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  1. 18 de junio de 1939 FRANCIA SE DESPUEBLA Hablemos de habitantes. En 1865, Francia tenía 38 millones y Alemania exactamente los mismos; el Japón, 32 millones; Gran Bretaña, 24 millones, e Italia, 24 millones asimismo. En 1937, Alemania alcanza los 67 millones (un año después, con las anexiones, llega a los 82); el Japón está bordeando hoy los 72 millones; la Gran Bretaña tiene 47 millones; Italia, 44 millones; Francia, 42 millones. Una observación: los 44 millones italianos son los italianos de Italia. No es exagerado afirmar que diez millones de italianos más viven en el extranjero: Francia, Inglaterra, Norteamérica, Sudamérica, etcétera. Otra observación: de los 42 millones de franceses, tres millones no son franceses, sino extranjeros, lo que reduce dicha cifra a 39 millones. La natalidad regresiva de Francia es evidente en los últimos años. Hoy, Francia registra 610.000 nacimientos por año; Alemania, 1.450.000; 1.031.000 Italia; la Gran Bretaña, 725.000. «Si la fecundidad de los franceses disminuye al ritmo medio de los dieciocho últimos años, dentro de diez años registrará un máximum anual de 550.000 nacimientos. Y no tendrá soldados para defender sus fronteras. No se trata de un peligro lejano para Francia, sino inminente». He aquí lo que escribía Benito Mussolini el 26 de agosto de 1934 en el periódico de Londres Sunday Express. El pronóstico del Duce puede ser exacto, si no alcanza una verdad todavía menos optimista en 1944. ———— Hace mucho tiempo que los franceses saben que este problema es el gran problema de Francia. Madame ne veut pas d'enfants. Y monsieur no discute demasiado, porque tampoco los quiere. Ese perro bien jabonado y lleno de lazos, que cena los domingos en el restaurante con la pareja crepuscular, recoge la ternura tardía del matrimonio que ha secado su vida en la voluptuosidad helada del ahorro... Fracasan todas las campañas en favor de la mayor alegría de la especie. Fracasan todas las fórmulas de atracción —premios en metálico, por ejemplo— para los que se distingan por su generosidad creadora en la repoblación del país. De vez en cuando, la litografía de un torrero de Bretaña, de su mujer y de sus quince hijos, «que serán recibidos por el presidente de la República», provoca algunas bromas cínicas en lugar de la admiración que se perseguía: —¡Oh, usted sabe, señora Dupont, cuando se vive en un faro y no se sabe lo que hacer durante años y años...! . «Se quiera o no se quiera —acaba de escribir Emilio Condroyer en el Journal de París—, Italia y Alemania no tienen una natalidad regresiva, sino todo lo contrario, a pesar de que ya no caben en sus límites los ciudadanos de dichas naciones. Nos encontramos frente a un hecho brutal, frente a la verdad pura de un principio físico: la presión demográfica de estos vecinos resquebraja ya los límites de sus tierras y, sobre todo, los puntos de la mínima resistencia. La mínima resistencia somos nosotros, evidentemente; nuestro país, rico e insuficientemente poblado y nuestro imperio, Para los que siguen con algún interés este hecho, el movimiento ha comenzado: Italia tiene un millón de italianos en el Imperio francés». Queda por desollar el rabo de Rusia y de su monstruoso enigma. El material humano que contiene aún esa unión de tinieblas del Este de Europa es reclamado angustiosamente por los franceses. Para que la señora y el señor de París puedan cenar tranquilamente los domingos con su perrito, necesitan pensar de vez en cuando en la fecundidad de las noches nevadas de Moscú y en sus dantescas promiscuidades. Rusia es tan grande y tiene tal número de habitantes que Stalin, por mucha que sea su actividad carnicera, no podrá degollarlos a todos en muchos años. He aquí el terrible problema del número para Francia, tan materializada, que todavía no piensa en el problema de la calidad. El mundo será de los más, pero también de los mejores. De los más generosos, por ejemplo. Jacinto Miquelarena, ABC, 18 de junio de 1939, p. 5. * * * COMENTARIO Jacinto Miquelarena era un escritor falangista. Este artículo ilustra varias cosas: La ínfima natalidad en Francia, fruto del hedonismo, y la consiguiente despoblación en fecha tan temprana como 1939. La sustitución afectiva de los niños por mascotas, cosa por desgracia hoy frecuente también en España. La debilidad de Francia y la necesidad de recurrir a extranjeros para llenar los huecos demográficos. Lo que está pasando ahora en Francia ya pasaba entonces y se preveía que iba a empeorar. Varios políticos avisaron de la que se le venía encima a Francia y ofrecieron soluciones, pero nadie hizo caso. La constante preocupación de los falangistas por estos temas que, sin embargo, han sido abandonados por los que hoy se dicen sus herederos, generalmente en favor de consignas gruesas, y la mayoría de veces estúpidas, contra los inmigrantes.
  2. Recojo un artículo del fundador de las JONS Onésimo Redondo que es muy desconocido y que desde luego no está publicado en ningún sitio de internet: *Nota: Lo he sacado de un antiguo foro falangista que desapareció hace muchos años. No he podido verificar la cita. Las Obras Completas de Onésimo Redondo constan de dos volúmenes que sólo llegan hasta el año 1934, y esto porque el tercer volumen que estaba proyectado nunca se llegó a publicar. Pero la cita tiene toda la pinta de ser cierta y cuadra perfectamente con el espíritu de Onésimo y de la Falange. Hay que señalar, no obstante, una irregularidad en la cita: que no es completa. Al iniciarse con la conjunción adversativa pero, es evidente que venía precedida de un párrafo en el que probablemente Onésimo haría una alabanza del nacionalsocialismo en clave anticomunista y patriótica, cosa que, por otra parte era frecuente en las derechas de aquella época. Sin embargo, en todos los artículos lo importante es lo que viene después del pero, o sea, lo que se ha citado aquí. Intentaré hacerme con el artículo completo, pero es bastante difícil, ya que sólo podría ser a través de alguna hemeroteca de Valladolid. Por qué son importantes estas reflexiones de Onésimo Redondo De los fundadores de la Falange, Onésimo Redondo es el que más simpatía muestra por el nacionalsocialismo y es el único que tiene una clara tendencia antisemita, que le llevó a publicar los Protocolos de los Sabios de Sion. Esto ha hecho que su figura quede un poco olvidada en Falange, lo que ha facilitado que se lo apropien los neonazis que infestan las fuerzas nacionales. Es un caso parecido al de Ramiro Ledesma. Sin embargo, ya podemos ver que, a pesar de esta simpatía por el nacionalsocialismo y de su marcada antipatía por los judíos, su condena del racismo era rotunda, como cabe esperar en un patriota español, en un católico, en un falangista. Al margen de estas cuestiones historiográficas que generalmente sólo les interesan a los falangistas, el artículo ilustra dos cuestiones: El patriotismo español siempre estuvo al margen de consideraciones racistas. Esto incluye al fascismo español. Las posiciones antijudías de algunos no impedían que al mismo tiempo asumiesen una postura antirracista. De hecho, generalmente se les echaba en cara a los judíos que eran racistas y se establecía un paralelismo entre los nazis y los judíos. Creo recordar que algún historiador extranjero explicaba esto como como la vía antirracista al antsemitismo. Creo que es un fenómeno digno de análisis y si resulta de vuestro interés, procuraré ilustrarlo en futuros hilos. Queda claro en cualquier caso que el problema con los judíos era por su religión y quizá por sus costumbres, no por su raza.
  3. Ahora que se habla de legalizar la eutanasia, rescato un artículo de Juan Aparicio, político y periodista muy importante en la Falange, jonsista de primera de hora que acuñó el yugo y la flechas. Destaco en negrita algunas frases y enlazo algunos nombres propios que pueden suscitar las dudas del lector. Remarco algunas ideas del texto que me parecen interesantes y hago un pequeño desarrollo: ‒ La eugenesia y la eutanasia son aberraciones racionalistas. La ilustración y la guillotina suelen funcionar juntas. ‒ La eugenesia se propone acabar con las proles «defectuosas» pero al final acaba también con las proles sanas. Es un poco lo que está ocurriendo en nuestra época. ‒ Lo mejor es enemigo de lo bueno. En el fondo de la eugenesia, la eutanasia y el malthusianismo late una obsesión por la perfección, por la calidad, que acaba provocando la muerte cuando no se alcanza el listón. Dentro del ámbito contrarrevolucionario se ha convertido en un lugar común decir que preferimos la calidad a la cantidad. Como norma general puede ser correcta, pero no es aplicable a todos los casos y lo cristiano es buscar un equilibrio entre calidad y cantidad. Antes de preocuparse por la calidad, hay que preocuparse por la cantidad, pues es condición necesaria de la existencia. Esto es muy aplicable a las políticas de población y al drama que estamos viviendo con la ausencia de reemplazos generacionales desde hace varias décadas. La eugenesia es una obsesión por la calidad de la estirpe que, paradójicamente, acaba produciendo la muerte de la estirpe. Esto suele ocurrir cuando se le concede a la calidad un valor absoluto frente a la cantidad, o cuando se desprecia por completo lo material en nombre de lo espiritual. El cristianismo quiere que lo espiritual tenga amplia primacía sobre lo material, pero no desprecia las cuestiones materiales; antes bien, procura resolverlas para que podamos dedicarnos a lo espiritual. El desprecio absoluto por la materia y por la cantidad es típicamente gnóstico. En el fondo, el antinatalismo es una reformulación de aquella vieja idea gnóstica de que el mundo material fue creado por el Demonio, con lo que sería mejor no traer descendientes al mundo. Es sabido que los gnósticos evitaban tener descendencia y practicaban métodos anticonceptivos, en especial aquellos que hoy se denominan eufemísticamente «planificación familiar natural» en ciertos ambientes católicos. Hemos metido el enemigo en casa. ‒ La eutanasia es una extensión del mismo razonamiento que concede un valor absoluto a la calidad: si una vida no cumple determinados requisitos de calidad, es indigna de ser vivida, con lo que conviene acelerar la muerte.
  4. Hablábamos hace poco sobre la despoblación del campo. En el siguiente artículo el escritor falangista Rafael Sánchez Mazas entabla una pequeña polémica con José María Salaverría a cuenta de este tema, que tiene más importancia de la que parece a primera vista. El artículo forma parte de una serie de crónicas que Rafael escribió desde Italia y por ello es una defensa el carácter ruralista del fascismo que entonces gobernaba allí. Pero más allá del interés historiográfico que tiene esa discusión, sirve para ilustrar que en el ámbito falangista siempre se abogó por limitar el crecimiento de las ciudades y repoblar el campo, ya entonces muy despoblado. El artículo: El artículo tiene dos pegas a mi juicio: Los pasajes que traduce Rafael del italiano y del francés en mi opinión no están del todo bien traducidos, con lo que la idea pierde fuerza. No termina de exponer en toda su amplitud las poderosas razones por las que es necesario evitar la despoblación del campo. Con todo, el artículo prueba que este tema era de vital interés para el fascismo italiano y para los entonces protofalangistas españoles, y traza un esbozo del problema. La aglomeración en ciudades de crecimiento ilimitado no trae nada bueno. Históricamente ha precedido a la caída de las civilizaciones. En las macrociudades las masas se entregan a toda clase de inmoralidades y sobre todo se olvidan de procrear. Por lo tanto, para evitar la muerte demográfica de España y para hacer frente a los problemas derivados de la misma (entre ellos la inmigración), es preciso evitar la despoblación del campo y limitar el crecimiento de las ciudades. Por otra parte, la concentración de la población en unas pocas ciudades del territorio nacional es mala para la cohesión nacional y para la economía, además de dejar desprotegido el territorio. Al margen de las razones científicas que pueda haber detrás de esto, a primera vista se intuye que no es bueno que la población se concentre en unas pocas grandes urbes (Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Bibao, Sevilla) mientras el resto va quedando despoblado y desierto. Sería preferible una distribución más homogénea. Procuraré traer más textos donde se exponga todo esto de una manera más clara. En la Falange de los años 30 se le concedió una especial importancia a este asunto y recuerdo haber leído bastantes textos. Intuyo que en el carlismo también se habrá tratado. Pero la mayoría de las veces no resulta fácil localizar esos textos, por lo que se precisa una revisión paciente.
  5. El verdadero peligro ruso La cabalgada asiática Arriba, 4 de abril de 1935, p. 6. Aunque Rusia siga sirviendo día a día de vehículo de propaganda proletaria y haya logrado embadurnar todas las esquinas de Occidente con los rojos pasquines de la hoz y el martillo y el estrépito de ¡abajo el imperialismo!, cada día es más claro que desde las fronteras de Polonia hasta el estrecho de Bering, se asiste al alumbramiento de una gran —y no por cierto nueva— fórmula imperial asiática. Canta el imperio debajo de todas las embestidas revolucionarias. Un aire denso y permanente cubre la tierra rusa, prolongándose a lo largo de la historia, para decir la realidad de un espíritu asiático, vuelto hacia sí mismo, que galopa por los anchos llanos, y que permanece igualmente firme bajo los zares afrancesados que bajo la historia bolchevique. La santa Rusia es como ha sido siempre. No importa que un viraje de su historia se dedique a construir grandes fábricas y a organizar brigadas de choque o que dicte fórmulas afrancesadas a una corte dieciochesca. Lo auténtico, lo que es rito y canción desgarradora e impulso popular está ahí, tendido por debajo de las arquitecturas estables y manteniéndolos a flote sobre sus espaldas abrumadas. El “padrecito” Stalin en nada se diferencia, en la adjetivación popular, de Pedro el Grande. Los dos dominaron ampliamente sobre los millones de rusos, que dejaron en su desgana que sobre sus cabezas se agiten flámulas y banderas, cuyos colores y significados ni les van ni les vienen. Pero en esta desgana rusa, que el bolchevismo ha intentado galvanizar, reside el peligro imperial asiático que sueña con la total derrota de Occidente, en lo que Occidente es tal y representa la cabeza y el corazón del mundo: en el vuelo de los valores espirituales y en la continuidad moral de la historia. Y aquí es donde reside el peligro cierto. Porque el hombre de Occidente, en la quiebra de sus valores morales, atenazados por la disolución interior de las maneras revolucionarias, se siente atraído patológicamente por ese Oriente, de donde sólo puede venir para él el aniquilamiento de sus propias formas de vida. Y si es ahora la masa proletaria la que se adorna con ese orientalismo “snob”, lo hace por ser ella la que se cree dominadora del mundo, así como en otro momento fueron las aristocracias las que se vistieron con las “chinerias” disolventes. Pero si esto es así, y de ahí viene su fuerza, tampoco puede olvidarse lo que es protección exterior —occidentalismo mimético— en la Rusia de hoy. Del poso eslavo, removido por la agitación revolucionaria, ha surgido la carrera hacia lo cesáreo. Y un César quiso ser Trosky, a quien le tronchó su carrera el parón de los soldados rojos ante Varsovia. Y un César oriental es Stalin, que ha arremetido denodadamente contra los ortodoxos marxistas —Kamenef, Romene, Zinovief— en nombre de una presunta consolidación de la revolución eslava. Y aquí estamos ya al principio del fin, en el instante en que el monstruo enseña sus orejas. Si la propaganda soviética mostraba a los boquiabiertos occidentales los esfuerzos de una técnica a la americana, hay que tener en cuenta que estas fundaciones en que cantan el progreso y la mecánica, son unas nuevas aldeas de Potemkin, hechas solamente como instrumento de atracción. La fuerza auténtica de de Rusia no está ahí. Ni la de la Rusia de antes ni la de la U. R. S. S. Lo que hace que un comisario del pueblo levante su copa a la salud de S. M. Británica, o que se alíe con la Francia liberal y burguesa, es simplemente la táctica de 1a espera, del ganar tiempo, mientras llegue la hora de montar a caballo y la horda asiática —ni soviética ni antisoviética— rompiendo las fronteras del Occidente intente penetrar con su tumulto oriental en la hora de la historia europea, conducida por el vendaval de su inercia antieuropea. Nota: Arriba era el órgano oficial de Falange Española de la JONS en el año 1935.
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