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  1. Dicho español respecto de la Guerra de Marruecos. Niet, no invente cosas ni tergiverse, que éstos fueron quienes ganaron la guerra para el General Bajito y lo mismo está usté escocido. No señor, a cada uno lo suyo. Es un dicho de la Guerra Nuestra y hay otros parecidos: La primera paga para el uniforme y la segunda para el entierro. Alférez de complemento cadáver al momento, etc. Total que me temo que usté, mesié, opina como yo, que la creación de los alféreces provisionales fue el principal factor que inclinó la balanza hacia el lado rebelde. Y es que las armas hay que empuñarlas. Al principio de la guerra las dos causas estaban empatadas: libertad contra orden, o como se dice ahora: seguridad. Para los simplistas o los fundamentalistas: libertad absoluta contra orden estricto. La batalla entre lo viejo conocido y lo nuevo por proponer y desarrollar ya se había dado, y habían perdido, como siempre, los primeros, que salieron por patas y por Cartagena. La contienda era entonces entre dos formas de entender lo nuevo. Los recursos eran aproximadamente los mismos: dinero, industria, las fábricas de armas, mayor número de mentes brillantes, simpatía por parte de Europa, mayor cantidad de población, etc, contra organización, agricultura, un ejército veterano, unidad de mando, mejor armamento etc, ...y en Europa soplando vientos de guerra. Aquello era, como se dice ahora, un empate técnico. Se me puede hablar de desorganización, de luchas internas, que si la indisciplina, que si el apoyo extranjero, que si el armamento y un sin fin de razones más para explicar la inapelable victoria de los unos o el estrepitoso fracaso de los otros, cuando, como dije antes, ambos bandos estaban completamente empatados. Sin embargo, cuando veo que la contrapartida a los alféreces provisionales fueron en el bando leal los comisarios políticos me reafirmo más en mi opinión. ¿Que quién fue el creador de los alféreces provisionales?. El general Orgaz. ¿Que quién era el general Orgaz?. Pues ni puta idea oiga. Los generales, los líderes, los organizadores, los conductores de hombres son importantes, sus decisiones afectan a la vida de mucha gente y sus aciertos o sus equivocaciones quedan plasmadas en los libros de historia para siempre (bueno, ahora con la cosa de la Ley de Memória histórica, pues no sé). Pero al fin y a la postre, quienes realizan las acciones, quienes sufren los resultados, quienes obran en consecuencia, son las personas, gente corriente, tipos grises como sus ideas donde nada hay absolutamente blanco ni negro sino que todo, absolutamente todo, es de un gris que depende de ángulo desde el que se le mire. Los exaltados, los fanáticos de toda clase y condición son solo unos pocos y en las guerras son los primeros en caer. El resto, la mayoría, los comunes, vamos al pairo, pero al final, somos quienes inclinamos la balanza hacia uno u otro lado. En aquella España de los años treinta, con un no sé cuántos por ciento de analfabetismo y un mucho más de superstición e ignorancia, agarrar a un chaval de dieciocho o veinte años, con el bachillerato mal apenas terminado y auparle a la altura de un oficial con mando sobre una treintena o un centenar de hombres, por encima de suboficiales de carrera, expertos pero ignorantes, fue una idea excelente, en mi pobre opinión, justo la que hizo desequilibrar la balanza. Si el más joven de la sección es a la vez el oficial al mando, por visceral biología va a ser arropado por los demás, mimado por la tropa, defendido por los suboficiales de carrera y amparado por los comandantes. Al joven solo le hace falta saber usar la brújula, enterarse de lo que pasa o comprender cualquier documento escrito que se le presente. No sé, basta con que tenga cabeza, los huevos los da la juventud. -Prepárate Pepe que te toca hacer de enlace. (Era tarea arriesgada porque cualquiera de los tuyos que estuviera en un pozo de tirador medio dormido o despistado te podía pegar un tiro a poco que pasaras por allí cerca y no hay cosa peor que el fuego amigo. Lo normal era que te mandaran acercar dando palmas para que tuvieras las manos ocupadas hasta que te reconocían. -Mande usté a otro mi capitán. Siempre me tiene que tocar a mí coño. (Entonces los varones solían tener el coño en la boca más a menudo que ahora. El caso es que en el frente, en primera línea, el soldado tiene más derecho al pataleo que en el cuartel o en tiempos de paz y aquella escuadra desde antes de que se incorporara Pepe tenía dos cabos porque uno que ascendieron no se quería hacer cargo de una escuadra propia ni separarse de la suya. -Mira Pepe, como mande a alguno de estos ceporros a transmitir órdenes o a recibir novedades vete tú a saber qué transmiten y qué información voy a recibir yo. Insisto, en aquel entonces no todo el mundo entendía el sistema métrico decimal, lo de los metros y los metros cuadrados, qué era éso de la cota 923 o dónde puñetas está el noroeste a las tres de la tarde. Puede que en la España urbana hubiera muchos que si, pero en la España rural no y entonces España era muy rural. ¿Quién sabría leer un mapa?, ¿quién podría dar una descripción de cualquier acontecimiento relevante que ocurriera en el frente?, ¿quién saltaría el primero de la trinchera?, ¿quién sería más inmune a halagos y corruptelas?, ¿quien estaría más libre de filias y fobias?, ¿quién con ardor guerrero tendría también dos dedos de frente?. ¿Un tipo entrado en años, casado o no, con hijos o no, cuya fuerza principal reside en la convicción que tiene en sus ideas políticas, que las defiende con entusiasmo en la polémica?. ¿Uno que sabe hablar?, ¿ése va a ser el primero en saltar el parapeto dando ejemplo a los demás?. Miau. ¿Alguien bien considerado en la agrupación política, con una cierta posición en el partido o en el sindicato alcanzada en luchas intestinas, va a arriesgarlo todo y que le peguen un tiro por estar en primera línea?. Narices. Claro que los habría, ¡y de los buenos!, pero ¿cuántos?, y de éstos, ¿cuánto duraron entre las balas?. No, lo normal era que el comisario político se colocara detrás de la primera línea con la pistola en la mano viendo si alguno mostraba cobardía o chaqueteaba frente al enemigo, siendo casi siempre el último en salir de la trinchera. La diferencia es evidente, con dieciocho o diecinueve años la vida la regalas, cuando tienes treinta no tanto y cuando tienes cincuenta esperas que dure un poquito más. Cuando ves al tío que manda ser el primero en cumplir su propia orden vas tú detrás sin querer, pero si se queda el último, si remolonea, si saca la pistola para evitar que nadie se acobarde ni le de por chaquetear... pues éso mismo. El fundador de los alféreces provisionales fue el general Orgaz. Será un tipo muy conocido por los historiadores, pero yo ni le había oído mentar ni hasta hace poco conocía de su importancia. Unos tienen las ideas, otros las mejoran, otros las llevan a la práctica, y solo unos pocos se llevan la gloria y el reconocimiento. Sin embargo muchos más quedan en el camino como almas anónimas recordados solo por quienes les conocieron durante sus cortas vidas. Un día me iré como se fueron tantos de los que solo queda en el recuerdo el fracaso de una vida que fue entrega a unos ideales que murieron. Alguien me habló de amor, de patria de grandeza, de Dios, de sol, de imperio... y sembró ideales de justicia para un mundo por nacer de nuevo. Y envuelta en nubes, como sol de invierno, mi fe arraigó, mis ideales luego defendí con el ardor caliente, que en la lucha ponen los guerreros. ........ Han pasado los años y el sembrador de sueños renegó de su siembra, olvidó aquello, y embarcado ahora en otras naves dirige su rumbo hacia otros puertos. Pero al joven que entregó su vida, porque falsos profetas le mintieron, de ellos no le queda, tan siquiera, la oración que debemos a los muertos. El General Bajito fue el último y más brillante de los generales decimonónicos e incluyo ahí al Corso ése de las frasecitas célebres (Los hombres se miden de la cabeza al cielo y no de la cabeza al suelo (sic)) que también era bajito. Y pienso que no tomó Madrid (¡No pasarán! escribían los de las consignas) porque aunque la conquistara con más o menos esfuerzo y muchas bajas, de ninguna manera podría ocuparla pues no tenía gente suficiente, y destinó aquellos esfuerzos a la liberación de los sitiados en El Alcazar. ¿Golpe de propaganda?. Puede que sí, pero hasta que no se llamaron a filas a las quintas los ejércitos eran muy pequeñitos y el General Bajito tuvo el temple y el sentido común de no ir a por ese caramelo envenenado. En cambio El Corso de las frasecitas (Ésa maldita guerra me perdió (sic)) sí, que bien que lo intentó con Moscú para que veas tú que la avaricia acaba rompiendo el saco. El considerar al General Bajito poco menos que gelipoñas no sólo es un insulto a los que combatieron contra él que, por tanto, serían aún más gelipoñas, sino a la propia inteligencia de las generaciones actuales, que las están considerando aún más gelipoñas. Vivo, sagaz, mañoso, ladino, astuto y taimado puede que sí, pero gilipollas no, de ninguna manera caramba. Que no sigan por ahí los de babor, que la gente joven no es que vayan a dejar de tomarles en serio, sino que se les van a empezar a cachondear. Avisaos van. Pero como aquí se habla de la política del General Bajito (haga lo que yo señor ministro: no se meta en política (sic)) no tengo más que mencionar cómo gestionó la cosa cuando se presentó, ad portas, el Aníbal de la época. -No, no entres tú hermoso mío, que ya salgo yo a torearte. Ahí le tienen -¡torero!- en un quite por gaoneras que ha pasado a la historia. Y es que a un león, aunque don Adolfo tenía más de toro que de león, no se le puede ir con un triste palo. Al palo hay echarle por lo menos una muleta y a la faena arte y pelotas. También, todohayquedecirloamigomío, estaba informado por el Almirante Canaris, que odiaba profundamente a los nazis y era amigo personal del Genera Bajito (no sé por qué aún no tenemos una estatua o una placa a este hombre, ...bueno, ni al General Bajito), de las carencias de don Adolfo para tomar Gibraltar pues habían dejado de fabricar artillería de sitio, cosas de la blitzkrig y de la guerra con muchas prisas ésa, y de la nula intención de la Kliegsmarine de ayudarle a defender las Canarias de los ingleses si es que a España la envolvían en la vorágine de la segunda Guerra Mundial y en su bando en el de él quiero decir. Alemania lo que hacía, sólo, era jurarle fidelidad eterna. Ya ves tú. También dicen ustedes que alargó mucho su dictadura, que debería haberlo dejado mucho antes, pero en 1948 entraron los maquís (unos 5.000) y algunos de ésos alféreces provisionales de la quinta del 40, Mingote por poner un ejemplo, tuvieron que volver a movilizarlos. Y entre la guerra, el servicio militar que les tocó hacer después, ya que a la guerra habían ido antes de los 20 años, y la movilización por el maquis de después, se tiraron siete años pintados de verde, quiero decir de caqui, siendo civiles. De la creación de las Universidades Laborales y otras ideícas, no sé si suyas o de los sindicatos de gremio aquellos, ya hablaré otro día, pero éso fue posterior, cuando se quitó la hambre. la de las cornás. Y es que se quitaron antes las cartillas de racionamiento en Alemania (cosas de mister Marshall y del Konrad Adenagüer aquél) que en España, cuando los ingleses dejaron ¡por fín! pasar barcos con trigo argentino. Qué cabrones. ______ FREE ZOUHAM o abandonad toda esperanza.
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