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  1. Recojo a continuación un artículo publicado en El Confidencial, donde se hace una reseña de un libro de Victor Lapuente que me ha parecido interesante, aunque con algunas reservas que a continuación trataré de explicar. Me parece bastante interesantes los planteamientos que hace Lapuente, sin embargo observo en ellos una contaminación filosófica que trataré de explicar, porque la observo cada vez más presente en muchas de las ideas y planteamientos que se vienen dando últimamente en torno a aquellos que pretenden un retorno a las raíces culturales de nuestra sociedad. No coincido con el autor cuando cita a Todorov proclamando que «Dios y la patria, (...) son las dos ideas más progresistas de la historia de la humanidad, las lanzas más certeras que hemos diseñado para atacar el problema de nuestros problemas colectivos». No lo hago porque esa afirmación, de alguna forma coincide con el pensamiento «ateo-católico» sobre el que tanto hemos hablado en otras ocasiones, que entiende a Dios desde su propia negación, y se evidencia cuando insinúa que «Nosotros hemos diseñado a Dios y la Patria». Niega a Dios directamente al afirmar que es un diseño humano, y lo hace también indirectamente al señalar la patria como tal, pues la patria (de padre) no es sino la tierra donde uno ha nacido, esto es, la tierra que el Padre le ha dado. Así pues, si Dios y Patria son en este mundo, el ser y el haber supremos para el creyente, pues le dotan de identidad, en cambio para estos nuevos ilustrados, siguen siendo meros diseños humanos que deben protegerse, no tanto por su esencia sino por lo virtuoso y útil de los mismos. Por tanto, al ser el hombre el autor del diseño, es al propio hombre y a sus obras, lo que se deifica. Una conclusión que, además de ser contraria a la fe que se pretende defender, no es sino otra forma de relativismo subjetivista, al llevar implícita la idea de que el hombre pueda perfeccionar su propio diseño según progresen las circunstancias y punto de vista del diseñador. En realidad, cuando se dice que Dios y la Patria son «las lanzas más certeras que hemos diseñado», se está diciendo implícitamente que, no obstante ello, podría haber mejores diseños, de ahí que algunos se atrevan incluso a proponer la reconstrucción de Dios, o que otros divaguen sobre la manera que se debe progresar o conservar la patria, más allá de las fronteras límites de lo moralmente aceptable en la cosmovisión católica. Tampoco coincido, parcialmente, en que Dios y la Patria sean las dos ideas más progresistas de la humanidad. Primero porque un creyente no puede concebir a Dios como una idea. Cualquiera de nosotros puede pensar que, antes de existir como tal, seamos ideas en la mente de Dios o de nuestros padres, y de ahí concluir que el hombre sea una idea antes de todo. Sin embargo, los creyentes creemos que Dios es eterno, esto es, si nada ni nadie le antecede; si es la causa primera de todas las cosas, nadie puede haberlo ideado; de nada puede haber surgido; nadie lo puede haber creado, a no ser que se conciba a Dios al modo que lo hizo Spinoza, esto es, como causa inmanente de todas las cosas. Una concepción monista y panteísta que está en la base filosófica del inmanentismo racionalista que impregna estas corrientes, «Deus sive natura», e igualmente presente en el modernismo individualista que señala y acusa el autor. Y en segundo lugar tampoco coincido con el autor porque, si Dios es el Alfa y la Omega, es decir, la causa primera origen de todo y hacia lo que todo transita, la patria se puede entender como el camino material del hombre en dicha transición, que al precederle y trascenderle en su realidad material, no puede ser una mera idea progresista, sino más bien un camino de progreso que es a su vez una realidad conservadora de su propio ser y haber. En cualquier caso, no coincido sobre todo en que Dios o la Patria sean ideas del hombre, sino realidades que le preceden y trascienden, y por tanto le dotan de una identidad y le permiten conservar y progresar su propio ser individual y colectivo. Luego hay otro concepto que esgrime el autor, con el que tampoco estoy plenamente de acuerdo, como es la idea de apelar a la responsabilidad como motivo último por el que defendernos del individualismo disgregador. La responsabilidad es importante pero desde una cosmovisión católica, que es la que entiendo trata de recuperar el autor en su obra, el motivo y causa de nuestra sociedad es el amor de Dios. Una sociedad que causalmente existe por un acto de amor, tanto en la Creación como en la obra de la Redención. No es por responsabilidad que Dios decidiera crear al hombre primero, ni enviar a su hijo después para redimirlo de su tropiezo. Ni es por responsabilidad que aquellos primeros cristianos decidieran propagar un mensaje que cambiaría el mundo y a muchos les costó la vida. No es por responsabilidad que millones de hombres y mujeres hayan dado su vida desde entonces por Dios, por la patria, por la familia, por las generaciones venideras, por un mundo mejor. Todo ello se ha hecho originalmente, y en gran medida después, por puro amor. Sin esperar nada a cambio. Existe ciertamente una responsabilidad respecto de lo común, pero si dicha responsabilidad se antepone a la causa original, puede definitivamente convertirse en un motivo disgregador, en la medida que la responsabilidad de cada uno se vaya diluyendo en la responsabilidad común, a menudo contaminada por intereses y egoísmo. Cosa que entiendo es lo que ocurre actualmente y hace que los hombres se olviden de la propia causa que los creó. Es por amor que existimos y por amor deberíamos, aquí sí, responsabilizarnos de salvaguardar el bien común y la unidad, frente al individualismo y la dispersión. Finalmente, el autor considera que es la derecha la que ha matado a Dios y la izquierda la que ha hecho lo propio con la Patria, pero al contrario que a él, a mi me parece que es al revés. La Izquierda ha venido matando a Dios desde Nietszche como poco, y todas las doctrinas políticas que han venido después, originadas en esa filosofía, han tratado de eliminar a Dios y poner al hombre en su lugar. En cuanto a la derecha liberal, considero que a quién ha matado es a la Patria, al dejar de entenderla como un bien común y pasar a concebirla como una realidad mediante la que enriquecerse, generando así el 'homo economicus' que señala Lapuente en su libro. Hay algunas otras cosas que podrían igualmente comentarse, pero no me quiero extender más por no hacer muy larga esta entrada. En cualquier caso, coincido en la idea que subyace en el fondo del planteamiento del autor, la política ha matado a Dios y a la patria, por lo que toca iniciar un proceso de recuperación si queremos que mañana nuestros descendientes tengan un lugar digno en el que habitar. A vosotros ¿qué os parece? Esta publicación ha sido promocionada como contenido independiente
  2. Recojo unas cuantas intervenciones del forero sonotone y mías en BBJ sobre la necesidad de superar de una santa vez el tristísimo legado de Kant, Nietzsche y Marx, verdaderas némesis de Occidente y del Mundo.
  3. ¡Hola! Siguiendo con la temática de éste foro, hoy os presento uno de los poquitos canales de Youtube abiertamente pro-hispanos, llamado Fortunata y Jacinta, y llevado por Paloma Pájaro, artista salmantina, historiadora y filósofa, desde donde las coordenadas del materialismo filosófico de Gustavo Bueno aborda cuestiones sobre el origen de la leyenda negra y la hispanofobia, desmonta argumentos de separatistas, de AMLO, el mito del retraso científico en España etc. Lleva cerca de 100 forjas. Espero que os guste. P.D. Soy de ciencias, no de humanidades, desde mi humilde punto de vista todos sus argumentos suenan sólidos, pero es posible que me equivoque, no sé. https://www.youtube.com/channel/UCyXHCFqljyxn8U50Cgoax6w/featured Roberto
  4. En los últimos tiempos estamos asistiendo a una oleada de noticias que informan sobre el asalto a estatuas de personajes históricos, importantes en la vida de muchas naciones. Churchill, Jefferson, Colston, Lee o el mismísimo Colón entre otros, han visto como sus imágenes has sido derribadas, pintarrajeadas o destruidas por las turbas callejeras, en nuevo intento seudorrevolucionario de cambiar la historia. Pero estos sucesos no son algo nuevo. A lo largo de la historia han venido ocurriendo periódicamente, cada vez que un gobernante o un grupo de sujetos ha pretendido borrar las huellas del pasado para construir una nueva realidad a partir de los escombros. Ya desde el tiempo de los faraones egipcios, hay constancia de la destrucción de sellos y monumentos que hacían referencia a viejos gobernantes, de la mano de los recién llegados. Casi podría rastrearse esta práctica y veríamos que es una constante cada vez que alguien quiere cambiar el pasado. Sin ir más lejos, en España la mal llamada "Ley de memoria histórica" no hace sino incidir en esa pretensión, tratando de cambiar los relatos históricos de manera que puedan encajar en la sociedad, nuevos relatos que de otro modo no encajarían. La cuestión sin embargo no es esa sino ¿hasta dónde se puede llegar en el intento de asaltar la historia? y ¿qué puede ocurrir si finalmente alguien consiguiese tener éxito en el asalto? ¿Sería posible cambiar la historia? A continuación os dejo el enlace a un capítulo del podcast XRey, publicado en Spootify, donde se relata de manera detallada cómo ha sido posible sintetizar la voz de Francisco Franco, hasta hacerle decir lo que los autores del empeño han querido que dijese: Imaginemos el uso de esta tecnología en manos de alguien que quisiera cambiar la historia, y a través de estos mecanismos, pudiera hacerse ahora con la voluntad de sus protagonistas. Las posibilidades y consecuencias de una herramienta de este tipo, se me antojan lo sificientemente interesantes como para que les dediquemos un hilo.
  5. Se plantea el siguiente cuadro ontológico general intentando explicar la historia de las filosofías del Mundo occidental como una serie de secesiones de un cuerpo común. Se comprende que la Realidad está compuesta de 3 Escalas: I. La Escala basal: materia biológica, física, económica II. La Escala psicosocial: cultura, costumbres, psicología, antropología III. La Escala abstracta: ideas y verdades matemáticas, dogmas religiosos, filosóficos. Se entiende que el Catolicismo comprende perfectamente la necesidad de las Tres Escalas con la teología de la Santísima Trinidad y cubre todo el espectro. Sin embargo las escisiones no. Depredan y se fundamentan sólo en una escala. Se interpreta la Historia de la Filosofía de Occidente con 3 escisiones antiguas y 3 modernas, a saber: >las antiguas son el judaísmo, el gnosticismo y el Islam (Triángulo Oriental); >las modernas son el anglocalvinismo (mecanicismo biologista), el galicanocalvinismo (absolutismo racionalista) y el idealismo luterano alemán (Triángulo Occidental, el de Westfalia). Ocurriendo que estas tres escisiones tienen desarrollos paralelos y lógicamente encuentran espacios de alianza en la actualidad: -El judaísmo y el anglocalvinismo acaban degenerando en fundamentalismo de I: "la materia lo es todo". Fundamentalismo biologista, economicista (comunismo, liberalismo) o mecanicista (predestinación, "la mano invisible"). Su eje geopolítico esla conexión anglosionista, eje EEUU-Israel. -El gnosticismo y el galicanocalvinismo acaban degenerando en fundamentalismo de II: "la voluntad y el conocimiento lo son todo". Fundamentalismo voluntarista, cientifista, racionalista, humanista, iluminista. Su eje es la conexión orientalista de la masonería de base francesa (egiptología, asiriología). -El Islam y el germanoidealismo acaban degenerando en fundamentalismo de III: "la idea lo es todo". Fundamentalismo idealista, misticista. Su eje geopolítico es la conexión islamo-turco-europea de la UE de liderazgo germano. Ocurriendo también que los dos grandes imperios católicos, Roma y España, han sufrido en paralelo ambos sistemas de escisiones: Roma y su descomposición en Islam+sectas gnósticas (contaminación del imperio bizantino y refluencias en Persia y Rusia)+judíos cabalistas abandonando al Rey (Cristo), pierde así todo el Oriente; España y su descomposición en el protestantismo, la revolución y el socialismo, pierde así todo el Occidente.
  6. Traslado al foro un artículo que me ha parecido muy interesante. Resume con brevedad las diferentes tesis que hay sobre la tecnología y su relación con el ser humano. Me adhiero a estas tesis: 1) no toda innovación es progreso; 2) la tecnología no es neutral; 3) tenemos el deber de dominar la tecnología y de procurar que esté al servicio del hombre; 4) algunos aspectos del ser humano y de la sociedad no deberían ser modificados por la tecnología; 5) las grandes decisiones no deben estar al cargo de los técnicos.
  7. Pensando en las últimas discusiones —que espero no hayan producido una ruptura definitiva—, recordé aquel lema de unidad en la diversidad, o también unidad en la pluralidad. No sé cuál es el origen de este lema, pero creo que es una idea muy católica que podemos aplicar en nuestra vida diaria pero también a la hora de afrontar grandes cuestiones, como la articulación de España o de la Iglesia católica. Por ejemplo, no habría problema en que España albergue regiones diversas con tal de que reine la unidad que proporciona, sobre todo, la fe católica pero también una historia y una lengua comunes. El mismo esquema es aplicable a la propia Iglesia católica, que reconoce diferentes ritos y estructuras jerárquicas con tal de que se adhieran al Credo y reconozcan al Supremo Pontífice. Por tanto, la idea de unidad en la diversidad me parece excelente y procuro guiarme por ella. El problema es que, a la hora de la verdad, la aplicación práctica de esta idea no es tan fácil, pues siempre hay tensión entre la unidad y el reconocimiento de la diversidad. ¿En qué momento la diversidad pone en peligro la unidad? ¿En qué momento la unidad pone en peligro la diversidad? En definitiva, ¿cómo conjugar la diversidad con la unidad? No tengo una respuesta clara a estas preguntas. Pero me parece que es fundamental reflexionar sobre el tema, porque es la cuestión filosófica que subyace a la articulación de España, de la sociedad, de la Iglesia y de tantos otros aspectos de nuestra realidad. En principio la idea que viene a la cabeza para salvar la tensión entre diversidad y unidad es la siguiente: Es bueno reconocer la diversidad dentro de una misma entidad. Sobre todo, a la hora de incorporar a nuevos miembros, es casi necesario reconocer su diversidad. Pero una vez que está lograda la unidad, sería un error ahondar en la diversidad. Diversidad, sí, pero con tendencia a la unidad. Ejemplo 1: Es bueno que la Iglesia católica vaya incorporando iglesias que quedaron desperdigadas por el Cisma de Oriente y eso sólo lo puede hacer reconociendo sus ritos diversos; pero tampoco sería buena idea fomentar estos ritos o prescindir de un rito común o predominante en la Iglesia. Es una lástima que se perdiese el rito mozárabe, pero creo que los papas de aquel entonces al final hicieron lo correcto al prescribirnos el rito romano. Ejemplo 2: Fue bueno que España rehiciese su unidad otorgando privilegios a las diversas regiones que se iban reincorporando, lo que incluye reconocer sus peculiares lenguas y costumbres. Sin embargo, sería un error ahondar en estas peculiaridades o fomentarlas artificialmente, pues al final irían en contra de la unidad por muy buena voluntad que se le ponga al asunto. Ojalá que el catalán se mantenga por siglos, pero en la dinámica actual es probable que sea absorbido por el castellano. Forzar las cosas para que los catalanes hablen exclusivamente catalán al final lo único que lograría es que, en vez de terminar hablando español de manera natural, terminen hablando inglés. Además, se da el caso de que en Cataluña hay una tendencia a romper los vínculos con el resto de españoles, por lo que sería un error ahondar en el reconocimiento de la diversidad. El caso de Valencia o de las Islas Baleares sería totalmente distinto. Allí no hay una tendencia a romper los vínculos con España pese a algunos brotes inquietantes. Allí siempre se habló la lengua propia para ofrendar nuevas glorias a España. Por tanto, no habría problema en seguir reconociendo su diversidad como hasta ahora. Tampoco os fijéis mucho en los ejemplos, que a lo mejor no están bien traídos. Cuando se habla de esto, lo natural es pensar en nuestra querida España, pero quizá eso enturbia las cosas, pues en verdad es un dilema al que nos enfrentamos diariamente en todos los ámbitos. Para mí lo ideal sería reconocer toda la diversidad posible dentro de la unidad, pero me planteo que a veces hay un conflicto entre diversidad y unidad que resuelvo optando por esta última. En definitiva, creo que la diversidad con tendencia a la unidad es mejor que la unidad con tendencia a la diversidad. Lo importante es la tendencia. Ésta es mi respuesta intuitiva al gran interrogante de cómo conjugar la diversidad con la unidad. Pero es posible que haya otras formas de resolver el dilema. Me gustaría conocer vuestras opiniones.
  8. Ante el resurgimiento de la "Nueva Derecha" y su conexión instrumental con la Tradición Católica, les dejo este enlace que tratando de comprender la obra de Jacques Maritain, hace mención a su recorrido político, desde su inicial filiación socialista y republicana, a su conversión al Catolicismo y a la adopción del Tomismo como base de su pensamiento. Es artículo es un poco largo pero sin duda lo leerán con atención pues expresa muchas de las inquietudes puestas de manifiesto en este espacio y ofrece una visión en perspectiva de todo cuanto hoy nos parece nuevo pero que no es más que la reedición de movimientos anteriores que nacieron y languidecieron y que se encuentran, en nuestro tiempo, en un proceso de revitalización. Sin duda puede ser activador de un debate o al menos, de una reflexión, al respecto de la situación actual; de cómo se generó en alguno de sus aspectos; de cómo se trató de combatir y de su fracaso y finalmente, de cómo es posible actualizar un modo de pensar sin herir de muerte el fundamento original, aceptando de los enemigos de la Tradición sus propios logros. Mi forma de pensar es que existe la Verdad pero ésta no la adquirimos de forma súbita ni los postulados temporales que pueden alcanzarse según las épocas que cruza la humanidad, devan ser inamovibles si tras su estudio y con el temor puesto en cuarentena, no solo no cuestiones las verdades ya aceptadas sino que las amplía. Baja el paraguas de la Verdad, puede cobijarse toda idea verdadera aunque inicialmente su presencia, su postulación, mueva a desconfianza e incluso a incomodidad. Pero lo cierto es que buena parte de esas posturas que se mueven en sus extremos entre la fidelidad absoluta a los logros del pasado y la fidelidad absoluta a los principios del progreso, ha de existir una conexión que nuestra "humanidad", entre el miedo paralizante y la ingenuidad hueca, se resiste a encontrar pero también a aceptar. Que lo disfruten. El enlace... http://www.personalismo.org/burgos-j-m-cinco-claves-para-comprender-a-jacques-maritain/
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