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  1. Me he encontrado con estos datos, no tengo ni idea del tema ni los he investigado pero me gustaría conocer vuestra opinión. Parece que el número de masones está cayendo estrepitosamente a lo largo y ancho de los principales países donde históricamente han tenido más influencia, esto es, Reino Unido y EEUU. 1. En EEUU apenas superan el millón (que no está mal) de masones, pero es que venían de 4 millones en los años 1960. http://www.msana.com/msastats.asp 2. Aquí una gráfica de la Gran Logia de Washington con un patrón similar: Click para ampliar 3. En el Reino Unido pasan de 500 mil en la Segunda Guerra Mundial a poco más de 200 mil hoy. https://www.cnbc.com/2013/11/19/see-young-blood-as-key-to-survival.html ¿Verdad? ¿Mentira propagandística para captar sangre joven y fresca? ¿Están destruyéndose, junto con el Occidente en el que han radicado?
  2. Leo en la agencia Asia News una buena noticia sobre el catolicismo: Pero me conecto a Infovaticana y por arte de birlibirloque la noticia se transforma en este titular extremadamente negativo: La fe católica disminuye en el mundo | InfoVaticana
  3. El Santo Padre Francisco ha hecho pública esta semana su Exhortación apostólica titulada 'Gaudete et Exsultate' (Alegraos y regocijaos), donde hace un llamamiento a la santidad de todos los católicos. El documento, en el que se referencian muchas realidades de los primeros siglos del cristianismo que siguen estando muy presentes en los tiempos actuales, pretende renovar de forma llana y humilde el llamado a la santidad al que todos los católicos estamos implicados, y del que cada vez, por desgracia, estamos más apartados. Merece la pena leerlo, por supuesto sin detenerse tanto en las formas como en el fondo del mensaje. INTRODUCCIÓN A LA EXHORTACIÓN APOSTÓLI CAGAUDETE ET EXSULTATE DEL SANTO PADRE FRANCISCO SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD EN EL MUNDO ACTUAL 1. «Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12), dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: «Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,1). 2. No es de esperar aquí un tratado sobre la santidad, con tantas definiciones y distinciones que podrían enriquecer este importante tema, o con análisis que podrían hacerse acerca de los medios de santificación. Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4). El documento completo puede leerse y descargarse en este enlace.
  4. Según un estudio social realizado por el "Latinobarómetro", y presentado esta semana en Santiago de Chile de cara a la próxima visita del Papa Francisco al país, la profesión de la fe católica en hispanoamérica ha sufrido un fuerte descenso en las dos últimas décadas, al mismo tiempo que se detecta un auge del protestantismo, el agnosticismo y el ateísmo. El estudio, que muestra la evolución religiosa de 18 países hispanoaméricanos entre los años 1995 y 2017 y que según sus autores cuenta con un margen de error de entre el 2,8 y el 3%, se sostiene sobre la base de 1.200 entrevistas personales y refleja, a juicio de la directora del centro que lo ha realizado, una fuerte caída del catolicismo, agudizada en países como Chile por las noticias de casos y condenas ocurridos por abusos. Los países donde más personas se declaran católicas son Paraguay, México, Ecuador, Perú, Colombia y Bolivia. Sin embargo el porcentaje de católicos ha ido cayendo paulatinamente durante las dos últimas décadas. En 1995 los católicos representaban el 80% de la población, un porcentaje que ha caído hasta el 59% en 2017, año en que se ha realizado este último estudio. En República Dominicana, Chile, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Uruguay y Honduras, los católicos ya representan menos de la mitad de la población. En Honduras y Guatemala, el auge de los evangélicos ha ido paralelo al descenso del catolicismo, convirtiéndose hoy en la religión mayoritaria, según el estudio. De otro lado en Chile o Uruguay, la pérdida de la fe católica ha ido pareja al auge del agnosticismo. Según Marta Lagos: "A esta velocidad, de aquí a diez años la cantidad de países de América Latina que tendrán la religión católica dominante va a ser una minoría". Según puede verse igualmente en los datos publicados, los hispanoamericanos evalúan la figura del Papa con una nota algo más baja de la que recibió en 2013, cuando fue elegido para suceder a Benedicto XVI. Los que mejor valoran la figura del Pontífice son Paraguay, Brasil, Ecuador y Colombia, mientras que en el otro extremo están Uruguay y Chile, país este último salpicado por casos de corrupción eclesial. Cabe señalar qué, según las valoraciones realizadas por las personas encuestadas, quienes mejor valoran al Papa son los católicos, seguidos por los ateos o agnósticos, siendo los protestantes aquellos que peor valoración hacen. Es curioso este dato porque ateos y agnósticos dan una valoración superior a cinco sobre diez de la figura del Papa. El 65% de los encuestados manifiesta confiar en la Iglesia, siendo Honduras, Paraguay y Guatemala las que mayor confianza les despierta la Institución. De otro lado destaca Chile, donde solo el 36 % de los ciudadanos dice tener confianza en la misma. Según Marta Lagos, la directora del instituto que ha realizado el estudio, "el punto de quiebre en el caso chileno es la condena por abusos sexuales contra el influyente sacerdote Fernando Karadima que el Vaticano dictó en 2011". Antes que se destapara ese escándalo, la confianza de los chilenos en la Iglesia católica bordeaba el 60%, pero en 2011 descendió estrepitósamente hasta el 38%. Los creadores del estudio destacan que el descenso de la fe católica está directamente relacionado con el descenso del nivel de pobreza y la aparición de una clase media más individualista y alejada de las instituciones.
  5. Hoy recibido en mi correo una solicitud publicada en change .org, donde se piden firmas para mantener la asignatura de religión en el currículo escolar de la educación pública. Os paso el enlace y el texto de la petición por si os interesa participar: «Desde CONDOR (Colectivo Nacional de Docentes de Religión), solicitamos que se mantenga la asignatura de religión en el currículo escolar, sin perjuicio de mejoras y matices que redunden en una mayor calidad de la enseñanza de nuestro alumnado. Creemos que las legítimas posiciones ideológicas no pueden polarizar lo que debe ser un sereno debate para alcanzar la excelencia educativa: Sí a la Religión en la escuela pública. No queremos que la enseñanza pública se desnivele, trasvasando alumnos de los centros públicos a la enseñanza privada o concertada. La Religión en nuestro sistema educativo es de libre elección, por tanto, es competencia de los padres, tutores o, en su caso, los propios alumnos, quienes deben elegir si escogen o no esta asignatura. Este no es el problema de la educación en España ni debe serlo del Pacto Educativo. Firma para pedir al conjunto de los grupos parlamentarios una reflexión sobre la compatibilidad de la laicidad del Estado (aconfesionalidad) y la enseñanza de la Religión en los centros públicos de enseñanza.»
  6. Corazón Español

    El espíritu de la Nochebuena

    La de hoy es una noche de gloria, esa gloria proclamada por los ángeles en Belén y también por nosotros en todo el mundo. Es una noche de alegría, porque desde hoy y para siempre Dios, el Eterno, el Infinito, es Dios con nosotros: no está lejos, no debemos buscarlo en las órbitas celestes o en una idea mística; es cercano, se ha hecho hombre y no se cansará jamás de nuestra humanidad, que ha hecho suya. Es una noche de luz: esa luz que, según la profecía de Isaías (cf. 9,1), iluminará a quien camina en tierras de tiniebla, ha aparecido y ha envuelto a los pastores de Belén (cf. Lc 2,9). Los pastores descubren sencillamente que «un niño nos ha nacido» (Is 9,5) y comprenden que toda esta gloria, toda esta alegría, toda esta luz se concentra en un único punto, en ese signo que el ángel les ha indicado: «Encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12). Este es el signo de siempre para encontrar a Jesús. No sólo entonces, sino también hoy. Si queremos celebrar la verdadera Navidad, contemplemos este signo: la sencillez frágil de un niño recién nacido, la dulzura al verlo recostado, la ternura de los pañales que lo cubren. Allí está Dios. Y con este signo, el Evangelio nos revela una paradoja: habla del emperador, del gobernador, de los grandes de aquel tiempo, pero Dios no se hace presente allí; no aparece en la sala noble de un palacio real, sino en la pobreza de un establo; no en los fastos de la apariencia, sino en la sencillez de la vida; no en el poder, sino en una pequeñez que sorprende. Y para encontrarlo hay que ir allí, donde él está: es necesario reclinarse, abajarse, hacerse pequeño. El Niño que nace nos interpela: nos llama a dejar los engaños de lo efímero para ir a lo esencial, a renunciar a nuestras pretensiones insaciables, a abandonar las insatisfacciones permanentes y la tristeza ante cualquier cosa que siempre nos faltará. Nos hará bien dejar estas cosas para encontrar de nuevo en la sencillez del Niño Dios la paz, la alegría, el sentido luminoso de la vida. Dejémonos interpelar por el Niño en el pesebre, pero dejémonos interpelar también por los niños que, hoy, no están recostados en una cuna ni acariciados por el afecto de una madre ni de un padre, sino que yacen en los escuálidos «pesebres donde se devora su dignidad»: en el refugio subterráneo para escapar de los bombardeos, sobre las aceras de una gran ciudad, en el fondo de una barcaza repleta de emigrantes. Dejémonos interpelar por los niños a los que no se les deja nacer, por los que lloran porque nadie les sacia su hambre, por los que no tienen en sus manos juguetes, sino armas. El misterio de la Navidad, que es luz y alegría, interpela y golpea, porque es al mismo tiempo un misterio de esperanza y de tristeza. Lleva consigo un sabor de tristeza, porque el amor no ha sido acogido, la vida es descartada. Así sucedió a José y a María, que encontraron las puertas cerradas y pusieron a Jesús en un pesebre, «porque no tenían [para ellos] sitio en la posada» (v. 7): Jesús nace rechazado por algunos y en la indiferencia de la mayoría. También hoy puede darse la misma indiferencia, cuando Navidad es una fiesta donde los protagonistas somos nosotros en vez de él; cuando las luces del comercio arrinconan en la sombra la luz de Dios; cuando nos afanamos por los regalos y permanecemos insensibles ante quien está marginado. ¡Esta mundanidad nos ha secuestrado la Navidad, es necesario liberarla! Pero la Navidad tiene sobre todo un sabor de esperanza porque, a pesar de nuestras tinieblas, la luz de Dios resplandece. Su luz suave no da miedo; Dios, enamorado de nosotros, nos atrae con su ternura, naciendo pobre y frágil en medio de nosotros, como uno más. Nace en Belén, que significa «casa del pan». Parece que nos quiere decir que nace como pan para nosotros; viene a la vida para darnos su vida; viene a nuestro mundo para traernos su amor. No viene a devorar y a mandar, sino a nutrir y servir. De este modo hay una línea directa que une el pesebre y la cruz, donde Jesús será pan partido: es la línea directa del amor que se da y nos salva, que da luz a nuestra vida, paz a nuestros corazones. Lo entendieron, en esa noche, los pastores, que estaban entre los marginados de entonces. Pero ninguno está marginado a los ojos de Dios y fueron justamente ellos los invitados a la Navidad. Quien estaba seguro de sí mismo, autosuficiente se quedó en casa entre sus cosas; los pastores en cambio «fueron corriendo de prisa» (cf. Lc 2,16). También nosotros dejémonos interpelar y convocar en esta noche por Jesús, vayamos a él con confianza, desde aquello en lo que nos sentimos marginados, desde nuestros límites, desde nuestros pecados. Dejémonos tocar por la ternura que salva. Acerquémonos a Dios que se hace cercano, detengámonos a mirar el belén, imaginemos el nacimiento de Jesús: la luz y la paz, la pobreza absoluta y el rechazo. Entremos en la verdadera Navidad con los pastores, llevemos a Jesús lo que somos, nuestras marginaciones, nuestras heridas no curadas, nuestros pecados. Así, en Jesús, saborearemos el verdadero espíritu de Navidad: la belleza de ser amados por Dios. Con María y José quedémonos ante el pesebre, ante Jesús que nace como pan para mi vida. Contemplando su amor humilde e infinito, digámosle sencillamente gracias: gracias, porque has hecho todo esto por mí. (Homilía del santo Padre Francisco en la Santa Misa de Nochebuena - Natividad del Señor. Sábado 24 de diciembre de 2016.) Que vivamos todos hoy una muy felíz y auténtica Nochebuena, amigos. ¡Feliz Navidad!
  7. Español

    IU incendia la Navidad

    El grupo de Izquierda Unida de Madrid ha publicado en Twitter una felicitación navideña en la pasada tarde de Nochebuena, con un contenido que no sabría si calificar de delictivo, dado el carácter público y político de la formación, y que desde luego vuelve a dejar a las claras que clase de ideas e intenciones mueven a quienes se mueven en esos ambientes políticos, que a la postre forman parte de la gestión de las instituciones públicas. Os dejo captura de pantalla: ¿No es esto un delito de odio, dada la historia de nuestro país y las consignas a menudo utilizadas en ese ámbito político? ¿Es lícito que gente con estos 'ideales' tenga parte en la administración de la cosa pública? A veces no se si vivo en una democracía o en una distopía propia de una novela de Orwell
  8. El Papa Francisco se dirigió ayer a los cerca de 50.000 fieles congregados en la Plaza de San Pedro, y a todos aquellos que lo siguieron por radio o televisión, con objeto de ofrecer el rezó el Ángelus, la bendición de Urbi y Orbi, y su tradicional mensaje de Navidad. A continuación reproduzco la traducción del texto completo del mensaje de Navidad del Papa, tomada de la web Zenit.org: ************ Mensaje del Papa Francisco Queridos hermanos y hermanas, feliz Navidad. Jesús nació de María Virgen en Belén. No nació por voluntad humana, sino por el don de amor de Dios Padre, que «tanto amó al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). Este acontecimiento se renueva hoy en la Iglesia, peregrina en el tiempo: en la liturgia de la Navidad, la fe del pueblo cristiano revive el misterio de Dios que viene, que toma nuestra carne mortal, que se hace pequeño y pobre para salvarnos. Y esto nos llena de emoción, porque la ternura de nuestro Padre es inmensa. Los primeros que vieron la humilde gloria del Salvador, después de María y José, fueron los pastores de Belén. Reconocieron la señal que los ángeles les habían dado y adoraron al Niño. Esos hombres humildes pero vigilantes son un ejemplo para los creyentes de todos los tiempos, los cuales, frente al misterio de Jesús, no se escandalizan por su pobreza, sino que, como María, confían en la palabra de Dios y contemplan su gloria con mirada sencilla. Ante el misterio del Verbo hecho carne, los cristianos de todas partes confiesan, con las palabras del evangelista Juan: «Hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14). Por esta razón, mientras el mundo se ve azotado por vientos de guerra y un modelo de desarrollo ya caduco sigue provocando degradación humana, social y ambiental, la Navidad nos invita a recordar la señal del Niño y a que lo reconozcamos en los rostros de los niños, especialmente de aquellos para los que, como Jesús, «no hay sitio en la posada» (Lc 2,7). Vemos a Jesús en los niños de Oriente Medio, que siguen sufriendo por el aumento de las tensiones entre israelíes y palestinos. En este día de fiesta, invoquemos al Señor pidiendo la paz para Jerusalén y para toda la Tierra Santa; recemos para que entre las partes implicadas prevalezca la voluntad de reanudar el diálogo y se pueda finalmente alcanzar una solución negociada, que permita la coexistencia pacífica de dos Estados dentro de unas fronteras acordadas entre ellos y reconocidas a nivel internacional. Que el Señor sostenga también el esfuerzo de todos aquellos miembros de la Comunidad internacional que, movidos de buena voluntad, desean ayudar a esa tierra martirizada a encontrar, a pesar de los graves obstáculos, la armonía, la justicia y la seguridad que anhelan desde hace tanto tiempo. Vemos a Jesús en los rostros de los niños sirios, marcados aún por la guerra que ha ensangrentado ese país en estos años. Que la amada Siria pueda finalmente volver a encontrar el respeto por la dignidad de cada persona, mediante el compromiso unánime de reconstruir el tejido social con independencia de la etnia o religión a la que se pertenezca. Vemos a Jesús en los niños de Iraq, que todavía sigue herido y dividido por las hostilidades que lo han golpeado en los últimos quince años, y en los niños de Yemen, donde existe un conflicto en gran parte olvidado, con graves consecuencias humanitarias para la población que padece el hambre y la propagación de enfermedades. Vemos a Jesús en los niños de África, especialmente en los que sufren en Sudán del Sur, en Somalia, en Burundi, en la República Democrática del Congo, en la República Centroafricana y en Nigeria. Vemos a Jesús en todos los niños de aquellas zonas del mundo donde la paz y la seguridad se ven amenazadas por el peligro de las tensiones y de los nuevos conflictos. Recemos para que en la península coreana se superen los antagonismos y aumente la confianza mutua por el bien de todo el mundo. Confiamos Venezuela al Niño Jesús para que se pueda retomar un diálogo sereno entre los diversos componentes sociales por el bien de todo el querido pueblo venezolano. Vemos a Jesús en los niños que, junto con sus familias, sufren la violencia del conflicto en Ucrania, y sus graves repercusiones humanitarias, y recemos para que, cuanto antes, el Señor conceda la paz a ese querido país. Vemos a Jesús en los niños cuyos padres no tienen trabajo y con gran esfuerzo intentan ofrecer a sus hijos un futuro seguro y pacífico. Y en aquellos cuya infancia fue robada, obligados a trabajar desde una edad temprana o alistados como soldados mercenarios sin escrúpulos. Vemos a Jesús en tantos niños obligados a abandonar sus países, a viajar solos en condiciones inhumanas, siendo fácil presa para los traficantes de personas. En sus ojos vemos el drama de tantos emigrantes forzosos que arriesgan incluso sus vidas para emprender viajes agotadores que muchas veces terminan en una tragedia. Veo a Jesús en los niños que he encontrado durante mi último viaje a Myanmar y Bangladesh, y espero que la comunidad internacional no deje de trabajar para que se tutele adecuadamente la dignidad de las minorías que habitan en la Región. Jesús conoce bien el dolor de no ser acogido y la dificultad de no tener un lugar donde reclinar la cabeza. Que nuestros corazones no estén cerrados como las casas de Belén. Queridos hermanos y hermanas: También a nosotros se nos ha dado una señal de Navidad: «Un niño envuelto en pañales…» (Lc 2,12). Como la Virgen María y san José, y los pastores de Belén, acojamos en el Niño Jesús el amor de Dios hecho hombre por nosotros, y esforcémonos, con su gracia, para hacer que nuestro mundo sea más humano, más digno de los niños de hoy y de mañana. Saludos navideños A vosotros queridos hermanos y hermanas, llegados a esta plaza de todas las partes del mundo, y a cuantos os unís desde diversos países por medio de la radio, la televisión y otros medios de comunicación, os dirijo mi cordial felicitación. Que el nacimiento de Cristo Salvador renueve los corazones, suscite el deseo de construir un futuro más fraterno y solidario, y traiga a todos alegría y esperanza. Feliz Navidad. © Librería Editorial Vaticano
  9. Ayer día 21 de diciembre, el Papa ofreció un discurso ante los empleados vaticanos y sus familias con motivo de felicitarles la Navidad, que por su contenido me gustaría compartirlo en el foro, pues trata temas que son como tortas en los morros de los libremercaderes de almas. A ver si aquí, por estas tierras patrias, algúna alma santa se queda con la copla en esa pseudo derecha torcida rancio-liberal que gobierna los intereses comunes y roba los votos católicos, para mayor desgracia de todos, y toma nota de como deberían ser las cosas realmente. Aunque no creo que tarden los guardas en soltar a los perros a tachar de comunista al Papa en los diverses ambientes que controlan. La pela es la pela, en Catalonia y en Majadahonda. ---------------------------------------------------- Discurso del Papa Francisco ¡Buenos días! Antes que nada, me gustaría daros las gracias. Gracias a cada uno de vosotros por vuestro trabajo aquí. Dentro. Cada uno tiene su trabajo, lo conoce… También hay equipos de trabajo en el Vaticano… Este trabajo es lo que hace que funcione este “tren” que es el Vaticano, la Santa Sede, que parece tan pesado, tan grande, con tantos problemas, tantas cosas… Y cada uno de vosotros da lo mejor de sí para hacer este trabajo. Soy consciente de que sin vuestro trabajo… uno de vosotros me dijo que ha estado trabajando aquí durante 43 años; ¡Cuánta memoria! – sin el trabajo que hacéis, las cosas no marcharían bien, y esto significa que el trabajo de la Iglesia no marcharía bien, no se podría hacer tanto trabajo para la predicación del Evangelio, para ayudar a muchas personas, a los enfermos, a las escuelas, tantas cosas… Vosotros formáis parte de esta “cadena” que lleva a cabo nuestro trabajo en la Iglesia. La primera palabra que quisiera deciros es trabajo. Pero no para deciros: ¡trabajad más duro, daos prisa! No, no, para agradecéroslo. Gracias. Pero en el Vaticano, cuando se habla de trabajo, también hay un problema. Una señora de vosotros cuando entró, señalando a un joven dijo: “Ayudad a los trabajadores precarios”. El otro día tuve una reunión con el Cardenal Marx, que es el presidente del Consejo de la Economía, y con Mons. Ferme, el secretario, y dije: “No quiero trabajo ilegal en el Vaticano”. Os pido disculpas si todavía lo hay. El famoso artículo 11, que es un artículo válido para una prueba, pero una prueba de uno o dos años, no más. Así como he dicho que no se debe dejar a nadie sin trabajo, es decir, despedirlo, a menos que haya otro trabajo fuera que le convenga, o que haya un acuerdo que sea conveniente para la persona, lo mismo digo: tenemos que trabajar aquí dentro para que no haya ni trabajo ni trabajadores precarios. También es un problema de conciencia para mí, porque no podemos enseñar la doctrina social de la Iglesia y luego hacer estas cosas que no son buenas. Se entiende que durante un tiempo determinado una persona puede estar en prueba, sí, prueba un año, tal vez dos, pero basta. Trabajo sumergido, nada. Esta es mi intención. Ayudadme vosotros, ayudad también a los superiores, los que dependen de la Gobernación, el Cardenal, el Secretario, ayudad a resolver estos problemas de la Santa Sede: los trabajos precarios que aún existen. Entonces, la primera palabra es trabajo, para daros las gracias, hablar de trabajo precario y también, una última cosa: el trabajo es vuestro camino de santidad, de felicidad, de crecimiento. Hoy, quizás la maldición más fea es la de no tener trabajo. Y tanta gente -seguramente conoceréis mucha- no tiene trabajo. Porque el trabajo nos da dignidad, y la seguridad laboral nos da dignidad. No quiero decir nombres, pero los encontraréis en los periódicos. Hoy vi en un periódico estos dos problemas, de dos compañías importantes, aquí en Italia, que corren peligro, y para salvar la vida, se debe “racionalizar” –esa es la palabra- el trabajo, y despedir a entre 3 y 4 mil personas . Esto es malo, muy malo. Porque se pierde la dignidad. Y es un problema no solo aquí, en el Vaticano, en Italia o en Europa: es un problema mundial. Es un problema que depende de muchos factores en el mundo. Mantener el trabajo y mantener la dignidad, llevar el pan a casa: “Lo traigo, porque lo gano. No porque pasa a Caritas para que me lo den, no. Lo gano yo “. Esto es dignidad. Por lo tanto, el trabajo. Gracias. Ayudad a vuestros superiores a acabar con las situaciones desiguales de trabajo irregulares y conservad el trabajo porque es vuestra dignidad. Yo diría: mantened el trabajo, ¡pero hacedlo bien! ¡Esto es importante! La segunda palabra que viene a la mente para deciros es: familia. Me gustaría deciros sinceramente: cuando sé que una de vuestras familia está en crisis, que hay niños que están angustiados porque ven que la familia es… un problema, yo sufro. Pero dejad que os ayudemos. En la Gobernación, quería que el Secretario General fuera un obispo para que tuviera esta dimensión pastoral. Por favor salvad a las familias. Sé que no es fácil, hay problemas de personalidad, problemas psicológicos, problemas … tantos problemas en un matrimonio. Pero tratad de pedir ayuda a tiempo, para proteger a las familias. Sé que hay algunos separados entre vosotros; lo sé y sufro, sufro con vosotros… la vida ha ido así. Pero también me gustaría ayudaros en esto; dejaos ayudar . Si ya está hecho, al menos que los niños no sufran; porque cuando los padres riñen, los niños sufren, sufren. Y un consejo que os doy: nunca riñáis delante de los niños. Nunca.Que no lo sepan, Proteger a la familia. Y para esto tenéis aquí a Mons. Verges y también a los capellanes; ellos os dirán a dónde ir para que os ayuden. La familia: esta es la gran joya, porque Dios nos ha creado familia. La imagen de Dios es el matrimonio, hombre y mujer, fecundos: “multiplicaos”, tened hijos, avanzad. Hoy me he sentido feliz viendo tantos niños aquí. Es una familia. Proteger a la familia es la segunda palabra que me viene a la mente. La tercera palabra que me viene a la mente – tal vez algunos de vosotros querría decirme: “¡Pero basta ya!”. Es una palabra recurrente: el cotilleo. Tal vez estoy equivocado… en el Vaticano no se chismorrea… tal vez, no sé… Uno de vosotros, un trabajador como vosotros, un día que yo había predicado acerca de los cotilleos, y él había venido con su esposa a la misa, me dijo: “Padre. Si no se cotillea en el Vaticano, uno se queda aislado “. ¡Tremendo, tremendo! Vosotros habéis escuchado lo que digo sobre el cotilleo: el cotilla es un terrorista, porque es como los terroristas: arroja la bomba, se va, la bomba explota y daña a tantos otros, con la lengua, esa bomba. ¡No seáis terroristas ! No hagáis terrorismo con los chismes, por favor. Esta es la tercera palabra que se me ocurre. Pero alguien podría decirme: “Padre, denos un consejo: ¿cómo podemos hacer, para no chismorrear?”. ¡Muérdete la lengua! Seguramente se te hinchará, pero habrás hecho bien en no chismorrear. Los chismes, también, de algunas personas que tienen que dar ejemplo y no, no lo dan. Y aquí, la cuarta palabra que me gustaría deciros: perdón. “Perdón” y “disculpa”. Porque no siempre damos buen ejemplo; nosotros – hablo de “la fauna clerical” – nosotros [sonríe] no siempre damos buen ejemplo. Hay errores en la vida que hacemos nosotros los clérigos, pecados, injusticias, o a veces tratamos mal a las personas, un poco neuróticos, injusticias… Perdón por todos estos ejemplos que no son buenos. Debemos pedir perdón. También pido perdón, porque a veces “me vuelan los gorriones” [ríe] [la paciencia se me acaba]… Queridos colaboradores, hermanos y hermanas. Aquí están las palabras, las cuatro palabras que me han salido del corazón: trabajo, familia, cotilleo, perdón. Y la última palabra es la felicitación de Navidad: ¡Feliz Navidad! Pero feliz Navidad en el corazón, en la familia, incluso en la conciencia. No tengáis miedo, también vosotros, de pedir perdón si la conciencia te reprende; buscad un buen confesor y ¡haced una buena limpieza! Dicen que el mejor confesor es el sacerdote sordo [sonríe]: ¡no te hace sentir avergonzado! Pero sin ser sordos, hay tantos misericordiosos, muchos, que te escuchan y te perdonan: “¡Adelante!”. La Navidad es una buena oportunidad para hacer las paces también dentro de nosotros. Todos somos pecadores, todos. Ayer hice la confesión de Navidad: el confesor vino… y me hizo bien. Todos tenemos que confesar. Os deseo una Feliz Navidad, de alegría, pero esa alegría que viene de dentro. Y no quisiera olvidarme de los enfermos, que tal vez haya en vuestra familia, que sufren, y enviarles, también a ellos, una bendición. Muchas gracias. Protejamos el trabajo, que sea justo; protejamos a la familia, protejamos la lengua; y, por favor, perdonadnos por los malos ejemplos; y hagamos una buena limpieza del corazón en esta Navidad, para estar en paz y felices. Y antes de irme, me gustaría daros la bendición, a vosotros y a vuestras familias, a todos. Muchas gracias por vuestra ayuda. Recemos un Ave María a Nuestra Señora: “Dios te salve María …” [Bendición] Y rezad por mí: ¡no os olvidéis!
  10. No sé si conocéis a José Luis Cordeiro, el ingeniero que predica el transhumanismo y la singularidad tecnológica. En Hispanismo se abrió un hilo donde se explicaba el tema. Es disparatado todo lo que dice este hombre, empezando por su pretensión de la inmortalidad, pero es más o menos la ideología/religión subyacente de Silicon Valley, aunque a veces la maquillen para evitar que les asocien con planteamientos tan indeseables. El caso es que toda esta ideología tiene como verdadero enemigo a la religión, la verdadera católica pero también las otras dos religiones monoteístas que, aunque no son verdaderas, tienen algunas semillas de verdad: El problema de estos tipos es con la religiones monoteístas, particularmente con el cristianismo. Con las religiones del Oriente lejano, como el budismo o el hinduismo, no tienen tanto problema. Observad cómo se jacta de que en Japón aceptarán con más facilidad los cambios. Es bueno que Cordeiro se quite la careta y nos anuncie su verdadera intención: aniquilar la religión. Él y sus camaradas transhumanistas están contra la Religión y contra Occidente. Sólo queda que tomemos nota y actuemos en consecuencia.
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