando ahora en Francia ya pasaba entonces y se preveía que iba a empeorar. Varios políticos avisaron de la que se le venía encima a Francia y ofrecieron soluciones, pero nadie hizo caso. La constante preocupación de los falangistas por estos temas que, sin embargo, han sido abandonados por los que hoy se dicen sus herederos, generalmente en favor de consignas gruesas, y la mayoría de veces estúpidas, contra los inmigrantes.
  9. Ahora que se habla de legalizar la eutanasia, rescato un artículo de Juan Aparicio, político y periodista muy importante en la Falange, jonsista de primera de hora que acuñó el yugo y la flechas. Destaco en negrita algunas frases y enlazo algunos nombres propios que pueden suscitar las dudas del lector. Remarco algunas ideas del texto que me parecen interesantes y hago un pequeño desarrollo: ‒ La eugenesia y la eutanasia son aberraciones racionalistas. La ilustración y la guillotina suelen funcionar juntas. ‒ La eugenesia se propone acabar con las proles «defectuosas» pero al final acaba también con las proles sanas. Es un poco lo que está ocurriendo en nuestra época. ‒ Lo mejor es enemigo de lo bueno. En el fondo de la eugenesia, la eutanasia y el malthusianismo late una obsesión por la perfección, por la calidad, que acaba provocando la muerte cuando no se alcanza el listón. Dentro del ámbito contrarrevolucionario se ha convertido en un lugar común decir que preferimos la calidad a la cantidad. Como norma general puede ser correcta, pero no es aplicable a todos los casos y lo cristiano es buscar un equilibrio entre calidad y cantidad. Antes de preocuparse por la calidad, hay que preocuparse por la cantidad, pues es condición necesaria de la existencia. Esto es muy aplicable a las políticas de población y al drama que estamos viviendo con la ausencia de reemplazos generacionales desde hace varias décadas. La eugenesia es una obsesión por la calidad de la estirpe que, paradójicamente, acaba produciendo la muerte de la estirpe. Esto suele ocurrir cuando se le concede a la calidad un valor absoluto frente a la cantidad, o cuando se desprecia por completo lo material en nombre de lo espiritual. El cristianismo quiere que lo espiritual tenga amplia primacía sobre lo material, pero no desprecia las cuestiones materiales; antes bien, procura resolverlas para que podamos dedicarnos a lo espiritual. El desprecio absoluto por la materia y por la cantidad es típicamente gnóstico. En el fondo, el antinatalismo es una reformulación de aquella vieja idea gnóstica de que el mundo material fue creado por el Demonio, con lo que sería mejor no traer descendientes al mundo. Es sabido que los gnósticos evitaban tener descendencia y practicaban métodos anticonceptivos, en especial aquellos que hoy se denominan eufemísticamente «planificación familiar natural» en ciertos ambientes católicos. Hemos metido el enemigo en casa. ‒ La eutanasia es una extensión del mismo razonamiento que concede un valor absoluto a la calidad: si una vida no cumple determinados requisitos de calidad, es indigna de ser vivida, con lo que conviene acelerar la muerte.
  10. Hablábamos hace poco sobre la despoblación del campo. En el siguiente artículo el escritor falangista Rafael Sánchez Mazas entabla una pequeña polémica con José María Salaverría a cuenta de este tema, que tiene más importancia de la que parece a primera vista. El artículo forma parte de una serie de crónicas que Rafael escribió desde Italia y por ello es una defensa el carácter ruralista del fascismo que entonces gobernaba allí. Pero más allá del interés historiográfico que tiene esa discusión, sirve para ilustrar que en el ámbito falangista siempre se abogó por limitar el crecimiento de las ciudades y repoblar el campo, ya entonces muy despoblado. El artículo: El artículo tiene dos pegas a mi juicio: Los pasajes que traduce Rafael del italiano y del francés en mi opinión no están del todo bien traducidos, con lo que la idea pierde fuerza. No termina de exponer en toda su amplitud las poderosas razones por las que es necesario evitar la despoblación del campo. Con todo, el artículo prueba que este tema era de vital interés para el fascismo italiano y para los entonces protofalangistas españoles, y traza un esbozo del problema. La aglomeración en ciudades de crecimiento ilimitado no trae nada bueno. Históricamente ha precedido a la caída de las civilizaciones. En las macrociudades las masas se entregan a toda clase de inmoralidades y sobre todo se olvidan de procrear. Por lo tanto, para evitar la muerte demográfica de España y para hacer frente a los problemas derivados de la misma (entre ellos la inmigración), es preciso evitar la despoblación del campo y limitar el crecimiento de las ciudades. Por otra parte, la concentración de la población en unas pocas ciudades del territorio nacional es mala para la cohesión nacional y para la economía, además de dejar desprotegido el territorio. Al margen de las razones científicas que pueda haber detrás de esto, a primera vista se intuye que no es bueno que la población se concentre en unas pocas grandes urbes (Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Bibao, Sevilla) mientras el resto va quedando despoblado y desierto. Sería preferible una distribución más homogénea. Procuraré traer más textos donde se exponga todo esto de una manera más clara. En la Falange de los años 30 se le concedió una especial importancia a este asunto y recuerdo haber leído bastantes textos. Intuyo que en el carlismo también se habrá tratado. Pero la mayoría de las veces no resulta fácil localizar esos textos, por lo que se precisa una revisión paciente.
  11. Dion Casio Mientras que otros continuaban empeñados en someter a aquellas tribus, Tiberio regresó a Roma tras el invierno en que Quinto Sulpicio y Cayo Sabino asumieron el consulado. Augusto, que le salió al encuentro en los suburbios de la ciudad, lo acompañó hasta los Septa y allí saludó al pueblo desde la tribuna. A continuación celebró todos los actos apropiados para tales circunstancias y ofreció, por medio de los cónsules, juegos triunfales. Los caballeros, con mucha insistencia, solicitaron durante aquellas ceremonias que se derogara la ley sobre los solteros y sobre los que no tienen hijos. Augusto reunió en el foro, en un lado, a los solteros y, en otro, a los que estaban casados o los que tenían hijos. Y al comprobar que estos últimos eran muchos menos que los primeros, se dolió y se dirigió a ellos con las siguientes palabras: «Aunque ciertamente sois pocos en comparación con la vasta multitud de la ciudad, y sois muchos menos que todos aquellos que no quieren cumplir con alguno de sus deberes, yo, por mi parte, sólo puedo elogiaros por vuestro comportamiento. Os guardo el mayor de los reconocimientos porque sois obedientes y engrandecéis la patria. Y es gracias a quienes viven como vosotros que los romanos, en el futuro, serán una gran nación. Pues aunque al principio fuimos un pueblo pequeño, después, cuando comenzamos a practicar el matrimonio y empezamos a tener hijos, superamos a todos los demás pueblos, no sólo en virilidad sino en número de hombres. Con esta idea en la mente, debemos ofrecer un consuelo a la esencia mortal de nuestra naturaleza con la eterna sucesión de generaciones, al modo de antorchas, para que convirtamos en inmortal, con la sucesión de unos a otros, el único aspecto de nuestra naturaleza en que la felicidad de los dioses nos supera. Pues por esta razón, fundamentalmente, aquel primer y gran dios, el que nos creó, dividió en dos la raza de los mortales, haciendo una mitad masculina y otra mitad femenina, y les insufló el deseo y la necesidad de mantener relaciones entre ellos. Hizo que aquella relación fuera fecunda para que, gracias a los nacimientos constantes, la naturaleza mortal se transformara, de alguna manera, en eterna. E incluso de los mismos dioses, a unos se les considera masculinos y a otros femeninos. La tradición asegura que unos han engendrado a los otros y que estos han sido engendrados de aquellos. Y así también consideran hermoso el matrimonio y el nacimiento de los hijos quienes no tienen ninguna de necesidad de ellos. »En consecuencia, actuasteis con rectitud porque imitasteis a los dioses, con rectitud porque imitasteis a vuestros padres para que, de la misma manera que aquellos os engendraron, así vosotros podáis engendrar a vuestros hijos, y para que, de la misma manera que vosotros los consideráis y los llamáis antepasados, así también a vosotros algún día os puedan tener en la misma consideración y dar el mismo título; para que todas aquellas nobles acciones que ellos acometieron y os legaron rodeadas de fama, también vosotros podáis legarlas a otros; para que las propiedades que ellos adquirieron y os legaron, también vosotros las leguéis a quienes hayan nacido de vosotros. ¿No es el mejor don una esposa casta, que guarde la casa, buena administradora, que sepa criar a sus hijos, que te alegre en la salud y te cuide en la enfermedad, que te acompañe en la felicidad y te consuele en la desgracia, que sepa contener la naturaleza alocada de la juventud y que temple la rigurosa severidad de la vejez? ¿No es dulce levantar al hijo nacido de ambos, criarlo y educarlo, imagen de nuestro cuerpo, imagen de nuestra alma, de tal modo que durante su crianza nazca dentro de él otra persona? ¿No es el mayor bien, en el momento de abandonar esta vida, dejar como sucesor y heredero tanto de la estirpe como del patrimonio a alguien nacido de ti mismo, separarse de la vida humana pero seguir vivo en su descendencia, y que nada de eso caiga en manos de extraños, como en la guerra, ni muera totalmente, como en la peste? »Estas son las ventajas de índole privada de las que gozan los que se casan y tienen hijos. Para el bien público, por el que nos hemos visto obligados a emprender muchas acciones contra nuestra voluntad, ¿cómo no va a ser algo hermoso y necesario —siempre que existan ciudades y pueblos, y siempre que vosotros gobernéis sobre los demás y ellos sean vuestros súbditos— que en tiempos de paz una muchedumbre trabaje la tierra, surque los mares, practique las artes y ejerza los oficios, y que en tiempos de guerra proteja todo lo que tenemos con el mejor de los ánimos por mor del linaje, así como que otros reemplacen a los caídos? A vosotros, varones —quizá sois los únicos que con propiedad deberíais recibir este nombre— y padres —título que merecéis tanto como yo—, os estimo el mérito y por esta razón os ensalzo. Y no sólo os honro con los premios que ya os concedí sino que, además, os llenaré de orgullo con otros honores y magistraturas, de modo que disfrutéis de grandes beneficios y los leguéis a vuestros hijos sin ninguna merma. Pasaré ahora a los demás, a los que nunca hicieron nada similar a lo que vosotros habéis hecho y que por eso acabarán recibiendo exactamente lo opuesto, para que no sólo en mis palabras sino aún más en mis acciones comprendáis en cuánto los superáis». Tras estas palabras y después de haber otorgado prebendas a algunos de ellos y de prometer otras a otros, se dirigió a los demás y les dijo lo que a continuación se recoge: «Perplejo me enfrento a esta situación. ¿Cómo debería llamaros? ¿Hombres, si no estáis cumpliendo ninguno de los deberes propios de los hombres? ¿Ciudadanos, cuando la ciudad muere por vuestra actitud? ¿Romanos, si estáis en el intento de destruir ese nombre? No obstante, quienesquiera que seáis, cualquiera que sea el nombre que os convenga, perplejo me enfrento a esta situación. Pues aunque siempre he estado haciendo todo lo posible en pro del aumento de vuestro número y ahora tenía la intención de reprenderos, veo, con desagrado, que sois muchos. Hubiese preferido que aquellos otros a los que antes me dirigí fueran tantos como veo que sois vosotros y que vosotros, o bien estuvierais colocados con ellos o, si no, que no estuvierais aquí. Vosotros, sin tener en consideración la providencia divina ni el respeto a vuestros progenitores, deseáis hacer desaparecer toda vuestra estirpe y convertirla, así, en mortal, y también echar a perder y poner fin a todo el linaje romano. ¿Cuál sería la semilla humana que quedaría si todos los demás hicieran lo mismo que vosotros? Convertidos en modelo de todos ellos, con toda razón vosotros cargaríais con la responsabilidad de su radical desaparición. E incluso si nadie os imitara, ¿no deberíais ser odiados con toda razón por esta causa precisamente, porque despreciáis lo que nadie despreciaría, descuidáis lo que nadie descuidaría y porque implantáis usos y costumbres tales que, si todos los siguieran, todos perecerían, pero que si los aborrecieran, entonces, deberíais ser castigados por ellas? De ningún modo perdonamos a los asesinos porque no todos cometamos asesinatos, ni dejamos marchar a los sacrílegos porque no todos cometamos sacrilegio; cuando se coge a alguien que ha cometido algún acto prohibido, se le castiga por la sencilla razón de que, ya sea solo o en compañía de algún otro, ha cometido lo que nadie habría hecho. E incluso si alguien enumerase los más grandes crímenes, todos esos nada serían frente al que vosotros estáis cometiendo ahora, no sólo si se comparasen uno a uno sino también aunque se comparasen todos juntos a este único crimen. Pues también os mancháis con la sangre del delito cuando decidís, desde el principio, no engendrar a quienes habrían debido ser vuestros descendientes. Estáis cometiendo sacrilegio cuando termináis con los nombres y los honores de vuestros ancestros. Cometéis impiedad cuando destruís vuestras estirpes que vieron la luz gracias a los dioses, así como cuando aniquiláis la mayor de sus ofrendas, la naturaleza humana, destruyendo con esa acción sus ritos y sus templos. Y además también estáis destruyendo el orden político puesto que no os sometéis a las leyes. Estáis traicionado a vuestra patria haciéndola estéril y carente de descendencia; la estáis minando en sus fundamentos, convirtiéndola en un páramo de habitantes futuros. Pues, de alguna forma, la ciudad son sus hombres y no las casas, los pórticos y las plazas vacías de gentes. »Considerad cómo se hubiese encolerizado, con toda justicia, Rómulo, nuestro fundador, si hubiese tenido ocasión de reflexionar sobre las circunstancias en las que él vino al mundo y vuestras actitudes, por las que no queréis tener hijos de vuestros matrimonios legítimos. Considerad cuánto se hubiesen enfadado sus compañeros romanos si hubiesen sabido que, mientras que ellos tuvieron que raptar doncellas extrañas, a vosotros no os agradan las propias y que, mientras que ellos engendraron sus hijos incluso en mujeres enemigas, vosotros no los engendráis ni con mujeres que poseen la ciudadanía. Cómo habría sido la cólera de Curcio, quien llegó a aceptar la muerte con el fin de que quienes ya se habían casado no fuesen privados de sus esposas. Cómo habría sido la de Hersilia, quien acompañó a su hija y fundó entre nosotros todos los ritos nupciales. Ahora bien, nuestros antepasados incluso hicieron la guerra a los sabinos en defensa de sus matrimonios y la terminaron cuando sus esposas e hijos los reconciliaron; por ellos pronunciaron juramentos y firmaron acuerdos de paz. Pero vosotros habéis reducido a la nada todo aquello. Y ¿por qué? ¿Quizá para que vosotros podáis vivir siempre sin esposa a la manera de las sacerdotisas que, tras haber hecho voto de castidad perpetua, viven sin esposos? Pues entonces deberíais ser castigados como ellas si cometéis algún acto impúdico. »Bien sé que os parece que hablo con acritud y dureza. Pero considerad, en primer lugar, que los médicos tratan a la mayoría de sus pacientes, cuando no pueden curarlos de ningún otro modo, cauterizando y amputando, y, en segundo lugar, considerad que no utilizo este tono ni por propia voluntad ni por placer. Y por eso yo también podría acusaros de esto otro: de haberme obligado a pronunciar estas palabras. Pero si realmente os sentís afligidos por mis palabras, no sigáis haciendo todo eso por lo que necesariamente sois censurados. Pues si mis palabras han ofendido a algunos de vosotros, ¿no me ofende más a mí y a todos los romanos, en verdad, vuestro comportamiento? Y bien, si en verdad os sentís dolidos, cambiad de actitud para que pueda elogiaros y cambiar de opinión, porque yo no soy una persona cruel por naturaleza y vosotros no ignoráis que todo lo que he venido disponiendo, sometido siempre a la condición humana, ha sido todo cuanto convenía que hiciera el buen gobernante. »Además, nunca ha estado permitido despreocuparse de la procreación y del matrimonio. Desde el mismo principio, desde el primer establecimiento del orden político, se legisló con precisión sobre estos asuntos. Y, después, el Senado y el pueblo aprobaron otras muchas leyes que sería superfluo enumerar. Yo he aumentado las penas contra quienes las desobedecen para que, por el miedo a sufrirlas, recuperéis el buen juicio. Pero también he establecido premios para quienes las cumplen, premios tan numerosos e importantes como no se conceden por ninguna otra muestra de virtud para que, ya que no puede ser por ninguna otra razón, al menos por ellos os avengáis a casaros y a tener hijos. Pero vosotros, en lugar de animaros por alguno de estos premios o de amedrentaros por alguno de aquellos castigos, lo habéis despreciado todo y todo lo habéis pisoteado como si no vivierais en la ciudad. Y decís que habéis adoptado este régimen de vida sin ataduras y libre, sin hijos y sin esposa, pero, en verdad, nada os diferencia ni de los piratas ni de las bestias más salvajes. Pues, en efecto, no os complacéis en el celibato para llevar una vida sin mujeres. Ninguno de vosotros come solo ni se acuesta solo; sólo queréis tener la libertad para cometer excesos y comportaros con impudicia. Os he permitido buscar para vuestros matrimonios a muchachas todavía tiernas y que, de ningún modo, tienen edad para casarse, para que, con el marchamo de los que ya están comprometidos en matrimonio, podáis llevar una vida provechosa para vuestra casa. También he aceptado que las libertas pudieran ser tomadas como esposas por aquellos que no pertenecen al Senado para que, si alguno hubiese sido llevado a esta situación, ya sea por amor o por simple convivencia, pudiera hacerlo legalmente. Y ciertamente tampoco os he apremiado sino que, en un primer momento, os di tres años enteros para vuestros preparativos y después, dos más. Pero de ninguna manera he conseguido nada, ni con amenazas o exhortaciones, ni prorrogando el plazo ni tampoco con ruegos. »Ved por vosotros mismos cuán más numerosos sois que los casados, cuando era necesario que ya hubieseis engendrado hijos en una cuantía similar o, mejor, muy superior. ¿De qué otra forma podrían pervivir las familias? ¿Cómo podrá salvarse la comunidad si nosotros no nos casamos y no engendramos hijos? Pues, ¿no esperaréis que broten de la tierra los herederos de vuestros bienes y de los negocios públicos, tal y como cuentan las leyendas? No es justo ni bueno que nuestra estirpe se termine, ni que el nombre de los romanos se extinga con nosotros, ni que nuestra ciudad acabe por ser entregada a otros hombres, ya sean griegos o bárbaros. ¿O no es principalmente por esta razón, para hacer de ellos el mayor número de ciudadanos posibles, que liberamos a nuestros esclavos y que hacemos partícipes a nuestros aliados de la ciudadanía para incrementar nuestro número? Pero vosotros, romanos de pura cepa, quienes podéis contar entre vuestros antepasados a aquellos Marcios, Fabios, Quintios, Valerios y Julios, ¿deseáis que con vosotros desaparezcan tanto vuestros linajes como vuestros nombres? Estoy avergonzado de haber tenido que decir todo esto. Parad, locos, y daos cuenta, de una vez, de que es imposible que la ciudad se salve con tantas muertes debidas a las enfermedades y a cada una de las guerras, salvo que su población se renueve gracias a los nuevos nacimientos constantes. »Ninguno deberá creer que no sé que tanto en el matrimonio como en la crianza de los hijos hay aspectos desagradables y gravosos. Pero considerad que no poseemos ningún otro bien al que no vaya asociado algún sufrimiento, y que a los más abundantes y mayores bienes van unidos los más abundantes y mayores dolores. Y en consecuencia, si os queréis apartar de los sufrimientos no busquéis tampoco los bienes. Pues para poseer casi todo lo que conlleva virtud o placer es necesario el esfuerzo antes, durante y después. ¿Qué necesidad tengo de alargarme exponiendo todos los detalles? Pues en efecto, si en el matrimonio y en la crianza de los hijos hay aspectos desagradables, enumerad en cambio sus ventajas y descubriréis que son muchas más y necesarias. Pues, además de todos los bienes que les pertenecen por naturaleza, también las recompensas fijadas por las leyes —cuya parte más insignificante ya podría llevar a muchos a la muerte— deberían induciros a todos a obedecerme. ¿Cómo no va a ser una vergüenza que, por esas mismas recompensas por las que otros llegan a entregar su vida, vosotros no queráis ni tomar esposa ni engendrar hijos? »Varones, ciudadanos —pues creo que ahora sí estáis convencidos de la necesidad de conservar la categoría de ciudadanos y de asumir el título de hombres y de padres—, no os he lanzado todos esos reproches por placer, sino por necesidad; no lo he hecho como si fuera vuestro enemigo u os odiara, sino por amor y por el deseo de ganarme a otros muchos como vosotros, para que, al habitar hogares según nuestras leyes y al tener las casas llenas de herederos, nos podamos acercar a los dioses en compañía de nuestras mujeres e hijos y estrechemos nuestros lazos, asumiendo todos los riesgos por igual y disfrutando proporcionalmente de las esperanzas que en ellos tenemos depositadas. ¿Cómo podría ser un buen gobernante para vosotros si tolerara ver que cada vez sois menos? ¿Cómo podría llamarme, con justicia, vuestro padre si no criáis niños? De esta manera, si realmente me amáis y me habéis concedido ese título no con la intención de adularme sino de honrarme, haced ver vuestro deseo de convertiros en hombres y en padres para que, así, vosotros también disfrutéis del título de padre y me hagáis justo portador del mismo». Estas fueron las palabras que en aquella ocasión pronunció ante aquellos dos grupos. Y a continuación acrecentó las recompensas para quienes tuvieran hijos e hizo una distinción entre casados sin hijos y solteros en relación a las penas judiciales. Les concedió a aquellos dos grupos, los solteros y los que no tenían hijos, el plazo de un año para que, obedeciéndolo en ese periodo, evitaran una consideración de culpabilidad. En contra de la ley Voconia, por la que ninguna mujer podía heredar propiedad alguna que superase el valor de veinticinco mil dracmas, permitió a algunas mujeres que lo hicieran. También concedió a las vestales los mismos privilegios, todos, de los que gozaban las mujeres que habían parido. Seguidamente se promulgó la ley Papia Popea a cargo de Marco Papio Mutilio y Quinto Popeo Segundo, quienes ocupaban el consulado en aquella parte del año. Se daba el caso de que ambos no sólo no tenían hijos sino que no tenían ni esposa. Por esta razón se hizo evidente la necesidad de aquella ley. Dion Casio, Historia romana, Libros L-LX, Editorial Gredos, Libro LVI, p. 346-357.
  12. Recientemente se han publicado los datos correspondientes al número de abortos registrados en el año 2015. Han transcurrido, pues, 30 años desde su legalización en España, y desde entonces los abortos han aumentado de tal manera que actualmente se han convertido, junto a las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, en la principal causa de mortalidad. En el año 2009 se aprobó la dispensación de la PDD sin receta médica a niñas a partir de los 13 años. En 2010 se aprobó una nueva ley del aborto del 2010 en la que, además de legalizar el aborto libre sin ningún tipo de causa (“a petición de la mujer”), se potencia los abortos químicos pero sin necesidad de realizar protocolos de seguimiento/notificación. Todo esto está provocando, por una parte, un trasvase de aumentos quirúrgicos hacia abortos químicos, y por otra parte, el aumento creciente de “abortos no registrados”. Por todo ello, se podría afirmar que los actuales informes del Ministerio de Sanidad son incompletos y no recogen ni reflejan la realidad del aborto en España. En el informe “El Aborto en España. 30 años después (1985-2015)”, realizado por el Instituto de Política Familiar, se analiza por primera vez el impacto del aborto químico en la realidad del aborto. Así, se contempla no solo un análisis por separado de los abortos quirúrgicos y los denominados “abortos farmacológicos”, sino que además se abordan los abortos “no registrados” lo que va a permitir disponer de una visión más global y exacta del grado de magnitud de los abortos en España. Las principales conclusiones que destaca el informe son: Hay más abortos que los que se reflejan. Los datos oficiales de los abortos difieren de los reales ya que los datos actuales del Ministerio de Sanidad son incompletos y no reflejan la realidad del aborto. Se está produciendo un trasvase de abortos quirúrgicos a abortos químicos. El descenso en los últimos 5 años es “incompleto”, y “transitorio” ya que se debe a errores de contabilización como a factores coyunturales y, por tanto, está “fuera de la realidad”. Es una de las causa del déficit de Natalidad en España. El aborto es una de las causas de la inversión de la pirámide poblacional y del envejecimiento poblacional El aborto se ceba especialmente con la Juventud y a la inmigración En España se usa el aborto como un método anticonceptivo más. El aborto se ha convertido en un “negocio” a costa de la mujer que mueve más de 70 millones de euros al año. No habido distinciones con respecto al aborto entre los partidos gobernantes. El aborto está ocasionando graves consecuencias económicas y sociales. El 60% de las mujeres menores de veite años que quedaron embarazadas, terminaron abortando a sus hijos. En las tres décadas que comprende el estudio, se ha acabado con la vida de más de dos millones de seres humanos. Si esto no es el mayor genocidio histórico que ha ocurrido en nuestro país, de cual son culpables todos los partidos políticos que de alguna manera han promovido o callado ante estos hechos, no se de qué otra forma se puede calificar.
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